Piense y Hágase
Rico
Napoleón Hill
CONTENIDO
PRÓLOGO DEL
TRADUCTOR
6
PALABRAS DEL
AUTOR
7
Capítulo 1 LOS
PENSAMIENTOS SON COSAS
12
EL HOMBRE QUE
«PENSÓ» EN LA MANERA DE ASOCIARSE CON THOMAS A. EDISON
El inventor y el
vagabundo... Los astutos disfraces de
la oportunidad... A casi un metro del oro... Nunca me detendré porque los
hombres digan “NO”... Una lección de perseverancia de cincuenta centavos... El
extraño poder de una niña... Todo lo que usted necesita es una buena idea... El
“imposible” motor V8 de Ford... Por qué es usted el dueño de su destino...
Principios que pueden cambiar su destino...
Capítulo 2 EL
DESEO
28
EL PUNTO INICIAL
DE TODO LOGRO
El hombre que
quemó puentes... El incentivo que conduce a la riqueza... Seis maneras de
convertir el deseo en oro... ¿Puede imaginarse que es usted millonario?... El
poder de los grandes sueños... Cómo hacer que los sueños despeguen de la
plataforma de lanzamiento... El deseo es más listo que la Madre Naturaleza...Un
accidente que transformó una vida... Ganó un mundo nuevo con seis centavos...
El pequeño niño sordo que oyó... Ideas que obran milagros... La química mental
hace magia...
Capítulo 3 LA
FE
45
VISUALIZACIÓN Y
CREENCIA EN LA CONSECUCIÓN DEL DESEO
Cómo desarrollar
la fe... Nadie está condenado a la mala suerte... La fe es un estado mental que
se puede inducir mediante la autosugestión... La magia de la autosugestión...
Fórmula para la confianza en uno mismo... El desastre del pensamiento
negativo... ¿Qué genio yace dormido en su cerebro? Cómo una idea construyó una
fortuna... La riqueza empieza con el pensamiento...
Capítulo 4 LA
AUTOSUGESTIÓN
64
EL VEHÍCULO PARA
INFLUIR EN EL SUBCONSCIENTE
Vea y sienta el
dinero en sus manos... Cómo fortalecer sus poderes de concentración... Seis
pasos para estimular su subconsciente... El secreto del poder de la mente...
Capítulo 5 EL
CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO 72
EXPERIENCIAS
PERSONALES U OBSERVACIONES
El ignorante que
amazó una fortuna... Usted puede obtener todo el conocimiento que necesite...
Conviene saber cómo comprar conocimientos... Una lección de una agencia de
cobros... El camno hacia el conocimiento especializado... Una idea simple que
dio resultados... Un plan probado para conseguir el empleo ideal... Usted no
tiene que empezar desde abajo... Haga que la insatisfacción funcione a su
favor... Sus socios pueden no tener precio... Haga que sus ideas rindan
beneficios por medio del conocimiento especializado...
Capítulo 6 LA
IMAGINACIÓN 87
EL TALLER DE LA
MENTE
Dos formas de
imaginación... Ejercite su imaginación... Las leyes que conducen a la
fortuna... Cómo hacer uso práctico de la imaginación... El hervidor
encantado... Qué haría yo si tuviese un millón de dólares... Cómo transmutar
ideas en dinero...
Capítulo 7 LA
PLANIFICACIÓN ORGANIZADA 100
LA CRISTALIZACIÓN
DEL DESEO EN ACCIÓN
Si su primer plan
fracasa, ¡intente otro!.. Planificación de la venta de servicios personales...
Casi todos los lideres comienzan como seguidores... Los principales atributos
del liderazgo... Las diez causas principales del fracaso en el liderazgo...
Algunos campos fértiles en los que habrá demanda de nuevos lideres... Cuándo y
cómo salir en busca de empleo... La información que se debe incluir en un
expediente escrito... Cómo conseguir el cargo que desea... La nueva manera de
comercializar servicios...
¿Cuál es su
calificación de CCE?.. El valor capital de sus servicios... Las treinta y una
causas principales del fracaso... ¿Conoce usted su propio valor?.. Haga un
inventario de sí mismo... Dónde y cómo se pueden encontrar oportunidades para
acumular riqueza... El “Milagro” que ha proveído estas bendiciones... El
capital es la piedra angular de nuestras vidas... Sus oportunidades en medio de
las riquezas...
Capítulo 8
DECISIÓN
139
EL DOMINIO DE LA
POSTERGACIÓN
Consejos para
tomar sus propias decisiones... Libertad o muerte en una decisión... Cincuenta
y seis que se arriesgaron a la horca... Organización de un grupo de “Master
Mind”... Una decisión que cambió la historia... La decisión má strascendental
jamás puesta en papel... Sepa lo que quiere y, en general, lo conseguirá...
Capítulo 9
PERSISTENCIA
152
EL ESFUERZO
SOSTENIDO NECESARIO PARA INDUCIR LA FE... Su test de persistencia... ¿Tiene
usted “consciencia del dinero” o “consciencia de pobreza”?.. Cómo liberarse de
la inercia mental... Elévese por encima de sus fracasos... Usted puede
entrenarse para ser persistente... Si tiene miedo a las críticas... Los golpes
de suerte se pueden hacer a la medida... Cómo desarrollar la persistencia...
Cómo vencer las dificultades...
Capítulo 10 EL
PODER DE UN GRUPO DE “MASTER MIND"
169
LA FUERZA
IMPULSORA
Gane poder por
medio de un “Master Mind”... Cómo multimplicar el poder de su cerebro... El
poder de las emociones positivas...
Capítulo 11 EL
MISTERIO DE LA
TRANSFORMACIÓN
DEL SEXO
178
Relación de
realización en naturalezas sexuales altamente desarrolladas... Los diez
estímulos de la
mente... El genio
se desarrolla a través del sexto sentido... De dónde surgen los
presentimientos... El incremento de la capacidad creativa... Cómo un inventor
alcanzó sus mejores ideas.... Los métodos utilizados por los genios están
disponibles para usted... La fuerza impulsora del sexo... Por qué los hombres
raras veces alcanzan el éxito antes de los cuarenta.... El mayor de todos los
estimulantes de la mente... El almacén del magnetismo personal... Falsas
creencias de que el sexo daña la
personalidad... Los años fructíferos después de los cuarenta... Llame al centro
energético de sus emociones... Quien ama de verdad nunca puede perder por
completo... Razones por las que la esposa puede elevar o hundir al hombre... La
inutilidad de las riquezas sin mujeres...
Capítulo 12 EL
SUBCONSCIENTE
202
EL ENLACE QUE
ESTABLECE LA CONEXIÓN
Cómo energetizar
el subconsciente para
el esfuerzo creativo...
Haga que sus
emociones positivas trabajen para
usted... El secreto de la oración eficaz...
Capítulo 13 EL CEREBRO
210
UNA ESTACIÓN
RECEPTORA Y EMISORA PARA EL PENSAMIENTO
Las fuerzas más
grandes son intangibles... La espectacular historia del cerebro... Cómo unir
mentes en un equipo de trabajo...
Capítulo 14 EL
SEXTO SENTIDO
218
LA PUERTA DEL
TEMPLO DE LA SABIDURÍA
Milagros del
sexto sentido... Permita que los grandes hombres le den forma a su vida... La
formación del caracter mediante la autosugestión... El asombroso poder de la
imaginación... Tocando a la fuente de inspiración... Una fuerza poderosa de
crecimiento lento...
Capítulo 15 LOS
SEIS FANTASMAS DEL TEMOR 227
Los seis miedos
básicos... El temor a la pobreza... El temor más destructivo... Síntomas del
temor a la
pobreza... El
dinero habla... El temor a la crítica... Síntomas del temor a la crítica... El
temor a la enfermedad... Síntomas del temor a la enfermedad... El temor a la
pérdida del amor... Síntomas del temor a la pérdida del amor... El temor a la
vejez... Síntomas del temor a la vejez... El temor a la muerte... Síntomas del
temor a la muerte... La preocupación del viejo... El desastre del pensamiento
destructivo... El taller del Demonio... Cómo protegerse de las influencias
negativas... Cuestionario para el autoanálisis... La única cosa sobre la que
usted tiene control absoluto... Cincuenta y cinco coartadas famosas del viejo
“si”...
PRÓLOGO DEL
TRADUCTOR
“Piense y Hágase
Rico”... Jamás había visto a un libro cuyo título resumiera tan perfectamente
la enseñanza de una filosofía completa para el logro y la realización personal.
No dudo en afirmar que todo aquél que aplique la filosofía aquí expuesta
terminará relacionándose con sus pensamientos y sentimientos de una forma
activa y deliberada. No será nunca más la víctima de los pensamientos que lo
dominan, sino que, por el contrario, se dedicará a conocer y armonizar su modo
de pensar, de sentir, y en consecuencia, de actuar.
La gran mayoría
de las personas exitosas que he conocido, han aplicado sabiéndolo o no, los
principios básicos que este libro tan magistralmente presenta. Antes de su
lectura y aplicación, la vida del aspirante a riqueza (de cualquier tipo), está
determinada por pensamientos que no eligió conscientemente y que no puede
controlar. Sus pensamientos están condicionados a la sociedad y a los
instintos.
Se aprende a
influir positivamente sobre el pensamiento ajustándose a un método de vida, y
aplicando técnicas específicas que acostumbren a armonizar y desarrollar la
forma de pensar, de sentir y de actuar. Este libro le ofrece todas estas
técnicas y el método necesario para hacerlo.
Si bien es cierto
que algunos de los consejos aquí presentados pueden no adaptarse a nuestra
sociedad computarizada de hoy, los trece pasos hacia la riqueza permanecerán
como verdades nobles, universales e inmutables.
Todos los seres
humanos necesitamos orientación. “Piense y Hágase Rico” abarca toda la
orientación necesaria para realizar nuestro potencial de riqueza. El resultado
de la orientación que Napoleón Hill nos ofrece dependerá en gran medida del
discernimiento de cada uno para entenderla, de su esfuerzo por aplicarla, de su
confianza para aceptarla y de su compromiso para recibirla.
El traductor
sugiere entonces al lector que considere este libro como un texto de estudio,
no un simple libro de lectura. Conozco individuos que han dedicado la mayor
parte de su vida al estudio de esta obra, y como resultado han sido premiados
con una vida plena, rica y llena de la satisfacciones que se derivan de un
continuo crecimiento.
Deseamos que la
sabiduría expuesta en este libro le sirva al estudiante sincero para alcanzar
una relación armónica con sus propios pensamientos, y como resultado consiga
cualquier tipo de riqueza que busque.
Aldo Lagrutta
El traductor
PALABRAS DEL
AUTOR
En cada capítulo
de este libro, que ha hecho fortunas para centenares de hombres
extraordinariamente ricos a quienes he analizado de manera exhaustiva durante
muchísimos años, se habla del secreto de cómo hacer dinero.
El secreto me lo
señaló Andrew Carnegie, hace más de medio siglo. El anciano escocés, astuto y
encantador, me lo lanzó sin mayor cuidado cuando yo era apenas un niño. Luego
se recostó en la silla, con un destello de alegría en los ojos, y me miró
detenidamente para ver si yo había comprendido todo el significado de lo que me
acababa de decir.
Al ver que yo
había captado la idea, me preguntó si estaría dispuesto a pasarme veinte años o
más preparándome para ofrecérselo al mundo, a hombres y mujeres que, sin ese
secreto, podían llevar una vida de fracasos. Le respondí que sí, y con la ayuda
del señor Carnegie, he mantenido mi promesa.
Este libro
contiene ese secreto, puesto a prueba por centenares de personas de casi todas
las clases sociales. Fue idea del señor Carnegie que esta fórmula mágica, que
le proporcionó una fortuna estupenda, debía ponerse al alcance de la gente que
no tiene tiempo para investigar cómo ganan los hombres dinero, y fue su deseo
que yo pusiera a prueba y demostrara la eficacia de la fórmula a través de la
experiencia de hombres y mujeres de todas las vocaciones. Él opinaba que la
fórmula debía enseñarse en todas las escuelas y universidades públicas, y
expresaba la opinión de que, si fuese enseñada de forma adecuada,
revolucionaría el sistema educativo
hasta tal punto
que el tiempo que pasamos en la escuela se vería reducido a menos de la mitad.
En el capítulo
sobre la fe, usted leerá la sorprendente historia de la organización de la
gigantesca United States Steel Corporation, tal como fue concebida y llevada a
cabo por uno de los jóvenes por medio de los que el señor Carnegie demostró que
su fórmula funcionaría con todo el que
estuviera
preparado para ella. Esta sola aplicación del secreto, ejecutada por
Charles M.
Schwab, le dio una fortuna inmensa, tanto en dinero como en
oportunidades.
Más o menos, esa particular aplicación de la fórmula le valió seiscientos
millones de dólares.
Estos hechos,
bien sabidos por la mayoría de las personas que conocieron al señor Carnegie,
le dan una buena idea de lo que la lectura de este libro puede reportarle,
siempre y cuando usted sepa qué es lo que quiere.
El secreto fue
revelado a centenares de hombres y mujeres que lo han empleado para su
beneficio personal, tal como el señor Carnegie había planeado. Algunos han
hecho fortunas con él. Otros lo han aplicado con éxito para crear la armonía en
su hogar. Un sacerdote lo empleó con tal eficacia que le reportó unos ingresos
de más de 75.000 dólares anuales.
Arthur Nash, un
sastre de Cincinnati, usó su negocio casi en bancarrota como conejillo de
indias para poner a prueba la fórmula. El negocio resurgió y permitió a su
dueño hacer una fortuna. Todavía continúa prosperando, aunque el señor Nash ya
ha fallecido. El experimento resultó tan sorprendente que los periódicos y las
revistas le hicieron publicidad muy elogiosa por valor de más de un millón de
dólares.
El secreto fue
revelado a Stuart Austin Wier, de Dallas, Texas. Él estaba preparado para
recibirlo, hasta el punto de abandonar su profesión y ponerse a estudiar
Derecho. ¿Tuvo éxito? También relataremos esa historia.
Cuando trabajaba
como director de publicidad de Extensión de la
Universidad de La
Salle - que entonces era apenas algo más que un nombre
- tuve el
privilegio de ver cómo J. G. Chapline, presidente de la
universidad,
usaba la fórmula con tanta eficacia que hizo de LaSalle una de las escuelas de
extensión más importantes del país.
El secreto al que
me refiero es mencionado no menos de un centenar de veces a lo largo de este
libro. No se lo nombra directamente, ya que parece funcionar con más éxito
cuando se lo descubre y expone a la vista, cuando quienes están preparados
pueden captarlo en su búsqueda. Por eso, el señor Carnegie me lo señaló tan
tranquilamente, sin darme su nombre específico.
Si usted está
preparado para ponerlo en práctica, reconocerá este secreto al menos una vez en
cada capítulo. Me gustaría tener el privilegio de decirle cómo sabrá si está
preparado, pero eso le privaría de muchos de los
beneficios que
recibirá cuando haga el descubrimiento por sus propios medios.
Si usted ha
estado desanimado o ha tenido que superar dificultades extraordinarias, si ha
probado y ha fracasado, si se ha visto disminuido por la enfermedad o por
defectos físicos, la historia del descubrimiento de mi hijo y la aplicación de
la fórmula Carnegie pueden probar ser el oasis que usted ha estado buscando en
el Desierto de la Esperanza Perdida.
Este secreto fue
utilizado por el presidente Woodrow Wilson durante la Primera Guerra Mundial.
Fue revelado a cada soldado que luchó en el frente, cuidadosamente disimulado
en el entrenamiento que recibieron antes de ir a luchar. El presidente Wilson
me dijo que ése fue un factor importante en la obtención de los fondos
necesarios para la guerra.
Una
característica peculiar de este secreto es que quienes lo adquieren y lo
emplean se ven literalmente arrastrados hacia el éxito. Si usted lo duda, lea
los nombres de quienes lo han puesto en práctica, donde sea que se mencionen;
constate usted mismo sus logros y convénzase.
¡Nunca obtendrá
nada a cambio de nada! El secreto al que me refiero no se puede obtener sin
pagar un precio, aunque éste sea muy inferior a su valor. No pueden alcanzarlo
a ningún precio aquellos que no lo estén buscando intencionadamente. Es
imposible conocerlo a la ligera, y no se puede comprar con dinero, porque viene
en dos partes. Una de ellas está ya en posesión de quienes se encuentran
preparados para él.
El secreto sirve
por igual a todos aquellos que estén preparados para recibirlo. La educación no
tiene nada que ver con él. Mucho antes de que yo naciera, el secreto alcanzó a
ser propiedad de Thomas Alva Edison, el cual lo utilizó de manera tan
inteligente que llegó a ser el inventor más importante del mundo, aunque apenas
asistió a la escuela por solo tres meses.
El secreto fue
transmitido a Edwin C. Barnes, un socio de Edison, que lo utilizó con tanta
eficacia, que, aunque sólo ganaba unos doce mil dólares anuales, acumuló una
gran fortuna y se retiró del mundo de los negocios cuando todavía era muy
joven. Se encontrará esta historia al comienzo del primer capítulo. Usted se convencerá
de que la riqueza no está más allá de su alcance; que todavía puede llegar a
ser lo que anhela; que el dinero, la
fama, el
reconocimiento y la felicidad pertenecen a todo aquel que esté preparado y
decidido a tener esos beneficios.
¿Cómo sé todas
estas cosas? Usted deberá saberlo antes de que haya terminado este libro. Quizá
lo descubra en el primer capítulo, o en la última página.
Mientras llevaba
a cabo una tarea de veinte años de investigación, con la que me había
comprometido a instancias del señor Carnegie, analicé a centenares de hombres
famosos, y muchos de ellos admitieron que habían acumulado su vasta fortuna
mediante la ayuda del secreto de Carnegie; entre aquellos hombres se
encontraban:
HENRY FORD WILLIAM WRIGLEY JR JOHN WANAMAKER JAMES J.
HILL
GEORGE S. PARKER E. M. STATLER HENRY L. DOHERTY CYRUS
H. K. CURTIS GEORGE EASTMAN
CHARLES M. SCHWAB THEODORE ROOSEVELT JOHN W. DAVIS
ELBERT HUBBARD WILBUR WRIGHT
WILLIAM JENNINGS BRYAN
DOCTOR DAVID STARR JORDAN J. ODGEN ARMOUR
ARTHUR BRISBANE HARRIS F. WILLIAMS
DOCTOR FRANK GUNSAULUS DANIEL WILLARD
KING GILLETTE RALPH A. WEEKS
JUEZ DANIEL T. WRIGHT JOHN D. ROCKEFELLER THOMAS A.
EDISON FRANK A. VANDERLIP
F. W. WOOLWORTH
CORONEL ROBERT A. DOLLAR EDWARD A. FILENE
EDWIN C. BARNES ARTHUR NASH CLARENCE DARROW WOODROW
WILSON WILLIAM HOWARD TAFT LUTHER BURBANK EDWARD W. BOK
FRANK A. MUNSEY ELBERT H. GARY
DOCTOR ALEXANDER GRAHAM BELL
JOHN H. PATTERSON
JULIUS ROSENWALD STUART AUSTIN WIER DOCTOR FRANK CRANE
GEORGE M. ALEXANDER
J. G. CHAPLINE
SENADOR (US) JENNINGS RANDOLPH
Estos nombres
representan apenas una pequeña parte de los centenares de estadounidenses
famosos cuyos logros, sean financieros o de otra índole, demuestran que quienes
comprenden y aplican el secreto de Carnegie alcanzan posiciones elevadas en la
vida. No he conocido a nadie que, inspirado por el secreto, no alcanzara un
éxito notable en el campo que hubiera elegido. Jamás conocí a ninguna persona
distinguida, ni que acumulara riquezas de ninguna índole, que no estuviese en
posesión del secreto. A partir de estos dos hechos he llegado a la conclusión
de que el secreto es más importante, como parte del conocimiento esencial para
la autodeterminación, que cualquier otro concepto que uno reciba a través de lo
que se conoce como «educación».
¿Qué es la
educación, en cualquier caso? Esto ha quedado explicado con todo detalle. En
alguna parte del libro, a medida que usted vaya leyendo, el secreto al que me
refiero resaltará en la página y se tornará evidente ante usted, si está
preparado para ello. Cuando aparezca, lo reconocerá. Tanto si percibe el signo
en el primero o en el último capítulo, deténgase un momento cuando se le
presente, y celébrelo, ya que esa ocasión
representará el
hito más importante de su vida.
Recuerde, además,
a medida que vaya leyendo, que todo esto tiene que ver con hechos y no con
ficción, y que su propósito consiste en transmitir una gran verdad universal
mediante la cual quienes estén preparados podrán enterarse de qué hacer, y
cómo. También recibirán el estímulo necesario para comenzar.
Como
recomendación final de preparación antes de que usted empiece el primer
capítulo, ¿puedo ofrecerle una breve sugerencia que tal vez le dé una clave con
la que reconocer el secreto de Carnegie? Es ésta: ¡todo logro, toda riqueza
ganada comienza con una idea! Si usted está preparado para el secreto, ya posee
la mitad; por lo tanto, reconocerá la otra mitad con facilidad en el momento en
que alcance sus pensamientos.
NAPOLEON HILL
Piense y Hágase Rico
Napoleón Hill
Capítulo 1
LOS PENSAMIENTOS
SON COSAS
EL HOMBRE QUE
«PENSÓ» EN LA MANERA DE ASOCIARSE CON THOMAS A. EDISON
Desde luego, «los
pensamientos son cosas», cosas muy poderosas cuando se combinan
con la exactitud
del propósito, la
perseverancia y un imperioso deseo de convertirlos en
riqueza, o en otros objetos materiales. Hace algunos años, Edwin C. Barnes
descubrió lo cierto que es que los hombres realmente piensan y se hacen ricos.
Su descubrimiento no surgió de pronto,
sino que
fue apareciendo poco a
poco, empezando por un ferviente deseo de llegar a ser socio del
gran Edison.
Una de las
características principales del deseo de Barnes es que tenía total
determinación. Quería trabajar con Edison, no para él. Observe con detenimiento
la descripción de cómo fue convirtiendo su deseo en realidad, y tendrá una
mejor comprensión de los principios que conducen a la riqueza. Cuando apareció
por primera vez en su mente, Barnes no estaba en posición de actuar según ese
deseo, o
impulso del
pensamiento. Dos obstáculos se interponían en su camino: No conocía a Edison, y
no tenía bastante dinero para pagarse el pasaje en tren hasta Orange, New
jersey.
Estas
dificultades hubieran bastado para desanimar a la mayoría de los hombres en el
intento de llevar a cabo el deseo. ¡Pero el suyo no era un deseo ordinario!
12
EL INVENTOR Y EL
VAGABUNDO
Barnes se
presentó en el laboratorio de Edison, y anunció que había ido a hacer negocios
con el inventor. Hablando de su
primer encuentro con Barnes, Edison comentaba años más tarde:
«Estaba de pie
ante mí, con la apariencia de un vagabundo, pero había algo en su expresión que
transmitía el efecto de que estaba decidido a conseguir lo que se había
propuesto. Yo había aprendido, tras años de experiencia, que cuando un hombre
desea algo tan imperiosamente que está dispuesto a apostar todo su
futuro en una
sola carta para
conseguirlo, tiene asegurado
el triunfo. Le di la oportunidad que me pedía, porque vi que él estaba
decidido a no ceder hasta obtener el éxito. Los hechos posteriores demostraron
que no hubo error».
No podía haber
sido el aspecto del joven lo que le proporcionara su comienzo en la oficina de
Edison, ya que ello estaba definitivamente en su contra. Lo importante era lo
que él pensaba.
Barnes no
consiguió su asociación con Edison en su primera entrevista. Obtuvo la
oportunidad de trabajar en el despacho de Edison, por un salario
insignificante. Transcurrieron los
meses. En apariencia,
nada había sucedido que se
aproximase al codiciado objetivo
que Barnes tenía
en mente como su
propósito inicial y
decidido. Pero algo
importante estaba sucediendo en los pensamientos de Barnes.
Intensificaba constantemente su deseo de convertirse en socio de Edison.
Los psicólogos
han afirmado, con todo acierto, que «cuando uno está realmente preparado para
algo, aparece». Barnes se hallaba listo para asociarse con Edison; además,
estaba decidido a seguir así hasta conseguir lo que buscaba.
No se decía a sí
mismo: «Oh bueno, para qué insistir? Supongo que acabaré por cambiar de idea y
probaré un trabajo de vendedor». En vez de eso, se decía: «He venido aquí para
asociarme con Edison, y eso es lo que
haré aunque me lleve el resto de la vida». ¡Estaba convencido de ello! ¡Qué
historia tan diferente contarían los hombres si
adoptaran un propósito
definido, y
mantuvieran ese propósito hasta que el tiempo lo convirtiese en una obsesión
obstinada!
Quizás el joven
Barnes no lo supiera en aquel entonces, pero su determinación inconmovible, su
perseverancia en mantenerse firme en su único deseo, estaba destinada a acabar
con todos los obstáculos, y a darle la oportunidad que buscaba.
LOS ASTUTOS
DISFRACES DE LA OPORTUNIDAD
Cuando la
oportunidad surgió, apareció con una forma diferente y desde una dirección
distinta de las que Barnes había esperado. Ése es uno de los trucos de la oportunidad.
Tiene el curioso hábito de aparecer por la puerta de atrás, y a menudo viene
disimulada con la forma del infortunio, o de la frustración temporal. Tal vez
por eso hay tanta gente que no consigue reconocerla.
Edison acababa de
perfeccionar un nuevo invento, conocido en aquella época como la Máquina de
Dictar de Edison. Sus vendedores no mostraron entusiasmo por ese aparato. No
confiaban en que se pudiera vender sin grandes esfuerzos. Barnes vio su
oportunidad, que se había colado discretamente, oculta en un máquina
estrambótica que no interesaba más que a Barnes y al inventor.
Barnes supo que
podría vender la máquina de dictar de Edison. Se lo sugirió a éste, y, de
inmediato, obtuvo su oportunidad. Vendió la máquina. En realidad, lo hizo con
tanto éxito que Edison le dio un contrato para distribuirla y venderla por toda
la nación. A partir de aquella asociación, Barnes se hizo rico, pero también
consiguió algo mucho más importante: demostró que uno, realmente, puede «pensar
y hacerse rico».
No tengo forma de
saber cuánto dinero en efectivo reportó a Barnes su deseo. Tal vez fueran dos o
tres millones de dólares, pero la cantidad, cualquiera que sea, se torna
insignificante cuando se la compara con la posesión que
adquirió en forma
de conocimiento definido
de que un
impulso
intangible se puede transmutar en ganancias materiales mediante la aplicación
de principios conocidos.
¡Barnes
literalmente se pensóa a sí mismo en sociedad con el gran Edison! Se pensó
dueño de una fortuna. No tenía nada con qué empezar, excepto la capacidad de
saber lo que deseaba, y la determinación de mantenerse fiel a ese deseo hasta
haberlo realizado.
A CASI UN METRO
DEL ORO
Una de las causas
más comunes del fracaso es el hábito de abandonar cuando uno se ve presa de una
frustración temporal. Todos somos culpables de este error en un momento u otro.
Un tío de R. U.
Darby fue presa de «la fiebre del oro» en los días en que era una fiebre
endémica, y se fue al Oeste a cavar para hacerse rico. Nunca había escuchado
que se ha extraido más oro de los pensamientos de los hombres que el que se ha
sacado de la tierra. Obtuvo una licencia y se fue a trabajar con el pico y la
pala.
Después de varios
meses de trabajo fue recompensado con el descubrimiento del brillante mineral.
Necesitaba maquinaria para extraer el mineral a la superficie. Con discreción,
cubrió la mina, volvió sobre sus pasos a su hogar en Williamsburg, Maryland, y
les habló a sus parientes y a algunos vecinos del «hallazgo». Todos reunieron
el dinero necesario para la maquinaria, y la enviaron a la mina. Darby y su tío
volvieron a trabajar en ella.
Extrajeron el
primer carro de mineral y lo enviaron a un fundidor. ¡Las utilidades
demostraron que poseían una de las minas más ricas de Colorado! Con unos pocos
carros más de mineral saldarían todas las deudas. Entonces empezarían a ganar
dinero en grande.
¡Hacia abajo iban
los taladros! ¡Hacia arriba iban las esperanzas de Darby y de su tío! Entonces
sucedió algo. ¡El filón de mineral brillante desapareció! Habían llegado
al final del
arco iris, y
la olla de
oro no estaba
allí.
Perforaron en un
desesperado intento para volver a encontrar la veta, pero fue en vano.
Finalmente,
decidieron abandonar.
Vendieron la
maquinaria a un chatarrero por unos pocos centenares de dólares, y
tomaron el tren
de vuelta a
casa. El chatarrero llamó a un
ingeniero de minas para que mirara la mina e hiciera un poco de cálculo. El
ingeniero le informó de que el proyecto había fracasado porque los dueños no
estaban familiarizados con las «líneas de falla». Sus cálculos indicaban que la
veta reaparecería ¡casi a un metro de donde los Darby habían dejado de
perforar! ¡Allí fue precisamente donde fue encontrada!
El chatarrero
extrajo millones de
dólares en mineral
de aquella mina porque supo buscar el asesoramiento de
un experto antes de darse por vencido.
«NUNCA ME
DETENDRÉ PORQUE LOS HOMBRES DIGAN "NO"»
Mucho tiempo
después, el Sr.
Darby se recuperó
sobradamente de su pérdida,
cuando descubrió que el deseo se puede transmutar en oro. Eso le ocurrió
después de que ingresara en el negocio de la venta de seguros de vida.
Recordando que
había perdido una inmensa fortuna por haber dejado de perforar a casi un metro
del oro, Darby aprovechó esa experiencia en el trabajo que había elegido, con
el sencillo método de decirse a sí mismo:
«Me detuve a casi
un metro del oro, pero nunca me detendré porque me
digan
"no" cuando les pida que compren un seguro».
Darby se
convirtió en uno de los pocos hombres que venden un millón de dólares anuales
en seguros. Su tenacidad se la debía a la lección que había aprendido del
rendirse en el negocio de la mina de oro.
Antes de que el
éxito aparezca en la vida de cualquier hombre, es seguro que éste se encontrará
con muchas frustraciones temporales, y tal vez con
algún fracaso.
Cuando la frustración se adueña del hombre, lo más fácil y más lógico que puede
hacer es abandonar. Eso es lo que la mayoría de los hombres hace.
Más de quinientos
de los hombres más prósperos en los Estados Unidos le han dicho al autor que
sus mayores éxitos surgieron un paso más allá del punto en que la frustración
se había apoderado de ellos. El fracaso es un embustero con un agudo sentido de
la ironía y la astucia. Se deleita en hacernos tropezar cuando el éxito está
casi a nuestro alcance.
UNA LECCIÓN DE
PERSEVERANCIA DE CINCUENTA CENTAVOS
Poco después de
que Darby se doctorase en la «Universidad de los Golpes Fuertes», y decidiera
aprovechar su experiencia en el asunto de la mina de oro, tuvo
la buena fortuna
de estar presente
en una ocasión
que le demostró que «No» no
necesariamente significa “no”.
Una tarde ayudaba
a su tío a moler trigo en un viejo molino. Éste dirigía una granja grande,
donde vivían cierto número de granjeros arrendatarios de color. La puerta se
abrió silenciosamente, y una niña, hija de uno de los arrendatarios, entró y se
situó junto a la puerta. El tío levantó la vista, miró a la niña y gritó con
aspereza:
-¿Qué quieres?
-Mi mamá dice que
le mande cincuenta centavos -respondió, sumisa, la niña.
-Ni hablar
-replicó el tío-, y ahora vete a tu casa.
-Sí, señor -dijo
la niña, pero no se movió.
El tío siguió con
su trabajo, tan ocupado que no prestó atención a la niña y no se dio cuenta de
que no se había marchado. Cuando volvió a levantar la mirada y la vio allí
parada, gritó:
- ¡He dicho que
te vayas a tu casa! Ahora, márchate o te daré una paliza.
-Sí, señor -dijo
la niña, pero siguió inmóvil.
El tío dejó caer
un saco de grano que estaba por echar en la tolva del molino, cogió una duela
de barril y empezó a acercarse a la niña con una expresión en su rostro que
indicaba problemas.
Darby contuvo el
aliento. Estaba seguro de hallarse a punto de presenciar una agresión. Sabía
que su tío tenía un temperamento feroz.
Cuando su tío llegó donde estaba la niña, ella
dio un rápido paso al frente, le miró a los ojos, y gritó con todas sus
fuerzas:
- ¡Mi mamá
necesita esos cincuenta centavos! El tío se detuvo, la miró unos instantes, y
luego dejó lentamente la duela de barril a un lado, se metió la mano en el
bolsillo, sacó medio dólar y se lo dio a la niña. Ella cogió el dinero y se
encaminó despacio hacia la
puerta, sin quitar los ojos
del hombre al que acababa de vencer.
Después de que la
niña se hubo marchado, el tío se sentó en una caja y permaneció mirando por la
ventana durante más de diez minutos. Estaba reflexionando, sorprendido, sobre
la derrota que acababa de sufrir.
Darby también se
hallaba pensativo. Ésa era la primera vez en su vida que había visto a una
criatura de color dominar a un blanco adulto. ¿Cómo lo había hecho? ¿Qué le
había ocurrido a su tío para que perdiera su ferocidad y se volviera tan dócil
como un cordero? ¿Qué extraño poder había empleado esa niña para hacerse dueña
de la situación? Estas y otras preguntas similares destellaban en la mente de
Darby, pero no halló las respuestas hasta muchos años después, cuando me relató
la historia.
Curiosamente, el
relato de esa inusual experiencia la escuché en el viejo molino; el mismo sitio
donde su tío recibió esa lección.
En aquel viejo
molino polvoriento, el señor Darby me relató la historia del extraño triunfo, y
terminó preguntándome: ¿Cómo entiende esto? ¿Qué extraño poder tenía esa niña,
para dominar por completo a mi tío?
La respuesta a
esa pregunta la encontrará en los principios que se describen en este libro. La
respuesta es categórica y completa. Contiene detalles e instrucciones suficientes
para que cualquiera
comprenda y aplique
la misma fuerza con la que ella se encontró de forma accidental.
Manténgase
alerta, y observará el extraño poder que acudió en ayuda de la niña. Tendrá un
atisbo de ese poder en el próximo capítulo. En alguna parte del libro
encontrará una idea que aguzará sus poderes receptivos, y pondrá a su alcance,
para su propio beneficio, ese mismo poder irresistible. La comprensión de él
puede aparecer ante usted en el primer capítulo, o tal vez surja en su
conciencia más adelante. Puede presentarse en forma de una sola idea. O quizá
la encuentre en la naturaleza de un plan, o en un propósito. Una vez más, puede
hacerle volver sobre sus pasadas experiencias de frustración o de fracaso, para
aportar alguna lección mediante la cual usted recupere todo lo que había
perdido en su fracaso.
Después de
haberle explicado al señor Darby el poder que la niña de color había empleado
quizá sin saberlo, él repasó en seguida sus treinta años de experiencia en
la venta de
seguros de vida,
y estuvo francamente
de acuerdo en que su éxito en ese campo se debía, en gran parte, a la
lección que había aprendido de la pequeña.
El señor Darby
señaló: “Cada vez que un posible comprador trataba de deshacerse de mí, sin
comprar el seguro, yo visualizaba a la niña, parada en el viejo molino, con sus
ojazos desafiantes, y me decía a mí mismo:
«Tengo que
conseguir esta venta». La mejor parte de las ventas que he hecho han sido a
gente que me había dicho «No»”.
El señor Darby
también recordó su error al haberse detenido a un metro escaso del oro. Pero me
dijo: “esa experiencia fue una bendición encubierta. Me enseñó a seguir
insistiendo sin que importasen las dificultades, y fue
una lección que
necesité aprender antes de poder tener éxito en cualquier campo”.
Esta historia del
señor Darby y de su tío, de la niña y de la mina de oro, sin duda la leerán
centenares de hombres que se ganan la vida vendiendo seguros de vida, y el
autor desea ofrecer a todos ellos la sugerencia de que Darby le debe a esas dos
experiencias su capacidad para vender más de un millón de dólares anuales en
seguros de vida.
Las experiencias
del señor Darby fueron bastante comunes y triviales, y, sin embargo, contienen
la respuesta de su destino en la vida; por lo tanto fueron tan importantes
(para él) como su propia vida. Sacó provecho de ellas porque las analizó, y
supo ver lo que le enseñaban. Pero ¿qué hay del hombre que no tiene el tiempo
ni la inclinación para estudiar el fracaso en busca del conocimiento que pueda
conducirlo al éxito? ¿Dónde y cómo va a aprender el arte de convertir los
fallos en escalones hacia la oportunidad?
Para responder a
esas preguntas se ha escrito este libro.
TODO LO QUE USTED
NECESITA ES UNA BUENA IDEA
La respuesta se
expone en una descripción de trece principios, pero recuerde, a medida que vaya
leyendo, que la respuesta que quizás usted está buscando a las preguntas que le
han hecho reflexionar en los misterios de la vida, puede encontrarla en su
propia mente, a través de alguna idea, plan o propósito que tal vez surja en su
mente durante la lectura.
Una buena idea
es todo
lo que se necesita para alcanzar el éxito. Los principios descritos en este libro
contienen medios y maneras de crear ideas útiles.
Antes de
seguir adelante con
nuestro enfoque para
describir esos principios,
creemos que merece la pena recibir esta importante sugerencia...
Cuando las
riquezas empiezan a aparecer, lo hacen con tanta rapidez, y en tal abundancia,
que uno se pregunta dónde habían estado escondidas durante todos esos años de
necesidad.
Ésta es una
afirmación sorprendente, y tanto más si tenemos en cuenta la creencia popular
de que la riqueza premia sólo a quienes trabajan duro durante mucho tiempo.
Cuando usted
comience a pensar y a hacerse rico, observará que la riqueza empieza a partir
de un estado mental, con un propósito definido, con poco trabajo duro, o sin
ninguno. Usted, y cualquier otra persona, pueden estar interesados en
saber cómo adquirir
ese estado mental
que atraerá la riqueza.
He pasado veinticinco
años investigando porque
también yo quería saber «cómo los
ricos llegan a ser ricos».
Observe con mucha
atención - tan pronto como domine los principios de esta manera de pensar, y
empiece a seguir las instrucciones para aplicar esos principios - que su nivel
económico empezará a crecer, y que todo lo que usted toque comenzará a
transmutarse en haberes de su propio beneficio. ¿Imposible? ¡De ninguna manera!
Una de las
mayores debilidades de la especie humana es la típica familiaridad del hombre
con la palabra «imposible». Él conoce todas las reglas que no darán resultado.
Sabe todas las cosas que no se pueden hacer. Este libro se escribió para
quienes buscan las reglas que han hecho de otros, personas de provecho, y están
dispuestos a jugárselo todo con esas reglas.
El éxito llega a
todos aquellos que se ocupan de ser exitosos.
El fracaso llega
a aquellos que con indiferencia se permiten a sí mismos fracasar.
El propósito de
este libro es ayudar a todo el que quiera aprender el arte de transformar el
enfoque de sus mentes: del fracaso al éxito.
Otra debilidad
que se encuentra en conjunto en demasiadas personas es el hábito de medirlo
todo, y a todos, por sus propias impresiones y creencias.
Quienes lean esto
creerán que jamás podrán pensar y hacerse ricos, porque sus hábitos de
pensamiento se han empantanado en la pobreza, el deseo, la miseria, los errores
y el fracaso.
Estas personas
desafortunadas me recuerdan a un chino distinguido, que fue a Estados Unidos a
recibir una educación americana. Acudía a la Universidad de Chicago. Un día, el
presidente Harper se encontró con ese joven oriental en el campus, se detuvo a
charlar con él unos minutos, y le preguntó qué le había impresionado como la
característica más notable del pueblo estadounidense.
-Bueno -replicó
el estudiante -, la extraña forma de sus ojos. ¡Tienen unos ojos rarísimos!
¿Qué decimos
nosotros de los chinos?
Nos negamos a
creer lo que no entendemos. Pensamos tontamente que nuestras propias
limitaciones son el patrón adecuado de las limitaciones. Por supuesto, los ojos
de los demás «son rarísimos», porque no son iguales a los nuestros.
EL «IMPOSIBLE»
MOTOR V8 DE FORD
Cuando Henry Ford
decidió fabricar su famoso motor V8, quiso construir un motor con los ocho
cilindros alojados en un solo bloque, y dio instrucciones a sus ingenieros para
que produjeran un prototipo del motor. El proyecto estaba ya volcado sobre el
papel, pero los ingenieros acordaron que era desde todo punto imposible embutir
ocho cilindros en un motor de un solo bloque.
-Prodúzcanlo de
todas maneras - dijo Ford.
-Pero ¡es
imposible! - replicaron ellos.
-Adelante -ordenó
Ford-, y no dejen de trabajar hasta haberlo conseguido, no importa cuánto
tiempo haga falta.
Los ingenieros pusieron
manos a la obra. No tenían otra opción si querían seguir formando parte del
equipo de Ford. Seis meses transcurrieron sin que obtuvieran resultados.
Pasaron otros seis meses, y todavía no habían conseguido nada. Los ingenieros
probaron todos los planes concebibles para
llevar a cabo
el proyecto, pero
aquello parecía incuestionable:
¡imposible!
Al cabo de un
año, Ford se reunió con los ingenieros, que volvieron a informarle de que no
habían hallado manera de cumplir sus órdenes.
-Sigan con el
trabajo -dijo Ford-, quiero ese motor, y lo tendré.
Continuaron
haciendo pruebas, y entonces, como por arte de magia, el secreto quedó
desvelado.
¡La determinación
de Ford había ganado una vez más! Quizás esta historia no esté descrita con
precisión de detalles, pero las circunstancias y el resultado son los
correctos. Deduzca de ella, usted que desea pensar y hacerse rico, el secreto
de los millones de Ford, si puede. No tendrá que buscar muy lejos. Henry Ford
tuvo éxito porque comprendió y aplicó los principios del éxito. Uno de ellos es
el deseo; saber lo que uno quiere. Recuerde esta historia de Ford mientras lee,
y señale las líneas en que se describe el secreto de su extraordinaria proeza.
Si puede hacer esto, si usted es capaz de poner el dedo en el particular grupo
de principios que hicieron rico a Henry Ford, usted puede igualar sus logros en
casi cualquier oficio para el que esté preparado.
POR QUÉ ES USTED
«EL DUEÑO DE SU DESTINO»
Cuando Henley
escribió sus proféticas palabras: «Soy el dueño de mi destino, soy el capitán
de mi alma», debería habernos informado de que nosotros somos los dueños de
nuestro destino, los capitanes de nuestra alma, porque tenemos el poder de
controlar nuestros pensamientos.
Debería habernos
dicho que nuestro cerebro se magnetiza con los pensamientos dominantes
que llevamos en
la mente, y
que, por mecanismos que nadie conoce
bien, estos «imanes» atraen hacia nosotros las fuerzas, las personas, las
circunstancias de la vida que armonizan con la naturaleza de nuestros
pensamientos dominantes.
Debería habernos
dicho que, antes de poder acumular riquezas en abundancia, tenemos que
magnetizar nuestra mente con un intenso deseo de riqueza, que hemos de tomar
conciencia de la riqueza hasta que el deseo por el dinero nos conduzca a hacer
planes definidos para adquirirlo.
Pero, al ser un
poeta, y no un filósofo, Henley se contentó con afirmar una gran verdad de
manera poética, dejando que sus lectores interpretaran el significado
filosófico de sus líneas.
Poco a poco, la
verdad ha ido desvelándose, hasta que ahora parece cierto que los principios
descritos en este libro contienen el secreto del dominio sobre nuestro destino
económico.
PRINCIPIOS QUE
PUEDEN CAMBIAR SU DESTINO
Ahora estamos
preparados para examinar el primero de esos principios. Mantenga una actitud de
apertura mental y recuerde, a medida que vaya leyendo, que
no son invención
de nadie. Son
principios que han funcionado para muchos hombres. Usted
puede ponerlos a trabajar para su propio beneficio permanente. Verá qué fácil
es.
Hace algunos
años, pronuncié el discurso de la entrega de diplomas en el Salem College, en
Salem, Virginia Occidental. Acentué el principio descrito en el próximo
capítulo con tal intensidad, que uno de los miembros de la clase que obtendría
el diploma se lo apropió, y lo convirtió en parte de su forma de ver la vida.
Ese joven llegó a ser miembro del Congreso y un personaje importante en la Administración
de Franklin D. Roosevelt. Me escribió una carta en la que presenta con tanta
claridad su opinión sobre el principio
que trataremos en
el próximo capítulo,
que he decidido publicarla como introducción a
dicho capítulo.
Le dará una idea
a usted de los beneficios que le esperan.
Estimado
Napoleón:
Dado que mi
servicio como miembro del Congreso me ha proporcionado cierta comprensión de
los problemas de hombres y mujeres, le escribo para ofrecerle una sugerencia que
puede ser útil a millares de personas.
En 1922, usted
pronunció un discurso en la entrega de diplomas en el Salem College, cuando
yo era
miembro de la clase
que los recibiría. En
aquel discurso, usted plantó en mí mente una idea a la que debo la
oportunidad que ahora tengo de servir a la gente de mi Estado, y que será
responsable, en gran medida, de cualquier éxito que yo pueda alcanzar en el
futuro.
Recuerdo, como si
hubiese sido ayer, la maravillosa descripción que usted hizo del método por el
que Henry Ford, con muy pocos estudios, sin un
dólar, sin amigos
influyentes, llegó tan alto. Entonces resolví, incluso antes de que usted
hubiera acabado su discurso, que me haría un lugar en la vida, sin que
importara cuántas dificultades tuviera que afrontar.
Millares de
jóvenes terminarán sus estudios universitarios este año, y los años venideros.
Cada uno de ellos estará buscando un mensaje tan alentador como el que yo
recibí de usted. Querrán saber a dónde acudir, qué hacer, cómo empezar
en la vida.
Usted puede decírselo,
porque ha ayudado
a resolver los problemas de mucha gente.
En Estados Unidos
hay en la actualidad miles de jóvenes que quisieran saber cómo convertir sus
ideas en dinero, gente que debe empezar desde abajo, sin
dinero, y
amortizar sus pérdidas. Si alguien puede ayudarles, es usted.
Si publica el
libro, me gustaría tener el primer ejemplar que salga de la imprenta,
autografiado por usted.
Con mis mejores
deseos, créame, cordialmente suyo,
JENNINGS RANDOLPH
Treinta y cinco
años después de haber leído aquel discurso, fue un placer para mí regresar al
Salem College en 1957 para hacer el discurso de la entrega de diplomas. En
aquel entonces recibí el título de doctor honorario de Literatura del Salem
College.
Desde aquella
ocasión, en 1922, he visto prosperar a Jennings Randolph hasta llegar a ser
ejecutivo de una de las más importantes líneas aéreas de la nación, un orador
muy inspirado, y senador de Estados Unidos por Virginia Occidental.
TODO AQUELLO
QUE LA MENTE
HUMANA PUEDA CONCEBIR
Y CREER, SE PUEDE
ALCANZAR
Capítulo 2
EL DESEO
EL PUNTO INICIAL
DE TODO LOGRO
El primer paso
hacia la riqueza
Cuando Edwin C.
Barnes se bajó del tren de carga en Orange, New jersey, hace más de cincuenta
años, quizás pareciese un vagabundo, ¡pero sus ideas eran las de un rey!
Mientras se
dirigía desde los
rieles del ferrocarril
hacia la oficina
de Thomas A. Edison, su cerebro trabajaba sin parar. Se veía a sí mismo
de pie en presencia de Edison. Se oía pidiéndole a Edison la oportunidad de
llevar a cabo la única obsesión imperiosa de su vida, el deseo ardiente de
llegar a ser socio en los negocios del gran inventor.
¡El deseo de
Barnes no era una esperanza! ¡No era un deseo insignificante! Era un deseo
vehemente, palpitante, que lo trascendía todo. Era una firme determinación.
Algunos años
después, Edwin C. Barnes volvió a pararse frente a Edison, en la misma oficina
en qué se había encontrado por primera vez con el inventor. En esta ocasión, el
deseo se había convertido en realidad. Era socio de Edison. El sueño dominante
de su vida se había hecho realidad.
Barnes tuvo éxito
porque eligió un objetivo definitivo, y
puso toda su energía, toda su fuerza de voluntad, todos sus esfuerzos,
todo, en pos de ese objetivo.
EL HOMBRE QUE
QUEMÓ PUENTES
Pasaron cinco
años antes de que apareciera
la oportunidad que
había estado buscando. Para todos, excepto para él, sólo parecía una
parte más del engranaje de los negocios de Edison, pero en su interior, él fue
el socio de Edison cada minuto del tiempo, desde el primer día en que empezó a
trabajar allí.
Es una ejemplificación notable del poder de un
deseo del cual se está seguro. Barnes
consiguió su objetivo porque deseaba ser socio de Edison más que ninguna otra
cosa. Creó un plan con el que alcanzar su propósito, pero quemó todos los puentes
tras de sí. Se mantuvo firme en su deseo hasta que éste se convirtió en la
dominante obsesión de su vida y, finalmente, en un hecho.
Cuando viajó a
Orange, no se dijo a sí mismo: «Trataré de convencer a Edison de que me dé
algún tipo de trabajo», sino: «Voy a ver a Edison para explicarle que he venido
a hacer negocios con él».
No se dijo:
«Estaré alerta ante cualquier otra oportunidad, en caso de que no consiga lo
que quiero en la organización de Edison», sino: «No hay más que una cosa en
este mundo que estoy decidido a conseguir, y es asociarme con Edison en
sus negocios. Quemaré todos los puentes
tras de mí, y apostaré mi futuro a mi capacidad para conseguir lo que quiero».
No se planteó en
ningún momento retroceder. ¡Tenía que triunfar o morir!
¡Ésa es toda la
historia del éxito de Barnes!
EL INCENTIVO QUE
CONDUCE A LA RIQUEZA
Hace mucho
tiempo, un gran guerrero afrontó una situación que requería de él una decisión
que garantizara su éxito en el campo de batalla. Estaba a punto de enviar sus
tropas contra un enemigo poderoso, cuyos hombres superaban a los suyos en
número. Embarcó a sus soldados, navegó hacia el
país enemigo,
desembarcó soldados y equipos, y dio la orden de quemar las embarcaciones que los
habían llevado hasta allí.
Al dirigirse a sus hombres antes de la primera batalla, dijo:
«Vean cómo los barcos se convierten en humo. ¡Eso significa que no podremos
dejar estas playas vivos a menos que ganemos! ¡Ahora no tenemos opción:
venceremos o moriremos!».
Vencieron.
Cada persona que
vence en cualquier empresa debe estar dispuesta a quemar sus naves y eliminar
todas las posibilidades de dar marcha atrás. Sólo así puede tener la seguridad
de mantener ese estado mental conocido como deseo ardiente de ganar, esencial
para el éxito.
La mañana
siguiente al gran
incendio de Chicago,
un grupo de comerciantes se quedó de pie en State
Street, observando los restos humeantes de lo que habían sido sus tiendas.
Organizaron una reunión para decidir si tratarían de reconstruirlas o
abandonarían Chicago para volver a empezar en algún lugar del país más
prometedor. Llegaron a una decisión, todos menos uno: abandonar Chicago. El
comerciante que decidió quedarse y
reconstruir su negocio señaló
con el dedo los restos de su tienda, y dijo: «Caballeros, en
este mismo sitio construiré la tienda más grande del mundo, no importa las
veces que pueda quemarse».
Eso fue hace casi
un siglo. La tienda fue construida. Todavía sigue en pie, una torre, un
monumento al poder de ese estado mental conocido como deseo ardiente. Lo más
sencillo que Marshall Field podría haber hecho era imitar a sus colegas. Cuando
las perspectivas se mostraban difíciles, y el futuro parecía sombrío, se
retiraron adonde las cosas parecían más fáciles.
Fíjese bien en la
diferencia entre Marshall Field y los demás comerciantes, porque es la misma
diferencia que distingue a casi todos los que tienen éxito de aquellos que
fracasan.
Todo ser humano
que alcanza la edad de comprender la razón de ser del dinero, quiere dinero.
Quererlo no basta para acumular riqueza. Pero desear la riqueza con un estado
mental que se convierte en una obsesión, y luego
planificar formas
y medios definidos para adquirirla, y ejecutar esos planes con una
perseverancia que no acepte el fracaso, atraerá la riqueza.
SEIS MANERAS DE
CONVERTIR EL DESEO EN ORO
El método por
el que el
deseo de riqueza se
puede transmutar en su
equivalente monetario consiste en seis pasos prácticos y definidos, que son los
siguientes:
PRIMERO:
determine la cantidad exacta de dinero que desea. No basta con decir: «Quiero
mucho dinero». Sea específico en cuanto a la cantidad. (Hay una razón
psicológica para esta precisión, que describiremos en un capítulo próximo.)
SEGUNDO:
determine con exactitud lo que se propone dar a cambio del dinero que desea.
(No se recibe algo por nada.)
TERCERO:
establezca un plazo determinado en el que se propone poseer el dinero que
desea.
CUARTO: cree un
plan preciso para llevar a cabo su deseo, y empiece de inmediato, sin que
importe si se halla preparado o no, a poner el plan en acción.
QUINTO: escriba
una declaración clara y concisa de la cantidad de dinero que se propone
adquirir, apunte el tiempo límite para esta adquisición, aclare lo que se
propone dar a cambio del dinero, y describa con exactitud el plan mediante el
que se propone acumularlo.
SEXTO: lea su
declaración en voz alta, dos veces al día, una vez antes de acostarse, y otra,
al levantarse. Mientras lee, vea, sienta y piénsese ya en
‘posesión del
dinero’.
Es importante que
siga las instrucciones descritas en estos seis pasos. En especial observe y
siga las instrucciones del sexto paso. Tal vez se queje de que le resulta
imposible «verse en posesión del dinero» antes de tenerlo
realmente. Aquí
es donde el deseo ardiente acudirá en su ayuda. Si usted realmente desea el
dinero con tanta vehemencia que su deseo se ha convertido en una obsesión, no
tendrá dificultad en convencerse de que lo adquirirá. El caso es desear el
dinero, y llegar a estar tan determinado a poseerlo que se convenza de que lo
tendrá.
¿PUEDE IMAGINARSE
QUE ES USTED MILLONARIO?
Para el no
iniciado, que no se ha educado en los principios fundamentales de la mente
humana, quizás estas instrucciones parezcan poco prácticas. Para quienes no
consigan reconocer la validez de estos seis puntos, puede ser útil saber que la
información que difunden fue revelada por Andrew Carnegie, el cual empezó como
un obrero común en una siderúrgica; pero se las arregló, pese a sus humildes
comienzos, para que estos principios le rindieran una fortuna de más de cien
millones de dólares.
Como ayuda
adicional quizá le sirva saber que los seis puntos recomendados aquí fueron
cuidadosamente estudiados por el difunto Thomas A. Edison, que puso su sello de
aprobación en ellos por ser esenciales no sólo para la acumulación de dinero,
sino para la consecución de cualquier objetivo.
Estos pasos no
requieren «trabajo duro». Tampoco sacrificio. No exigen que uno se vuelva
ridículo, ni crédulo. Para utilizarlos no hace falta educación superior. Pero
la aplicación eficaz de estos seis pasos exige la suficiente imaginación que
nos permita ver y comprender que la acumulación de dinero no se puede dejar al
azar, a la buena suerte o al destino. Uno debe darse cuenta de que todos los
que han acumulado grandes fortunas primero han soñado, deseado, anhelado,
pensado y planificado antes de haber adquirido el dinero.
Llegados a este
punto, usted sabrá también que nunca tendrá riquezas en grandes cantidades a
menos que pueda llegar a ser la viva expresión del deseo ardiente por el
dinero, y que realmente crea que lo poseerá.
EL PODER DE LOS
GRANDES SUEÑOS
A quienes nos
encontramos en esta carrera hacia la riqueza debe animarnos saber que este
mundo cambiante exige nuevas ideas, nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos
líderes, nuevos inventos, nuevos métodos de enseñanza, nuevos métodos de venta,
nuevos libros, literatura nueva, nuevos programas de televisión, nuevas ideas
para el cine. Tras toda esta demanda de cosas nuevas y mejores hay una cualidad
que uno debe poseer para ganar, y es la claridad del propósito, el conocimiento
exacto de lo que uno quiere, y un deseo ardiente de poseerlo.
Los que deseamos
acumular riqueza debemos recordar que los verdaderos líderes del mundo han sido
siempre hombres que han sabido dominar, para su uso práctico, las fuerzas
invisibles e intangibles de la oportunidad que está por surgir, y han
convertido esas fuerzas (o impulsos de pensamiento) en rascacielos, fábricas,
aviones, automóviles, y toda forma de recurso que hace la vida más placentera.
Al planear la
adquisición de su porción de riqueza, no se deje influir por quienes
menosprecien sus sueños. Para lograr grandes ganancias en este mundo cambiante,
uno debe captar el espíritu de los grandes pioneros del pasado, cuyos sueños le
han dado a la civilización todo lo que tiene de valioso, el
espíritu que infunde energía
en nuestro propio país, en las
oportunidades de usted y en las mías, para alimentar y vender nuestro talento.
Si lo que usted
quiere hacer está bien, y usted cree en ello, ¡adelante, hágalo! Lleve a cabo
sus sueños, y no haga caso de lo que «los demás» puedan decir si usted se topa
en algún momento con dificultades, ya que tal vez
«los demás» no
sepan que cada fracaso lleva consigo la semilla de un éxito equivalente.
Thomas Edison
soñaba con una lámpara que funcionara con electricidad, empezó a poner su sueño
en acción, y pese a sus más de diez mil fracasos, mantuvo su sueño hasta que lo
convirtió en una realidad física. ¡Los soñadores prácticos no se rinden!
Whelan, que
soñaba con una cadena de tiendas de cigarros, transformó su sueño en acción, y
ahora las United Cigar Stores ocupan algunas de las mejores esquinas de las
ciudades estadounidenses.
Los hermanos
Wright soñaron con una máquina que volara por el aire. Ahora podemos ver en
todo el mundo que sus sueños se han cumplido.
Marconi soñaba
con un sistema para dominar las intangibles fuerzas del éter. Las pruebas de
que no soñaba en vano podemos encontrarlas en cada aparato de radio y de
televisión que hay en el mundo. Quizá le interese saber que los «amigos» de
Marconi lo pusieron bajo custodia, y fue examinado en un hospital para
psicópatas cuando anunció que había descubierto un principio mediante el cual
podría enviar mensajes a través del
aire, sin la
ayuda de cables
ni ningún otro
medio físico de comunicación. A los soñadores de hoy en
día les va mejor. El mundo está lleno de una abundancia de oportunidades que
los soñadores del pasado jamás conocieron.
CÓMO HACER QUE
LOS SUEÑOS DESPEGUEN DE LA PLATAFORMA DE LANZAMIENTO
Un deseo ardiente
de ser y de hacer es el punto inicial desde el que el soñador debe lanzarse.
Los sueños no nacen de la indiferencia, pereza, o falta de ambición.
Recuerde que
todos los que consiguen triunfar tienen un mal comienzo y pasan por muchas
dificultades antes de «llegar». El cambio en la vida de la gente de éxito suele
surgir en el momento de alguna crisis, a través de la cual les es presentado su
«otro yo».
John Buynan
escribió Pilgrim's Progress, que se cuenta entre lo mejor de la literatura
inglesa, después de haber estado confinado en prisión y haber sido duramente
castigado a causa de sus ideas sobre la religión.
O. Henry
descubrió el genio que dormía en su interior después de haber conocido graves
infortunios, y estar
encarcelado en Columbus,
Ohio.
Forzado a través
de la desgracia a conocer a su «otro yo», y a usar su imaginación, descubrió
que era un gran autor en vez de un miserable criminal y marginado social.
Charles Dickens
empezó pegando etiquetas en latas de betún. La tragedia de su primer amor
penetró las profundidades de su alma para convertirlo en uno de los más
grandiosos autores del mundo. Esa tragedia produjo primero David Coperfield,
y luego una sucesión de obras que hacen
un mundo mejor y más rico a todo el que lee sus libros.
Hellen Keller se
quedó sorda, muda y ciega después de nacer. Pese a su terrible desgracia, ha
escrito su nombre con letras indelebles en las páginas de la historia de los
grandes. Toda su vida ha sido la demostración de que nadie está derrotado
mientras no acepte la derrota como una realidad.
Robert Burns
era un campesino
analfabeto. Sufrió la
maldición de la pobreza y creció para ser un borracho. El
mundo fue mejor gracias a su vida, porque vistió de prendas hermosas sus
pensamientos poéticos, y, por tanto, arrancó un espino para plantar un rosal en
su lugar.
Beethoven era
sordo, y Milton ciego, pero sus nombres perdurarán en el tiempo, porque soñaron
y tradujeron sus sueños en ideas organizadas.
Hay una
diferencia entre suspirar por algo y hallarse preparado para recibirlo. Nadie
se encuentra listo para nada hasta que no crea que puede adquirirlo. El estado
mental debe ser la convicción, y no la mera esperanza o anhelo. La mente
abierta es esencial para creer. La mente cerrada no inspira fe, ni coraje, ni
convicción.
Recuerde, no se
requiere más esfuerzo para apuntar alto en la vida, para reclamar abundancia
y prosperidad, del que hace falta para
aceptar la miseria y la
pobreza. Un gran poeta
ha expresado acertadamente esta
verdad universal en unas pocas líneas:
“Hice un pacto
con la Vida por un penique, y la Vida no me dio más.
Sin embargo, le
imploré a la noche cuando contaba mis escasos bienes.
“Porque la Vida
es un empleador justo, Te da lo que le pides,
Pero cuando has
fijado el precio,
Debes aguantar la
tarea.
“Trabajé por un
salario insignificante, Sólo para descubrir, perplejo,
Que cualquier
paga que hubiera pedido a la Vida, ésta me la hubiese pagado de buen grado.”
EL DESEO ES MÁS
LISTO QUE LA MADRE NATURALEZA
Como culminación
adecuada de este capítulo quiero presentar a una de las personas más
excepcionales que he conocido. Lo vi por primera vez pocos minutos después de
que hubiera nacido. Vino a este mundo sin ningún rastro físico de oído, y el
médico admitió, cuando le pedí su opinión sobre el caso; que el niño sería
sordo y mudo toda la vida.
Me opuse a la
opinión del médico. Estaba en mi derecho. Yo era el padre del niño. Tomé una
decisión y me formé una opinión, pero expresé esa opinión en silencio, en el
fondo de mi corazón.
En mi interior
supe que mi hijo oiría y hablaría. ¿Cómo? Estaba seguro de que tenía que haber
una manera, y sabía que la encontraría. Pensé en las palabras del inmortal
Emerson: «El curso de las cosas acontece para enseñarnos la fe. Sólo
necesitamos estar atentos. Hay indicadores, claves, para cada uno de nosotros,
y si escuchamos con humildad, oiremos la palabra justa».
¿La palabra
justa? ¡Deseo! Mucho más que ninguna otra cosa, yo deseaba
que mi hijo no
fuera sordomudo. De ese deseo no me alejé jamás, ni por un segundo.
¿Qué podía hacer?
Encontraría alguna forma de trasplantar a ese niño mi propio deseo ardiente de
dar con maneras y medios de hacer llegar el sonido a su cerebro sin la ayuda de
los oídos.
Tan pronto como
el niño fuese lo bastante mayor para cooperar, le llenaría la cabeza
de tal manera
de ese deseo
ardiente, que la
naturaleza lo traduciría en
realidad con sus propios métodos.
Todos estos
pensamientos pasaron por mi mente, pero no hablé de ello con nadie. Cada día
renovaba la promesa que me había hecho a mí mismo de que mi hijo no sería
sordomudo.
Cuando creció y
empezó a percibir las cosas que lo rodeaban, notamos que mostraba débiles
indicios de que oía. Cuando alcanzó la edad en que los niños suelen empezar a
emitir palabras, no hizo intento alguno de hablar, pero de sus actos podíamos
deducir que percibía ciertos sonidos. ¡Eso era todo lo que yo quería saber!
Estaba convencido de que, si podía oír, aunque fuese débilmente, sería capaz de
desarrollar una mayor capacidad auditiva. Entonces sucedió
algo que me
llenó de esperanza.
Surgió de algo totalmente inesperado.
UN «ACCIDENTE»
QUE TRANSFORMÓ UNA VIDA
Compramos un
fonógrafo. Cuando el niño oyó la música por primera vez, entró en éxtasis, y
muy pronto se apropió del aparato. En una ocasión estuvo poniendo un disco una
y otra vez, durante casi dos horas, de pie delante del fonógrafo, mordiendo un
borde de la caja. La importancia de esa costumbre que adquirió no se nos hizo
patente sino hasta años después, ya que nunca habíamos oído hablar del
principio de la «conducción ósea» del sonido.
Poco después de
que se apropiase del fonógrafo, descubrí que podía oírme con claridad cuando le
hablaba con los labios junto a su hueso mastoideo, en la base del cráneo.
Una vez hube
descubierto que podía oír perfectamente el sonido de mi voz, empecé de
inmediato a transferirle mi deseo de que oyese y hablase. Pronto descubrí que
el niño disfrutaba cuando yo le contaba cuentos antes de dormirse, de modo que
me puse a trabajar para idear historias que estimularan su confianza en sí
mismo, su imaginación, y un agudo deseo de oír y de ser normal.
Había un cuento
en particular, en el que yo hacía hincapié dándole un renovado matiz dramático
cada vez que se lo contaba. Lo había inventado para sembrar en su mente la idea
de que su dificultad no era una pesada carga, sino una ventaja de gran valor. Pese al hecho de que todas las maneras de pensar que
yo había examinado indicaban que cualquier adversidad contiene la semilla de
una ventaja equivalente, debo confesar que no tenía ni la menor idea de cómo se
podía convertir esa dificultad en una ventaja.
¡GANÓ UN MUNDO
NUEVO CON SEIS CENTAVOS!
Al analizar la
experiencia retrospectivamente, puedo ver que su fe en mí tuvo mucho que ver
con los sorprendentes resultados. Él no cuestionaba nada que yo le dijera. Le
vendí la idea de que tenía una ventaja original sobre su
hermano mayor, y
que esa ventaja
se reflejaría de
muchas maneras. Por ejemplo, los maestros en la escuela se darían cuenta
de que no tenía oído, y por ese motivo le dedicarían una atención especial y lo
tratarían con una amabilidad y una benevolencia extraordinarias. Siempre lo
hicieron. También le vendí la idea de que cuando fuese lo bastante mayor para
vender periódicos (su hermano mayor era ya vendedor de periódicos), tendría una
gran ventaja sobre su hermano, porque la gente le pagaría más
por su mercancía,
debido a que
verían que era
un niño brillante y emprendedor
pese al hecho de carecer de audición.
Cuando tenía unos
siete años, mostró la primera prueba de que nuestro método de apoyo rendía sus
frutos. Durante varios meses imploró el privilegio de vender periódicos, pero
su madre no le daba el consentimiento.
Entonces se ocupó
por su cuenta del asunto. Una tarde en que estaba en casa con los sirvientes,
trepó por la ventana de la cocina, se deslizó hacia fuera, y sé estableció por
su cuenta. Le pidió prestados seis centavos al zapatero del vecindario, los
invirtió en periódicos, los vendió, reinvirtió el capital, y repitió la
operación hasta el anochecer.
Después de hacer el balance de sus
negocios, y de devolverle a su banquero los seis centavos que le había
prestado, se encontró un beneficio de cuarenta y dos centavos. Cuando volvimos
a casa aquella noche, lo encontramos durmiendo en su cama, apretando el dinero
en un puño.
Su madre le abrió
la mano, cogió las monedas y se puso a llorar. Me sorprendió. Llorar por la
primera victoria de su hijo me pareció fuera de lugar. Mi reacción fue la
inversa. Reí de buena gana, porque supe que mi empresa de inculcar en la mente
de mi hijo una actitud de fe en sí mismo había tenido éxito.
Su madre veía a
un niño sordo que, en su primera aventura comercial, se había escapado a la
calle y había arriesgado su vida para ganar dinero. Yo veía un hombrecito de
negocios valiente, ambicioso y lleno de confianza en sí mismo, cuyo valor
intrínseco se había incrementado en un cien por cien, al haber ido a negociar
por su cuenta y haber ganado. La transacción me agradó, porque había dado
pruebas de una riqueza de recursos que lo acompañaría toda su vida.
EL PEQUEÑO NIÑO
SORDO QUE OYÓ
El pequeño sordo
asistió a la escuela, al instituto y a la universidad, sin que fuese capaz de
oír a sus maestros, excepto cuando le gritaban fuerte, a corta distancia. No
asistió a una escuela para sordos. No le permitimos que aprendiese el lenguaje
de los sordomudos. Habíamos decidido que viviese una vida normal, y mantuvimos
esa decisión, aunque nos costó muchas discusiones acaloradas con funcionarios
escolares.
Cuando estaba en
el bachillerato, probó un aparato eléctrico para mejorar la audición, pero no
le dio resultado.
Durante su última
semana en la universidad, sucedió algo que marcó el hito más importante de su
vida. En lo que pareció una mera casualidad, entró en posesión de otro aparato
eléctrico para oír mejor, que le enviaron para probar. Estuvo indeciso en
probar el aparato, debido a su desilusión con otro similar. Finalmente lo
cogió, se lo puso en la cabeza, le conectó las baterías, y ¡sorpresa!, como por
arte de magia, su deseo de toda la vida de oír normalmente se convirtió en realidad.
Por primera vez oía tan bien como cualquier persona con audición normal.
Rebosante de
alegría con el mundo diferente que acababa de percibir a través de ese aparato
auditivo, se precipitó al teléfono, llamó a su madre, y oyó su voz a la
perfección. Al día siguiente oía con claridad las voces de sus profesores en
clase, ¡por primera vez en su vida! Por primera vez en su vida también, mi hijo
podía conversar con la gente, sin necesidad de que le hablaran con voz de
trueno. Realmente, había entrado en posesión de un mundo distinto.
El deseo había
comenzado a pagar dividendos, pero la victoria todavía no estaba completa. El
muchacho tenía que encontrar todavía una manera definida y práctica de
convertir su desventaja en una ventaja equivalente.
IDEAS QUE OBRAN
MILAGROS
Sin apenas darse
cuenta de la importancia de lo que acababa de obtener, pero embriagado con la
alegría del descubrimiento de ese mundo de sonidos, escribió
una entusiasta carta
al fabricante del
audífono, relatándole su experiencia. Algo en ella hizo que la compañía
lo invitase a Nueva York. Cuando llegó,
lo llevaron a
visitar la fábrica,
y mientras hablaba con el
ingeniero jefe, contándole de su mundo recién descubierto, una corazonada, una
idea o una inspiración, llámesela como se quiera, destelló en su cerebro. Era
ese impulso del pensamiento que convertía su dificultad en una ventaja,
destinada a pagar dividendos en dinero y en felicidad por millares durante todo
el tiempo venidero.
El resumen y el
núcleo de ese impulso de pensamiento era así: se le ocurrió que él podría ser
de gran ayuda para los millones de sordos que viven sin
el beneficio de
audífonos si pudiera encontrar una manera de relatarles la historia de su
transformado mundo.
Durante un mes
entero llevó a cabo una intensa investigación, durante la cual analizó todo el
sistema de ventas del fabricante de audífonos e ideó formas y medios de
comunicarse con aquellos con dificultades para la audición en
todo el mundo, decidido
a compartir con
ellos su nuevo mundo recién descubierto. Una vez lo
tuvo hecho, puso por escrito un plan bienal, basado en sus investigaciones.
Cuando lo presentó a la compañía, al momento le dieron un puesto de trabajo
para que llevara a cabo su ambición.
Poco había soñado, cuando empezó a trabajar, que
estaba destinado a llevar
esperanza y alivio
a millares de
sordos que, sin
su ayuda, se hubieran visto condenados para siempre a
la sordera.
No me cabe duda
de que Blair hubiera sido sordomudo toda su vida si su madre y yo no nos las
hubiésemos ingeniado para formar su mente tal como lo hicimos.
Cuando sembré en
su interior el deseo de oír y de hablar, y de vivir como una persona normal,
alguna extraña influencia hubo en ese impulso que hizo que la naturaleza
tendiese una especie de puente para salvar el golfo del silencio que separaba
su cerebro del mundo exterior.
En verdad, el
deseo ardiente tiene maneras tortuosas de transmutarse en su equivalente físico.
Blair deseaba una
audición normal; ¡ahora
la tiene! Nació con una
minusvalía que fácilmente hubiera desviado a alguien, con un deseo menos
definido, a la calle, con un puñado de lápices en una mano y una lata vacía en
la otra.
La pequeña «mentira
piadosa» que sembré en su mente cuando él era un niño, llevándolo a creer que
su defecto se convertiría en una gran ventaja que podría capitalizar, se
justificó sola. Ciertamente, no hay nada, correcto o equivocado, que la
confianza, sumada a un deseo ardiente, no pueda hacer real. Estas cualidades
están al alcance de todos.
LA «QUÍMICA
MENTAL» HACE MAGIA
Un breve párrafo
en un despacho de noticias en relación con madame Schumann-Heink da la
clave del estupendo
éxito de esta
mujer como cantante. Cito el
párrafo porque la clave que contiene no es otra que el deseo.
Al comienzo de su
carrera, madame Schumann-Heink visitó al director de la ópera de Viena para que
le hiciera una prueba de voz. Pero él no la probó. Después de echar un vistazo
a la desgarbada y pobremente vestida muchacha, exclamó, nada cordial: “Con esa
cara, y sin ninguna personalidad, ¿cómo espera tener éxito en la ópera?
Señorita, olvide esa idea. Cómprese una máquina de coser, y póngase a trabajar.
Usted nunca podrá ser cantante.”
¡Nunca es
demasiado tiempo! El director de la ópera de Viena sabía mucho sobre la técnica
del canto. Sabía muy poco del poder del deseo, cuando éste asume las
proporciones de una obsesión. Si hubiera conocido mejor ese poder, no hubiese
cometido el error de condenar el genio sin darle una oportunidad.
Hace varios años,
uno de mis socios enfermó. Se puso cada vez peor a medida que el tiempo
transcurría, y finalmente, lo llevaron al hospital para operarlo. El médico me
advirtió que había muy pocas posibilidades de que yo volviera a verlo con vida.
Pero ésa era la opinión del médico, y no la del paciente. Poco antes de que se
lo llevaran al quirófano, me susurró con voz débil: «No se preocupe, jefe, en
pocos días habré salido de aquí». Una enfermera me miró apenada. Pero el
paciente se recuperó satisfactoriamente. Cuando todo hubo terminado, su médico
me dijo: «No lo salvó otra cosa que su deseo de vivir. Nunca hubiera salido de
este trance si no se hubiese negado a aceptar la posibilidad de la muerte».
Creo en el poder
del deseo respaldado por la fe, porque he visto cómo ese poder elevaba a
hombres desde comienzos humildes a posiciones de poder y riqueza; lo he visto
cómo saqueaba la tumba de sus víctimas; cómo servía de medio para que los
hombres llevaran a cabo su rehabilitación después
de haber
fracasado en un centenar de formas distintas; lo he visto darle a mi propio
hijo una vida normal, feliz y llena de éxito, a pesar de que la naturaleza lo
enviase a este mundo sin oído.
¿Cómo se puede
dominar y usar el poder del deseo? Eso queda explicado en este capítulo y los
subsiguientes de este libro.
Mediante algún
extraño y poderoso principio de «química mental» que nunca ha divulgado, la
naturaleza envuelve en el impulso del deseo ardiente «ese algo» que no reconoce
la palabra «imposible», ni acepta el fracaso como realidad.
NO HAY
LIMITACIONES
PARA LA MENTE
EXCEPTO LAS QUE ACEPTAMOS.
*********************************
TANTO LA POBREZA
Y LA RIQUEZA SON
VÁSTAGOS
DEL PENSAMIENTO
Capítulo 3
LA FE
VISUALIZACIÓN Y
CREENCIA EN LA CONSECUCIÓN DEL DESEO
El segundo paso
hacia la riqueza
La fe es el
elemento químico primordial de la mente. Cuando la fe se mezcla con el
pensamiento, el subconsciente capta la vibración, la traduce en su equivalente
espiritual, y la transmite a la Inteligencia Universal, como en el caso de la
plegaria.
Las emociones de
la fe, el amor y el sexo son las más poderosas entre las principales emociones
positivas. Cuando se
mezclan las tres,
tienen el efecto de «colorear» el
pensamiento de tal manera que éste alcanza al momento el subconsciente, y allí
se transforma en su equivalente espiritual, la única forma que induce una
respuesta de la Inteligencia Infinita.
CÓMO DESARROLLAR
LA FE
Tenemos un
planteamiento que le ayudará a comprender mejor la importancia que el principio
de autosugestión asume en la transmutación del deseo en su equivalente físico o
monetario: la fe es un estado mental que se puede inducir, o crear, con la
afirmación o con las repetidas instrucciones al subconsciente, a través del
principio de autosugestión.
Como ejemplo,
considere el propósito por el que presumiblemente usted está leyendo este
libro. El objetivo es, por supuesto, adquirir la capacidad de transmutar
el pensamiento intangible del
impulso del deseo
en su
contrapartida
física, el dinero. Al llevar a cabo las instrucciones descritas en los
capítulos sobre la autosugestión y el subconsciente, resumidas en el capítulo
de la autosugestión, usted puede convencer al subconsciente de que cree que
recibirá lo que está pidiendo, y ello actuará en esa creencia, que su
subconsciente le devolverá en forma de «fe», acompañada de planes precisos para
procurar eso que usted desea.
La fe es un
estado mental que usted puede incrementar a voluntad, una vez que haya dominado los trece principios, porque se trata de
un estado mental que crece
voluntariamente, a través de la aplicación de esos principios.
La repetición de
la afirmación de órdenes a su subconsciente es el único método conocido del
crecimiento voluntario de la emoción de la fe.
Quizás el
concepto le quede más claro con la siguiente explicación de la forma en que los
hombres, a veces, se convierten en criminales. Para decirlo con las palabras de
un famoso criminólogo, «Cuando los hombres entran por primera vez en contacto
con el crimen, éste les repugna. Si siguen en contacto con él durante algún
tiempo, se acostumbran, y lo toleran. Y si permanecen en contacto con el crimen
durante el tiempo suficiente, acaban por aceptarlo y se dejan influir por él».
Es el equivalente
de decir que cualquier impulso de pensamiento que sea repetidamente encauzado
hacia el subconsciente resulta aceptado e influye en el subconsciente, que
procede a traducir ese impulso en su equivalente físico por el procedimiento
más práctico que halle disponible.
En relación con
esto, vuelva a considerar la proposición de que todos los pensamientos que han
sido «emocionalizados» (cargados emocionalmente) y mezclados con la fe empiezan
inmediatamente a traducirse en su equivalente física o en su contrapartida. Las
emociones, o la porción «sentimental» de los
pensamientos, son los factores
que dan vitalidad
y acción a
éstos. Mezcladas con cualquier impulso de pensamiento, las emociones de
la fe, el amor y el sexo le añaden más energía de la que tendría por sí sola.
No sólo los
impulsos de pensamiento que se hayan mezclado con la fe, sino los que se
mezclan con cualquiera de las emociones positivas, o de las negativas, pueden
alcanzar el subconsciente, e influir en él.
NADIE ESTÁ
«CONDENADO» A LA MALA SUERTE
A partir de esta
afirmación, usted comprenderá que el subconsciente traducirá en
su equivalente físico
un impulso de
pensamiento de naturaleza
negativa o destructiva con tanta facilidad como actuaría con pensamientos de
naturaleza positiva o constructiva. Esto explica el extraño fenómeno que
millones de personas
experimentan, denominado
«infortunio» o
«mala suerte».
Hay millones de
personas que se creen «condenadas» a la pobreza y al fracaso, por culpa de
alguna fuerza extraña que creen no poder controlar. Ellos son los creadores de
su propio «infortunio», a causa de esta creencia negativa, que su subconsciente
adopta y traduce en su equivalente físico.
Este es un
momento apropiado para sugerirle de nuevo que usted puede beneficiarse,
transmitiendo a su subconsciente cualquier deseo que quiera traducir en su
equivalente físico o monetario, en un estado de esperanza o convicción de que
la transmutación tendrá lugar. Su convicción, o su fe, es el elemento que
determina la acción de su subconsciente. No hay nada que le impida «engañar» a
su subconsciente al darle instrucciones a través de la autosugestión, tal como
yo «engañé» al subconsciente de mi hijo.
Para llevar a
cabo este «engaño» de manera más realista, cuando se dirija a su subconsciente,
compórtese tal como lo haría si ya estuviera en posesión del objeto material
que está pidiendo.
Su subconsciente traducirá en su
equivalente físico, por el
medio más práctico y directo,
cualquier orden que se le dé en un estado de convicción o de fe en que la orden
se llevará a cabo.
Sin duda, se ha
dicho bastante para señalar un punto de partida desde el cual uno puede,
mediante la experimentación y la práctica, adquirir la
capacidad de
mezclar la fe con cualquier orden que se le dé al subconsciente. La perfección
surgirá a través de la Práctica. No puede aparecer por el mero hecho de leer
las instrucciones.
Es esencial para
usted que estimule sus emociones positivas como fuerzas dominantes de su
mente, y quite importancia y elimine las
emociones negativas.
Una mente
dominada por emociones positivas se convierte en una morada favorable para
el estado mental
conocido como fe.
Una mente así dominada puede, voluntariamente, darle al
subconsciente instrucciones que éste aceptará y ejecutará de inmediato.
LA FE ES UN
ESTADO MENTAL QUE SE PUEDE INDUCIR MEDIANTE LA AUTOSUGESTIÓN
Durante todas las
épocas, las religiones han exhortado a la humanidad en conflicto a «tener fe»
en este o aquel dogma o credo, pero no han logrado explicar a las multitudes
cómo tener fe. No han afirmado que «la fe es un estado mental que se puede
inducir mediante la autosugestión».
En un lenguaje
que cualquier ser humano normal podrá entender, describiremos todo lo que se
sabe sobre el principio mediante el cual la fe puede aparecer donde todavía no
existe.
Tenga fe en
usted; fe en el infinito. Antes de empezar, debería recordar que:
¡La fe es el
«elixir eterno» que da vida, poder y acción al impulso del pensamiento!
Merece la pena
leer el enunciado anterior una segunda vez, y una tercera, y una cuarta.
¡Merece la pena leerlo en voz alta!
¡La fe es el
punto inicial de toda acumulación de riquezas!
¡La fe es la base
de todos los «milagros» y de todos los misterios que no se pueden analizar con
los parámetros de la ciencia!
¡La fe es el
único antídoto conocido contra el fracaso!
¡La fe es el
elemento, el «componente químico» que, combinado con la plegaria, nos
proporciona comunicación directa con la Inteligencia Infinita!
¡La fe
es el elemento
que transforma la
vibración ordinaria del pensamiento, creada por la mente finita
del hombre, en su equivalente espiritual!
¡La fe es el
único agente a través del cual el hombre puede dominar la fuerza de la
Inteligencia Infinita, y usarla!
LA MAGIA DE LA
AUTOSUGESTIÓN
La prueba es
simple y fácil de demostrar. Va ligada al principio de autosugestión. Por lo
tanto, centremos la atención en el tema de la autosugestión, para descubrir qué
es y lo que se puede alcanzar con ella.
Se sabe que uno
llega, finalmente, a creer cualquier cosa que se repita a sí mismo, sea
la afirmación verdadera
o falsa. Si
un hombre repite
una mentira una y otra vez, con el tiempo aceptará esa mentira como algo
cierto. Más aún, creerá que es cierta. Todo hombre es lo que es a causa de los
pensamientos dominantes que él permite que ocupen su mente. Los pensamientos
que un hombre adopta deliberadamente, y que anima con entusiasmo, y con los que
combina una emoción o más, ¡constituyen las fuerzas motivadoras que dirigen y
controlan cada uno de sus movimientos, actos y hazañas!
Aquí tenemos el
enunciado de una verdad muy importante:
Los pensamientos
combinados con cualquiera de las emociones constituyen una fuerza «magnética»
que atrae otros pensamientos similares o relacionados.
Un pensamiento
así «magnetizado» con la emoción se puede comparar con una semilla que, cuando
es plantada en terreno fértil, germina, crece y se
multiplica una y
otra vez, hasta que aquello que en un principio fue una semillita ¡se convierte
en innumerables millones de semillas de la misma clase!
La mente humana
está constantemente atrayendo vibraciones que armonicen con aquella que la
domina. Cualquier idea, plan, pensamiento o propósito que uno abrigue atrae
infinidad de ideas afines, adhiere estas ideas a su propia fuerza, y crece
hasta convertirse en el propósito maestro que domina y motiva al individuo en
cuya mente se ha alojado.
Volvamos ahora al
punto inicial, para informarnos de cómo se puede plantar en la mente la semilla
original de una idea. La información es fácil de entender: cualquier idea, plan
o propósito se puede fijar en la mente mediante la repetición del pensamiento.
Por eso le damos instrucciones para que ponga por escrito un planteamiento de
su propósito principal, u objetivo primordial y preciso, lo memorice y lo
repita en voz alta todos los días, hasta que las vibraciones auditivas hayan
alcanzado su subconsciente.
Decídase a dejar
de lado las influencias de todo ambiente desfavorable para construir su
propia vida a
la medida. Al
hacer un inventario
de sus recursos y capacidades
mentales, quizá usted descubra que su mayor debilidad sea su falta de confianza
en sí mismo. Esta desventaja puede ser superada, y la timidez transformada en
coraje a través de la ayuda que el principio de la autosugestión proporciona.
La aplicación de este principio puede ejecutarse mediante la sencilla
enunciación de los impulsos de pensamiento puestos por escrito, memorizados y
repetidos hasta que lleguen a formar parte del instrumental del que la facultad
inconsciente de su mente disponga.
FÓRMULA PARA LA
CONFIANZA EN UNO MISMO
PRIMERO: Sé que
tengo la capacidad de alcanzar el objeto del propósito definido de mi vida; por
lo tanto, exijo de mí mismo acción perseverante y continua hasta conseguirlo, y
aquí y ahora prometo ejecutar tal acción.
SEGUNDO: Me doy cuenta de que los pensamientos
dominantes de mi mente se reproducirán con el paso del tiempo en actos externos
y físicos para transformarse en una realidad física; por lo tanto, concentraré
mis pensamientos durante treinta minutos cada día en la tarea de pensar en la
persona en que me
propongo convertirme, creando de
este modo una imagen mental clara.
TERCERO: Sé que,
mediante el principio de la autosugestión, cualquier deseo que abrigue con
perseverancia buscará expresarse a través de ciertos medios prácticos para obtener
el objeto que haya tras él; por lo
tanto, dedicaré diez minutos cada día a exigirme el desarrollo de la
confianza en mí mismo.
CUARTO: He
escrito con claridad una descripción del Objetivo primordial de mi vida, y
nunca dejaré de esforzarme, hasta que haya conseguido la suficiente confianza
en mí mismo para alcanzarlo.
QUINTO: Comprendo
con claridad que no hay riqueza ni posición que pueda durar mucho tiempo, a
menos que se haya formado sobre la lealtad y la justicia; por lo tanto, no me comprometeré
en ninguna transacción que no beneficie a todos a los que afecte. Tendré éxito
atrayendo hacia mí las fuerzas que deseo emplear, y la cooperación de otras
personas. Induciré a otros a servirme, por obra de mi disposición de servir a
otros. Eliminaré el desprecio, la envidia, los celos, el egoísmo y el cinismo y
cultivaré el amor por toda la
humanidad, porque sé que una
actitud negativa hacia los demás nunca me dará el éxito. Haré que
los demás crean en mí, porque yo creeré en ellos y en mí mismo. Firmaré esta
fórmula con mi nombre, la memorizaré y la repetiré en voz alta una vez cada
día, con la fe absoluta de que influirá gradualmente en mis pensamientos y mis
actos para que yo me convierta en una persona que confía en sí misma y que goza
del privilegio del éxito.
Tras esta fórmula
hay una ley de la naturaleza que ningún hombre ha sido todavía capaz de
explicar. El nombre por el que dicha ley se conoce tiene poca importancia. Lo
que importa de ella es que... FUNCIONA, para la gloria y
el progreso de
la especie humana,
si es usada
de forma constructiva. Por otra
parte, si se la usa destructivamente, destruirá con la misma facilidad. En esta
afirmación podemos encontrar una verdad muy importante: quienes se hunden en la
frustración y acaban su vida en la pobreza, la miseria y la angustia lo hacen a
causa de la aplicación negativa del principio de la autosugestión. La causa se
puede encontrar en el hecho de que todos los impulsos de pensamiento tienen
tendencia a vestirse de su equivalente físico.
EL DESASTRE DEL
PENSAMIENTO NEGATIVO
El subconsciente
no distingue entre impulsos de pensamiento positivos o negativos. Trabaja
con el material
que le suministramos, a
través de nuestros impulsos de
pensamiento. El subconsciente traducirá en algo real un pensamiento
regido por el
miedo con tanta
facilidad como transformaría en
realidad un pensamiento regido por el coraje, o por la fe.
Tal como
la electricidad hace girar las
ruedas de la industria, y
rinde servicios útiles si se la emplea correctamente, o acaba con la
vida si se hace mal uso de ella, así, la ley de la autosugestión nos conducirá
a la paz y la prosperidad o nos arrastrará hacia el valle de la miseria, el
fracaso y la muerte, de acuerdo
con el grado
de comprensión y
aplicación que tengamos de ella.
Si uno se llena
la cabeza de miedos, dudas y desconfianza en su capacidad para conectar
y usar la
fuerza de la
Inteligencia Infinita, la ley
de la autosugestión adoptará
ese espíritu de
desconfianza y lo
usará como patrón mediante el
cual el subconsciente lo traducirá en su equivalente físico.
Así como el
viento arrastra un barco hacia el Este y otra hacia el Oeste, usted será elevado
o hundido por la ley de la autosugestión de acuerdo con la manera en que usted
oriente las velas de su pensamiento.
La ley de la
autosugestión, que puede elevar a cualquier persona a niveles asombrosos de
realización, queda bien descrita en los siguientes versos.
Si piensas que
estás vencido, lo estarás.
Si piensas que no
te atreves, no te atreverás.
Si te gusta
ganar, pero piensas que no puedes, es casi seguro: no ganarás.
Si piensas que
perderás, estás perdido, Pues en el mundo encontramos que
el éxito empieza
en la voluntad del hombre...
Todo está en el
estado mental.
Si piensas que
eres inferior, lo eres. Tienes que pensar alto para ascender. Tienes que estar
seguro de ti mismo antes de poder ganar.
Las batallas de
la vida no siempre favorecen al hombre más fuerte o al más rápido,
pero tarde o
temprano el hombre que gana
es el hombre que
PIENSA QUE SÍ PUEDE!
Observe las
palabras que se han destacado,
y captará el
profundo significado que el poeta expresa.
¿QUÉ GENIO YACE
DORMIDO EN SU CEREBRO?
En algún
rincón de su
carácter está latente, dormida,
la semilla de la
realización que, si germinara y se pusiera en acción, lo elevaría a niveles que
tal vez usted nunca soñó alcanzar.
Así como un
virtuoso puede arrancar las melodías más hermosas de las cuerdas de su violín,
usted puede despertar al genio que yace dormido en su mente, y hacer que lo
conduzca hacia arriba, hacia cualquier objetivo que desee alcanzar.
Abraham Lincoln
fue un fracasado en todo lo que intentó..., hasta después de haber alcanzado
los cuarenta años. Fue un Don Nadie, de Ninguna Parte, hasta que una gran
experiencia entró en su vida y despertó al genio dormido que había en su
corazón y en su cerebro, para darle al mundo uno de sus hombres realmente
grandes. Esa «experiencia» estaba combinada con las emociones de la aflicción y
el amor. Le aconteció a través de Ann Rutledge, la única mujer a quien él amó
realmente.
Es sabido que la
emoción del amor está ligada al estado de ánimo conocido como la fe, y esto se
debe a que el amor se aproxima mucho a traducir los impulsos de pensamiento
propios en su equivalente espiritual.
Durante su labor
de investigación, el autor ha descubierto, a partir del análisis de la vida y
realizaciones de centenares de hombres de posiciones destacadas, que detrás de
casi cada uno de ellos existía la influencia del amor de una mujer.
Si quiere pruebas del poder
de la fe,
examine las realizaciones de los hombres y mujeres que se han valido de
ella. El Nazareno, encabeza la lista. La base de la cristiandad es la fe, no
importa cuántas personas hayan pervertido o malinterpretado el significado de
esta gran fuerza.
La esencia de las
enseñanzas y de las realizaciones de Cristo, que pueden haberse interpretado
como «milagros», son nada más y nada menos que fe. Si hay
fenómenos «milagrosos», ¡se
producen sólo a través
del estado mental conocido como
la fe!
Consideremos el
poder de la fe, tal como nos la mostró un hombre bien conocido por toda la
humanidad: el Mahatma Gandhi, de la India. En este hombre, el mundo tuvo uno de
los ejemplos más sorprendentes de las posibilidades de la fe que conozca la
humanidad. Gandhi ostentó más poder potencial que ningún otro de sus
contemporáneos, y ello a pesar del
hecho de que no
contó con ninguna de las herramientas ortodoxas del poder, tales como dinero,
barcos de guerra, soldados ni material bélico. Gandhi no tenía dinero, ni casa,
ni siquiera ropas, pero tenía poder. ¿Cómo lo obtuvo?
Lo creó a partir
de su comprensión del principio de la fe, y mediante su capacidad para
trasplantar esa fe al espíritu de doscientos millones de personas.
Gandhi consiguió
la sorprendente proeza de influir en doscientos millones de mentes para formar
un conglomerado humano que se moviese al unísono, como un solo hombre.
¿Qué otra fuerza
de este mundo, aparte de la fe, puede lograr tanto?
CÓMO UNA IDEA
CONSTRUYÓ UNA FORTUNA
Debido a la
necesidad de la fe y de la cooperación en el funcionamiento de los negocios
y de la industria, será
tan interesante como
provechoso analizar un suceso que nos proporciona un excelente ejemplo
para la comprensión del método por el cual los industriales y los hombres de
negocios acumulan grandes fortunas al dar antes de intentar recibir.
El suceso elegido
para este ejemplo data de comienzos de siglo, cuando se estaba formando la
United States Steel Corporation (Corporación del Acero de Estados Unidos). A
medida que lea la historia, tenga presente esos hechos fundamentales, y
comprenderá cómo las ideas se han convertido en fortunas inmensas.
Si usted
es de los
que se han
preguntado a menudo
cómo se han acumulado las grandes fortunas, esta
historia de la creación de la United States Steel Corporation le resultará
esclarecedora. Si tiene alguna duda de que los hombres pueden pensar y hacerse
ricos, esta historia disipará esa duda, porque usted podrá ver con claridad en
la historia de la United States Steel Corporation la aplicación de una porción
importante de los principios que se describen en este libro.
El asombroso
relato del poder de una idea ha sido escrito de forma espectacular por John
Lowell, del New York World-Telegram, y la transcribimos con su cortesía:
UN BONITO
DISCURSO DE SOBREMESA POR MIL MILLONES DE DÓLARES
Aquella noche del
12 de diciembre de 1900, en la que unos ochenta miembros de la sociedad
financiera se reunieron en el salón de banquetes del University Club, en la Quinta
Avenida, para hacer los honores a un hombre joven del Oeste de Estados Unidos,
ni media docena de los invitados supuso que estaban a punto de presenciar el
episodio más importante de la historia de la industria estadounidense.
J. Edward Simmons
y Charles Stewart Smith, llenos de gratitud por la pródiga hospitalidad
con que Charles
M. Schwab les
había regalado durante una
reciente visita a Pittsburgh, habían organizado la cena para presentar a aquel
empresario del acero de treinta y ocho años a la sociedad de banqueros del Este
de Estados Unidos. Pero no esperaban que magnetizara de tal modo la convención.
De hecho, le advirtieron que los corazones que rellenaban las camisas de Nueva
York no reaccionarían a la oratoria, y que si no quería aburrir a los Stilman y
los Harriman y los Vanderbilt, sería mejor que se limitara a quince o veinte
minutos de intrascendencias amables, pero nada más.
Incluso John
Pierpoint Morgan, sentado a la derecha de Schwab, como indicaba su dignidad
imperial, había previsto honrar la mesa con su presencia muy brevemente. Y en
lo que se refería a la prensa y al público, todo el asunto presentaba tan poco
interés que los periódicos del día siguiente ni lo mencionaron.
De manera que los
dos anfitriones y sus distinguidos invitados probaron los habituales siete u
ocho platos. Hubo poca conversación y, versara sobre lo que versase, fue parca
y discreta. Aunque algunos de los banqueros y agentes de Bolsa habían visto
antes a Schwab, cuya carrera había florecido
en los Bancos de
Monongahela, ninguno lo conocía bien. Pero, antes de que la velada acabara,
ellos y «Money Master Morgan» quedarían admirados, y un bebé de mil millones de
dólares, la United States Steel Corporation, nacería allí.
Quizá sea una lástima para la historia que no se
haya hecho ninguna grabación del discurso de Charlie Schwab en aquella
cena.
Sin embargo, tal
vez se tratara de un discurso «casero», con incorrecciones gramaticales (pues
los perfeccionismos del lenguaje nunca le interesaron a Schwab), lleno de
refranes y compaginado con ingenio. Pero, aparte de eso, obtuvo una fuerza y un
efecto impresionantes sobre los cinco mil millones de dólares de capital
estimado que los comensales representaban. Cuando terminó, y la reunión vibraba
todavía con sus palabras, aunque Schwab había hablado durante noventa minutos,
Morgan condujo al orador a una ventana apartada donde, balanceando las piernas
en un alto e incómodo asiento, hablaron durante una hora más.
La magia de la
personalidad de Schwab se había puesto en acción con toda su potencia,
pero lo más
importante y perdurable
fue el programa detallado y explícito que
presentó para el engrandecimiento
del acero. Muchos otros hombres habían
tratado de interesar a Morgan en montar juntos un trust del acero imitando los
patrones de las empresas de galletas, cables y flejes, azúcar, goma, whisky,
aceite o goma de mascar. John W. Gates,
el apostador, lo había
urgido a hacerlo,
pero Morgan no
había confiado en él. Los hermanos Moore, Bill y Jim, mayoristas de
Chicago que habían fusionado una fosforera y una corporación de galletitas,
habían tratado de convencerlo, fracasando en su intento. Elbert H. Gary, el
sacrosanto abogado del Estado, quiso atraerlo a su terreno, mas no llegó a ser
lo bastante grande como para impresionarlo. Hasta que la elocuencia de Schwab
elevó a J. P. Morgan a las alturas desde donde pudo visualizar los sólidos
resultados del proyecto financiero más atrevido que se hubiera concebido nunca,
la idea era considerada un delirante sueño de especuladores ingenuos.
El magnetismo
financiero que, hace una generación, empezó a atraer miles de compañías
pequeñas y a veces ineficazmente dirigidas a combinaciones
más grandes y
competitivas, se ha vuelto operativo en el mundo del acero gracias a los
artilugios de aquel jovial pirata de los negocios, John W. Gates. Este había
formado ya la American Steel and Wire Company con una cadena de pequeñas empresas, y junto con
Morgan había creado la Federal Steel Company.
Pero al lado del
gigantesco trust vertical de Andrew Carnegie, dirigido por sus cincuenta y tres
accionistas, esas otras combinaciones resultaban insignificantes. Podían
combinarse como mejor les pareciese, pero ni todas juntas harían mella en la
organización de Carnegie, y Morgan lo sabía.
El viejo escocés
excéntrico también lo sabía. Desde las majestuosas alturas de Skibo Castle
había visto, primero divertido y luego con resentimiento, los intentos de las
pequeñas compañías de Morgan entremetiéndose en sus negocios. Cuando esos
intentos se tornaron demasiado importantes, el mal genio de Carnegie se
convirtió en ira y en deseos de venganza. Decidió duplicar cada fábrica suya
por cada una que sus rivales poseyeran. Hasta entonces no había tenido interés
en cables, tubos, flejes ni planchas. En cambio, se contentaba con venderle el
acero en bruto a esas compañías y las dejaba que trabajaran en la
especialización que quisieran. Ahora, con Schwab como jefe y lugarteniente
capaz, planeaba arrinconar a sus enemigos contra la pared.
Así fue como
Morgan vio la solución a su problema de combinaciones en el discurso de Charles
M. Schwab. Un trust sin Carnegie, el gigante, no sería ningún trust, sino un
pastel de ciruelas sin ciruelas.
El discurso de
Schwab de aquella noche del 12 de diciembre de 1900 aportó la sugerencia, que
no la solicitud, de que el vasto imperio Carnegie podía llegar a estar bajo la
sombra de Morgan. Habló del futuro mundial del acero, de reorganización en aras
de la eficiencia, de especialización, de deshacerse de compañías improductivas,
de la concentración del esfuerzo en las propiedades florecientes, de ahorros en
el tráfico de mineral bruto, de ahorros en los departamentos directivos y
administrativos, de captar mercados extranjeros.
Más que todo eso,
les dijo a los bucaneros que había entre ellos dónde estaban los errores de su
piratería habitual. Sus propósitos, suponía él, habían sido crear monopolios,
aumentar los precios y pagarse a sí mismos dividendos exagerados más allá de
todo privilegio. Con su estilo campechano, Schwab condenó ese sistema. La
estrechez de miras de semejante política, dijo a su auditorio, residía en el
hecho de que restringía el mercado en un momento en que todo pugnaba por la
expansión. Abaratando el coste del acero, explicó, se crearía un mercado
expansivo; se idearían más usos para el acero y se captaría una parte
considerable del mundo de la industria. En realidad, aunque él no lo supiese,
Schwab era un apóstol de la moderna producción masiva.
Así acabó la cena
en el University Club. Morgan se fue a su casa, para pensar en las predicciones
de progreso de Schwab. Schwab regresó a Pittsburgh, a dirigir el negocio
siderúrgico para «Wee Andra Carnegie», mientras Gary y todos los demás volvían
a sus teletipos, para especular, anticipándose al próximo movimiento.
No tardó mucho en
suceder. A Morgan le llevó más o menos una semana digerir el festín de
razonamientos que Schwab le había puesto delante. Cuando se aseguró de que no
iba a sufrir ninguna «indigestión financiera», llamó a Schwab..., y se encontró
con un hombre bastante tímido. Al señor Carnegie, le dijo Schwab, quizá no le
alegrara mucho descubrir que el presidente de su conglomerado de empresas había
estado coqueteando con el emperador de Wall Street, el barrio que Carnegie
había resuelto no pisar jamás. Entonces John W. Gates, que hacía de
intermediario entre Morgan y Schwab, sugirió que si Schwab estuviera
casualmente de paso por el Belle Vue Hotel, de Filadelfia, J. P. Morgan podía
«coincidir» con él en el mismo sitio. Sin embargo, cuando Schwab llegó, Morgan
se hallaba enfermo en su casa de Nueva York, y, presionado por la invitación
del hombre mayor, Schwab viajó a Nueva York y se presentó ante la puerta de la
biblioteca del financiero.
En la actualidad,
ciertos historiadores de la economía han expresado la sospecha de que esta
historia, desde el principio al fin, fue planificada por Andrew Carnegie, que
la cena en honor de Schwab, el célebre discurso, la reunión del domingo por la
noche entre Schwab y el rey del dinero fueron
sucesos que el
sagaz escocés había preparado de antemano. La verdad es precisamente todo lo
contrario. Cuando Schwab fue llamado a cerrar el trato, ni siquiera sabía si el
«jefecito», como llamaban a Andrew, prestaría atención a una oferta de vender,
en particular a un grupo de hombres a quienes Andrew consideraba dotados de
algo menos que la beatitud. Pero Schwab acudió a la reunión con seis hojas
escritas de su puño y letra, llenas de datos que, según él, representaban el
valor físico y potencial de rendimiento de cada compañía metalúrgica que él
consideraba una estrella esencial en el nuevo firmamento del metal.
Cuatro hombres
sopesaron esos esquemas durante toda la noche. El jefe, por supuesto, era
Morgan, firme en su credo del derecho divino del dinero. Con él
estaba su socio
aristocrático, Robert Bacon,
un erudito y un
caballero. El tercero era John W. Gates, a quien Morgan tachaba de apostador y
utilizaba como herramienta. El cuarto era Schwab, que sabía más sobre el
proceso de elaborar y vender acero que cualquier grupo de hombres de su época.
A lo largo de aquella conferencia, los esquemas del hombre de Pittsburgh no se
cuestionaron nunca. Si él decía que una compañía valía tanto, así era, y punto.
También insistió en incluir en la combinación sólo las empresas que él tenía
nominadas. Había concebido una corporación sin dobleces, donde ni siquiera
quedaba lugar para satisfacer la codicia
de amigos que
deseaban descargar sus compañías sobre los anchos hombros de Morgan.
Al amanecer,
Morgan se puso de pie y se desperezó. Sólo quedaba una pregunta pendiente.
! ¿Cree
que puede persuadir
a Andrew Carnegie
de vender? - preguntó.
! Puedo intentarlo -repuso Schwab.
! Si usted consigue que venda, me
comprometeré en todo este asunto - aseguró Morgan.
Hasta allí
todo iba bien.
Pero ¿vendería Carnegie?
¿Cuánto pediría? (Schwab pensaba
en unos 320 millones de dólares.) ¿Cómo se efectuaría el
pago? ¿En
acciones ordinarias o
preferentes? ¿En bonos? ¿En efectivo? Nadie podía reunir trescientos
veinte millones de dólares en efectivo.
En enero
acudieron a un partido de golf en los helados prados de St. Andrews, en
Westchester, Andrew envuelto en jerséis, bien abrigado, y Charlie conversando
de trivialidades, para ejercitar el buen humor. Pero no se pronunció ni una
palabra sobre negocios hasta que la pareja se sentó en la cálida sala de la
cabaña que Carnegie poseía cerca de allí. Entonces, con el mismo poder de
convicción con que había hipnotizado a ochenta millonarios en el University
Club, Schwab dejó caer rutilantes promesas de retiro y comodidad, de los
innumerables millones que satisfarían los caprichos sociales del viejo escocés.
Carnegie estuvo de acuerdo, escribió algo en un trozo de papel y dijo:
“Muy bien,
venderemos por ese precio.”
La cifra era de
unos 400 millones de dólares y surgió a partir de los 320 millones que Schwab
había previsto como precio básico, añadiéndole 80 millones para recuperar el
valor aumentado sobre el capital previsto durante los últimos dos años.
Más tarde,
en la cubierta
de un transatlántico, el
escocés le decía arrepentido a Morgan: “Ojalá te hubiera
pedido cien millones más.”
“Si me los
hubieras pedido, te los hubiese pagado” - le respondió Morgan, aimadamente.
Hubo cierto
alboroto, por supuesto. Un corresponsal británico envió un cable diciendo que
el mundo del acero extranjero estaba «aterrado» ante la gigantesca corporación.
El presidente Hadley, de Yale, declaró que a menos que se regulasen los trusts,
el país tendría «un emperador en Washington durante los próximos veinticinco
años». Pero ese hábil agente de Bolsa que Keene era, se aplicó a su trabajo de
impulsar tan vigorosamente las nuevas acciones hacia el público, que todo el
exceso de liquidez, estimado por algunos en cerca de 600 millones de dólares,
fue absorbido en un abrir y cerrar de ojos. De manera que Carnegie obtuvo sus
millones; el sindicato de Morgan consiguió 62
millones por todos sus
«problemas», y todos los
«muchachos»,
desde Gates a Gary, también ganaron sus millones.
Schwab, de 38
años, obtuvo su recompensa. Fue nombrado presidente de la nueva corporación, y
ostentó el cargo hasta 1930.
LA RIQUEZA
EMPIEZA CON EL PENSAMIENTO
La impresionante
historia del gran negocio que usted acaba de leer es un ejemplo perfecto del
método por el cual el deseo puede transmutarse en su equivalente físico.
Esa gigantesca
organización se creó en la imaginación de un hombre. El plan por el que le
proporcionaban a la organización hornos de acero que aportaban su
estabilidad financiera se
creó en la
mente de la
misma persona. Su fe, su deseo, su imaginación, su perseverancia fueron
los verdaderos ingredientes esenciales que conformaron la United States Steel
Corporation. Los hornos y los equipos mecánicos adquiridos por la empresa, después
de haber surgido
a la existencia
legal, fueron incidentales, pero
un análisis cuidadoso revelará el hecho de que el valor aumentado de
las propiedades adquiridas
por la corporación
se incrementó en unos seiscientos millones de dólares, por la mera
transacción que los consolidaba bajo una misma gerencia.
En otras
palabras, la idea de Charles M. Schwab, sumada a la fe con la que contagió a J.
P. Morgan y a los demás, había dado unos beneficios de unos seiscientos
millones de dólares. ¡No es una suma insignificante por una sola idea!
La United States
Steel Corporation prosperó hasta convertirse en una de las empresas más rica y
poderosas de Estados Unidos, dando empleo a miles de personas, desarrollando
nuevas aplicaciones para el acero, y abriendo nuevos mercados, demostrando de
ese modo que los seiscientos millones de beneficio que la idea de Schwab
produjo estaban bien merecidos.
¡La riqueza
empieza en la forma de un pensamiento!
La cantidad está
limitada sólo por la persona en cuya mente esa idea se pone en movimiento.. ¡La
fe elimina las limitaciones! Recuerde esto cuando esté listo para negociarle a
la vida lo que usted desee como precio por haber pasado por ella.
Capítulo 4
LA AUTOSUGESTIÓN
EL VEHÍCULO PARA
INFLUIR EN EL SUBCONSCIENTE
El tercer paso
hacia la riqueza
Autosugestión es
un término que se aplica a todas las sugestiones y a todos los estímulos
autoadministrados que alcanzan la propia mente a través de los cinco sentidos.
Dicho de otro modo, la autosugestión es la sugestión de uno mismo. Es el agente
de comunicación entre esa parte de la mente donde la parte consciente tiene
lugar y aquella otra que sirve de asiento de la acción para el subconsciente.
A través
de los pensamientos dominantes
que uno permite
que permanezcan en la
mente consciente (que
estos pensamientos sean positivos o negativos no altera el
mecanismo), el principio de la autosugestión alcanza voluntariamente el
subconsciente y lo influye con estos pensamientos.
La naturaleza
ha creado al
hombre de tal
manera que tenga
control absoluto sobre el material que llega a su subconsciente, a
través de sus cinco sentidos, aunque esto no significa que deba interpretarse
como una afirmación de que el hombre siempre ejercite ese control. En casi
todos los casos, no lo ejercita, y ello explica por qué tanta gente vive en la
pobreza.
Recuerde lo que
se ha dicho sobre la semejanza del subconsciente con un jardín fértil, en donde
las hierbas crecen en abundancia, si no se siembran semillas de plantas más
deseables. La autosugestión es el agente de control a través del cual un
individuo puede alimentar voluntariamente su subconsciente con pensamientos de
naturaleza constructiva o, por negligencia, permitir que los pensamientos de
naturaleza destructiva se infiltren en ese rico jardín de la mente.
VEA Y SIENTA EL
DINERO EN SUS MANOS
En los últimos
seis pasos descritos en el capítulo sobre el deseo, usted ha recibido
instrucciones para que lea en voz alta dos veces por día el enunciado escrito
de su deseo de dinero, y para que se vea y se sienta ya en posesión del mismo.
Al seguir esas instrucciones, usted comunica el objeto de su deseo directamente
a su subconsciente en un estado de fe absoluta. Mediante la repetición de este
procedimiento, usted crea con su voluntad hábitos de pensamiento que son
favorables a sus esfuerzos para transmutar el deseo en su equivalente
monetario.
Retroceda a esos
seis pasos que se describen en el capítulo dos, para releerlos con
mucha atención antes de
seguir adelante. Luego (cuando llegue a esa parte), lea con atención
las cuatro instrucciones para la organización de su «Master Mind», que se describen
en el capítulo sobre la planificación organizada. Al comparar esos dos
conjuntos de instrucciones, usted se dará cuenta de que ambos se basan en el
principio de la autosugestión.
Recuerde, por lo
tanto, cuando lea en voz alta el enunciado de su deseo (mediante el cual
usted se empeña
en desarrollar una
«conciencia del dinero»), que la
mera lectura de estas palabras no tendrá consecuencias..., a menos que usted
las funda con la emoción, con el sentido de sus palabras. Su subconsciente reconoce
y actúa sólo en los pensamientos que usted ha combinado con la emoción, con el
sentimiento.
Ése es un hecho
tan importante como para garantizar la repetición prácticamente en cada
capítulo, porque la falta de comprensión de eso es la razón principal de
que la mayoría de
la gente que
trata de aplicar
el principio de la autosugestión no logre los resultados deseados.
Las palabras
indiferentes, recitadas sin emoción, no influyen en el subconsciente. Usted no
obtendrá resultados apreciables hasta que aprenda a llegar a
su subconsciente con pensamientos o palabras habladas que hayan sido cargados con
la emoción de la convicción.
No se desanime si
no puede controlar y dirigir sus emociones la primera vez que trate de hacerlo.
Recuerde que no existe la posibilidad de obtener algo por nada. Por mucho que
quiera, no podrá engañarse. El precio de la capacidad para influir en su
subconsciente es la perseverancia incansable en la aplicación de los principios
que se describen aquí. Usted no podrá formarse esa capacidad deseada por un
precio menor. Usted, y sólo usted, debe decidir si la recompensa por la que se
está esforzando (la «conciencia del dinero») vale el precio que debe pagar por
ella con su esfuerzo.
Su habilidad para
emplear el principio de la autosugestión dependerá, en gran medida, de su
capacidad para concentrarse en un deseo dado hasta que ese deseo se convierta
en una obsesión ardiente.
CÓMO FORTALECER
SUS PODERES DE CONCENTRACIÓN
Cuando empiece a
seguir las instrucciones de los seis pasos descritos en el segundo capítulo,
será necesario que haga uso del principio de la concentración. Así pues,
le ofreceremos sugerencias
para el uso
de la concentración eficaz.
Cuando usted comience a
ejecutar el primero de los
seis pasos, cuyas instrucciones son «determine la
cantidad exacta de dinero
que desea», mantenga el
pensamiento concentrado en esa cantidad de dinero, o fijada la atención en él,
con los ojos cerrados hasta que, de hecho, pueda ver el aspecto físico del
dinero. Haga eso por lo menos una vez al día. A medida que progrese en estos
ejercicios, siga las instrucciones dadas en el capítulo de la fe, ¡y véase a sí
mismo en posesión del dinero!
Aquí hay un hecho
muy importante: el subconsciente asume cualquier orden que se le dé en un
estado mental de fe absoluta, y actúa siguiendo esas órdenes, aunque deban
presentársele a menudo una y otra vez, mediante la repetición, antes de que el
subconsciente las interprete. Teniendo en
cuenta la afirmación anterior, considere la
posibilidad de jugarle un «truco» perfectamente legítimo a su
subconsciente, y hágale creer, porque usted cree en ello, que usted debe
obtener esa cantidad de dinero que está visualizando, que esa cantidad de
dinero ya espera que
usted sea su
dueño, y que el subconsciente debe proporcionarle planes prácticos para
conseguir el dinero que ya es suyo.
Endósele la idea
sugerida en el párrafo anterior a su imaginación, y vea cómo su imaginación
puede, o podrá, crear planes prácticos para la acumulación de dinero mediante
la transmutación de su deseo.
No espere un plan
definido, mediante el cual se propondrá intercambiar servicios o mercaderías a
cambio del dinero que usted visualiza; en cambio, empiece a verse en posesión
del dinero, esperando y exigiendo mientras tanto que su subconsciente le
proporcione los planes que necesite. Esté alerta en
espera de esos
planes, y póngalos en acción
inmediatamente cuando surjan. Cuando los planes aparezcan, «destellarán»
en su mente a través del sexto sentido, con la forma de una «inspiración».
Trátela con respeto, y actúe según ella tan pronto como la reciba.
En el cuarto de
los seis pasos, se le indica que «cree un plan preciso para llevar a cabo su
deseo, y empiece de inmediato a poner ese plan en acción». Debe seguir esta
instrucción de la manera descrita en el párrafo anterior. No confíe en «la
razón» a la hora de crear su plan para acumular dinero a través de la
transmutación del deseo. Su facultad de razonamiento puede ser perezosa, y si
depende por completo de sus servicios, quizá resulte defraudado.
Al visualizar el
dinero que se propone acumular (con los ojos cerrados), véase a sí mismo
prestando el servicio, o proporcionando la mercancía que se propone dar a
cambio de su dinero. ¡Esto es importante!
SEIS PASOS PARA
ESTIMULAR SU SUBCONSCIENTE
Resumiremos ahora
las instrucciones dadas en relación con los seis pasos del segundo capítulo, y
las combinaremos con los principios presentados en éste.
PRIMERO:
Elija un
sitio tranquilo (preferiblemente
en la
cama, por la noche), donde no vayan a distraerlo ni a
interrumpirlo, cierre los ojos, y
repita en voz
alta (de manera que usted pueda oír sus propias palabras) el enunciado escrito
de la cantidad de dinero que se propone acumular, el plazo para esta
acumulación y una descripción de los servicios o de las mercancías que pretende
dar a cambio del dinero. Al ejecutar estas instrucciones, véase a sí mismo ya
en posesión del dinero.
Por ejemplo,
suponga que se propone acumular 50.000 dólares para el primero de enero de
dentro de cinco años, que se propone prestar servicios personales a cambio del
dinero, en carácter de vendedor. El enunciado escrito de su propósito deberá
ser más o menos como el siguiente:
“El primer día
de enero de
19.., seré poseedor
de 50.000 dólares, que afluirán a mí en diversas sumas
de tiempo en tiempo durante ese lapso de cinco años.
“A cambio de ese
dinero daré los servicios más eficientes de que soy capaz, girando la mayor
cantidad posible, y proporcionando la mejor calidad de servicios como vendedor
de... (describa el servicio o la mercadería que se propone vender).
“Confío en que
tendré la posesión de ese dinero. Mi fe es tan fuerte que puedo verlo ahora
ante mis ojos. Puedo tocarlo con las manos. Ahora está esperando ser de mi
propiedad en el momento y en la proporción en que yo proporcione el servicio
que estoy dispuesto a dar a cambio de él. Espero un plan con el que acumular
ese dinero, y lo ejecutaré tan pronto como aparezca.”
SEGUNDO: Repita
este programa por la noche y por la mañana hasta que pueda ver (en su
imaginación) el dinero que ha decidido acumular.
TERCERO: Ponga
una copia de su enunciado escrito en donde pueda verla por la noche y por la
mañana, y léala justo antes de dormirse y antes de levantarse hasta que la haya
memorizado.
Al seguir estas
instrucciones recuerde que está aplicando el principio de la autosugestión con
el propósito de darle órdenes a su subconsciente. Recuerde, además, que su subconsciente acatará sólo instrucciones que
estén cargadas
emocionalmente, dirigidas hacia él con «sentimiento». La fe es la más fuerte y
productiva de las emociones. Siga las instrucciones del capítulo dedicado a
ella.
Al principio, estas instrucciones pueden parecer abstractas.
No se
deje inquietar por eso. Siga las instrucciones, sin prestar atención a
lo abstractas o lo poco prácticas que puedan parecerle. Pronto llegará el momento
en que, si ha hecho lo que se le ha indicado, tanto en espíritu como en actos,
todo un nuevo universo de poder se desplegará ante usted.
EL SECRETO DEL
PODER DE LA MENTE
El escepticismo,
en relación con las nuevas ideas, es una característica de todos los seres
humanos. Pero si sigue las instrucciones indicadas, su escepticismo pronto se
convertirá en convicción que a su vez se cristalizará en fe absoluta.
Muchos filósofos
han afirmado que el hombre es el dueño de su propio destino terrenal, pero casi
ninguno ha conseguido decir por qué lo es. La razón de que el hombre pueda ser
dueño de su propio estatus terrenal, y en especial de su nivel económico, queda
expresada con todo detalle en este capítulo. El hombre puede convertirse en el
dueño de sí mismo y de su ambiente, porque tiene el poder de influir en su
propio subconsciente.
Llevar a cabo la
transmutación del deseo en dinero conlleva el empleo de la autosugestión como
agente mediante el cual uno puede alcanzar el subconsciente e influir en él.
Los otros principios son simples herramientas con las que aplicar la
autosugestión. Atesore esta idea y siempre tendrá conciencia de la importancia
del principio de la autosugestión en sus esfuerzos para acumular dinero
mediante los métodos que se describen en este libro.
Una vez
haya leído el
libro entero, vuelva a
este capítulo y, tanto
en espíritu como en actos, siga estas instrucciones:
Cada noche lea el
capítulo entero en voz alta una vez, hasta que llegue a estar plenamente
convencido de que el principio de la autosugestión se basa en la verdad y en el
buen juicio, que obtendrá para usted todo lo que usted ha pedido. Mientras lea,
subraye con un lápiz cada frase que le impresione favorablemente.
Siga las instrucciones
anteriores al pie de la letra, y el camino se le abrirá hacia una comprensión
completa y el dominio de los principios del éxito.
CADA ADVERSIDAD,
CADA FRACASO Y
CADA
ANGUSTIA LLEVAN
CONSIGO
LA SEMILLA
DE UN BENEFICIO
EQUIVALENTE O MAYOR
Capítulo 5
EL CONOCIMIENTO
ESPECIALIZADO
EXPERIENCIAS
PERSONALES U OBSERVACIONES
El cuarto paso
hacia la riqueza
Hay dos clases de
conocimiento. Uno es el conocimiento general; el otro, el especializado. El
conocimiento general, independientemente de lo vasto y variado que pueda ser,
no resulta muy útil en la acumulación de dinero. Las facultades de las grandes
universidades poseen, en conjunto, casi todas las formas del conocimiento
general al alcance de la civilización. La mayoría de los profesores no tienen
mucho dinero. Se especializan en enseñar el conocimiento, pero no se
especializan en la organización de ese conocimiento ni en su empleo.
El conocimiento
no atraerá el dinero, a menos que esté organizado e inteligentemente dirigido
mediante planes prácticos
de acción, para
el objetivo preciso de la acumulación de dinero. La falta de comprensión
de este hecho ha sido una fuente de confusión para millones de personas que
creen equivocadamente que «el conocimiento es poder». ¡No es nada parecido! El
conocimiento es sólo poder en forma potencial. Solo se convierte en poder si
está organizado en planes definidos de acción y dirigido hacia un objetivo
determinado.
El «eslabón
perdido» de todos los sistemas educativos se puede encontrar en el fracaso de
las instituciones educacionales en enseñar a sus estudiantes cómo organizar y
usar ese conocimiento una vez que lo han adquirido.
Muchas personas
cometen el error de suponer que, porque Henry Ford tenía pocos «estudios», no
era un hombre «educado». Los que cometen este error no comprenden el
significado real de la palabra «educado».
Esa palabra
deriva de la palabra latina educo, que significa evolucionar, extraer,
desarrollarse desde dentro.
Un hombre educado
no es, necesariamente, alguien que tiene abundancia de conocimientos generales
o especializados. Un hombre educado es el que ha cultivado las facultades de su
mente de tal manera que puede adquirir cualquier cosa que se proponga, o su
equivalente, sin violar los derechos de los demás.
EL «IGNORANTE»
QUE AMASÓ UNA FORTUNA
Durante la Primera Guerra Mundial, un
periódico de Chicago
publicó ciertos editoriales en los que, entre otras cosas, a Henry Ford
se le llamaba
«ignorante
pacifista». El señor Ford objetó esas afirmaciones y demandó al periódico por
difamación. Cuando el juicio tuvo lugar, los abogados del periódico exigieron
una justificación y llamaron al propio señor Ford al banquillo de los testigos,
con el propósito de demostrarle al jurado que era un ignorante. Los abogados le
hicieron a Ford una gran variedad de preguntas, todas dirigidas a demostrar de
manera evidente que, si bien quizá poseyese una cantidad considerable de
conocimientos especializados en lo que se refería a la fabricación de
automóviles, básicamente era un ignorante.
A Ford le
hicieron preguntas del estilo de: «¿Quién fue Benedict Arnold?», y «¿Cuántos
soldados enviaron los británicos a las colonias americanas para sofocar la
rebelión de 1776?». En respuesta a esta última pregunta, el señor Ford
replicó: «Ignoro la
cantidad exacta de
soldados que los británicos enviaron, pero he oído decir
que fue una cifra considerablemente mayor que la de los que regresaron».
Finalmente, el
señor Ford acabó por cansarse de ese tipo de preguntas, y, para contestar
una particularmente ofensiva, se
inclinó hacia adelante, señaló con el dedo al abogado que
había hecho la pregunta y dijo: «Sí de
veras quisiera
responder la pregunta tonta que acaba de hacerme, o cualquiera de las otras que
me ha hecho, permítame recordarle que en mi escritorio tengo una hilera de
botones, y que apretando el adecuado puedo llamar en mi ayuda a hombres capaces
de responder cualquier pregunta que quiera hacerles en lo que concierne al
negocio al que he dedicado casi todos mis esfuerzos. Ahora dígame para qué
necesito llenarme la cabeza con conocimientos generales, con el fin de
contestar preguntas, cuando dispongo de hombres
a mi alrededor
que pueden proporcionarme cualquier conocimiento que les
pida».
Indudablemente,
ésa fue una respuesta con mucha lógica.
Y dejó confundido
al abogado. Todas las personas que había en la sala se dieron cuenta de que no
era la contestación de un ignorante, sino de un hombre educado. Cualquier
hombre es educado si sabe dónde adquirir el conocimiento cuando lo necesita, y
cómo organizar ese conocimiento en planes definidos de acción. Mediante la
asistencia de sus grupos de «Mater Mind», Henry Ford tenía a su alcance todo el
conocimiento que necesitó para convertirse en uno de los hombres más ricos de
Estados Unidos.
No era esencial
que tuviese esos conocimientos en su propia mente.
USTED PUEDE
OBTENER TODO EL CONOCIMIENTO QUE NECESITE
Antes de que
pueda estar seguro de su capacidad para transmutar el deseo en su equivalente
monetario, usted necesitará conocimientos especializados del servicio,
mercancía o profesión que se propone ofrecer a cambio de su fortuna. Quizá
necesite muchos más conocimientos especializados de los que tiene
capacidad o inclinación para adquirir, y,
en ese caso,
podrá superar su debilidad a través de la ayuda de su grupo de «Master
Mind».
La acumulación de
grandes fortunas requiere poder, y éste se adquiere mediante el conocimiento
especializado, inteligentemente dirigido y organizado, pero esos conocimientos
no tienen por qué estar en posesión de la persona que acumula la fortuna.
El párrafo
precedente debe dar ánimos
y esperanza al hombre
con la ambición de acumular una
fortuna, que no ha adquirido la «educación» necesaria para
emplear ese conocimiento
especializado como probablemente
necesite. Los hombres a veces pasan por esta vida sufriendo
«complejos de
inferioridad» porqué no son hombres
«educados». El hombre que pueda
organizar y dirigir un grupo de «Master Mind», un grupo de hombres que posee
conocimientos útiles para la acumulación de dinero, es un hombre tan educado
como cualquiera de los que componen el grupo.
Thomas A. Edison
tuvo sólo tres meses de «escolarización» durante toda su vida. No le faltó
educación, ni murió pobre.
Henry Ford no
llegó al sexto grado de la escuela primaria, pero se las arregló muy bien en el
plano económico.
El conocimiento
especializado es uno de los servicios más abundantes y baratos a
nuestro alcance. Si
usted no está
muy convencido de
ello, consulte la nómina de pagos de cualquier universidad.
CONVIENE SABER
CÓMO COMPRAR CONOCIMIENTOS
Antes que nada,
decida el tipo de conocimientos especializados que necesita, y la razón de esa
necesidad. En gran medida, el propósito primordial de su vida, el objetivo por
el que usted se está esforzando, lo ayudará a determinar qué conocimientos
necesita. Con esta pregunta planteada, su próximo paso requiere que usted tenga
información precisa sobre fuentes de información fiables. Las más importantes
son:
a) Las propias
experiencias y educación.
b) Experiencia y
educación disponibles a través de la cooperación de otras personas («Master
Mind»).
c) Escuelas
técnicas y universidades.
d) Bibliotecas
públicas (libros y publicaciones periódicas donde se pueden encontrar todos los
conocimientos organizados por la civilización).
e) Cursos
especiales de aprendizaje (en escuelas nocturnas y academias por
correspondencia particularmente).
A medida que los
conocimientos se van adquiriendo, deben organizarse con el fin de emplearlos
para un propósito definido, mediante planes prácticos. El conocimiento no tiene
otro valor que el que se puede aprovechar de su aplicación en aras de un
objetivo valioso.
Si usted
considera la posibilidad de cursar estudios adicionales, determine la finalidad
por la que desea esos conocimientos que está buscando, y luego averigüe dónde
pueden obtenerse ese tipo de
conocimientos, de fuentes fiables.
En todas las
ocupaciones, las personas que tienen éxito nunca dejan de adquirir
conocimientos especializados, relacionados con su objetivo principal, negocio o
profesión. Aquellos que no tienen éxito suelen cometer el error
de creer que
la etapa de
adquisición de conocimientos
acaba cuando uno termina la escuela. La verdad es que la escuela hace
muy poco más que mostrarnos el camino de cómo adquirir conocimientos prácticos.
¡La orden del día
es la especialización! Esta verdad fue puesta de relieve por Robert P. Moore,
antiguo director de empleo de la Universidad de Columbia, en un artículo
periodístico.
Los especialistas
más buscados
Los candidatos
más buscados por las agencias de empleo son personas que se han especializado en algún campo: diplomados en escuelas empresariales que tengan experiencia
en contabilidad y estadística, ingenieros
de todo tipo,
periodistas, arquitectos, químicos,
y también líderes destacados y
hombres mayores, enérgicos y activos.
El hombre que ha
sido activo durante sus estudios, cuya personalidad le permite llevarse bien
con toda clase de gente y que ha hecho un trabajo adecuado con sus estudios,
tiene un perfil más favorable que el estudiante
más estrictamente
académico. Algunos, gracias a sus múltiples y variadas cualificaciones, han
recibido variadas ofertas de trabajo, y varios, hasta seis.
En una carta al
señor Moore, en relación con posibles egresados de su universidad, una
de las mayores
compañías industriales, líder
en su campo, decía: «Estamos
interesados sobre todo en encontrar hombres capaces de lograr progresos
excepcionales en niveles de gerencia. Por esta razón prestamos particular
atención a cualidades de carácter, inteligencia y personalidad, por encima de
formaciones educacionales específicas».
Proposición de
«aprendizaje»
Al proponer un
sistema de «aprendizaje» para
estudiantes en oficinas, tiendas y
ocupaciones industriales durante las vacaciones de verano, el señor Moore
afirmaba que, después de dos o tres años de estudios universitarios, a cada
estudiante hay que pedirle que elija un curso determinado para el futuro, y que
disminuya el paso si no ha hecho más que derivar sin propósito definido por un
curriculum sin especialización académica.
«Los colegios
y las universidades tienen que
afrontar la consideración práctica de que todas las
profesiones y ocupaciones hoy en día exigen especialistas», decía, tratando de
fomentar el hecho de que las instituciones educacionales acepten más
directamente la responsabilidad de la orientación vocacional.
Una de las
fuentes más fiables y prácticas de conocimientos al alcance de aquellos que
necesitan educación especializada son las escuelas nocturnas, que funcionan en
muchas ciudades grandes. La enseñanza por correspondencia proporciona conocimientos
especializados en cualquier sitio
adonde llegue el correo, y sobre todos los temas que se pueden tratar por el
método de enseñanza a distancia. Una de sus ventajas es la flexibilidad del
programa, que permite estudiar durante el tiempo libre. Otra ventaja de
trabajar en casa (si se ha elegido una academia adecuada) es el hecho de que la
mayor parte de los cursos que las academias de
enseñanza por
correo ofrecen incluyen generosos privilegios de consulta que pueden ser muy
valiosos para el que necesita conocimientos especializados. No importa el lugar
de residencia, uno puede aprovechar todas esas ventajas.
UNA LECCIÓN DE
UNA AGENCIA DE COBROS
Por lo general
nunca se aprecia lo que se adquiere sin esfuerzo, y sin coste alguno, y
muchas veces se
lo desacredita; tal vez
ésta sea una
de las razones por las que
aprovechamos tan poco de nuestra maravillosa oportunidad en las escuelas
públicas. La autodisciplina que uno recibe de un programa de estudios
especializados compensa hasta cierto punto la oportunidad desperdiciada cuando
el conocimiento estaba a nuestro alcance, gratis. Las escuelas por
correspondencia son instituciones comerciales muy organizadas. Sus tarifas de
matrícula y de enseñanza suelen ser tan bajas que se ven
forzadas a insistir en la puntualidad y obligatoriedad de los pagos. El verse
obligado a pagar, al margen de que se obtengan buenas notas o no, tiene sobre
el estudiante el efecto de seguir adelante con el curso, incluso cuando
preferiría dejarlo. Las escuelas por correspondencia no han resaltado lo
suficiente este punto, pero lo cierto es que sus departamentos de cobro
constituyen la clase más
exquisita de entrenamiento
en aspectos tales
como decisión, prontitud
y el hábito
de terminar lo que uno empieza.
Aprendí eso por
experiencia propia hace ya más de cuarenta y cinco años. Me matriculé en un
curso por correspondencia sobre publicidad. Después de haber terminado ocho o
diez lecciones, dejé de estudiar. No obstante, la escuela no
dejó de enviarme
las facturas. Es
más, insistió en
que yo efectuara mis pagos al
margen de si continuaba estudiando o no. Decidí que, puesto que debía pagar de
todos modos un curso (a lo que me había comprometido legalmente), completaría
las lecciones y obtendría por ellas el valor de mi dinero. En aquellos momentos
tuve la impresión de que el sistema de cobro de la escuela estaba demasiado
bien organizado, pero más tarde aprendí en la vida que eso formó una parte
valiosa de mi entrenamiento, para la cual no había tenido que pagar nada. Al
verme obligado a pagar, seguí adelante y terminé el curso en cuestión. Más
tarde
descubrí que el
eficiente sistema de pago de aquella escuela también fue provechoso para mí,
puesto que acabé por recuperar con creces el dinero pagado, ganándolo gracias
al curso de publicidad que había terminado tan de mala gana.
EL CAMINO HACIA
EL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO
Se dice que en
Estados Unidos existe el sistema de escuela pública mayor del mundo. Una de las
cosas más extrañas acerca de los seres humanos es que sólo valoramos aquello
que tiene un precio. Precisamente porque son gratuitas, las escuelas y
bibliotecas públicas gratuitas de Estados Unidos no impresionan a la gente. Ésa
es la razón principal por la que a muchas personas les parece que es necesario
adquirir conocimientos adicionales después
de haber abandonado
la escuela e
iniciado la vida
laboral. También es una de las razones principales por las que los
patronos dan una mayor consideración a aquellos empleados que se matriculan en
cursos por correspondencia. Saben por experiencia propia que cualquier persona
que tenga la ambición de emplear una parte de su tiempo libre para estudiar en
casa, posee esas cualidades que son necesarias para el liderazgo.
Hay en las
personas una debilidad para la que no existe remedio alguno.
¡Es la debilidad
universal de la falta de ambición! Las personas, en especial las asalariadas,
que programan su tiempo libre para dedicarse a estudiar en casa, raras veces
permanecen durante mucho tiempo en los puestos inferiores. Su acción les abre
el camino hacia la posibilidad de ascender, les elimina numerosos obstáculos de
ese camino y les permite ganarse el amistoso interés de quienes tienen el poder
de situarlos en el camino de la oportunidad.
El método de
estudiar en casa para obtener conocimientos resulta especialmente adecuado para
las necesidades de las personas asalariadas que, tras haber abandonado la
escuela, sienten la necesidad de adquirir conocimientos especializados, pero
que no disponen de tiempo libre para volver a la escuela.
Stuart Austin
Wier se preparó como ingeniero de la construcción y siguió esta línea de
trabajo hasta que la Depresión limitó su mercado al punto de que ya no podía
ganar los ingresos que necesitaba. Entonces hizo un inventario de sí mismo, y
decidió cambiar de profesión y pasarse al Derecho. Volvió a la escuela y siguió
cursos especiales mediante los que se preparó como abogado mercantil. Completó
su preparación, y pasó los exámenes finales para obtener el título. A partir de
ahí no tardó en labrarse una carrera muy lucrativa con la práctica de la
abogacía.
Sólo para dejar
las cosas bien claras, y para anticiparme a las justificaciones de quienes
dirían: «Yo no podría ir a la escuela porque tengo que mantener a una familia»,
o bien: «Soy demasiado viejo para esas cosas», añadiré que el señor Wier tenía
más de cuarenta años y estaba casado cuando regresó a la escuela a estudiar. Al
seleccionar cursos altamente especializados en las universidades que estaban
mejor preparadas para enseñar los temas elegidos, el señor Wier completó en dos
años el trabajo para el que la mayoría de los estudiantes de leyes necesitan
emplear cuatro. ¡Vale la pena saber cómo adquirir el conocimiento!
UNA IDEA SIMPLE
QUE DIO RESULTADO
Consideremos un
caso específico.
Un vendedor en un
supermercado se encontró de pronto sin empleo. Como tenía un poco de
experiencia en contabilidad, se matriculó en un curso de contabilidad especial,
se familiarizó con las últimas novedades en la rama contable y equipos de
oficina, y se puso a trabajar por su cuenta. Empezó con el supermercado para el
que había estado trabajando, e hizo contratos con más de 100 pequeños
comerciantes para llevarles la contabilidad, cobrándoles una tarifa mensual muy
baja. Su idea era tan práctica que pronto empezó a prepararse una oficina
portátil en un pequeño camión de reparto, equipado con máquinas modernas de
teneduría de libros. En la actualidad dispone una «flota» de estas oficinas
rodantes, y cuenta con un extenso equipo de ayudantes, y así puede proporcionar
a los pequeños comerciantes un servicio de contabilidad equivalente a los
mejores, a un precio muy bajo.
El conocimiento
especializado, sumado a la imaginación, fue el ingrediente de este negocio
peculiar y provechoso. El año pasado, el propietario de ese negocio pagó en
impuestos sobre la renta casi diez veces más de lo que el supermercado donde
trabajaba pagó por impuestos.
¡El comienzo de
ese provechoso negocio fue una idea!
Ya que yo tuve el
privilegio de proporcionarle esa idea al vendedor sin empleo, me tomo ahora el
privilegio aun mayor de sugerir otra idea que tiene la posibilidad de ingresos
todavía mayores.
Ésta me la
sugirió el vendedor que dejó las ventas para vender el negocio de la contabilidad
en bases de mayorista. Cuando le sugerí ese plan como solución a su problema de
desempleo, exclamó en seguida:
“Me gusta la
idea, pero no sabría cómo convertirla en dinero.” En otras palabras, se estaba
quejando de que no sabía cómo comercializar sus conocimientos de contabilidad
después de haberlos adquirido.
Así, eso generaba
otro problema que había que resolver. Con la ayuda de una joven mecanógrafa que
podía escribir toda la idea, preparó un librito muy atractivo donde se
describían las ventajas del nuevo sistema de contabilidad. Las páginas se
hallaban cuidadosamente mecanografiadas y pegadas en un álbum que se usaba como
una especie de vendedor mudo, donde la historia de este nuevo negocio se
relataba con tanta eficacia que muy pronto su propietario empezó a tener más
clientes de los que podía atender.
UN PLAN PROBADO
PARA CONSEGUIR EL EMPLEO IDEAL
Hay miles de
personas en todo el país que necesitan los servicios de un especialista en
ventas capaz de prepararles un curriculum atractivo para ofrecer sus servicios
personales.
La idea que se
describe aquí nació de la necesidad de subsanar una emergencia que había
que superar, pero no
le ha sido
útil sólo a esa
persona. La mujer
que creó la idea tenía una imaginación brillante. En su idea recién nacida vio
una nueva profesión que serviría a los miles de personas que necesitan
asesoramiento práctico para vender sus servicios personales.
Impulsada a la
acción por el éxito instantáneo de su primer «plan para vender servicios
personales», esta enérgica mujer se abocó a la solución de un problema similar
para un hijo suyo que acababa de salir de la universidad, pero que había sido
incapaz de encontrar un mercado para sus servicios. El plan que ella ideó para el
joven fue el mejor plan para vender servicios personales que yo haya visto
jamás.
Cuando completó
el curriculum, contenía cincuenta páginas de información mecanografiada,
perfectamente organizada, que contaba la historia de las capacidades innatas de
su hijo, sus estudios, sus experiencias personales, y una gran variedad de
otras informaciones demasiado extensas para describirlas. El libro con el plan
también contenía una descripción completa del puesto de trabajo que su hijo
deseaba, y un esquema del plan que pondría en práctica para alcanzar ese
puesto.
La preparación
del libro del curriculum requirió varias semanas de trabajo, durante las cuales
su creadora enviaba a su hijo a la biblioteca pública casi todos los días a
buscar datos que ella necesitaba para preparar el plan de venta de sus
servicios. También lo enviaba a visitar a todos sus competidores para el
empleo, y de ellos reunió información vital en lo concerniente a sus métodos de
venta, que fue de gran valor en la formación del plan que intentaba usar para
alcanzar la posición que buscaba. Cuando el plan quedó terminado, contenía más
de media docena de excelentes sugerencias para uso y beneficio del posible
empleador.
USTED NO TIENE
QUE EMPEZAR DESDE ABAJO
Uno podría sentirse
tentado a preguntar: «¿Por qué todas estas complicaciones para asegurarse un
trabajo?».
La respuesta es:
«¡Hacer bien una cosa nunca es una complicación!». El plan que
esa mujer preparó
para beneficio de su
hijo ayudó a
éste a conseguir el trabajo para
el que se había presentado, en la primera entrevista, con el salario que él
mismo había estipulado.
Además (y esto
también es importante), ese puesto no requería que el joven empezara desde
abajo. Comenzó como ejecutivo junior, con un salario de ejecutivo.
¿Por qué
enredarse con todos esos problemas?
Por una razón: la
presentación planificada con que este joven solicitó ese trabajo le ahorró no
menos de diez años del tiempo que le hubiera hecho falta para
llegar al puesto
desde el que
ahora empezaba si
hubiese
«empezado desde
abajo y forjado su camino hacia el ascenso».
La idea de
empezar desde abajo y forjarse el propio camino puede parecer buena, pero la
principal objeción que se le puede hacer es que son demasiados los que empiezan
desde abajo y nunca se las arreglan para asomar la cabeza lo bastante arriba
como para que la oportunidad los vea, de
modo que se
quedan abajo. También
hay que recordar
que la perspectiva que se observa
desde abajo no es ni muy brillante ni muy estimulante. Tiene tendencia a matar la
ambición. Es lo que
llamamos
«estancarse en
una rutina», lo que significa que aceptamos nuestro destino porque nos formamos
el hábito de la rutina diaria, un hábito que llega a ser tan fuerte que
acabamos por no intentar ya sustraernos a él. Y ésa es otra razón por la que
conviene empezar dos o tres escalones por encima del de
«abajo». Al
hacerlo de este modo, uno se forma el hábito de estar atento al entorno, de
observar cómo progresan los demás, de buscar la oportunidad y de no dejarla
escapar.
HAGA QUE LA
INSATISFACCIÓN FUNCIONE A SU FAVOR
Dan Halpin es un
ejemplo espléndido de lo que voy a explicar. Durante sus años de universidad,
trabajó como manager del famoso equipo de fútbol Notre Dame, que fue campeón
nacional en 1930, cuando se hallaba bajo la
dirección del
finado Knute Rockne. Halpin terminó sus estudios universitarios en un momento
sumamente desfavorable, pues la Depresión había creado una grave escasez de
trabajo, así que, después de aventurarse un poco en las inversiones y en el
mundo del cine, aprovechó la primera oportunidad con un
futuro potencial, vendiendo audífonos eléctricos a comisión. Cualquiera
podía empezar en un trabajo así, y Halpin lo sabía, pero ese trabajo le bastó
para abrir las puertas a la oportunidad.
Durante casi
dos años siguió
haciendo lo mismo
a disgusto, y
nunca hubiera progresado si no hubiese hecho algo con respecto a su
insatisfacción. En un principio aspiró al puesto de gerente de ventas de su
compañía, y obtuvo el trabajo. Aquel paso hacia arriba lo puso lo bastante
por encima de los demás
como para permitirle
ver una oportunidad todavía mayor. Además, lo colocó
en un lugar donde también la oportunidad podía verlo.
Alcanzó una cifra
tan elevada de ventas de audífonos, que A. M. Andrews, el directivo principal
de Dictograph Products Company - una empresa competidora de la compañía para la
que Halpin trabajaba - quiso conocer a ese hombre llamado Dan Halpin, quien
estaba quitándole tantas ventas a la Dictograph Company. Mandó llamar a Halpin.
Cuando la entrevista terminó, Halpin era el nuevo gerente de ventas de la
Acousticon Division. Entonces, para poner a prueba la entereza del joven
Halpin, Andrews se fue durante tres meses a Florida, dejándolo solo para que
nadara o se hundiera. ¡Pero no se hundió! La filosofía de Knute Rockne de que
«todos adoran al ganador, pero no tienen tiempo para el perdedor», lo inspiró
para esforzarse tanto en su trabajo que lo eligieron vicepresidente de la
compañía, un puesto que muchos hombres estarían muy orgullosos de alcanzar tras
diez años de leales esfuerzos. Halpin consiguió eso en poco más de seis meses.
Uno de los puntos
importantes que intento destacar con esta filosofía es que escalamos hasta las
posiciones más elevadas o nos quedamos abajo debido a condiciones que podemos
controlar, si deseamos controlarlas.
SUS SOCIOS PUEDEN
NO TENER PRECIO
También estoy
tratando de poner de relieve otro asunto, y es el siguiente:
¡tanto el éxito
como el fracaso son, en gran medida, el resultado del hábito! No me cabe la
menor duda de que la estrecha asociación de Dan Halpin con el mejor coach de
futbol en los Estados Unidos plantó en la mente de Halpin el mismo tipo de
deseo por sobresalir y superarse que hizo del Notre Dame un equipo mundialmente
famoso. Desde luego, hay algo en la idea del culto al héroe que resulta útil,
siempre y cuando uno venere a un ganador.
Mí creencia en la
teoría de que las asociaciones comerciales son factores vitales, tanto en el
fracaso como en el éxito, fue claramente demostrada cuando mi hijo Blair estuvo
negociando con el señor Halpin su puesto de trabajo. Halpin le ofreció un
salario inicial de más o menos la mitad de lo que hubiera obtenido en una
compañía rival. Yo ejercí mi presión como padre para inducirlo a aceptar su
trabajo junto a Halpin, porque estoy convencido de que la estrecha asociación
con alguien que se niega a comprometerse con circunstancias que no son de su
agrado es un bien que nunca se puede calcular en dinero.
Estar «abajo» es
hallarse en un sitio pesado, inaprovechable y monótono para cualquiera. Por eso
me he tomado tiempo para describir la forma en que los comienzos desde abajo se
pueden eludir con una adecuada planificación.
HAGA QUE SUS
IDEAS RINDAN BENEFICIOS POR MEDIO DEL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO
La mujer que
preparó el «Plan de ventas de servicios personales» para su hijo recibe ahora
cartas de todas las partes del país en las que le piden su cooperación para
preparar planes similares para otros que desean vender sus servicios personales
por más dinero.
No debe suponerse
que su plan consista sólo en una política de ventas inteligente, mediante la
cual ayuda a hombres y a mujeres a pedir y recibir
más dinero por
los mismos servicios por los que hasta ahora habían ganado menos. Se hace cargo
de los intereses del contratante, además de los del vendedor de los servicios
personales, y prepara sus planes para que el empleador reciba un valor rotundo
por el dinero adicional que paga.
Si usted tiene
imaginación, y busca una salida más aprovechable para sus servicios personales,
esta sugerencia puede ser el estímulo que ha estado buscando. La idea es capaz
de proporcionarle unas entradas mucho mayores que las del médico, el ingeniero
o el abogado «estándar», cuya educación ha requerido varios años de
universidad.
¡No existe un
precio fijo para las buenas ideas!
Detrás de todas
las ideas hay conocimientos especializados. Por desgracia, para aquellos que no
encuentran riqueza en abundancia, el conocimiento especializado es más
abundante y se adquiere con más facilidad que las ideas. Debido a esta verdad
universal, hay una gran demanda y oportunidades cada vez mayores para las
personas capaces de ayudar a hombres y mujeres a vender ventajosamente sus
servicios personales. La capacidad entraña imaginación, cualidad necesaria para
combinar los conocimientos
especializados con las
ideas en forma
de planes organizados, pensados
para alcanzar la riqueza.
Si usted tiene
imaginación, este capítulo puede presentarle una idea que alcance para servirle
como comienzo de las riquezas que desea. Recuerde que la idea es la pieza
principal. Los conocimientos especializados se pueden encontrar a la vuelta de
la esquina, ¡de cualquier esquina!
Capítulo 6
LA IMAGINACIÓN
EL TALLER DE LA
MENTE
El quinto paso
hacia la riqueza
La imaginación es
el taller donde se forman todos los planes creados por el hombre. Al impulso,
al deseo, se les da forma, perfil y acción mediante la ayuda de la facultad
imaginativa de la mente.
Se ha dicho que
el hombre es capaz de crear cualquier cosa que pueda imaginar.
Mediante la ayuda
de su facultad imaginativa, el hombre ha descubierto y dominado más fuerzas de
la naturaleza durante los últimos cincuenta años que durante la historia de
todo el género humano anterior a esos cincuenta años. Ha
conquistado el espacio
aéreo tan cabalmente que los
pájaros resultan pobres competidores. Ha analizado y pesado el sol a una
distancia de millones de kilómetros, y ha determinado, por medio de la ayuda de
la imaginación, los elementos que lo componen. Ha aumentado la velocidad de
locomoción hasta poder viajar a velocidades de más de mil kilómetros por hora.
La única
limitación del hombre, dentro de lo que es razonable, es el grado de desarrollo
de su imaginación y el uso que haga de ella. Todavía no ha alcanzado la cúspide
del desarrollo y del uso de su facultad imaginativa. Apenas ha descubierto que
la tiene, y tan sólo ha comenzado a usarla de una manera muy elemental.
DOS FORMAS DE
IMAGINACIÓN
La facultad
imaginativa funciona de dos maneras. Una se conoce con el nombre de
«imaginación sintética», y la otra, como la «imaginación creativa».
La imaginación
sintética: Por medio de esta facultad, uno puede compaginar viejos conceptos,
ideas o planes en nuevas combinaciones.
Esta facultad no
crea. Funciona con el material de la experiencia, la educación y la observación
con que se la alimenta. Es la facultad que más usa el inventor, con la
excepción del «genio», que recurre a la imaginación creativa cuando no puede
resolver su problema mediante la imaginación sintética.
La imaginación
creativa: A través de la facultad de la imaginación creativa la mente finita
del hombre tiene comunicación directa con la Inteligencia Infinita. Es la
facultad mediante la cual se reciben los «presentimientos» y las «inspiraciones». Por
medio de esta
facultad, un individuo
puede
«sintonizarse» o
comunicarse con el subconsciente de otros hombres.
La imaginación
creativa funciona de forma automática, de la manera que se describe en páginas
siguientes. Esta facultad funciona sólo cuando la mente consciente está
trabajando a un ritmo extremadamente rápido, como, por ejemplo, cuando es
estimulada por medio de la emoción de un deseo poderoso.
La facultad
creativa se vuelve más alerta en proporción con el desarrollo que adquiere a
través del uso.
Los grandes
líderes de los
negocios, la industria
y las finanzas,
y los grandes artistas,
músicos, poetas y
escritores han llegado al
lugar que ahora ocupan porque han
desarrollado la facultad de la imaginación creativa.
Tanto la
imaginación creativa como la sintética se agudizan cada vez más por el uso, de
la misma forma que lo hace cualquier músculo u órgano del cuerpo.
El deseo es sólo
un pensamiento, un impulso. Es nebuloso y efímero. Es abstracto, y
no tiene valor
hasta que se
ha transformado en
su contrapartida física. Si bien la imaginación sintética es la que se
usará con más frecuencia en
el proceso de
transformar el impulso
del deseo en
dinero, usted
debe tener presente el hecho de que puede afrontar circunstancias y
situaciones que exijan
el empleo de
la imaginación creativa.
EJERCITE SU
IMAGINACIÓN
Su facultad
imaginativa puede haberse debilitado a causa de la falta de actividad. Se la
puede revivir y estimular mediante el uso. Esta facultad no muere, aunque puede
llegar a la inactividad total por falta de uso.
Por el momento,
centre su atención en el desarrollo de la imaginación sintética, ya que esta es
la facultad que usted usará más a menudo en el proceso de convertir el deseo en
dinero.
La transformación
del impulso intangible, del deseo, en una realidad tangible, el dinero, exige
el uso de un plan o más. Este plan debe realizarse con la ayuda de la
imaginación, y, sobre todo, con la facultad sintética.
Léase todo el
libro, y luego vuelva a este capítulo, y empiece en seguida a poner a trabajar
la imaginación en la construcción de un plan, o planes, para la transformación
de su deseo en dinero. Casi en cada capítulo se han dado detalladas
instrucciones para elaborarlos. Siga las instrucciones que mejor se ajusten a
sus necesidades. Ponga su plan por escrito, si todavía no lo ha hecho. En el
momento en que complete eso, habrá dado forma definitiva y concreta a un deseo
intangible. Lea una vez más el enunciado anterior. Léalo en voz alta, muy lentamente, y, a medida que lo
hace, recuerde que en el momento en que reduce la afirmación de su deseo
y planifica su realización sobre un papel, ha dado el primero de una serie de
pasos que le permitirán convertir
ese pensamiento en su
contrapartida física.
LAS LEYES QUE
CONDUCEN A LA FORTUNA
La Tierra sobre
la que usted vive y todas las otras cosas materiales son el resultado de los
cambios de la evolución, mediante los cuales las partículas
microscópicas de
materia se han organizado y acomodado de una manera ordenada.
Por otra parte (y
esta afirmación es de fundamental importancia), este planeta, cada una
de los miles de millones de células del cuerpo de usted, y cada átomo de
materia, empiezan como una forma intangible de energía.
¡El deseo es el
impulso del pensamiento! Los impulsos del pensamiento son formas de la energía.
Cuando empieza a acumular dinero con un impulso del pensamiento, el deseo,
usted está poniendo a su servicio el mismo
«material» que la
naturaleza empleó para crear este planeta y todas las formas materiales del
universo, incluido el cuerpo y el cerebro en los que los impulsos de
pensamiento funcionan.
Usted puede
amasar una fortuna mediante la ayuda
de leyes que son inmutables. Pero
primero debe familiarizarse con esas leyes, y aprender a usarlas. A través de
la repetición, y ofreciendo la
descripción de estos principios desde todos los ángulos concebibles, el autor
desea revelarle el secreto mediante el cual se han conseguido todas las grandes
fortunas. Por extraño y paradójico que pueda parecer, el «secreto» no es tal
secreto. La propia naturaleza nos lo pone delante, en la Tierra donde vivimos,
en las estrellas, en los planetas suspendidos en sus órbitas, en los elementos
que nos rodean, y en todas las formas de vida que podemos ver.
Los principios
que presentamos a continuación le abrirán el camino a la comprensión de
la imaginación. Asimile
los que consiga
entender, a medida que lee por
primera vez esta filosofía; luego, cuando relea el texto y lo estudie de nuevo,
descubrirá que ha pasado algo que clarifica las cosas y le da
una comprensión más
amplia de todo.
Pero, sobre todo,
no se detenga, no dude en sus
estudios de estos principios, hasta que haya leído el libro al menos unas tres
veces, porque, para entonces, ya no querrá detenerse.
CÓMO HACER USO
PRÁCTICO DE LA IMAGINACIÓN
Las ideas son el
punto inicial de todas las fortunas. Las ideas son productos de la
imaginación. Examinemos algunas
bien conocidas que
han dado origen a fortunas
inmensas, en la esperanza de que estos ejemplos transmitirán la información
precisa de lo que se refiere al método a través del cual se puede utilizar la
imaginación para acumular riquezas.
EL HERVIDOR
ENCANTADO
Hace cincuenta
años, un viejo médico rural se fue a caballo hasta el pueblo, ató su montura,
entró sigilosamente en la droguería por la puerta trasera y empezó a «regatear»
con el joven dependiente.
Durante más
de una hora,
tras el mostrador,
el viejo doctor
y el dependiente hablaron en voz
baja. Después, el doctor salió. Fue hasta el caballo y regresó a la tienda con
un gran hervidor antiguo, y con una
paleta de madera (que se usaba para revolver el contenido del hervidor), y los
depositó en la parte trasera de la tienda.
El dependiente
inspeccionó el hervidor, buscó en su bolsillo interior, sacó un rollo de
billetes y se lo alargó al doctor. El rollo contenía quinientos dólares, ¡todos
los ahorros del dependiente!
El doctor le dio
un trocito de papel en el que aparecía escrita la fórmula secreta. ¡Las
palabras de aquel trozo de papel bien valían el rescate de un rey! ¡Pero no
para el doctor! Esas palabras mágicas eran necesarias para que el hervidor
empezara a hervir, pero ni el doctor ni el joven dependiente sabían qué
fortunas fabulosas estaban
destinadas a brotar
de aquel hervidor.
El viejo médico estaba contento de vender esos
objetos por quinientos dólares. El dependiente se
arriesgaba mucho apostando todos sus ahorros a un trocito de papel y a un
hervidor viejo. Nunca había soñado que su inversión comenzaría con un hervidor
que rebosaría de oro y que un día sobrepasaría el milagroso fenómeno de la
lámpara de Aladino.
¡Lo que el
dependiente había comprado en realidad era una idea!
El viejo
hervidor, y la cuchara de madera y el mensaje secreto escrito en el trocito de
papel eran cosas incidentales. Las curiosas cualidades de aquel hervidor
empezaron a manifestarse después de que su nuevo propietario mezclara, según
las instrucciones secretas, un ingrediente sobre el cual el doctor no sabía
nada.
Trate de
descubrir qué fue lo que el joven añadió al mensaje secreto, que hizo que el
hervidor rebosara de oro. Ésta es una historia de hechos, más extraños que la
ficción, de hechos que se inician en la forma de una idea.
Echemos una
ojeada a las vastas fortunas que esta idea ha producido. Ha rendido, y sigue
rindiendo, fortunas inmensas a hombres y mujeres de todo el mundo que se ocupan
de distribuir el contenido del hervidor a millones de personas.
El viejo hervidor
es ahora uno de los más grandes consumidores de azúcar garantizándole empleo de
naturaleza permanente a a miles de hombre y mujeres que se ocupan de cultivar
la caña de azúcar y de refinar y comercializar el azúcar.
El viejo hervidor
consume, anualmente, millones de botellas, proporcionando trabajo a un enorme
número de trabajadores del vidrio; da empleo a un ejército de dependientes,
taquígrafos, escritores y expertos en publicidad en toda la nación; ha obtenido
fama y fortuna para muchísimos artistas que han creado cuadros magníficos que
describen el producto.
El viejo hervidor
ha convertido un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos en la capital
sureña de los negocios, donde ahora beneficia directa o indirectamente cada
negocio y casi a cada residente de la ciudad.
La influencia de
esta idea beneficia ahora a todas las ciudades civilizadas del mundo, vertiendo
un flujo continuo de oro para todo aquel que la toca.
El oro del
hervidor construye y mantiene una de las universidades más importantes del sur
de los Estados Unidos, donde millares de
jóvenes reciben el entrenamiento esencial para el éxito.
Si el producto de
este viejo hervidor de bronce pudiera hablar, nos contaría escalofriantes
historias de novela, en todos los idiomas. Novelas de amor, novelas de
negocios, novelas de hombres y mujeres profesionales, que se ven estimulados a
diario por ese producto.
El autor está
seguro de una de esas novelas por lo menos, pues tiene parte en ella, y todo
empezó no muy lejos de donde el dependiente le compró al médico el viejo
hervidor. Allí fue donde el autor conoció a su esposa, y ella le habló por
primera vez del hervidor encantado. Era el producto de aquel hervidor lo que
estaban bebiendo cuando él le pidió que lo aceptase «en matrimonio».
Sea usted quien
fuere, viva en donde viva, y sea cualquiera la ocupación a la que se dedique,
recuerde en el futuro, cada vez que vea las palabras Coca Cola, que su vasto
imperio de riqueza e influencia ha surgido de una sola idea, y que el
misterioso ingrediente con que el dependiente de la droguería -Asa Candler-
mezcló la fórmula secreta era... ¡la imaginación!
Deténgase a
pensar en ello por un momento.
Recuerde, además,
que los pasos hacia la riqueza que se describen en este libro han sido los
medios por los que la influencia de Coca-Cola se ha extendido a cada ciudad,
pueblo, aldea y encrucijada del mundo, y que cualquier idea que usted pueda
crear, tan buena y meritoria como la Coca- Cola, tiene la posibilidad de
duplicar el récord de ese refresco mundialmente conocido para matar la sed.
QUÉ HARÍA YO SI
TUVIESE UN MILLÓN DE DÓLARES
Esta historia
demuestra la veracidad de aquel antiguo adagio: «Donde hay una voluntad, hay un
camino». Esto me lo decía ese apreciado educador y clérigo, el fallecido Frank
W. Gunsaulus, que comenzó su carrera de predicador en los corrales de ganado de
la región de Chicago.
Mientras el
doctor Gunsaulus estudiaba en la universidad, observó muchos defectos en
nuestro sistema educativo, defectos que creía que podría corregir, si fuera
director de un colegio.
Se propuso organizar
un nuevo colegio donde llevar a cabo sus propias ideas, sin los obstáculos de
los métodos ortodoxos de la educación.
¡Necesitaba un
millón de dólares
para poner su
proyecto en marcha!
¿Hacia dónde
necesitaría tender las manos para obtener semejante suma de dinero? Ésa era la
pregunta que absorbió la mayor parte de las reflexiones de ese joven y
ambicioso predicador.
Pero no parecía
que consiguiese progreso alguno.
Todas las noches
se acostaba pensando en lo mismo, y al día siguiente se levantaba con la misma
idea. Siguió dándole vueltas, hasta que se convirtió en una obsesión.
Al ser un
filósofo además de un predicador, el doctor Gunsaulus reconocía, tal como todos
aquellos que tienen éxito en la vida, que un propósito definido es el punto
inicial desde donde se ha de comenzar. Reconocía, además, que esa definición
del propósito adquiere animación, vida y poder cuando está respaldada por un
deseo ardiente de traducir ese propósito en su equivalente material.
Él conocía todas
esas grandes verdades, y, sin embargo, no sabía dónde, ni cómo encontrar un
millón de dólares. El procedimiento natural hubiera sido ceder y olvidarse del
asunto, diciendo: «Mi idea es buena, pero no puedo hacer nada con ella
porque nunca podré procurar el
millón de dólares que necesito para ejecutarla». Eso es exactamente lo
que la mayoría
de la gente
hubiese dicho, pero no es lo que el doctor Gunsaulus dijo. Lo que dijo e hizo
son cosas tan importantes que ahora se lo presento al lector, para que él mismo
sea quien lo explique.
«Un sábado por la
mañana me senté en mi habitación pensando maneras de conseguir el dinero
necesario para llevar a cabo mis planes. Durante casi dos años había estado
pensando, ¡pero no había hecho otra cosa que pensar!
»¡Había llegado
el momento de la acción!
»En aquel momento
decidí que reuniría ese millón de dólares en el plazo de una semana. ¿Cómo? Eso
no me preocupaba. Lo más importante era la decisión de conseguirlo en un plazo
determinado, y quiero destacar que en el instante en que alcancé esa decisión,
una extraña sensación de seguridad se apoderó de mí, de una manera que jamás
había experimentado. Algo en mi interior parecía decir: "¿Por qué no has
tomado esa decisión antes? Ese dinero te ha estado esperando todo este
tiempo".
»Los
acontecimientos se precipitaron. Llamé a los periódicos y anuncié que a la
mañana siguiente pronunciaría
un sermón titulado
"Qué haría si tuviese un millón de dólares".
»Me puse
a trabajar de inmediato en
el sermón, pero debo
decir, con franqueza, que la
tarea no era difícil, porque había estado preparándolo durante casi dos años.
»Mucho antes de
la medianoche lo había terminado. Me fui a la cama y me dormí con un
sentimiento de confianza, porque podía verme a mí mismo en posesión del millón
de dólares.
»A la mañana
siguiente me levanté temprano, me metí en el baño, leí el sermón y me arrodillé
para pedir que mi sermón despertara la atención de alguien que me proporcionase
el dinero que necesitaba.
»Mientras estaba
rezando volví a sentir la
seguridad de que el dinero estaba a punto de aparecer. En mi
excitación, salí sin el sermón, y no descubrí mi descuido hasta que estuve en
el púlpito, dispuesto a leerlo.
»Era demasiado
tarde para volver por mis notas, ¡y fue una suerte que no pudiese hacerlo! En
vez de las notas, mi propio subconsciente me proporcionó el material que
necesitaba. Cuando me puse de pie para pronunciar mi sermón, cerré los ojos y
hablé con todo el corazón y el alma de mis sueños. No sólo hablé para mi
audiencia, también me dirigí a Dios. Dije lo que haría con un millón de
dólares, si alguien me pusiera esa suma en las manos. Describí el plan que
había ideado para organizar una gran institución educacional, en la que la
gente joven aprendería a hacer cosas prácticas, al mismo tiempo que
desarrollaban sus mentes.
»Cuando terminé
y me senté, un hombre se levantó lentamente de su asiento, a unas tres
filas de los asientos traseros, y se acercó al púlpito. Me pregunté qué
pensaría hacer. Entró en el púlpito, me tendió la mano y me dijo:
"Reverendo, su sermón me ha gustado. Creo que puede hacer todo lo que
usted ha dicho que haría si tuviera un millón de dólares. Para demostrarle que
creo en usted y en su sermón, si viene a mi oficina mañana por la mañana, le
daré el millón de dólares. Me llamo Phillip D. Armour".»
El joven
Gunsaulus acudió a la oficina del señor Armour y le dieron el millón de
dólares. Con ese dinero fundó el Armour Institute of Technology, que en la
actualidad se conoce como Illinois Institute of Technology.
El millón de
dólares necesario surgió como resultado de una idea. Detrás de esa idea estaba
el deseo que el joven Gunsaulus había abrigado en su interior durante casi dos
años.
Observe este
importante hecho: consiguió el dinero al cabo de treinta y seis horas de haber
alcanzado la decisión definitiva de obtenerlo ¡y de decidir un plan definido
para ello!
No había nada
nuevo ni peculiar en la vaga idea del joven Gunsaulus en lo que se refería al
millón de dólares, y en sus débiles deseos de conseguirlo. Otros antes que él,
y muchos más desde entonces, han tenido pensamientos similares. Pero hubo algo
muy especial y diferente en cuanto a la decisión que alcanzó aquel sábado
memorable, cuando dejó de lado toda indecisión, y se dijo, convencido:
«Conseguiré ese dinero en el plazo de una semana».
Además, ¡el
principio por el cual el doctor Gunsaulus obtuvo el millón de dólares todavía
tiene vigencia! ¡Está a su disposición! La ley
universal funciona hoy con tanta eficacia como cuando el joven predicador
la empleó de manera tan exitosa.
CÓMO TRANSMUTAR
IDEAS EN DINERO
Observe que Asa
Candler y el doctor Frank Gunsaulus tenían una característica en común. Ambos
conocían la sorprendente verdad de que las ideas se pueden transmutar en
dinero por medio del poder de un
propósito definido, y de unos planes concretos.
Si usted es de
los que creen que el trabajo duro y la honradez, por sí solos, le
proporcionarán riqueza, ¡está muy equivocado! La riqueza, cuando aparece en
grandes cantidades, nunca es sólo como resultado del trabajo duro. Cuando
aparece, la riqueza es el resultado de exigencias definidas, basadas en la
aplicación de planes definidos, y nunca se debe a la suerte ni al azar.
Una idea es un
impulso de pensamiento que incita a la acción por medio de un llamamiento a la
imaginación. Todos los vendedores expertos saben que, cuando las mercaderías no
se pueden vender, las ideas sí. Los vendedores
ordinarios lo ignoran,
y, precisamente por
eso, son
«ordinarios».
Un editor de
libros baratos hizo un descubrimiento de gran valor para todos los editores en
general. Aprendió que mucha gente compra el título y no el contenido de los
libros. Por el solo hecho de cambiar el título a un libro que no se vendía, sus
ventas aumentaron en más de un millón de ejemplares. Las «tripas», como es
llamada en la jerga de los editores la parte que queda entre las cubiertas, no habían
cambiado. Se limitaron a arrancar las cubiertas en que figuraba el título que
no se vendía, para aplicar a los ejemplares una cubierta nueva con un título
que tenía un valor más «taquillero».
Por sencilla que
pueda parecer, ¡ésa era una verdadera idea! Era imaginación.
No existe un
precio estándar para las ideas. El creador de ideas pone su propio precio, y,
si es listo, logra imponerlo.
La historia de
casi cada fortuna comienza el día en que el creador y el vendedor de ideas se
conocen y empiezan a trabajar en armonía. Carnegie se rodeó de hombres capaces
de todo lo que él no podía hacer, hombres que creaban ideas, y hombres que
ponían esas ideas en práctica, y tanto él como los demás llegaron a ser
fabulosamente ricos.
Hay millones de
personas que se pasan la vida esperando un «golpe de suerte» favorable. Tal vez
eso pueda proporcionarnos una oportunidad, pero el plan más seguro consiste en
no depender de la suerte. Un «golpe de suerte» favorable fue lo que me ofreció
la mejor oportunidad de mi vida, pero tuve que dedicar veinticinco años de
esfuerzos concretos para que esa oportunidad se convirtiese en algo real.
El «golpe de
suerte» consistió en conocer a Andrew Carnegie y obtener su cooperación. En
aquella ocasión, Carnegie me sugirió la idea de organizar los principios de los
logros y los triunfos en una filosofía del éxito. Miles de personas han
aprovechado los descubrimientos que se han hecho durante estos últimos
veinticinco años de investigación, y se han acumulado varias fortunas mediante
la aplicación de esta filosofía. El comienzo fue sencillo. Era una idea que
cualquiera hubiera podido poner en práctica.
El golpe de
suerte favorable surgió con Carnegie, pero ¿qué hay de la determinación, la
definición de los propósitos y el deseo de alcanzar el objetivo, y el esfuerzo
perseverante de veinticinco años? No era un deseo ordinario el que sobrevivió a
los contratiempos, a los desalientos, a los fracasos temporales, a las críticas
y a los constantes recordatorios de que aquello
era una «pérdida
de tiempo». ¡Era
un deseo ardiente!
¡Una obsesión!
Cuando Carnegie
me sugirió la
idea por primera vez, fue
alimentada, alentada y abrigada para mantenerla viva. Gradualmente, la
idea llegó a ser
gigante por su
propio poder, y entonces me alimentó, me alentó y me condujo. Las ideas son
así. Primero nosotros les damos
vida, acción y orientación, y luego
ellas adquieren su
propio poder y
arrasan con cualquier tipo de
oposición.
Las ideas son
fuerzas intangibles, pero tienen más poder que el cerebro físico en donde
nacen. Tienen el poder de seguir viviendo, aun después de que el cerebro que
las ha creado haya regresado al polvo.
Capítulo 7
LA PLANIFICACIÓN
ORGANIZADA
LA CRISTALIZACIÓN
DEL DESEO EN ACCIÓN
El sexto paso
hacia la riqueza
Usted ha
aprendido que todo lo que el hombre crea o adquiere empieza bajo la
forma de un deseo, un
deseo que se
asume desde su primera aparición
y va desde lo abstracto hasta lo concreto, en el taller de la imaginación,
donde se crean y se organizan planes para su transición.
En el segundo
capítulo se le instruyó para que diese seis pasos muy definidos, como primer
movimiento hacia la transmutación del deseo de dinero en su equivalente físico.
Uno de esos pasos es la formación de un plan, o planes, definido y práctico,
mediante el cual esa transformación puede llevarse a cabo.
Ahora recibirá
instrucciones sobre cómo
construir planes que
sean prácticos. Por ejemplo:
a) Alíese con un
grupo de tantas personas como pueda necesitar para la creación y ejecución de
su plan para la acumulación de dinero, haciendo uso del principio de «Master
Mind», que se describe en un próximo capítulo. (La sumisión a este principio es
esencial. No lo desatienda.)
b) Antes de haber
formado su «Master Mind», decida ventajas y beneficios que usted puede ofrecer
a cada miembro de su grupo a cambio de su cooperación. Nadie trabajará
indefinidamente sin alguna forma de compensación. Ninguna persona inteligente
exigirá ni esperará que otra
trabaje sin una
compensación adecuada, aunque ésta no siempre se encuentre en forma de dinero.
c) Acuerde reunirse
con los miembros de su “Master Mind” por lo menos un par de veces por semana, y
más a menudo si es posible, hasta que hayan puesto a punto el plan necesario
para la acumulación de dinero.
d) Mantenga una
perfecta armonía entre usted y los miembros del equipo. Si no consigue
ajustarse a esta instrucción al pie de la letra, se topará con el fracaso. El
principio del trabajo de «Master Mind» no se obtiene donde la armonía perfecta
no reina.
Tenga presentes
estos hechos:
PRIMERO: Usted
está comprometido en una empresa de gran importancia para usted. Si quiere
asegurarse el éxito, ha de tener planes que no tengan errores.
SEGUNDO: Debe contar con la ventaja de la experiencia,
la educación, la capacidad innata y la imaginación de otras mentes. Esto está
en armonía con los métodos que siguen todas las personas que han acumulado
grandes fortunas.
Ningún individuo
tiene suficiente experiencia, educación, capacidad innata y conocimientos para
garantizar la acumulación de una gran fortuna sin la cooperación de otras
personas. Cada plan que usted adopte en la empresa de acumular riquezas debe
ser la creación conjunta de usted y los demás miembros del «Master Mind». Usted
puede originar sus propios planes, tanto en partes como en su totalidad, pero
asegúrese de que esos planes sean verificados y aprobados por su «Master Mind».
SI SU PRIMER PLAN
FRACASA, ¡INTENTE OTRO!
Si el primer plan
que usted adopta no funciona con éxito, cámbielo por uno nuevo; si este nuevo
plan tampoco funciona, vuelva a cambiarlo por otro, y así sucesivamente hasta
que encuentre un plan que dé resultado. Justo aquí
se encuentra la
causa principal de que la mayoría de los hombres tope con el fracaso, debido a
su falta de perseverancia en la creación de nuevos planes para sustituir los
que no funcionan.
El hombre más
inteligente no puede tener éxito
en la
acumulación de dinero (ni en
ninguna otra empresa)
sin contar con
planes que sean prácticos y viables. Tenga presente este
hecho, y, cuando sus planes fallen, recuerde que un fracaso temporal no es lo
mismo que un fracaso permanente. Un fracaso indica sólo que los planes no eran
buenos. Haga otros. Vuelva a empezar todo de nuevo.
El fracaso
temporal debe significar sólo una cosa: la certidumbre de que hay algo que no
funciona en lo planificado. Millones de hombres se pasan la vida
en la miseria
y en la
pobreza porque les
falta un buen
plan mediante el cual acumular una fortuna.
Sus logros no
pueden ser mejores que la efectividad de sus planes.
Ningún hombre
está vencido mientras él mismo no se rinda en su propia mente.
Hames J.
Hill se topó
con fracasos temporales
la primera vez
que se propuso reunir el capital
necesario para trazar un ferrocarril de Este a Oeste de Estados Unidos, pero él
también convirtió el fracaso en victoria con la utilización de nuevos planes.
Henry Ford
conoció el fracaso temporal, no sólo al principio de su carrera en el mundo del
automóvil, sino después de haber avanzado mucho hacia las mayores alturas del
éxito. Concibió otros planes, y siguió avanzando hacía la victoria económica.
Vemos hombres que
han acumulado grandes fortunas; pero, a menudo, sólo reconocemos sus triunfos,
y pasamos por alto los fracasos temporales que han tenido que superar antes de
«llegar» a la cúspide.
Ningún seguidor
de esta filosofía puede esperar de manera razonable que acumulará una fortuna
sin experimentar «fracasos temporales». Cuando el
fracaso
sobreviene, acéptelo como una señal de
que sus planes no son buenos, haga otros, y encamínese de nuevo hacia su
objetivo anhelado. Si pierde interés antes de haber alcanzado su objetivo,
usted es una persona que abandona con facilidad. Recuerde que los que abandonan
nunca ganan..., y un ganador nunca abandona. Copie esta frase en un papel, en
letras bien grandes, y póngala donde pueda verla todas las noches antes de
acostarse, y todas las mañanas antes de ir a trabajar.
Cuando empiece a
elegir miembros para su equipo de “Master Mind”, procure elegir aquellos que no
se tomen el fracaso muy en serio.
Algunas personas
creen tontamente que sólo el dinero puede generar dinero. ¡Esto no es verdad!
El deseo, transmutado en su equivalente monetario, a través de los principios
que presentamos aquí, es el agente por medio del cual se «hace» el dinero. El
dinero, en sí, no es más que materia inerte. No se puede mover, no piensa, ni
habla, ¡pero puede «oír» cuando, un hombre que lo desee, lo llama!
PLANIFICACIÓN DE
LA VENTA DE SERVICIOS PERSONALES
La planificación
inteligente es esencial para el éxito de cualquier empresa ideada con el
fin de acumular riquezas. Aquí encontrará
explicaciones detalladas para quienes tienen que empezar la acumulación de
riquezas por el procedimiento de vender sus servicios personales.
Debe de ser muy
alentador saber que casi todas las grandes fortunas empezaron en forma de
compensación por servicios personales prestados, o por la venta de ideas. ¿Qué
otra cosa, aparte de las ideas y de los servicios personales, tiene alguien sin
propiedades para ofrecer a cambio de la riqueza?
CASI TODOS LOS
LÍDERES EMPIEZAN COMO SEGUIDORES
Hablando en
general, en el mundo hay dos tipos de personas. A unas se las conoce como
líderes, y a
otras como seguidores.
Decídase desde un
principio si se
propone llegar a ser un
líder en su vocación
elegida o continuará siendo un asistente. La diferencia en las
compensaciones es enorme. El asistente
no puede esperar
de manera razonable
recibir la misma compensación que
el líder, aunque muchos seguidores cometen el error de esperar la misma
remuneración.
No es ninguna
desgracia ser asistente. Por otra parte, tampoco tiene mérito alguno seguir
siéndolo. Casi todos los grandes líderes empezaron en el puesto de los
seguidores. Llegaron a ser grandes líderes porque eran seguidores inteligentes.
Con muy pocas excepciones, el hombre que no pueda estar a las órdenes de un
líder de manera inteligente, nunca llegará a ser un
líder eficaz. En
cambio, el hombre
que pueda seguir inteligentemente a un líder es quien
desarrolla con mayor rapidez la capacidad para ser líder. Un seguidor
inteligente tiene muchas ventajas; entre ellas, la oportunidad de adquirir
conocimientos de su líder.
LOS PRINCIPALES
ATRIBUTOS DEL LIDERAZGO
Los siguientes
factores son importantes en todo líder:
1. Valor
inquebrantable, basado en el conocimiento de sí mismo y de la propia ocupación.
Ningún seguidor desea ser dominado por un líder falto de confianza en sí mismo
y de coraje. Ningún seguidor inteligente puede estar mucho tiempo dominado por
un líder así.
2. Autocontrol.
El hombre que es incapaz de controlarse,
nunca podrá controlar a los demás. El autocontrol es un ejemplo poderoso para
los seguidores, que los más inteligentes emularán.
3. Un claro
sentido de la justicia. Sin un sentido de lo que es justo y de la justicia,
ningún líder puede dirigir a sus seguidores y mantener su respeto.
4. Precisión en
las decisiones. El hombre que
vacila en sus
decisiones demuestra que no está seguro de sí mismo, y no puede conducir
a otros con éxito.
5. Exactitud en
los planes. El líder que tiene éxito debe planificar su trabajo, y trabajar su
plan. Un líder que se mueve por conjeturas, a ojo, sin planes prácticos ni
precisos, es comparable
a un barco
sin timón. Tarde
o temprano acabará contra los arrecifes.
6. El hábito de
hacer más de lo que le corresponde. Uno de los precios del liderazgo es el
hecho de que el líder debe estar dispuesto a hacer más de lo que exige a sus
seguidores.
7. Una
personalidad agradable. Ninguna persona desaliñada y descuidada puede llegar a
ser un líder eficaz. El liderazgo requiere respeto. Los seguidores no
respetarán a un
líder que no
se destaque en
todos los factores que conforman
una personalidad agradable.
8. Simpatía y
comprensión. El líder de éxito debe ser simpático con sus seguidores. Además de
ser comprensivo con ellos y con sus problemas.
9. Dominio del
detalle. Un liderazgo eficaz exige el dominio de los detalles de la posición
del líder.
10. Disposición a
asumir toda la responsabilidad. El líder de éxito debe estar dispuesto a asumir
la responsabilidad por los errores y los descuidos de sus seguidores. Si trata
de eludir esta responsabilidad, dejará de ser el líder. Si uno de sus
seguidores comete un error, y queda como un incompetente, el líder debe
considerar que él es quien ha fallado.
11. Cooperación. El
líder de éxito debe comprender y aplicar el principio del esfuerzo cooperativo
y ser capaz de impulsar a sus seguidores a hacer lo mismo. El liderazgo
requiere poder, y el poder exige cooperación.
Hay dos
formas de liderazgo.
La primera, mucho
más eficaz, es el
liderazgo con el
consentimiento y la
simpatía de los
seguidores. La segunda, el
liderazgo por la fuerza, sin el consentimiento ni la simpatía de los
seguidores.
La historia está
llena de pruebas de que el liderazgo por la fuerza no perdura. La
caída y la
desaparición de dictadores
y de reyes
es
significativa.
Indica que la gente no acatará indefinidamente un liderazgo por la fuerza.
Napoleón,
Mussolini, Hitler fueron ejemplos de líderes por la fuerza. Su liderazgo ha
pasado. El liderazgo con el consentimiento de los seguidores es el único
perdurable.
Los hombres
pueden acatar temporalmente un liderazgo por la fuerza, pero no lo harán por su
propia voluntad.
La nueva marca
del liderazgo abarcará los once factores descritos en este capítulo, además de
algunos otros. El hombre que haga de ellos la base de su liderazgo encontrará
abundantes oportunidades de liderar en todos los órdenes de la vida.
LAS DIEZ
CAUSAS PRINCIPALES DEL
FRACASO EN EL LIDERAZGO
Llegamos ahora a
los principales errores de los líderes que fracasan, porque saber lo que hay
que hacer es tan importante como saber lo que no hay que hacer.
1. Incapacidad para organizar detalles. Un liderazgo eficiente requiere capacidad para
organizar y controlar los detalles. Ningún líder genuino está jamás «demasiado
ocupado» para hacer cualquier cosa que se le pueda pedir en su condición de
líder. Cuando un hombre, ya sea en calidad de líder o de asistente, admite que
está «demasiado ocupado» para cambiar de planes, o para prestar atención a una
emergencia, está admitiendo su incompetencia. El líder de éxito debe ser quien
controle todos los detalles relacionados con su posición. Esto significa, por
supuesto, que ha de adquirir el hábito de relegar los detalles a asistentes
capaces.
2. Mala
disposición para prestar servicios modestos. Los líderes realmente grandes
están siempre dispuestos, cuando la ocasión lo exige, a llevar a cabo cualquier
tipo de labor que se les pida que hagan. Que «el mejor de
entre vosotros
será el sirviente de todos» es una verdad que todos los líderes capaces
observan y respetan.
3. Expectativas
de gratificación por lo que «saben», y no por lo que hacen con aquello que
saben. El mundo
no paga a
los hombres por lo que
«saben». Les
pagan por lo que hacen, o impulsan a hacer a otros.
4. Temor ante la
competencia de los seguidores. El líder que teme que uno de sus seguidores
pueda ocupar su puesto está prácticamente condenado a ver cumplidos sus temores
tarde o temprano. El líder capaz entrena
a suplentes en quienes pueda delegar, a voluntad, cualquiera de los detalles de
su posición. Sólo de ese modo un líder puede multiplicarse y prepararse para
estar en muchos lugares, y prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo. Es
una verdad eterna que los hombres reciben más paga por su habilidad para hacer
que los demás trabajen, que lo que ganarían por su propio esfuerzo. Un líder
eficiente puede, a través del conocimiento de su trabajo y del magnetismo de su
personalidad, aumentar en gran medida la eficacia de los demás, e inducirlos a
rendir más y mejores servicios que los que rendirían sin su ayuda.
5. Falta de
imaginación. Sin imaginación, el líder es incapaz de superar las emergencias, y
de crear planes que le permitan guiar con eficacia a sus seguidores.
6. Egoísmo. El
líder que reclama todo el honor por el trabajo de sus seguidores está condenado
a generar resentimientos. El verdadero líder no exige honor alguno. Le alegra
ver que los honores, cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que
la mayoría de los hombres trabajarán con más entusiasmo por recomendaciones y
reconocimientos, que sólo por dinero.
7. Falta
de disciplina. Los
seguidores no respetan
a los líderes
sin disciplina. Además, la carencia de disciplina en cualquiera de sus
diversas formas, destruye la resistencia y la vitalidad de cualquiera que se
deje llevar por ella.
8. Deslealtad.
Quizás esta causa debería encabezar la lista. El líder que no sea leal con su
organización y con su equipo, con quienes están por encima de él y con quienes
están por debajo, no podrá mantener mucho tiempo su liderazgo. La deslealtad le
señala a uno como alguien que está en el nivel del polvo que pisamos, y atrae
sobre su cabeza el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las
principales causas de fracaso en todos los terrenos de la vida.
9. Acentuar la
«autoridad» del liderazgo. El líder eficiente enseña mediante el estímulo y no
intenta atemorizar a sus seguidores. El líder que trata de impresionar a sus
seguidores con su «autoridad» entra en la categoría del liderazgo por
la fuerza. Si
un líder lo
es de verdad,
no necesitará anunciarlo, a no
ser mediante su conducta, es decir, con su simpatía, comprensión y sentido de
la justicia, y demostrando, además, que conoce su trabajo.
10. Insistir
en el título. El
líder competente no necesita «títulos» para obtener el respeto de
sus seguidores. El hombre que insiste demasiado en su título, generalmente no
tiene mucho más en qué apoyarse. Las puertas del despacho de un verdadero líder
permanecen abiertas para todos aquellos
que deseen entrar,
y su lugar
de trabajo está
tan libre de formalidad como de ostentación.
Entre las causas
de fracaso en el liderazgo, éstas son las más comunes. Cualquiera de ellas es
suficiente para provocar el fracaso. Estudie cuidadosamente la lista si aspira
al liderazgo, y asegúrese de no cometer ninguna de estas faltas.
ALGUNOS CAMPOS
FÉRTILES EN LOS QUE HABRÁ DEMANDA DE
«NUEVOS LÍDERES»
Antes de terminar
con este capítulo llamaremos su atención sobre algunos campos fértiles donde se
ha producido una declinación del liderazgo y en los cuales el nuevo tipo de
líder puede encontrar abundancia de oportunidades.
PRIMERO: En el
campo de la política hay
una insistente demanda de nuevos
líderes, una demanda que apunta nada menos que a una emergencia.
SEGUNDO: En el
mundo de la Banca se está produciendo una reforma. TERCERO: La industria tiene
nuevos líderes. Para que pueda perdurar, el
nuevo líder
industrial debe considerarse casi como un funcionario público, cuyo deber es
manejar su empresa de manera tal que no imponga penurias a ningún individuo ni
a ningún grupo.
CUARTO: El líder religioso del futuro se
verá obligado a prestar más atención a las necesidades
temporales de sus seguidores, a la solución de los problemas económicos y
personales del presente, y a prestar menos atención al pasado, que ya no
existe, y al futuro, que no ha llegado aún.
QUINTO: En las
profesiones del derecho, la medicina y la educación, se necesitará una forma de
liderazgo nueva y, en alguna medida, también nuevos líderes. Esto es sobre todo
válido en el campo de la educación. El líder en este campo deberá encontrar, en
el futuro, formas y medios nuevos de enseñar a la gente la manera de aplicar el
conocimiento que se les ha impartido, ocupándose más de la práctica y menos de
la teoría.
SEXTO: En el
campo del periodismo se necesitarán nuevos líderes.
Éstos no
son más que
algunos de los
campos en que
actualmente se dispone
actualmente de oportunidades para nuevos líderes y para una forma de liderazgo
también nueva. El mundo está sufriendo rápidos cambios, y esto significa que
los medios por obra de los cuales se promueven los cambios en los hábitos
humanos deben adaptarse a los cambios. Los medios que describimos aquí son los
que, en mayor medida que ningún otro, determinan la tendencia de la
civilización.
CUÁNDO Y CÓMO
SALIR EN BUSCA DE EMPLEO
La información
que aquí le presentamos es el resultado neto de muchos años de experiencia
durante los cuales miles de mujeres y de hombres fueron ayudados a comercializar
eficazmente sus servicios.
La experiencia ha
demostrado que los siguientes medios ofrecen los métodos más
eficaces y más
directos para poner
en contacto a
quien necesita vender sus servicios personales con la persona que
necesita comprarlos.
1. Oficinas de
empleo. Se debe tener cuidado en seleccionar sólo las de buena reputación, en
las cuales la gerencia pueda mostrar archivos que comprueben el
logro de resultados
satisfactorios. Tales oficinas
son bastante escasas.
2. Anuncios
en periódicos, revistas
y publicaciones comerciales. Generalmente se puede confiar
en que los anuncios clasificados den resultados satisfactorios en el caso de
los que buscan empleos en oficinas u otros cargos asalariados comunes. Los
anuncios destacados son más deseables en el caso de quienes buscan conexiones
exclusivas, y se deben publicar en la sección del periódico que más fácilmente
haya de llamar la atención de la clase de patrono que uno busca. El anuncio lo
debe preparar un experto, que sepa cómo destacar las cualidades vendibles
necesarias para obtener respuestas.
3. Cartas
personales de presentación, dirigidas a determinadas firmas o personas que
puedan necesitar los servicios que uno ofrece. Las cartas deben estar siempre
mecanografiadas con pulcritud, y llevar la firma manuscrita. Con la carta se
debe enviar un resumen completo de las calificaciones del aspirante. Tanto la
carta de presentación como el resumen de calificaciones, deben ser preparados
por un experto. (Véanselas instrucciones referentes a la información que se ha
de incluir.)
4. Presentación
por intermedio de relaciones personales. Cuando sea posible, el aspirante debe
tratar de establecer contacto con un posible patrono valiéndose
de las relaciones
personales. Este método
es
especialmente
ventajoso en el caso de quienes buscan contactos a nivel ejecutivo y no desean
dar la impresión de estar «vendiéndose como baratijas».
5. Presentación
personal. En algunos casos puede resultar más eficaz que el aspirante ofrezca
sus servicios personalmente a sus posibles empleadores, y, de
ser así, se
ha de presentar por escrito una lista completa de
las calificaciones para el cargo, dado que suele suceder que el patrono
en potencia quiere estudiar con sus socios los antecedentes del aspirante.
LA INFORMACIÓN
QUE SE DEBE INCLUIR EN UN EXPEDIENTE ESCRITO
El expediente ha
de ser preparado con tanto cuidado como un abogado prepararía un caso que ha de
defender ante el tribunal. A menos que el aspirante tenga experiencia en la
preparación de documentos así, debe consultar con un experto, cuyos servicios
contratará con este fin. Los comerciantes de éxito emplean como anunciantes a
hombres y mujeres que entienden el arte y la psicología de la presentación de
los méritos de su mercancía, y quien tiene que vender sus servicios personales
debe hacer lo mismo. En el expediente se ha de incluir la información
siguiente:
1. Educación.
Enuncie en forma breve, pero clara, su nivel de escolarización y los temas en
que se ha especializado, dando las razones para esa especialización.
2. Experiencia.
Si ya ha tenido experiencia en cargos similares al que ahora busca, descríbala
en detalle, dando los nombres y direcciones de sus antiguos patronos. Trate de
destacar claramente cualquier experiencia especial que pueda haber tenido y que
lo califique para adjudicarse el cargo al que aspira.
3. Referencias.
Casi todas las firmas comerciales desean tener información completa sobre los
trabajos anteriores y antecedentes de los aspirantes que buscan cargos de
responsabilidad. Con las fotocopias de su expediente incluya copias de cartas
de:
a) Patronos
anteriores.
b) Profesores y
maestros con quienes estudió.
c) Personas relevantes
en cuyo juicio se pueda confiar.
4. Fotografía.
Incluya una fotografía reciente.
5. Ofrézcase para
un cargo específico. Nunca deje de incluir en la presentación una descripción
exacta del cargo o actividad que usted busca. Nunca se limite a pedir «un
puesto». Eso indica la falta de calificaciones especializadas.
6. Enuncie
sus calificaciones para ocupar
el cargo que
desea. Exprese detalladamente la
razón por la que cree estar calificado para el puesto que busca. Éste es el
detalle más importante de su presentación, y el que, más que ninguna otra cosa,
determinará la consideración que usted reciba.
7. Ofrézcase para
un período de prueba. Ésta puede parecer una sugerencia radical, pero la
experiencia ha demostrado que rara vez deja de asegurar por lo menos una
prueba. Si usted está seguro/a de sus calificaciones, una prueba es todo lo que
necesita. Digamos de paso que un ofrecimiento así indica que usted está
segura/o de su capacidad para ocupar el cargo a que aspira. Es muy convincente.
Deje claro que su ofrecimiento se basa en:
a) Su seguridad
de ser capaz de ocupar el cargo.
b) Su confianza
en lo que decidirá su posible patrono una vez que lo haya probado.
c) Su
determinación de alcanzar el puesto.
8. Muestre su conocimiento
de las actividades comerciales de su futuro patrono. Antes de ofrecerse para un
puesto, póngase al tanto del negocio para familiarizarse con él, e indique en
su expediente los conocimientos que
tenga de ese
campo. Así dará
una buena impresión,
porque evidenciará que tiene imaginación y que está realmente interesado
en el puesto que busca.
Recuerde que no
es el abogado que más sabe de leyes el que gana el proceso, sino el que mejor
lo prepara.
Si su
«caso» está bien
preparado y presentado,
tendrá, ya desde
el comienzo, media victoria ganada. No tema presentar un expediente
demasiado largo. A los patronos les interesa tanto contratar los servicios de
aspirantes bien calificados como a usted conseguir empleo.
La verdad es que
el éxito de la mayoría de los patronos que lo consiguen se debe, sobre todo, a
su capacidad para seleccionar colaboradores bien calificados. Y para eso
quieren toda la información posible.
Recuerde otra
cosa: la pulcritud en
la presentación de
su expediente indicará hasta qué
punto es usted una persona minuciosa. Yo he ayudado a redactar curriculums a
clientes tan especiales y fuera de lo común que lograron que los contrataran
sin necesidad de
tener una entrevista personal.
Cuando haya
completado su expediente, hágalo encuadernar y encabécelo más o menos así:
EXPEDIENTE DE LAS
CALIFICACIONES DE Robert K. Smith
PARA OPTAR AL
CARGO DE
Secretario
privado del Presidente de la
EMPRESA EN
BLANCO, S. A.
Cambie los
nombres cada vez que presente su expediente.
Este toque
personal llamará sin duda la atención sobre usted. Preséntelo pulcramente mecanografiado o
mimeografiado en el
mejor papel que pueda conseguir y hágale una carpeta con
una cartulina de las que se usan para cubiertas de libros, de modo que se pueda
cambiar si se ha de presentar a más de una empresa. En alguna de las páginas
debe figurar su fotografía. Siga estas instrucciones al pie de la letra e
introduzca todas las mejoras que su imaginación le sugiera.
Los vendedores de
éxito se presentan bien vestidos y arreglados, porque entienden que la primera
impresión es la que perdura. Su expediente es el vendedor de usted. Vístalo
bien, de modo que marque un nítido contraste con cualquier cosa que su futuro
patrono haya podido ver antes en cuanto a la forma de presentarse a solicitar
empleo. Si el cargo que usted busca merece la pena, más vale que usted se la
tome. Además, si usted se vende a un patrono de una manera tal que su
individualidad lo impresione, es probable que le pague mejor sus servicios,
desde el primer día, que si se hubiera presentado a buscar empleo de la manera
convencional en que todos lo hacen.
Si busca un
trabajo a través de una agencia de publicidad o de la oficina de empleo, haga
que el agente use copias de su expediente cuando ofrezca sus servicios. Eso le
ayudará a encontrarse en una situación de preferencia, tanto en relación con su
agente como con sus posibles patronos.
CÓMO CONSEGUIR EL
CARGO QUE DESEA
Todos disfrutamos
haciendo el tipo de trabajo para el cual nos sentimos más adecuados. A un
pintor le encanta trabajar con pintura, a un artesano con las manos, y a un
escritor le gusta escribir. Aquellos con menos talentos específicos tienen sus
preferencia por ciertos campos del comercio y de la industria. Si en los
Estados Unidos se hace algo bien, es justamente que se ofrece una completa gama
de ocupaciones, desde arar la tierra, fabricación, márketing, y todas las
profesiones.
PRIMERO: Decida
exactamente qué trabajo quiere. Si es un trabajo que aún no existe, quizá usted
pueda crearlo.
SEGUNDO: Escoja
la empresa o la persona para la que quiere trabajar. TERCERO: Estudie a su
posible patrono en lo que se refiere a sus políticas
comerciales y de
personal, y a las probabilidades de ascenso.
CUARTO: Analícese
y analice sus talentos y capacidades para precisar qué
puede ofrecer, y
organice maneras y medios para presentar
las ventajas,
servicios, planes
e ideas siempre que usted cree estar en condiciones de ofrecer con éxito.
QUINTO: Olvídese
de «un trabajo». Olvídese de si hay o no una oportunidad. Olvídese de la rutina
habitual del «¿Tiene trabajo para mí?». Concéntrese en lo que usted puede dar.
SEXTO: Una vez
que tenga mentalmente claro su plan, busque una persona que sea capaz de
ponerlo por escrito, en forma detallada.
SÉPTIMO:
Presénteselo a la persona con la autoridad necesaria y deje que se ocupe del
resto. Todas las compañías andan en busca de personas que puedan ofrecerles
algo de valor, ya sean ideas, servicios o «contactos». Todas las empresas
tienen lugar para la gente que dispone de un plan de acción definido que
represente una ventaja para la compañía.
Este plan
de acción puede
llevarle unos días o
unas semanas más de tiempo,
pero la diferencia en
ingresos, en ascensos
y en obtención
de reconocimiento le ahorrará años de trabajo duro y salario escaso.
Tiene muchas ventajas; la principal es que se evitará de uno a cinco años de
espera para alcanzar el objetivo que se haya propuesto.
Toda persona que
comienza, o que «se mete» en medio de la escala del éxito, ha necesitado, para
conseguirlo, una planificación deliberada y cuidadosa.
LA NUEVA MANERA
DE COMERCIALIZAR SERVICIOS
En el futuro, los
hombres y las mujeres que mejor comercialicen sus servicios tendrán que
reconocer el cambio que se ha producido en lo referente a la relación entre
patrono y empleado.
La relación del
futuro entre los patronos y sus empleados será más afín a una sociedad
integrada por:
a) El patrono
b) El empleado
c) El público al
que sirven
Si decimos que
esta manera de comercializar los servicios personales es nueva, ello se debe a
varias razones. Primero, porque, en el futuro, tanto el patrono como
el empleado serán
considerados empleados comunes, puestos ambos al servicio de un
cliente, el público, y su negocio consistirá en servir a su cliente con
eficiencia. En el pasado, patronos y empleados se han trabado en luchas por el
empeño de sacar cada uno el mejor partido posible del
otro, sin considerar
que, en última
instancia, en realidad estaban regateando a expensas de un
tercero, el público al que servían.
«Cortesía» y
«servicio» son las actuales consignas de la comercialización, y son aplicables
a la persona que ofrece servicios personales en forma aún más directa que al
patrono a quien ésta sirve, porque, en última instancia, tanto el patrono como
su empleado son empleados del público al que sirven. Si no alcanzan a darle
buen servicio, lo pagan con la pérdida de su privilegio de servir.
Todos podemos
recordar el tiempo en que el empleado que venía a leer el contador del gas
golpeaba la puerta con tanta fuerza como para romperla. Cuando le abrían,
entraba con aire prepotente, con una mueca en el rostro que evidentemente
decía: “¿Por qué diablos me hiciste esperar?” Todo aquello ha cambiado. El
empleado del gas se conduce hoy por hoy como un caballero que estuviese
«encantado de poder servirle a usted». Antes de que las compañías de gas se
dieran cuenta de que sus empleados estaban acumulando deudas que jamás se
acabarían de pagar, aparecieron los corteses
vendedores de quemadores de petróleo
y se quedaron con
el mercado.
Durante la
Depresión en Estados Unidos, pasé varios meses en la región del carbón de
antracita en Pennsylvania, estudiando las condiciones que estuvieron a punto de
destruir aquella industria. Los operadores del carbón y sus empleados
negociaron tratos recíprocamente provechosos, añadiendo el precio
de la «negociación» al del
carbón, hasta que terminaron por descubrir que
habían organizado un
negocio maravilloso para
los
fabricantes de
equipos quemadores de petróleo y para los productores de crudo.
Relato estos
ejemplos para aquellos que tienen servicios personales que ofrecer, con el fin
de demostrarles que, si estamos donde estamos y somos lo que somos, ¡se debe a
nuestra propia conducta! Si hay un principio de causa y efecto que rige los
negocios, las finanzas y el transporte, ese mismo principio vale para los
individuos y determina su estatus económico.
¿CUÁL ES SU
CALIFICACIÓN DE CCE?
Las causas del
éxito en la comercialización efectiva y permanente de los servicios se han
descrito con toda claridad. A menos que estudie, analice, en tienda y aplique
estas causas, nadie puede comercializar sus servicios de manera eficaz y
permanente. Cada persona debe ser su propia vendedora de servicios personales.
La calidad y la cantidad de los servicios prestados, y el
espíritu del que
los presta, determinan
en gran medida
la remuneración y la duración del empleo. Para comercializar eficazmente
los servicios personales (lo cual significa un mercado permanente, a un precio
satisfactorio y en condiciones agradables), uno debe adoptar y seguir la
fórmula «CCE», que significa que la
Calidad, más la Cantidad, más el
adecuado Espíritu de cooperación, dan como resultado una perfecta venta de
servicios. Recuerde la fórmula «CCE», pero haga algo más: ¡aplíquela siempre!
Vamos a analizar la fórmula para asegurarnos de que entendemos exactamente lo
que significa.
1. La calidad del
servicio debe ser entendida en el sentido de realizar cada detalle que se
relacione con su cargo de la manera más eficiente posible, teniendo siempre
presente como objetivo una mayor eficacia.
2. La cantidad
del servicio se ha de entender en el sentido del hábito de prestar la totalidad
del servicio del cual usted es capaz, en todo momento, con el
propósito de incrementar
la cantidad de
servicios prestados a medida
que su habilidad
aumente con la
práctica y la
experiencia. Volvemos a insistir en la palabra hábito.
3. El espíritu de
servicio se ha de entender en el sentido de hábito de una conducta agradable y
armoniosa que induzca a la cooperación de asociados y demás empleados.
Adecuar la
calidad y la cantidad del servicio no basta para mantener un mercado permanente
para sus servicios. La conducta, o el espíritu con que usted preste el
servicio, es un fuerte factor de determinación relacionado tanto con
la remuneración que usted recibe como con
la duración del empleo.
Andrew Carnegie
resaltó este punto más que otros en relación con su descripción de los factores que conducen
al éxito en la comercialización de servicios personales, insistiendo
reiteradamente en la necesidad de una conducta armoniosa. Subrayó el hecho de
que él no conservaría a ningún hombre, por más abundante que fuera la cantidad,
o eficiente la calidad de su
trabajo, a menos
que trabajase en un
espíritu de armonía. Carnegie insistía en que sus hombres
fuesen corteses y agradables. Para demostrar que asignaba un elevado valor a
esta cualidad, ayudó a enriquecerse a muchos hombres que se ajustaban a sus
normas. Los que no lo hacían tenían que dejar lugar a los otros.
La importancia de
una personalidad agradable se destaca porque es un factor que le permite a uno
prestar servicios con el espíritu adecuado. Si uno tiene una personalidad que
agrada, y presta sus servicios en espíritu de armonía, éstas son ventajas que
suelen compensar deficiencias tanto en la calidad como en la cantidad del
servicio ofrecido. Nada, sin embargo, puede sustituir con éxito a una conducta agradable.
EL VALOR CAPITAL
DE SUS SERVICIOS
La persona cuyos
ingresos totales se derivan de la venta de servicios personales no es
comerciante en menor medida que el hombre que vende bienes de
consumo, y bien
se podría añadir que
una persona así está sometida a las mismas reglas de conducta
que el comerciante que vende mercancías.
Si insistimos en
ello es porque la mayoría de las personas que viven de la venta de servicios
personales cometen el error de considerarse libres de las reglas de conducta y
de las responsabilidades que corresponden a quienes se dedican a la
comercialización de bienes y productos.
Ha pasado la
época del «salía para conseguir», ya que tal personaje ha sido sustituido por
el que «sale para dar».
El verdadero
valor de capital de su cerebro puede estar determinado por la cantidad de
ingresos que usted es capaz de producir (comercializando sus servicios). Usted
puede lograr una
estimación adecuada del
valor de capital de sus servicios
si multiplica su ingreso anual por dieciséis y dos tercios, puesto que es
razonable calcular que su ingreso anual representa el seis por ciento de su
valor de capital. El dinero rinde el 6 % anual, y el dinero no vale más que el
cerebro. Con frecuencia, mucho menos.
Si es
comercializado con eficacia, un «cerebro» competente representa una forma de
capital mucho más deseable que la que se requiere para manejar un negocio que
se ocupe de bienes de consumo, porque el «cerebro» es una forma del capital que
no se puede desvalorizar en forma permanente por obra de la depresión, ni es
tampoco una forma de capital que se pueda robar o que se desgaste. Además, el
dinero, que es esencial para la conducción de un negocio, resulta tan valioso
como un montón de arena mientras no se combine con un «cerebro» eficiente.
LAS TREINTA Y UNA
CAUSAS PRINCIPALES DEL FRACASO
La mayor tragedia
de la vida es la de los hombres y las mujeres que intentan con lo mejor de sí
mismos y fracasan. La tragedia reside en la abrumadora mayoría de personas que
fracasan, en comparación con las pocas que alcanzan el éxito.
Yo he tenido el
privilegio de analizar a varios miles de hombres y mujeres, el 98 % de los
cuales habían sido catalogados como «fracasos».
Mi análisis demostró
que hay treinta y una razones fundamentales para el fracaso, y
trece principios importantes
merced a los
cuales la gente acumula fortunas. En este capítulo se
dará una descripción de las treinta y una causas principales del fracaso. A medida
que lea la lista, vaya marcando, punto por punto, cuántas de estas causas de
fracaso se interponen entre usted y el éxito.
1. Antecedentes
hereditarios desfavorables. Poco o nada es lo que se puede hacer por las
personas que nacen con un poder cerebral deficitario. Nuestra filosofía no
ofrece más que un único método de salvar esta dificultad con l ayuda del grupo
de “Master Mind”. Vale la pena señalar, sin embargo, que ésta es la única de
las treinta y una causas de fracaso que ningún individuo puede corregir con
facilidad.
2. Falta de un
propósito definido en la vida. No hay esperanza de éxito para la
persona que carece
de un propósito
central o de
un objetivo definido al cual
apuntar. El noventa y ocho por ciento de las personas a quienes he analizado no
lo tenían, y quizá ésa fuera la causa principal de su fracaso.
3. Falta de
ambición para elevarse por encima de
la mediocridad. No ofrecemos
esperanzas a la persona que es tan indiferente que no le interesa adelantar en
la vida, y que no está dispuesta a pagar el precio.
4. Educación
insuficiente. Es una desventaja que se puede superar con relativa facilidad. La
experiencia ha demostrado que las personas mejor educadas son, con frecuencia,
aquellas a quienes se considera que se han hecho a sí mismas, o que se educaron
solas. Para ser una persona con educación se requiere algo más que un título
universitario. Una persona educada es cualquiera que haya aprendido a conseguir
lo que quiere de la vida sin violar los derechos de los demás. La educación no
consiste tanto en el conocimiento como en saber aplicarlo con eficacia y
persistencia. A la gente no se le paga sólo por lo que sabe, sino más bien por
lo que hace con lo que sabe.
5. Falta de
autodisciplina. La disciplina proviene del autocontrol, y eso significa que uno
debe controlar todas las cualidades negativas. Antes de
poder controlar
otras condiciones, debe
empezar por controlarse
a sí mismo. El dominio de uno
mismo es la tarea más difícil que se puede abordar. Si usted no es capaz de
cumplirla con éxito, estará a merced de sí. Cuando se mire al espejo, podrá ver
al mismo tiempo a su mejor amigo y a su peor enemigo.
6. Mala salud.
Nadie que no tenga una buena salud puede gozar de un éxito perdurable. Muchas
causas de mala salud son susceptibles de control. Entre ellas, las principales
son:
a) Comer exceso
de alimentos que dañen la salud.
b) Hábitos de
pensamiento erróneos, conducentes a la expresión de actitudes negativas.
c) Abusos y
excesiva complacencia en la vida sexual. d) Falta de ejercicio físico adecuado.
e) Una provisión
insuficiente de aire fresco, debida a una respiración inadecuada.
7. Influencias
ambientales desfavorables durante la niñez. «A un árbol hay que enderezarlo
cuando es joven»,
dice el refrán.
La mayoría de las
personas con tendencias criminales las han adquirido como resultado de un
ambiente desfavorable y de relaciones inapropiadas durante su niñez.
8. La
Postergación. He aquí una de las causas más comunes de fracaso. La tendencia a
dejarlo todo para más adelante acecha a todos los seres humanos desde la
sombra, y esperar su oportunidad para destruir sus probabilidades de éxito. La
mayoría andamos por la vida como fracasados porque aguardamos «el mejor
momento» para empezar a hacer algo que valga la pena. No espere, porque el
momento nunca será «el mejor». Empiece donde esté y trabaje con las
herramientas que tenga a su disposición, ya que las irá encontrando mejores a
medida que avance.
9. Falta de
persistencia. La mayoría somos buenos para empezar, pero no servimos para
terminar todo lo que comenzamos. Además, la gente tiene propensión a abandonar
la lucha ante los primeros signos de derrota. No hay sustituto para la
persistencia. La persona que hace de la persistencia su
consigna descubre
que, finalmente, el fracaso se cansa de perseguirle y se va. El fracaso no
triunfa sobre la persistencia.
10. Personalidad
negativa. No hay esperanza de éxito para la persona que repele a los demás a
causa de su personalidad negativa. El éxito se alcanza mediante la aplicación
del poder, y el poder se consigue a través de los esfuerzos de cooperación con
otras personas. Una personalidad negativa no induce a la cooperación.
11. Falta de
control del impulso sexual. La energía sexual es el más poderoso de los
estímulos que mueven a la gente a la acción. Por ser la más poderosa de las
emociones, debe estar controlada mediante la transmutación, y ser canalizada
por otras vías.
12. Deseo
incontrolado de conseguir «algo por nada». El instinto del juego arrastra a
millones de personas al fracaso. De ello se pueden encontrar pruebas en un
estudio de la caída de Wall Street en el año 29, cuando millones de personas
intentaron hacer dinero jugando y apostando a la Bolsa.
13. Falta de un
poder de decisión bien definido. Los triunfadores toman decisiones con
prontitud, y las
cambian, si las
cambian, con mucha lentitud. Los que fracasan toman
decisiones, si las toman, muy lentamente, y las cambian rápidamente y con
frecuencia. La indecisión y la tendencia a dejar las cosas para después son
hermanas gemelas. Donde una de ellas se encuentra, suele hallarse también la
otra. Apresúrese a anular esta pareja antes de que ella pueda encadenarlo a la
rueda del fracaso.
14. Uno o más de
los seis miedos básicos. En un capítulo posterior se encontrará el análisis de
los miedos básicos, que es preciso dominar para que uno pueda comercializar sus
servicios de manera eficaz.
15. Selección
errónea de la pareja en el matrimonio. Se trata de un caso muy común de
fracaso. La relación que se establece en el matrimonio hace que las
personas se encuentren
en íntimo contacto.
A menos que
esa relación sea armoniosa,
es muy probable que
se produzca el
fracaso.
Además, será una
forma de fracaso que se verá marcada por la miseria y la infelicidad, y que
destruye toda la ambición.
16. Precaución
excesiva. La persona que no corre riesgos suele tener que conformarse con aquello
que queda una vez que han elegido los demás. La precaución excesiva es tan
perniciosa como la falta de precaución. Hay que evitar ambos extremos. La vida,
en sí misma, está llena de riesgos.
17. Selección
errónea de los asociados en los negocios. Ésta es una de las causas más
comunes del fracaso
en los negocios.
Al comercializar sus servicios
personales, se ha de tener gran cuidado en seleccionar un patrono capaz de
inspirarlo a uno por ser, a su vez, inteligente y triunfador. Las personas
emulamos a aquellos con los que tenemos una asociación más estrecha. Así que
elija un patrono a quien valga la pena emular.
18. Superstición
y prejuicio. La superstición es una forma del miedo, y también un signo de
ignorancia. Los triunfadores son personas de mentalidad abierta que no temen a
nada.
19. Elección
vocacional errónea. Nadie puede triunfar si se encamina por una senda que no le
gusta. El paso más esencial en la comercialización de servicios personales
consiste en elegir una ocupación a la cual usted pueda consagrarse de todo
corazón.
20. Falta de
concentración del esfuerzo. Aquellos que saben un poco de todo, rara vez hacen
nada bien. Concentre todos sus esfuerzos en un objetivo principal bien
definido.
21. El hábito de
gastar indiscriminadamente. Los derrochones no pueden tener éxito, sobre todo
porque viven siempre con el temor a la pobreza. Habitúese a ahorrar
sistemáticamente un porcentaje determinado de sus ingresos. Tener dinero en el
Banco da a las personas una sólida base de coraje cuando tienen que negociar la
venta de sus servicios personales. Si uno no tiene dinero, ha de aceptar lo que
le ofrecen, y alegrarse de conseguirlo.
22. Falta
de entusiasmo. Sin entusiasmo no
se puede ser
convincente. Además, el entusiasmo
es contagioso, y
la persona que
lo tiene y lo
controla suele ser bien recibida en cualquier grupo de personas.
23. Intolerancia.
La persona de mentalidad cerrada, sobre el tema que sea, rara vez sale
adelante. Ser intolerante significa que uno ha acabado de adquirir
conocimientos. Las formas más dañinas de la intolerancia son las que se
relacionan con las diferencias de opinión en el terreno étnico, religioso o
político.
24. Falta de
moderación. Sus formas más dañinas se relacionan con las actividades de la
comida, del consumo de bebidas alcohólicas y de la
sexualidad. Los excesos en cualquiera de estos campos son nefastos para el
éxito.
25. Incapacidad
de cooperar con los demás. Son más las
personas que pierden sus puestos y sus mejores oportunidades en la vida debido
a este fallo que por todas las demás razones juntas. Es un defecto que ningún
líder ni hombre de negocios bien informado está dispuesto a tolerar.
26. Posesión de
poder que no haya sido
adquirido mediante el propio
esfuerzo. (El caso de los vástagos de hombres adinerados, y de otros que
heredan un dinero que no se ganaron.) Con frecuencia, el poder en manos de
alguien que no lo ha adquirido poco a poco es fatal para el éxito. El enriquecimiento
rápido resulta más peligroso que la pobreza.
27. Deshonestidad deliberada. No hay
sustituto para la
honestidad. Se puede ser deshonesto por la fuerza de las circunstancias,
sobre las que uno no tiene control alguno, sin sufrir un daño permanente. Pero
no hay esperanzas para la
persona que lo
sea por propia
elección. Tarde o temprano quedará prisionero de sus actos y
los pagará con la pérdida de su reputación, quizás, incluso de su libertad.
28. Egotismo y
vanidad. La utilidad de estas cualidades es que sirven a modo de luces rojas a
los demás porque les advierten que se mantengan a distancia. Son fatales para
el éxito.
29. Adivinar en
vez de pensar. La mayoría de las personas son demasiado indiferentes o
perezosas para procurarse
los hechos que
les permitan pensar con
precisión. Prefieren actuar basándose en «opiniones» fundadas en conjeturas o
en juicios precipitados.
30. Falta de
capital. He aquí una causa de fracaso común entre aquellos que se inician por
primera vez en los negocios y no disponen de capital suficiente para absorber
el impacto de sus errores y para sostenerlos hasta que hayan afianzado su
reputación.
31. En esta
categoría, anote cualquier causa de fracaso que usted haya experimentado y que
no haya sido incluida en esta lista.
En estas treinta
y una causas principales de fracaso se encuentra una descripción de la tragedia
de la vida, que es válida para casi todas las personas que hagan un intento y
fracasen. Será bueno que consiga la ayuda de alguien que lo conozca bien para
recorrer juntos esta lista, de modo que le ayude a analizarse en función de
cada una de las causas de fracaso, pero también le beneficiará hacerlo solo. La
mayoría de las personas no son capaces de verse como los demás las ven, y es
posible que usted sea una de ellas.
¿CONOCE USTED SU
PROPIO VALOR?
Uno de los
consejos más antiguos es el de «Conócete a ti mismo». Si usted comercializa una
mercancía con éxito, debe saber qué es lo que vende, y lo mismo vale cuando se
trata de comercializar servicios personales. Usted debe conocer todas sus
debilidades para poder superarlas o eliminarlas por completo. Ha de conocer su
fuerza para poder llamar la atención sobre ella cuando venda sus servicios. Y
sólo puede llegar a conocerse mediante un análisis preciso.
La insensatez de
la ignorancia en relación con el autoconocimiento fue mostrada por un joven que
fue a ofrecerse para un puesto de trabajo al gerente de una conocida empresa.
Había causado muy buena impresión hasta que el gerente le preguntó qué salario
esperaba. Su respuesta fue que
no llevaba
pensada ninguna cifra exacta (falta de un propósito definido). El gerente le
respondió: “Le pagaremos todo lo que usted valga después de haberlo tenido una
semana a prueba.”
“Eso no lo aceptaré”, respondió el aspirante al puesto,
“porque donde estoy trabajando ahora me pagan más.”
Antes de empezar
siquiera a negociar un aumento de salario en el empleo que usted tiene ya, o de
buscar trabajo en otra parte, asegúrese de que usted vale más de lo que le
pagan en la actualidad.
Una cosa es
querer más dinero - eso todo el mundo lo quiere -, y otra muy diferente valer
más. Muchas personas confunden sus deseos con sus merecimientos. Sus necesidades
o exigencias financieras no tienen nada que ver con su valor. Eso lo establece
exclusivamente su capacidad para prestar servicios útiles o para inducir a
otros a que los presten.
HAGA UN
INVENTARIO DE SÍ MISMO
Un autoanálisis
anual es esencial
para la eficaz
comercialización de servicios
personales, tanto como los inventarios anuales en los negocios. Además, los
análisis anuales deberían revelar una disminución de los fallos y un incremento
de las virtudes. En la vida, uno avanza, se estanca o retrocede. Un
autoanálisis anual le hará ver si ha
avanzado, y en qué medida lo ha hecho. También revelará si
ha retrocedido en algo. La comercialización
eficaz de los
servicios personales le
exige a uno mantenerse en marcha, aun cuando el
progreso sea lento.
Debe efectuar su
autoanálisis a fin de año, para que incluya en sus resoluciones de Año Nuevo
cualquier mejora que el análisis aconseje introducir. Para
ese inventario, hágase
las preguntas siguientes
y compruebe las respuestas con ayuda de alguien que no le permita
autoengañarse en lo referente a su exactitud.
CUESTIONARIO DE
AUTOANÁLISIS PARA EL
INVENTARIO PERSONAL
1. ¿He alcanzado
el objetivo que me había propuesto como meta este año? (Usted debe trabajar
para alcanzar un objetivo anual definido como parte de su objetivo principal en
la vida.)
2. ¿He ofrecido
mis servicios con calidad y de acuerdo con mi nivel, o hubiera podido
mejorarlos de alguna manera?
3. ¿He trabajado
todo lo que yo era capaz?
4. ¿Ha sido
siempre armonioso y cooperativo el espíritu de mi conducta?
5. ¿He
permitido que el
hábito de la
postergación disminuyera mi eficiencia? En caso afirmativo, ¿en qué
medida?
6. ¿He mejorado
mi personalidad? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
7. ¿He sido
constante en seguir mis planes hasta el final?
8. ¿He
tomado mis decisiones
rápida y definidamente
en todas las ocasiones?
9. ¿He permitido
que uno de los seis miedos básicos, o más, disminuyera mí eficiencia?
10. ¿He
demostrado excesiva cautela o, por el contrario, he sido atrevido?
11. Mi
relación con mis
compañeros de trabajo,
¿ha sido agradable
o desagradable? Si fue desagradable, ¿la culpa ha sido mía o sólo en
parte?
12. ¿He disipado
mi energía por falta de concentración en el esfuerzo?
13. ¿He mantenido
una mentalidad abierta y tolerante en todo momento?
14. ¿De qué
manera he mejorado mi capacidad de trabajo?
15. ¿He dejado de
ser moderado en alguno de mis hábitos?
16. ¿He expresado
abierta o secretamente alguna forma de egotismo?
17. Mi conducta
con mis colaboradores, ¿los ha inducido a respetarme?
18. Mis
opiniones y decisiones, ¿se han
basado en conjeturas, o
en la precisión de mi análisis y
de mis ideas?
19. ¿He seguido
el hábito de administrar mi tiempo, mis gastos y mis ingresos de manera
conservadora?
20. ¿Cuánto
tiempo que podría haber aprovechado mejor he dedicado a esfuerzos
improductivos?
21. ¿Cómo puedo
reordenar mi tiempo y modificar mis hábitos para ser más eficiente el próximo
año?
22. ¿Me
reconozco culpable de
alguna conducta que
mi conciencia no apruebe?
23. ¿Hasta qué
punto he trabajado más y mejor de lo que mi paga me impone?
24. ¿Me he
mostrado injusto con alguien? Si es así, ¿de qué manera?
25. Si hubiera
sido yo el comprador de mis propios servicios de este año que termina, ¿estaría
satisfecho?
26. ¿Estoy en el
trabajo que me gusta? Si no es así, ¿por qué no?
27. El que compra
mis servicios, ¿ha estado satisfecho? Si no es así, ¿por qué no?
28. ¿Cuál
es mi evaluación actual en
los principios fundamentales del éxito? (Evalúese justa y
francamente, y haga que se la cotege alguien que tenga el valor de hacerlo con
precisión.)
Tras haber leído
y asimilado la información aportada en este capítulo, usted está en condiciones de
hacerse un plan práctico para comercializar sus servicios personales. En este capítulo
encontrará una descripción adecuada de todos los principios esenciales para
planear la venta de servicios personales, incluso de los atributos principales
del liderazgo; las causas más comunes del fracaso en el liderazgo, una
descripción de los campos de oportunidad para el liderazgo, las principales
causas del fracaso en todos los aspectos de la vida, y las cuestiones
importantes que se han de emplear en el autoanálisis.
Hemos incluido
esta amplia y detallada presentación de un
caudal de información preciso porque será necesaria para todos aquellos
que deban empezar la acumulación de riquezas vendiendo sus servicios
personales. Los que hayan perdido su fortuna y los que apenas empiezan a ganar
dinero no tienen nada más que servicios personales para ofrecer a cambio de
riquezas; por lo tanto, para ellos es esencial disponer de la necesaria
información práctica para sacar el mejor partido posible de la comercialización
de sus servicios.
Asimilar y
entender por completo la información que aquí ofrecemos será útil para quien
necesite comercializar sus propios servicios, y le ayudará también a mejorar su
analítica y su capacidad de juzgar a las personas. La información será
invaluable para los directores de personal, los encargados de colocaciones y
otros ejecutivos encargados de la selección de empleados y del mantenimiento de
organizaciones eficientes. Si usted duda de esta afirmación, ponga
a prueba su
firmeza, y responda
por escrito las veintiocho preguntas del cuestionario de
autoanálisis.
DÓNDE Y CÓMO SE
PUEDEN ENCONTRAR OPORTUNIDADES PARA ACUMULAR RIQUEZAS
Ahora que hemos
analizado los principios en virtud de los cuales se puede acumular riqueza, nos
preguntamos, naturalmente, dónde puede uno encontrar oportunidades favorables
para aplicarlos. Pues bien, hagamos un inventario para ver qué ofrece Estados
Unidos a la persona que busca riqueza, en pequeña o gran escala.
Recordemos, para
empezar, que todos los estadounidenses vivimos en un país donde todo ciudadano respetuoso
de la ley goza de una libertad de pensamiento y de acción sin parangón en
ninguna parte del mundo. La mayoría de nosotros jamás ha tomado conciencia de
las ventajas de esta libertad ilimitada. Nunca la hemos comparado con la
recortada libertad de otros países.
Aquí tenemos
libertad de pensamiento, libertad en la elección y disfrute de la educación,
libertad religiosa y política, libertad en la elección de actividades
comerciales, profesionales u ocupacionales, libertad de acumular y poseer sin
restricciones todas las propiedades que podamos acumular, libertad de escoger
nuestro lugar de residencia, libertad de contraer matrimonio, libertad de
igualdad de oportunidades para todas las razas, libertad de viajar de un estado
a otro, libertad en la elección de nuestros alimentos y libertad de aspirar a
cualquier situación vital para la cual nos hayamos preparado, incluso a la
presidencia de Estados Unidos.
Tenemos otras
formas de libertad, pero esta lista dará una visión a vuelo de pájaro de las
más importantes, que constituyen oportunidades del orden más elevado. Esta
ventaja de la libertad es tanto más notable cuanto que Estados Unidos es el
único país que garantiza a todos sus ciudadanos, sean nativos o naturalizados,
una lista de libertades tan amplia y tan variada.
Ahora pasemos
revista a algunas de las bendiciones con que la amplitud de nuestras libertades
nos ha colmado. Tomemos como ejemplo la
familia estadounidense media (con lo que me refiero a una familia de ingresos
medios) y sumemos los beneficios de que cada miembro de la familia dispone, en esta tierra de la
oportunidad y de la abundancia.
a) Alimento. En
adición a la libertad de pensamiento y de acción están el alimento, el vestido
y la vivienda, las tres necesidades básicas de la vida.
Gracias a nuestra
libertad universal, la familia estadounidense media dispone, a las puertas
mismas de su casa, de la más escogida selección de alimentos que se
pueda encontrar en el
mundo entero, y
a precios al alcance de su bolsillo.
b) Vivienda. Esta
familia vive en un apartamento cómodo, con calefacción central, luz eléctrica
y gas
para cocinar. Las tostadas que come con
el desayuno se preparan en un tostador eléctrico que apenas cuesta unos
pocos dólares. El apartamento se limpia con una aspiradora que funciona con
electricidad. En la cocina y en el cuarto de baño se dispone de agua fría y
caliente en cualquier momento. La comida se mantiene fría en una nevera
eléctrica. La mujer se riza el cabello, lava y plancha la ropa con aparatos
eléctricos de fácil manejo, servidos por una energía suministrada por un
enchufe en la pared. El marido se rasura con una afeitadora eléctrica, y todos
reciben entretenimiento del mundo entero durante las veinticuatro horas del día
si quieren, sin que les cueste nada, con sólo girar el dial de la radio o de la
televisión.
En este
apartamento hay otras comodidades, pero la lista que antecede dará una idea
aproximada de algunas pruebas concretas de la libertad de que disfrutamos en
Estados Unidos.
c) Ropa. En
cualquier lugar de Estados Unidos, la vestimenta corriente de una mujer
se puede adquirir
por menos de
400 dólares anuales,
y el hombre medio puede vestirse
por la misma suma, o por menos.
Sólo hemos
mencionado las tres necesidades básicas de alimento, ropa y vivienda. El
ciudadano americano medio dispone de otros privilegios y ventajas a cambio de
un modesto esfuerzo que no excede las ocho horas de trabajo diarias.
El estadounidense
medio posee seguridades sobre sus derechos de propiedad que no
tienen equivalente en ningún
otro país del
mundo.
Puede ingresar el
dinero que le sobra en un Banco, con la seguridad de que su Gobierno lo
protegerá y se lo
devolverá si el Banco le
falla. Si un ciudadano
estadounidense quiere viajar de un Estado a otro, no necesita pasaporte ni
permiso de nadie. Puede ir adonde desee y regresar cuando quiera. Además, puede
ir en tren, automóvil particular, autobús, avión o barco, según su bolsillo se
lo permita.
EL «MILAGRO» QUE
HA PROVEÍDO ESTAS BENDICIONES
Con frecuencia
oímos que los políticos proclaman la libertad de Estados Unidos cuando buscan
votos, pero es raro que se tomen tiempo o hagan el esfuerzo de
analizar la fuente
o naturaleza de
tal «libertad». Al no
depender de intereses creados, y no albergar resentimientos ni segundas
intenciones, yo tengo el privilegio de adentrarme en un sincero análisis de
ese «algo» misterioso,
abstracto y, por lo general,
malentendido que concede a todos
los ciudadanos de Estados Unidos más privilegios, más oportunidades de acumular
riqueza, más libertad en todos los órdenes, de lo que se pueda encontrar en
ningún otro país.
Tengo el derecho
de analizar la fuente y la naturaleza de este poder invisible, porque he
conocido durante más de medio siglo a muchos de los hombres que organizaron ese
poder, y a muchos que son los responsables actuales de que tal poder se
mantenga.
¡El nombre de ese
misterioso benefactor de la humanidad es «capital»!
El capital no
consiste sólo en dinero, sino más específicamente en grupos de hombres
inteligentes y bien organizados que planean medios y maneras de usar el dinero
en forma eficiente para el bien público, y provechosa para ellos mismos.
Estos grupos
están constituidos por científicos, educadores, químicos, inventores, analistas
de sistemas, especialistas en publicidad, expertos en transportes, contables,
abogados, médicos y toda clase de personas que disponen de conocimientos
sumamente especializados en todos los campos de la industria y de los negocios.
Esos hombres y mujeres abren caminos y
experimentan en
nuevos campos abiertos a su iniciativa; sostienen universidades, hospitales y
escuelas; construyen buenos caminos; publican periódicos; pagan la mayor parte
del coste gubernamental y se ocupan de los numerosos detalles esenciales para
el progreso humano. En pocas palabras, los
capitalistas son el cerebro
de la civilización, porque ellos proveen la
totalidad del material para la educación, la civilización y el progreso.
Sin un cerebro
que lo controle, el dinero es siempre peligroso. Si se lo utiliza en la forma
apropiada, es el elemento esencial más importante de la civilización. Se puede
tener una ligera idea de la importancia del capital organizado si uno intenta
imaginarse sin ayuda alguna del capital- cargado con la responsabilidad de
reunir los elementos para un sencillo desayuno y servírselo a una familia.
Para conseguir el
té tendría que viajar a China o a la India, y ambos países se hallan a
muchísima distancia de Estados Unidos. A menos que fuera un excelente nadador,
se cansaría bastante
antes de completar
el viaje. Además, se encontraría
también con otros problemas. Aun si tuviera las fuerzas físicas suficientes
para atravesar nadando el océano, ¿qué usaría como dinero?
Para conseguir el
azúcar, tendría que lograr una nueva marca de resistencia natatoria para llegar
a Cuba, o
de marcha a
pie hasta el
sector de la remolacha azucarera, en nuestro remoto
estado de Utah. Pero, incluso así, podría ser que regresara sin el azúcar,
porque para su producción - sin hablar de lo que representa refinarla,
transportarla y servírsela en la mesa del desayuno a cualquier habitante de
Estados Unidos - se necesita tanto esfuerzo organizado como dinero.
Encontraría los
huevos en las granjas más próximas, pero otra vez tendría que hacer una marcha
de ida y vuelta muy larga hasta Florida para poder servir jugo de pomelos.
Y le esperaría
otra larga caminata a Kansas o a cualquier otro de nuestros
Estados
cerealeros para conseguir pan de trigo.
No le quedaría
más remedio que servir el desayuno sin cereales porque no los conseguiría sin
el esfuerzo de una mano de obra especializada y organizada - sin hablar de las
máquinas necesarias -, y todo eso requiere capital.
Tras haber
descansado, podría partir en un nuevo viajecito, a nado otra vez, a América del
Sur, donde cosecharía un par de plátanos, y, de regreso, sólo le faltaría
caminar un poquito más hasta la granja más próxima donde tuvieran organizada la
producción lechera para conseguir un poco de mantequilla y crema. Entonces, su
familia podría sentarse ya a disfrutar del desayuno.
Parece un tanto
absurdo, ¿verdad? Bueno, pues el procedimiento que acabo de describirle sería la
única manera posible de conseguir
esos simples artículos alimenticios si
no contáramos con la bendición del sistema capitalista.
EL CAPITAL ES LA
PIEDRA ANGULAR DE NUESTRAS VIDAS
La suma de dinero
que se requiere para la construcción y el mantenimiento de los
ferrocarriles y de
los barcos usados
para servirle a
usted un desayuno tan sencillo es
tan enorme que la imaginación se marea. Asciende a centenares de millones de
dólares, por no mencionar siquiera los ejércitos de trabajadores
especializados que son
necesarios para tripular
tales medios de transporte. Pero éste no es más que una mínima parte de las
exigencias que la
civilización moderna impone
a Estados Unidos capitalista. Antes de que
pueda haber nada que transportar,
tiene que haber sido cultivado o fabricado, y preparado para el mercado. Y esto
exige más millones y
millones de dólares
en equipo, maquinaria, embalajes, comercialización, y
para pagar los salarios de millones de hombres y de mujeres.
Los barcos y los
ferrocarriles no brotan de la tierra ni funcionan de manera automática. ¡Llegan
en respuesta a la vocación civilizadora, gracias al esfuerzo, el ingenio y la capacidad
de organización de personas dotadas de imaginación, fe, entusiasmo, decisión y
perseverancia! Estas personas son
conocidas como
capitalistas. Están motivadas por el deseo de construir, edificar, conseguir,
prestar servicios útiles, obtener un lucro y acumular riquezas. Y el
hecho de ser
los que prestan servicios sin
los cuales la civilización no existiría, los encamina a
la consecución de grandes riquezas.
Sin otro
propósito que mantener mi discurso en un nivel simple y comprensible, añadiré
que estos capitalistas son los mismos hombres de quienes casi todos nosotros
hemos oído hablar a los oradores callejeros. Son los mismos hombres a quienes
radicales, chantajistas, políticos deshonestos
y líderes obreros
corruptos califican de
«intereses predatorios», o «Wall Street».
No es mi
intención presentar ningún alegato a favor o en contra de ningún grupo de
hombres ni de sistema económico alguno. El propósito de este libro - un
propósito al que he consagrado más de medio siglo - es presentar, a todos los
que deseen conocerla, la más confiable de las ideologías, gracias a la cual los
individuos puedan acumular riquezas en la cantidad que les apetezca.
He analizado aquí
las ventajas económicas del sistema capitalista con el doble propósito de
demostrar:
1. Que todos
aquellos que buscan riquezas deben reconocer al sistema que controla cualquier
posibilidad de hacer fortuna, y adaptarse a él.
2. Presentar el
lado opuesto del cuadro que muestran
los políticos y los demagogos que oscurecen deliberadamente los problemas que
plantean al referirse al capital organizado como sí fuera un veneno.
Estados Unidos es
una nación capitalista. Creció gracias al uso del capital, y más vale que
nosotros, los que reivindicamos el derecho de compartir las bendiciones de la
libertad y de la oportunidad, nosotros, los que tenemos como meta acumular
riqueza, sepamos que ni las riquezas ni las oportunidades estarían a nuestro
alcance si el capital organizado no nos hubiera proporcionado estos beneficios.
Sólo hay un
método seguro de acumular riquezas y de aferrarse a ellas, y ese método es
prestar servicios útiles. Jamás se ha creado sistema alguno por el cual los
hombres puedan adquirir riquezas legalmente por la mera fuerza de los números,
o sin dar a cambio, de una manera u otra, un valor equivalente.
SUS OPORTUNIDADES
EN MEDIO DE LAS RIQUEZAS
Estados Unidos
ofrece toda la libertad y todas las oportunidades de acumular riquezas
que cualquier persona
honrada pueda necesitar. Cuando uno sale de caza con ánimo
deportivo, elije lugares donde las presas abunden, y por supuesto, la misma
regla es válida cuando se sale a la caza de riquezas.
Si lo que usted
busca son riquezas, no pase por alto las posibilidades de un país cuyos
ciudadanos son tan ricos que las mujeres, solas, se gastan al año más de medio
millón de dólares en lápices de labios, colorete y productos de belleza.
Si lo que usted
busca es dinero, piense seriamente en un país que se gasta centenares de
millones de dólares al año en cigarrillos.
No se dé
demasiada prisa en irse de un país cuyos habitantes gastan de buena gana, e
incluso con alegría, millones de dólares anuales en el fútbol, el béisbol y el
boxeo.
Recuerde, además,
que éste no es más que el comienzo de las fuentes que están a
su alcance para
que usted gane
dinero. Aquí sólo
hemos mencionado unos pocos lujos superfluos. Pero no olvide que el
negocio de producir, transportar y
comercializar estos pocos artículos
proporciona empleo regular a muchos millones de personas que reciben
millones de dólares mensuales por sus servicios y que se los gastan con entera
libertad en productos tanto necesarios como superfluos.
Recuerde
especialmente que detrás de todo este intercambio de mercancías y servicios
personales pueden encontrarse abundantes oportunidades de
acumular
riquezas. Los estadounidenses contamos con la ayuda de nuestra libertad. No hay
nada que impida, ni a usted ni a nadie, entregarse a cualquier aspecto del
esfuerzo necesario para seguir adelante con nuestros negocios. Si uno abunda en
talento, formación y experiencia, puede acumular riquezas en grandes
cantidades. Los que no sean tan afortunados acumularán cantidades más pequeñas.
Cualquier persona puede ganarse la vida a cambio de una cantidad apenas nominal
de trabajo y esfuerzo.
Así que... ¡Ahí
lo tiene!
La oportunidad ha
desplegado ante usted sus mercancías. Acérquese al mostrador, seleccione lo que
quiera, hágase su plan, póngalo en acción y sígalo con perseverancia. Estados
Unidos «capitalista» se ocupará del resto. En eso sí que puede confiar: nuestra
nación capitalista asegura a todas las personas la oportunidad de prestar
servicios útiles y de cosechar riquezas en proporción con el valor de sus
servicios.
El «sistema» no
le niega a nadie este derecho, pero no promete, ni puede hacerlo, algo por
nada, porque el mismo sistema está irrevocablemente controlado por la ley de la
economía capitalista, que no reconoce ni tolera durante mucho tiempo dar sin
recibir.
EL ÉXITO
NO EXIGE
EXPLICACIÓN
*****************
EL FRACASO
NO TIENE EXCUSA
Capítulo 8
DECISIÓN
EL DOMINIO DE LA
POSTERGACIÓN
El séptimo paso
hacia la riqueza
El análisis
efectuado sobre más de 25.000 hombres y mujeres que habían experimentado el
fracaso puso de manifiesto el hecho de que la falta de decisión era casi
siempre el motivo que encabezaba la lista de las treinta y una grandes causas
de fracaso.
La postergación,
lo contrario de la decisión, es un enemigo común que debe superar casi todos
los seres humano. Usted se encontrará con una oportunidad de
poner a prueba
su capacidad para
tomar decisiones rápidas y
concretas cuando termine de leer este libro, y esté preparado para poner en
práctica los principios descritos aquí.
El análisis de
varios cientos de personas que habían acumulado fortunas bastante más allá de
la marca del millón de dólares puso de manifiesto el hecho de que cada una de
ellas tenía el hábito de tomar decisiones con rapidez, y de cambiarlas con
lentitud, si y cuando se veía la necesidad de cambiarlas. Las personas que no
logran acumular dinero, tienen, sin excepción, el hábito de tomar decisiones,
si es que las toman, de modo muy lento, y de cambiar esas mismas decisiones con
rapidez y a menudo.
Una de las
cualidades más notables de Henry Ford era su costumbre de tomar decisiones
rápidas y definitivas, y de cambiarlas con lentitud. Esta cualidad era tan
pronunciada en el señor
Ford que le
hizo ganarse la reputación de ser
un hombre obstinado. Fue precisamente esa cualidad la
que le indujo a
continuar la fabricación de su famoso modelo T (el coche más feo del mundo) en
un momento en que todos sus consejeros, y muchos de los compradores del coche,
le estaban pidiendo que lo cambiara.
Quizás el señor
Ford se retrasó demasiado en efectuar el cambio, pero la otra cara de la moneda
es que la firmeza de su decisión le permitió ganar una enorme fortuna antes de
que se hiciera necesario cambiar el modelo. No cabe la menor duda de que la
costumbre del señor Ford de tomar decisiones definitivas llegó a asumir la
proporción de la obstinación, pero esa misma cualidad es preferible a la
lentitud cuando llega la hora de tomar decisiones, y a la rapidez a la hora de
cambiarlas.
CONSEJOS PARA
TOMAR DE SUS PROPIAS DECISIONES
La gran mayoría
de la gente que no logra acumular dinero suficiente para cubrir sus necesidades
suele verse, por lo general, fácilmente influida por las opiniones de los
demás. Esas personas permiten que los periódicos y las murmuraciones de los
vecinos afecten a sus ideas. Las opiniones son los bienes más baratos que
existen sobre la Tierra. Todo el mundo tiene un montón de opiniones preparadas
para comunicárselas a cualquiera que se muestre dispuesto a aceptarlas. Si
usted se deja influir por las opiniones cuando se trata de tomar decisiones, no
tendrá éxito en ninguna empresa, y mucho menos en la de transformar su propio
deseo en dinero.
Si usted se deja
influenciar por las opiniones de los otros, llegará a no tener sus propios
deseos.
Cuando empiece a
poner en práctica los principios descritos en este libro, guíese por su propio
consejo, tome sus propias decisiones y aténgase a ellas. No confíe en nadie más
que en los miembros de su «Master Mind», y asegúrese de haberlos escogido bien,
eligiendo sólo a aquellos que estén en completa armonía con su propósito y que
muestren simpatía por él.
A menudo, los
amigos íntimos y los parientes le ponen obstáculos a uno por medio de
«opiniones», aunque ésa no sea su intención. A veces lo hacen incluso
a través del
ridículo, con la
pretensión de que
sea
humorístico. Hay
miles de mujeres y hombres que sufren de complejos de inferioridad durante toda
la vida, debido precisamente a que alguna persona bienintencionada pero
ignorante destruyó su confianza en sí mismos mediante las «opiniones» o
ridículo.
Usted dispone de
un cerebro y de una mente propios. Utilícelos y tome sus propias decisiones. Si
usted necesita hechos, o información de otras personas que le permitan tomar
sus decisiones, como sucederá en numerosos casos, adquiera esos hechos, o
asegúrese con discreción de esa información que necesita, sin descubrir cuáles
son sus propósitos.
Una de las
características de las personas que tienen sólo conocimientos elementales o
escasos es la de que intentan dar la impresión de que poseen muchos
conocimientos. En general, esas personas hablan demasiado, y saben escuchar
muy poco. Mantenga los ojos y los oídos bien abiertos, y la boca cerrada,
si lo que
desea es adquirir
el hábito de
una toma de decisiones rápida. Quienes hablan mucho
hacen bien poco. Si usted habla mucho más de lo que escucha, no sólo se privará
a sí mismo de muchas oportunidades de acumular conocimientos útiles, sino que
también habrá puesto sus planes y propósitos al descubierto ante personas a las
que les encantará desilusionarle porque, en el fondo, lo envidian.
Recuerde también
que, cada vez que abra la boca en presencia de una persona que posea una gran
abundancia de conocimientos, estará desplegando ante ella su reserva exacta de
conocimientos propios, ¡o su falta de la misma! La verdadera sabiduría
usualmente se hace conspicua a través de la modestia y el silencio.
Tenga en cuenta
el hecho de que cada persona con la que usted se asocie estará buscando, como
usted mismo, la oportunidad de acumular dinero. Si habla con demasiada libertad
acerca de sus planes, quizá se sienta sorprendido al enterarse de que alguna
otra persona se le ha adelantado para alcanzar el objetivo que usted se había
propuesto alcanzar, poniendo en práctica los mismos planes acerca de los cuales
usted habló con tanta imprudencia.
Que una de sus
primeras decisiones sea la de mantener cerrada la boca, y abiertos los ojos y
los oídos.
Como una forma de
recordarle este consejo, sería útil que copiara el siguiente epigrama en letras
mayúsculas, y lo colocara allí donde pueda verlo cada día: «Dígale al mundo lo
que intenta hacer, pero llévelo a cabo antes de decirlo».
Eso es algo así
como decir: «Lo que cuenta son los hechos, y no las palabras».
LIBERTAD O MUERTE
EN UNA DECISIÓN
El valor de toda
decisión depende del valor que se necesite para ejecutarla. Las grandes
decisiones, aquellas que constituyeron los fundamentos de la civilización,
fueron tomadas asumiendo grandes riesgos, lo que a menudo significó la
posibilidad de encontrar la muerte.
La decisión de
Lincoln de promulgar su famosa Declaración de la Emancipación, mediante la que
se otorgaba la libertad a las personas de color en Estados Unidos, la tomó a
sabiendas de que ese acto pondría en su contra a miles de amigos y partidarios
políticos.
La decisión de
Sócrates de tomar la venenosa cicuta, en lugar de comprometer sus creencias
personales, fue un acto de gran valentía. Se adelantó mil
años a su
tiempo, y dio el derecho
a la libertad
de pensamiento y de palabra a todos los que no habían nacido aún.
La decisión del
general Robert E. Lee de apartarse de la Unión y tomar partido por la causa del
Sur, también fue una acción valerosa, pues él sabía que podía costarle la vida,
además de la de muchas otras personas.
CINCUENTA Y SEIS
QUE SE ARRIESGARON A LA HORCA
Pero la mayor
decisión de todos los tiempos, en lo que se refiere a los ciudadanos de lo que
más tarde sería Estados Unidos, se tomó el 4 de julio de 1776, en Filadelfia,
cuando cincuenta y seis hombres estamparon sus firmas en un documento que, como
muy bien sabían, aportaría la libertad a todos los norteamericanos, o bien
dejaría a cada uno de los cincuenta y seis colgado de una cuerda por el cuello.
Sin duda alguna
habrá oído hablar de ese famoso documento, aunque tal vez no haya extraído del
mismo la gran lección de logro personal que nos enseña de un modo tan sencillo.
Muchos recuerdan
la fecha en que esa gran decisión fue tomada; pero pocos se
dan cuenta del valor que
se necesitó para
ello. Recordamos nuestra
historia, tal y como nos la enseñan; recordamos las fechas, y los nombres de
los hombres que lucharon; recordamos Valley Forge y Yorktown; recordamos a
George Washington y a lord Cornwallis. Pero, en realidad, sabemos muy poco
acerca de las fuerzas reales que había detrás de estos nombres, fechas y
lugares. Y sabemos menos todavía sobre ese poder intangible que nos aseguró la
libertad, mucho antes de que los ejércitos de Washington llegaran a Yorktown.
Representa casi
una tragedia que los historiadores hayan pasado por alto el hacer la más mínima
referencia al poder irresistible que dio nacimiento y libertad a la nación
destinada a establecer nuevos niveles de independencia para todos los pueblos de
la Tierra. Y digo que eso es casi una tragedia porque precisamente se trata del
mismo poder que todo individuo debe utilizar para superar las dificultades que se le
presenten en la vida, y obligar a ésta a pagar el precio que
se le pide.
Revisemos, aunque
sólo sea
de forma muy breve, acontecimientos que dieron lugar a ese poder. La
historia comienza con un incidente ocurrido en Boston el 5 de marzo de 1770.
Los soldados británicos patrullaban las calles, amenazando a los ciudadanos con
su sola presencia. A los colonos no
les gustaba ver
hombres armados andando
por sus ciudades. Empezaron a
expresar abiertamente su
resentimiento por este
hecho,
arrojando piedras
y profiriendo insultos contra los soldados que patrullaban, hasta que el
oficial al mando dio la orden: «¡Preparen las bayonetas...! ¡Ataquen!».
La batalla que
comenzó en ese momento tuvo como resultado la muerte de muchos, mientras que
otros quedaron heridos. El incidente provocó tal resentimiento que la Asamblea
Provincial (compuesta por colonos importantes) convocó una reunión con el
propósito de emprender alguna acción
concreta. Dos de
los miembros de
esa asamblea fueron
John Hancock y Samuel Adams. Tomaron la palabra y hablaron con valentía,
declarando que debían organizar un movimiento para expulsar de Boston a todos
los soldados británicos.
Debemos recordar
que eso fue una decisión surgida en la mente de dos hombres, lo que podemos
considerar como el principio de la libertad que todos disfrutamos ahora en
Estados Unidos. Tampoco podemos olvidar que la decisión de esos dos hombres
exigía fe y coraje, porque era una decisión que entrañaba peligros.
Antes de
que la asamblea
terminara, Samuel Adams
fue elegido para visitar al gobernador de la provincia,
Hutchinson, con objeto de exigirle la retirada de las tropas británicas.
La petición fue
aceptada, y los soldados se retiraron de Boston, pero el incidente no quedó
terminado por ello. Había provocado una situación cuyo desenlace estaría
destinado a cambiar el rumbo de toda una civilización.
ORGANIZACIÓN DE
UN GRUPO DE “MASTER MIND”
Richard Henry Lee
adquirió un papel importante en esa historia. Él
y Samuel Adams se comunicaban entre sí con frecuencia (por
correspondencia), compartiendo temores y esperanzas acerca del bienestar del
pueblo en sus provincias respectivas. A raíz de esta práctica, Adams concibió
la idea de que un intercambio mutuo de cartas entre las trece colonias podría
ayudar a producir la coordinación de esfuerzos que tanto
necesitaban en
relación con, la
solución de sus
problemas. Dos años después
del enfrentamiento con los
soldados británicos en
Boston (en marzo de 1772), Adams
presentó esta idea ante la Asamblea, en forma de una moción para que se
estableciera un Comité de Correspondencia entre las colonias, que contara con
corresponsales nombrados en cada una de las colonias, «con el propósito de una
cooperación amistosa para la mejora de las colonias de la América Británica».
Eso constituyó el
principio de la organización de un poder mucho más amplio destinado a conseguir la
libertad para todos los
colonos y sus descendientes. De
ese modo se
organizó el grupo
de “Master Mind”. Estaba compuesto por Adams, Lee y
Hancock.
El Comité
de Correspondencia fue organizado. Los ciudadanos
de las colonias habían estado
desarrollando una desorganizada oposición física contra los
soldados británicos, a
través de incidentes
similares a los tumultos de Boston, pero de todo ello no
se había derivado ventaja alguna. Sus agravios individuales no habían sido
consolidados bajo un “Master Mind”. Ningún grupo de individuos tenía puestos
sus corazones, mentes, almas y cuerpos juntos en una decisión concreta para
solucionar de una vez por todas su dificultad con los británicos, hasta que
Adams, Hancock y Lee se pusieron a trabajar juntos.
Mientras tanto,
los británicos tampoco permanecieron de brazos cruzados. También ellos se
dedicaron a efectuar alguna planificación y a formar sus propios grupos de
“Master Mind”, con la ventaja de contar con el apoyo del dinero y de un
Ejército organizado.
UNA DECISIÓN QUE
CAMBIÓ LA HISTORIA
La Corona nombró
a Gage para sustituir a Hutchinson como gobernador de Massachusetts. Uno de los
primeros actos del nuevo gobernador consistió en llamar a Samuel Adams por
mediación de un mensajero, con el propósito de intentar detener su oposición,
infundiéndole temor.
Comprenderemos
mucho mejor el espíritu de lo que sucedió si citamos la conversación mantenida
entre el coronel Fenton (el mensajero enviado por Gage) y el propio Adams.
Coronel Fenton:
«He sido autorizado por el gobernador Gage para asegurarle, señor Adams, que el
gobernador ha sido dotado de amplios poderes para conferirle a usted tantos
beneficios como le sean satisfactorios [intento de ganarse a Adams con la
promesa de sobornos], con la condición de que abandone usted su oposición a las
medidas del gobierno. El gobernador le aconseja que no continúe disgustando a
Su Majestad. Su conducta le hace acreedor a los castigos previstos en una ley
de Enrique VIII, por la que se puede enviar a Inglaterra a las personas para
que allí sean juzgadas por traición, o encarceladas, por traición, a discreción
del gobernador de una provincia. Pero si usted cambia su línea política no sólo
obtendrá grandes ventajas personales, sino que también estará en paz con el
Rey».
Samuel Adams
tenía que escoger
entre dos decisiones:
cesar en su oposición, y recibir recompensas
personales por ello, o continuar, y correr el riesgo de ser ahorcado.
Evidentemente,
había llegado el momento en que Adams se veía obligado a tomar una decisión que
podía costarle la vida. Adams insistió en que el coronel Fenton, bajo palabra
de honor, le transmitiría al gobernador su respuesta, repitiendo con toda
exactitud las mismas palabras que
él le dijera.
La contestación
de Adams fue: «Dígale al gobernador Gage que confío desde hace mucho tiempo en
estar en paz con el Rey de Reyes. Ninguna consideración personal me inducirá a
abandonar la justa causa de mi país. Y
dígale al gobernador
Gage que Samuel
Adams le aconseja
que no continúe insultando los
sentimientos de un pueblo exasperado».
Cuando el
gobernador Gage recibió la cáustica respuesta de Adams, montó en cólera y
promulgó una proclama en la que se decía: «El abajo firmante, en nombre de Su
Majestad, ofrece y promete su más gracioso perdón a todas aquellas personas que a
partir de ahora abandonen las
armas y
regresen a
los deberes propios
de súbditos pacíficos.
Las únicas excepciones del
beneficio de tal
perdón son Samuel
Adams y John Hancock, cuyas ofensas, de naturaleza
demasiado brutales, no admiten otra consideración que la de un adecuado
castigo».
Podríamos decir
que tanto Adams como Hancock se encontraban en dificultades. La amenaza del
airado gobernador obligó a los dos hombres a tomar otra
decisión, igualmente peligrosa. Convocaron una apresurada reunión de sus más fieles
seguidores. Una vez todos estuvieron presentes, Adams cerró la puerta con
llave, se la metió en el bolsillo y les informó que era imperativo organizar un
congreso de los colonos, y que nadie abandonaría aquella habitación hasta que
se hubiera tomado la decisión de convocar dicho congreso.
A este anuncio
siguió una gran excitación. Algunos sopesaron las posibles consecuencias de tal
radicalismo. Otros expresaron graves dudas en cuanto a la prudencia y la
conveniencia de una decisión tan definitiva, que desafiaba claramente a la
Corona. Encerrados en aquella habitación había dos hombres inmunes al temor,
ciegos ante la posibilidad del fracaso: Hancock y Adams.
Gracias a la
influencia de sus
mentes, los demás
fueron inducidos a aceptar que se debían establecer acuerdos, a través
del Comité de Correspondencia, para convocar el Primer Congreso Continental,
que se celebraría en Filadelfia el 5 de septiembre de 1774.
Vale la pena
recordar esa fecha. Es mucho más importante que la del 4 de julio de 1776. Si
no se hubiera tomado la decisión de convocar un Congreso Continental, tampoco
se hubiese llevado a cabo la firma de la Declaración de Independencia.
Antes de que la
primera reunión del nuevo Congreso se celebrara, otro líder, que se encontraba
en otra parte del país, se hallaba profundamente enfrascado en la tarea de
publicar una Sucinta exposición de los derechos de la América Británica. Se
trataba de Thomas Jefferson, de la provincia de Virginia, cuyas relaciones con
lord Dunmore (representante de la Corona en Virginia) eran tan tensas como las
de Hancock y Adams con su gobernador.
Poco después de
que se publicara Sucinta exposición de los derechos..., Jefferson fue informado
de que había la orden de perseguirlo por alta traición contra el gobierno de Su
Majestad. Inspirado por la amenaza, uno de los colegas de Jefferson, Patrick
Henry, expresó con claridad lo que pensaba, y
concluyó sus observaciones
con una frase que se ha
hecho clásica desde entonces: «Si esto es traición, que sea la mayor de
todas».
Fueron hombres
como éstos los que, sin poder, sin autoridad, sin Ejército y sin dinero,
tomaron asiento en una solemne consideración del destino de las colonias,
dando inicio así
a la apertura
del Primer Congreso Continental, que continuaron
celebrando cada dos años, hasta que, el 7 de junio de 1776, Richard Henry Lee
se levantó, se dirigió a la presidencia y, ante el asombro de la asamblea,
presentó la siguiente moción:
«Caballeros,
presento la moción de que estas Colonias Unidas son, y deben ser por derecho,
Estados libres e independientes, absueltos de toda alianza con la Corona
británica, y que toda conexión política entre ellos y el país del Reino Unido
está disuelta, y así debe quedar».
LA DECISIÓN MAS
TRASCENDENTAL JAMÁS PUESTA EN PAPEL
La asombrosa
moción de Lee fue discutida con tanto fervor, y durante tanto tiempo, que él
empezó a perder la paciencia. Finalmente, después de días de discusiones,
volvió a ocupar el estrado de oradores y declaró, con una voz clara y firme:
«Señor presidente, hace días que llevamos discutiendo este tema. Es el único
recurso de acción que podemos seguir.
¿Por qué,
entonces, retrasarlo más? ¿Por qué continuar deliberando? Que este día feliz dé
nacimiento a una República Americana. Que se levante, no para devastar y
conquistar, sino para restablecer el reino de la paz y de la ley».
Antes de que se
votara su moción, Lee fue llamado a Virginia debido a una grave enfermedad
familiar; pero, antes de marcharse, dejó
la causa en manos de su amigo Thomas
Jefferson, el cual le prometió luchar hasta que se cumpliera
una acción favorable.
'Poco después, el
presidente del
Congreso
(Hancock) nombró a Jefferson presidente de un comité que se dedicaría a
redactar la Declaración de Independencia.
El comité
trabajó mucho y muy duramente
en la redacción
de un documento que, cuando fuera
aceptado por el Congreso, y firmado por cada uno de los congresistas, significaría una condena de
muerte para todos los firmantes en el caso de que las colonias perdieran en la
lucha que, sin lugar a dudas, estallaría entre ellas y el Reino Unido.
Se redactó el
documento y la versión original del mismo fue leída el 28 de junio ante el
Congreso. Durante varios días se discutió, alteró y preparó su redacción
definitiva. El 4 de julio de 1776, Thomas Jefferson se levantó ante la Asamblea
y, sin el menor temor en su voz, leyó la decisión más trascendental jamás escrita
sobre papel.
«Cuando en el
curso de los acontecimientos humanos se hace necesario que un pueblo disuelva
los lazos políticos que lo han conectado con otro, y asuma, entre los poderes
de la Tierra, el Estado separado e igual a que las leyes divinas y naturales le
dan derecho, un respeto decente por las opiniones de la humanidad exige que ese
pueblo declare las causas que lo impelen a la separación...»
Cuando Jefferson
hubo terminado de leer, se votó la aprobación del documento, que fue aceptado,
y después los cincuenta y
seis hombres presentes lo
firmaron. Cada uno de ellos ponía en juego su propia vida con la decisión de
estampar su firma en aquel papel. Gracias a esa decisión una nación surgió a la
existencia; una nación destinada a aportar para siempre a la humanidad el
privilegio de tomar sus propias decisiones.
Al analizar los
acontecimientos que condujeron a la Declaración de Independencia, podemos estar
convencidos de que esta nación, que ahora ostenta una posición de respeto y poder
entre todos los demás países del mundo, fue el fruto de la decisión de un
“Master Mind” compuesto por cincuenta y seis hombres. Observe bien el hecho de
que su decisión fue lo que aseguró el éxito a los ejércitos de Washington,
porque el espíritu de esa decisión estaba en el corazón de cada uno de los
soldados que lucharon con él, y sirvió como un poder espiritual que no reconoce
lo que es el fracaso.
Observe también
(y para mayor beneficio personal) que el poder que dio la libertad a esta nación
es el mismo poder que todo individuo ha tenido que utilizar para alcanzar su
autodeterminación. Este poder está hecho a partir de los principios descritos
en este libro. No resulta difícil detectar, en la historia de la Declaración de
Independencia, al menos seis de estos principios: deseo,
decisión, fe, perseverancia, “Master Mind”
y planificación organizada.
SEPA LO QUE
QUIERE Y, EN GENERAL, LO CONSEGUIRÁ
A través de toda
esta filosofía se encontrará la sugerencia de que el pensamiento, apoyado por
un fuerte deseo, tiene una tendencia a transformarse en su equivalente físico.
Tanto en esta historia como en la de la organización de la United States Steel
Corporation se encuentra una descripción perfecta del método mediante el cual
el pensamiento produce esta asombrosa transformación.
En su búsqueda
del secreto del método, no espere milagro alguno, porque no lo hallará. Sólo
encontrará las eternas leyes de la naturaleza. Esas leyes están disponibles
para toda aquella persona que tenga la fe y el valor suficientes para
utilizarlas. Pueden ser
empleadas bien para
aportar libertad a una nación, bien para acumular riquezas.
Quienes toman
decisiones con rapidez y de un modo definitivo saben muy bien lo que
quieren, en general, lo consiguen. Los
líderes en todos los campos de la vida son personas que deciden con rapidez y
firmeza. Ésa es la razón principal por la que se han convertido en líderes. El
mundo tiene la costumbre de abrir paso al hombre cuyas palabras y acciones muestran
que sabe a dónde se dirige.
La indecisión es
un hábito que suele aparecer en la juventud. El hábito adquiere permanencia a
medida que el joven pasa por la escuela, la secundaria, e incluso la
universidad sin un propósito definido.
El hábito de la
indecisión acompaña al estudiante cuando inicia el trabajo que elige hacer...,
si es que lo elige. En general, el joven que acaba de terminar sus estudios
busca cualquier trabajo. Acepta el primero que se le ofrece, porque ha caído en
el hábito de la indecisión. Noventa y ocho de cada cien personas que trabajan
en la actualidad a cambio de un salario ocupan los puestos en los que están
porque les faltó la firmeza de decisión necesaria para planificar el alcanzar
un puesto determinado, así como el conocimiento acerca de cómo elegir al
patrono.
La firmeza de
decisión exige siempre valor, y, a veces, incluso mucho valor. Los cincuenta
y seis hombres
que firmaron la
Declaración de Independencia
pusieron sus vidas en juego cuando decidieron estampar sus firmas en aquel
documento. La persona que toma la firme decisión de conseguir un puesto de
trabajo determinado, y de que la vida le pague el precio que pide, no pone en
juego su vida con esa decisión; lo único que se juega es su libertad económica.
La independencia financiera, la riqueza, un negocio deseable o un buen puesto
profesional no se encuentran al alcance de la persona que descuida o rechaza la
expectativa, la planificación y la exigencia de
esas mismas cosas. El que
desea obtener riquezas, con el mismo
espíritu con el que Samuel Adams deseó obtener la libertad para las colonias,
seguro que terminará por acumular una gran fortuna.
Capítulo 9
PERSISTENCIA
EL ESFUERZO
SOSTENIDO NECESARIO PARA INDUCIR LA FE
El octavo paso
hacia la riqueza
La persistencia
es un factor esencial para el procedimiento de transformar el deseo en su
equivalente monetario. El fundamento de la persistencia es la fuerza de
voluntad.
Cuando la fuerza
de voluntad y el deseo se combinan adecuadamente, forman una asociación
irresistible. En general, los hombres que acumulan grandes fortunas son conocidos como fríos, a veces como
despiadados incluso. A menudo son
mal interpretados. Lo que
tienen es fuerza de voluntad, que
ellos combinan con la persistencia, utilizando ambas cosas para apoyar sus
deseos y asegurarse así el logro de sus objetivos.
La gran mayoría
de la gente está preparada para echar por la borda sus objetivos y propósitos,
abandonándolos a la primera señal de oposición o desventura. Unos pocos
continúan, a pesar de todas las oposiciones, hasta que los alcanzan.
Es posible que no
exista ninguna connotación heroica en el concepto de « persistencia », pero esa
cualidad es para el carácter de un hombre lo que el carbón para el acero.
En general, la
formación de una gran fortuna implica la puesta en práctica de los trece
factores de esta filosofía. Todos aquellos que acumulan dinero tienen que
comprender estos principios, han de aplicarlos con persistencia.
SU TEST DE
PERSISTENCIA
Si usted está
siguiendo lo que se dice en este libro con la intención de aplicar los
conocimientos que comunica, su primera prueba en cuanto a su nivel de
persistencia se la encontrará cuando empiece a seguir los seis pasos descritos
en el segundo capítulo. A menos que usted sea una de las dos personas de cada
cien que ya poseen un objetivo marcado que se esfuerza por alcanzar, así como
un plan definido para conseguirlo, puede leer las instrucciones y continuar
después con su rutina diaria, sin llegar a cumplir nunca esas instrucciones.
La falta de
persistencia es una de las grandes causas del fracaso. Es más, la experiencia
con miles de personas ha demostrado que la falta de persistencia es una
debilidad común a la mayoría de las personas.
Se trata de una
debilidad que puede superarse mediante el esfuerzo. La facilidad con
la que se
venza la falta
de persistencia dependerá
por completo de la intensidad del deseo de cada cual.
El punto de
partida de todo logro es el deseo. Téngalo en cuenta constantemente. Unos
deseos débiles llevan
unos resultados débiles consigo, del mismo modo que un fuego
pequeño produce muy poco calor. Si le parece que le falta persistencia,
remédielo construyendo en su interior un fuego mucho más fuerte que avive sus
deseos.
Continúe leyendo
hasta el final, y luego vuelva al capítulo dos, y empiece de inmediato a llevar
a cabo las instrucciones que allí se dan en relación con los seis pasos. La
avidez con la que siga esas instrucciones indicarán con claridad lo mucho, o lo
poco, que desea acumular dinero. Si descubre que se siente indiferente, le
aseguro que no ha adquirido todavía la «conciencia del dinero» que debe poseer,
antes de poder estar seguro de acumular una fortuna.
Las fortunas
gravitan hacia los hombres cuyas mentes han sido preparadas para atraerlas con
la misma seguridad con que el agua gravita hacia el océano.
Si llega a la
conclusión de que su persistencia es débil, centre su atención en las
instrucciones contenidas en el capítulo sobre el poder; rodéese de un
«Master Mind», y
podrá desarrollar la perseverancia a través de los esfuerzos cooperativos de
los miembros de ese grupo de personas. Encontrará más instrucciones para el
aumento de la persistencia en los capítulos sobre la autosugestión y la mente
subconsciente. Siga las instrucciones perfiladas en esos capítulos hasta que la
naturaleza del hábito transmita a su mente subconsciente una imagen clara del
objeto de su deseo. A partir de ese punto, ya no se verá obstaculizado por la
falta de persistencia.
Su mente
subconsciente actúa continuamente, tanto si usted está despierto como si
duerme.
¿TIENDE USTED
«CONCIENCIA DEL DINERO» O «CONCIENCIA
DE LA POBREZA»?
No le serán de
ningún valor los esfuerzos espasmódicos u ocasionales para aplicar las reglas.
Si desea obtener resultados, tiene que aplicar todas las reglas hasta que esa
aplicación se haya convertido en un hábito fijo. De ninguna otra forma podrá
desarrollar la necesaria «conciencia del dinero».
La pobreza es
atraída hacia la persona cuya mente es favorable a ella, mientras que el dinero
es atraído hacia la que se ha preparado deliberadamente para atraerlo, y según
las mismas leyes. La conciencia de la pobreza se apoderará de la mente que no
se ocupe de la conciencia del dinero. Una conciencia de la pobreza se
desarrolla sin aplicación consciente de hábitos favorables a la misma. La
conciencia del dinero, en cambio, se ha de crear, a menos que uno haya nacido
con ella.
Comprenda el
completo significado de las afirmaciones que se hacen en el párrafo anterior, y
habrá entendido la importancia de la persistencia en la acumulación de una
fortuna. Si no existe persistencia, se verá derrotado, incluso antes de que
haya empezado. Con la persistencia, seguro que ganará.
Si alguna vez ha
experimentado una pesadilla, se dará cuenta del valor de la persistencia. Se
encuentra usted en la cama, medio despierto, con la sensación de estar a punto
de ahogarse. No se siente capaz de voltearse o de mover un solo músculo. Se da
cuenta de que tiene que recuperar el control de su cuerpo. A través de un
esfuerzo persistente de fuerza de voluntad, se las arregla al fin para mover
los dedos de una mano. Mientras continúa
con el movimiento
de los dedos,
extiende su control
a los músculos de un brazo, hasta
que puede levantarlo. Luego, de la misma manera, consigue el control del otro
brazo. A continuación logra controlar los
músculos de una pierna, y luego
de la otra. Por último, y con un supremo
esfuerzo de voluntad, recupera el control completo de su sistema muscular, y
entonces logra escapar de su pesadilla. El truco se ha efectuado paso a paso.
CÓMO LIBRARSE DE
LA INERCIA MENTAL
Es posible
que le sea
necesario «librarse» de
su inercia mental.
Debe hacerlo mediante un procedimiento similar, con movimientos lentos al principio, para luego aumentar poco a poco
su velocidad, hasta recuperar un control completo sobre su voluntad. Sea
persistente, sin que importe la lentitud con que se mueva al principio. Con la
persistencia llegará el éxito.
Si selecciona con
cuidado a su grupo de «Master Mind», encontrará en él a una persona
por lo menos
que le ayudará
en el desarrollo
de la persistencia.
Algunos hombres
que han acumulado grandes fortunas lo hicieron impulsados por la necesidad.
Desarrollaron el hábito de la persistencia porque fueron impulsados por las
circunstancias y tuvieron que llegar a ser persistentes.
Quienes han
cultivado el hábito de la persistencia parecen disfrutar de una especie de
seguro contra el fracaso. No importan las veces que se vean derrotados; siempre
terminan por subir el último peldaño de la escalera. A veces parece como si
existiera un guía oculto cuya tarea consistiera en poner a prueba a los hombres
por medio de toda clase de experiencias descorazonadoras. Aquellos
que, después de
la derrota, se
levantan y
siguen intentando
llegar, terminan por lograrlo; entonces, el mundo entero grita: «¡Bravo! ¡Sabía
que lo conseguirías!». El guía oculto no permite que nadie disfrute de grandes
logros sin pasar por la prueba de la persistencia. Quienes no la superan
tampoco llegan a donde quieren llegar.
Aquellos que la
superan se ven recompensados por su persistencia. Como compensación a ella,
reciben la consecución del objetivo que han estado persiguiendo. ¡Pero eso no es
todo! También reciben algo
mucho más importante que la
compensación material: el conocimiento de que «cada fracaso lleva consigo la
semilla de una ventaja equivalente».
ELÉVESE POR
ENCIMA DE SUS FRACASOS
Hay excepciones a
esta regla; unas pocas personas conocen por experiencia lo sana que es la
persistencia. Son las personas que han aceptado la derrota sólo como algo
temporal. Son las personas cuyos deseos se aplican de un modo tan persistente,
que la derrota acaba por transformarse en victoria. Los que estamos observando
lo que ocurre en la vida, vemos a un número abrumadoramente grande de personas
desmoronadas por la derrota, que ya no vuelven a levantarse nunca. Vemos a los
pocos que aceptan el castigo de la derrota como una urgencia de hacer un
esfuerzo aún mayor. Estos últimos, por fortuna, nunca aprenden a aceptar los
reveses de la vida. Pero lo que no vemos, lo que la mayoría de nosotros ni
siquiera sospecha que exista, es el poder, silencioso pero irresistible, que
acude al rescate de aquellos que
siguen luchando frente
al desánimo. Si
hablamos de ese poder, lo denominamos persistencia, y lo
dejamos tal cual. Pero hay algo que todos debemos saber: si no se posee
persistencia, no se alcanza éxito notable alguno en ningún campo de actividad.
En el momento de
escribir estas líneas, levanto la cabeza de mi trabajo y veo ante mí, a menos
de una manzana de distancia, el grande y misterioso Broadway, el «Cementerio de
las esperanzas muertas» y la «Puerta delantera de la oportunidad». A Broadway
han acudido personas procedentes de todo el mundo en busca de fama, fortuna,
poder, amor, o todo aquello que los seres humanos consideran éxito. De vez en
cuando, mientras alguien abandona la larga procesión de buscadores, el inundo
recibe la noticia de que otra persona ha logrado triunfar en Broadway. Pero
Broadway no se
conquista ni con facilidad ni con rapidez. Reconoce el talento, sabe distinguir
el genio y recompensa en dinero después de que uno se haya negado a abandonar.
Sólo entonces
sabemos que esa persona ha descubierto el secreto de cómo conquistar Broadway.
Y ese secreto estará siempre indisolublemente unido a una palabra:
¡persistencia!
El secreto
se narra en
la lucha de
Fannie Hurst, cuya
persistencia le permitió
conquistar el Gran Camino Blanco. Ella llegó a Nueva York en
1915 para
transformar sus escritos en riqueza. Aunque esa transformación no se produjo de
inmediato, llegó. Durante cuatro años, la señorita Hurst conoció «las aceras de
Nueva York» a través de una experiencia de primera mano. De día trabajaba y de
noche confiaba. Cuando el futuro parecía negro, ella no se decía: «¡Muy bien,
Broadway, tú ganas!». Por el contrario, pensaba: «Muy bien, Broadway, es
posible que derrotes a algunos, pero no a mí. Yo te obligaré a que te
entregues».
Un editor (el del
Saturday Evening Post) le envió su trigesimosexta nota de rechazo antes de que
ella lograra romper el hielo y consiguiera que le publicaran una
historia. El escritor
mediocre, al igual
que todas las personas mediocres, hubiese abandonado la
tarea en cuanto hubiera recibido el primer rechazo. Ella recorrió las calles
durante cuatro años, porque estaba decidida a ganar.
Luego llegó la
recompensa. El hechizo se había roto; el guía invisible había puesto a prueba a
Fannie Hurst y ella la había superado. A partir de ese momento, los editores
recorrieron el camino hasta su puerta. El dinero llegó con tanta rapidez que
ella apenas si tenía tiempo para contarlo. Más tarde, la industria
cinematográfica la descubrió, y el dinero no llegó en un goteo, sino en oleadas.
Brevemente, acaba
de leer una descripción de lo que la persistencia es capaz de conseguir. Fannie
Hurst no es ninguna excepción. Allí donde los hombres y las mujeres acumulan
grandes riquezas, puede estar seguro de que antes han adquirido persistencia.
Broadway es capaz de dar una taza
de café y un
bocadillo a cualquier mendigo, pero exige persistencia de aquellos que apuestan
por lo alto.
Kate Smith dirá
«amén» cuando lea esto. Durante años, ella cantó, sin dinero y sin
recompensa, frente a cualquier micrófono que conseguía.
Broadway le dijo: «Ven y atrápalo, si puedes soportarlo». Ella lo soportó,
hasta que un día feliz Broadway se cansó
y dijo: «Ah, ¿de qué sirve? Obviamente
no sabes cuándo estás acabada, así que pon tu precio y ponte a trabajar en
serio». La señorita Smith indicó su precio. Y era muy alto.
USTED PUEDE
ENTRENARSE PARA SER PERSISTENTE
La persistencia
es un estado mental y, en consecuencia, se puede cultivar. Como todos
los estados mentales,
la persistencia se
basa en causas definidas, entre las que se encuentran
las siguientes:
a) Definición de
propósito. Saber lo que uno quiere es el primer paso, y quizás el más
importante hacia el desarrollo de la persistencia. Una motivación lo bastante fuerte
nos fuerza a superar muchas dificultades.
b) Deseo.
Resulta comparativamente fácil
adquirir y mantener
la persistencia en persecución del objeto de un deseo intenso.
c) Confianza en
sí mismo. Creer en la capacidad propia para llevar a cabo un plan le estimula a
uno a conseguirlo con persistencia. (Se puede desarrollar la confianza en sí
mismo por medio del principio descrito en el capítulo sobre la autosugestión.)
d) Definición de
planes. Los planes organizados, aun cuando sean débiles y poco prácticos,
estimulan la persistencia.
e) Conocimiento
exacto. La persistencia se ve estimulada por el hecho de saber que
los planes de
uno son sanos,
y que están
basados en la experiencia o en la observación; «suponer»
en lugar de «conocer» destruye la persistencia.
f) Cooperación.
La simpatía, la comprensión y la cooperación armoniosa con los demás tienden a
desarrollar la persistencia.
g) Fuerza de
voluntad. El hábito de concentrar los pensamientos propios en la construcción
de planes destinados al logro de un propósito definido conduce a la
persistencia.
h) Hábito. La
persistencia es el resultado directo del hábito. La mente absorbe y se
convierte en una parte de las experiencias diarias de las que se alimenta. El
temor, que es el peor de todos los enemigos, se puede curar con toda
efectividad por la repetición forzada de actos de valor. Todo aquel que haya
luchado en una guerra lo sabe muy bien.
HAGA SU PROPIO
«INVENTARIO DE PERSISTENCIA»
Antes de
abandonar el tema de la persistencia, haga un inventario de sí mismo y
determine en qué aspecto particular, si es que hay alguno, le falta esta
cualidad esencial. Mídase a sí mismo con valentía, punto por punto, y determine
cuántos, de los ocho factores de la persistencia, le faltan. El análisis puede
conducirle a descubrimientos que le proporcionarán una nueva comprensión de sí
mismo.
Aquí encontrará a
los verdaderos enemigos que se encuentran entre usted y un logro notable. No
sólo hallará los «síntomas» que indican una debilidad de la persistencia, sino
también las causas subconscientes profundamente arraigadas de esta debilidad.
Estudie la lista con sumo cuidado y mírese a sí mismo con honestidad si desea
realmente saber quién es usted, y qué se ve capaz de hacer. Éstas son las
debilidades que deben dominar todos aquellos que acumulan riquezas:
1. Fracaso a la
hora de reconocer y determinar con claridad y exactitud qué es lo que se desea.
2. Postergación,
con o sin causa. (Por lo general, apoyada por toda una serie de justificaciones
y excusas.)
3. Falta de
interés para adquirir conocimientos especializados.
4. Indecisión, el
hábito de «pasar la pelota» en todas las ocasiones, en lugar de abordar los
temas de frente. (Apoyada también por numerosas justificaciones.)
5. Hábito de
apoyarse en justificaciones, en vez de crear planes definidos para la solución
de los problemas.
6.
Autosatisfacción. Hay muy poco remedio para esta aflicción, y ninguna esperanza
para aquellos que la sufren.
7. Indiferencia,
habitualmente reflejada en la predisposición al compromiso en todas las
ocasiones, antes que afrontar la oposición y luchar contra ella.
8. Hábito de
achacar a otros los errores propios, y de aceptar las circunstancias
desfavorables como algo inevitable.
9. Debilidad de
deseo, a causa de la negligencia en la elección de los motivos que impelen a la
acción.
10.
Predisposición, e incluso avidez, por abandonar la lucha a la primera señal de
derrota. (Basada en uno, o en varios, de los seis temores básicos.)
11. Falta de
planes organizados, expuestos por escrito de forma que puedan ser analizados.
12. Hábito de
descuidar el moverse por ideas, o de aprovechar la oportunidad cuando se
presenta.
13. Desear en
lugar de querer.
14. Hábito de
alcanzar un compromiso con la pobreza, en lugar de aspirar a la riqueza.
Ausencia general de ambición de ser, de hacer, de poseer.
15. Buscar todos
los atajos hacia la riqueza, tratando de conseguir sin estar dispuesto a dar un
equivalente justo, lo que suele verse reflejado en el hábito del juego, y la
tendencia a buscar buenas gangas.
16. Temor a la
crítica, y fracaso a la hora de crear planes y ponerlos en práctica a
consecuencia de lo que otros piensen, hagan o digan. Este enemigo debería estar
al principio de la lista, porque, por lo general, existe en la mente
subconsciente, donde su presencia no suele ser reconocida. (Véanse los seis
temores básicos en un capítulo posterior.)
SI TIENE MIEDO A
LAS CRÍTICAS...
Examinemos
algunos de los síntomas del temor a la crítica. La mayoría de la gente permite
que parientes, amigos y público en general influyan sobre ellos de tal modo que
no son capaces de vivir su propia vida debido a su temor a la crítica.
Muchas personas
cometen un error al casarse, pero aceptan la situación y llevan una vida
miserable y desgraciada porque temen a la crítica que les ha rían si decidieran
corregir el error. (Cualquiera que se haya sometido a esta forma de temor
conoce muy bien el daño irreparable que causa, ya que destruye la ambición y el
deseo de conseguir algo.)
Millones de
personas descuidan adquirir una educación tardía adecuada porque, tras haber
abandonado los estudios, temen a la crítica.
Incontables
hombres y mujeres, tanto jóvenes como ancianos, permiten que los parientes
echen a pique sus vidas en nombre del deber, porque temen a la crítica. (El
deber no exige a ninguna persona que se someta a la destrucción de sus
ambiciones personales y del derecho a vivir su vida a su manera.)
La gente se niega
a correr riesgos en los negocios porque temen a la crítica que se les haría si
fracasaran. En tales casos, el temor a la crítica es mucho más fuerte que el
deseo de alcanzar el éxito.
Demasiadas
personas se niegan a establecer objetivos elevados, e incluso descuidan el
seleccionar una carrera, porque temen a la crítica de parientes y «amigos», los
cuales pueden decir: «No aspires tan alto, porque la gente pensará que estás loco».
Cuando Andrew
Carnegie me sugirió que dedicara veinte años a la organización de una filosofía
del logro individual, el primer impulso de mi pensamiento fue el temor a lo que
la gente pudiera decir. La sugerencia me planteaba un objetivo que iba mucho
más allá de todo lo que yo hubiera concebido. Con la rapidez de un rayo, mi
mente empezó a buscar justificaciones y excusas, todas las cuales se remontaban
al temor inherente a la crítica. Dentro de mí, algo me dijo: «No puedes
hacerlo, el trabajo es excesivo y exige demasiado tiempo, ¿qué pensarán tus
parientes de ti?
¿Cómo te ganarás
la vida? Nadie ha organizado jamás una filosofía del éxito, ¿qué derecho tienes
a pensar que puedes hacerlo? ¿Quién eres tú, en cualquier caso, para apuntar
tan alto? Recuerda tu humilde nacimiento,
¿qué sabes tú
acerca de la filosofía? La gente pensará que estás loco (y lo pensaron), ¿por
qué no lo ha hecho otra persona antes que tú?».
Estas y otras
muchas preguntas cruzaron rápidamente por mi mente y exigieron mi atención.
Parecía como si, de repente, todo el mundo hubiera vuelto su atención hacia mí,
con el propósito de ridiculizarme para que abandonase todo deseo de llevar a
cabo la sugerencia del señor Carnegie.
Tuve una
excelente oportunidad, allí mismo, en ese momento, para matar toda ambición
antes de que ganara control sobre. Más tarde, después de haber analizado a
miles de personas, descubrí que casi todas las ideas nacen muertas, y necesitan
que se les inyecte el aire de la vida por medio de planes definidos de acción
inmediata. La mejor ocasión para cuidar una idea es el momento en que nace.
Cada minuto que ésta vive le proporciona una mejor oportunidad de sobrevivir.
El temor a la crítica se encuentra en el fondo de la destrucción de la mayoría
de las ideas, que nunca alcanzarán la fase de planificación y puesta en
práctica.
LOS «GOLPES DE
SUERTE» SE PUEDEN HACER A LA MEDIDA
Muchas personas
creen que el éxito material es el resultado de «golpes de suerte». Hay un
elemento que puede sostener esta creencia, pero quienes dependen por completo
de la suerte casi siempre se verán desilusionados, porque pasan por alto otro
factor importante que debe hallarse presente antes de que uno pueda estar
seguro del éxito. Se trata del conocimiento mediante el que se pueden hacer
«golpes de suerte» a la medida.
Durante la
Depresión, W. C. Fields, el comediante, perdió todo su dinero y se encontró sin
ingresos, sin trabajo y habiendo perdido hasta los medios de ganarse la
subsistencia (el vaudeville).
Además, contaba con más de sesenta años, edad a la que muchos hombres
se consideran «viejos». Él estaba tan ansioso por conseguir un regreso a los
escenarios, que incluso se ofreció a trabajar gratis en un nuevo campo, el
cine. Además de todos sus otros problemas, se cayó y se hirió en el cuello.
Demasiadas cosas, las suficientes como para abandonar el lugar y dejarlo todo.
Pero Fields persistió. Sabía que si continuaba, antes o después, la
«casualidad» se le presentaría, y lo hizo, pero no “por casualidad.”
Marie Dressler
también se encontró en lo más bajo y arruinada; desaparecido todo su dinero,
sin trabajo, cuando tenía unos sesenta años. Ella también buscó un «golpe de
suerte» y lo encontró. Su persistencia le produjo un éxito asombroso en el último
período de su vida, mucho más allá de la edad en que la mayoría de los hombres
y de las mujeres han abandonado ya su ambición de conseguir algo.
Eddie Cantor
también perdió su dinero en el crash de la Bolsa de 1929, pero aún le quedaban
la persistencia y el valor. Dotado de estas dos armas, más dos ojos
prominentes, se explotó a sí mismo hasta alcanzar unos ingresos de 10.000
dólares semanales. Desde luego,
si uno tiene
persistencia se puede llegar muy lejos, incluso sin muchas de las otras
cualidades.
El único «golpe de suerte» en el que se puede
confiar es aquel que uno ha sabido labrarse por sí mismo. Y eso es algo que se
alcanza mediante la aplicación de la persistencia. El punto de partida siempre
es la definición del propósito.
Examine a las
primeras cien personas que encuentre, pregúnteles qué es lo que más desean en
la vida, y noventa y ocho de ellas le contestarán que no son capaces de
decírselo. Si las presiona para que le den una respuesta, algunas de ellas
dirán: seguridad; otras, dinero; unas pocas, felicidad; algunas otras,
fama y poder;
otras, reconocimiento social,
una vida cómoda, habilidad para
bailar, cantar o escribir. Pero ninguna de ellas será capaz de definir esos
términos, o de ofrecer la menor indicación acerca de la existencia de
un plan mediante el
que confían alcanzar sus
deseos, expresados de una forma tan vaga. Las riquezas no responden a
los deseos, sólo a planes definidos, apoyados por deseos concretos, alcanzados
a través de una constante persistencia.
CÓMO DESARROLLAR
LA PERSISTENCIA
Hay cuatro pasos
sencillos que conducen al hábito de la persistencia. No exigen la posesión de
una gran cantidad de inteligencia, ni una cantidad particular de educación,
sino tiempo y esfuerzo mínimos. Los pasos necesarios son:
1. Un propósito
definido apoyado por un ardiente deseo de cumplirlo.
2. Un plan
definido, expresado en una acción continua.
3. Una mente
cerrada a toda influencia y desánimo negativos, incluyendo las sugerencias
negativas de parientes, amigos y conocidos.
4. Una alianza
amistosa con una persona o más capaz de animar a uno a seguir adelante con el
plan y con el propósito.
Estos cuatro
pasos son esenciales para el éxito en todos los ámbitos de la vida. Todo el
propósito de los trece principios de esta filosofía consiste en permitirle a
uno dar estos cuatro pasos de forma que se conviertan en un hábito.
Son los pasos
mediante los que uno puede controlar su propio destino económico.
Son los pasos que
conducen a la libertad y a la independencia de pensamiento.
Son los pasos que
conducen a las riquezas, en pequeñas, o en grandes cantidades.
Son los pasos que
conducen al poder, la fama y el reconocimiento mundial.
Son los cuatro
pasos que garantizan «golpes de suerte».
Son los cuatro
pasos que convierten los sueños en realidades físicas. Son los cuatro pasos que
conducen al dominio del temor, el desánimo
y la
indiferencia.
Hay una magnífica
recompensa para todos aquellos que aprenden a dar estos cuatro pasos. Es el
privilegio de escribir lo que ha de ser la propia vida, y de conseguir que ésta
proporcione lo que se le pide.
CÓMO VENCER LAS
DIFICULTADES
¿Cuál es el poder
místico que da a los hombres de persistencia la capacidad para dominar las
dificultades? ¿Acaso la cualidad de la persistencia despierta en la mente de
uno alguna forma de actividad espiritual, mental o química que le permite el
acceso a fuerzas sobrenaturales? ¿Es que la Inteligencia Infinita se pone del
lado de la persona que prosigue la lucha, aun después de que la batalla se ha
perdido, a pesar de que todo el resto del mundo esté del lado opuesto?
Estas y otras
muchas preguntas similares surgían en mi mente a medida que observaba a hombres
como Henry Ford, que, empezando de la nada, construyó un imperio industrial de enormes proporciones,
contando al
principio con
poco más que una gran persistencia. O como Thomas A. Edison que, con menos de
tres meses de haber asistido a la escuela, se convirtió en el principal
inventor mundial y consiguió que la persistencia se transformara en el
fonógrafo, la cámara de cine y la bombilla incandescente, por no referirnos a
otro medio centenar de inventos muy útiles.
Tuve el feliz
privilegio de analizar tanto al señor Edison como al señor Ford, año tras año,
durante un largo período de tiempo, y, en consecuencia, dispuse de la
oportunidad de estudiarlos de cerca, de modo que hablo por conocimiento
personal cuando digo que no encontré en ninguno de ellos cualidad alguna,
excepto la persistencia, que explicara ni siquiera remotamente la gran fuente
de la que sus estupendos logros procedían.
Cuando se lleva a
cabo un estudio imparcial de los profetas, los filósofos, los hombres que
producen milagros y los líderes religiosos del pasado, se llega a la inevitable
conclusión de que la persistencia, la concentración del esfuerzo y la
definición del propósito fueron las grandes fuentes que les permitieron
alcanzar sus logros.
Consideremos, por
ejemplo, la extraña y fascinante historia de Mahoma; analicemos su vida,
comparémosla con la de hombres de grandes logros en esta era actual de la
industria y las finanzas, y observaremos que todos ellos tienen un rasgo común
destacado: ¡la persistencia!
Si está muy
interesado en el estudio del extraño poder que proporciona potencia a la
persistencia, lea la biografía de Mahoma, en especial la escrita por Essad
Bey. El siguiente
y breve extracto
del libro, publicado
por Thomas Sugrue en el Herald Tribune, le ofrece una visión previa de
lo mucho que les espera a quienes se tomen el tiempo de leer la historia
completa de uno de los ejemplos más asombrosos del poder de la persistencia
conocido por la civilización.
EL ÚLTIMO GRAN
PROFETA
Revisado por
Thomas Sugrue
Mahoma fue un
profeta, pero jamás hizo milagros. No fue un místico; no poseía una educación
formal; no inició su misión hasta que cumplió los cuarenta años. Cuando anunció
que era el Mensajero de Dios, portador de la palabra de la religión verdadera,
fue ridiculizado y tachado de lunático. Los niños se burlaban de él, y las
mujeres le arrojaban basura. Fue desterrado de su ciudad natal, La Meca, y sus
seguidores fueron privados de sus bienes materiales y enviados al desierto,
tras él. Después de haber predicado durante diez años no tenía nada que mostrar
excepto destierro, pobreza y ridículo. Sin embargo, antes de que otros diez
años transcurrieran, se había convertido en el dictador de toda Arabia, en
gobernante de La Meca, y en la cabeza de un nuevo mundo religioso que, con el
tiempo, se extendería hasta el Danubio y los Pirineos, antes de agotar el
impulso que él le proporcionó. Ese impulso fue de tres clases: el poder de las
palabras, la eficacia de la oración y el parentesco del hombre con Dios.
Su carrera nunca
tuvo sentido. Mahoma nació de miembros empobrecidos de una familia dirigente de
La Meca. Como quiera que La Meca era cruce de caminos del mundo, hogar de la
piedra mágica llamada la Caaba, gran ciudad comercial, centro de las rutas de
caravanas y no muy saludable, los niños eran enviados al desierto, a que fueran
criados por los beduinos. De ese modo, Mahoma fue alimentado y obtuvo fortaleza
y salud de la leche de madres nómadas y experimentadas. Atendió a las ovejas y
no tardó en ser contratado por una viuda rica como jefe de sus caravanas. Viajó
a todas las partes del mundo oriental, habló con muchos hombres de diversas
creencias y observó el declive de la cristiandad en sectas que guerreaban las
unas contra las otras. Cuando tenía veintiocho años, Khadija, la viuda, lo miró
con buenos ojos y se casó con él. El padre de ella se hubiera opuesto a ese
matrimonio, así que ella lo emborrachó y logró que diera la bendición paterna.
Durante los doce
años siguientes, Mahoma vivió como un rico comerciante, respetado y muy astuto.
Luego empezó a deambular por el desierto, y un buen día regresó con el primer
verso del Corán, y le dijo a Khadija que el
arcángel Gabriel
se le había aparecido y le había dicho que él iba a ser el
Mensajero de
Dios.
El Corán, la
palabra revelada por Dios, fue lo más cercano a un milagro que Mahoma hizo en
toda su vida. No había sido poeta; no tenía el don de la palabra. Y, sin
embargo, los versos del Corán, tal y como él los recibió y los recitó con toda
fidelidad, eran mejores que cualesquiera versos que los poetas profesionales de
las tribus pudieran producir. Eso fue un verdadero milagro para los árabes.
Para ellos, el don de la palabra era el mayor don, el poeta era todopoderoso.
Además, el Corán decía que todos los hombres eran iguales ante Dios, que el
mundo debía ser un estado democrático, el Islam. Esta herejía política, más el
deseo de Mahoma de destruir los 360 ídolos existentes en la plaza de la Caaba,
fue lo que le ganó el destierro. Los ídolos
atraían a las
tribus del desierto
a La Meca,
y eso significaba comercio. Así que los hombres de
negocios de La Meca, los capitalistas, de los que él mismo había formado parte,
se echaron sobre Mahoma. Entonces se retiró al desierto y demandó la soberanía
sobre el mundo entero.
El auge del Islam
comenzó. Del desierto surgió una llamarada que no se extinguiría: un
ejército democrático luchando
como una unidad
y preparado a morir sin
pestañear. Mahoma había invitado a
judíos y a cristianos a
unírsele, porque él
no estaba creando
una nueva religión. Estaba llamando a todos aquellos
que creían en un solo Dios a unirse en una sola fe. Si los judíos y los
cristianos hubieran aceptado su invitación, el Islam hubiese conquistado el
mundo entero. Pero no fue así. Ni siquiera aceptaron la innovación de Mahoma de
una guerra más humana. Cuando los ejércitos del profeta entraron en Jerusalén,
no mataron a una sola persona a causa de su fe. En cambio, cuando los cruzados
entraron en la Ciudad Santa, varios
siglos más tarde,
no le fue
perdonada la vida a ningún musulmán, fuera hombre, mujer o
niño. Los cristianos, no obstante, aceptaron una idea musulmana: el lugar de
aprendizaje, la universidad.
Capítulo 10
EL PODER DEL
TRABAJO EN EQUIPO
LA FUERZA
IMPULSORA
El noveno paso
hacia la riqueza
El poder es
esencial para el éxito en la acumulación de riqueza.
Los planes son
inertes e inútiles si no se dispone del poder suficiente para transformarlos en
acción. Este capítulo describirá el método mediante el que un individuo puede
obtener y aplicar poder.
Es posible
definir el poder como «conocimiento organizado e inteligentemente dirigido». El
poder, tal y como se utiliza el término aquí, se refiere al esfuerzo
organizado, suficiente para permitir a un individuo transformar el deseo en su
equivalente monetario. El esfuerzo organizado se produce a través de la
coordinación del esfuerzo de dos o más personas, que trabajan para alcanzar un
fin determinado, en un espíritu de armonía.
¡El poder es
necesario para lograr la acumulación de dinero! ¡Y también para conservar el
dinero una vez ha sido adquirido!
Averigüemos cómo
se puede adquirir
el poder. Si
el poder es
«conocimiento
organizado», examinemos las fuentes del conocimiento:
a) Inteligencia
Infinita. Podemos ponernos en contacto con esta fuente del conocimiento a
través del procedimiento descrito en otro capítulo, con la ayuda de la
imaginación creativa.
b) Experiencia
acumulada. La experiencia acumulada del hombre (o esa parte de la misma que ha
sido organizada y registrada) podemos encontrarla en cualquier biblioteca
pública bien equipada. Una parte importante de
esta experiencia acumulada
se enseña en las escuelas
y universidades públicas, donde ha sido clasificada y organizada.
c)
Experimentación e investigación. En el campo de la ciencia, así como casi en
cualquier otro ámbito de la vida, los hombres se dedican diariamente a reunir,
clasificar y organizar hechos nuevos. Ésta es la fuente a la que debemos volver
nuestra atención cuando
el conocimiento no
esté disponible a través de la «experiencia acumulada». Aquí también hay
que utilizar con frecuencia la imaginación creativa.
El conocimiento
puede ser adquirido a partir de cualquiera de las fuentes antes citadas,
y convertido en
poder mediante la
organización de ese mismo conocimiento en planes definidos, y expresando esos planes en términos de acción.
El examen de
estas tres grandes fuentes de conocimiento pone ya de manifiesto la dificultad
con la que se encontrará todo individuo que dependa exclusivamente de sus
únicos esfuerzos a la hora de reunir el conocimiento y expresarlo a través de
planes definidos en términos de acción. Si sus planes son amplios, y si
contemplan amplias proporciones, debe inducir, en general, a otros a cooperar
con él, antes de poder inyectar el necesario elemento de poder en ellos.
GANE PODER POR
MEDIO DE UN “MASTER MIND”
El «Master Mind» puede ser definido como: «coordinación de conocimiento y esfuerzo, en
un espíritu de armonía, entre dos o más personas, para el logro de un propósito
definido».
Ningún individuo
tendrá un gran poder sin tener el «Master Mind» a su disposición. En un
capítulo anterior ya se han dado instrucciones para la creación de planes para
el propósito de transformar el deseo en su equivalente monetario.
Si usted lleva
a cabo esas
instrucciones con
perseverancia e
inteligencia, y utiliza la discriminación en la selección del
«Master Mind», su
objetivo estará medio alcanzado, incluso antes de que empiece a darse cuenta de
ello.
Así pues, para
que comprenda las potencialidades intangibles del poder de que dispone mediante
un « Master Mind » adecuadamente seleccionado, explicaremos aquí las dos
características del principio del « Master Mind », una de las cuales es de
naturaleza económica, y la otra, de naturaleza psíquica. La característica
económica resulta evidente. Cualquier persona podrá conseguir
ventajas económicas rodeándose del asesoramiento, el consejo y la cooperación de
un grupo de personas dispuestas a prestarle una ayuda honesta, en un espíritu
de perfecta armonía. Esta forma de alianza cooperativa ha sido el fundamento de
casi todas las grandes fortunas. Su comprensión de esta gran verdad puede
llegar a determinar definitivamente su estatus financiero.
La fase psíquica
del principio del « Master Mind » es mucho más difícil de captar. Quizás usted
pueda admitir una sugerencia significativa a partir de la siguiente afirmación:
«No hay dos mentes que se unan sin crear por ello una tercera fuerza invisible
e intangible que puede enlazar con una tercera mente».
La mente humana
es una forma de energía, una parte de la cual es de naturaleza espiritual.
Cuando las mentes de dos personas se coordinan en un espíritu de armonía, las
unidades espirituales de energía de cada mente forman una afinidad, que
constituye la fase «psíquica» del «Master Mind».
Hace ya más de
cincuenta años, Andrew Carnegie fue el primero en llamar mi atención sobre el
principio del «Master Mind», o más bien sobre la característica económica del
mismo. El descubrimiento de este principio fue el responsable de la elección
del trabajo de mi vida.
El «Master Mind»
del señor Carnegie estaba compuesto por unos cincuenta hombres, de los que él
se supo rodear con el propósito definido de fabricar y vender acero. Él
atribuía toda su fortuna al poder acumulado a través de ese «Master Mind».
Si se analiza la
historia de cualquier hombre que haya acumulado una gran fortuna, y
las de muchos
de aquellos que
han acumulado fortunas modestas, se descubrirá que todos
ellos han empleado conciente o inconscientemente el principio del «Master
Mind».
¡No se puede acumular ningún gran poder por medio de
ningún otro principio!
CÓMO MULTIPLICAR
EL PODER DE SU CEREBRO
El cerebro del
hombre es comparable con una batería eléctrica. Es un hecho bien conocido que
un grupo de baterías eléctricas proporcionarán más
energía que una sola de ellas. También es un hecho bien conocido que toda batería
individual proporcionará energía en proporción al número y capacidad de las
células que contiene.
El cerebro
funciona de una forma similar. Esto explica el hecho de que algunos cerebros
sean más eficientes que otros, y conduce a la siguiente e importante
afirmación: un grupo de cerebros coordinados (o conectados) en un espíritu de
armonía proporcionarán más energía de pensamiento que un solo
cerebro, del mismo modo que un
grupo de baterías eléctricas proporcionarán más
energía que una sola batería.
A través de esta
metáfora se hace evidente que el principio del «Master Mind» contiene el
secreto del poder obtenido por hombres que se saben rodear de otras personas
con cerebro.
De ello se
desprende otra afirmación que nos conducirá a una comprensión más exacta de la
fase psíquica del principio del «Master Mind»: cuando un grupo de
cerebros individuales se
coordina y funciona
en armonía, la energía generada
incrementada por esa alianza se transforma en algo que está a disposición de
cada uno de los cerebros individuales que forman parte del grupo.
Es un hecho bien
conocido que Henry Ford empezó su carrera empresarial con el
obstáculo de la
pobreza, la falta
de erudición y
la ignorancia.
También es un
hecho bien conocido que en el inconcebible corto término de diez años,
el señor Ford
logró superar esos
tres obstáculos, y que
veinticinco años más tarde se había convertido en uno de los hombres más ricos
de Estados Unidos. Si relacionamos con este hecho el conocimiento adicional de
que los progresos más rápidos del señor Ford se hicieron patentes a partir del
momento en que se convirtió en amigo personal de Thomas A.
Edison, empezaremos a
comprender cuál puede
ser la influencia de una mente
sobre la otra. Avancemos un paso más, y consideremos el hecho de que los logros
más extraordinarios del señor Ford empezaron a producirse tras haber conocido a
Harvey Firestone, John Burroughs y Luther Burbank (cada uno de los cuales era
un hombre de gran capacidad cerebral), y habremos encontrado nuevas pruebas de
que el poder se puede producir mediante la amistosa alianza de las mentes.
Los hombres
participan de la naturaleza y los hábitos y el poder de pensamiento de aquellos
con quienes se asocian en un espíritu de simpatía y armonía. A través de su
asociación con Edison, Burbank, Burroughs y Firestone, el señor Ford añadió al
poder de su propio cerebro la suma y la sustancia de la inteligencia, la
experiencia, el conocimiento y las fuerzas espirituales de
esos cuatro hombres.
Es más, se
apropió y utilizó
el principio del «Master Mind» a través de los métodos de procedimiento
descritos en este libro.
¡Y ese mismo
principio también está disponible para usted!
Ya hemos
mencionado antes al Mahatma Gandhi.
Estudiemos ahora
el método por el que obtuvo su enorme poder. Eso es algo que es posible
explicar con pocas palabras. Obtuvo poder al haber sabido inducir a más de
doscientos millones de personas para que se coordinaran, física y mentalmente,
en un espíritu de armonía para alcanzar un propósito definido.
En resumen,
Gandhi logró un verdadero milagro, pues eso es lo que sucede cuando se consigue
que doscientos millones de personas se vean inducidas
-no forzadas- a
cooperar en un espíritu de armonía. Si usted duda de que eso sea un milagro,
intente inducir a dos personas, sean las que fueren, a
que cooperen en
un espíritu de armonía durante cualquier período de tiempo prolongado.
Toda persona que
dirige una empresa sabe muy bien lo difícil que resulta que los empleados
trabajen juntos en un espíritu parecido, aunque sólo sea remotamente, a la
armonía.
La lista de las
fuentes principales de las que se puede obtener poder está encabezada, como ya
hemos visto, por la Inteligencia Infinita. Cuando dos o más personas se
coordinan en un espíritu de armonía, y trabajan juntas para alcanzar un
objetivo definido, se sitúan a sí mismas, por medio de esa alianza, en posición
de absorber poder directamente de la gran reserva universal de la Inteligencia
Infinita. Se trata de la mayor fuente de poder que existe. Es la fuente hacia
la que el genio y todos los grandes líderes se vuelve (tanto si ellos son
conscientes de ese hecho, como si no).
Las otras
dos grandes fuentes
de las que
es posible obtener
el conocimiento, necesario para la acumulación de poder, no son ni más
ni menos fiables que los cinco sentidos del hombre. Y todos sabemos que los
sentidos no siempre son fiables.
En capítulos
posteriores se describirán adecuadamente los métodos mediante los que se puede
contactar con mayor facilidad con la Inteligencia Infinita.
Éste no es ningún
curso de religión. Ninguno de los principios fundamentales descritos en este
libro debería interpretarse como algo que tiene la intención de interferir con
los hábitos religiosos de cualquier persona, ya sea de forma directa o
indirecta. Este libro tiene el exclusivo propósito de instruir al lector acerca
de cómo transformar el propósito definido del deseo de obtener dinero en su
equivalente monetario.
Lea, píense y
medite a medida que vaya leyendo. El tema no tardará en desplegarse ante
usted en su
conjunto, y entonces
podrá ver con la
necesaria perspectiva. Lo que está viendo ahora son los detalles de cada uno de
los capítulos individuales.
EL PODER DE LAS
EMOCIONES POSITIVAS
El dinero es
tímido y elusivo. Tiene que ser procurado y obtenido por métodos no muy
distintos a los que emplea una persona enamorada y decidida, que persigue a la
pareja de sus sueños. Coincidiendo con ello, el poder utilizado en el acto de
«cortejar» al dinero no se diferencia en mucho del que se utiliza para cortejar
a una mujer. Para que ese poder se utilice con éxito en la obtención del
dinero, debe ser mezclado con la fe. Debe ser mezclado con el deseo. Debe ser
mezclado con la persistencia. Debe ser aplicado mediante un plan, y ese plan
debe ser puesto en acción.
Cuando el dinero
aparece en grandes cantidades, fluye hacia aquel que lo acumula con la misma
facilidad con que el agua fluye hacia abajo. Existe una gran corriente
invisible de poder que puede compararse con la de un río, excepto que una parte
fluye en una dirección, y se lleva consigo a todos los que se encuentran en ese
lado de la corriente, en dirección a la riqueza; y la otra lo hace en la
dirección opuesta, y se lleva hacia la miseria y la pobreza a todos los que no
logran salir de ella.
Todo aquel que
haya acumulado una gran fortuna ha reconocido la existencia de esta corriente
de la vida. Consiste en un proceso de pensamiento. Las emociones positivas del
pensamiento forman el lado de la corriente que le lleva a uno hacia la fortuna.
Las emociones negativas forman el lado de la corriente que le lleva a uno hacia
la pobreza.
Esto contiene un
pensamiento de una gran importancia para toda aquella persona que esté
siguiendo este libro con el propósito de acumular una fortuna.
Si se encuentra
usted en el lado de la corriente de poder que conduce a la pobreza, esto puede
servirle como una especie de remo, mediante el cual impulsarse a sí mismo hacia
el otro lado de la corriente. Pero sólo le servirá mediante la aplicación y el
uso. La simple lectura y juicio sobre lo que lee, ya sea en un sentido o en
otro, no le beneficiará en nada.
La pobreza y la
riqueza suelen cambiar de lugar. Cuando la riqueza ocupa el lugar de la
pobreza, el cambio se produce a través de planes bien concebidos y
cuidadosamente ejecutados. La pobreza, en cambio, no necesita de plan alguno.
No necesita que la ayuden, porque es enérgica y ruda. En cambio, la riqueza es reservada
y tímida, y, por lo tanto, tiene que ser «atraída».
LA FELICIDAD
SE ENCUENTRA EN
HACER, NO SÓLO
EN POSEER
Capítulo 11
EL MISTERIO DE LA
TRANSMUTACIÓN DEL SEXO
El décimo paso
hacia la riqueza
El significado de
la palabra «transmutar» es, en lenguaje sencillo, «el cambio, o transferencia,
de un elemento, o forma de energía, en otro».
La emoción del
sexo produce un cierto estado mental.
Debido a la
ignorancia que se tiene sobre el tema, este estado mental suele asociarse con
el físico, y
debido a influencias
incorrectas a las
que la mayoría de las personas
han estado sometidas en el proceso de adquisición de conocimiento sobre el sexo,
han dejado bastante de lado los aspectos mentales.
La emoción del
sexo tiene en el fondo de sí misma la posibilidad de tres potencialidades
constructivas, que son:
1. La perpetuación de la humanidad.
2. El mantenimiento de la salud (no tiene
parangón como agente terapéutico).
3. La transformación de la mediocridad en genio
a través de la transmutación.
La transmutación
del sexo es fácil y sencilla de explicar. Significa el cambio de la mente desde
pensamientos de expresión física, a pensamientos de alguna otra naturaleza.
El deseo sexual
es el más poderoso de los deseos humanos. Cuando los hombres se ven impulsados
por él, desarrollan agudeza de imaginación, valor, fuerza de voluntad,
perseverancia y habilidad creativa desconocidos para ellos en otras ocasiones.
El deseo del contacto sexual es tan fuerte e impulsor, que
los hombres llegan
a arriesgar su
propia vida y su
reputación para calmarlo. Esta fuerza motivadora, cuando es controlada y
dirigida hacia otras líneas, conserva todos sus atributos de agudeza de
imaginación, valor, etc.,
que pueden ser
utilizados entonces como poderosas fuerzas creativas en la
literatura, en el arte o en cualquier profesión o empresa, incluyendo, desde
luego, la acumulación de riquezas.
La transmutación
de la energía sexual exige el ejercicio de la fuerza de voluntad, pero vale la
pena hacer el esfuerzo a cambio de la recompensa. El deseo de expresión sexual
es innato y natural. Ese deseo no puede ni debe ser sumergido ni eliminado.
Pero debe proporcionársele una vía de salida a través de formas de expresión
que enriquezcan el cuerpo, la mente y el espíritu del hombre. Si no se le
proporciona esa vía de salida, por medio de la
transmutación, buscará vías
de salida mediante
canales puramente físicos.
Si se controla el
agua de un río durante un tiempo, es posible construir una presa; pero, en
último término, el río buscará una salida. Lo mismo puede decirse de la emoción
del sexo. Puede quedar sumergida y ser controlada durante un tiempo, pero su
propia naturaleza hace que ande siempre a la búsqueda de medios de expresión.
Si no se transforma en algún otro esfuerzo creativo, encontrará una vía de
salida mucho menos valiosa.
RELACIÓN DE
REALIZACIÓN EN NATURALEZAS SEXUALES ALTAMENTE DESARROLLADAS
La persona que ha
descubierto cómo proporcionar a la emoción sexual una vía de salida a través de
alguna forma de esfuerzo creativo puede considerarse muy afortunada.
La investigación
científica ha puesto de manifiesto los siguientes hechos significativos:
1. Los hombres
que han alcanzado mayores logros son aquellos que han desarrollado elevadas
naturalezas sexuales; hombres que han aprendido el arte de la transmutación
sexual.
2. Los hombres
que han acumulado grandes fortunas y alcanzado un reconocimiento destacado en
la literatura, el arte, la industria, la arquitectura y las profesiones, fueron
motivados por la influencia de una mujer.
La investigación
a partir de la cual se hicieron estos descubrimientos se basó en páginas de
biografía e historia de más de dos mil años. Cada vez que se encontraban
pruebas en relación con las vidas de hombres y mujeres que habían alcanzado
grandes logros, éstas indicaban de un modo muy convincente que esas personas
poseían naturalezas sexuales muy desarrolladas.
La emoción del
sexo es una «fuerza irresistible» contra la cual no puede haber una oposición
como la de un «cuerpo inamovible». Cuando se ven impulsados por esta emoción,
los hombres se hallan dotados de un superpoder para la acción. Una vez usted
haya comprendido esta verdad, habrá
captado el significado
de la afirmación
según la cual
la transmutación sexual contiene el secreto de la habilidad creativa.
Destruya las
glándulas sexuales, ya sea en el hombre o en el animal irracional, y habrá
eliminado la mayor fuente de acción. Como prueba de ello, observe lo que sucede
con cualquier animal que haya sido castrado.
Después de haber
sido sexualmente alterado, un toro bravo se convierte en un animal tan dócil
como una vaca. La alteración sexual le priva al macho, ya sea hombre o bestia,
de toda la capacidad de lucha que lleva dentro. La alteración sexual de la
hembra tiene el mismo efecto.
LOS DIEZ
ESTÍMULOS DE LA MENTE
La mente humana
responde a estímulos por medio de los cuales puede ser
«excitada» para
alcanzar elevados grados de vibración, conocidos como entusiasmo, imaginación
creativa, deseo intenso, etc. Los estímulos a los que la mente responde con
mayor libertad son:
1. El deseo de
expresión sexual.
2. Amor.
3. Un
deseo ardiente de alcanzar fama, poder
o ganancias financieras, dinero.
4. Música.
5. Amistad entre
personas del mismo sexo, o con las del sexo opuesto.
6. Una alianza de
«Master Mind» basada en la armonía de dos personas o más que se alían entre sí
para el progreso espiritual o temporal.
7. El sufrimiento
mutuo, como el experimentado por personas que se ven perseguidas.
8. Autosugestión.
9. Temor.
10. Narcóticos y
alcohol.
El deseo de
expresión sexual se encuentra a la cabeza de la lista de estímulos, por ser el
que con mayor efectividad «eleva» la mente e iniciar el giro de las «ruedas» de
la acción física. Ocho de los estímulos de esta lista son naturales y constructivos.
Dos de ellos son destructivos. Esta lista se ha presentado aquí con el
propósito de permitir que usted efectúe un estudio comparativo de las grandes
fuentes de la estimulación mental. A partir de ese estudio, verá con facilidad
que la emoción del sexo es, con mucha ventaja, el más intenso y poderoso de
todos los estímulos mentales.
Algún sabiondo
dijo que un genio es un hombre que «lleva el cabello largo, come con descuido,
vive solo y sirve de objetivo para quienes hacen los chistes». Una definición
mucho mejor de un genio es: «un hombre que ha descubierto cómo incrementar la
intensidad de pensamiento hasta el punto de poder comunicarse libremente con
fuentes de conocimiento no disponibles a través de la proporción ordinaria del
pensamiento».
Cualquier persona
que piense querrá hacer más preguntas referentes a esta definición de lo que es
un genio. La primera pregunta a plantear sería:
«¿Cómo puede uno
comunicarse con las fuentes del conocimiento que no estén disponibles a través
del pensamiento ordinario?».
La siguiente
pregunta sería: «¿Hay fuentes de conocimiento conocidas que sólo estén
disponibles para los genios y, en tal caso, cuáles son esas fuentes y cómo se
las puede alcanzar exactamente?».
Aportaremos
pruebas que usted podrá utilizar como evidencia, a través de la experimentación
propia, y al hacerlo así, también contestaremos a esas dos preguntas.
EL «GENIO» SE
DESARROLLA A TRAVÉS DEL SEXTO SENTIDO
La realidad de la
existencia del sexto sentido ha sido bastante bien establecida ya. Este sexto
sentido es la imaginación creativa. La facultad de la imaginación creativa es
algo que la mayoría de la gente no utiliza nunca a lo largo de su vida, y si lo
hace suele sucederles por mero accidente. Un número de personas relativamente
pequeño utiliza la facultad de la imaginación creativa con deliberación y
propósito premeditado. Quienes utilizan
esta facultad voluntariamente, y
quienes comprenden sus funciones, son genios.
La facultad de la
imaginación creativa es el vínculo directo de unión entre la mente finita del
hombre y la Inteligencia Infinita. Todas las denominadas revelaciones, a las
que uno se refiere en el ámbito de la religión, y todos los descubrimientos de
principios básicos o nuevos en
el campo de la
invención, se producen
por medio de
la facultad de
la imaginación creativa.
DE DONDE SURGEN
LOS «PRESENTIMIENTOS»
Cuando en la
mente de una persona surgen ideas o conceptos, a través de lo que popularmente se
denomina un «presentimiento», o intuición, éstos proceden de una, o más, de las
siguientes fuentes:
1. La
Inteligencia Infinita.
2. El propio
subconsciente, donde se halla almacenada toda impresión sensorial y todo
impulso de pensamiento que ha llegado alguna vez al cerebro a través de
cualquiera de los cinco sentidos.
3. De la mente de
alguna otra persona que acaba de expresar el pensamiento, o que esboza o
describe la idea o concepto a través del pensamiento conciente.
4. Del almacén
subconsciente de la otra persona.
No existen otras
fuentes conocidas de las
que se puedan recibir ideas
«inspiradas» o
«presentimientos».
Cuando la acción
del cerebro ha sido estimulada por medio de uno, o más, de los
diez estímulos mentales, esa
acción tiene el
efecto de elevar
al individuo muy por encima del horizonte del pensamiento ordinario, y
le permite vislumbrar distancia, perspectiva y calidad de pensamientos no
disponibles en el plano inferior, como los que se producen cuando uno se halla
enfrascado en la solución de los problemas de la rutina empresarial y
profesional.
Cuando uno se
eleva hasta ese nivel de pensamiento más alto por medio de cualquier forma de
estimulación mental, un individuo ocupa casi la misma posición que otro que ha
ascendido en un avión hasta una altura desde la que puede observar más allá de
la línea del horizonte que limita su campo de visión cuando se encuentra en
tierra. Es más, mientras se encuentra en ese nivel de pensamiento elevado, el
individuo no se ve atado por ninguno de los estímulos que circunscriben y
limitan su visión mientras afronta los problemas de ganar lo suficiente para
cubrir las tres necesidades básicas que tiene planteadas: alimento, ropa y
cobijo. Se encuentra entonces en un mundo de pensamiento del que se han
eliminado con tal efectividad los pensamientos cotidianos y ordinarios, como lo
están los valles y colinas y otras limitaciones de la visión física para el que
se encuentra en un avión.
Mientras se encuentra
en este plano exaltado del pensamiento, la facultad creativa de la mente
obtiene libertad para la acción. De ese modo se ha despejado el camino para el
funcionamiento del sexto sentido. El individuo se vuelve receptivo a ideas que
no hubieran acudido a su mente en otras circunstancias. El «sexto sentido» es
la facultad que marca la diferencia entre un genio y un individuo ordinario.
EL INCREMENTO DE
LA CAPACIDAD CREATIVA
La facultad
creativa se hace
más alerta y
receptiva a factores
que se originan fuera del
subconsciente del individuo, y ello sucede en mayor medida cuanto más se la
utiliza, y más se basa en ella el individuo para plantearle exigencias de
impulsos para el pensamiento. Esta facultad se puede cultivar y desarrollar
sólo a través del uso.
Aquello que
conocemos como «conciencia» opera por completo a través de la facultad del
sexto sentido. Los grandes artistas, escritores, músicos y poetas llegaron a
serlo porque adquirieron la costumbre de confiar en «la pequeña voz silenciosa»
que nos habla desde dentro a través de la facultad de la imaginación creativa.
Se trata de un hecho bien conocido por las personas que poseen una imaginación
«aguda» el que sus mejores ideas proceden de los denominados «presentimientos».
Hay un gran
orador que no alcanza su grandeza hasta que no cierra los ojos y empieza a
confiar por completo en la facultad de la imaginación creativa. Cuando se le
preguntó por qué cerraba los ojos justo antes del clímax de su oratoria,
contestó: «Lo hago porque entonces hablo a través de ideas que me llegan desde
dentro».
Uno de
los financieros mejor
conocidos y de
mayor éxito de
Estados Unidos tenía el hábito de cerrar los ojos durante dos o tres
minutos antes de tomar una decisión. Cuando se le preguntó por qué lo hacía,
contestó:
«Con los ojos
cerrados soy capaz de usar una fuente de inteligencia superior».
CÓMO UN INVENTOR
ALCANZÓ SUS MEJORES IDEAS
Mediante el
proceso de cultivar
y utilizar la
facultad creativa, el ya
fallecido doctor Elmer R. Gates, de Chevy Chase, Maryland, creó más de
200 patentes
útiles. Su método
es significativo e
interesante al mismo tiempo para todo aquel que se sienta
interesado por alcanzar el estatus de genio, a cuya categoría perteneció el
doctor Gates, sin el menor género de dudas. El doctor Gates fue uno de los
científicos más grandes del mundo, aunque menos conocidos del gran público.
En su laboratorio
disponía de lo que él denominaba su «sala de comunicación personal». Era una
estancia a prueba de ruidos, y dispuesta de tal modo que todo destello de luz
podía ser eliminado. Estaba equipada con una pequeña mesa, sobre la que siempre
tenía una libreta. Delante de la mesa, en la pared, había un botón eléctrico que
controlaban las luces. Cuando el doctor Gates quería usar las fuerzas
disponibles para él a través de su imaginación creativa, entraba en la sala, se
sentaba ante la mesa, apagaba las luces y se concentraba en los factores
conocidos del invento en el que estaba trabajando; allí permanecería en esa
posición hasta que las ideas empezaban a
aparecer en su mente en
conexión con los factores desconocidos del invento.
En cierta
ocasión, las ideas acudieron a su mente con tal rapidez que se vio obligado a
escribir durante casi tres horas. Cuando los pensamientos dejaron de fluir y
examinó las notas que había tomado, descubrió que contenían una minuciosa
descripción de principios sin parangón alguno entre los datos conocidos del
mundo científico. Además, la respuesta a su problema quedó inteligentemente
presentada en aquellas notas.
El doctor
Gates se ganaba
la vida «sentándose
para recibir ideas» destinadas a individuos y
corporaciones. Algunas de las más grandes empresas estadounidenses le pagaron
importantes cantidades por hora, sólo por «sentarse para recibir ideas».
La facultad de
razonamiento suele resultar defectuosa porque, en buena medida, se ve guiada
por la experiencia acumulada. No todo el conocimiento que uno acumula por medio
de la experiencia es exacto. Las
ideas recibidas a
través de la facultad creativa son mucho más fiables, por la sencilla razón de
que proceden de fuentes más fiables que cualquier otra que esté disponible para
la facultad de razonamiento de la mente.
LOS MÉTODOS
UTILIZADOS POR LOS GENIOS ESTÁN DISPONIBLES PARA USTED
La principal
diferencia entre el genio y el excentrico inventor ordinario puede hallarse en
el hecho de que el primero trabaja a través de su facultad de imaginación creativa,
mientras que el «excéntrico» no sabe nada de esa facultad. El inventor
científico hace uso tanto de la facultad sintética como de la facultad creativa
de la imaginación.
Por ejemplo, el
inventor científico, cuando empieza un invento, organiza y combina las ideas
conocidas o los principios acumulados gracias a la experiencia, empleando para
ello su facultad sintética (la facultad de razonamiento). Si
descubre que ese
conocimiento acumulado es insuficiente para llevar a cabo su invento,
entonces utiliza las fuentes de conocimiento de que dispone a través de su
facultad creativa. El método que emplea varía con cada individuo; pero éste es,
en esencia, el procedimiento:
1. Estimula su
mente de modo que funcione en un plano superior al normal, y para ello utiliza
alguno de los diez estímulos mentales, u otro estimulante de su elección.
2. Se concentra
en los factores conocidos (la parte terminada) de su invento, y crea en su
mente una imagen perfecta de los factores desconocidos (la parte no acabada) de
su invento. Conserva esa imagen en su mente hasta que ha sido captada por el
subconsciente; luego se relaja, elimina toda clase de pensamiento y espera a
que la respuesta que busca surja en su mente.
A veces, los
resultados son definitivos e inmediatos. En otras ocasiones, los resultados son
negativos, dependiendo del estado de desarrollo del sexto sentido, o de la
facultad creativa.
El señor Edison
probó más de 10.000 combinaciones diferentes de ideas a través de la facultad
sintética de su imaginación, antes de «conectar» con la facultad creativa, y
entonces fue cuando encontró la respuesta que le permitió perfeccionar la
lámpara incandescente. Su experiencia fue similar cuando inventó el fonógrafo.
Existen numerosas
pruebas fiables de la existencia de la facultad de la imaginación creativa.
Disponemos de esas
pruebas gracias al
análisis exacto de personas que se han convertido en líderes en sus
campos de actuación, sin haber tenido una educación muy amplia. Lincoln fue un
notable ejemplo de un gran líder que alcanzó la grandeza a través del
descubrimiento y el uso de esa facultad de la imaginación creativa. Descubrió y
empezó a utilizar esta facultad como resultado de la estimulación del
amor, que experimentó después de
haber conocido a Atine Rudedge, una afirmación de la más
alta importancia en conexión con el estudio de la fuente del genio.
LA FUERZA
IMPULSORA DEL SEXO
Las páginas de la
historia están llenas de casos de grandes líderes cuyos logros se basaron en la
influencia de mujeres que despertaron en ellos las facultades creativas de sus
mentes a través del estímulo sexual.
Napoleón
Bonaparte fue uno de ellos. Cuando se sintió inspirado por su primera esposa,
Josefina, fue irresistible e invencible. Cuando su «mejor juicio», o
su facultad de
razonamiento, lo impulsó
a dejar de
lado a Josefina, empezó a
declinar. Su derrota y su destierro en Santa Elena no estaban lejanos.
Si el buen gusto
nos lo permitiera, podríamos mencionar a un gran número de hombres, bien
conocidos en Estados Unidos, que alcanzaron grandes éxitos bajo
la estimulante influencia de sus
esposas, sólo para
caer en picado hacia la
destrucción cuando el dinero y el poder se les subieron a la cabeza y dejaron
de lado a su vieja esposa por otra mujer. Napoleón no fue el único hombre en
descubrir que la influencia sexual, procedente de una
fuente correcta,
es mucho más poderosa que cualquier sustituto de la conveniencia que pueda crearse
sólo por la razón.
¡La mente humana
responde al estímulo!
Entre los más
grandes y poderosos estímulos se encuentra el del sexo. Cuando se la controla y
se la transmuta, esta fuerza impulsora es capaz de elevar a los hombres a esa
más alta cota de pensamiento que les permite dominar las fuentes de la
preocupación y las pequeñas molestias que se interponen en su camino en el
plano inferior.
Con el único propósito de refrescar la
memoria, y en relación con
los hechos de que disponemos a partir de las biografías de ciertos
hombres, presentamos a continuación los nombres de unos pocos hombres de éxito
extraordinario, de cada uno de los cuales se sabe que poseyó una elevada
naturaleza sexual. El genio, que era indiscutiblemente suyo, encontró su fuente
de poder en la energía sexual transmutada:
GEORGE
WASHINGTON THOMAS
JEFFERSON NAPOLEÓN BONAPARTE
ELBERT HUBBARD WILLIAM
SHAKESPEARE ELBERT
H. GÁRY ABRAHAM LINCOLN WOODROW WILSON RALPH WALDO
EMERSON JOHN H.
PATTERSON ROBERT BURNS ANDREW
JACKSON
ENRICO CARUSO
El propio
conocimiento de que usted disponga acerca de las biografías de los grandes
hombres le permitirá engrosar esta lista. Encuentre, si puede, a un solo hombre
en toda la historia de la civilización que alcanzara un éxito extraordinario en
cualquier campo y que no se viera impulsado por una naturaleza sexual bien
desarrollada.
Si no quiere
fiarse de las biografías de hombres que han muerto, haga un inventario de
aquellos que usted conozca como hombres de grandes logros, y vea si puede
descubrir entre ellos a uno solo que no posea una elevada naturaleza sexual.
La sexualidad es
la energía creativa de todos los genios. Nunca ha existido, ni existirá, un
gran líder, constructor o artista al que le falte esa fuerza impulsora del
sexo.
Seguramente que
nadie malinterprete estas afirmaciones en el sentido de que todos los que
poseen una elevada naturaleza sexual son genios. El hombre alcanza sólo el
estatus de genio cuando estimula su mente de tal forma que
puede usar las
fuerzas disponibles a
través de la
facultad creativa de la
imaginación. La energía
sexual es el
principal de los estímulos capaz de producir este
«ascenso». La simple posesión de
esa energía no basta para producir un genio. La energía tiene que ser
transmutada de un deseo de contacto físico en alguna otra forma de deseo y
acción, antes de que le eleve a uno al estatus de genio.
Lejos de
convertirse en genios gracias a unos grandes deseos sexuales, la mayoría de los
hombres se degradan a sí mismos con una mala interpretación y utilización de
esa gran fuerza, hasta alcanzar el estatus de animales inferiores.
POR QUÉ LOS
HOMBRES RARA VEZ ALCANZAN EL ÉXITO ANTES DE LOS CUARENTA
A partir del
análisis de más de 25.000 personas, descubrí que los hombres que alcanzan el
éxito de una forma destacada, raras veces lo hacen antes de cumplir los
cuarenta años, y muy a menudo no emprenden su verdadero paso hasta mucho más
allá de los cincuenta. Este hecho me resultó tan sorprendente que me impulsó a
revisar su causa con mayor cuidado.
Ese estudio puso
de manifiesto el hecho de que la razón principal por la que la gran mayoría de
los hombres que tienen éxito no empiezan a alcanzarlo antes de los cuarenta o
de los cincuenta años es debida a su tendencia a disipar sus energías a través
de una excesiva complacencia en la expresión física de la emoción del sexo. La
mayoría de los hombres nunca aprende que la urgencia del sexo tiene otras
posibilidades que transcienden con mucho en importancia de la simple expresión
física. A la mayoría les viene
este descubrimiento después de haber
despilfarrado
muchos años, en
un período en el que la energía sexual se encuentra en su punto más alto, antes
de los cuarenta y cinco o los cincuenta años. Habitualmente, a ese período
sigue otro de logros notables.
Las vidas de
muchos hombres cercanos a la cuarentena, o que ya la han dejado atrás, refleja
una continuada disipación de energías, que podrían haber sido dirigidas con
mucho más provecho hacia canales mejores. Extienden de manera alocada sus
emociones más exquisitas y poderosas a los cuatro vientos.
El deseo de
expresión sexual es, con gran diferencia, el más fuerte e impulsor de todas las
emociones humanas, y, por esa misma razón, cuando ese deseo se controla y se
transmuta en acción en lugar de en expresión física, puede elevarle a uno hacia
la consecución de grandes logros.
EL MAYOR DE TODOS
LOS ESTIMULANTES DE LA MENTE
En la historia no
faltan ejemplos de hombres que alcanzaron el estatus de genio como resultado
del uso de estimulantes mentales artificiales, ya sea en forma de alcohol o de
narcóticos. Edgar Allan Poe escribió “El cuervo” cuando se hallaba bajo la
influencia del licor, «soñando sueños que ningún mortal se atrevió a soñar
jamás». James Whitcomb Riley escribió lo mejor de su producción literaria
hallándose bajo la influencia del alcohol. Quizá fuera así como viera «el
ordenado entrelazamiento de lo real y del sueño, el molino por encima del río y
la niebla por encima de la corriente». Robert Burns escribió sus mejores
páginas estando intoxicado. «Por los tiempos de antaño, cariño mío,
tomaremos una taza de
amabilidad ahora, por los tiempos de antaño».
Pero recordemos
también que muchos de esos hombres terminaron por destruirse a sí mismos. La
naturaleza ha preparado sus propios venenos con los que los hombres pueden
estimular sus mentes para conectar con esos
pensamientos, exquisitos y
raros, que proceden...
¡nadie sabe de dónde! Jamás se ha encontrado sustitutivo
alguno satisfactorio de los estimulantes naturales.
Es un hecho bien
conocido por los psicólogos que existe una relación muy estrecha entre los
deseos sexuales y las urgencias espirituales, un hecho que explica el
comportamiento peculiar de la gente que participa en las orgías como
«renacimientos» religiosos, comunes entre los pueblos primitivos.
Las emociones
humanas son las que gobiernan el mundo y las que establecen el destino de
la civilización. La gente se
ve influida en sus acciones no por la razón, sino por los
«sentimientos». Las emociones, y no la razón fría, son las que ponen en
movimiento toda la facultad creativa de la mente. Y la más poderosa de todas
las emociones humanas es la del sexo. Hay otros estímulos mentales, algunos de
los cuales hemos citado, pero ni uno solo de ellos, ni todos ellos combinados,
puede igualar el poder impulsor del sexo.
Un estimulante
mental es cualquier fuerza que aumente de forma temporal o permanente
la intensidad del
pensamiento. Los diez
grandes estimulantes descritos con anterioridad son aquellos a los que
se recurre con mayor frecuencia. A través de estas fuentes podemos comunicarnos
con la Inteligencia Infinita, o penetrar a voluntad en el almacén del
subconsciente, ya sea del propio o del de otra persona, un procedimiento que es
todo lo que caracteriza al genio.
EL ALMACÉN DEL
MAGNETISMO PERSONAL
Un profesor, que
ha entrenado y dirigido los esfuerzos de más de 30.000 vendedores, hizo el
asombroso descubrimiento de que los vendedores más eficientes son aquellos que
poseen una elevada naturaleza sexual.
La explicación la
encontramos en el hecho de que el factor de la personalidad conocido
como «magnetismo personal»
no es ni
más ni menos que energía sexual.
Las personas de elevada naturaleza sexual poseen siempre una gran reserva de
magnetismo. Esta fuerza vital puede ser utilizada, a través del cultivo y la
comprensión de la misma, como un elemento de gran ventaja en las relaciones
entre las personas. Es posible comunicar esa energía a los demás a través de
los siguientes medios:
1. El
apretón de manos.
El contacto de
la mano indica
al instante la presencia de magnetismo, o la falta del
mismo.
2. El tono de
voz. El magnetismo, o la energía sexual, es el factor capaz de colorear la voz,
o hacerla musical y encantadora.
3. Postura y
porte del cuerpo. Las personas de elevada naturaleza sexual se mueven con
energía, gracia y facilidad.
4. Las
vibraciones de pensamiento. Las personas de elevada naturaleza sexual mezclan
la emoción del
sexo con sus
pensamientos, o pueden hacerlo así a voluntad, y, de ese
modo, influyen sobre quienes les rodean.
5. Adorno del
cuerpo. Las personas de elevada naturaleza sexual suelen ser muy cuidadosas en
cuanto a su apariencia física. Suelen seleccionar ropa de un estilo conveniente
para su personalidad, figura, complexión, etc.
Cuando contrata a
los trabajadores de su sección, el director de ventas más capaz busca como
primer requisito de todo vendedor la cualidad del magnetismo personal. Las
personas a las que les falta energía sexual nunca llegarán a ser entusiastas,
ni inspirarán entusiasmo, y éste es uno de los requisitos más
importantes de todo vendedor,
sin que importe
lo que venda.
El portavoz
público, el orador, el predicador, el abogado o el vendedor al que le falte
energía sexual es un «pesado» en cuanto a su capacidad para influir sobre los
demás se refiere. Si a ello se añade el hecho de que la mayoría de
la gente sólo
es influible a través
de una apelación a
sus emociones, comprenderá usted la importancia de la energía sexual
como parte de la habilidad innata de un vendedor. Los buenos vendedores lo son
porque transmutan, consciente o inconscientemente, la energía del sexo en
entusiasmo de ventas.
En esta afirmación
se puede encontrar
una sugerencia muy práctica en cuanto al verdadero significado de lo que
es la transmutación sexual.
El vendedor que
sabe cómo apartar su mente del tema del sexo y dirigirla hacia el esfuerzo de
venta con el mismo entusiasmo y determinación con que la aplicaría a su
propósito original, ha adquirido el arte de la transmutación del sexo, tanto si
lo sabe como si no. La mayoría de los
vendedores que
transmutan su energía sexual, lo hacen sin ser en absoluto conscientes de ello,
ni de cómo lo están llevando a cabo.
La transmutación
de la energía sexual exige más fuerza de voluntad de la que la persona
ordinaria dispone para este propósito. Aquellos a quienes les resulta difícil
reunir la fuerza de voluntad suficiente para la transmutación, pueden adquirir
esta habilidad gradualmente. Aunque eso requiere fuerza de voluntad, la
recompensa que se obtiene con esta práctica hace que el esfuerzo valga la pena.
FALSAS CREENCIAS
DE QUE EL SEXO DAÑA LA PERSONALIDAD
La gran
mayoría de la
gente parece ser
imperdonablemente ignorante acerca de todo lo referente al sexo. En
términos generales, la urgencia del sexo ha sido interpretada mal por parte de
los ignorantes y las personas malvadas, que la han calumniado y se han burlado
de ella.
Aquellos hombres
y mujeres conocidos por haber sido bendecidos -sí, bendecidos- con una elevada
naturaleza sexual, suelen ser considerados como personas a las que vale la pena
observar. Pero, en lugar de considerarlas como benditas, se las considera como
malditas.
Millones de
personas sufren complejos de inferioridad, incluso en nuestra época, que
se han desarrollado debido a
la falsa creencia
de que una elevada naturaleza sexual es una
maldición. Estas afirmaciones sobre la virtud de la energía sexual no deben
interpretarse como una justificación del libertinaje. La emoción del sexo sólo
es una virtud cuando es utilizada con
inteligencia y con
discriminación. Puede ser
mal empleada, y a
menudo lo es, hasta el punto de que empobrece, en lugar de enriquecer, tanto el
cuerpo como la mente.
Al autor le
pareció muy importante el descubrimiento de que casi todos los grandes líderes
a quienes tuvo el privilegio de analizar eran hombres cuyos logros fueron
ampliamente inspirados por una mujer. En muchos de esos casos, la mujer en
cuestión era una esposa modesta y abnegada, de la que el
público había
oído hablar muy poco o nada. En unos pocos casos, la fuente de inspiración pudo
descubrirse en «la otra» mujer.
Toda persona
inteligente sabe que la estimulación en exceso a base de bebidas alcohólicas
y narcóticos es
una destructiva forma
de intemperancia. Sin embargo, no todo el mundo sabe que el exceso en la
expresión sexual puede convertirse en un hábito tan destructivo y negativo para
el esfuerzo creativo como los narcóticos o el licor.
Un loco sexual no
es, en esencia, muy diferente de un hombre drogado. Ambos han perdido el
control sobre sus facultades de razonamiento y de fuerza de voluntad. Hay
muchos casos de hipocondría que han aparecido a partir de hábitos desarrollados
en la ignorancia de la verdadera función del sexo.
Se comprende con
facilidad que la ignorancia sobre el tema de la transmutación del sexo imponga
grandes castigos a los ignorantes por un lado, y los prive de beneficios
igualmente grandes por el otro.
La amplia
ignorancia que existe acerca del tema del sexo se debe al hecho de que ese
tema se ha visto rodeado por el
misterio y por un oscuro silencio. La conspiración del misterio y del silencio
ha tenido sobre las mentes de los jóvenes el mismo efecto que la psicología de
la Prohibición tuvo. El resultado fue un incremento de la curiosidad y el deseo
de adquirir un mayor conocimiento acerca de ese tema «prohibido». Y la
información no ha estado disponible con facilidad, para vergüenza de los
legisladores y de la mayoría
de los médicos,
que no han
entrenado a los
mejor cualificados para educar a la juventud acerca de este tema.
LOS AÑOS
FRUCTÍFEROS DESPUÉS DE LOS CUARENTA
Un individuo
raras veces inicia
un esfuerzo altamente
creativo en un campo determinado antes de la edad de los
cuarenta años. El hombre medio
alcanza el período
de su mayor
capacidad para crear entre
los cuarenta y los sesenta años. Estas afirmaciones se basan en análisis
de miles de hombres y
mujeres que han
sido observados con
todo cuidado.
Deberían ser
estimulantes para todos aquellos que no han logrado llegar a donde querían
antes de los cuarenta años, así como para quienes se sienten asustados a
medida que se
aproximan a los
cuarenta y ya
se sienten
«viejos». Por
regla general, los años que median entre los cuarenta y los cincuenta suelen
ser los más fructíferos. El hombre debería aproximarse a esa edad no con
temeroso temblor, sino con esperanza y con expectativa avidez.
Si usted desea
pruebas de que la mayoría de los hombres no empiezan a realizar su mejor
trabajo hasta la edad de cuarenta años, estudie los datos de los hombres de
mayor éxito, y descubrirá esas pruebas. Henry Ford no empezó a lograr grandes
cosas hasta que pasó de los cuarenta. Andrew Carnegie ya había cumplido
cuarenta años cuando empezó a cosechar la recompensa de todos sus esfuerzos.
James J. Hill aún seguía manejando un telégrafo cuando tenía cuarenta años, y
sus estupendos logros los alcanzó después de esa edad. Las biografías de muchos
industriales y financieros estadounidenses demuestran que el período que media
entre los cuarenta años y los sesenta es la edad más productiva del hombre.
Entre los treinta
y los cuarenta, el hombre empieza a aprender (si es que aprende alguna vez) el
arte de la transmutación del sexo. Este descubrimiento suele ser accidental, y
el que lo descubre suele ser totalmente ajeno a su descubrimiento. Es posible
que observe que su poder de logros ha aumentado hacia la edad de treinta y
cinco años o cuarenta; pero, en la mayor parte de los casos, no está
familiarizado con la causa que ha
producido ese cambio;
esa naturaleza empieza
a armonizar las emociones del amor
y el sexo
en el individuo, entre los
treinta y los cuarenta
años, de tal
modo que la
persona puede usar
esas grandes fuerzas, y
aplicarlas unidas como estímulos para la acción.
LLAME AL CENTRO
ENERGÉTICO DE SUS EMOCIONES
El sexo, por sí
solo, es un poderoso estímulo
para la acción, pero sus fuerzas son
como las de un ciclón, y a menudo resultan incontrolables. Cuando la emoción
del amor empieza a mezclarse con la emoción del sexo, el resultado
es la calma
de propósito, la
adopción de la
postura, la
exactitud del
juicio, y el equilibrio. ¿Qué persona que haya alcanzado la edad de cuarenta
años es tan desafortunada como para no poder analizar estas afirmaciones y
corroborarlas con su propia experiencia?
Cuando se ve
impulsado por su deseo de agradar a una mujer, basándose únicamente en la
emoción del sexo, un hombre puede ser capaz, y por lo general lo es, de
alcanzar un gran logro; pero es muy posible que sus acciones sean
desorganizadas, estén distorsionadas y resulten destructivas. Cuando se ve
impulsado por su deseo de agradar a una mujer, basándose únicamente en la
motivación del sexo, un hombre es capaz de robar, engañar, e incluso de
asesinar. Pero cuando la emoción del amor se mezcla con la del sexo, ese mismo
hombre guiará sus acciones con mayor cordura, equilibrio y razonamiento.
El amor, el
romanticismo y el sexo son emociones capaces de impulsar a los hombres a alcanzar
alturas de superlogros. El amor es la emoción que sirve como una válvula de
seguridad, que asegura equilibrio, porte y esfuerzo constructivo. Cuando estas
tres emociones se combinan, son capaces, por sí solas, de elevarlo a uno a la
altura de un genio.
Las emociones son
estados de la mente. La naturaleza ha proporcionado al hombre una «química de
la mente» que opera de una manera similar a los principios de la química de la
materia. Es un hecho bien conocido que, con la ayuda de la química de la materia,
un químico puede crear un veneno mortal mezclando ciertos elementos, ninguno de
los cuales es nocivo si se toma por sí solo en las proporciones correctas. Del
mismo modo, las emociones se pueden combinar de tal forma que produzcan un
veneno mortal. Cuando las emociones del sexo y los celos se mezclan, una
persona puede convertirse en una bestia demente.
La presencia de
una emoción destructiva, o de varias, en la mente humana, a través de la
química de la mente, constituye un veneno capaz de destruir el sentido de
justicia y equidad de la persona.
El camino que
conduce al genio lo emprenden el desarrollo, el control y el uso del sexo, el
amor y el romanticismo. En resumen, el proceso se desarrolla como sigue:
Estimula la
presencia de estas emociones como los pensamientos dominantes en la mente de
uno, y desanima la presencia de todas las emociones destructivas. La mente es
una criatura de hábito. Se esfuerza por alcanzar los pensamientos dominantes de
los que se alimenta. Gracias a la facultad de la fuerza de voluntad, es posible
desanimar la presencia de cualquier emoción, y estimular la presencia de otra.
No es difícil alcanzar el control de la mente a través del poder de la
voluntad. El control es la consecuencia de la persistencia y del hábito. El
secreto del control radica en la
comprensión del proceso
de la transmutación. Cuando
cualquier emoción negativa se presenta en la mente de uno, puede ser transmutada
en otra
positiva o constructiva
mediante el simple
procedimiento de cambiar los
pensamientos que se tienen.
¡El único camino
que conduce al genio es el esfuerzo voluntario y consciente! Un hombre sólo
podrá alcanzar grandes alturas de logros financieros o empresariales gracias a la fuerza impulsora
de la energía sexual, pero la historia está llena de pruebas de que uno puede
llevar consigo, como así suele suceder, ciertos rasgos de carácter que lo
privan de su habilidad para conservar o disfrutar de su fortuna. Vale la pena
analizar, pensar y meditar en ello porque aquí se afirma una verdad cuyo
conocimiento puede resultar muy útil,
tanto a las
mujeres como a los
hombres. La ignorancia de este hecho ha costado a muchos miles de personas la
pérdida de su privilegio de la felicidad, aun a pesar de que posean riquezas.
QUIEN AMA DE
VERDAD NUNCA PUEDE PERDER POR COMPLETO
Los recuerdos del
amor nunca pasan. Permanecen, guían e influyen mucho después de que la fuente
de estímulo se haya desvanecido. No hay nada de nuevo en esto. Toda aquella
persona que se haya sentido conmovida por un amor genuino sabe que éste deja
huellas perdurables en el corazón humano. El efecto del amor perdura porque la
naturaleza del amor es espiritual. El hombre que no pueda ser estimulado para
alcanzar grandes alturas de logros por medio del amor no tiene esperanza
alguna, está como muerto, aunque pueda parecer vivo.
Recuerde algunas
cosas del ayer, y sumerja su mente en los hermosos recuerdos de un amor pasado.
Eso suavizará la influencia de las actuales preocupaciones y molestias, las
realidades de la vida, y -¿quién sabe?-, durante esta retirada temporal, su
mente le llevará al mundo de la fantasía, las ideas o los planes capaces de
cambiar todo el estatus financiero, o el espiritual, de su vida.
Si usted cree que
es desgraciado porque ha amado y perdido, olvide esa idea. Todo aquel que ha
amado de verdad nunca pierde por completo. El amor es caprichoso y
temperamental. Llega cuando quiere, y se va sin la menor advertencia. Acéptelo
y disfrute de él mientras permanezca; pero no malgaste su tiempo preocupándose
por su desaparición, porque así nunca conseguirá que regrese.
Rechace también
la idea de que el amor se presenta sólo una vez en la vida. El amor puede
aparecer y desaparecer en innumerables ocasiones, pero no hay dos experiencias
amorosas que afecten a una persona del mismo modo. Puede producirse, y de hecho
ocurre, una experiencia amorosa que deje en el corazón una huella más profunda
que las otras, pero todas las experiencias amorosas son beneficiosas, excepto
para la persona que se siente resentida y cínica cuando el amor desaparece.
En el amor no
debería existir desilusión alguna, y no la hay si la gente comprende la
diferencia entre las emociones del amor y las del sexo. La gran diferencia
radica en que el amor es espiritual, mientras que el sexo es biológico. Ninguna
experiencia que afecte al corazón humano
con una fuerza espiritual puede ser
nociva, excepto como consecuencia de la ignorancia o de los celos.
No cabe la menor duda
de que el amor es la experiencia más grande de la vida. Le permite a uno entrar
en comunión con la Inteligencia Infinita. Cuando se mezcla con las emociones
del romanticismo y del sexo, puede conducirle a uno muy alto por la escalera
del esfuerzo creativo. Las emociones del amor, el sexo y el romanticismo son
los lados del eterno triángulo del genio con capacidad para lograr y construir.
El amor es una
emoción con colores, sombras y caras numerosos. Pero la más intensa y ardiente
de todas las clases de amor es la que se experimenta cuando se mezclan las
emociones del amor y del sexo. Los matrimonios que no se ven bendecidos con la
afinidad eterna del amor, apropiadamente equilibrada y proporcionada con el
sexo, no pueden ser felices, y raras veces perduran. El amor, por
sí solo, no proporcionará felicidad en el matrimonio, como tampoco el sexo, por sí
solo, lo hará. Cuando estas dos hermosas emociones se mezclan, el matrimonio
puede producir un estado mental cercano al espiritual que se llega a conocer en
este plano terrenal.
Cuando a
las emociones del
amor y el
sexo se les añade la del
romanticismo, se eliminan los obstáculos que se interponen entre la mente
finita del hombre y la Inteligencia Infinita. ¡Entonces, un genio ha nacido!
RAZONES POR LAS
QUE LA ESPOSA PUEDE ELEVAR O HUNDIR AL HOMBRE
He aquí una
interpretación que, si se comprende adecuadamente, aporta armonía al
caos que existe
en demasiados matrimonios.
La falta de armonía, expresada a menudo en forma de
discusiones, suele remontarse a una falta de conocimiento sobre el terna del
sexo. Allí donde existen el amor, el romanticismo y una adecuada comprensión de
la emoción y la función del sexo, no existe falta de armonía entre las parejas.
Resulta afortunado
el hombre cuya
esposa comprende la
verdadera relación existente entre las emociones del amor, el sexo y el
romanticismo. Cuando se ve
motivado por este
santo triunvirato, ninguna
forma de trabajo resulta
pesada, porque hasta
la forma más
baja de esfuerzo adquiere la naturaleza de un trabajo
hecho por amor.
Suele decirse que
«la esposa de un hombre puede elevarlo o hundirlo», pero no siempre está clara
la razón de que esto sea así. La elevación o el hundímiento es
el resultado de
que la esposa
comprenda o no las
emociones del amor, el sexo y el romanticismo.
Si una esposa
permite que su marido pierda interés por ella, y se sienta más interesado por
otras mujeres, suele ocurrir debido a la ignorancia de ella, o a su
indiferencia con respecto a los temas del sexo, el amor y el romanticismo. Esta
afirmación presupone, desde luego, la existencia previa de un amor genuino
entre un hombre y una mujer. Los hechos son igualmente aplicables a un hombre
que permita que el interés de su esposa por él muera.
Los matrimonios
discuten a menudo sobre un montón de trivialidades. Si éstas se analizan con
atención, se descubrirá que, casi siempre, la verdadera causa del problema se
halla en la indiferencia o en la ignorancia acerca de todos estos temas.
LA INUTILIDAD DE
LA RIQUEZA SIN MUJERES
La mayor fuerza
motivadora del hombre es su deseo de agradar a la mujer!
El cazador
destacado en los tiempos prehistóricos, antes del inicio de la civilización,
destacó en su tarea debido a su deseo de aparecer grande ante los ojos de una
mujer. La naturaleza del hombre no ha cambiado nada en ese aspecto. El
«cazador» de hoy en día no vuelve a casa con pieles de animales salvajes, sino
que indica su deseo de obtener el favor de la mujer suministrándole ropas
exquisitas, automóviles y riqueza. El hombre experimenta el mismo deseo por
agradar a la mujer que experimentaba antes de los albores de la civilización.
Lo único que ha cambiado en él es su método de agradar. Los hombres que
acumularon grandes fortunas y alcanzaron grandes alturas de poder y fama lo
hicieron así para satisfacer, sobre todo, su deseo de agradar a la mujer. Si se
sacara a las mujeres de sus vidas, las grandes riquezas serían inútiles para
casi todos los hombres. Ese deseo, inherente del hombre, por agradar a la mujer
es lo que proporciona a ésta el poder de elevar o de hundir a un hombre.
La mujer que
comprende la naturaleza masculina y la atiende con tacto, no tiene por qué
sentir temor ante la competencia de otras mujeres. Los hombres pueden ser
«gigantes» con una indomable fuerza de voluntad
cuando tratan con
otros hombres, pero las mujeres que ellos mismos han elegido pueden manejarlos
con facilidad.
La mayoría de los
hombres no admitirán que las mujeres que prefieren influyen en ellos con gran
facilidad, porque una de las características de la naturaleza del hombre consiste en
desear ser reconocido como
el más fuerte de
la especie. Además,
la mujer inteligente
reconoce esta característica
masculina y no la pone en entredicho.
Algunos hombres
saben que son influidos por las mujeres de su elección - esposa, amante, madre
o hermana; pero se contienen con tacto para no rebelarse contra esa influencia,
porque son lo bastante inteligentes como para saber que ningún hombre es feliz
ni está completo sin la influencia modificadora de la mujer correcta. El hombre
que no reconozca esta importante verdad se priva a sí mismo del poder que ha
contribuido, más que cualesquiera otras fuerzas combinadas, a ayudar a los de
su género a alcanzar el éxito.
Capítulo 12
EL SUBCONSCIENTE
EL ENLACE QUE
ESTABLECE LA CONEXIÓN
El undécimo paso
hacia la riqueza
El subconsciente
es un campo de conciencia en el que todo impulso de pensamiento que alcanza la
mente consciente a través de cualquiera de los cinco sentidos se ve clasificado
y registrado, y del que se pueden recordar o retirar los pensamientos, del
mismo modo que se sacan las cartas de un archivador.
Recibe y archiva
las impresiones sensoriales o los pensamientos, sin importar su naturaleza.
Cualquier plan, pensamiento o propósito que se desee trasladar en su
equivalente físico o monetario puede
plantarse a voluntad en el subconsciente. Éste actúa primero sobre los deseos
dominantes que se han mezclado con sensaciones emocionales, tales como la fe.
Consideremos esto
en conexión con las instrucciones contenidas en el capítulo sobre el deseo,
para dar los seis pasos esbozados allí, así como con las instrucciones acerca
de la construcción y ejecución de planes, y se habrá comprendido la importancia
que este pensamiento conlleva.
El subconsciente
funciona de día y de noche. A través de un método de procedimiento, desconocido
para el hombre, la mente subconsciente utiliza las fuerzas de la Inteligencia
Infinita para disponer del poder con el que transmuta voluntariamente los
deseos de una persona en su equivalente
monetario,
empleando siempre los medios más prácticos con los que pueda lograrse este fin.
No se puede
controlar por completo la mente subconsciente, pero sí es posible transmitirle
cualquier plan, deseo o propósito que se desee transformar en una forma concreta.
Vuelva a leer las instrucciones acerca del uso del subconsciente en el capítulo
sobre la autosugestión.
Existen numerosas
evidencias que apoyan la creencia de que el subconsciente es el vínculo de
conexión entre la mente finita del hombre y la Inteligencia Infinita. El
subconsciente es el intermediario a través del cual se pueden utilizar a
voluntad las fuerzas de la Inteligencia Infinita. Él, por sí solo, contiene el
proceso secreto por el que se modifican y se cambian los impulsos mentales para
constituir su equivalente espiritual. Él, por sí solo, es el medio a través del
cual se puede transmitir la oración a la fuente capaz de contestar a esa misma
oración.
CÓMO ENERGETIZAR
EL SUBCONSCIENTE PARA EL ESFUERZO CREATIVO
Las posibilidades
del esfuerzo creativo conectado con el subconsciente son grandiosas e
imponderables, hasta el punto
de que a
uno le inspiran respeto.
Nunca abordo la
discusión del subconsciente sin experimentar una sensación de pequeñez e
inferioridad, debido quizás al hecho de que sea tan lastimosamente limitada la
reserva de conocimientos que poseemos sobre el tema.
Una vez aceptada
la realidad de la existencia del subconsciente, y comprendidas sus
posibilidades como un medio para transmutar sus propios deseos en su
equivalente físico o monetario, comprenderá todo el significado de
las instrucciones dadas
en el capítulo
sobre el deseo. También comprenderá por qué se le ha
advertido repetidas veces la necesidad de aclarar sus deseos y reducirlos a una
forma escrita. Asimismo
entenderá la
necesidad de la perseverancia en la tarea de llevar a cabo las instrucciones.
Los trece
principios son los estímulos con los que se adquiere la habilidad de alcanzar e
influir sobre su subconsciente. No se desanime si no puede conseguirlo al
primer intento. Recuerde que el subconsciente sólo podrá ser dirigido voluntariamente mediante
el hábito, y
bajo las directrices expuestas en el capítulo sobre
la fe. Aún no ha tenido usted el tiempo suficiente para dominar la fe. Sea
paciente, y persistente.
Aquí se repetirán
muchas de las afirmaciones hechas ya en los capítulos sobre la fe y la
autosugestión, con el propósito de beneficiar a su subconsciente. Recuerde que
ese subconsciente funciona de una forma voluntaria, al margen de que usted haga
o no algún esfuerzo por influir sobre ella. Esto, por supuesto, le sugiere que
los pensamientos relativos al temor y a la pobreza, así como todos los
pensamientos negativos, sirven como estímulos para su mente subconsciente, a
menos que usted controle esos impulsos, y alimente su subconsciente con un
alimento más deseable.
¡El subconsciente
no permanecerá ocioso! Si no logra plantar deseos en él, entonces se alimentará
de pensamientos que le llegarán como resultado de su propia negligencia. Ya
hemos explicado que los impulsos del pensamiento, tanto positivos como
negativos, llegan continuamente a la mente subconsciente a partir de las cuatro
fuentes que hemos mencionado en el capítulo sobre la transmutación del sexo.
Por el momento,
es suficiente con que recuerde que usted vive a diario, en medio de toda clase
de impulsos del pensamiento que llegan a su mente subconsciente, incluso sin su
conocimiento. Algunos de esos impulsos son negativos, mientras
que otros son
positivos. Usted se
halla enfrascado ahora en
la tarea de
intentar ayudar a cerrar el
flujo de los
impulsos negativos, y ayudar a influir voluntariamente sobre su
subconsciente por medio de impulsos positivos de deseo.
Una vez que haya
logrado esto, poseerá la clave que le abra la puerta a su subconsciente.
Además, controlará esa puerta de un modo tan completo
que ningún
pensamiento no deseado llegará a influir sobre su mente subconsciente.
Todo aquello
que el hombre
crea empieza con
un impulso del pensamiento. El hombre no puede crear
nada que primero no haya concebido en su pensamiento. Los impulsos de éste
pueden ser transformados en planes por medio de la ayuda de la imaginación.
Cuando está bajo control, esa imaginación se puede utilizar para la creación de
planes o propósitos que conducen al éxito en la ocupación elegida por uno
mismo.
Todos los
impulsos del pensamiento que tienden a la transformación en su equivalente
físico y que se plantan voluntariamente en la mente subconsciente tienen
que pasar antes
a través de
la imaginación, y mezclarse allí con la fe. La introducción
de la fe en un plan o propósito, con la intención de su sumisión a la mente
subconsciente, sólo puede hacerse a través de la imaginación.
A partir de estas
afirmaciones observará usted que el uso voluntario del subconsciente exige la
coordinación y aplicación de todos los principios.
HAGA QUE SUS
EMOCIONES POSITIVAS TRABAJEN PARA USTED
El subconsciente
es más susceptible de verse influido por
impulsos de pensamiento cuando éstos se hallan mezclados con un «sentimiento»,
o una emoción, que cuando se originan sólo en la parte razonadora de la mente.
De hecho, hay muchas pruebas que apoyan la teoría de que los pensamientos
emocionalizados son los únicos que ejercen alguna acción influyente sobre la
mente subconsciente. Es un hecho bien conocido que la emoción, o el
sentimiento, gobierna a la mayoría de la gente. Si es cierto que el
subconsciente responde con mayor rapidez y se ve influido con más facilidad por
los impulsos del pensamiento que se hallan mezclados con la emoción, se comprenderá lo esencial que es familiarizarse con las más importantes de las emociones. Existen
siete grandes emociones positivas, y siete grandes emociones negativas. Las
negativas se inyectan voluntariamente en los impulsos del pensamiento, que
aseguran su paso
hacia el
subconsciente. Las positivas, en cambio, tienen que ser inyectadas, a través de
la disciplina de la autosugestión, en los impulsos del pensamiento que el
individuo desee pasar a su subconsciente. (En el capítulo sobre la
autosugestión se han dado instrucciones al respecto.)
Estas emociones o
impulsos sentimentales podemos compararlas con la levadura en la hogaza de pan,
porque constituyen el elemento de acción que transforma los impulsos del
pensamiento de un estado pasivo a otro activo.
De ese modo
se comprende por qué se puede
actuar con más facilidad sobre los impulsos de
pensamiento que han sido bien mezclados con la emoción, que sobre los impulsos
de pensamiento originados en un
«razonamiento
frío».
Usted se está
preparando para influir y controlar la «audiencia interna» de su mente subconsciente con objeto de
transmitirle el deseo de
obtener dinero, que quiere transmutar en su equivalente monetario. En
consecuencia, es esencial que comprenda el método de aproximación a esta
«audiencia
interna». Usted debe hablar su mismo lenguaje, puesto que, en caso contrario,
no atenderá a su
llamada, ya que comprende mejor el lenguaje de la emoción o del sentimiento.
En consecuencia, describamos aquí las siete grandes emociones positivas, y las
siete grandes emociones negativas, para que usted utilice las positivas y evite
las negativas cuando transmita instrucciones a su subconsciente.
LAS SIETE GRANDES
EMOCIONES POSITIVAS La emoción del deseo.
La emoción de la
fe. La emoción del amor. La emoción del sexo.
La emoción del
entusiasmo.
La emoción del
romanticismo. La emoción de la esperanza.
Hay otras
emociones positivas, pero estas siete son las más poderosas, y las que se
utilizan con mayor frecuencia en el esfuerzo creativo. Domine estas siete emociones
(sólo podrá conseguirlo
mediante el uso),
y las otras
emociones
positivas estarán también a su disposición cuando las necesite. En relación con
esto, recuerde que usted está estudiando un libro que tiene la intención de
ayudarle a desarrollar una «conciencia del dinero» llenándole la mente de
emociones positivas.
LAS SIETE GRANDES
EMOCIONES NEGATIVAS
(que deben
evitarse)
La emoción del
temor. La emoción de los celos. La emoción del odio.
La emoción de la
venganza. La emoción de la avaricia.
La emoción de la
superstición.
La emoción de la
ira.
La mente no puede
verse ocupada por emociones positivas y negativas al mismo tiempo. En cada
momento, unas u otras tienen que dominar. Nuestra responsabilidad consiste en
asegurarnos que las emociones positivas constituyan la influencia dominante de
nuestra mente. Para ello le será de gran ayuda la ley del hábito. Adquiera el
hábito de aplicar y utilizar las emociones positivas. Acabarán por dominar su
mente de una forma tan completa que las negativas no podrán ya penetrar en
ella.
Sólo si sigue
estas instrucciones literal y completamente podrá adquirir control sobre su
subconsciente. La presencia de una sola emoción negativa en su subconsciente
basta para destruir todas las posibilidades de obtener ayuda constructiva de su
subconsciente.
EL SECRETO DE LA
ORACIÓN EFICAZ
Si usted es
una persona observadora, se habrá
dado cuenta de que la mayoría de la gente recurre a la oración sólo después de
que todo lo demás haya fracasado. De otra manera, rezan mediante un ritual de
palabras sin significado. Y, como es un hecho que la mayoría de la gente sólo
reza después de que
todo lo demás
haya fracasado, acuden a
orar con las mentes llenas de temor y de dudas, que
son las emociones que actúan sobre el
subconsciente y
pasan a la Inteligencia Infinita. Del mismo modo, ésta es la emoción que la
Inteligencia Infinita recibe y sobre la que actúa.
Si usted reza por
algo, pero mientras lo hace experimenta el temor de no recibirlo, o teme que la
oración no actúe sobre la Inteligencia Infinita, esa plegaria habrá sido en
vano.
A veces, la
oración tiene como resultado la realización de aquello por lo que se ha rezado.
Si ha pasado alguna vez por la experiencia de recibir aquello por lo que rezó,
retroceda en su memoria, y recuerde el estado mental de aquel momento en el que
estaba orando. Sabrá entonces, con toda seguridad, que la teoría aquí descrita
es algo más que una simple teoría.
El método
mediante el que usted puede comunicarse con la Inteligencia Infinita es muy
similar a aquel por el que la vibración del sonido se comunica a través de la
radio. Si usted comprende el principio de funcionamiento de la radio, sabrá,
sin lugar a dudas, que el sonido no se puede
comunicar hasta haber
sido transformado en
una serie de vibraciones que el oído humano no puede
detectar. La emisora de radio capta el sonido de la voz humana y lo modifica
elevando la vibración millones de veces. Sólo de este modo es posible comunicar
la energía del sonido a través del espacio. Una vez efectuada la
transformación, la energía (que originariamente se produjo en forma de
vibraciones de sonido) se transporta hasta los receptores de radio, los cuales
reconvierten esa energía a su nivel de vibración original, de tal modo que
pueda reconocerse como sonido.
La mente
subconsciente es el intermediario que traduce las oraciones de uno en términos
que la Inteligencia Infinita pueda reconocer, presenta el mensaje y trae de
nuevo la respuesta en forma de un plan, o de una idea, definido para procurar
el objeto de la plegaria. Si usted comprende este principio, sabrá
por qué las
simples palabras leídas
en un libro
de oraciones no sirven, y nunca servirán, como una agencia de
comunicación entre la mente del hombre y la Inteligencia Infinita.
CUALQUIERA PUEDE
DESEAR RIQUEZAS,
Y LA MAYORÍA DE
LA GENTE LAS DESEA, PERO SÓLO UNOS POCOS
SABEN QUE LOS
ÚNICOS
MEDIOS FIABLES DE
ACUMULAR RIQUEZA
SON MEDIANTE UN
PLAN DEFINIDO,
ADEMÁS DE UN
ARDIENTE DESEO DE ALCANZAR LA RIQUEZA
Capítulo 13
EL CEREBRO
UNA ESTACIÓN
RECEPTORA Y EMISORA PARA EL PENSAMIENTO
El duodécimo paso
hacia la riqueza
Hace más de
cuarenta años, el autor, que por entonces trabajaba con el ya fallecido doctor
Alexander Graham Bell y con el doctor Elmer R. Gates, observó que todo cerebro
humano es tanto una estación receptora como emisora para la vibración del
pensamiento.
De un modo
similar al empleado por el principio de la radiodifusión, todo cerebro humano
es capaz de captar las vibraciones de pensamiento que están siendo emitidas por
otros cerebros.
En conexión con
la afirmación hecha en el párrafo anterior, comparemos y consideremos la
descripción de la imaginación creativa, tal y como ha sido planteada en el
capítulo sobre la imaginación. La imaginación creativa es el
«aparato
receptor» del cerebro que recibe los pensamientos emitidos por los cerebros de
los demás. Funciona como la agencia de comunicación entre la mente consciente o
razonadora de la persona y las cuatro fuentes de las que uno puede recibir
estímulos de pensamiento.
Cuando se ve
estimulada, o elevada a un grado más alto de vibración, la mente se hace más
receptiva al pensamiento que le llega por medio de las fuentes exteriores. Este
proceso de elevación se produce a través de las emociones positivas, o también
de las emociones negativas. Las vibraciones del pensamiento se pueden
incrementar a través de las emociones.
La emoción del
sexo encabeza la lista de las emociones humanas, al menos en cuanto a su
intensidad y fuerza impulsora se refiere. El cerebro que ha sido estimulado por
la emoción del sexo funciona a mucha más velocidad que cuando esa emoción está
inactiva o ausente.
El resultado de
la transmutación del sexo es el aumento del pensamiento hasta un nivel tan
elevado que la imaginación creativa es altamente receptiva a las ideas. Por otro lado, cuando el cerebro funciona a una velocidad rápida, no sólo atrae
pensamientos e ideas emitidas por otros cerebros, sino
que proporciona a
los propios pensamientos ese mismo sentimiento, que es esencial para que
el subconsciente capte los pensamientos y actúe sobre ellos.
El subconsciente
es la «estación emisora» del cerebro a través de la cual se emiten vibraciones
de pensamiento. La imaginación creativa es el «aparato receptor» a través del
cual se captan las energías del pensamiento.
Junto a los
importantes factores del subconsciente y la facultad de la imaginación creativa
– que constituyen los aparatos receptores y emisores de la maquinaria mental –
considere ahora el principio de la autosugestión, que es el medio a través del
cual usted puede poner en funcionamiento su estación “radiodifusora”.
Las instrucciones
descritas en el capítulo sobre la autosugestión le han informado con claridad
del método mediante el que se puede transmutar el deseo en su equivalente
monetario.
El manejo
de su estación
«radiodifusora» mental es un
procedimiento relativamente sencillo. Sólo ha de tener en cuenta tres
principios, que debe aplicar cada vez que desee utilizar su estación
radiodifusora: el subconsciente, la imaginación
creativa y la
autosugestión. Ya hemos descrito los estímulos por medio de los
cuales se ponen en acción estos tres principios. Y debe recordar que el
procedimiento empieza con el deseo.
LAS FUERZAS MAS
GRANDES SON INTANGIBLES
A lo largo de
todas las eras transcurridas, el hombre ha dependido en exceso de los sentidos
físicos, y ha limitado su conocimiento al de las cosas físicas que podía ver,
tocar, pesar y medir.
Estamos entrando
ahora en la más maravillosa de todas las épocas, que nos enseñará algo de las
fuerzas intangibles del mundo que nos rodea. Quizá lleguemos a aprender, a
medida que pasamos por esta época, que «el otro yo» es
mucho más poderoso
que el yo
físico que vemos
cuando nos miramos en un espejo.
A veces, los
hombres hablan con ligereza de lo intangible, de las cosas que no pueden
percibir a través de ninguno de sus cinco sentidos, y cuando los oímos hablar,
debemos recordar que todos nosotros nos hallamos controlados por fuerzas que
son invisibles e intangibles.
La totalidad de
la humanidad no tiene el poder para enfrentarse con la fuerza intangible
existente en las olas del océano, y mucho menos para controlarla. El hombre no
posee la capacidad necesaria para comprender la fuerza intangible de la
gravedad, que mantiene a este pequeño planeta suspendido en el espacio, e
impide que el hombre se caiga de él, y mucho menos comprende
el poder que
esa fuerza controla.
El hombre se encuentra sometido por la fuerza
intangible procedente de una tormenta, y también se siente igual de impotente
ante la presencia de la fuerza intangible de la electricidad.
Pero, en modo
alguno, esto no representa el fin de la ignorancia del hombre en relación con
las cosas que no se ven y que son intangibles. Tampoco comprende la fuerza
intangible (y la inteligencia) existente en el suelo de la tierra, la fuerza
que le proporcionan los alimentos que ingiere, la ropa que se pone, el dinero
que lleva en los bolsillos.
Por último,
aunque no menos importante, el hombre, a pesar de su cultura y de su
educación, comprende muy poco, o
nada, acerca de la fuerza intangible del pensamiento (la mayor
de todas las intangibles). Sabe muy poco acerca del cerebro físico y su vasta
red de intrincada maquinaria a través de la cual se traslada el poder del
pensamiento para convertirse en su equivalente material; ahora, sin embargo,
entramos en una época que ofrecerá
una nueva luz
sobre el tema.
Los hombres de
ciencia han empezado a dedicar su
atención al estudio de ese órgano tan maravilloso que es el cerebro, y, aunque
todavía se encuentran en la fase de jardín de infancia de
sus estudios, han
descubierto ya conocimientos
suficientes como para saber que el panel central del cerebro humano, el
número de líneas que las células cerebrales conectan entre sí, es igual a una
unidad seguida por quince millones de ceros.
«La cifra es tan
espectacular -dijo el doctor C. Judson Herrick, de la Universidad de Chicago-,
que las cifras astronómicas que hablan de cientos de millones
de años luz,
se convierten, por
comparación, en insignificantes... Se ha determinado que en el córtex
cerebral hay entre diez mil y catorce mil millones de células nerviosas, y
sabemos que están dispuestas según una pauta definida. Tales disposiciones no
son casuales, sino ordenadas. Métodos de electrofisiología desarrollados
recientemente han detectado la existencia de corrientes desde células muy
precisas; también fibras con microelectrodos, amplificados con tubos de radio,
han registrado diferencias de potencial de una millonésima de voltio.»
Es inconcebible
que una red de maquinaria tan intrincada exista con el exclusivo propósito de
transmitir las funciones físicas correspondientes al crecimiento y
mantenimiento del cuerpo. ¿Acaso no parece probable que ese mismo sistema, que
da a miles de millones de células cerebrales los medios para
comunicarse entre sí, proporcione también los medios
de comunicarse con otras fuerzas intangibles?
El New York Times
publicó un editorial para explicar que una gran universidad y un investigador
inteligente en el campo de los fenómenos mentales están llevando a cabo una
investigación organizada a través de la
cual se
ha llegado a
conclusiones descritas en
este capítulo y
en el siguiente. El editorial
hace un breve análisis del trabajo llevado a cabo por el doctor Rhine y su
equipo de ayudantes de la Universidad Duke.
¿QUÉ ES LA
«TELEPATÍA»?
Hace un mes, en
estas páginas citamos algunos de los notables resultados alcanzados por el
profesor Rhine y su equipo, en la Universidad Duke, a partir de más de cien mil
pruebas destinadas a determinar la existencia de la «telepatía» y de la
«clarividencia». Estos resultados fueron sintetizados en los dos primeros
artículos publicados en la revista Harper's. En el segundo de ellos, que ha
sido publicado ahora, su autor, E. H. Wright, intenta sintetizar lo que se ha
aprendido, o qué parece razonable inferir, en relación con
la exacta naturaleza
de estos modos
de percepción
«extrasensorial».
Como resultado de
los experimentos del profesor Rhine, algunos científicos creen ahora muy
probable la existencia de la telepatía y de la clarividencia. A varios
perceptores se les pidió que citaran tantas cartas de un mazo como pudieran,
sin mirarlas y sin tener acceso sensorial alguno a ellas. Se descubrió a un
puñado de hombres y mujeres capaces de reconocer correctamente y con
regularidad y tantas cartas que «no había una sola posibilidad entre un millón
de millones de que hubiera ocurrido así por casualidad».
¿Pero cómo lo
hicieron? Estos poderes, en el supuesto de que existan, no parecen ser
sensoriales. No se conoce la existencia de ningún órgano que lo justifique. Los
experimentos funcionaron bien no sólo en la misma habitación, sino incluso a
distancias de varios centenares de kilómetros. En opinión del señor Wright,
estos hechos eliminan también el intento de explicar la telepatía o la
clarividencia por medio de cualquier teoría física de la
radiación. Todas las
formas conocidas de
energía radiante disminuyen de
forma inversamente proporcional
al cuadrado de la
distancia recorrida. Pero eso no sucede ni con la telepatía, ni con la
clarividencia. No obstante, varían por causas físicas, del mismo modo que
nuestros otros poderes
mentales. En
contra de una
opinión muy
generalizada, no
mejoran cuando el perceptor se halla dormido, o adormecido, sino que, al
contrario, aumentan cuanto más despierto y alerta está. Rhine descubrió que un
narcótico disminuye el nivel de aciertos de un perceptor, mientras que un
estimulante siempre lo aumenta. Al parecer, el perceptor más fiable no puede
alcanzar una buena puntuación a menos que intente hacerlo lo mejor que pueda.
Una de las
conclusiones a las que Wright llega con cierto margen de confianza es que la
telepatía y la clarividencia son un mismo y único don. Es decir, la facultad
que permite «ver» un naipe que está boca abajo sobre una mesa parece ser la
misma que le permite «leer» el pensamiento que reside en otra mente. Hay varios
motivos para creerlo así. Por el momento, por
ejemplo, estos dos dones
se han descubierto en toda
persona que disfruta de uno de ellos. En todas esas personas, ambos
dones han sido de un vigor igual y casi exacto. Las pantallas, las paredes, las
distancias no tienen el menor efecto sobre ninguno de ellos. A partir de esta
conclusión, Wright se atreve a exponer lo que, en su opinión, no es más que un
simple
«presentimiento»,
en el sentido de que también otras experiencias extrasensoriales pueden
formar parte de
la misma facultad,
como los sueños proféticos, las
premoniciones de desastres y otras facultades similares. Al lector no se le
pide que acepte ninguna de estas conclusiones, a menos que le parezca necesario
hacerlo, pero las pruebas que Rhine ha recopilado siguen siendo impresionantes.
CÓMO UNIR MENTES
EN UN EQUIPO DE TRABAJO
En vista del
anuncio del doctor Rhine en relación con las condiciones bajo las que la mente
responde con respecto a lo que él denomina modos de percepción
«extrasensorial», tengo ahora el privilegio de añadir a su testimonio la
afirmación de que yo mismo y mi grupo hemos descubierto lo que creemos son las
condiciones ideales bajo las que es posible estimular a la mente para que, de
una forma práctica, se pueda hacer funcionar el sexto sentido descrito en el
capítulo siguiente.
Las condiciones a
las que me refiero consisten en una estrecha alianza de trabajo entre
dos miembros de
mi equipo y
yo. Gracias a la
experimentación y
la práctica hemos descubierto cómo estimular nuestras mentes (mediante la
aplicación del principio utilizado en relación con los
«consejeros
invisibles» descritos en el capítulo siguiente), de tal modo que, mediante un
proceso de fusión de nuestras tres mentes en una sola, podemos encontrar la
solución a una gran variedad de problemas personales presentados por mis
clientes.
El procedimiento
es muy sencillo. Nos sentamos ante una mesa de conferencias, exponemos con
claridad la naturaleza del problema que hemos de considerar, y, a continuación,
empezamos a hablar de él. Cada uno de nosotros contribuye con aquello que se le
ocurre. Lo más extraño de este método de estimulación mental es que sitúa a
cada uno de los participantes en comunicación con fuentes de conocimiento
desconocidas claramente situadas al margen de nuestra propia experiencia.
Si usted
comprende el principio descrito en el capítulo sobre el «Master Mind»,
reconocerá, sin lugar a dudas, el procedimiento de mesa redonda descrito aquí
como una aplicación práctica del «Master Mind».
Este método de
estimulación mental, a través de una discusión armoniosa de temas concretos,
efectuada entre tres personas, ilustra el empleo más sencillo y práctico de lo
que es el «Master Mind».
Al adoptar y
seguir un plan similar, cualquier estudiante de esta filosofía puede entrar en
posesión de la famosa fórmula “Carnegie”, brevemente descrita en la
introducción. Si eso no significó nada para usted en el momento de leerla,
marque esta página para continuar luego la lectura, y vuelva a leer la
introducción en cuanto haya terminado este capítulo.
LA ESCALERA
DEL ÉXITO NUNCA
ESTÁ ABARROTADA
EN LO MÁS ALTO
Capítulo 14
EL SEXTO SENTIDO
LA PUERTA DEL
TEMPLO DE LA SABIDURÍA
El decimotercer
paso hacia la riqueza
El
decimotercer principio es conocido como
el sexto sentido. A través de él, la Inteligencia Infinita puede comunicarse, y
de hecho se comunicará voluntariamente con el individuo, sin ningún esfuerzo ni
exigencia por parte de éste.
Este principio
constituye la cumbre
de la filosofía.
Sólo puede ser asimilado, comprendido y aplicado una vez
que se hayan dominado los otros doce principios.
El sexto sentido
es esa porción de la mente subconsciente a la que nos hemos referido
denominándola imaginación creativa. También nos hemos referido a ella como
«aparato receptor», a través del cual las ideas, los planes y los pensamientos
surgen en la mente. A veces, estos destellos son denominados presentimiento,
intuición o inspiración.
El sexto sentido
desafía toda descripción. Es imposible describírselo a una persona que
no haya dominado
los otros principios
de esta filosofía, porque esa persona no posee
conocimientos ni experiencia con los que comparar el sexto sentido. La
comprensión de lo que el sexto sentido es, sólo se logra por medio de la
meditación y del desarrollo mental desde dentro.
Después de que
usted haya dominado los principios descritos en este libro, estará preparado
para aceptar como verdad una afirmación que, de otro modo, le resultaría
increíble. Nos referimos a que, con la ayuda del sexto
sentido, usted
será advertido de
todo peligro inminente
con bastante tiempo para
evitarlo, y se le notificarán las oportunidades con la suficiente antelación
para que las aproveche.
El sexto sentido
acude en su ayuda y, si usted sabe desarrollarlo y aprovecharlo, siempre tendrá
a su lado un «ángel guardián» que le abrirá la puerta de entrada al templo de
la sabiduría en todo momento.
MILAGROS DEL
SEXTO SENTIDO
El autor no es ni
un creyente ni un defensor de los «milagros», debido a que posee una
comprensión suficiente de la naturaleza como para saber que ésta nunca se
desvía de sus leyes establecidas. Algunas de esas leyes son tan incomprensibles
que producen lo que parecen ser «milagros». El sexto sentido es lo más cercano
a un milagro que yo haya experimentado nunca.
Esto es lo que el
autor sabe: que existe un poder, o
Primera Causa, o Inteligencia, que impregna cada átomo de la materia, y
abarca toda unidad de energía perceptible
para el hombre;
que esa Inteligencia
Infinita convierte la semilla en roble, hace que el agua fluya colina
abajo en respuesta a la ley de la gravedad; que el día siga a la noche, y el
invierno al verano, cada uno de ellos manteniendo su adecuado lugar y relación
con el otro. A través de los principios de esta filosofía podemos inducir a esa
Inteligencia a que nos ayude en la transmutación de los deseos en formas
concretas o materiales. El autor posee este conocimiento porque ha llevado a
cabo experimentos con él, y ha sido experimentado por él mismo.
Paso a paso, a lo
largo de los capítulos precedentes, se le ha conducido a usted hasta
este último principio.
Si ha dominado
cada uno de los
principios precedentes, ahora estará preparado para aceptar, sin
escepticismo, las
grandiosas afirmaciones que aquí se han hecho. Si no ha logrado dominar los
otros principios, debe hacerlo antes de poder determinar, definitivamente, si
las afirmaciones hechas en este capítulo son hechos o sólo ficción.
Cuando pasé por
el período de «adoración del héroe», me encontré intentando imitar a aquellos a
quienes más admiraba. Es más, descubrí que el elemento de la fe con el que me
dotaba para imitar a mis ídolos me proporcionaba una gran capacidad para
hacerlo con éxito.
PERMITA QUE LOS
GRANDES HOMBRES LE DEN FORMA A SU VIDA
Nunca me he despojado
por completo de este hábito de adorar a los héroes. Mi experiencia me ha
enseñado que lo mejor que se puede hacer para ser en verdad grande es emular a
los grandes, en sentimientos y acciones, tanto como sea posible.
Mucho antes de
que hubiera escrito una sola línea para ser publicada, o que me hubiera
dedicado a pronunciar un discurso en público, adquirí el hábito de reconfigurar
mi propio carácter tratando de imitar a los nueve hombres cuyas vida y obra me
parecieron más impresionantes. Esos nueve hombres fueron: Emerson, Paine,
Edison, Darwin, Lincoln, Burbank, Napoleón, Ford y Carnegie. Cada noche, y
durante un largo período de años, sostenía una conferencia imaginaria con ese
grupo al que yo denominaba mis «consejeros invisibles».
El procedimiento
que seguía era el siguiente. Por la noche, poco antes de quedarme dormido,
cerraba los ojos y, en mi imaginación, veía a este grupo de hombres, sentados
conmigo alrededor de mi mesa de conferencias. Allí no sólo tenía la oportunidad
de sentarme entre quienes yo consideraba como los más grandes, sino que, en
realidad, dominaba el grupo, y actuaba entre ellos como su presidente.
Yo tenía un
propósito concreto al permitir a mi imaginación asistir a esas reuniones
nocturnas. Ese propósito consistía en reconstruir mi propio carácter de tal
modo que representara un compendio de los caracteres de mis consejeros
imaginarios. Al darme cuenta, como me sucedió a edad muy temprana, que debería
superar el obstáculo de haber nacido en un medio ambiente de ignorancia y
superstición, me asigné la deliberada tarea de renacer voluntariamente a través
del método que acabo de describir.
LA FORMACIÓN
DEL CARÁCTER MEDIANTE
LA AUTOSUGESTIÓN
Yo sabía, desde
luego, que todos los hombres han llegado a ser lo que son gracias a sus
pensamientos y a sus deseos dominantes. Sabía que todo deseo profundamente
asentado le induce a uno a buscar una expresión exterior a través de la cual
ese mismo deseo pueda transmutarse en una realidad. Sabía que la autosugestión
es un factor poderoso en la formación del carácter y que es, de hecho, el único
principio a través del cual se forma el carácter.
Dotado de este
conocimiento acerca de los principios que rigen el funcionamiento de la mente,
me sentí bastante bien armado con el equipo necesario para reconfigurar mi
carácter. En esas reuniones imaginarias, yo convocaba a los miembros de mi
gabinete para que me transmitieran el conocimiento que deseaba adquirir,
dirigiéndome a cada uno de ellos con palabras audibles, del siguiente modo:
«Señor Emerson,
deseo adquirir de usted la maravillosa comprensión de la naturaleza que
distinguió su vida. Le pido que deje una huella en mi subconsciente acerca de todas aquellas
cualidades que usted haya poseído, y que le permitieron comprender las leyes de
la naturaleza y adaptarse a ellas.
»Señor Burbank,
le pido que me transmita el conocimiento que le permitió armonizar las leyes de
la naturaleza, y que le hizo arrancarle sus espinas al cactus para
transformarlo en alimento
comestible. Ofrézcame acceso al
conocimiento que le permitió hacer crecer dos hojas de hierba allí donde antes
crecía una sola.
»Napoleón, deseo
adquirir de usted, por emulación, la maravillosa habilidad que poseyó
para inspirar a los hombres
y para
despertar el mayor y más decidido espíritu de acción en ellos. También
deseo adquirir el espíritu de una fe duradera, que le permitió transformar la
derrota en victoria y superar obstáculos cada vez más grandes.
»Señor Paine,
deseo adquirir de usted la libertad de pensamiento y el valor y la
claridad con los
que expresar las
convicciones que tanto
le distinguieron a usted.
»Señor Darwin,
deseo adquirir de usted la maravillosa paciencia y la habilidad para el estudio
de la causa y el efecto, sin desviación ni prejuicio, tan ejemplificadas por
usted en el campo de las ciencias naturales.
»Señor Lincoln,
deseo introducir en mi propio carácter el agudo sentido de la justicia, el
incansable espíritu de la paciencia, el sentido del humor, la comprensión
humana y la tolerancia que fueron sus características más distinguidas.
»Señor Carnegie,
deseo adquirir de usted una comprensión completa de los principios del esfuerzo
organizado, que usted utilizó con tanta efectividad en la formación de una gran
empresa industrial.
»Señor Ford,
deseo adquirir su espíritu de perseverancia, la determinación, la serenidad y
la confianza en sí mismo que le permitieron dominar la pobreza y organizar,
unificar y simplificar el esfuerzo humano, para que así yo pueda ayudar a otros
a seguir sus pasos.
»Señor Edison,
deseo adquirir de usted el maravilloso espíritu de fe con el que descubrió
tantos secretos de la naturaleza, y el espíritu de herramienta inconmovible con
el que, tan a menudo, extrajo la victoria de la derrota.»
EL ASOMBROSO
PODER DE LA IMAGINACIÓN
Mi método
de dirigirme a los miembros
de mi gabinete
imaginario variaban, de acuerdo con los rasgos de carácter que yo estaba
más interesado en adquirir en aquellos momentos. Estudié todo lo que se sabía
de sus vidas, y lo hice con minucioso cuidado. Después de algunos meses de
haber empleado este procedimiento nocturno, me sentí asombrado al descubrir que
estas figuras imaginarias se convertían en aparentemente reales.
Cada uno de estos
nueve hombres desarrolló características individuales que me sorprendían. Por
ejemplo, Lincoln tenía la costumbre de llegar siempre tarde,
para luego entrar
de una forma
solemne donde era esperado. Siempre llevaba una expresión
de seriedad en el rostro. Raras veces le ví sonreír.
Eso no era cierto
en lo que se refería a los demás. Burbank y Paine se enfrascaban a menudo en
conversaciones burlonas que a veces parecían conmocionar a los otros miembros
del gabinete. En cierta ocasión, Burbank llegó tarde. Al hacer su entrada,
apareció lleno de entusiasmo y explicó que se había retrasado debido a un
experimento que estaba realizando, y con el que confiaba poder hacer crecer
manzanas de cualquier clase de árbol. Paine se burló de él, recordándole que
fue precisamente una manzana la que dio lugar a todos los problemas existentes
entre el hombre y la mujer. Darwin intervino cordial, y sugirió a Paine que se
dedicara a vigilar a las serpientes pequeñas cuando acudiera al bosque en busca
de manzanas, puesto que aquéllas tenían la costumbre de desarrollarse hasta
convertirse en serpientes grandes. Emerson observó: «Si no hay
serpientes, no
hay manzanas», a lo que Napoleón afirmó: «¡Sin manzanas, no hay Estado!».
Estas reuniones
se hicieron tan realistas que incluso llegué a temer sus consecuencias, y, durante
varios meses, dejé
de convocarlas con
tanta frecuencia. Las experiencias eran tan extrañas que temía que, de
continuar así, pudiera perder de vista el hecho de que tales reuniones no eran
más que puras experiencias de mi imaginación.
Esta es la
primera vez que he tenido el valor de mencionar mis reuniones. Desde entonces
me he mantenido en silencio con respecto al tema, porque sabía, a partir de mi
propia actitud con respecto a estas cuestiones, que sería malinterpretado si
describiera mi experiencia insólita. Me he visto obligado ahora a verterla en
la página impresa porque me preocupa menos el «qué dirán» de lo que me sucedía
en los años que han transcurrido desde entonces.
Para no ser mal
interpretado, quisiera afirmar aquí, del modo más categórico posible, que sigo
considerando las reuniones de mi gabinete
como puramente
imaginarias; pero que me siento con derecho a sugerir que, aun cuando los
miembros de mi gabinete sean ficticios, y esas reuniones existan sólo en mi
propia imaginación, me han conducido por gloriosos caminos de aventura, y han
configurado en mí un aprecio por la verdadera grandeza, han estimulado mi comportamiento
creativo y han sido siempre la expresión de un pensamiento honesto.
TOCANDO A LA
FUENTE DE INSPIRACIÓN
En alguna parte
de la estructura celular del cerebro se halla localizado un órgano que recibe
las vibraciones del pensamiento habitualmente denominadas «presentimientos».
Por el momento, la ciencia no ha podido descubrir dónde se encuentra este
órgano del sexto sentido, pero eso no es importante. Sigue existiendo el hecho
de que los seres humanos reciben un conocimiento exacto a través de fuentes que
son distintas a los sentidos físicos. En general, tal conocimiento se recibe
cuando la mente se halla bajo la
influencia de un estímulo
extraordinario. Cualquier emergencia que despierte las emociones y haga
que el corazón empiece a latir con mayor rapidez de lo normal puede poner el
sexto sentido en acción, y así sucede en
general. Cualquiera que
haya experimentado una
situación muy próxima al
accidente mientras conducía, sabe que, en tales ocasiones, el sexto sentido
suele acudir al rescate, y ayuda a evitar el accidente por décimas de segundo.
Todos estos
hechos se mencionan con anterioridad a una afirmación que haré ahora: durante
mis reuniones con mis «consejeros invisibles», siento que mi mente se muestra
de lo más receptiva a ideas, pensamientos y conocimientos que me llegan a
través del sexto sentido.
Ha habido un gran
número de ocasiones en las que me he enfrentado a situaciones de emergencia,
algunas tan graves que mi vida llegó a correr verdadero peligro, y en las que
me he visto milagrosamente guiado hacia la superación de esas dificultades,
gracias a la influencia de mis «consejeros invisibles».
Mi propósito
original al convocar estas reuniones con seres imaginarios fue el de
impresionar mi propio subconsciente, a través del principio de la
autosugestión, con ciertas características que yo deseaba adquirir.
En años más
recientes, mi experimentación ha adquirido una tendencia distinta. Ahora acudo
a mis consejeros invisibles para consultarles cada problema difícil con el que
debo enfrentarme, ya sea propio o
de mis clientes. A menudo, los resultados han sido verdaderamente
asombrosos, a pesar de que no dependo por completo de esa forma de consejos.
UNA FUERZA
PODEROSA DE CRECIMIENTO LENTO
El sexto sentido
no es algo que uno pueda quitarse y ponerse a voluntad. La habilidad para usar
este gran poder va creciendo con lentitud, mediante la aplicación de los otros
principios expuestos en este libro.
No importa quién
sea usted, ni cuál pueda haber sido su propósito al leer esta obra, lo cierto
es que puede aprovecharse de ella sin llegar a comprender el principio descrito
en este capítulo. Eso es cierto, sobre todo, en el caso de que su propósito
principal sea el de la acumulación de dinero o de otras cosas materiales.
He incluido el
capítulo sobre el sexto sentido porque este libro ha sido diseñado con el
propósito de presentar una filosofía completa por la que los in dividuos puedan
dirigirse para alcanzar aquello que le piden a la vida. El punto de partida de
todo logro es el deseo. El punto final es esa rama del conocimiento que nos
conduce a la comprensión de uno mismo, de
los demás y
de las leyes
de la naturaleza;
en definitiva, el reconocimiento y la comprensión de la
felicidad.
Esta clase de
comprensión sólo se alcanza de forma completa a través de la familiaridad y el
uso del sexto sentido.
Después de leer
este capítulo, usted habrá observado que, durante su lectura, se sentía
elevado a un
nivel más alto
de estimulación mental.
¡Espléndido!
Vuelva a leerlo dentro de un mes y observe cómo su mente
alcanza un nivel
de estimulación aún más elevado. Repita esta experiencia de vez en cuando, sin
que le preocupe lo mucho o lo poco que aprenda en cada ocasión, y terminará por
encontrarse en posesión de un poder que le permitirá desembarazarse del
desánimo, dominar el temor, superar la postergación y utilizar la
imaginación con plena
libertad. Entonces percibirá el
tacto de ese «algo» desconocido que ha sido el espíritu motivador de
todo pensador, líder, artista,
músico, escritor o
estadista realmente grandes. Será el momento de transmutar sus deseos en
su equivalente físico o financiero, y lo hará con la misma facilidad con la que
antes se dejaba caer y se abandonaba ante la aparición de la primera señal de
oposición.
Capítulo 15
LOS SEIS
FANTASMAS DEL TEMOR
Haga un
inventario de sí mismo, mientras lee este último capítulo, y descubra cuántos
«fantasmas» se interponen en su camino
Antes de poder
utilizar cualquier parte de esta filosofía con éxito, su mente tiene que estar
preparada para recibirla. La preparación no resulta difícil. Empieza con el
estudio, el análisis y la comprensión de los tres enemigos que necesita
eliminar de su mente: la indecisión, la duda y el temor.
El sexto sentido
nunca funcionará mientras estos tres elementos negativos continúen en
su mente, ya sea en
su conjunto o
por separado. Los elementos de este trío profano se hallan
estrechamente relacionados; allí donde haya uno de ellos, puede estar seguro de
que los otros dos también se encuentran cerca.
¡La indecisión es
la semilla del temor! Recuérdelo a medida que siga con la lectura. La
indecisión se cristaliza en la duda, y ambas se mezclan y se con vierten en
temor. El proceso de «mezcla» suele ser lento. Ésa es una de las razones por
las que estos tres enemigos son tan peligrosos. Germinan y crecen sin que su
presencia sea detectada.
El resto de este
capítulo describe un fin que debe alcanzar antes de que pueda poner en práctica
esta filosofía, como un todo. También analiza una condición que ha reducido a
gran número de personas a la pobreza, y afirma
una verdad que
debe ser comprendida por todos
aquellos que acumulan riquezas,
ya se midan éstas en términos de dinero o de un estado mental, mucho más
valioso que el dinero.
El propósito de
este capítulo consiste en enfocar nuestra atención sobre la causa y la cura de
los seis temores básicos. Antes de poder dominar a un enemigo, debemos conocer
su nombre, sus hábitos y el lugar de residencia. A medida
que lea, analícese
a sí mismo
y determine cuál de
los seis temores básicos está con
usted, si es que tiene alguno.
No se deje
engañar por los hábitos de esos enemigos sutiles. A veces, permanecen ocultos
en el subconsciente; en él son difíciles de localizar y aún más difíciles de
eliminar.
LOS SEIS MIEDOS
BÁSICOS
Hay seis miedos
básicos que, en alguna combinación, todo ser humano sufre en
una u otra
ocasión. La mayoría
de las persona
podrían considerarse afortunadas si no sufriera de los seis. Nombrados
en el orden en que suelen aparecer, son:
El temor a la
pobreza en el fondo de
El temor a la
crítica la mayor parte
de
El temor a la
enfermedad nuestras
preocupaciones
El temor a la
pérdida del amor de alguien
El temor a la
vejez
El temor a la
muerte
Todos los demás
temores son de menor importancia; todos ellos pueden ser agrupados bajo estos
seis epígrafes.
Los temores no
son más que estados de la mente. Es posible controlar y dirigir los estados
mentales.
El hombre no
puede crear nada que no haya concebido previamente en forma de un impulso de
pensamiento. Tras haber hecho esta afirmación, hay que
hacer otra de
mayor importancia aún:
los impulsos del pensamiento del
hombre comienzan a
trasladarse de inmediato
en su
equivalente
físico, sin importar si esos pensamientos son voluntarios o involuntarios. Los impulsos de
pensamiento que son captados por simple casualidad (pensamientos emitidos por
otras mentes) pueden determinar el destino
financiero, empresarial, profesional
o social con
la misma seguridad que
los impulsos de
pensamiento que uno mismo
crea con intención y diseño.
Estamos
estableciendo aquí los fundamentos para la presentación de un hecho de gran
importancia para quien no comprende por qué algunas personas parecen tener
«suerte», mientras que otras, de igual o
mayor habilidad, entrenamiento, experiencia y capacidad cerebral,
parecen destinadas a soportar la desventura. Ese hecho se explica con la
afirmación de que todo ser humano tiene la habilidad de controlar su propia
mente por completo y, con ese control, es evidente que cada persona puede abrir
su mente a los impulsos de pensamiento emitidos por otros cerebros, o cerrar
fuertemente sus puertas y admitir únicamente aquellos impulsos de pensamiento
de su propia elección.
La naturaleza ha
dotado al hombre de un control absoluto sobre una sola cosa: el pensamiento.
Esto, unido al hecho adicional de que todo lo que el hombre crea se inicia en
la forma de un pensamiento, nos conduce muy cerca del principio mediante el
cual podemos llegar a dominar el temor.
Si es cierto que
todo pensamiento tiene una tendencia a transformarse en su equivalente físico
(y eso es cierto, más allá de todo espacio razonable para la duda), también es
cierto que los impulsos de pensamiento de temor y de pobreza no pueden
traducirse en términos de valor y ganancia financiera.
EL TEMOR A LA
POBREZA
No puede existir
acuerdo alguno entre la pobreza y la riqueza. Los dos caminos que conducen a
ellas van en direcciones opuestas. Si lo que usted desea son riquezas, tiene
que negarse a aceptar cualquier circunstancia que conduzca hacia la pobreza.
(La palabra «riqueza» se utiliza aquí en su más amplio sentido, refiriéndonos
con ella a los planos espiritual, mental y
material.) El
punto de partida del camino que conduce a la riqueza es el deseo. En el primer
capítulo, usted recibió instrucciones completas para el uso adecuado del deseo.
En este capítulo sobre el temor encontrará instrucciones completas para
preparar a su mente con el propósito de hacer un uso práctico del deseo.
Así pues, éste es
el lugar en el que se le planteará un desafío mediante el que determinará de
modo definitivo cuánta de esta filosofía ha absorbido usted. Aquí está el punto
en el que puede convertirse en profeta y pronosticar, con exactitud, qué le
reserva el futuro. Sí, después de haber leído este capítulo, usted se halla
dispuesto a aceptar la pobreza, será mejor que prepare a su mente para recibir
pobreza. Se trata de una decisión que usted no puede evitar.
Si lo que exige
son riquezas, determine en qué forma las recibirá, y cuánto necesitará para
sentirse satisfecho. Ya conoce el camino que conduce a la riqueza. Se le ha
proporcionado una especie de mapa de carreteras que, si lo sigue, lo mantendrá
en la vía adecuada. Si se descuida y no inicia el recorrido del camino, o si se
detiene antes de haber llegado, no podrá echarle la culpa a nadie, excepto a
usted mismo. Esa responsabilidad es exclusivamente suya. Ninguna justificación
le salvará de aceptar la responsabilidad si ahora fracasa o si se niega a
exigirle riquezas a la vida, porque la aceptación le exige una sola cosa - la
única que usted puede controlar -, un estado de la mente. Un estado mental es
algo que uno asume. No se puede comprar, sino que ha de ser creado.
EL TEMOR MÁS
DESTRUCTIVO
El temor a la
pobreza es un estado mental, ¡nada más! Pero es suficiente para destruir las
posibilidades de alcanzar los logros deseados en cualquier empresa.
Este temor
paraliza la facultad de razonamiento, destruye la facultad de la imaginación,
elimina la confianza en sí mismo, socava el entusiasmo, desanima la iniciativa,
conduce a la incertidumbre de propósito, estimula la postergación, elimina
el entusiasmo y
convierte el autocontrol
en una
imposibilidad. Le
arrebata a uno el encanto de la personalidad, destruye la posibilidad de pensar
con exactitud, distrae la concentración del esfuerzo, domina la perseverancia,
reduce la fuerza de voluntad a la nada, destruye la ambición, ensombrece la memoria e
invita al fracaso en toda
forma concebible. Mata el amor y asesina las emociones más exquisitas
del corazón, desanima la amistad e invita al desastre en cien formas
diferentes, conduce al insomnio, la miseria y la infelicidad, y todo ello a
pesar de la evidente verdad de que vivimos en un mundo de sobreabundancia de
todo aquello que podamos desear, sin nada que se interponga entre nosotros y
nuestros deseos, excepto la falta de un propósito definido y específico.
El temor a la
pobreza es, sin dudas, el más destructivo de los seis temores básicos. Ha sido
situado a la cabecera de la lista porque resulta el más difícil de dominar. El
temor a la pobreza surge de la tendencia heredada del hombre a devorar a sus
semejantes en el plano económico. Casi todos los animales inferiores se ven
motivados por el instinto, pero su capacidad para «pensar» es limitada y, en
consecuencia, se devoran físicamente los unos a los otros. El hombre, con su
sentido superior de la intuición, y capacidad para pensar y razonar, no se come
físicamente a su semejante; obtiene mayor satisfacción cuando lo devora
financieramente. El hombre es tan avaricioso que se ha necesitado aprobar toda
clase de leyes concebibles para salvaguardarlo de sus semejantes.
Nada produce
tanto sufrimiento y humillación al hombre como la pobreza. Sólo aquellos que la
han experimentado comprenden todo el significado de esta afirmación.
No es de extrañar
que el hombre tema a la pobreza. A lo largo de una abundante serie de
experiencias heredadas, el hombre ha aprendido que no se puede confiar en
algunos de su especie cuando se trata de cuestiones relacionadas con el dinero
y con las posesiones terrenales.
El hombre
experimenta tal ansiedad por poseer riqueza que está dispuesto a adquirirla de
todas las maneras posibles -por medios legales si es posible o por otros si es
necesario o conveniente.
El autoanálisis
puede poner al descubierto debilidades que a uno no le gustaría reconocer. Esta
forma de examen es esencial para todos aquellos que exigen de la vida algo más
que mediocridad y pobreza. Al analizarse a sí mismo punto por punto, recuerde
que, en este caso, usted es juez y parte, fiscal y defensor, acusador y
acusado; y recuerde también que está afrontando
un juicio. Así
pues, enfréntese a
los hechos directamente. Hágase preguntas concretas a sí
mismo y exíjase respuestas directas. Una vez que haya terminado el examen,
sabrá más sobre sí mismo. Si tiene la sensación de no poder ser un juez
imparcial en este autoexamen, confíe en alguien que le conozca bien y que pueda
actuar como tal, hasta que usted sea capaz de examinarse a sí mismo. Lo que
usted anda buscando es la verdad. Consígala, sin que le importe a qué precio,
aun cuando pueda sentirse temporalmente avergonzado por ella.
Cuando se le
pregunta a la gente qué es lo que más teme, la mayoría contesta: «No temo
a nada». La contestación es inexacta porque pocas personas se dan cuenta
de que se encuentran atenazadas, obstaculizadas, fustigadas en lo espiritual y
en lo físico por alguna forma de temor. La emoción del temor se halla tan sutil
y profundamente enraizada que uno puede pasar por la vida sobrellevándola sin
llegar a reconocer jamás su presencia. Sólo un análisis valeroso pondrá al
descubierto la presencia de este enemigo universal. Cuando usted inicie este
análisis, busque a fondo en su carácter. A continuación le ofrecemos una lista
de los síntomas que debería buscar en sí mismo.
SÍNTOMAS DEL
TEMOR A LA POBREZA
Indiferencia.
Suele expresarse a través de una falta de ambición; de una predisposición a
tolerar la pobreza; de una aceptación, sin protestar, de toda aquella
compensación que la
vida pueda ofrecer;
de una pereza mental y física; de una falta de
iniciativa, imaginación, entusiasmo y autocontrol.
Indecisión. El
hábito de permitir que los demás piensen por uno. El de mantenerse «al margen».
Duda. Expresada
generalmente por medio de
justificaciones y excusas diseñadas para encubrirse, rechazar
con explicaciones, o disculpar los propios
errores, lo que
a veces se
expresa en forma
de envidia hacia aquellos que han alcanzado el éxito, o
bien se los critica.
Preocupación.
Suele expresarse por el descubrimiento de faltas en los otros, una tendencia
a gastar más
de los ingresos
propios, un descuido
del aspecto personal, la burla y el fruncimiento de cejas; el descontrol
en el uso de las bebidas alcohólicas y, a veces, en el uso de narcóticos;
nerviosismo, falta de severidad y de autoconciencia.
Precaución
excesiva. La costumbre de mirar el lado negativo de toda circunstancia, de
pensar y hablar de posible fracaso, en lugar de concentrarse en los medios para
alcanzar el éxito. Se conocen todos los caminos
que conducen al desastre, pero
nunca se buscan
los planes precisos para
evitarlo. Se espera «el momento adecuado» para empezar a poner en acción ideas
y planes, hasta que la espera se transforma en un hábito permanente. Se
recuerda a aquellos que han fracasado, y se olvida a los que han tenido éxito.
Se ve el agujero del donuts, pero no se ve el donuts. Es el pesimismo, que
conduce a la indigestión, al estreñimiento, a la autointoxicación, a la mala
respiración y a una mala disposición.
Postergación. La
costumbre de dejar para mañana aquello que se debería haber hecho
el año anterior.
Pasarse mucho tiempo
buscando justificaciones y excusas para no realizar el trabajo. Este
síntoma se halla estrechamente relacionado con el de la precaución excesiva, la
duda y la preocupación. La negativa a aceptar la responsabilidad siempre que
ésta se pueda evitar. La disposición de llegar a un acuerdo, en lugar de levantarse
y luchar a pie firme. El comprometerse con las dificultades, en lugar de
dominarlas y utilizarlas como peldaños para seguir subiendo. El intentar
negociar con la
vida por centavos,
en lugar de
exigir prosperidad, opulencia,
riquezas, satisfacción y felicidad. Planificar lo que se ha de hacer si y
cuando se haya producido el fracaso, en lugar de quemar todas los puentes y
hacer que la retirada sea imposible. La debilidad de la confianza en uno mismo,
y, a menudo, la total ausencia de la misma, así como de la definición de
propósito, autocontrol, iniciativa, entusiasmo, ambición, frugalidad y
una sana habilidad
para el razonamiento.
El esperar la
pobreza, en
lugar de exigir
la riqueza. El
asociarse con aquellos
que aceptan la pobreza, y no buscar la compañía de quienes exigen y
reciben la riqueza.
EL DINERO HABLA
Algunos
preguntarán: «¿Por qué ha escrito un libro sobre el dinero? ¿Por qué medir
las riquezas en dólares?».
Algunos pensarán que hay
otras formas de riqueza mucho más deseables que el dinero, y tendrán
razón. Sí, hay riquezas que
no pueden medirse
en términos monetarios,
pero millones de personas dirán: «Dame todo el dinero que necesito, y yo
me encargaré de encontrar aquello que deseo».
La razón
principal por la que he escrito este libro es porque millones de hombres y
mujeres se encuentran paralizados por el temor a la pobreza. Lo que esa clase
de temor es capaz de hacerle a uno fue muy bien descrito por Westbrook Pegler:
“El dinero no es
más que conchas de almejas, o discos de metal o trozos de papel, y
hay tesoros del
corazón y del
alma que el
dinero no puede comprar, pero la mayoría de la gente
sin dinero es incapaz de tenerlo en cuenta y sostener su espíritu. Cuando un
hombre se encuentra en lo más bajo, está en la calle y es incapaz de conseguir
trabajo, a su espíritu le sucede algo que se refleja en la caída de sus
hombros, la forma de llevar el sombrero, su modo de caminar y su mirada. No
puede escapar a una sensación de inferioridad con respecto a la gente que tiene
un empleo seguro, aun cuando sepa que esas personas no son sus iguales en
carácter, inteligencia o habilidad.
Por su parte, los
demás, incluso sus amigos, experimentan una sensación de superioridad y lo
consideran una víctima, quizá de una manera inconsciente. Tal vez ese hombre
pida prestado durante un tiempo, pero no el suficiente como para continuar con
la vida a la que está acostumbrado, y tampoco podrá continuar pidiendo durante
mucho tiempo. Pero pedir, aun cuando sea para vivir, es una experiencia
deprimente y al dinero así obtenido le falta el poder que el dinero ganado con
su propio esfuerzo tiene. Evidentemente, nada
de esto se
aplica a los
vagabundos y los
pordioseros, sino
sólo a los hombres con ambiciones normales y que se respetan a sí mismos.
Las mujeres que
se encuentran en la misma situación son algo diferentes. De algún modo, no las
consideramos como personas marginadas. Raras veces viven en la miseria o piden
por las calles, y cuando se encuentran entre la gente, no se las reconoce por
las mismas señales que identifican a los hombres mendigos. Desde luego, no me
refiero a las harapientas de la gran ciudad, que son la parte opuesta de los
vagabundos masculinos confirmados. Me refiero a mujeres bastante jóvenes,
decentes y con inteligencia. Tiene que haber muchas mujeres así, pero su
desesperación no resulta tan evidente. Quizá se suiciden.
Cuando un hombre
se encuentra sin dinero y desempleado, dispone de tiempo para
lamentarse. Es posible
que viaje muchos
kilómetros para buscar un trabajo
y descubra que el puesto ha sido ocupado ya, o que sólo se trata de uno de esos
puestos sin salario fijo, con sólo una comisión sobre las ventas de algún cachivache
inútil que nadie compraría, excepto por piedad. El hombre vuelve a encontrarse
en la calle, sin un sitio al que ir, excepto a cualquier parte. Así que camina,
y camina. Contempla los escaparates de
las tiendas, observa lujos que
no son para él;
se siente inferior y deja paso a
otras personas que se detienen a mirar con un interés activo. Deambula por la
estación, y entra en la biblioteca para descansar los pies y calentarse un
poco, pero eso no es lo mismo que buscar un trabajo, de modo que no tarda en
reanudar la marcha. Es posible que no lo sepa, pero su falta de objetivo le
delatará aunque las líneas de su figura no lo hagan. Es posible que vaya bien
vestido, con las ropas que le quedaron de cuando tenía un trabajo estable, pero
esas ropas no sirven para ocultar su caída.
Ve a miles de
otras personas a su alrededor, todas ellas ocupadas con sus trabajos, y las
envidia desde lo más profundo de su alma. Todas tienen su independencia, su
autorrespeto y su orgullo, y él no puede convencerse a sí mismo de que también
es un buen hombre, por mucho que reflexione y llegue a un veredicto favorable
hora tras hora.
Precisamente el
dinero es lo que establece esta diferencia en él. Con un poco de dinero,
volvería a ser él mismo.”
EL TEMOR A LA
CRÍTICA
Nadie puede
afirmar con exactitud cómo llegó el hombre a experimentar este temor, pero lo
cierto es que lo experimenta, y de una forma muy desarrollada.
Este autor
atribuye el temor básico a la crítica a esa parte de la naturaleza heredada del
hombre que lo induce no sólo a arrebatar los bienes y mercancías de sus
semejantes, sino también a justificar su acción mediante la crítica del
carácter de los demás. Es un hecho bien conocido que un ladrón critica al
hombre al que ha robado, que los políticos que buscan un puesto no despliegan
sus propias virtudes y sus calificaciones, sino que intentan desmerecer a sus
oponentes.
Los astutos
fabricantes de ropa no han sido lentos a la hora de capitalizar este temor
básico por la crítica, con el que toda la humanidad ha sido maldecida. Cada
temporada cambian los estilos de numerosos artículos.
¿Quién establece
los estilos? Desde luego no es la persona que compra la ropa, sino el
fabricante. ¿Por qué éste cambia los estilos con tanta frecuencia? La respuesta
es evidente: para vender más ropa.
Por la misma
razón, el fabricante de automóviles cambia todas las temporadas los modelos de
sus vehículos. Nadie quiere conducir un automóvil que no sea de los últimos
salidos de fábrica.
Hemos descrito la
forma en que la gente se comporta bajo la influencia del temor a la crítica,
tal y como se aplica a las pequeñas y mezquinas cosas de la vida. Examinemos
ahora el comportamiento humano cuando ese temor afecta a las personas en
relación con acontecimientos más importantes de las relaciones humanas.
Tomemos, por ejemplo, a cualquier persona que haya alcanzado la edad de la
madurez mental (de los 35 a los 40 años de edad como término medio). Si
pudiéramos leer sus pensamientos secretos, encontraríamos una decidida
incredulidad hacia las fábulas enseñadas por la mayoría de los dogmáticos de
hace unas pocas décadas.
¿Por qué la
persona media, incluso en una época de tantos conocimientos como la actual, no
se atreve a negar su creencia en las fábulas? La respuesta es: «por el temor a
la crítica». Los hombres han sido criticados por atreverse a expresar
su incredulidad acerca
de los fantasmas.
No resulta nada extraño
que hayamos heredado
una conciencia que
nos hace temer
la crítica. No hace mucho tiempo, en el pasado, la crítica incorporaba
severos castigos, y aún los acarrea en algunos países.
El temor a la
crítica priva al hombre de su iniciativa, destruye su poder de imaginación,
limita su individualidad, le quita la confianza en sí mismo, y daña de cien
formas diferentes. Los padres, a menudo, hacen un daño irreparable a sus hijos
cuando los critican. La madre de uno de mis compañeros de infancia solía
castigarlo casi a diario con un palmetazo, completando la acción con la
siguiente afirmación: «Terminarás en la cárcel antes de que cumplas los veinte
años». A la edad de diecisiete años fue enviado a un reformatorio.
La crítica es la
clase de servicio que le sobra a todo el mundo. Todos tenemos una buena reserva
de crítica gratuita que entregar, tanto si se nos pide como si no. A menudo,
los parientes más cercanos son los que peor ofenden. Debería ser considerado un
crimen (en realidad, es un crimen de la peor naturaleza) el que cualquier padre
produzca en su hijo complejos de inferioridad por medio de la crítica
innecesaria. Los patronos que comprenden la naturaleza humana obtienen lo mejor
de sus empleados no mediante la crítica,
sino por medio
de la sugerencia
constructiva. Los padres pueden
conseguir los mismos resultados con sus hijos. La crítica implanta el
temor en el
corazón humano, o
el resentimiento, pero no construye ni el amor ni el afecto.
SÍNTOMAS DEL
TEMOR A LA CRÍTICA
Este temor es
casi tan universal como el temor a la pobreza, y sus efectos, igual de
fatales para el
logro personal, sobre todo
porque destruye la iniciativa y desanima el uso de la imaginación. Los
principales síntomas del temor a la crítica son:
Timidez. Suele
ser expresada por medio del nerviosismo, la timidez en la conversación y en el
encuentro con personas extrañas, el movimiento extraño de las manos y de los
pies, el desplazamiento de la mirada.
Falta de
serenidad. Ausencia de control en la voz, nerviosismo en presencia de otros,
postura deficiente del cuerpo, memoria pobre.
Personalidad.
Escasa firmeza en las decisiones, falta de encanto personal, y de habilidad
para expresar opiniones definidas. Costumbre de soslayar los temas, en lugar de
afrontarlos de manera directa. Estar de acuerdo con otros sin haber examinado
sus opiniones con cuidado.
Complejo de
inferioridad. El hábito de expresar autoaprobación por medio de la palabra y
las acciones, como un medio de ocultar una sensación de inferioridad. Utilizar
palabras grandilocuentes para
impresionar a los demás (a menudo sin conocer siquiera el
significado de lo que se dice). Imitar a otros en la ropa, el discurso y las
actitudes. Fanfarronear de logros imaginarios. Esto produce a veces una imagen
superficial de sentimiento de superioridad.
Extravagancia.
Costumbre de intentar mantenerse a la altura de los demás gastando mucho más de
lo que se ingresa.
Falta de iniciativa. Fracaso para aprovechar las
oportunidades para el progreso propio, temor a
expresar opiniones, falta de
confianza en las propias ideas,
responder de forma evasiva a los superiores, vacilar en la actitud y en el
discurso, engañar en las palabras y en los hechos.
Falta de
ambición. Pereza mental y física, falta de autoafirmación, lentitud para tomar
decisiones, dejarse influir con excesiva facilidad; criticar a los demás a sus
espaldas y halagarlos, cuando están delante; aceptar la derrota sin protesta,
o abandonar una
empresa cuando se
encuentra con la oposición de otros; sospechar de otras
personas sin causa alguna, falta de tacto en la
actitud y el
discurso, no estar
dispuesto a aceptar
la responsabilidad de los propios errores.
EL TEMOR A LA
ENFERMEDAD
Este temor tiene
sus orígenes en la herencia, tanto física como social. Sus orígenes están
estrechamente asociados con las causas del temor a la vejez y a la muerte,
porque le conduce a uno al borde de «mundos terribles» de los que el hombre no
sabe nada, pero acerca de los cuales se le han contado historias inquietantes.
También existe la
opinión generalizada de que
ciertas personas poco éticas se han embarcado en el negocio de «vender salud»
por el método de hacer temer a la enfermedad.
El temor del
hombre a la enfermedad procede de las terribles imágenes que se han implantado
en su mente acerca de lo que puede suceder si la muerte le llega. También la
teme por la carga económica que puede representar.
Un destacado
médico estimó que el 75 % de los pacientes sufre de hipocondría (enfermedad
imaginaria). Se ha demostrado, del modo más convincente posible, que el temor a
la enfermedad, aun cuando no exista la menor causa, suele producir los síntomas
físicos de la enfermedad temida.
¡La mente humana
es muy poderosa! Construye o destruye. Los fabricantes de medicamentos han
hecho enormes fortunas jugando con esa debilidad del temor a la enfermedad.
Esta forma de imposición sobre una humanidad crédula llegó
a ser tan
predominante hace una década,
que la revista Colliér's emprendió una campaña
contra los peores ofensores en el negocio de los medicamentos patentados.
A través de una
serie de experimentos llevados a cabo hace algunos años, se demostró que la
gente puede enfermar por sugestión. Nosotros llevamos a cabo
este experimento haciendo
que tres conocidos
visitaran a las
«víctimas»,
haciéndole a cada una de ellas la siguiente pregunta: «¿Qué te aflige? Pareces
terriblemente enfermo». El primero en hacer la pregunta no solía provocar en la
víctima más que una mueca de disgusto y un casual:
«Oh, nada, estoy
muy bien». El segundo solía encontrarse con la siguiente respuesta: «No lo sé
con exactitud, pero me encuentro mal». La víctima admitía ante el tercero que
se encontraba enferma.
Si lo
duda, intente hacer lo mismo
con un conocido, pero no
lleve el experimento demasiado
lejos. Existe cierta secta religiosa cuyos miembros se vengan
de sus enemigos mediante el método
del «embrujamiento». Dicen que
«hechizan» a la víctima.
Hay pruebas
abrumadoras de que la enfermedad suele comenzar en forma de un impulso de
pensamiento negativo. Tal impulso puede pasar de una mente a otra, por
sugestión, o ser creado por un individuo en su propia mente.
Un hombre
bendecido con mucha más sabiduría de lo que este incidente pudiera indicar,
dijo en cierta ocasión: «Cuando alguien me pregunta cómo me siento, mi
respuesta sería darle un puñetazo».
Los médicos
aconsejan un cambio de clima a sus pacientes en beneficio de su salud, cuando
lo realmente necesario sería un cambio de «actitud mental». La semilla del
temor a las enfermedades anida en cada mente humana. La preocupación, el temor,
el desánimo, la desilusión en el amor y el fracaso en los negocios permiten que
esta semilla germine y crezca.
Las desilusiones
en los negocios y en el amor se encuentran a la cabeza de la lista de causas de
temor a la enfermedad. Un hombre joven sufrió una desilusión amorosa
que lo envió
al hospital. Estuvo
luchando durante meses entre la
vida y la muerte. Se llamó a un especialista en psicoterapia. Este ordenó
cambiar las enfermeras, dejando al paciente a cargo de una joven encantadora
que (con el preacuerdo del médico) empezó a hacer el amor con el joven desde el
primer día de su llegada al trabajo. Al cabo de tres semanas, el paciente salió
del hospital, todavía sufriendo, pero de una enfermedad por completo diferente. Se había
enamorado de nuevo. El remedio fue un hechizo, pero el paciente y
la enfermera terminaron casándose más tarde.
SÍNTOMAS DEL
TEMOR A LA ENFERMEDAD
Los síntomas de
este temor casi universal son:
Autosugestión.
El hábito del
uso negativo de
la autosugestión que se
dedica a buscar y espera encontrar los síntomas de toda clase de enfermedades.
«Disfrutar» de enfermedades imaginarias y hablar de ellas como si fueran
reales. El hábito de probar todas las «manías» y «modas» recomendadas por los
demás, considerándolas como algo que tiene valor terapéutico. Hablar a otros de
operaciones, accidentes y otras formas de enfermedad. Experimentar con dietas,
ejercicios físicos, y
sistemas de reducción de peso sin
guía profesional. Probar remedios caseros, medicamentos patentados y remedios
de «charlatanes».
Hipocondría. El
hábito de hablar de la enfermedad, concentrando la mente en ella y esperando su
aparición hasta que se produce un colapso nervioso. Nada que se venda en
botellas puede curar este estado. Se produce como consecuencia de un
pensamiento negativo y la curación se logra sólo mediante un pensamiento
positivo. Se dice que la hipocondría (un término médico para referirse a la enfermedad imaginaria) produce tanto daño
como la enfermedad que se teme tener. La mayoría de los casos denominados
«nerviosos» no son sino enfermedades imaginarias.
Ejercicio. El
temor a la enfermedad interfiere a menudo con un ejercicio físico adecuado, y
tiene como resultado el exceso de peso, haciendo que uno evite la vida al aire
libre.
Susceptibilidad.
El temor a la enfermedad quiebra la resistencia natural del cuerpo y
crea en él un estado
favorable para cualquier
forma de enfermedad con la que
uno pueda ponerse en contacto.
El temor a la
enfermedad suele estar relacionado con el temor a la pobreza, en especial en el
caso del hipocondríaco, que se preocupa constantemente por la posibilidad de
tener que pagar las facturas del médico, del hospital, etc. Este tipo de
persona pasa mucho tiempo preparándose para la enfermedad, hablando de la
muerte, ahorrando dinero para el cementerio y los gastos del entierro, etc.
Autoconsentimiento.
Hábito de buscar un poco de simpatía con el señuelo de una enfermedad
imaginaria. (La gente recurre a menudo a este truco para evitar acudir al
trabajo.) Hábito de fingir una enfermedad para justificar lo que
no es más
que pereza, o
de hacerla servir
como una justificación de lo que
sólo es falta de ambición.
Falta de
moderación. Hábito de usar alcohol o narcóticos para eliminar dolores como
los de cabeza,
las neuralgias, etc., en lugar de
buscar y eliminar la causa.
El hábito de
interesarse por las enfermedades y de preocuparse por la posibilidad de verse
afectado por una de ellas, así como el de leer los textos de los anuncios de
medicamentos patentados, son aspectos del temor a la enfermedad.
EL TEMOR A LA
PÉRDIDA DEL AMOR
La fuente
original de este
temor inherente surgió,
evidentemente, del hábito del
hombre polígamo de robarle la compañera a su semejante, o de tomarse libertades
con ella cada vez que podía.
Los celos y otras
formas similares de neurosis surgen del temor heredado del hombre a la pérdida
del amor de alguien. Este temor es el más doloroso de los seis temores básicos.
Tal vez causa más daño al cuerpo y a la mente que cualquiera de los otros
temores básicos.
Es probable que
el temor a la pérdida del amor se remonte a la Edad de Piedra, cuando los
hombres robaban las mujeres por la fuerza bruta. Ahora continúan robándolas,
pero su técnica ha cambiado. En lugar de la fuerza, utilizan la persuasión, la
promesa de vestidos bonitos, de autos estupendos y de otros «señuelos» mucho
más efectivos que la fuerza física. Los hábitos del hombre son los mismos que
eran en los albores de la civilización, pero ahora los expresa de formas muy
diferentes.
Un cuidadoso
análisis ha demostrado que las mujeres son mucho más susceptibles a ese temor
que los hombres. Este hecho se explica con facilidad. La experiencia ha
enseñado a las mujeres que los hombres son polígamos por naturaleza, y que no
se debe confiar en ellos cuando se encuentran en manos de rivales.
SÍNTOMAS DEL
TEMOR A LA PÉRDIDA DEL AMOR
Los síntomas más
característicos de este temor son:
Celos. El hábito
de sospechar de los amigos y de las personas queridas sin ninguna evidencia
razonable de motivos suficientes. El hábito de acusar de infidelidad a la
pareja sin motivo alguno. La sospecha de todo el mundo en general, sin tener fe
en nadie.
Descubrir
imperfecciones. El hábito de descubrir imperfecciones en amigos, parientes,
asociados en los negocios y personas amadas, a la menor provocación, o sin
causa que lo justifique.
Apuestas. El
hábito de jugar, robar, engañar y aceptar cualquier otra oportunidad de riesgo
con el propósito de conseguir dinero para la persona amada, en la creencia de
que el amor se puede comprar. El hábito de gastar mucho más de lo que se
ingresa, o de incurrir en deudas para proporcionar regalos a la persona amada,
con objeto de brindarle una imagen favorable. Insomnio, nerviosismo, falta de
perseverancia, debilidad de voluntad, falta de autocontrol, falta de confianza
en sí mismo, mal carácter.
EL TEMOR A LA
VEJEZ
En conjunto, este
temor surge de dos fuentes. En primer lugar, del pensamiento de que la vejez
puede traer consigo la pobreza. En segundo término, siendo ésta la fuente más
común, a partir de enseñanzas falsas y crueles del pasado que se han mezclado
demasiado bien con «fuego y azufre» y otras ideas diseñadas con gran astucia
para esclavizar al hombre a través del temor.
En el caso del
temor básico a la vejez, el hombre tiene dos razones muy sanas para
su aprensión: una
surge de la
desconfianza hacia sus semejantes, que pueden arrebatarle todas
sus posesiones mundanas, y la otra surge de las terribles imágenes que hay en
su mente acerca del «más allá».
La posibilidad de
la mala salud, que se incrementa a medida que la gente envejece, contribuye
asimismo a este
temor tan común
a la vejez.
El erotismo también entra a formar parte del temor a la vejez, ya que a
ningún hombre le agrada la idea de ver disminuida su atracción sexual.
La causa más
común de temor a la vejez va asociada con la posibilidad de la pobreza.
«Asilo» no es
una palabra muy
agradable. Produce un escalofrío en la mente de toda persona que
afronta la posibilidad de tener que pasar los últimos años de su vida en una
casa de beneficencia.
Otra causa que
contribuye al temor a la vejez es la posibilidad de perder la libertad y la
independencia, ya que la vejez puede traer consigo la pérdida de la libertad,
tanto física como económica.
SÍNTOMAS DEL
TEMOR A LA VEJEZ
Los síntomas más
comunes de este temor son: La tendencia a reducir la actividad y a desarrollar
un complejo de inferioridad en la edad de la madurez mental, hacia los cuarenta
años, con la falsa creencia de que uno se descuida a causa de la edad. (La
verdad es que los años más útiles del hombre, tanto mental como físico, son los
comprendidos entre los cuarenta y los sesenta.) El hábito de hablar de uno
mismo como pidiendo disculpas por «ser viejo», sólo porque se han alcanzado los
cuarenta o cincuenta años, en lugar de
darle la vuelta
a esa regla
y expresar gratitud por
haber alcanzado la edad de la sabiduría y la comprensión.
El hábito de
matar la iniciativa, la imaginación y la confianza en sí mismo al creer
falsamente que se es demasiado viejo para ejercer esas cualidades. La costumbre
de la persona de cuarenta años que se viste con el propósito
de intentar
aparecer más joven, y que actúa con las formas afectadas de los jóvenes,
inspirando con ello el ridículo, tanto en los amigos como en los extraños.
EL TEMOR A LA
MUERTE
Para algunos,
éste es el más cruel de todos los temores básicos. La razón resulta evidente.
En la mayoría de los casos, es posible achacar al fanatismo religioso los
terribles dolores de miedo asociados con el pensamiento de la muerte. Los
llamados «paganos» temen menos a la muerte que los más
«civilizados». El
hombre se ha planteado durante miles de años las mismas preguntas que aún
no ha podido contestar acerca del «¿de
dónde?» y
«¿hacia dónde?».
¿De dónde vengo y a dónde voy?
Durante los
períodos más oscuros del pasado, los más astutos no fueron precisamente lentos
a la hora de ofrecer respuesta a estas preguntas, a cambio de un precio.
«Acude a mi
tienda, abraza mi fe, acepta mis dogmas, y te daré el pasaje que te admitirá en
el cielo cuando mueras -grita un líder sectario-. Permanece fuera de mi tienda
y puede que el diablo se apodere de ti y te queme por toda la eternidad.»
El pensamiento
del castigo eterno destruye el interés por la vida y hace imposible la
felicidad.
Aunque el líder
religioso no sea capaz de proporcionar un salvoconducto hacia el cielo, ni la
falta de él permita al desgraciado descender al infierno, la posibilidad de
esto último parece tan terrible, que el simple pensamiento se apodera de la
imaginación de una forma tan realista que paraliza la razón, e instala el temor
a la muerte en nuestra mente.
El temor a la
muerte no es ahora tan común como lo fue en la época en que no existían grandes
universidades. Los hombres de ciencia han derramado el foco de la verdad sobre
el mundo, y esa verdad está liberando rápidamente a los hombres de este
terrible temor a la muerte. Aquellos que
asisten a las
universidades no se dejan impresionar ya fácilmente por el fuego y el azufre.
Con la ayuda de la biología, la astronomía, la geología y otras ciencias
afines, se han ido disipando los temores que se apoderaron de las mentes de los
hombres en otras épocas más oscuras.
El mundo entero
está compuesto de sólo dos cosas: energía y materia. En la física elemental
aprendemos que ni la materia ni la energía (las únicas dos realidades conocidas
por el
hombre) pueden ser creadas
ni destruidas. Tanto la materia como la
energía pueden ser transformadas, pero ninguna de ellas destruida.
Si la vida es
alguna cosa, es energía. Si es imposible destruir la energía y la materia,
resulta evidente que tampoco se puede destruir la vida.
Ésta, como cualquier otra forma de energía, puede pasar por distintos
procesos de transición o de cambio, pero nunca se puede destruir. La muerte no
es más que una transición.
Si la muerte no
es simple cambio, o una transición, en tal caso, nada existe después de ella,
excepto un largo y eterno sueño pacífico, y el sueño no es algo a lo que haya
que temer. Así pues, usted puede eliminar para siempre el temor a la muerte.
SÍNTOMAS DEL
TEMOR A LA MUERTE
Los síntomas
generales de este temor son:
La costumbre de
pensar en la muerte, antes que en obtener lo máximo de la vida. Ello se debe,
en general, a la falta de propósito, o a la falta de una ocupación adecuada.
Este temor predomina más
entre las personas de edad avanzada; pero, a veces, las
personas más jóvenes son las víctimas del mismo. El mayor de todos los remedios
contra el temor a la muerte es el ardiente
deseo de alcanzar
logros, apoyado por
la realización de un
servicio útil a los demás. Una persona ocupada en muy raras ocasiones dispone
de tiempo para pensar en la muerte. La vida le parece demasiado excitante como
para andar preocupándose por la muerte. A veces, el temor a la muerte se halla
estrechamente asociado con el temor a la pobreza,
cuando se piensa
que la propia muerte puede dejar a los seres queridos en la pobreza. En otros
casos, el temor a la muerte está causado por la enfermedad y por el
consiguiente desmoronamiento de la resistencia física del cuerpo.
Las causas más
comunes del temor
a la muerte
son: enfermedad, pobreza, falta de ocupación apropiada, desilusión
amorosa, demencia, fanatismo religioso...
LA PREOCUPACIÓN
DEL VIEJO
La preocupación
es un estado mental basado en el temor. Funciona con lentitud, pero es
persistente, insidiosa y sutil. Paso a paso, «se abre camino» hasta que
paraliza la propia
facultad de razonamiento,
destruye la confianza en sí mismo
y la iniciativa. La preocupación es una forma de temor sostenido, causado por
la indecisión; en consecuencia, se trata de un estado mental que es posible
controlar.
Una mente
desequilibrada es impotente. La indecisión hace que la mente sea desequilibrada. A la
mayoría de los
individuos le falta fuerza
de voluntad para tomar decisiones con prontitud, y para mantenerlas con
firmeza una vez las han tomado.
No nos
preocupamos por las condiciones cuando hemos tomado una decisión para seguir
una determinada línea de acción. En cierta ocasión entrevisté a un hombre que
iba a ser electrocutado dos horas más tarde. El condenado era el más tranquilo
de las ocho personas que estaban con él en la celda de la muerte. Su
tranquilidad me indujo a preguntarle cómo se sentía al saber que iba a pasar a
la eternidad en tan breve espacio de tiempo. Me dirigió una sonrisa de
confianza, y contestó: «Me siento muy bien. Sólo tienes que pensar, hermano,
que todos mis problemas habrán terminado
dentro de poco.
Durante toda mi
vida, sólo he
tenido problemas. Siempre me ha resultado muy difícil conseguir alimento
y ropa. Dentro de poco, ya no necesitaré nada de eso. Me he sentido muy bien
desde que supe con
seguridad que iba a
morir. Entonces, me preparé
mentalmente para aceptar mi destino con buen espíritu».
Al tiempo
que hablaba, devoraba
una cena de
unas proporciones suficientes
para tres hombres, comiendo cada bocado de alimento que se le traía y,
al parecer, disfrutándolo tanto como
si no le
esperara ningún desastre. La
decisión daba una resignación a ese hombre ante su destino. La decisión también
puede prevenir la aceptación de circunstancias no deseadas.
A través de la
indecisión, los seis temores básicos se transforman en un estado de
preocupación. Suprima para
siempre el temor
a la muerte, tomando la decisión de aceptarla como
un acontecimiento inevitable. Elimine el temor a la pobreza adoptando la
decisión de conseguir todas aquellas riquezas que pueda acumular sin
preocupación. Aplaste el cuello del temor a la crítica decidiendo no
preocuparse por lo que la gente piense, haga o diga. Elimine el temor a la
vejez tomando la decisión de aceptarla, no como un obstáculo, sino como una
gran bendición que lleva consigo la sabiduría,
el autocontrol y
la comprensión que
no se conocen
en la juventud. Libérese del
temor a la enfermedad adoptando la decisión de olvidarse de
los síntomas. Domine
el temor a
la pérdida del
amor decidiendo salir adelante sin amor, si eso llegara a ser necesario.
Mate la costumbre
de la preocupación, en todas sus formas, tomando la decisión general de que no
hay nada en la vida por lo que valga la pena preocuparse. Con esta decisión
alcanzará serenidad, paz mental y claridad de pensamiento, todo lo cual le
producirá felicidad.
Un hombre cuya
mente está llena de temor no sólo destruye sus propias posibilidades de acción
inteligente, sino que transmite estas vibraciones destructivas a las mentes de
todos aquellos que entran en contacto con él, y con eso también destruye sus
posibilidades.
Incluso un perro
o un caballo sabe cuándo le falta valor a su amo; es más, un perro o un caballo
captará las vibraciones de temor que su amo emite, y se comportará de acuerdo
con ellas. Mucho más abajo en la línea de inteligencia del reino animal, uno se
encuentra con esa misma capacidad para captar las vibraciones del temor.
EL DESASTRE DEL
PENSAMIENTO DESTRUCTIVO
Las vibraciones
del temor pasan de una mente a otra con la misma rapidez y seguridad con que el
sonido de la voz humana pasa de la emisora de radio al receptor.
La persona
que expresa los
pensamientos negativos o los
destructivos mediante las palabras puede estar casi segura de
experimentar los resultados de esas mismas palabras en forma de «golpes en
retorno» destructivos. La emisión de impulsos de pensamiento destructivo
también produce, por sí sola, sin ayuda de las palabras, una reacción de
«golpes en retorno» que se pone de manifiesto en muchas formas. En primer
lugar, y quizás esto sea lo más importante a recordar, la persona que emite
pensamientos de naturaleza destructiva tiene que sufrir un grave daño como
consecuencia del desmoronamiento de la facultad de la imaginación
creativa. En segundo
término, la presencia
de cualquier emoción destructiva en la mente desarrolla
una personalidad negativa que repele a los
demás, y que, a
menudo, los convierte en antagonistas. La tercera fuente de daño para la persona que
tiene pensamientos negativos o que los emite radica en el hecho significativo
de que esos impulsos de pensamiento no sólo son nocivos para los demás, sino
que impregnan el subconsciente de la misma persona que los emite, y terminan
por llegar a formar parte de su propio carácter.
Su misión en la
vida es, presumiblemente, alcanzar el éxito. Para conseguirlo, debe
encontrar la paz
mental, adquirir los
materiales necesarios para la vida y, por encima de todo, alcanzar la felicidad.
Todas estas evidencias de éxito empiezan en forma de impulsos de pensamiento.
Usted puede
controlar su propia mente, dispone usted
del poder para alimentarla con aquellos impulsos de pensamiento que prefiera.
Con este privilegio también va la responsabilidad de utilizarlos de forma
constructiva. Usted es el dueño de su propio destino terrenal, con la misma
certeza y de la misma forma que tiene el poder para controlar sus propios
pensamientos. Usted es capaz
de influir, dirigir
y controlar su
propio ambiente, haciendo que su vida sea aquello que usted desea; o
bien puede descuidar el ejercicio de ese privilegio, que es exclusivamente
suyo, para
que su
vida se encuentre
sometida y, por
lo tanto, a merced de las
«circunstancias»,
que le arrojarán de un lado a otro, como si fuera una tabla a merced de las
olas del océano.
EL TALLER DEL
DIABLO
Además de los
seis temores básicos, hay otro mal del que la gente suele sufrir. Constituye un
terreno abonado en el que las semillas del fracaso crecen en abundancia. Es algo
tan sutil que, con frecuencia, ni siquiera se detecta su presencia. Esta
aflicción no puede clasificarse como un temor. Es algo que se halla enraizado
más profundamente y que, a menudo, resulta más funesto que los seis temores
básicos. A falta de un nombre mejor, denominemos a este mal susceptibilidad a
las influencias negativas.
Los hombres que
acumulan grandes riquezas se protegen siempre contra este mal. Aquel que se ve
afectado por la pobreza nunca lo hace. Los que tienen éxito en cualquier actividad
han de preparar sus mentes para resistirse a este mal. Si usted está leyendo
esta filosofía con el propósito de acumular riquezas, debe examinarse a sí
mismo con sumo cuidado, para determinar si es usted susceptible a las
influencias negativas. Si descuida este autoanálisis, habrá renunciado a su
derecho a alcanzar el objeto de sus deseos.
Haga que su
autoanálisis sea investigador. Después de haber leído las preguntas preparadas
para llevarlo a cabo, aténgase a un estricto recuento de sus respuestas. Ponga
manos a la obra con toda la atención posible, como si emprendiera la búsqueda
de cualquier otro enemigo del que supiera que está esperándole para tenderle
una emboscada, y enfréntese a sus propias faltas, tal y como haría con un
enemigo más tangible.
Puede protegerse
con facilidad contra los ladrones de caminos, ya que la ley ofrece cooperación
organizada en beneficio de usted, pero tenga en cuenta que este «séptimo mal
básico» es mucho más difícil de dominar, porque suele golpear cuando usted no
es consciente de su presencia, tanto si usted duerme como si está despierto.
Además, su arma es intangible, pues consiste simplemente en un estado mental.
Este mal también resulta
peligroso debido
a que golpea de muchas formas diferentes, tantas como experiencias humanas
existen. En ocasiones, entra en la mente a través de palabras bienintencionadas
pronunciadas por un pariente cercano. Otras veces, le perturba a uno desde
dentro, por medio de la propia actitud mental. Siempre es tan mortal como un
veneno, aun cuando no pueda matar con la misma rapidez.
CÓMO PROTEGERSE
DE LAS INFLUENCIAS NEGATIVAS
Para protegerse a
sí mismo contra las influencias negativas, tanto si son de su propia producción
como si son el resultado de las actividades de ciertas personas negativas que
le rodean, debe reconocer que usted tiene un poder de voluntad, y utilizarlo
constantemente hasta que logre construir un muro de inmunidad en su propia
mente contra esas influencias negativas.
Reconozca el
hecho de que usted, al igual que todo ser humano, es, por naturaleza, perezoso,
indiferente y susceptible a todas las sugerencias que armonicen con sus
debilidades.
Reconozca que
usted es, por naturaleza, susceptible a todos y cada uno de los seis temores básicos,
e instituya en su actitud hábitos que le permitan contrarrestar todos esos
temores.
Reconozca que las
influencias negativas actúan a menudo sobre usted a través de su propia mente
subconsciente y que, en consecuencia, resultan difíciles de detectar, por lo
que debe mantener la mente cerrada contra todas aquellas personas que lo depriman o
lo desanimen de cualquier forma.
Limpie su armario
de medicamentos, arroje todos los frascos con píldoras, y deje de ser
indulgente con los resfriados, los dolores y las enfermedades imaginarias.
Busque
deliberadamente la compañía de personas que influyan para que piense y actúe
por sí mismo.
No espere
problemas, ya que éstos tienen tendencia a no desilusionarle.
Sin duda, la
debilidad más común de todos los seres humanos es la costumbre de abrir sus
mentes a la influencia negativa de otras personas. Esta debilidad es tanto más
nociva en cuanto que la mayoría de la gente no se da cuenta de que han sido
maldecidos con ella, y muchos de aquellos que la reconocen, descuidan el mal, o
se niegan a corregirlo hasta que se convierte en una parte incontrolable de sus
hábitos cotidianos.
Para ayudar a
quienes desean verse a sí mismos tal y como son en realidad, se ha preparado la
siguiente lista de preguntas. Léalas y exprese sus respuestas en voz alta, de
tal modo que pueda oír su propia voz. Eso le facilitará el ser honesto consigo
mismo.
CUESTIONARIO PARA
EL AUTOANÁLISIS
¿Suele quejarse
de «sentirse mal»? En tal caso, ¿cuál es la causa?
¿Encuentra
defectos en las otras personas a la menor provocación?
¿Comete con
frecuencia errores en su trabajo? De ser así, ¿por qué?
¿Se muestra usted
sarcástico y ofensivo en su conversación?
¿Evita
deliberadamente la asociación con cualquier persona? Y, si lo hace,
¿cuál es la
causa?
¿Sufre con
frecuencia de indigestión? En tal caso, ¿cuál es la causa?
¿Le parece que su
vida es inútil y que no tiene esperanza de futuro?
¿Le gusta el
trabajo que hace? Si no es así, ¿por qué?
¿Suele
compadecerse de sí mismo? En tal caso, ¿porqué?
¿Siente envidia
de aquellos que sobresalen por encima de usted?
¿A qué dedica la
mayor parte de su tiempo, a pensar en el éxito, o a pensar en el fracaso?
A medida que los
años transcurren, ¿aumenta la confianza en sí mismo o la pierde?
¿Aprende algo
valioso de los errores que comete?
¿Permite que
algún pariente o conocido le preocupe? En tal caso, ¿por qué?
¿Se encuentra
a veces «en
las nubes», y
en otras ocasiones
en las profundidades del
abatimiento?
¿Quién tiene la
influencia más inspiradora sobre usted? ¿Cuál es la causa?
¿Tolera las
influencias negativas o descorazonadoras que podría evitar?
¿Es descuidado
con su aspecto personal? En tal caso, ¿cuándo y por qué?
¿Ha aprendido a
«ahogar sus problemas» estando
demasiado ocupado como para que éstos le perturben?
¿Se consideraría
a sí mismo un «débil falto de voluntad» si permitiera que los demás pensasen
por usted?
¿Descuida la
limpieza interna de sí mismo, hasta que la autointoxicación le convierte en una
persona de mal carácter e irritable?
¿Cuántas
perturbaciones previsibles le molestan, y por qué las tolera?
¿Recurre al
licor, a los narcóticos o a los cigarrillos para «tranquilizar sus nervios»? En
tal caso, ¿por qué no intenta utilizar la fuerza de voluntad en su lugar?
¿Hay alguien que
le «fastidie»? En tal caso, ¿por qué razón?
¿Tiene un
gran propósito definido?
¿Cuál es y
qué planes tiene
para alcanzarlo?
¿Sufre usted
alguno de los seis temores básicos? En tal caso, ¿cuál o cuáles?
¿Dispone de un
método para protegerse contra la influencia negativa de los demás?
¿Hace uso
deliberado de la autosugestión para conseguir que su mente sea positiva?
¿Qué es lo que
valora más, sus posesiones materiales, o el privilegio de controlar sus propios
pensamientos?
¿Se ve influido
con facilidad por los demás, aun en contra de su propio juicio?
¿Ha añadido el
día de hoy algo de valor a su reserva de conocimientos o a su estado mental?
¿Afronta
directamente las circunstancias que le hacen desgraciado, o evita la
responsabilidad?
¿Analiza todos
los errores y los fracasos y trata de aprovecharlos, o quizás adopta la actitud
del que piensa que eso no es responsabilidad suya?
¿Puede citar
tres de sus
debilidades más nocivas?
¿Qué hace para corregirlas?
¿Anima a
otras personas a que le
expongan sus preocupaciones por simpatía?
Durante sus
experiencias cotidianas, ¿elige lecciones o influencias capaces de ayudarle en
su progreso personal?
Por regla
general, ¿tiene su presencia una influencia negativa sobre los demás?
¿Qué hábitos de
las demás personas son los que más le molestan?
¿Se forma sus
propias opiniones o se deja influir por otras personas?
¿Ha aprendido a
crear un estado mental con el que protegerse contra todas las influencias
descorazonadoras?
La ocupación a la
que se dedica, ¿le inspira fe y esperanza?
¿Es usted
consciente de tener fuerzas espirituales de un poder suficiente como para
permitirle mantener la mente libre de toda forma de temor?
¿Le ayuda su
religión a mantener una mentalidad positiva?
¿Cree que es su deber
compartir las preocupaciones de los demás? En tal caso, ¿por qué?
Si usted cree que
«los pájaros de un mismo género vuelan juntos», ¿qué ha aprendido de sí mismo
mediante el estudios de aquellos amigos a los que atrae?
¿Qué conexión, si
hay alguna, ve usted entre la gente con la que se asocia más estrechamente y
cualquier infelicidad que pueda experimentar?
¿Sería posible
que alguna persona a la que considera su mejor amigo sea, en realidad, su peor
enemigo, debido a la influencia negativa que ejerce sobre la mente de usted?
¿Según qué reglas
juzga quién es valioso para usted y quién es nocivo? Sus asociados íntimos,
¿son mentalmente superiores a usted o inferiores?
¿Cuánto tiempo de
cada 24 horas dedica usted a:
a) su ocupación
b) dormir
c) jugar y
relajarse
d) adquirir
conocimientos útiles e) desaprovechar el tiempo?
Entre sus
conocidos, ¿quién de ellos a) le estimula más
b) le previene
más
c) le desanima
más?
¿Cuál es su mayor
preocupación? ¿Por qué la tolera?
Cuando otros
le ofrecen un
consejo no solicitado,
¿lo acepta sin cuestionarlo, o analiza sus
motivaciones?
¿Qué es lo que
más desea, por encima de todo lo demás? ¿Tiene intención de conseguirlo? ¿Está
dispuesto a subordinar el resto de sus deseos a ése?
¿Cuánto tiempo
dedica al día a conseguirlo?
¿Cambia de
opinión con frecuencia? En tal caso, ¿por qué?
¿Suele terminar
todo aquello que empieza?
¿Se siente
fácilmente impresionado por
los negocios o por los
títulos personales, grados académicos o riqueza de otras personas?
¿Se siente
influido fácilmente por lo que otras personas piensan o dicen de usted?
¿Valora a las
personas por su estatus social o financiero?
¿Quién cree que
es la persona más grande que vive en la actualidad?
¿En qué aspecto
considera que esa persona es superior a usted?
¿Cuánto tiempo
ha dedicado a
estudiar y contestar
a todas estas preguntas? (Al menos se necesita un día
para llevar a cabo el análisis y dar contestación a todas las preguntas de la
lista.)
Si ha contestado
a todas estas preguntas con sinceridad, sabe más acerca de sí mismo que la
mayoría de las personas. Estudie las preguntas con sumo cuidado, vuelva a
revisarlas una vez a la semana durante varios meses, y asómbrese ante la
cantidad de conocimiento adicional de gran valor que habrá adquirido sobre sí
mismo por el simple método de contestar con honradez a estas preguntas. Si no
se siente seguro en lo que se refiere a las respuestas a algunas preguntas,
busque el consejo de quienes le conozcan bien, en especial de aquellos que no
tienen motivo alguno para halagarlo, y véase
a sí mismo
a través de
sus ojos. La
experiencia le resultará asombrosa.
LA ÚNICA COSA
SOBRE LA QUE USTED TIENE CONTROL ABSOLUTO
Usted dispone de
un control absoluto sobre una única cosa: sus pensamientos. Se trata del hecho
más significativo e inspirador de todos los conocidos por el hombre. ¡Refleja
la naturaleza divina del hombre! Esta prerrogativa divina es el único medio de
que usted dispone para controlar su destino. Si no logra controlar su mente,
puede estar seguro de que no logrará controlar nada más. Si tiene que ser
descuidado en lo que se refiere a sus posesiones, deje que sea en relación con
las cosas materiales. ¡Su mente es su posesión espiritual! Protéjala y
utilícela con todo el cuidado al que tendría derecho la realeza divina. Para
ese propósito se le dio la fuerza de voluntad.
Por desgracia, no
existe protección legal contra aquellos que, ya sea a
propósito o por ignorancia, envenenan las mentes de los demás mediante la su
gestión negativa. Esta forma de destrucción debería ser punible, y con duros
castigos legales, porque puede destruir, como sucede a menudo, las
oportunidades de la persona para adquirir cosas materiales que están protegidas
por la ley.
Hombres con
mentes negativas trataron de convencer a Thomas A. Edison de que no podría
construir una máquina que registrara y reprodujera la voz humana, «porque –
dijeron - nunca antes nadie ha producido una máquina igual». Edison no les
creyó. Sabía que la mente era capaz de producir cualquier cosa que la propia
mente pudiera concebir y creer, y ese conocimiento fue
lo que elevó
al gran Edison
por encima del
rebaño común.
Hombres con
mentes negativas le dijeron a F. W. Woo1worth que se arruinaría si trataba de
dirigir una tienda sobre la base de ventas de artículos a cinco y diez
centavos. Woo1worth se negó a creerles. Sabía que podía hacer cualquier cosa,
dentro de lo razonable, si apoyaba sus planes con la fe. Ejerció su derecho a
descartar de su mente las sugerencias negativas de los demás, y acumuló una
fortuna de más de cien millones de dólares.
Personas
incrédulas se burlaron cuando Henry Ford probó su primer automóvil, toscamente
fabricado, en las
calles de Detroit.
Algunos afirmaron que aquel artefacto jamás sería práctico. Otros
dijeron que nadie pagaría un céntimo por aquel cacharro. Ford replicó: «Llenaré
la tierra con vehículos que dependerán del motor». ¡Y lo hizo! En beneficio de
aquellos que buscan grandes
riquezas, recordemos que,
prácticamente, la única
diferencia existente entre Henry Ford y una gran mayoría de trabajadores es la
siguiente: Ford tenía una mente y la controlaba. Los demás tienen mentes que ni
siquiera intentan controlar.
El control mental
es el resultado de la autodisciplina y el hábito. O usted controla su mente,
o ésta le controla a usted. No hay
compromisos ni términos medios. El método más práctico de todos para controlar
la propia mente es el
hábito de mantenerla ocupada con
un propósito definido, apoyado por un plan concreto.
Estudie todo aquello que se sepa sobre cualquier hombre que haya alcanzado un
éxito notable, y observará que ese hombre tiene control sobre su propia mente,
que ejercita ese control y que lo dirige hacia la obtención de objetivos
definidos. Sin la existencia de ese control, el éxito no es posible.
CINCUENTA Y CINCO
COARTADAS FAMOSAS DEL VIEJO “SI”
Las personas que
no alcanzan el éxito tienen un rasgo característico común. Conocen todas las
razones que explican el fracaso, y disponen de lo que consideran que son toda
clase de justificaciones o coartadas para explicar su propia falta de logros.
Algunas de esas
coartadas son inteligentes, y unas pocas de ellas se hallan incluso confirmadas
por los hechos. Pero no se pueden utilizar excusas para no tener dinero. El
mundo que nos rodea sólo quiere saber una cosa:
¿ha alcanzado
usted el éxito?
Un analista del
carácter compiló una lista de las excusas que suelen utilizarse con mayor
frecuencia. A medida que lea la lista, examínese a sí mismo con cuidado, y
determine cuántas de estas excusas ha hecho suyas, si es que hay alguna. Recuerde
también que la filosofía presentada en este libro hace que cada una de estas
excusas haya quedado obsoleta.
SI no tuviera una
esposa y una familia... SI tuviera suficiente «empuje»...
SI tuviera
dinero...
SI tuviera una
buena educación... SI pudiera conseguir un trabajo... SI gozara de buena
salud...
SI dispusiera de
tiempo...
SI los tiempos
fueran mejores...
SI otras personas
me comprendieran...
SI las
condiciones que me rodean fueran diferentes...
SI pudiera volver
a vivir mi vida...
SI no tuviera
miedo de lo que «ellos» dicen... SI me hubieran dado una oportunidad...
SI ahora tuviera
una oportunidad...
SI otras personas
no lo hubieran conseguido por mí... SI no sucediera nada que me detuviera...
SI fuera más
joven...
SI pudiera hacer
lo que quisiera... SI hubiera nacido rico...
SI pudiera
conocer a la «gente adecuada»...
SI tuviera el
talento que algunas personas tienen... SI me atreviera a imponerme...
SI sólo hubiera
aprovechado las oportunidades del pasado... SI la gente no me pusiera
nervioso...
SI no tuviera que
mantener la casa y cuidar de los hijos... SI pudiera ahorrar algún dinero...
SI el jefe me
apreciara...
SI contara con
alguien que me ayudara...
SI mi familia me
comprendiera... SI viviera en una gran ciudad... SI sólo pudiera empezar...
SI fuera libre...
SI tuviera la
personalidad de algunas personas... SI no fuera tan gordo...
SI mi talento
fuera conocido...
SI pudiera
abrirme «paso»...
SI pudiera librarme
de deudas... SI no hubiera fracasado...
SI supiera
cómo...
SI nadie se me
opusiera...
SI no tuviera
tantas preocupaciones...
SI pudiera
casarme con la persona adecuada... SI la gente no fuera tan insensible...
SI mi familia no
fuera tan extravagante... SI estuviera seguro de mí mismo...
SI no tuviera la
suerte en contra... SI hubiera nacido bajo otro signo...
SI no fuera
cierto que «lo que tiene que ser, será»... SI no tuviera que trabajar tanto...
SI no hubiera
perdido mi dinero... SI viviera en un barrio diferente... SI no tuviera un
«pasado»...
SI tuviera una
empresa propia... SI los demás me escucharan...
SI *** y éste es
el mayor de todos ellos... si yo tuviera el valor de verme tal y como soy en
realidad, descubriría qué es lo que pasa conmigo, y lo corregiría. Entonces
tendría la oportunidad de aprovechar mis propios errores y aprender algo de la
experiencia de los demás, pues sé que me ocurre algo que no está del todo bien
porque estaría donde debería estar si me hubiese pasado más tiempo analizando
mis debilidades, y menos buscando excusas que las justificaran.
Encontrar excusas
con las que
explicar el fracaso
es un pasatiempo nacional. El hábito es tan viejo
como el ser humano, ¡y fatal para el éxito!
¿Por qué
la gente se aferra a
sus mezquinas excusas? La respuesta es evidente. Defienden
sus excusas porque
ellos mismos las
crean. Toda excusa es hija de la
propia imaginación. Y está en la naturaleza del hombre defender lo que es producto
del propio cerebro.
Encontrar excusas
es un hábito profundamente arraigado. Los hábitos son difíciles de romper,
sobre todo cuando ofrecen una justificación para algo que hemos hecho. Platón
pensaba en esta verdad cuando afirmó: «La primera y mejor victoria es
conquistar el yo. Ser conquistado por el yo es, de todas las cosas, la más
vergonzosa y vil».
Otro filósofo
pensaba en lo
mismo cuando dijo:
«Me llevé una
gran sorpresa al descubrir que la mayor parte de la fealdad que veía en
los demás no era más que un reflejo de mi propia naturaleza».
Elbert Hubbard
dijo: «Siempre ha sido un misterio para mí saber por qué la gente se pasa tanto
tiempo engañándose a sí misma, creando excusas para justificar sus debilidades.
Si ese tiempo se utilizara de un modo diferente, bastaría para curar la
debilidad, y entonces no necesitaríamos de ninguna excusa».
Antes de
terminar, quisiera recordarle que «la vida es un tablero de ajedrez y el
contrincante es el tiempo. Si usted duda antes de mover, o descuida hacer el
movimiento con prontitud,
el tiempo lo
vencerá. Usted jusga contra un contrincante que no tolera la
indecisión».
Es posible que
hasta ahora usted haya tenido una excusa lógica para no verse obligado a
exigirle a la vida aquello que usted mismo le ha pedido, pero esa excusa ha
quedado obsoleta, porque ahora usted está en posesión de la llave maestra que
abre la puerta de las cuantiosas riquezas de la vida.
La llave maestra
es intangible, pero muy poderosa. Otorga el privilegio de crear, en
la propia mente,
un ardiente deseo
de alcanzar una
forma definida de riqueza. No hay ningún castigo por utilizarla, pero se
ha de pagar un precio por no hacerlo. Ese precio es el fracaso. Si se la
utiliza, en cambio, le espera una recompensa de enormes proporciones. Se trata
de la satisfacción que nos produce conquistar el yo y obligar a la vida a
entregarnos aquello que se le pide.
La recompensa es
digna de su
esfuerzo. ¿Está dispuesto
a empezar y convencerse?
«Si somos
parientes -dijo el inmortal Emerson-, nos conoceremos.» Para terminar, permítaseme
adoptar su pensamiento
y decir: «Si
somos parientes, nos hemos conocido a través de estas páginas».