Piense y Hágase
Rico
Napoleón Hill
CONTENIDO
PRÓLOGO DEL
TRADUCTOR
6PALABRAS DEL
AUTOR7Capítulo 1 LOS PENSAMIENTOS SON COSAS12EL HOMBRE QUE «PENSÓ» EN LA MANERA
DE ASOCIARSE CON THOMAS A. EDISON
El inventor y el
vagabundo... Los astutos disfraces de
la oportunidad... A casi un metro del oro... Nunca me detendré porque los
hombres digan “NO”... Una lección de perseverancia de cincuenta centavos... El
extraño poder de una niña... Todo lo que usted necesita es una buena idea... El
“imposible” motor V8 de Ford... Por qué es usted el dueño de su destino...
Principios que pueden cambiar su destino...
Capítulo 2 EL
DESEO
28
EL PUNTO INICIAL
DE TODO LOGRO
El hombre que
quemó puentes... El incentivo que conduce a la riqueza... Seis maneras de
convertir el deseo en oro... ¿Puede imaginarse que es usted millonario?... El
poder de los grandes sueños... Cómo hacer que los sueños despeguen de la
plataforma de lanzamiento... El deseo es más listo que la Madre Naturaleza...Un
accidente que transformó una vida... Ganó un mundo nuevo con seis centavos...
El pequeño niño sordo que oyó... Ideas que obran milagros... La química mental
hace magia...
Capítulo 3 LA
FE
45
VISUALIZACIÓN Y
CREENCIA EN LA CONSECUCIÓN DEL DESEO
Cómo desarrollar
la fe... Nadie está condenado a la mala suerte... La fe es un estado mental que
se puede inducir mediante la autosugestión... La magia de la autosugestión...
Fórmula para la confianza en uno mismo... El desastre del pensamiento
negativo... ¿Qué genio yace dormido en su cerebro? Cómo una idea construyó una
fortuna... La riqueza empieza con el pensamiento...
Capítulo 4 LA
AUTOSUGESTIÓN
64
EL VEHÍCULO PARA
INFLUIR EN EL SUBCONSCIENTE
Vea y sienta el
dinero en sus manos... Cómo fortalecer sus poderes de concentración... Seis
pasos para estimular su subconsciente... El secreto del poder de la mente...
Capítulo 5 EL
CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO 72
EXPERIENCIAS
PERSONALES U OBSERVACIONES
El ignorante que
amazó una fortuna... Usted puede obtener todo el conocimiento que necesite...
Conviene saber cómo comprar conocimientos... Una lección de una agencia de
cobros... El camno hacia el conocimiento especializado... Una idea simple que
dio resultados... Un plan probado para conseguir el empleo ideal... Usted no
tiene que empezar desde abajo... Haga que la insatisfacción funcione a su
favor... Sus socios pueden no tener precio... Haga que sus ideas rindan
beneficios por medio del conocimiento especializado...
Capítulo 6 LA
IMAGINACIÓN
87
EL TALLER DE LA
MENTE
Dos formas de
imaginación... Ejercite su imaginación... Las leyes que conducen a la
fortuna... Cómo hacer uso práctico de la imaginación... El hervidor
encantado... Qué haría yo si tuviese un millón de dólares... Cómo transmutar
ideas en dinero...
Capítulo 7 LA
PLANIFICACIÓN ORGANIZADA 100
LA CRISTALIZACIÓN
DEL DESEO EN ACCIÓN
Si su primer plan
fracasa, ¡intente otro!.. Planificación de la venta de servicios personales...
Casi todos los lideres comienzan como seguidores... Los principales atributos
del liderazgo... Las diez causas principales del fracaso en el liderazgo...
Algunos campos fértiles en los que habrá demanda de nuevos lideres... Cuándo y
cómo salir en busca de empleo... La información que se debe incluir en un
expediente escrito... Cómo conseguir el cargo que desea... La nueva manera de
comercializar servicios...
¿Cuál es su
calificación de CCE?.. El valor capital de sus servicios... Las treinta y una
causas principales del fracaso... ¿Conoce usted su propio valor?.. Haga un
inventario de sí mismo... Dónde y cómo se pueden encontrar oportunidades para
acumular riqueza... El “Milagro” que ha proveído estas bendiciones... El
capital es la piedra angular de nuestras vidas... Sus oportunidades en medio de
las riquezas...
Capítulo 8
DECISIÓN
139
EL DOMINIO DE LA
POSTERGACIÓN
Consejos para
tomar sus propias decisiones... Libertad o muerte en una decisión... Cincuenta
y seis que se arriesgaron a la horca... Organización de un grupo de “Master
Mind”... Una decisión que cambió la historia... La decisión má strascendental
jamás puesta en papel... Sepa lo que quiere y, en general, lo conseguirá...
Capítulo 9
PERSISTENCIA
152
EL ESFUERZO
SOSTENIDO NECESARIO PARA INDUCIR LA FE... Su test de persistencia... ¿Tiene
usted “consciencia del dinero” o “consciencia de pobreza”?.. Cómo liberarse de
la inercia mental... Elévese por encima de sus fracasos... Usted puede
entrenarse para ser persistente... Si tiene miedo a las críticas... Los golpes
de suerte se pueden hacer a la medida... Cómo desarrollar la persistencia...
Cómo vencer las dificultades...
Capítulo 10 EL
PODER DE UN GRUPO DE “MASTER MIND"
169
LA FUERZA
IMPULSORA
Gane poder por
medio de un “Master Mind”... Cómo multimplicar el poder de su cerebro... El
poder de las emociones positivas...
Capítulo 11 EL
MISTERIO DE LA
TRANSFORMACIÓN
DEL SEXO
178
Relación de
realización en naturalezas sexuales altamente desarrolladas... Los diez
estímulos de la
mente... El genio
se desarrolla a través del sexto sentido... De dónde surgen los presentimientos...
El incremento de la capacidad creativa... Cómo un inventor alcanzó sus mejores
ideas.... Los métodos utilizados por los genios están disponibles para usted...
La fuerza impulsora del sexo... Por qué los hombres raras veces alcanzan el éxito
antes de los cuarenta.... El mayor de todos los estimulantes de la mente... El
almacén del magnetismo personal... Falsas creencias de que el sexo daña la personalidad... Los años
fructíferos después de los cuarenta... Llame al centro energético de sus emociones...
Quien ama de verdad nunca puede perder por completo... Razones por las que la
esposa puede elevar o hundir al hombre... La inutilidad de las riquezas sin
mujeres...
Capítulo 12 EL
SUBCONSCIENTE 202
EL ENLACE QUE
ESTABLECE LA CONEXIÓN
Cómo energetizar
el subconsciente para
el esfuerzo creativo...
Haga que sus
emociones positivas trabajen para
usted... El secreto de la oración eficaz...
Capítulo 13 EL
CEREBRO 210
UNA ESTACIÓN
RECEPTORA Y EMISORA PARA EL PENSAMIENTO
Las fuerzas más
grandes son intangibles... La espectacular historia del cerebro... Cómo unir
mentes en un equipo de trabajo...
Capítulo 14 EL
SEXTO SENTIDO
218
LA PUERTA DEL
TEMPLO DE LA SABIDURÍA
Milagros del
sexto sentido... Permita que los grandes hombres le den forma a su vida... La
formación del caracter mediante la autosugestión... El asombroso poder de la
imaginación... Tocando a la fuente de inspiración... Una fuerza poderosa de
crecimiento lento...
Capítulo 15 LOS
SEIS FANTASMAS DEL TEMOR 227
Los seis miedos
básicos... El temor a la pobreza... El temor más destructivo... Síntomas del
temor a la
pobreza... El
dinero habla... El temor a la crítica... Síntomas del temor a la crítica... El
temor a la enfermedad... Síntomas del temor a la enfermedad... El temor a la
pérdida del amor... Síntomas del temor a la pérdida del amor... El temor a la
vejez... Síntomas del temor a la vejez... El temor a la muerte... Síntomas del
temor a la muerte... La preocupación del viejo... El desastre del pensamiento
destructivo... El taller del Demonio... Cómo protegerse de las influencias
negativas... Cuestionario para el autoanálisis... La única cosa sobre la que
usted tiene control absoluto... Cincuenta y cinco coartadas famosas del viejo
“si”...
PRÓLOGO DEL
TRADUCTOR
“Piense y Hágase
Rico”... Jamás había visto a un libro cuyo título resumiera tan perfectamente
la enseñanza de una filosofía completa para el logro y la realización personal.
No dudo en afirmar que todo aquél que aplique la filosofía aquí expuesta
terminará relacionándose con sus pensamientos y sentimientos de una forma
activa y deliberada. No será nunca más la víctima de los pensamientos que lo
dominan, sino que, por el contrario, se dedicará a conocer y armonizar su modo
de pensar, de sentir, y en consecuencia, de actuar.
La gran mayoría
de las personas exitosas que he conocido, han aplicado sabiéndolo o no, los
principios básicos que este libro tan magistralmente presenta. Antes de su
lectura y aplicación, la vida del aspirante a riqueza (de cualquier tipo), está
determinada por pensamientos que no eligió conscientemente y que no puede
controlar. Sus pensamientos están condicionados a la sociedad y a los
instintos.
Se aprende a
influir positivamente sobre el pensamiento ajustándose a un método de vida, y
aplicando técnicas específicas que acostumbren a armonizar y desarrollar la
forma de pensar, de sentir y de actuar. Este libro le ofrece todas estas
técnicas y el método necesario para hacerlo.
Si bien es cierto
que algunos de los consejos aquí presentados pueden no adaptarse a nuestra
sociedad computarizada de hoy, los trece pasos hacia la riqueza permanecerán
como verdades nobles, universales e inmutables.
Todos los seres
humanos necesitamos orientación. “Piense y Hágase Rico” abarca toda la
orientación necesaria para realizar nuestro potencial de riqueza. El resultado
de la orientación que Napoleón Hill nos ofrece dependerá en gran medida del
discernimiento de cada uno para entenderla, de su esfuerzo por aplicarla, de su
confianza para aceptarla y de su compromiso para recibirla.
El traductor
sugiere entonces al lector que considere este libro como un texto de estudio,
no un simple libro de lectura. Conozco individuos que han dedicado la mayor
parte de su vida al estudio de esta obra, y como resultado han sido premiados
con una vida plena, rica y llena de la satisfacciones que se derivan de un
continuo crecimiento.
Deseamos que la
sabiduría expuesta en este libro le sirva al estudiante sincero para alcanzar
una relación armónica con sus propios pensamientos, y como resultado consiga
cualquier tipo de riqueza que busque.
Aldo Lagrutta
El traductor
PALABRAS DEL
AUTOR
En cada capítulo
de este libro, que ha hecho fortunas para centenares de hombres
extraordinariamente ricos a quienes he analizado de manera exhaustiva durante
muchísimos años, se habla del secreto de cómo hacer dinero.
El secreto me lo
señaló Andrew Carnegie, hace más de medio siglo. El anciano escocés, astuto y
encantador, me lo lanzó sin mayor cuidado cuando yo era apenas un niño. Luego
se recostó en la silla, con un destello de alegría en los ojos, y me miró
detenidamente para ver si yo había comprendido todo el significado de lo que me
acababa de decir.
Al ver que yo
había captado la idea, me preguntó si estaría dispuesto a pasarme veinte años o
más preparándome para ofrecérselo al mundo, a hombres y mujeres que, sin ese
secreto, podían llevar una vida de fracasos. Le respondí que sí, y con la ayuda
del señor Carnegie, he mantenido mi promesa.
Este libro
contiene ese secreto, puesto a prueba por centenares de personas de casi todas
las clases sociales. Fue idea del señor Carnegie que esta fórmula mágica, que
le proporcionó una fortuna estupenda, debía ponerse al alcance de la gente que
no tiene tiempo para investigar cómo ganan los hombres dinero, y fue su deseo
que yo pusiera a prueba y demostrara la eficacia de la fórmula a través de la
experiencia de hombres y mujeres de todas las vocaciones. Él opinaba que la
fórmula debía enseñarse en todas las escuelas y universidades públicas, y
expresaba la opinión de que, si fuese enseñada de forma adecuada,
revolucionaría el sistema educativo
hasta tal punto
que el tiempo que pasamos en la escuela se vería reducido a menos de la mitad.
En el capítulo
sobre la fe, usted leerá la sorprendente historia de la organización de la
gigantesca United States Steel Corporation, tal como fue concebida y llevada a
cabo por uno de los jóvenes por medio de los que el señor Carnegie demostró que
su fórmula funcionaría con todo el que
estuviera preparado
para ella. Esta sola aplicación del secreto, ejecutada por
Charles M.
Schwab, le dio una fortuna inmensa, tanto en dinero como en
oportunidades.
Más o menos, esa particular aplicación de la fórmula le valió seiscientos
millones de dólares.
Estos hechos,
bien sabidos por la mayoría de las personas que conocieron al señor Carnegie,
le dan una buena idea de lo que la lectura de este libro puede reportarle,
siempre y cuando usted sepa qué es lo que quiere.
El secreto fue
revelado a centenares de hombres y mujeres que lo han empleado para su
beneficio personal, tal como el señor Carnegie había planeado. Algunos han
hecho fortunas con él. Otros lo han aplicado con éxito para crear la armonía en
su hogar. Un sacerdote lo empleó con tal eficacia que le reportó unos ingresos
de más de 75.000 dólares anuales.
Arthur Nash, un
sastre de Cincinnati, usó su negocio casi en bancarrota como conejillo de
indias para poner a prueba la fórmula. El negocio resurgió y permitió a su
dueño hacer una fortuna. Todavía continúa prosperando, aunque el señor Nash ya
ha fallecido. El experimento resultó tan sorprendente que los periódicos y las
revistas le hicieron publicidad muy elogiosa por valor de más de un millón de
dólares.
El secreto fue
revelado a Stuart Austin Wier, de Dallas, Texas. Él estaba preparado para
recibirlo, hasta el punto de abandonar su profesión y ponerse a estudiar
Derecho. ¿Tuvo éxito? También relataremos esa historia.
Cuando trabajaba
como director de publicidad de Extensión de la
Universidad de La
Salle - que entonces era apenas algo más que un nombre
- tuve el
privilegio de ver cómo J. G. Chapline, presidente de la
universidad,
usaba la fórmula con tanta eficacia que hizo de LaSalle una de las escuelas de
extensión más importantes del país.
El secreto al que
me refiero es mencionado no menos de un centenar de veces a lo largo de este
libro. No se lo nombra directamente, ya que parece funcionar con más éxito
cuando se lo descubre y expone a la vista, cuando quienes están preparados
pueden captarlo en su búsqueda. Por eso, el señor Carnegie me lo señaló tan
tranquilamente, sin darme su nombre específico.
Si usted está
preparado para ponerlo en práctica, reconocerá este secreto al menos una vez en
cada capítulo. Me gustaría tener el privilegio de decirle cómo sabrá si está
preparado, pero eso le privaría de muchos de los
beneficios que
recibirá cuando haga el descubrimiento por sus propios medios.
Si usted ha
estado desanimado o ha tenido que superar dificultades extraordinarias, si ha
probado y ha fracasado, si se ha visto disminuido por la enfermedad o por
defectos físicos, la historia del descubrimiento de mi hijo y la aplicación de
la fórmula Carnegie pueden probar ser el oasis que usted ha estado buscando en
el Desierto de la Esperanza Perdida.
Este secreto fue
utilizado por el presidente Woodrow Wilson durante la Primera Guerra Mundial.
Fue revelado a cada soldado que luchó en el frente, cuidadosamente disimulado
en el entrenamiento que recibieron antes de ir a luchar. El presidente Wilson
me dijo que ése fue un factor importante en la obtención de los fondos
necesarios para la guerra.
Una
característica peculiar de este secreto es que quienes lo adquieren y lo
emplean se ven literalmente arrastrados hacia el éxito. Si usted lo duda, lea
los nombres de quienes lo han puesto en práctica, donde sea que se mencionen;
constate usted mismo sus logros y convénzase.
¡Nunca obtendrá
nada a cambio de nada! El secreto al que me refiero no se puede obtener sin
pagar un precio, aunque éste sea muy inferior a su valor. No pueden alcanzarlo
a ningún precio aquellos que no lo estén buscando intencionadamente. Es
imposible conocerlo a la ligera, y no se puede comprar con dinero, porque viene
en dos partes. Una de ellas está ya en posesión de quienes se encuentran
preparados para él.
El secreto sirve
por igual a todos aquellos que estén preparados para recibirlo. La educación no
tiene nada que ver con él. Mucho antes de que yo naciera, el secreto alcanzó a
ser propiedad de Thomas Alva Edison, el cual lo utilizó de manera tan
inteligente que llegó a ser el inventor más importante del mundo, aunque apenas
asistió a la escuela por solo tres meses.
El secreto fue
transmitido a Edwin C. Barnes, un socio de Edison, que lo utilizó con tanta
eficacia, que, aunque sólo ganaba unos doce mil dólares anuales, acumuló una
gran fortuna y se retiró del mundo de los negocios cuando todavía era muy
joven. Se encontrará esta historia al comienzo del primer capítulo. Usted se
convencerá de que la riqueza no está más allá de su alcance; que todavía puede
llegar a ser lo que anhela; que el dinero, la
fama, el
reconocimiento y la felicidad pertenecen a todo aquel que esté preparado y
decidido a tener esos beneficios.
¿Cómo sé todas
estas cosas? Usted deberá saberlo antes de que haya terminado este libro. Quizá
lo descubra en el primer capítulo, o en la última página.
Mientras llevaba
a cabo una tarea de veinte años de investigación, con la que me había
comprometido a instancias del señor Carnegie, analicé a centenares de hombres
famosos, y muchos de ellos admitieron que habían acumulado su vasta fortuna
mediante la ayuda del secreto de Carnegie; entre aquellos hombres se
encontraban:
HENRY FORD WILLIAM WRIGLEY JR JOHN WANAMAKER JAMES J.
HILL
GEORGE S. PARKER E. M. STATLER HENRY L. DOHERTY CYRUS
H. K. CURTIS GEORGE EASTMAN
CHARLES M. SCHWAB THEODORE ROOSEVELT JOHN W. DAVIS
ELBERT HUBBARD WILBUR WRIGHT
WILLIAM JENNINGS BRYAN
DOCTOR DAVID STARR JORDAN J. ODGEN ARMOUR
ARTHUR BRISBANE HARRIS F. WILLIAMS
DOCTOR FRANK GUNSAULUS DANIEL WILLARD
KING GILLETTE RALPH A. WEEKS
JUEZ DANIEL T. WRIGHT JOHN D. ROCKEFELLER THOMAS A.
EDISON FRANK A. VANDERLIP
F. W. WOOLWORTH
CORONEL ROBERT A. DOLLAR EDWARD A. FILENE
EDWIN C. BARNES ARTHUR NASH CLARENCE DARROW WOODROW
WILSON WILLIAM HOWARD TAFT LUTHER BURBANK EDWARD W. BOK
FRANK A. MUNSEY ELBERT H. GARY
DOCTOR ALEXANDER GRAHAM BELL
JOHN H. PATTERSON
JULIUS ROSENWALD STUART AUSTIN WIER DOCTOR FRANK CRANE
GEORGE M. ALEXANDER
J. G. CHAPLINE
SENADOR (US) JENNINGS RANDOLPH
Estos nombres
representan apenas una pequeña parte de los centenares de estadounidenses
famosos cuyos logros, sean financieros o de otra índole, demuestran que quienes
comprenden y aplican el secreto de Carnegie alcanzan posiciones elevadas en la
vida. No he conocido a nadie que, inspirado por el secreto, no alcanzara un
éxito notable en el campo que hubiera elegido. Jamás conocí a ninguna persona
distinguida, ni que acumulara riquezas de ninguna índole, que no estuviese en
posesión del secreto. A partir de estos dos hechos he llegado a la conclusión
de que el secreto es más importante, como parte del conocimiento esencial para
la autodeterminación, que cualquier otro concepto que uno reciba a través de lo
que se conoce como «educación».
¿Qué es la
educación, en cualquier caso? Esto ha quedado explicado con todo detalle. En
alguna parte del libro, a medida que usted vaya leyendo, el secreto al que me
refiero resaltará en la página y se tornará evidente ante usted, si está
preparado para ello. Cuando aparezca, lo reconocerá. Tanto si percibe el signo
en el primero o en el último capítulo, deténgase un momento cuando se le
presente, y celébrelo, ya que esa ocasión
representará el
hito más importante de su vida.
Recuerde, además,
a medida que vaya leyendo, que todo esto tiene que ver con hechos y no con
ficción, y que su propósito consiste en transmitir una gran verdad universal
mediante la cual quienes estén preparados podrán enterarse de qué hacer, y cómo.
También recibirán el estímulo necesario para comenzar.
Como
recomendación final de preparación antes de que usted empiece el primer
capítulo, ¿puedo ofrecerle una breve sugerencia que tal vez le dé una clave con
la que reconocer el secreto de Carnegie? Es ésta: ¡todo logro, toda riqueza
ganada comienza con una idea! Si usted está preparado para el secreto, ya posee
la mitad; por lo tanto, reconocerá la otra mitad con facilidad en el momento en
que alcance sus pensamientos.
NAPOLEON HILL
Piense y Hágase Rico
Napoleón Hill
Capítulo 1
LOS PENSAMIENTOS
SON COSAS
EL HOMBRE QUE
«PENSÓ» EN LA MANERA DE ASOCIARSE CON THOMAS A. EDISON
Desde luego, «los
pensamientos son cosas», cosas muy poderosas cuando se combinan
con la exactitud
del propósito, la
perseverancia y un imperioso deseo de convertirlos en
riqueza, o en otros objetos materiales. Hace algunos años, Edwin C. Barnes
descubrió lo cierto que es que los hombres realmente piensan y se hacen ricos.
Su descubrimiento no surgió de pronto,
sino que
fue apareciendo poco a
poco, empezando por un ferviente deseo de llegar a ser socio del
gran Edison.
Una de las
características principales del deseo de Barnes es que tenía total
determinación. Quería trabajar con Edison, no para él. Observe con detenimiento
la descripción de cómo fue convirtiendo su deseo en realidad, y tendrá una
mejor comprensión de los principios que conducen a la riqueza. Cuando apareció
por primera vez en su mente, Barnes no estaba en posición de actuar según ese
deseo, o
impulso del
pensamiento. Dos obstáculos se interponían en su camino: No conocía a Edison, y
no tenía bastante dinero para pagarse el pasaje en tren hasta Orange, New
jersey.
Estas
dificultades hubieran bastado para desanimar a la mayoría de los hombres en el
intento de llevar a cabo el deseo. ¡Pero el suyo no era un deseo ordinario!
12
EL INVENTOR Y EL
VAGABUNDO
Barnes se
presentó en el laboratorio de Edison, y anunció que había ido a hacer negocios
con el inventor. Hablando de su
primer encuentro con Barnes, Edison comentaba años más tarde:
«Estaba de pie
ante mí, con la apariencia de un vagabundo, pero había algo en su expresión que
transmitía el efecto de que estaba decidido a conseguir lo que se había
propuesto. Yo había aprendido, tras años de experiencia, que cuando un hombre
desea algo tan imperiosamente que está dispuesto a apostar todo su
futuro en una
sola carta para
conseguirlo, tiene asegurado
el triunfo. Le di la oportunidad que me pedía, porque vi que él estaba
decidido a no ceder hasta obtener el éxito. Los hechos posteriores demostraron
que no hubo error».
No podía haber
sido el aspecto del joven lo que le proporcionara su comienzo en la oficina de
Edison, ya que ello estaba definitivamente en su contra. Lo importante era lo
que él pensaba.
Barnes no
consiguió su asociación con Edison en su primera entrevista. Obtuvo la
oportunidad de trabajar en el despacho de Edison, por un salario insignificante. Transcurrieron los
meses. En apariencia,
nada había sucedido que se
aproximase al codiciado objetivo
que Barnes tenía
en mente como su
propósito inicial y
decidido. Pero algo
importante estaba sucediendo en los pensamientos de Barnes.
Intensificaba constantemente su deseo de convertirse en socio de Edison.
Los psicólogos
han afirmado, con todo acierto, que «cuando uno está realmente preparado para
algo, aparece». Barnes se hallaba listo para asociarse con Edison; además,
estaba decidido a seguir así hasta conseguir lo que buscaba.
No se decía a sí
mismo: «Oh bueno, para qué insistir? Supongo que acabaré por cambiar de idea y
probaré un trabajo de vendedor». En vez de eso, se decía: «He venido aquí para
asociarme con Edison, y eso es lo que
haré aunque me lleve el resto de la vida». ¡Estaba convencido de ello! ¡Qué
historia tan diferente contarían los hombres si
adoptaran un propósito
definido, y
mantuvieran ese propósito hasta que el tiempo lo convirtiese en una obsesión
obstinada!
Quizás el joven
Barnes no lo supiera en aquel entonces, pero su determinación inconmovible, su
perseverancia en mantenerse firme en su único deseo, estaba destinada a acabar
con todos los obstáculos, y a darle la oportunidad que buscaba.
LOS ASTUTOS
DISFRACES DE LA OPORTUNIDAD
Cuando la
oportunidad surgió, apareció con una forma diferente y desde una dirección
distinta de las que Barnes había esperado. Ése es uno de los trucos de la
oportunidad. Tiene el curioso hábito de aparecer por la puerta de atrás, y a
menudo viene disimulada con la forma del infortunio, o de la frustración
temporal. Tal vez por eso hay tanta gente que no consigue reconocerla.
Edison acababa de
perfeccionar un nuevo invento, conocido en aquella época como la Máquina de
Dictar de Edison. Sus vendedores no mostraron entusiasmo por ese aparato. No
confiaban en que se pudiera vender sin grandes esfuerzos. Barnes vio su
oportunidad, que se había colado discretamente, oculta en un máquina
estrambótica que no interesaba más que a Barnes y al inventor.
Barnes supo que
podría vender la máquina de dictar de Edison. Se lo sugirió a éste, y, de
inmediato, obtuvo su oportunidad. Vendió la máquina. En realidad, lo hizo con
tanto éxito que Edison le dio un contrato para distribuirla y venderla por toda
la nación. A partir de aquella asociación, Barnes se hizo rico, pero también
consiguió algo mucho más importante: demostró que uno, realmente, puede «pensar
y hacerse rico».
No tengo forma de
saber cuánto dinero en efectivo reportó a Barnes su deseo. Tal vez fueran dos o
tres millones de dólares, pero la cantidad, cualquiera que sea, se torna
insignificante cuando se la compara con la posesión que
adquirió en forma
de conocimiento definido
de que un
impulso
intangible se puede transmutar en ganancias materiales mediante la aplicación
de principios conocidos.
¡Barnes
literalmente se pensóa a sí mismo en sociedad con el gran Edison! Se pensó
dueño de una fortuna. No tenía nada con qué empezar, excepto la capacidad de
saber lo que deseaba, y la determinación de mantenerse fiel a ese deseo hasta
haberlo realizado.
A CASI UN METRO
DEL ORO
Una de las causas
más comunes del fracaso es el hábito de abandonar cuando uno se ve presa de una
frustración temporal. Todos somos culpables de este error en un momento u otro.
Un tío de R. U.
Darby fue presa de «la fiebre del oro» en los días en que era una fiebre
endémica, y se fue al Oeste a cavar para hacerse rico. Nunca había escuchado
que se ha extraido más oro de los pensamientos de los hombres que el que se ha
sacado de la tierra. Obtuvo una licencia y se fue a trabajar con el pico y la
pala.
Después de varios
meses de trabajo fue recompensado con el descubrimiento del brillante mineral.
Necesitaba maquinaria para extraer el mineral a la superficie. Con discreción,
cubrió la mina, volvió sobre sus pasos a su hogar en Williamsburg, Maryland, y
les habló a sus parientes y a algunos vecinos del «hallazgo». Todos reunieron
el dinero necesario para la maquinaria, y la enviaron a la mina. Darby y su tío
volvieron a trabajar en ella.
Extrajeron el
primer carro de mineral y lo enviaron a un fundidor. ¡Las utilidades
demostraron que poseían una de las minas más ricas de Colorado! Con unos pocos
carros más de mineral saldarían todas las deudas. Entonces empezarían a ganar
dinero en grande.
¡Hacia abajo iban
los taladros! ¡Hacia arriba iban las esperanzas de Darby y de su tío! Entonces
sucedió algo. ¡El filón de mineral brillante desapareció! Habían llegado
al final del arco iris,
y la olla
de oro no
estaba allí.
Perforaron en un
desesperado intento para volver a encontrar la veta, pero fue en vano.
Finalmente,
decidieron abandonar.
Vendieron la
maquinaria a un chatarrero por unos pocos centenares de dólares, y
tomaron el tren
de vuelta a
casa. El chatarrero llamó a un
ingeniero de minas para que mirara la mina e hiciera un poco de cálculo. El
ingeniero le informó de que el proyecto había fracasado porque los dueños no
estaban familiarizados con las «líneas de falla». Sus cálculos indicaban que la
veta reaparecería ¡casi a un metro de donde los Darby habían dejado de
perforar! ¡Allí fue precisamente donde fue encontrada!
El chatarrero
extrajo millones de
dólares en mineral
de aquella mina porque supo buscar el asesoramiento de
un experto antes de darse por vencido.
«NUNCA ME
DETENDRÉ PORQUE LOS HOMBRES DIGAN "NO"»
Mucho tiempo
después, el Sr. Darby se
recuperó sobradamente de su pérdida, cuando descubrió que el deseo se
puede transmutar en oro. Eso le ocurrió después de que ingresara en el negocio
de la venta de seguros de vida.
Recordando que
había perdido una inmensa fortuna por haber dejado de perforar a casi un metro
del oro, Darby aprovechó esa experiencia en el trabajo que había elegido, con
el sencillo método de decirse a sí mismo:
«Me detuve a casi
un metro del oro, pero nunca me detendré porque me
digan
"no" cuando les pida que compren un seguro».
Darby se
convirtió en uno de los pocos hombres que venden un millón de dólares anuales
en seguros. Su tenacidad se la debía a la lección que había aprendido del
rendirse en el negocio de la mina de oro.
Antes de que el
éxito aparezca en la vida de cualquier hombre, es seguro que éste se encontrará
con muchas frustraciones temporales, y tal vez con
algún fracaso.
Cuando la frustración se adueña del hombre, lo más fácil y más lógico que puede
hacer es abandonar. Eso es lo que la mayoría de los hombres hace.
Más de quinientos
de los hombres más prósperos en los Estados Unidos le han dicho al autor que
sus mayores éxitos surgieron un paso más allá del punto en que la frustración
se había apoderado de ellos. El fracaso es un embustero con un agudo sentido de
la ironía y la astucia. Se deleita en hacernos tropezar cuando el éxito está
casi a nuestro alcance.
UNA LECCIÓN DE
PERSEVERANCIA DE CINCUENTA CENTAVOS
Poco después de
que Darby se doctorase en la «Universidad de los Golpes Fuertes», y decidiera
aprovechar su experiencia en el asunto de la mina de oro, tuvo
la buena fortuna
de estar presente
en una ocasión
que le demostró que «No» no
necesariamente significa “no”.
Una tarde ayudaba
a su tío a moler trigo en un viejo molino. Éste dirigía una granja grande,
donde vivían cierto número de granjeros arrendatarios de color. La puerta se
abrió silenciosamente, y una niña, hija de uno de los arrendatarios, entró y se
situó junto a la puerta. El tío levantó la vista, miró a la niña y gritó con
aspereza:
-¿Qué quieres?
-Mi mamá dice que
le mande cincuenta centavos -respondió, sumisa, la niña.
-Ni hablar
-replicó el tío-, y ahora vete a tu casa.
-Sí, señor -dijo
la niña, pero no se movió.
El tío siguió con
su trabajo, tan ocupado que no prestó atención a la niña y no se dio cuenta de
que no se había marchado. Cuando volvió a levantar la mirada y la vio allí
parada, gritó:
- ¡He dicho que
te vayas a tu casa! Ahora, márchate o te daré una paliza.
-Sí, señor -dijo
la niña, pero siguió inmóvil.
El tío dejó caer
un saco de grano que estaba por echar en la tolva del molino, cogió una duela
de barril y empezó a acercarse a la niña con una expresión en su rostro que
indicaba problemas.
Darby contuvo el
aliento. Estaba seguro de hallarse a punto de presenciar una agresión. Sabía
que su tío tenía un temperamento feroz.
Cuando su tío llegó donde estaba la niña, ella
dio un rápido paso al frente, le miró a los ojos, y gritó con todas sus
fuerzas:
- ¡Mi mamá
necesita esos cincuenta centavos! El tío se detuvo, la miró unos instantes, y
luego dejó lentamente la duela de barril a un lado, se metió la mano en el
bolsillo, sacó medio dólar y se lo dio a la niña. Ella cogió el dinero y se
encaminó despacio hacia la
puerta, sin quitar los ojos
del hombre al que acababa de vencer.
Después de que la
niña se hubo marchado, el tío se sentó en una caja y permaneció mirando por la
ventana durante más de diez minutos. Estaba reflexionando, sorprendido, sobre
la derrota que acababa de sufrir.
Darby también se
hallaba pensativo. Ésa era la primera vez en su vida que había visto a una
criatura de color dominar a un blanco adulto. ¿Cómo lo había hecho? ¿Qué le
había ocurrido a su tío para que perdiera su ferocidad y se volviera tan dócil
como un cordero? ¿Qué extraño poder había empleado esa niña para hacerse dueña
de la situación? Estas y otras preguntas similares destellaban en la mente de
Darby, pero no halló las respuestas hasta muchos años después, cuando me relató
la historia.
Curiosamente, el
relato de esa inusual experiencia la escuché en el viejo molino; el mismo sitio
donde su tío recibió esa lección.
En aquel viejo
molino polvoriento, el señor Darby me relató la historia del extraño triunfo, y
terminó preguntándome: ¿Cómo entiende esto? ¿Qué extraño poder tenía esa niña,
para dominar por completo a mi tío?
La respuesta a
esa pregunta la encontrará en los principios que se describen en este libro. La
respuesta es categórica y completa. Contiene detalles e instrucciones suficientes
para que cualquiera
comprenda y aplique
la misma fuerza con la que ella se encontró de forma accidental.
Manténgase
alerta, y observará el extraño poder que acudió en ayuda de la niña. Tendrá un
atisbo de ese poder en el próximo capítulo. En alguna parte del libro
encontrará una idea que aguzará sus poderes receptivos, y pondrá a su alcance,
para su propio beneficio, ese mismo poder irresistible. La comprensión de él
puede aparecer ante usted en el primer capítulo, o tal vez surja en su
conciencia más adelante. Puede presentarse en forma de una sola idea. O quizá
la encuentre en la naturaleza de un plan, o en un propósito. Una vez más, puede
hacerle volver sobre sus pasadas experiencias de frustración o de fracaso, para
aportar alguna lección mediante la cual usted recupere todo lo que había
perdido en su fracaso.
Después de
haberle explicado al señor Darby el poder que la niña de color había empleado
quizá sin saberlo, él repasó en seguida sus treinta años de experiencia en
la venta de
seguros de vida,
y estuvo francamente
de acuerdo en que su éxito en ese campo se debía, en gran parte, a la
lección que había aprendido de la pequeña.
El señor Darby
señaló: “Cada vez que un posible comprador trataba de deshacerse de mí, sin
comprar el seguro, yo visualizaba a la niña, parada en el viejo molino, con sus
ojazos desafiantes, y me decía a mí mismo:
«Tengo que
conseguir esta venta». La mejor parte de las ventas que he hecho han sido a
gente que me había dicho «No»”.
El señor Darby
también recordó su error al haberse detenido a un metro escaso del oro. Pero me
dijo: “esa experiencia fue una bendición encubierta. Me enseñó a seguir
insistiendo sin que importasen las dificultades, y fue
una lección que
necesité aprender antes de poder tener éxito en cualquier campo”.
Esta historia del
señor Darby y de su tío, de la niña y de la mina de oro, sin duda la leerán
centenares de hombres que se ganan la vida vendiendo seguros de vida, y el
autor desea ofrecer a todos ellos la sugerencia de que Darby le debe a esas dos
experiencias su capacidad para vender más de un millón de dólares anuales en
seguros de vida.
Las experiencias
del señor Darby fueron bastante comunes y triviales, y, sin embargo, contienen
la respuesta de su destino en la vida; por lo tanto fueron tan importantes
(para él) como su propia vida. Sacó provecho de ellas porque las analizó, y
supo ver lo que le enseñaban. Pero ¿qué hay del hombre que no tiene el tiempo
ni la inclinación para estudiar el fracaso en busca del conocimiento que pueda
conducirlo al éxito? ¿Dónde y cómo va a aprender el arte de convertir los
fallos en escalones hacia la oportunidad?
Para responder a
esas preguntas se ha escrito este libro.
TODO LO QUE USTED
NECESITA ES UNA BUENA IDEA
La respuesta se
expone en una descripción de trece principios, pero recuerde, a medida que vaya
leyendo, que la respuesta que quizás usted está buscando a las preguntas que le
han hecho reflexionar en los misterios de la vida, puede encontrarla en su
propia mente, a través de alguna idea, plan o propósito que tal vez surja en su
mente durante la lectura.
Una buena idea
es todo
lo que se necesita para alcanzar el éxito. Los principios descritos en este libro
contienen medios y maneras de crear ideas útiles.
Antes de
seguir adelante con
nuestro enfoque para
describir esos principios,
creemos que merece la pena recibir esta importante sugerencia...
Cuando las
riquezas empiezan a aparecer, lo hacen con tanta rapidez, y en tal abundancia,
que uno se pregunta dónde habían estado escondidas durante todos esos años de
necesidad.
Ésta es una
afirmación sorprendente, y tanto más si tenemos en cuenta la creencia popular
de que la riqueza premia sólo a quienes trabajan duro durante mucho tiempo.
Cuando usted
comience a pensar y a hacerse rico, observará que la riqueza empieza a partir
de un estado mental, con un propósito definido, con poco trabajo duro, o sin
ninguno. Usted, y cualquier otra persona, pueden estar interesados en
saber cómo adquirir
ese estado mental
que atraerá la riqueza.
He pasado veinticinco
años investigando porque
también yo quería saber «cómo los
ricos llegan a ser ricos».
Observe con mucha
atención - tan pronto como domine los principios de esta manera de pensar, y
empiece a seguir las instrucciones para aplicar esos principios - que su nivel
económico empezará a crecer, y que todo lo que usted toque comenzará a
transmutarse en haberes de su propio beneficio. ¿Imposible? ¡De ninguna manera!
Una de las
mayores debilidades de la especie humana es la típica familiaridad del hombre
con la palabra «imposible». Él conoce todas las reglas que no darán resultado.
Sabe todas las cosas que no se pueden hacer. Este libro se escribió para
quienes buscan las reglas que han hecho de otros, personas de provecho, y están
dispuestos a jugárselo todo con esas reglas.
El éxito llega a
todos aquellos que se ocupan de ser exitosos.
El fracaso llega
a aquellos que con indiferencia se permiten a sí mismos fracasar.
El propósito de
este libro es ayudar a todo el que quiera aprender el arte de transformar el
enfoque de sus mentes: del fracaso al éxito.
Otra debilidad
que se encuentra en conjunto en demasiadas personas es el hábito de medirlo
todo, y a todos, por sus propias impresiones y creencias.
Quienes lean esto
creerán que jamás podrán pensar y hacerse ricos, porque sus hábitos de
pensamiento se han empantanado en la pobreza, el deseo, la miseria, los errores
y el fracaso.
Estas personas
desafortunadas me recuerdan a un chino distinguido, que fue a Estados Unidos a
recibir una educación americana. Acudía a la Universidad de Chicago. Un día, el
presidente Harper se encontró con ese joven oriental en el campus, se detuvo a
charlar con él unos minutos, y le preguntó qué le había impresionado como la
característica más notable del pueblo estadounidense.
-Bueno -replicó el
estudiante -, la extraña forma de sus ojos. ¡Tienen unos ojos rarísimos!
¿Qué decimos
nosotros de los chinos?
Nos negamos a
creer lo que no entendemos. Pensamos tontamente que nuestras propias
limitaciones son el patrón adecuado de las limitaciones. Por supuesto, los ojos
de los demás «son rarísimos», porque no son iguales a los nuestros.
EL «IMPOSIBLE»
MOTOR V8 DE FORD
Cuando Henry Ford
decidió fabricar su famoso motor V8, quiso construir un motor con los ocho
cilindros alojados en un solo bloque, y dio instrucciones a sus ingenieros para
que produjeran un prototipo del motor. El proyecto estaba ya volcado sobre el
papel, pero los ingenieros acordaron que era desde todo punto imposible embutir
ocho cilindros en un motor de un solo bloque.
-Prodúzcanlo de
todas maneras - dijo Ford.
-Pero ¡es
imposible! - replicaron ellos.
-Adelante -ordenó
Ford-, y no dejen de trabajar hasta haberlo conseguido, no importa cuánto
tiempo haga falta.
Los ingenieros
pusieron manos a la obra. No tenían otra opción si querían seguir formando
parte del equipo de Ford. Seis meses transcurrieron sin que obtuvieran
resultados. Pasaron otros seis meses, y todavía no habían conseguido nada. Los
ingenieros probaron todos los planes concebibles para llevar
a cabo el
proyecto, pero aquello
parecía incuestionable:
¡imposible!
Al cabo de un
año, Ford se reunió con los ingenieros, que volvieron a informarle de que no
habían hallado manera de cumplir sus órdenes.
-Sigan con el trabajo
-dijo Ford-, quiero ese motor, y lo tendré.
Continuaron
haciendo pruebas, y entonces, como por arte de magia, el secreto quedó
desvelado.
¡La determinación
de Ford había ganado una vez más! Quizás esta historia no esté descrita con
precisión de detalles, pero las circunstancias y el resultado son los
correctos. Deduzca de ella, usted que desea pensar y hacerse rico, el secreto
de los millones de Ford, si puede. No tendrá que buscar muy lejos. Henry Ford
tuvo éxito porque comprendió y aplicó los principios del éxito. Uno de ellos es
el deseo; saber lo que uno quiere. Recuerde esta historia de Ford mientras lee,
y señale las líneas en que se describe el secreto de su extraordinaria proeza.
Si puede hacer esto, si usted es capaz de poner el dedo en el particular grupo
de principios que hicieron rico a Henry Ford, usted puede igualar sus logros en
casi cualquier oficio para el que esté preparado.
POR QUÉ ES USTED
«EL DUEÑO DE SU DESTINO»
Cuando Henley
escribió sus proféticas palabras: «Soy el dueño de mi destino, soy el capitán
de mi alma», debería habernos informado de que nosotros somos los dueños de
nuestro destino, los capitanes de nuestra alma, porque tenemos el poder de
controlar nuestros pensamientos.
Debería habernos
dicho que nuestro cerebro se magnetiza con los pensamientos dominantes
que llevamos en
la mente, y
que, por mecanismos que nadie
conoce bien, estos «imanes» atraen hacia nosotros las fuerzas, las personas,
las circunstancias de la vida que armonizan con la naturaleza de nuestros
pensamientos dominantes.
Debería habernos
dicho que, antes de poder acumular riquezas en abundancia, tenemos que
magnetizar nuestra mente con un intenso deseo de riqueza, que hemos de tomar
conciencia de la riqueza hasta que el deseo por el dinero nos conduzca a hacer
planes definidos para adquirirlo.
Pero, al ser un
poeta, y no un filósofo, Henley se contentó con afirmar una gran verdad de
manera poética, dejando que sus lectores interpretaran el significado
filosófico de sus líneas.
Poco a poco, la
verdad ha ido desvelándose, hasta que ahora parece cierto que los principios
descritos en este libro contienen el secreto del dominio sobre nuestro destino
económico.
PRINCIPIOS QUE
PUEDEN CAMBIAR SU DESTINO
Ahora estamos
preparados para examinar el primero de esos principios. Mantenga una actitud de
apertura mental y recuerde, a medida que vaya leyendo, que
no son invención
de nadie. Son
principios que han funcionado para muchos hombres. Usted
puede ponerlos a trabajar para su propio beneficio permanente. Verá qué fácil
es.
Hace algunos
años, pronuncié el discurso de la entrega de diplomas en el Salem College, en
Salem, Virginia Occidental. Acentué el principio descrito en el próximo
capítulo con tal intensidad, que uno de los miembros de la clase que obtendría
el diploma se lo apropió, y lo convirtió en parte de su forma de ver la vida.
Ese joven llegó a ser miembro del Congreso y un personaje importante en la
Administración de Franklin D. Roosevelt. Me escribió una carta en la que
presenta con tanta claridad su opinión sobre el principio que
trataremos en el
próximo capítulo, que
he decidido publicarla como
introducción a dicho capítulo.
Le dará una idea a
usted de los beneficios que le esperan.
Estimado
Napoleón:
Dado que mi
servicio como miembro del Congreso me ha proporcionado cierta comprensión de
los problemas de hombres y mujeres, le escribo para ofrecerle una sugerencia
que puede ser útil a millares de personas.
En 1922, usted
pronunció un discurso en la entrega de diplomas en el Salem College, cuando
yo era
miembro de la clase
que los recibiría. En
aquel discurso, usted plantó en mí mente una idea a la que debo la
oportunidad que ahora tengo de servir a la gente de mi Estado, y que será
responsable, en gran medida, de cualquier éxito que yo pueda alcanzar en el
futuro.
Recuerdo, como si
hubiese sido ayer, la maravillosa descripción que usted hizo del método por el
que Henry Ford, con muy pocos estudios, sin un
dólar, sin amigos
influyentes, llegó tan alto. Entonces resolví, incluso antes de que usted
hubiera acabado su discurso, que me haría un lugar en la vida, sin que
importara cuántas dificultades tuviera que afrontar.
Millares de
jóvenes terminarán sus estudios universitarios este año, y los años venideros.
Cada uno de ellos estará buscando un mensaje tan alentador como el que yo
recibí de usted. Querrán saber a dónde acudir, qué hacer, cómo empezar
en la vida.
Usted puede decírselo,
porque ha ayudado
a resolver los problemas de mucha gente.
En Estados Unidos
hay en la actualidad miles de jóvenes que quisieran saber cómo convertir sus
ideas en dinero, gente que debe empezar desde abajo, sin
dinero, y
amortizar sus pérdidas. Si alguien puede ayudarles, es usted.
Si publica el
libro, me gustaría tener el primer ejemplar que salga de la imprenta,
autografiado por usted.
Con mis mejores
deseos, créame, cordialmente suyo,
JENNINGS RANDOLPH
Treinta y cinco
años después de haber leído aquel discurso, fue un placer para mí regresar al
Salem College en 1957 para hacer el discurso de la entrega de diplomas. En
aquel entonces recibí el título de doctor honorario de Literatura del Salem
College.
Desde aquella
ocasión, en 1922, he visto prosperar a Jennings Randolph hasta llegar a ser
ejecutivo de una de las más importantes líneas aéreas de la nación, un orador
muy inspirado, y senador de Estados Unidos por Virginia Occidental.
TODO AQUELLO
QUE LA MENTE
HUMANA PUEDA CONCEBIR
Y CREER, SE PUEDE
ALCANZAR
Capítulo 2
EL DESEO
EL PUNTO INICIAL
DE TODO LOGRO
El primer paso
hacia la riqueza
Cuando Edwin C.
Barnes se bajó del tren de carga en Orange, New jersey, hace más de cincuenta
años, quizás pareciese un vagabundo, ¡pero sus ideas eran las de un rey!
Mientras se
dirigía desde los
rieles del ferrocarril
hacia la oficina
de Thomas A. Edison, su cerebro trabajaba sin parar. Se veía a sí mismo
de pie en presencia de Edison. Se oía pidiéndole a Edison la oportunidad de
llevar a cabo la única obsesión imperiosa de su vida, el deseo ardiente de
llegar a ser socio en los negocios del gran inventor.
¡El deseo de
Barnes no era una esperanza! ¡No era un deseo insignificante! Era un deseo
vehemente, palpitante, que lo trascendía todo. Era una firme determinación.
Algunos años
después, Edwin C. Barnes volvió a pararse frente a Edison, en la misma oficina en
qué se había encontrado por primera vez con el inventor. En esta ocasión, el
deseo se había convertido en realidad. Era socio de Edison. El sueño dominante
de su vida se había hecho realidad.
Barnes tuvo éxito
porque eligió un objetivo definitivo, y
puso toda su energía, toda su fuerza de voluntad, todos sus esfuerzos,
todo, en pos de ese objetivo.
EL HOMBRE QUE
QUEMÓ PUENTES
Pasaron cinco
años antes de que apareciera
la oportunidad que
había estado buscando. Para todos, excepto para él, sólo parecía una
parte más del engranaje de los negocios de Edison, pero en su interior, él fue
el socio de Edison cada minuto del tiempo, desde el primer día en que empezó a
trabajar allí.
Es una ejemplificación notable del poder de un
deseo del cual se está seguro. Barnes
consiguió su objetivo porque deseaba ser socio de Edison más que ninguna otra
cosa. Creó un plan con el que alcanzar su propósito, pero quemó todos los
puentes tras de sí. Se mantuvo firme en su deseo hasta que éste se convirtió en
la dominante obsesión de su vida y, finalmente, en un hecho.
Cuando viajó a
Orange, no se dijo a sí mismo: «Trataré de convencer a Edison de que me dé
algún tipo de trabajo», sino: «Voy a ver a Edison para explicarle que he venido
a hacer negocios con él».
No se dijo:
«Estaré alerta ante cualquier otra oportunidad, en caso de que no consiga lo
que quiero en la organización de Edison», sino: «No hay más que una cosa en
este mundo que estoy decidido a conseguir, y es asociarme con Edison en
sus negocios. Quemaré todos los
puentes tras de mí, y apostaré mi futuro a mi capacidad para conseguir
lo que quiero».
No se planteó en
ningún momento retroceder. ¡Tenía que triunfar o morir!
¡Ésa es toda la
historia del éxito de Barnes!
EL INCENTIVO QUE
CONDUCE A LA RIQUEZA
Hace mucho
tiempo, un gran guerrero afrontó una situación que requería de él una decisión
que garantizara su éxito en el campo de batalla. Estaba a punto de enviar sus
tropas contra un enemigo poderoso, cuyos hombres superaban a los suyos en
número. Embarcó a sus soldados, navegó hacia el
país enemigo,
desembarcó soldados y equipos, y dio la orden de quemar las embarcaciones que los
habían llevado hasta allí.
Al dirigirse a sus hombres antes de la primera batalla,
dijo: «Vean cómo los barcos se convierten en humo. ¡Eso significa que no
podremos dejar estas playas vivos a menos que ganemos! ¡Ahora no tenemos
opción: venceremos o moriremos!».
Vencieron.
Cada persona que
vence en cualquier empresa debe estar dispuesta a quemar sus naves y eliminar
todas las posibilidades de dar marcha atrás. Sólo así puede tener la seguridad
de mantener ese estado mental conocido como deseo ardiente de ganar, esencial
para el éxito.
La mañana siguiente
al gran incendio
de Chicago, un
grupo de comerciantes se quedó
de pie en State Street, observando los restos humeantes de lo que habían sido
sus tiendas. Organizaron una reunión para decidir si tratarían de
reconstruirlas o abandonarían Chicago para volver a empezar en algún lugar del
país más prometedor. Llegaron a una decisión, todos menos uno: abandonar
Chicago. El comerciante que decidió quedarse y
reconstruir su negocio señaló
con el dedo los restos de su tienda, y dijo: «Caballeros, en
este mismo sitio construiré la tienda más grande del mundo, no importa las
veces que pueda quemarse».
Eso fue hace casi
un siglo. La tienda fue construida. Todavía sigue en pie, una torre, un
monumento al poder de ese estado mental conocido como deseo ardiente. Lo más
sencillo que Marshall Field podría haber hecho era imitar a sus colegas. Cuando
las perspectivas se mostraban difíciles, y el futuro parecía sombrío, se
retiraron adonde las cosas parecían más fáciles.
Fíjese bien en la
diferencia entre Marshall Field y los demás comerciantes, porque es la misma
diferencia que distingue a casi todos los que tienen éxito de aquellos que
fracasan.
Todo ser humano
que alcanza la edad de comprender la razón de ser del dinero, quiere dinero.
Quererlo no basta para acumular riqueza. Pero desear la riqueza con un estado
mental que se convierte en una obsesión, y luego
planificar formas
y medios definidos para adquirirla, y ejecutar esos planes con una
perseverancia que no acepte el fracaso, atraerá la riqueza.
SEIS MANERAS DE
CONVERTIR EL DESEO EN ORO
El método por
el que el
deseo de riqueza se
puede transmutar en su
equivalente monetario consiste en seis pasos prácticos y definidos, que son los
siguientes:
PRIMERO:
determine la cantidad exacta de dinero que desea. No basta con decir: «Quiero
mucho dinero». Sea específico en cuanto a la cantidad. (Hay una razón
psicológica para esta precisión, que describiremos en un capítulo próximo.)
SEGUNDO: determine
con exactitud lo que se propone dar a cambio del dinero que desea. (No se
recibe algo por nada.)
TERCERO:
establezca un plazo determinado en el que se propone poseer el dinero que
desea.
CUARTO: cree un
plan preciso para llevar a cabo su deseo, y empiece de inmediato, sin que
importe si se halla preparado o no, a poner el plan en acción.
QUINTO: escriba
una declaración clara y concisa de la cantidad de dinero que se propone
adquirir, apunte el tiempo límite para esta adquisición, aclare lo que se
propone dar a cambio del dinero, y describa con exactitud el plan mediante el
que se propone acumularlo.
SEXTO: lea su
declaración en voz alta, dos veces al día, una vez antes de acostarse, y otra,
al levantarse. Mientras lee, vea, sienta y piénsese ya en
‘posesión del
dinero’.
Es importante que
siga las instrucciones descritas en estos seis pasos. En especial observe y
siga las instrucciones del sexto paso. Tal vez se queje de que le resulta
imposible «verse en posesión del dinero» antes de tenerlo
realmente. Aquí
es donde el deseo ardiente acudirá en su ayuda. Si usted realmente desea el
dinero con tanta vehemencia que su deseo se ha convertido en una obsesión, no
tendrá dificultad en convencerse de que lo adquirirá. El caso es desear el
dinero, y llegar a estar tan determinado a poseerlo que se convenza de que lo
tendrá.
¿PUEDE IMAGINARSE
QUE ES USTED MILLONARIO?
Para el no
iniciado, que no se ha educado en los principios fundamentales de la mente
humana, quizás estas instrucciones parezcan poco prácticas. Para quienes no
consigan reconocer la validez de estos seis puntos, puede ser útil saber que la
información que difunden fue revelada por Andrew Carnegie, el cual empezó como
un obrero común en una siderúrgica; pero se las arregló, pese a sus humildes
comienzos, para que estos principios le rindieran una fortuna de más de cien
millones de dólares.
Como ayuda
adicional quizá le sirva saber que los seis puntos recomendados aquí fueron
cuidadosamente estudiados por el difunto Thomas A. Edison, que puso su sello de
aprobación en ellos por ser esenciales no sólo para la acumulación de dinero,
sino para la consecución de cualquier objetivo.
Estos pasos no
requieren «trabajo duro». Tampoco sacrificio. No exigen que uno se vuelva
ridículo, ni crédulo. Para utilizarlos no hace falta educación superior. Pero
la aplicación eficaz de estos seis pasos exige la suficiente imaginación que
nos permita ver y comprender que la acumulación de dinero no se puede dejar al
azar, a la buena suerte o al destino. Uno debe darse cuenta de que todos los
que han acumulado grandes fortunas primero han soñado, deseado, anhelado,
pensado y planificado antes de haber adquirido el dinero.
Llegados a este
punto, usted sabrá también que nunca tendrá riquezas en grandes cantidades a
menos que pueda llegar a ser la viva expresión del deseo ardiente por el
dinero, y que realmente crea que lo poseerá.
EL PODER DE LOS
GRANDES SUEÑOS
A quienes nos
encontramos en esta carrera hacia la riqueza debe animarnos saber que este
mundo cambiante exige nuevas ideas, nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos
líderes, nuevos inventos, nuevos métodos de enseñanza, nuevos métodos de venta,
nuevos libros, literatura nueva, nuevos programas de televisión, nuevas ideas
para el cine. Tras toda esta demanda de cosas nuevas y mejores hay una cualidad
que uno debe poseer para ganar, y es la claridad del propósito, el conocimiento
exacto de lo que uno quiere, y un deseo ardiente de poseerlo.
Los que deseamos
acumular riqueza debemos recordar que los verdaderos líderes del mundo han sido
siempre hombres que han sabido dominar, para su uso práctico, las fuerzas
invisibles e intangibles de la oportunidad que está por surgir, y han
convertido esas fuerzas (o impulsos de pensamiento) en rascacielos, fábricas,
aviones, automóviles, y toda forma de recurso que hace la vida más placentera.
Al planear la
adquisición de su porción de riqueza, no se deje influir por quienes
menosprecien sus sueños. Para lograr grandes ganancias en este mundo cambiante,
uno debe captar el espíritu de los grandes pioneros del pasado, cuyos sueños le
han dado a la civilización todo lo que tiene de valioso, el
espíritu que infunde energía
en nuestro propio país, en las
oportunidades de usted y en las mías, para alimentar y vender nuestro talento.
Si lo que usted
quiere hacer está bien, y usted cree en ello, ¡adelante, hágalo! Lleve a cabo
sus sueños, y no haga caso de lo que «los demás» puedan decir si usted se topa
en algún momento con dificultades, ya que tal vez
«los demás» no
sepan que cada fracaso lleva consigo la semilla de un éxito equivalente.
Thomas Edison
soñaba con una lámpara que funcionara con electricidad, empezó a poner su sueño
en acción, y pese a sus más de diez mil fracasos, mantuvo su sueño hasta que lo
convirtió en una realidad física. ¡Los soñadores prácticos no se rinden!
Whelan, que
soñaba con una cadena de tiendas de cigarros, transformó su sueño en acción, y
ahora las United Cigar Stores ocupan algunas de las mejores esquinas de las
ciudades estadounidenses.
Los hermanos
Wright soñaron con una máquina que volara por el aire. Ahora podemos ver en
todo el mundo que sus sueños se han cumplido.
Marconi soñaba
con un sistema para dominar las intangibles fuerzas del éter. Las pruebas de
que no soñaba en vano podemos encontrarlas en cada aparato de radio y de
televisión que hay en el mundo. Quizá le interese saber que los «amigos» de
Marconi lo pusieron bajo custodia, y fue examinado en un hospital para
psicópatas cuando anunció que había descubierto un principio mediante el cual
podría enviar mensajes a través del
aire, sin la
ayuda de cables
ni ningún otro
medio físico de comunicación. A los soñadores de hoy en
día les va mejor. El mundo está lleno de una abundancia de oportunidades que
los soñadores del pasado jamás conocieron.
CÓMO HACER QUE
LOS SUEÑOS DESPEGUEN DE LA PLATAFORMA DE LANZAMIENTO
Un deseo ardiente
de ser y de hacer es el punto inicial desde el que el soñador debe lanzarse.
Los sueños no nacen de la indiferencia, pereza, o falta de ambición.
Recuerde que
todos los que consiguen triunfar tienen un mal comienzo y pasan por muchas
dificultades antes de «llegar». El cambio en la vida de la gente de éxito suele
surgir en el momento de alguna crisis, a través de la cual les es presentado su
«otro yo».
John Buynan
escribió Pilgrim's Progress, que se cuenta entre lo mejor de la literatura
inglesa, después de haber estado confinado en prisión y haber sido duramente
castigado a causa de sus ideas sobre la religión.
O. Henry
descubrió el genio que dormía en su interior después de haber conocido graves
infortunios, y estar
encarcelado en Columbus,
Ohio.
Forzado a través
de la desgracia a conocer a su «otro yo», y a usar su imaginación, descubrió
que era un gran autor en vez de un miserable criminal y marginado social.
Charles Dickens
empezó pegando etiquetas en latas de betún. La tragedia de su primer amor
penetró las profundidades de su alma para convertirlo en uno de los más
grandiosos autores del mundo. Esa tragedia produjo primero David Coperfield,
y luego una sucesión de obras que hacen
un mundo mejor y más rico a todo el que lee sus libros.
Hellen Keller se
quedó sorda, muda y ciega después de nacer. Pese a su terrible desgracia, ha
escrito su nombre con letras indelebles en las páginas de la historia de los
grandes. Toda su vida ha sido la demostración de que nadie está derrotado
mientras no acepte la derrota como una realidad.
Robert Burns
era un campesino
analfabeto. Sufrió la
maldición de la pobreza y creció para ser un borracho. El
mundo fue mejor gracias a su vida, porque vistió de prendas hermosas sus
pensamientos poéticos, y, por tanto, arrancó un espino para plantar un rosal en
su lugar.
Beethoven era
sordo, y Milton ciego, pero sus nombres perdurarán en el tiempo, porque soñaron
y tradujeron sus sueños en ideas organizadas.
Hay una
diferencia entre suspirar por algo y hallarse preparado para recibirlo. Nadie
se encuentra listo para nada hasta que no crea que puede adquirirlo. El estado
mental debe ser la convicción, y no la mera esperanza o anhelo. La mente
abierta es esencial para creer. La mente cerrada no inspira fe, ni coraje, ni
convicción.
Recuerde, no se
requiere más esfuerzo para apuntar alto en la vida, para reclamar abundancia
y prosperidad, del que hace falta para
aceptar la miseria y la
pobreza. Un gran poeta
ha expresado acertadamente esta
verdad universal en unas pocas líneas:
“Hice un pacto
con la Vida por un penique, y la Vida no me dio más.
Sin embargo, le
imploré a la noche cuando contaba mis escasos bienes.
“Porque la Vida
es un empleador justo, Te da lo que le pides,
Pero cuando has
fijado el precio,
Debes aguantar la
tarea.
“Trabajé por un
salario insignificante, Sólo para descubrir, perplejo,
Que cualquier
paga que hubiera pedido a la Vida, ésta me la hubiese pagado de buen grado.”
EL DESEO ES MÁS
LISTO QUE LA MADRE NATURALEZA
Como culminación
adecuada de este capítulo quiero presentar a una de las personas más
excepcionales que he conocido. Lo vi por primera vez pocos minutos después de
que hubiera nacido. Vino a este mundo sin ningún rastro físico de oído, y el médico
admitió, cuando le pedí su opinión sobre el caso; que el niño sería sordo y
mudo toda la vida.
Me opuse a la
opinión del médico. Estaba en mi derecho. Yo era el padre del niño. Tomé una
decisión y me formé una opinión, pero expresé esa opinión en silencio, en el
fondo de mi corazón.
En mi interior
supe que mi hijo oiría y hablaría. ¿Cómo? Estaba seguro de que tenía que haber
una manera, y sabía que la encontraría. Pensé en las palabras del inmortal
Emerson: «El curso de las cosas acontece para enseñarnos la fe. Sólo
necesitamos estar atentos. Hay indicadores, claves, para cada uno de nosotros,
y si escuchamos con humildad, oiremos la palabra justa».
¿La palabra
justa? ¡Deseo! Mucho más que ninguna otra cosa, yo deseaba
que mi hijo no
fuera sordomudo. De ese deseo no me alejé jamás, ni por un segundo.
¿Qué podía hacer?
Encontraría alguna forma de trasplantar a ese niño mi propio deseo ardiente de
dar con maneras y medios de hacer llegar el sonido a su cerebro sin la ayuda de
los oídos.
Tan pronto como
el niño fuese lo bastante mayor para cooperar, le llenaría la cabeza
de tal manera
de ese deseo
ardiente, que la
naturaleza lo traduciría en
realidad con sus propios métodos.
Todos estos
pensamientos pasaron por mi mente, pero no hablé de ello con nadie. Cada día
renovaba la promesa que me había hecho a mí mismo de que mi hijo no sería
sordomudo.
Cuando creció y
empezó a percibir las cosas que lo rodeaban, notamos que mostraba débiles
indicios de que oía. Cuando alcanzó la edad en que los niños suelen empezar a
emitir palabras, no hizo intento alguno de hablar, pero de sus actos podíamos
deducir que percibía ciertos sonidos. ¡Eso era todo lo que yo quería saber!
Estaba convencido de que, si podía oír, aunque fuese débilmente, sería capaz de
desarrollar una mayor capacidad auditiva. Entonces sucedió
algo que me
llenó de esperanza.
Surgió de algo totalmente inesperado.
UN «ACCIDENTE»
QUE TRANSFORMÓ UNA VIDA
Compramos un
fonógrafo. Cuando el niño oyó la música por primera vez, entró en éxtasis, y
muy pronto se apropió del aparato. En una ocasión estuvo poniendo un disco una
y otra vez, durante casi dos horas, de pie delante del fonógrafo, mordiendo un
borde de la caja. La importancia de esa costumbre que adquirió no se nos hizo
patente sino hasta años después, ya que nunca habíamos oído hablar del
principio de la «conducción ósea» del sonido.
Poco después de
que se apropiase del fonógrafo, descubrí que podía oírme con claridad cuando le
hablaba con los labios junto a su hueso mastoideo, en la base del cráneo.
Una vez hube
descubierto que podía oír perfectamente el sonido de mi voz, empecé de
inmediato a transferirle mi deseo de que oyese y hablase. Pronto descubrí que
el niño disfrutaba cuando yo le contaba cuentos antes de dormirse, de modo que
me puse a trabajar para idear historias que estimularan su confianza en sí
mismo, su imaginación, y un agudo deseo de oír y de ser normal.
Había un cuento
en particular, en el que yo hacía hincapié dándole un renovado matiz dramático
cada vez que se lo contaba. Lo había inventado para sembrar en su mente la idea
de que su dificultad no era una pesada carga, sino una ventaja de gran valor. Pese al hecho de que todas las maneras de pensar que
yo había examinado indicaban que cualquier adversidad contiene la semilla de
una ventaja equivalente, debo confesar que no tenía ni la menor idea de cómo se
podía convertir esa dificultad en una ventaja.
¡GANÓ UN MUNDO
NUEVO CON SEIS CENTAVOS!
Al analizar la
experiencia retrospectivamente, puedo ver que su fe en mí tuvo mucho que ver
con los sorprendentes resultados. Él no cuestionaba nada que yo le dijera. Le
vendí la idea de que tenía una ventaja original sobre su
hermano mayor, y
que esa ventaja
se reflejaría de
muchas maneras. Por ejemplo, los maestros en la escuela se darían cuenta
de que no tenía oído, y por ese motivo le dedicarían una atención especial y lo
tratarían con una amabilidad y una benevolencia extraordinarias. Siempre lo
hicieron. También le vendí la idea de que cuando fuese lo bastante mayor para
vender periódicos (su hermano mayor era ya vendedor de periódicos), tendría una
gran ventaja sobre su hermano, porque la gente le pagaría más
por su mercancía,
debido a que
verían que era
un niño brillante y emprendedor
pese al hecho de carecer de audición.
Cuando tenía unos
siete años, mostró la primera prueba de que nuestro método de apoyo rendía sus
frutos. Durante varios meses imploró el privilegio de vender periódicos, pero
su madre no le daba el consentimiento.
Entonces se ocupó
por su cuenta del asunto. Una tarde en que estaba en casa con los sirvientes,
trepó por la ventana de la cocina, se deslizó hacia fuera, y sé estableció por
su cuenta. Le pidió prestados seis centavos al zapatero del vecindario, los
invirtió en periódicos, los vendió, reinvirtió el capital, y repitió la
operación hasta el anochecer.
Después de hacer el balance de sus
negocios, y de devolverle a su banquero los seis centavos que le había
prestado, se encontró un beneficio de cuarenta y dos centavos. Cuando volvimos
a casa aquella noche, lo encontramos durmiendo en su cama, apretando el dinero
en un puño.
Su madre le abrió
la mano, cogió las monedas y se puso a llorar. Me sorprendió. Llorar por la
primera victoria de su hijo me pareció fuera de lugar. Mi reacción fue la
inversa. Reí de buena gana, porque supe que mi empresa de inculcar en la mente
de mi hijo una actitud de fe en sí mismo había tenido éxito.
Su madre veía a
un niño sordo que, en su primera aventura comercial, se había escapado a la
calle y había arriesgado su vida para ganar dinero. Yo veía un hombrecito de
negocios valiente, ambicioso y lleno de confianza en sí mismo, cuyo valor
intrínseco se había incrementado en un cien por cien, al haber ido a negociar
por su cuenta y haber ganado. La transacción me agradó, porque había dado
pruebas de una riqueza de recursos que lo acompañaría toda su vida.
EL PEQUEÑO NIÑO
SORDO QUE OYÓ
El pequeño sordo
asistió a la escuela, al instituto y a la universidad, sin que fuese capaz de
oír a sus maestros, excepto cuando le gritaban fuerte, a corta distancia. No
asistió a una escuela para sordos. No le permitimos que aprendiese el lenguaje
de los sordomudos. Habíamos decidido que viviese una vida normal, y mantuvimos
esa decisión, aunque nos costó muchas discusiones acaloradas con funcionarios
escolares.
Cuando estaba en
el bachillerato, probó un aparato eléctrico para mejorar la audición, pero no
le dio resultado.
Durante su última
semana en la universidad, sucedió algo que marcó el hito más importante de su
vida. En lo que pareció una mera casualidad, entró en posesión de otro aparato
eléctrico para oír mejor, que le enviaron para probar. Estuvo indeciso en
probar el aparato, debido a su desilusión con otro similar. Finalmente lo
cogió, se lo puso en la cabeza, le conectó las baterías, y ¡sorpresa!, como por
arte de magia, su deseo de toda la vida de oír normalmente se convirtió en
realidad. Por primera vez oía tan bien como cualquier persona con audición
normal.
Rebosante de
alegría con el mundo diferente que acababa de percibir a través de ese aparato
auditivo, se precipitó al teléfono, llamó a su madre, y oyó su voz a la
perfección. Al día siguiente oía con claridad las voces de sus profesores en
clase, ¡por primera vez en su vida! Por primera vez en su vida también, mi hijo
podía conversar con la gente, sin necesidad de que le hablaran con voz de
trueno. Realmente, había entrado en posesión de un mundo distinto.
El deseo había
comenzado a pagar dividendos, pero la victoria todavía no estaba completa. El
muchacho tenía que encontrar todavía una manera definida y práctica de
convertir su desventaja en una ventaja equivalente.
IDEAS QUE OBRAN
MILAGROS
Sin apenas darse
cuenta de la importancia de lo que acababa de obtener, pero embriagado con la
alegría del descubrimiento de ese mundo de sonidos, escribió
una entusiasta carta
al fabricante del
audífono, relatándole su experiencia. Algo en ella hizo que la compañía
lo invitase a Nueva York. Cuando llegó,
lo llevaron a
visitar la fábrica,
y mientras hablaba con el
ingeniero jefe, contándole de su mundo recién descubierto, una corazonada, una
idea o una inspiración, llámesela como se quiera, destelló en su cerebro. Era
ese impulso del pensamiento que convertía su dificultad en una ventaja,
destinada a pagar dividendos en dinero y en felicidad por millares durante todo
el tiempo venidero.
El resumen y el
núcleo de ese impulso de pensamiento era así: se le ocurrió que él podría ser
de gran ayuda para los millones de sordos que viven sin
el beneficio de
audífonos si pudiera encontrar una manera de relatarles la historia de su
transformado mundo.
Durante un mes
entero llevó a cabo una intensa investigación, durante la cual analizó todo el
sistema de ventas del fabricante de audífonos e ideó formas y medios de
comunicarse con aquellos con dificultades para la audición en
todo el mundo,
decidido a compartir
con ellos su
nuevo mundo recién descubierto. Una vez lo tuvo hecho, puso por escrito
un plan bienal, basado en sus investigaciones. Cuando lo presentó a la
compañía, al momento le dieron un puesto de trabajo para que llevara a cabo su
ambición.
Poco había soñado, cuando empezó a trabajar, que
estaba destinado a llevar
esperanza y alivio
a millares de
sordos que, sin
su ayuda, se hubieran visto condenados para siempre a
la sordera.
No me cabe duda
de que Blair hubiera sido sordomudo toda su vida si su madre y yo no nos las
hubiésemos ingeniado para formar su mente tal como lo hicimos.
Cuando sembré en
su interior el deseo de oír y de hablar, y de vivir como una persona normal,
alguna extraña influencia hubo en ese impulso que hizo que la naturaleza
tendiese una especie de puente para salvar el golfo del silencio que separaba
su cerebro del mundo exterior.
En verdad, el
deseo ardiente tiene maneras tortuosas de transmutarse en su equivalente físico.
Blair deseaba una
audición normal; ¡ahora
la tiene! Nació con una
minusvalía que fácilmente hubiera desviado a alguien, con un deseo menos
definido, a la calle, con un puñado de lápices en una mano y una lata vacía en
la otra.
La pequeña
«mentira piadosa» que sembré en su mente cuando él era un niño, llevándolo a
creer que su defecto se convertiría en una gran ventaja que podría capitalizar,
se justificó sola. Ciertamente, no hay nada, correcto o equivocado, que la
confianza, sumada a un deseo ardiente, no pueda hacer real. Estas cualidades
están al alcance de todos.
LA «QUÍMICA
MENTAL» HACE MAGIA
Un breve párrafo
en un despacho de noticias en relación con madame Schumann-Heink da la
clave del estupendo
éxito de esta
mujer como cantante. Cito el
párrafo porque la clave que contiene no es otra que el deseo.
Al comienzo de su
carrera, madame Schumann-Heink visitó al director de la ópera de Viena para que
le hiciera una prueba de voz. Pero él no la probó. Después de echar un vistazo
a la desgarbada y pobremente vestida muchacha, exclamó, nada cordial: “Con esa
cara, y sin ninguna personalidad, ¿cómo espera tener éxito en la ópera?
Señorita, olvide esa idea. Cómprese una máquina de coser, y póngase a trabajar.
Usted nunca podrá ser cantante.”
¡Nunca es
demasiado tiempo! El director de la ópera de Viena sabía mucho sobre la técnica
del canto. Sabía muy poco del poder del deseo, cuando éste asume las
proporciones de una obsesión. Si hubiera conocido mejor ese poder, no hubiese
cometido el error de condenar el genio sin darle una oportunidad.
Hace varios años,
uno de mis socios enfermó. Se puso cada vez peor a medida que el tiempo
transcurría, y finalmente, lo llevaron al hospital para operarlo. El médico me
advirtió que había muy pocas posibilidades de que yo volviera a verlo con vida.
Pero ésa era la opinión del médico, y no la del paciente. Poco antes de que se
lo llevaran al quirófano, me susurró con voz débil: «No se preocupe, jefe, en
pocos días habré salido de aquí». Una enfermera me miró apenada. Pero el
paciente se recuperó satisfactoriamente. Cuando todo hubo terminado, su médico
me dijo: «No lo salvó otra cosa que su deseo de vivir. Nunca hubiera salido de
este trance si no se hubiese negado a aceptar la posibilidad de la muerte».
Creo en el poder
del deseo respaldado por la fe, porque he visto cómo ese poder elevaba a
hombres desde comienzos humildes a posiciones de poder y riqueza; lo he visto
cómo saqueaba la tumba de sus víctimas; cómo servía de medio para que los hombres
llevaran a cabo su rehabilitación después
de haber
fracasado en un centenar de formas distintas; lo he visto darle a mi propio
hijo una vida normal, feliz y llena de éxito, a pesar de que la naturaleza lo
enviase a este mundo sin oído.
¿Cómo se puede
dominar y usar el poder del deseo? Eso queda explicado en este capítulo y los
subsiguientes de este libro.
Mediante algún
extraño y poderoso principio de «química mental» que nunca ha divulgado, la
naturaleza envuelve en el impulso del deseo ardiente «ese algo» que no reconoce
la palabra «imposible», ni acepta el fracaso como realidad.
NO HAY
LIMITACIONES
PARA LA MENTE
EXCEPTO LAS QUE ACEPTAMOS.
*********************************
TANTO LA POBREZA
Y LA RIQUEZA SON
VÁSTAGOS
DEL PENSAMIENTO
Capítulo 3
LA FE
VISUALIZACIÓN Y
CREENCIA EN LA CONSECUCIÓN DEL DESEO
El segundo paso
hacia la riqueza
La fe es el
elemento químico primordial de la mente. Cuando la fe se mezcla con el
pensamiento, el subconsciente capta la vibración, la traduce en su equivalente
espiritual, y la transmite a la Inteligencia Universal, como en el caso de la
plegaria.
Las emociones de
la fe, el amor y el sexo son las más poderosas entre las principales emociones
positivas. Cuando se
mezclan las tres,
tienen el efecto de «colorear» el
pensamiento de tal manera que éste alcanza al momento el subconsciente, y allí
se transforma en su equivalente espiritual, la única forma que induce una
respuesta de la Inteligencia Infinita.
CÓMO DESARROLLAR
LA FE
Tenemos un
planteamiento que le ayudará a comprender mejor la importancia que el principio
de autosugestión asume en la transmutación del deseo en su equivalente físico o
monetario: la fe es un estado mental que se puede inducir, o crear, con la
afirmación o con las repetidas instrucciones al subconsciente, a través del
principio de autosugestión.
Como ejemplo,
considere el propósito por el que presumiblemente usted está leyendo este
libro. El objetivo es, por supuesto, adquirir la capacidad de transmutar
el pensamiento intangible del
impulso del deseo
en su
contrapartida
física, el dinero. Al llevar a cabo las instrucciones descritas en los capítulos
sobre la autosugestión y el subconsciente, resumidas en el capítulo de la
autosugestión, usted puede convencer al subconsciente de que cree que recibirá
lo que está pidiendo, y ello actuará en esa creencia, que su subconsciente le
devolverá en forma de «fe», acompañada de planes precisos para procurar eso que
usted desea.
La fe es un
estado mental que usted puede incrementar a voluntad, una vez que haya dominado los trece principios, porque se trata de
un estado mental que crece
voluntariamente, a través de la aplicación de esos principios.
La repetición de
la afirmación de órdenes a su subconsciente es el único método conocido del
crecimiento voluntario de la emoción de la fe.
Quizás el
concepto le quede más claro con la siguiente explicación de la forma en que los
hombres, a veces, se convierten en criminales. Para decirlo con las palabras de
un famoso criminólogo, «Cuando los hombres entran por primera vez en contacto
con el crimen, éste les repugna. Si siguen en contacto con él durante algún
tiempo, se acostumbran, y lo toleran. Y si permanecen en contacto con el crimen
durante el tiempo suficiente, acaban por aceptarlo y se dejan influir por él».
Es el equivalente
de decir que cualquier impulso de pensamiento que sea repetidamente encauzado
hacia el subconsciente resulta aceptado e influye en el subconsciente, que
procede a traducir ese impulso en su equivalente físico por el procedimiento
más práctico que halle disponible.
En relación con
esto, vuelva a considerar la proposición de que todos los pensamientos que han
sido «emocionalizados» (cargados emocionalmente) y mezclados con la fe empiezan
inmediatamente a traducirse en su equivalente física o en su contrapartida. Las
emociones, o la porción «sentimental» de los
pensamientos, son los factores
que dan vitalidad
y acción a
éstos. Mezcladas con cualquier impulso de pensamiento, las emociones de
la fe, el amor y el sexo le añaden más energía de la que tendría por sí sola.
No sólo los
impulsos de pensamiento que se hayan mezclado con la fe, sino los que se
mezclan con cualquiera de las emociones positivas, o de las negativas, pueden
alcanzar el subconsciente, e influir en él.
NADIE ESTÁ
«CONDENADO» A LA MALA SUERTE
A partir de esta
afirmación, usted comprenderá que el subconsciente traducirá en
su equivalente físico
un impulso de
pensamiento de naturaleza
negativa o destructiva con tanta facilidad como actuaría con pensamientos de
naturaleza positiva o constructiva. Esto explica el extraño fenómeno que
millones de personas
experimentan, denominado
«infortunio» o
«mala suerte».
Hay millones de
personas que se creen «condenadas» a la pobreza y al fracaso, por culpa de
alguna fuerza extraña que creen no poder controlar. Ellos son los creadores de
su propio «infortunio», a causa de esta creencia negativa, que su subconsciente
adopta y traduce en su equivalente físico.
Este es un
momento apropiado para sugerirle de nuevo que usted puede beneficiarse,
transmitiendo a su subconsciente cualquier deseo que quiera traducir en su
equivalente físico o monetario, en un estado de esperanza o convicción de que
la transmutación tendrá lugar. Su convicción, o su fe, es el elemento que
determina la acción de su subconsciente. No hay nada que le impida «engañar» a
su subconsciente al darle instrucciones a través de la autosugestión, tal como
yo «engañé» al subconsciente de mi hijo.
Para llevar a
cabo este «engaño» de manera más realista, cuando se dirija a su subconsciente,
compórtese tal como lo haría si ya estuviera en posesión del objeto material
que está pidiendo.
Su subconsciente traducirá en su
equivalente físico, por el
medio más práctico y directo,
cualquier orden que se le dé en un estado de convicción o de fe en que la orden
se llevará a cabo.
Sin duda, se ha
dicho bastante para señalar un punto de partida desde el cual uno puede,
mediante la experimentación y la práctica, adquirir la
capacidad de
mezclar la fe con cualquier orden que se le dé al subconsciente. La perfección
surgirá a través de la Práctica. No puede aparecer por el mero hecho de leer
las instrucciones.
Es esencial para
usted que estimule sus emociones positivas como fuerzas dominantes de su
mente, y quite importancia y elimine las
emociones negativas.
Una mente
dominada por emociones positivas se convierte en una morada favorable para
el estado mental
conocido como fe.
Una mente así dominada puede, voluntariamente, darle al
subconsciente instrucciones que éste aceptará y ejecutará de inmediato.
LA FE ES UN
ESTADO MENTAL QUE SE PUEDE INDUCIR MEDIANTE LA AUTOSUGESTIÓN
Durante todas las
épocas, las religiones han exhortado a la humanidad en conflicto a «tener fe»
en este o aquel dogma o credo, pero no han logrado explicar a las multitudes
cómo tener fe. No han afirmado que «la fe es un estado mental que se puede
inducir mediante la autosugestión».
En un lenguaje
que cualquier ser humano normal podrá entender, describiremos todo lo que se
sabe sobre el principio mediante el cual la fe puede aparecer donde todavía no
existe.
Tenga fe en
usted; fe en el infinito. Antes de empezar, debería recordar que:
¡La fe es el
«elixir eterno» que da vida, poder y acción al impulso del pensamiento!
Merece la pena
leer el enunciado anterior una segunda vez, y una tercera, y una cuarta.
¡Merece la pena leerlo en voz alta!
¡La fe es el
punto inicial de toda acumulación de riquezas!
¡La fe es la base
de todos los «milagros» y de todos los misterios que no se pueden analizar con
los parámetros de la ciencia!
¡La fe es el
único antídoto conocido contra el fracaso!
¡La fe es el
elemento, el «componente químico» que, combinado con la plegaria, nos
proporciona comunicación directa con la Inteligencia Infinita!
¡La fe
es el elemento
que transforma la
vibración ordinaria del pensamiento, creada por la mente finita
del hombre, en su equivalente espiritual!
¡La fe es el
único agente a través del cual el hombre puede dominar la fuerza de la
Inteligencia Infinita, y usarla!
LA MAGIA DE LA
AUTOSUGESTIÓN
La prueba es
simple y fácil de demostrar. Va ligada al principio de autosugestión. Por lo
tanto, centremos la atención en el tema de la autosugestión, para descubrir qué
es y lo que se puede alcanzar con ella.
Se sabe que uno
llega, finalmente, a creer cualquier cosa que se repita a sí mismo, sea
la afirmación verdadera
o falsa. Si
un hombre repite
una mentira una y otra vez, con el tiempo aceptará esa mentira como algo
cierto. Más aún, creerá que es cierta. Todo hombre es lo que es a causa de los
pensamientos dominantes que él permite que ocupen su mente. Los pensamientos
que un hombre adopta deliberadamente, y que anima con entusiasmo, y con los que
combina una emoción o más, ¡constituyen las fuerzas motivadoras que dirigen y
controlan cada uno de sus movimientos, actos y hazañas!
Aquí tenemos el
enunciado de una verdad muy importante:
Los pensamientos
combinados con cualquiera de las emociones constituyen una fuerza «magnética»
que atrae otros pensamientos similares o relacionados.
Un pensamiento
así «magnetizado» con la emoción se puede comparar con una semilla que, cuando
es plantada en terreno fértil, germina, crece y se
multiplica una y
otra vez, hasta que aquello que en un principio fue una semillita ¡se convierte
en innumerables millones de semillas de la misma clase!
La mente humana
está constantemente atrayendo vibraciones que armonicen con aquella que la
domina. Cualquier idea, plan, pensamiento o propósito que uno abrigue atrae
infinidad de ideas afines, adhiere estas ideas a su propia fuerza, y crece
hasta convertirse en el propósito maestro que domina y motiva al individuo en
cuya mente se ha alojado.
Volvamos ahora al
punto inicial, para informarnos de cómo se puede plantar en la mente la semilla
original de una idea. La información es fácil de entender: cualquier idea, plan
o propósito se puede fijar en la mente mediante la repetición del pensamiento.
Por eso le damos instrucciones para que ponga por escrito un planteamiento de
su propósito principal, u objetivo primordial y preciso, lo memorice y lo
repita en voz alta todos los días, hasta que las vibraciones auditivas hayan
alcanzado su subconsciente.
Decídase a dejar
de lado las influencias de todo ambiente desfavorable para construir su
propia vida a
la medida. Al
hacer un inventario
de sus recursos y capacidades
mentales, quizá usted descubra que su mayor debilidad sea su falta de confianza
en sí mismo. Esta desventaja puede ser superada, y la timidez transformada en
coraje a través de la ayuda que el principio de la autosugestión proporciona.
La aplicación de este principio puede ejecutarse mediante la sencilla enunciación
de los impulsos de pensamiento puestos por escrito, memorizados y repetidos
hasta que lleguen a formar parte del instrumental del que la facultad
inconsciente de su mente disponga.
FÓRMULA PARA LA
CONFIANZA EN UNO MISMO
PRIMERO: Sé que
tengo la capacidad de alcanzar el objeto del propósito definido de mi vida; por
lo tanto, exijo de mí mismo acción perseverante y continua hasta conseguirlo, y
aquí y ahora prometo ejecutar tal acción.
SEGUNDO: Me doy cuenta de que los pensamientos dominantes
de mi mente se reproducirán con el paso del tiempo en actos externos y físicos
para transformarse en una realidad física; por lo tanto, concentraré mis
pensamientos durante treinta minutos cada día en la tarea de pensar en la
persona en que me propongo
convertirme, creando de este modo
una imagen mental clara.
TERCERO: Sé que,
mediante el principio de la autosugestión, cualquier deseo que abrigue con
perseverancia buscará expresarse a través de ciertos medios prácticos para
obtener el objeto que haya tras él; por lo
tanto, dedicaré diez minutos cada día a exigirme el desarrollo de la
confianza en mí mismo.
CUARTO: He
escrito con claridad una descripción del Objetivo primordial de mi vida, y
nunca dejaré de esforzarme, hasta que haya conseguido la suficiente confianza
en mí mismo para alcanzarlo.
QUINTO: Comprendo
con claridad que no hay riqueza ni posición que pueda durar mucho tiempo, a
menos que se haya formado sobre la lealtad y la justicia; por lo tanto, no me
comprometeré en ninguna transacción que no beneficie a todos a los que afecte.
Tendré éxito atrayendo hacia mí las fuerzas que deseo emplear, y la cooperación
de otras personas. Induciré a otros a servirme, por obra de mi disposición de
servir a otros. Eliminaré el desprecio, la envidia, los celos, el egoísmo y el
cinismo y cultivaré el amor por
toda la humanidad, porque sé que
una actitud negativa hacia los demás nunca me dará el éxito. Haré que
los demás crean en mí, porque yo creeré en ellos y en mí mismo. Firmaré esta
fórmula con mi nombre, la memorizaré y la repetiré en voz alta una vez cada
día, con la fe absoluta de que influirá gradualmente en mis pensamientos y mis
actos para que yo me convierta en una persona que confía en sí misma y que goza
del privilegio del éxito.
Tras esta fórmula
hay una ley de la naturaleza que ningún hombre ha sido todavía capaz de
explicar. El nombre por el que dicha ley se conoce tiene poca importancia. Lo
que importa de ella es que... FUNCIONA, para la gloria y
el progreso de
la especie humana,
si es usada
de forma constructiva. Por otra
parte, si se la usa destructivamente, destruirá con la misma facilidad. En esta
afirmación podemos encontrar una verdad muy importante: quienes se hunden en la
frustración y acaban su vida en la pobreza, la miseria y la angustia lo hacen a
causa de la aplicación negativa del principio de la autosugestión. La causa se
puede encontrar en el hecho de que todos los impulsos de pensamiento tienen
tendencia a vestirse de su equivalente físico.
EL DESASTRE DEL
PENSAMIENTO NEGATIVO
El subconsciente
no distingue entre impulsos de pensamiento positivos o negativos. Trabaja
con el material
que le suministramos, a
través de nuestros impulsos de
pensamiento. El subconsciente traducirá en algo real un pensamiento
regido por el
miedo con tanta
facilidad como transformaría en
realidad un pensamiento regido por el coraje, o por la fe.
Tal como
la electricidad hace girar las
ruedas de la industria, y
rinde servicios útiles si se la emplea correctamente, o acaba con la
vida si se hace mal uso de ella, así, la ley de la autosugestión nos conducirá
a la paz y la prosperidad o nos arrastrará hacia el valle de la miseria, el
fracaso y la muerte, de acuerdo
con el grado
de comprensión y
aplicación que tengamos de ella.
Si uno se llena
la cabeza de miedos, dudas y desconfianza en su capacidad para conectar
y usar la
fuerza de la
Inteligencia Infinita, la ley
de la autosugestión adoptará
ese espíritu de
desconfianza y lo
usará como patrón mediante el
cual el subconsciente lo traducirá en su equivalente físico.
Así como el
viento arrastra un barco hacia el Este y otra hacia el Oeste, usted será
elevado o hundido por la ley de la autosugestión de acuerdo con la manera en
que usted oriente las velas de su pensamiento.
La ley de la
autosugestión, que puede elevar a cualquier persona a niveles asombrosos de
realización, queda bien descrita en los siguientes versos.
Si piensas que
estás vencido, lo estarás.
Si piensas que no
te atreves, no te atreverás.
Si te gusta
ganar, pero piensas que no puedes, es casi seguro: no ganarás.
Si piensas que
perderás, estás perdido, Pues en el mundo encontramos que
el éxito empieza
en la voluntad del hombre...
Todo está en el
estado mental.
Si piensas que
eres inferior, lo eres. Tienes que pensar alto para ascender. Tienes que estar
seguro de ti mismo antes de poder ganar.
Las batallas de
la vida no siempre favorecen al hombre más fuerte o al más rápido,
pero tarde o
temprano el hombre que gana
es el hombre que
PIENSA QUE SÍ PUEDE!
Observe las
palabras que se han destacado,
y captará el
profundo significado que el poeta expresa.
¿QUÉ GENIO YACE
DORMIDO EN SU CEREBRO?
En algún
rincón de su
carácter está latente, dormida,
la semilla de la
realización que, si germinara y se pusiera en acción, lo elevaría a niveles que
tal vez usted nunca soñó alcanzar.
Así como un
virtuoso puede arrancar las melodías más hermosas de las cuerdas de su violín,
usted puede despertar al genio que yace dormido en su mente, y hacer que lo
conduzca hacia arriba, hacia cualquier objetivo que desee alcanzar.
Abraham Lincoln
fue un fracasado en todo lo que intentó..., hasta después de haber alcanzado
los cuarenta años. Fue un Don Nadie, de Ninguna Parte, hasta que una gran
experiencia entró en su vida y despertó al genio dormido que había en su
corazón y en su cerebro, para darle al mundo uno de sus hombres realmente
grandes. Esa «experiencia» estaba combinada con las emociones de la aflicción y
el amor. Le aconteció a través de Ann Rutledge, la única mujer a quien él amó
realmente.
Es sabido que la
emoción del amor está ligada al estado de ánimo conocido como la fe, y esto se
debe a que el amor se aproxima mucho a traducir los impulsos de pensamiento
propios en su equivalente espiritual.
Durante su labor
de investigación, el autor ha descubierto, a partir del análisis de la vida y
realizaciones de centenares de hombres de posiciones destacadas, que detrás de
casi cada uno de ellos existía la influencia del amor de una mujer.
Si quiere pruebas del poder
de la fe,
examine las realizaciones de los hombres y mujeres que se han valido de
ella. El Nazareno, encabeza la lista. La base de la cristiandad es la fe, no
importa cuántas personas hayan pervertido o malinterpretado el significado de
esta gran fuerza.
La esencia de las
enseñanzas y de las realizaciones de Cristo, que pueden haberse interpretado
como «milagros», son nada más y nada menos que fe. Si hay
fenómenos «milagrosos», ¡se
producen sólo a través
del estado mental conocido como
la fe!
Consideremos el
poder de la fe, tal como nos la mostró un hombre bien conocido por toda la
humanidad: el Mahatma Gandhi, de la India. En este hombre, el mundo tuvo uno de
los ejemplos más sorprendentes de las posibilidades de la fe que conozca la
humanidad. Gandhi ostentó más poder potencial que ningún otro de sus contemporáneos,
y ello a pesar del
hecho de que no
contó con ninguna de las herramientas ortodoxas del poder, tales como dinero,
barcos de guerra, soldados ni material bélico. Gandhi no tenía dinero, ni casa,
ni siquiera ropas, pero tenía poder. ¿Cómo lo obtuvo?
Lo creó a partir
de su comprensión del principio de la fe, y mediante su capacidad para
trasplantar esa fe al espíritu de doscientos millones de personas.
Gandhi consiguió
la sorprendente proeza de influir en doscientos millones de mentes para formar
un conglomerado humano que se moviese al unísono, como un solo hombre.
¿Qué otra fuerza
de este mundo, aparte de la fe, puede lograr tanto?
CÓMO UNA IDEA
CONSTRUYÓ UNA FORTUNA
Debido a la
necesidad de la fe y de la cooperación en el funcionamiento de los negocios
y de la
industria, será tan
interesante como provechoso analizar un suceso que nos
proporciona un excelente ejemplo para la comprensión del método por el cual los
industriales y los hombres de negocios acumulan grandes fortunas al dar antes
de intentar recibir.
El suceso elegido
para este ejemplo data de comienzos de siglo, cuando se estaba formando la
United States Steel Corporation (Corporación del Acero de Estados Unidos). A
medida que lea la historia, tenga presente esos hechos fundamentales, y
comprenderá cómo las ideas se han convertido en fortunas inmensas.
Si usted
es de los
que se han
preguntado a menudo
cómo se han acumulado las grandes fortunas, esta
historia de la creación de la United States Steel Corporation le resultará
esclarecedora. Si tiene alguna duda de que los hombres pueden pensar y hacerse
ricos, esta historia disipará esa duda, porque usted podrá ver con claridad en
la historia de la United States Steel Corporation la aplicación de una porción
importante de los principios que se describen en este libro.
El asombroso
relato del poder de una idea ha sido escrito de forma espectacular por John
Lowell, del New York World-Telegram, y la transcribimos con su cortesía:
UN BONITO
DISCURSO DE SOBREMESA POR MIL MILLONES DE DÓLARES
Aquella noche del
12 de diciembre de 1900, en la que unos ochenta miembros de la sociedad
financiera se reunieron en el salón de banquetes del University Club, en la
Quinta Avenida, para hacer los honores a un hombre joven del Oeste de Estados
Unidos, ni media docena de los invitados supuso que estaban a punto de
presenciar el episodio más importante de la historia de la industria
estadounidense.
J. Edward Simmons
y Charles Stewart Smith, llenos de gratitud por la pródiga hospitalidad
con que Charles
M. Schwab les
había regalado durante una
reciente visita a Pittsburgh, habían organizado la cena para presentar a aquel
empresario del acero de treinta y ocho años a la sociedad de banqueros del Este
de Estados Unidos. Pero no esperaban que magnetizara de tal modo la convención.
De hecho, le advirtieron que los corazones que rellenaban las camisas de Nueva
York no reaccionarían a la oratoria, y que si no quería aburrir a los Stilman y
los Harriman y los Vanderbilt, sería mejor que se limitara a quince o veinte
minutos de intrascendencias amables, pero nada más.
Incluso John
Pierpoint Morgan, sentado a la derecha de Schwab, como indicaba su dignidad
imperial, había previsto honrar la mesa con su presencia muy brevemente. Y en
lo que se refería a la prensa y al público, todo el asunto presentaba tan poco
interés que los periódicos del día siguiente ni lo mencionaron.
De manera que los
dos anfitriones y sus distinguidos invitados probaron los habituales siete u
ocho platos. Hubo poca conversación y, versara sobre lo que versase, fue parca
y discreta. Aunque algunos de los banqueros y agentes de Bolsa habían visto
antes a Schwab, cuya carrera había florecido
en los Bancos de
Monongahela, ninguno lo conocía bien. Pero, antes de que la velada acabara,
ellos y «Money Master Morgan» quedarían admirados, y un bebé de mil millones de
dólares, la United States Steel Corporation, nacería allí.
Quizá sea una lástima para la historia que no se
haya hecho ninguna grabación del discurso de Charlie Schwab en aquella
cena.
Sin embargo, tal
vez se tratara de un discurso «casero», con incorrecciones gramaticales (pues
los perfeccionismos del lenguaje nunca le interesaron a Schwab), lleno de
refranes y compaginado con ingenio. Pero, aparte de eso, obtuvo una fuerza y un
efecto impresionantes sobre los cinco mil millones de dólares de capital
estimado que los comensales representaban. Cuando terminó, y la reunión vibraba
todavía con sus palabras, aunque Schwab había hablado durante noventa minutos,
Morgan condujo al orador a una ventana apartada donde, balanceando las piernas
en un alto e incómodo asiento, hablaron durante una hora más.
La magia de la
personalidad de Schwab se había puesto en acción con toda su potencia,
pero lo más
importante y perdurable
fue el programa detallado y explícito que
presentó para el engrandecimiento
del acero. Muchos otros hombres habían
tratado de interesar a Morgan en montar juntos un trust del acero imitando los
patrones de las empresas de galletas, cables y flejes, azúcar, goma, whisky,
aceite o goma de mascar. John W. Gates,
el apostador, lo había
urgido a hacerlo,
pero Morgan no
había confiado en él. Los hermanos Moore, Bill y Jim, mayoristas de
Chicago que habían fusionado una fosforera y una corporación de galletitas,
habían tratado de convencerlo, fracasando en su intento. Elbert H. Gary, el
sacrosanto abogado del Estado, quiso atraerlo a su terreno, mas no llegó a ser
lo bastante grande como para impresionarlo. Hasta que la elocuencia de Schwab
elevó a J. P. Morgan a las alturas desde donde pudo visualizar los sólidos
resultados del proyecto financiero más atrevido que se hubiera concebido nunca,
la idea era considerada un delirante sueño de especuladores ingenuos.
El magnetismo
financiero que, hace una generación, empezó a atraer miles de compañías
pequeñas y a veces ineficazmente dirigidas a combinaciones
más grandes y
competitivas, se ha vuelto operativo en el mundo del acero gracias a los
artilugios de aquel jovial pirata de los negocios, John W. Gates. Este había
formado ya la American Steel and Wire Company con una cadena de pequeñas empresas, y junto con
Morgan había creado la Federal Steel Company.
Pero al lado del
gigantesco trust vertical de Andrew Carnegie, dirigido por sus cincuenta y tres
accionistas, esas otras combinaciones resultaban insignificantes. Podían
combinarse como mejor les pareciese, pero ni todas juntas harían mella en la
organización de Carnegie, y Morgan lo sabía.
El viejo escocés
excéntrico también lo sabía. Desde las majestuosas alturas de Skibo Castle
había visto, primero divertido y luego con resentimiento, los intentos de las
pequeñas compañías de Morgan entremetiéndose en sus negocios. Cuando esos
intentos se tornaron demasiado importantes, el mal genio de Carnegie se
convirtió en ira y en deseos de venganza. Decidió duplicar cada fábrica suya
por cada una que sus rivales poseyeran. Hasta entonces no había tenido interés
en cables, tubos, flejes ni planchas. En cambio, se contentaba con venderle el
acero en bruto a esas compañías y las dejaba que trabajaran en la
especialización que quisieran. Ahora, con Schwab como jefe y lugarteniente
capaz, planeaba arrinconar a sus enemigos contra la pared.
Así fue como
Morgan vio la solución a su problema de combinaciones en el discurso de Charles
M. Schwab. Un trust sin Carnegie, el gigante, no sería ningún trust, sino un
pastel de ciruelas sin ciruelas.
El discurso de
Schwab de aquella noche del 12 de diciembre de 1900 aportó la sugerencia, que
no la solicitud, de que el vasto imperio Carnegie podía llegar a estar bajo la
sombra de Morgan. Habló del futuro mundial del acero, de reorganización en aras
de la eficiencia, de especialización, de deshacerse de compañías improductivas,
de la concentración del esfuerzo en las propiedades florecientes, de ahorros en
el tráfico de mineral bruto, de ahorros en los departamentos directivos y
administrativos, de captar mercados extranjeros.
Más que todo eso,
les dijo a los bucaneros que había entre ellos dónde estaban los errores de su
piratería habitual. Sus propósitos, suponía él, habían sido crear monopolios,
aumentar los precios y pagarse a sí mismos dividendos exagerados más allá de
todo privilegio. Con su estilo campechano, Schwab condenó ese sistema. La
estrechez de miras de semejante política, dijo a su auditorio, residía en el
hecho de que restringía el mercado en un momento en que todo pugnaba por la
expansión. Abaratando el coste del acero, explicó, se crearía un mercado
expansivo; se idearían más usos para el acero y se captaría una parte
considerable del mundo de la industria. En realidad, aunque él no lo supiese,
Schwab era un apóstol de la moderna producción masiva.
Así acabó la cena
en el University Club. Morgan se fue a su casa, para pensar en las predicciones
de progreso de Schwab. Schwab regresó a Pittsburgh, a dirigir el negocio
siderúrgico para «Wee Andra Carnegie», mientras Gary y todos los demás volvían
a sus teletipos, para especular, anticipándose al próximo movimiento.
No tardó mucho en
suceder. A Morgan le llevó más o menos una semana digerir el festín de
razonamientos que Schwab le había puesto delante. Cuando se aseguró de que no
iba a sufrir ninguna «indigestión financiera», llamó a Schwab..., y se encontró
con un hombre bastante tímido. Al señor Carnegie, le dijo Schwab, quizá no le
alegrara mucho descubrir que el presidente de su conglomerado de empresas había
estado coqueteando con el emperador de Wall Street, el barrio que Carnegie
había resuelto no pisar jamás. Entonces John W. Gates, que hacía de
intermediario entre Morgan y Schwab, sugirió que si Schwab estuviera
casualmente de paso por el Belle Vue Hotel, de Filadelfia, J. P. Morgan podía
«coincidir» con él en el mismo sitio. Sin embargo, cuando Schwab llegó, Morgan
se hallaba enfermo en su casa de Nueva York, y, presionado por la invitación
del hombre mayor, Schwab viajó a Nueva York y se presentó ante la puerta de la
biblioteca del financiero.
En la actualidad,
ciertos historiadores de la economía han expresado la sospecha de que esta
historia, desde el principio al fin, fue planificada por Andrew Carnegie, que
la cena en honor de Schwab, el célebre discurso, la reunión del domingo por la
noche entre Schwab y el rey del dinero fueron
sucesos que el
sagaz escocés había preparado de antemano. La verdad es precisamente todo lo
contrario. Cuando Schwab fue llamado a cerrar el trato, ni siquiera sabía si el
«jefecito», como llamaban a Andrew, prestaría atención a una oferta de vender,
en particular a un grupo de hombres a quienes Andrew consideraba dotados de
algo menos que la beatitud. Pero Schwab acudió a la reunión con seis hojas
escritas de su puño y letra, llenas de datos que, según él, representaban el
valor físico y potencial de rendimiento de cada compañía metalúrgica que él
consideraba una estrella esencial en el nuevo firmamento del metal.
Cuatro hombres
sopesaron esos esquemas durante toda la noche. El jefe, por supuesto, era
Morgan, firme en su credo del derecho divino del dinero. Con él
estaba su socio
aristocrático, Robert Bacon,
un erudito y un
caballero. El tercero era John W. Gates, a quien Morgan tachaba de apostador y
utilizaba como herramienta. El cuarto era Schwab, que sabía más sobre el
proceso de elaborar y vender acero que cualquier grupo de hombres de su época.
A lo largo de aquella conferencia, los esquemas del hombre de Pittsburgh no se
cuestionaron nunca. Si él decía que una compañía valía tanto, así era, y punto.
También insistió en incluir en la combinación sólo las empresas que él tenía
nominadas. Había concebido una corporación sin dobleces, donde ni siquiera
quedaba lugar para satisfacer la codicia
de amigos que
deseaban descargar sus compañías sobre los anchos hombros de Morgan.
Al amanecer,
Morgan se puso de pie y se desperezó. Sólo quedaba una pregunta pendiente.
! ¿Cree
que puede persuadir
a Andrew Carnegie
de vender? - preguntó.
! Puedo intentarlo -repuso Schwab.
! Si usted consigue que venda, me
comprometeré en todo este asunto - aseguró Morgan.
Hasta allí
todo iba bien.
Pero ¿vendería Carnegie?
¿Cuánto pediría? (Schwab pensaba
en unos 320 millones de dólares.) ¿Cómo se efectuaría el
pago? ¿En
acciones ordinarias o
preferentes? ¿En bonos? ¿En efectivo? Nadie podía reunir trescientos
veinte millones de dólares en efectivo.
En enero
acudieron a un partido de golf en los helados prados de St. Andrews, en Westchester,
Andrew envuelto en jerséis, bien abrigado, y Charlie conversando de
trivialidades, para ejercitar el buen humor. Pero no se pronunció ni una
palabra sobre negocios hasta que la pareja se sentó en la cálida sala de la
cabaña que Carnegie poseía cerca de allí. Entonces, con el mismo poder de
convicción con que había hipnotizado a ochenta millonarios en el University
Club, Schwab dejó caer rutilantes promesas de retiro y comodidad, de los
innumerables millones que satisfarían los caprichos sociales del viejo escocés.
Carnegie estuvo de acuerdo, escribió algo en un trozo de papel y dijo:
“Muy bien,
venderemos por ese precio.”
La cifra era de
unos 400 millones de dólares y surgió a partir de los 320 millones que Schwab
había previsto como precio básico, añadiéndole 80 millones para recuperar el
valor aumentado sobre el capital previsto durante los últimos dos años.
Más tarde,
en la cubierta
de un transatlántico, el
escocés le decía arrepentido a Morgan: “Ojalá te hubiera
pedido cien millones más.”
“Si me los
hubieras pedido, te los hubiese pagado” - le respondió Morgan, aimadamente.
Hubo cierto
alboroto, por supuesto. Un corresponsal británico envió un cable diciendo que
el mundo del acero extranjero estaba «aterrado» ante la gigantesca corporación.
El presidente Hadley, de Yale, declaró que a menos que se regulasen los trusts,
el país tendría «un emperador en Washington durante los próximos veinticinco
años». Pero ese hábil agente de Bolsa que Keene era, se aplicó a su trabajo de
impulsar tan vigorosamente las nuevas acciones hacia el público, que todo el
exceso de liquidez, estimado por algunos en cerca de 600 millones de dólares,
fue absorbido en un abrir y cerrar de ojos. De manera que Carnegie obtuvo sus
millones; el sindicato de Morgan consiguió 62
millones por todos sus
«problemas», y todos los
«muchachos»,
desde Gates a Gary, también ganaron sus millones.
Schwab, de 38
años, obtuvo su recompensa. Fue nombrado presidente de la nueva corporación, y
ostentó el cargo hasta 1930.
LA RIQUEZA
EMPIEZA CON EL PENSAMIENTO
La impresionante
historia del gran negocio que usted acaba de leer es un ejemplo perfecto del
método por el cual el deseo puede transmutarse en su equivalente físico.
Esa gigantesca
organización se creó en la imaginación de un hombre. El plan por el que le
proporcionaban a la organización hornos de acero que aportaban su
estabilidad financiera se
creó en la
mente de la
misma persona. Su fe, su deseo, su imaginación, su perseverancia fueron
los verdaderos ingredientes esenciales que conformaron la United States Steel
Corporation. Los hornos y los equipos mecánicos adquiridos por la empresa, después
de haber surgido
a la existencia
legal, fueron incidentales, pero
un análisis cuidadoso revelará el hecho de que el valor aumentado de
las propiedades adquiridas
por la corporación
se incrementó en unos seiscientos millones de dólares, por la mera
transacción que los consolidaba bajo una misma gerencia.
En otras
palabras, la idea de Charles M. Schwab, sumada a la fe con la que contagió a J.
P. Morgan y a los demás, había dado unos beneficios de unos seiscientos
millones de dólares. ¡No es una suma insignificante por una sola idea!
La United States
Steel Corporation prosperó hasta convertirse en una de las empresas más rica y
poderosas de Estados Unidos, dando empleo a miles de personas, desarrollando
nuevas aplicaciones para el acero, y abriendo nuevos mercados, demostrando de
ese modo que los seiscientos millones de beneficio que la idea de Schwab
produjo estaban bien merecidos.
¡La riqueza
empieza en la forma de un pensamiento!
La cantidad está
limitada sólo por la persona en cuya mente esa idea se pone en movimiento.. ¡La
fe elimina las limitaciones! Recuerde esto cuando esté listo para negociarle a
la vida lo que usted desee como precio por haber pasado por ella.
Capítulo 4
LA AUTOSUGESTIÓN
EL VEHÍCULO PARA
INFLUIR EN EL SUBCONSCIENTE
El tercer paso
hacia la riqueza
Autosugestión es
un término que se aplica a todas las sugestiones y a todos los estímulos
autoadministrados que alcanzan la propia mente a través de los cinco sentidos.
Dicho de otro modo, la autosugestión es la sugestión de uno mismo. Es el agente
de comunicación entre esa parte de la mente donde la parte consciente tiene
lugar y aquella otra que sirve de asiento de la acción para el subconsciente.
A través
de los pensamientos dominantes
que uno permite
que permanezcan en la
mente consciente (que
estos pensamientos sean positivos o negativos no altera el
mecanismo), el principio de la autosugestión alcanza voluntariamente el subconsciente
y lo influye con estos pensamientos.
La naturaleza
ha creado al
hombre de tal
manera que tenga
control absoluto sobre el material que llega a su subconsciente, a
través de sus cinco sentidos, aunque esto no significa que deba interpretarse
como una afirmación de que el hombre siempre ejercite ese control. En casi
todos los casos, no lo ejercita, y ello explica por qué tanta gente vive en la
pobreza.
Recuerde lo que
se ha dicho sobre la semejanza del subconsciente con un jardín fértil, en donde
las hierbas crecen en abundancia, si no se siembran semillas de plantas más
deseables. La autosugestión es el agente de control a través del cual un
individuo puede alimentar voluntariamente su subconsciente con pensamientos de
naturaleza constructiva o, por negligencia, permitir que los pensamientos de
naturaleza destructiva se infiltren en ese rico jardín de la mente.
VEA Y SIENTA EL
DINERO EN SUS MANOS
En los últimos
seis pasos descritos en el capítulo sobre el deseo, usted ha recibido
instrucciones para que lea en voz alta dos veces por día el enunciado escrito
de su deseo de dinero, y para que se vea y se sienta ya en posesión del mismo.
Al seguir esas instrucciones, usted comunica el objeto de su deseo directamente
a su subconsciente en un estado de fe absoluta. Mediante la repetición de este
procedimiento, usted crea con su voluntad hábitos de pensamiento que son
favorables a sus esfuerzos para transmutar el deseo en su equivalente
monetario.
Retroceda a esos
seis pasos que se describen en el capítulo dos, para releerlos con
mucha atención antes de
seguir adelante. Luego (cuando llegue a esa parte), lea con atención
las cuatro instrucciones para la organización de su «Master Mind», que se
describen en el capítulo sobre la planificación organizada. Al comparar esos
dos conjuntos de instrucciones, usted se dará cuenta de que ambos se basan en
el principio de la autosugestión.
Recuerde, por lo
tanto, cuando lea en voz alta el enunciado de su deseo (mediante el cual
usted se empeña
en desarrollar una
«conciencia del dinero»), que la
mera lectura de estas palabras no tendrá consecuencias..., a menos que usted
las funda con la emoción, con el sentido de sus palabras. Su subconsciente
reconoce y actúa sólo en los pensamientos que usted ha combinado con la
emoción, con el sentimiento.
Ése es un hecho
tan importante como para garantizar la repetición prácticamente en cada
capítulo, porque la falta de comprensión de eso es la razón principal de
que la mayoría de
la gente que
trata de aplicar
el principio de la autosugestión no logre los resultados deseados.
Las palabras
indiferentes, recitadas sin emoción, no influyen en el subconsciente. Usted no
obtendrá resultados apreciables hasta que aprenda a llegar a
su subconsciente con pensamientos o palabras habladas que hayan sido cargados con
la emoción de la convicción.
No se desanime si
no puede controlar y dirigir sus emociones la primera vez que trate de hacerlo.
Recuerde que no existe la posibilidad de obtener algo por nada. Por mucho que
quiera, no podrá engañarse. El precio de la capacidad para influir en su
subconsciente es la perseverancia incansable en la aplicación de los principios
que se describen aquí. Usted no podrá formarse esa capacidad deseada por un
precio menor. Usted, y sólo usted, debe decidir si la recompensa por la que se
está esforzando (la «conciencia del dinero») vale el precio que debe pagar por
ella con su esfuerzo.
Su habilidad para
emplear el principio de la autosugestión dependerá, en gran medida, de su
capacidad para concentrarse en un deseo dado hasta que ese deseo se convierta
en una obsesión ardiente.
CÓMO FORTALECER
SUS PODERES DE CONCENTRACIÓN
Cuando empiece a
seguir las instrucciones de los seis pasos descritos en el segundo capítulo,
será necesario que haga uso del principio de la concentración. Así pues,
le ofreceremos sugerencias
para el uso de la concentración eficaz.
Cuando usted comience a
ejecutar el primero de los
seis pasos, cuyas instrucciones son «determine la
cantidad exacta de dinero
que desea», mantenga el pensamiento
concentrado en esa cantidad de dinero, o fijada la atención en él, con los ojos
cerrados hasta que, de hecho, pueda ver el aspecto físico del dinero. Haga eso
por lo menos una vez al día. A medida que progrese en estos ejercicios, siga
las instrucciones dadas en el capítulo de la fe, ¡y véase a sí mismo en
posesión del dinero!
Aquí hay un hecho
muy importante: el subconsciente asume cualquier orden que se le dé en un
estado mental de fe absoluta, y actúa siguiendo esas órdenes, aunque deban
presentársele a menudo una y otra vez, mediante la repetición, antes de que el
subconsciente las interprete. Teniendo en
cuenta la afirmación anterior, considere la
posibilidad de jugarle un «truco» perfectamente legítimo a su
subconsciente, y hágale creer, porque usted cree en ello, que usted debe
obtener esa cantidad de dinero que está visualizando, que esa cantidad de
dinero ya espera que
usted sea su
dueño, y que el subconsciente debe proporcionarle planes prácticos para
conseguir el dinero que ya es suyo.
Endósele la idea
sugerida en el párrafo anterior a su imaginación, y vea cómo su imaginación
puede, o podrá, crear planes prácticos para la acumulación de dinero mediante
la transmutación de su deseo.
No espere un plan
definido, mediante el cual se propondrá intercambiar servicios o mercaderías a
cambio del dinero que usted visualiza; en cambio, empiece a verse en posesión
del dinero, esperando y exigiendo mientras tanto que su subconsciente le
proporcione los planes que necesite. Esté alerta en
espera de esos
planes, y póngalos en acción
inmediatamente cuando surjan. Cuando los planes aparezcan, «destellarán»
en su mente a través del sexto sentido, con la forma de una «inspiración».
Trátela con respeto, y actúe según ella tan pronto como la reciba.
En el cuarto de
los seis pasos, se le indica que «cree un plan preciso para llevar a cabo su
deseo, y empiece de inmediato a poner ese plan en acción». Debe seguir esta
instrucción de la manera descrita en el párrafo anterior. No confíe en «la
razón» a la hora de crear su plan para acumular dinero a través de la
transmutación del deseo. Su facultad de razonamiento puede ser perezosa, y si
depende por completo de sus servicios, quizá resulte defraudado.
Al visualizar el
dinero que se propone acumular (con los ojos cerrados), véase a sí mismo
prestando el servicio, o proporcionando la mercancía que se propone dar a
cambio de su dinero. ¡Esto es importante!
SEIS PASOS PARA
ESTIMULAR SU SUBCONSCIENTE
Resumiremos ahora
las instrucciones dadas en relación con los seis pasos del segundo capítulo, y
las combinaremos con los principios presentados en éste.
PRIMERO:
Elija un
sitio tranquilo (preferiblemente
en la
cama, por la noche), donde no vayan a distraerlo ni a
interrumpirlo, cierre los ojos, y
repita en voz
alta (de manera que usted pueda oír sus propias palabras) el enunciado escrito
de la cantidad de dinero que se propone acumular, el plazo para esta
acumulación y una descripción de los servicios o de las mercancías que pretende
dar a cambio del dinero. Al ejecutar estas instrucciones, véase a sí mismo ya
en posesión del dinero.
Por ejemplo,
suponga que se propone acumular 50.000 dólares para el primero de enero de
dentro de cinco años, que se propone prestar servicios personales a cambio del
dinero, en carácter de vendedor. El enunciado escrito de su propósito deberá
ser más o menos como el siguiente:
“El primer día
de enero de
19.., seré poseedor
de 50.000 dólares, que afluirán a mí en diversas sumas
de tiempo en tiempo durante ese lapso de cinco años.
“A cambio de ese
dinero daré los servicios más eficientes de que soy capaz, girando la mayor
cantidad posible, y proporcionando la mejor calidad de servicios como vendedor
de... (describa el servicio o la mercadería que se propone vender).
“Confío en que
tendré la posesión de ese dinero. Mi fe es tan fuerte que puedo verlo ahora
ante mis ojos. Puedo tocarlo con las manos. Ahora está esperando ser de mi
propiedad en el momento y en la proporción en que yo proporcione el servicio
que estoy dispuesto a dar a cambio de él. Espero un plan con el que acumular ese
dinero, y lo ejecutaré tan pronto como aparezca.”
SEGUNDO: Repita
este programa por la noche y por la mañana hasta que pueda ver (en su
imaginación) el dinero que ha decidido acumular.
TERCERO: Ponga
una copia de su enunciado escrito en donde pueda verla por la noche y por la
mañana, y léala justo antes de dormirse y antes de levantarse hasta que la haya
memorizado.
Al seguir estas
instrucciones recuerde que está aplicando el principio de la autosugestión con
el propósito de darle órdenes a su subconsciente. Recuerde, además, que su subconsciente acatará sólo instrucciones que
estén cargadas
emocionalmente, dirigidas hacia él con «sentimiento». La fe es la más fuerte y
productiva de las emociones. Siga las instrucciones del capítulo dedicado a
ella.
Al principio, estas instrucciones pueden parecer abstractas.
No se
deje inquietar por eso. Siga las instrucciones, sin prestar atención a
lo abstractas o lo poco prácticas que puedan parecerle. Pronto llegará el
momento en que, si ha hecho lo que se le ha indicado, tanto en espíritu como en
actos, todo un nuevo universo de poder se desplegará ante usted.
EL SECRETO DEL
PODER DE LA MENTE
El escepticismo,
en relación con las nuevas ideas, es una característica de todos los seres
humanos. Pero si sigue las instrucciones indicadas, su escepticismo pronto se
convertirá en convicción que a su vez se cristalizará en fe absoluta.
Muchos filósofos
han afirmado que el hombre es el dueño de su propio destino terrenal, pero casi
ninguno ha conseguido decir por qué lo es. La razón de que el hombre pueda ser
dueño de su propio estatus terrenal, y en especial de su nivel económico, queda
expresada con todo detalle en este capítulo. El hombre puede convertirse en el
dueño de sí mismo y de su ambiente, porque tiene el poder de influir en su
propio subconsciente.
Llevar a cabo la
transmutación del deseo en dinero conlleva el empleo de la autosugestión como
agente mediante el cual uno puede alcanzar el subconsciente e influir en él.
Los otros principios son simples herramientas con las que aplicar la
autosugestión. Atesore esta idea y siempre tendrá conciencia de la importancia
del principio de la autosugestión en sus esfuerzos para acumular dinero
mediante los métodos que se describen en este libro.
Una vez
haya leído el
libro entero, vuelva a
este capítulo y, tanto
en espíritu como en actos, siga estas instrucciones:
Cada noche lea el
capítulo entero en voz alta una vez, hasta que llegue a estar plenamente convencido
de que el principio de la autosugestión se basa en la verdad y en el buen
juicio, que obtendrá para usted todo lo que usted ha pedido. Mientras lea,
subraye con un lápiz cada frase que le impresione favorablemente.
Siga las
instrucciones anteriores al pie de la letra, y el camino se le abrirá hacia una
comprensión completa y el dominio de los principios del éxito.
CADA ADVERSIDAD,
CADA FRACASO Y
CADA
ANGUSTIA LLEVAN
CONSIGO
LA SEMILLA
DE UN BENEFICIO
EQUIVALENTE O MAYOR
Capítulo 5
EL CONOCIMIENTO
ESPECIALIZADO
EXPERIENCIAS
PERSONALES U OBSERVACIONES
El cuarto paso
hacia la riqueza
Hay dos clases de
conocimiento. Uno es el conocimiento general; el otro, el especializado. El
conocimiento general, independientemente de lo vasto y variado que pueda ser,
no resulta muy útil en la acumulación de dinero. Las facultades de las grandes
universidades poseen, en conjunto, casi todas las formas del conocimiento general
al alcance de la civilización. La mayoría de los profesores no tienen mucho
dinero. Se especializan en enseñar el conocimiento, pero no se especializan en
la organización de ese conocimiento ni en su empleo.
El conocimiento
no atraerá el dinero, a menos que esté organizado e inteligentemente dirigido
mediante planes prácticos
de acción, para
el objetivo preciso de la acumulación de dinero. La falta de comprensión
de este hecho ha sido una fuente de confusión para millones de personas que creen
equivocadamente que «el conocimiento es poder». ¡No es nada parecido! El
conocimiento es sólo poder en forma potencial. Solo se convierte en poder si
está organizado en planes definidos de acción y dirigido hacia un objetivo
determinado.
El «eslabón
perdido» de todos los sistemas educativos se puede encontrar en el fracaso de
las instituciones educacionales en enseñar a sus estudiantes cómo organizar y
usar ese conocimiento una vez que lo han adquirido.
Muchas personas
cometen el error de suponer que, porque Henry Ford tenía pocos «estudios», no
era un hombre «educado». Los que cometen este error no comprenden el
significado real de la palabra «educado».
Esa palabra
deriva de la palabra latina educo, que significa evolucionar, extraer, desarrollarse
desde dentro.
Un hombre educado
no es, necesariamente, alguien que tiene abundancia de conocimientos generales
o especializados. Un hombre educado es el que ha cultivado las facultades de su
mente de tal manera que puede adquirir cualquier cosa que se proponga, o su
equivalente, sin violar los derechos de los demás.
EL «IGNORANTE»
QUE AMASÓ UNA FORTUNA
Durante la Primera Guerra Mundial, un
periódico de Chicago
publicó ciertos editoriales en los que, entre otras cosas, a Henry Ford
se le llamaba
«ignorante
pacifista». El señor Ford objetó esas afirmaciones y demandó al periódico por
difamación. Cuando el juicio tuvo lugar, los abogados del periódico exigieron
una justificación y llamaron al propio señor Ford al banquillo de los testigos,
con el propósito de demostrarle al jurado que era un ignorante. Los abogados le
hicieron a Ford una gran variedad de preguntas, todas dirigidas a demostrar de
manera evidente que, si bien quizá poseyese una cantidad considerable de
conocimientos especializados en lo que se refería a la fabricación de
automóviles, básicamente era un ignorante.
A Ford le
hicieron preguntas del estilo de: «¿Quién fue Benedict Arnold?», y «¿Cuántos
soldados enviaron los británicos a las colonias americanas para sofocar la
rebelión de 1776?». En respuesta a esta última pregunta, el señor Ford
replicó: «Ignoro la
cantidad exacta de
soldados que los británicos enviaron, pero he oído decir
que fue una cifra considerablemente mayor que la de los que regresaron».
Finalmente, el
señor Ford acabó por cansarse de ese tipo de preguntas, y, para contestar
una particularmente ofensiva, se
inclinó hacia adelante, señaló con el dedo al abogado que
había hecho la pregunta y dijo: «Sí de
veras quisiera
responder la pregunta tonta que acaba de hacerme, o cualquiera de las otras que
me ha hecho, permítame recordarle que en mi escritorio tengo una hilera de
botones, y que apretando el adecuado puedo llamar en mi ayuda a hombres capaces
de responder cualquier pregunta que quiera hacerles en lo que concierne al
negocio al que he dedicado casi todos mis esfuerzos. Ahora dígame para qué
necesito llenarme la cabeza con conocimientos generales, con el fin de
contestar preguntas, cuando dispongo
de hombres a mi
alrededor que pueden
proporcionarme cualquier conocimiento que les pida».
Indudablemente,
ésa fue una respuesta con mucha lógica.
Y dejó confundido
al abogado. Todas las personas que había en la sala se dieron cuenta de que no
era la contestación de un ignorante, sino de un hombre educado. Cualquier
hombre es educado si sabe dónde adquirir el conocimiento cuando lo necesita, y
cómo organizar ese conocimiento en planes definidos de acción. Mediante la
asistencia de sus grupos de «Mater Mind», Henry Ford tenía a su alcance todo el
conocimiento que necesitó para convertirse en uno de los hombres más ricos de
Estados Unidos.
No era esencial
que tuviese esos conocimientos en su propia mente.
USTED PUEDE
OBTENER TODO EL CONOCIMIENTO QUE NECESITE
Antes de que
pueda estar seguro de su capacidad para transmutar el deseo en su equivalente
monetario, usted necesitará conocimientos especializados del servicio,
mercancía o profesión que se propone ofrecer a cambio de su fortuna. Quizá necesite
muchos más conocimientos especializados de los que tiene
capacidad o inclinación para adquirir, y,
en ese caso,
podrá superar su debilidad a través de la ayuda de su grupo de «Master
Mind».
La acumulación de
grandes fortunas requiere poder, y éste se adquiere mediante el conocimiento
especializado, inteligentemente dirigido y organizado, pero esos conocimientos
no tienen por qué estar en posesión de la persona que acumula la fortuna.
El párrafo
precedente debe dar ánimos
y esperanza al hombre
con la ambición de acumular una
fortuna, que no ha adquirido la «educación» necesaria para
emplear ese conocimiento
especializado como probablemente
necesite. Los hombres a veces pasan por esta vida sufriendo
«complejos de inferioridad» porqué
no son hombres
«educados». El hombre que pueda
organizar y dirigir un grupo de «Master Mind», un grupo de hombres que posee
conocimientos útiles para la acumulación de dinero, es un hombre tan educado
como cualquiera de los que componen el grupo.
Thomas A. Edison
tuvo sólo tres meses de «escolarización» durante toda su vida. No le faltó
educación, ni murió pobre.
Henry Ford no
llegó al sexto grado de la escuela primaria, pero se las arregló muy bien en el
plano económico.
El conocimiento
especializado es uno de los servicios más abundantes y baratos a
nuestro alcance. Si
usted no está
muy convencido de
ello, consulte la nómina de pagos de cualquier universidad.
CONVIENE SABER
CÓMO COMPRAR CONOCIMIENTOS
Antes que nada,
decida el tipo de conocimientos especializados que necesita, y la razón de esa
necesidad. En gran medida, el propósito primordial de su vida, el objetivo por
el que usted se está esforzando, lo ayudará a determinar qué conocimientos necesita.
Con esta pregunta planteada, su próximo paso requiere que usted tenga
información precisa sobre fuentes de información fiables. Las más importantes
son:
a) Las propias
experiencias y educación.
b) Experiencia y
educación disponibles a través de la cooperación de otras personas («Master
Mind»).
c) Escuelas
técnicas y universidades.
d) Bibliotecas
públicas (libros y publicaciones periódicas donde se pueden encontrar todos los
conocimientos organizados por la civilización).
e) Cursos especiales
de aprendizaje (en escuelas nocturnas y academias por correspondencia
particularmente).
A medida que los
conocimientos se van adquiriendo, deben organizarse con el fin de emplearlos
para un propósito definido, mediante planes prácticos. El conocimiento no tiene
otro valor que el que se puede aprovechar de su aplicación en aras de un
objetivo valioso.
Si usted
considera la posibilidad de cursar estudios adicionales, determine la finalidad
por la que desea esos conocimientos que está buscando, y luego averigüe dónde
pueden obtenerse ese tipo de
conocimientos, de fuentes fiables.
En todas las
ocupaciones, las personas que tienen éxito nunca dejan de adquirir
conocimientos especializados, relacionados con su objetivo principal, negocio o
profesión. Aquellos que no tienen éxito suelen cometer el error
de creer que
la etapa de
adquisición de conocimientos
acaba cuando uno termina la escuela. La verdad es que la escuela hace
muy poco más que mostrarnos el camino de cómo adquirir conocimientos prácticos.
¡La orden del día
es la especialización! Esta verdad fue puesta de relieve por Robert P. Moore,
antiguo director de empleo de la Universidad de Columbia, en un artículo
periodístico.
Los especialistas
más buscados
Los candidatos
más buscados por las agencias de empleo son personas que se han especializado en algún campo: diplomados en escuelas empresariales que tengan experiencia
en contabilidad y estadística, ingenieros
de todo tipo,
periodistas, arquitectos, químicos,
y también líderes destacados y
hombres mayores, enérgicos y activos.
El hombre que ha
sido activo durante sus estudios, cuya personalidad le permite llevarse bien
con toda clase de gente y que ha hecho un trabajo adecuado con sus estudios,
tiene un perfil más favorable que el estudiante
más estrictamente
académico. Algunos, gracias a sus múltiples y variadas cualificaciones, han
recibido variadas ofertas de trabajo, y varios, hasta seis.
En una carta al
señor Moore, en relación con posibles egresados de su universidad, una
de las mayores
compañías industriales, líder
en su campo, decía: «Estamos
interesados sobre todo en encontrar hombres capaces de lograr progresos
excepcionales en niveles de gerencia. Por esta razón prestamos particular
atención a cualidades de carácter, inteligencia y personalidad, por encima de
formaciones educacionales específicas».
Proposición de
«aprendizaje»
Al proponer un
sistema de «aprendizaje» para
estudiantes en oficinas, tiendas y
ocupaciones industriales durante las vacaciones de verano, el señor Moore
afirmaba que, después de dos o tres años de estudios universitarios, a cada
estudiante hay que pedirle que elija un curso determinado para el futuro, y que
disminuya el paso si no ha hecho más que derivar sin propósito definido por un
curriculum sin especialización académica.
«Los colegios
y las universidades tienen que
afrontar la consideración práctica de que todas las
profesiones y ocupaciones hoy en día exigen especialistas», decía, tratando de
fomentar el hecho de que las instituciones educacionales acepten más
directamente la responsabilidad de la orientación vocacional.
Una de las
fuentes más fiables y prácticas de conocimientos al alcance de aquellos que
necesitan educación especializada son las escuelas nocturnas, que funcionan en
muchas ciudades grandes. La enseñanza por correspondencia proporciona conocimientos
especializados en cualquier sitio
adonde llegue el correo, y sobre todos los temas que se pueden tratar por el
método de enseñanza a distancia. Una de sus ventajas es la flexibilidad del
programa, que permite estudiar durante el tiempo libre. Otra ventaja de
trabajar en casa (si se ha elegido una academia adecuada) es el hecho de que la
mayor parte de los cursos que las academias de
enseñanza por
correo ofrecen incluyen generosos privilegios de consulta que pueden ser muy
valiosos para el que necesita conocimientos especializados. No importa el lugar
de residencia, uno puede aprovechar todas esas ventajas.
UNA LECCIÓN DE
UNA AGENCIA DE COBROS
Por lo general
nunca se aprecia lo que se adquiere sin esfuerzo, y sin coste alguno, y
muchas veces se
lo desacredita; tal vez
ésta sea una
de las razones por las que aprovechamos
tan poco de nuestra maravillosa oportunidad en las escuelas públicas. La
autodisciplina que uno recibe de un programa de estudios especializados
compensa hasta cierto punto la oportunidad desperdiciada cuando el conocimiento
estaba a nuestro alcance, gratis. Las escuelas por correspondencia son
instituciones comerciales muy organizadas. Sus
tarifas de matrícula y de
enseñanza suelen ser tan bajas que se ven forzadas a insistir en la
puntualidad y obligatoriedad de los pagos. El verse obligado a pagar, al margen
de que se obtengan buenas notas o no, tiene sobre el estudiante el efecto de
seguir adelante con el curso, incluso cuando preferiría dejarlo. Las escuelas
por correspondencia no han resaltado lo suficiente este punto, pero lo cierto es
que sus departamentos de cobro
constituyen la clase más
exquisita de entrenamiento
en aspectos tales
como decisión, prontitud
y el hábito
de terminar lo que uno empieza.
Aprendí eso por
experiencia propia hace ya más de cuarenta y cinco años. Me matriculé en un
curso por correspondencia sobre publicidad. Después de haber terminado ocho o
diez lecciones, dejé de estudiar. No obstante, la escuela no
dejó de enviarme
las facturas. Es
más, insistió en
que yo efectuara mis pagos al
margen de si continuaba estudiando o no. Decidí que, puesto que debía pagar de
todos modos un curso (a lo que me había comprometido legalmente), completaría
las lecciones y obtendría por ellas el valor de mi dinero. En aquellos momentos
tuve la impresión de que el sistema de cobro de la escuela estaba demasiado
bien organizado, pero más tarde aprendí en la vida que eso formó una parte
valiosa de mi entrenamiento, para la cual no había tenido que pagar nada. Al
verme obligado a pagar, seguí adelante y terminé el curso en cuestión. Más
tarde
descubrí que el
eficiente sistema de pago de aquella escuela también fue provechoso para mí,
puesto que acabé por recuperar con creces el dinero pagado, ganándolo gracias
al curso de publicidad que había terminado tan de mala gana.
EL CAMINO HACIA
EL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO
Se dice que en
Estados Unidos existe el sistema de escuela pública mayor del mundo. Una de las
cosas más extrañas acerca de los seres humanos es que sólo valoramos aquello
que tiene un precio. Precisamente porque son gratuitas, las escuelas y
bibliotecas públicas gratuitas de Estados Unidos no impresionan a la gente. Ésa
es la razón principal por la que a muchas personas les parece que es necesario
adquirir conocimientos adicionales después
de haber abandonado
la escuela e
iniciado la vida
laboral. También es una de las razones principales por las que los
patronos dan una mayor consideración a aquellos empleados que se matriculan en
cursos por correspondencia. Saben por experiencia propia que cualquier persona
que tenga la ambición de emplear una parte de su tiempo libre para estudiar en
casa, posee esas cualidades que son necesarias para el liderazgo.
Hay en las
personas una debilidad para la que no existe remedio alguno.
¡Es la debilidad
universal de la falta de ambición! Las personas, en especial las asalariadas,
que programan su tiempo libre para dedicarse a estudiar en casa, raras veces
permanecen durante mucho tiempo en los puestos inferiores. Su acción les abre
el camino hacia la posibilidad de ascender, les elimina numerosos obstáculos de
ese camino y les permite ganarse el amistoso interés de quienes tienen el poder
de situarlos en el camino de la oportunidad.
El método de
estudiar en casa para obtener conocimientos resulta especialmente adecuado para
las necesidades de las personas asalariadas que, tras haber abandonado la
escuela, sienten la necesidad de adquirir conocimientos especializados, pero
que no disponen de tiempo libre para volver a la escuela.
Stuart Austin
Wier se preparó como ingeniero de la construcción y siguió esta línea de
trabajo hasta que la Depresión limitó su mercado al punto de que ya no podía
ganar los ingresos que necesitaba. Entonces hizo un inventario de sí mismo, y
decidió cambiar de profesión y pasarse al Derecho. Volvió a la escuela y siguió
cursos especiales mediante los que se preparó como abogado mercantil. Completó
su preparación, y pasó los exámenes finales para obtener el título. A partir de
ahí no tardó en labrarse una carrera muy lucrativa con la práctica de la
abogacía.
Sólo para dejar
las cosas bien claras, y para anticiparme a las justificaciones de quienes
dirían: «Yo no podría ir a la escuela porque tengo que mantener a una familia»,
o bien: «Soy demasiado viejo para esas cosas», añadiré que el señor Wier tenía
más de cuarenta años y estaba casado cuando regresó a la escuela a estudiar. Al
seleccionar cursos altamente especializados en las universidades que estaban
mejor preparadas para enseñar los temas elegidos, el señor Wier completó en dos
años el trabajo para el que la mayoría de los estudiantes de leyes necesitan
emplear cuatro. ¡Vale la pena saber cómo adquirir el conocimiento!
UNA IDEA SIMPLE
QUE DIO RESULTADO
Consideremos un
caso específico.
Un vendedor en un
supermercado se encontró de pronto sin empleo. Como tenía un poco de
experiencia en contabilidad, se matriculó en un curso de contabilidad especial,
se familiarizó con las últimas novedades en la rama contable y equipos de oficina,
y se puso a trabajar por su cuenta. Empezó con el supermercado para el que
había estado trabajando, e hizo contratos con más de 100 pequeños comerciantes
para llevarles la contabilidad, cobrándoles una tarifa mensual muy baja. Su
idea era tan práctica que pronto empezó a prepararse una oficina portátil en un
pequeño camión de reparto, equipado con máquinas modernas de teneduría de
libros. En la actualidad dispone una «flota» de estas oficinas rodantes, y
cuenta con un extenso equipo de ayudantes, y así puede proporcionar a los
pequeños comerciantes un servicio de contabilidad equivalente a los mejores, a
un precio muy bajo.
El conocimiento
especializado, sumado a la imaginación, fue el ingrediente de este negocio
peculiar y provechoso. El año pasado, el propietario de ese negocio pagó en
impuestos sobre la renta casi diez veces más de lo que el supermercado donde
trabajaba pagó por impuestos.
¡El comienzo de
ese provechoso negocio fue una idea!
Ya que yo tuve el
privilegio de proporcionarle esa idea al vendedor sin empleo, me tomo ahora el
privilegio aun mayor de sugerir otra idea que tiene la posibilidad de ingresos
todavía mayores.
Ésta me la
sugirió el vendedor que dejó las ventas para vender el negocio de la
contabilidad en bases de mayorista. Cuando le sugerí ese plan como solución a
su problema de desempleo, exclamó en seguida:
“Me gusta la
idea, pero no sabría cómo convertirla en dinero.” En otras palabras, se estaba
quejando de que no sabía cómo comercializar sus conocimientos de contabilidad
después de haberlos adquirido.
Así, eso generaba
otro problema que había que resolver. Con la ayuda de una joven mecanógrafa que
podía escribir toda la idea, preparó un librito muy atractivo donde se
describían las ventajas del nuevo sistema de contabilidad. Las páginas se
hallaban cuidadosamente mecanografiadas y pegadas en un álbum que se usaba como
una especie de vendedor mudo, donde la historia de este nuevo negocio se
relataba con tanta eficacia que muy pronto su propietario empezó a tener más
clientes de los que podía atender.
UN PLAN PROBADO
PARA CONSEGUIR EL EMPLEO IDEAL
Hay miles de
personas en todo el país que necesitan los servicios de un especialista en
ventas capaz de prepararles un curriculum atractivo para ofrecer sus servicios
personales.
La idea que se
describe aquí nació de la necesidad de subsanar una emergencia que había
que superar, pero no
le ha sido
útil sólo a esa
persona. La mujer
que creó la idea tenía una imaginación brillante. En su idea recién nacida vio
una nueva profesión que serviría a los miles de personas que necesitan
asesoramiento práctico para vender sus servicios personales.
Impulsada a la
acción por el éxito instantáneo de su primer «plan para vender servicios
personales», esta enérgica mujer se abocó a la solución de un problema similar
para un hijo suyo que acababa de salir de la universidad, pero que había sido
incapaz de encontrar un mercado para sus servicios. El plan que ella ideó para
el joven fue el mejor plan para vender servicios personales que yo haya visto
jamás.
Cuando completó
el curriculum, contenía cincuenta páginas de información mecanografiada,
perfectamente organizada, que contaba la historia de las capacidades innatas de
su hijo, sus estudios, sus experiencias personales, y una gran variedad de
otras informaciones demasiado extensas para describirlas. El libro con el plan
también contenía una descripción completa del puesto de trabajo que su hijo
deseaba, y un esquema del plan que pondría en práctica para alcanzar ese
puesto.
La preparación
del libro del curriculum requirió varias semanas de trabajo, durante las cuales
su creadora enviaba a su hijo a la biblioteca pública casi todos los días a
buscar datos que ella necesitaba para preparar el plan de venta de sus
servicios. También lo enviaba a visitar a todos sus competidores para el
empleo, y de ellos reunió información vital en lo concerniente a sus métodos de
venta, que fue de gran valor en la formación del plan que intentaba usar para
alcanzar la posición que buscaba. Cuando el plan quedó terminado, contenía más
de media docena de excelentes sugerencias para uso y beneficio del posible
empleador.
USTED NO TIENE
QUE EMPEZAR DESDE ABAJO
Uno podría
sentirse tentado a preguntar: «¿Por qué todas estas complicaciones para
asegurarse un trabajo?».
La respuesta es:
«¡Hacer bien una cosa nunca es una complicación!». El plan que
esa mujer preparó
para beneficio de su
hijo ayudó a
éste a conseguir el trabajo para
el que se había presentado, en la primera entrevista, con el salario que él
mismo había estipulado.
Además (y esto
también es importante), ese puesto no requería que el joven empezara desde
abajo. Comenzó como ejecutivo junior, con un salario de ejecutivo.
¿Por qué
enredarse con todos esos problemas?
Por una razón: la
presentación planificada con que este joven solicitó ese trabajo le ahorró no
menos de diez años del tiempo que le hubiera hecho falta para
llegar al puesto
desde el que
ahora empezaba si
hubiese
«empezado desde
abajo y forjado su camino hacia el ascenso».
La idea de
empezar desde abajo y forjarse el propio camino puede parecer buena, pero la
principal objeción que se le puede hacer es que son demasiados los que empiezan
desde abajo y nunca se las arreglan para asomar la cabeza lo bastante arriba
como para que la oportunidad los vea, de
modo que se
quedan abajo. También
hay que recordar
que la perspectiva que se observa
desde abajo no es ni muy brillante ni muy estimulante. Tiene tendencia a matar la
ambición. Es lo que
llamamos
«estancarse en
una rutina», lo que significa que aceptamos nuestro destino porque nos formamos
el hábito de la rutina diaria, un hábito que llega a ser tan fuerte que acabamos
por no intentar ya sustraernos a él. Y ésa es otra razón por la que conviene
empezar dos o tres escalones por encima del de
«abajo». Al
hacerlo de este modo, uno se forma el hábito de estar atento al entorno, de
observar cómo progresan los demás, de buscar la oportunidad y de no dejarla
escapar.
HAGA QUE LA
INSATISFACCIÓN FUNCIONE A SU FAVOR
Dan Halpin es un
ejemplo espléndido de lo que voy a explicar. Durante sus años de universidad,
trabajó como manager del famoso equipo de fútbol Notre Dame, que fue campeón
nacional en 1930, cuando se hallaba bajo la
dirección del
finado Knute Rockne. Halpin terminó sus estudios universitarios en un momento
sumamente desfavorable, pues la Depresión había creado una grave escasez de
trabajo, así que, después de aventurarse un poco en las inversiones y en el
mundo del cine, aprovechó la primera oportunidad con un
futuro potencial, vendiendo audífonos eléctricos a comisión. Cualquiera
podía empezar en un trabajo así, y Halpin lo sabía, pero ese trabajo le bastó
para abrir las puertas a la oportunidad.
Durante casi
dos años siguió
haciendo lo mismo
a disgusto, y
nunca hubiera progresado si no hubiese hecho algo con respecto a su
insatisfacción. En un principio aspiró al puesto de gerente de ventas de su
compañía, y obtuvo el trabajo. Aquel paso hacia arriba lo puso lo bastante
por encima de los demás
como para permitirle
ver una oportunidad todavía mayor. Además, lo colocó
en un lugar donde también la oportunidad podía verlo.
Alcanzó una cifra
tan elevada de ventas de audífonos, que A. M. Andrews, el directivo principal
de Dictograph Products Company - una empresa competidora de la compañía para la
que Halpin trabajaba - quiso conocer a ese hombre llamado Dan Halpin, quien
estaba quitándole tantas ventas a la Dictograph Company. Mandó llamar a Halpin.
Cuando la entrevista terminó, Halpin era el nuevo gerente de ventas de la
Acousticon Division. Entonces, para poner a prueba la entereza del joven
Halpin, Andrews se fue durante tres meses a Florida, dejándolo solo para que
nadara o se hundiera. ¡Pero no se hundió! La filosofía de Knute Rockne de que
«todos adoran al ganador, pero no tienen tiempo para el perdedor», lo inspiró
para esforzarse tanto en su trabajo que lo eligieron vicepresidente de la
compañía, un puesto que muchos hombres estarían muy orgullosos de alcanzar tras
diez años de leales esfuerzos. Halpin consiguió eso en poco más de seis meses.
Uno de los puntos
importantes que intento destacar con esta filosofía es que escalamos hasta las
posiciones más elevadas o nos quedamos abajo debido a condiciones que podemos
controlar, si deseamos controlarlas.
SUS SOCIOS PUEDEN
NO TENER PRECIO
También estoy
tratando de poner de relieve otro asunto, y es el siguiente:
¡tanto el éxito
como el fracaso son, en gran medida, el resultado del hábito! No me cabe la
menor duda de que la estrecha asociación de Dan Halpin con el mejor coach de
futbol en los Estados Unidos plantó en la mente de Halpin el mismo tipo de
deseo por sobresalir y superarse que hizo del Notre Dame un equipo mundialmente
famoso. Desde luego, hay algo en la idea del culto al héroe que resulta útil,
siempre y cuando uno venere a un ganador.
Mí creencia en la
teoría de que las asociaciones comerciales son factores vitales, tanto en el
fracaso como en el éxito, fue claramente demostrada cuando mi hijo Blair estuvo
negociando con el señor Halpin su puesto de trabajo. Halpin le ofreció un
salario inicial de más o menos la mitad de lo que hubiera obtenido en una
compañía rival. Yo ejercí mi presión como padre para inducirlo a aceptar su
trabajo junto a Halpin, porque estoy convencido de que la estrecha asociación
con alguien que se niega a comprometerse con circunstancias que no son de su
agrado es un bien que nunca se puede calcular en dinero.
Estar «abajo» es
hallarse en un sitio pesado, inaprovechable y monótono para cualquiera. Por eso
me he tomado tiempo para describir la forma en que los comienzos desde abajo se
pueden eludir con una adecuada planificación.
HAGA QUE SUS
IDEAS RINDAN BENEFICIOS POR MEDIO DEL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO
La mujer que
preparó el «Plan de ventas de servicios personales» para su hijo recibe ahora
cartas de todas las partes del país en las que le piden su cooperación para
preparar planes similares para otros que desean vender sus servicios personales
por más dinero.
No debe suponerse
que su plan consista sólo en una política de ventas inteligente, mediante la
cual ayuda a hombres y a mujeres a pedir y recibir
más dinero por
los mismos servicios por los que hasta ahora habían ganado menos. Se hace cargo
de los intereses del contratante, además de los del vendedor de los servicios
personales, y prepara sus planes para que el empleador reciba un valor rotundo
por el dinero adicional que paga.
Si usted tiene
imaginación, y busca una salida más aprovechable para sus servicios personales,
esta sugerencia puede ser el estímulo que ha estado buscando. La idea es capaz
de proporcionarle unas entradas mucho mayores que las del médico, el ingeniero
o el abogado «estándar», cuya educación ha requerido varios años de
universidad.
¡No existe un
precio fijo para las buenas ideas!
Detrás de todas
las ideas hay conocimientos especializados. Por desgracia, para aquellos que no
encuentran riqueza en abundancia, el conocimiento especializado es más
abundante y se adquiere con más facilidad que las ideas. Debido a esta verdad
universal, hay una gran demanda y oportunidades cada vez mayores para las personas
capaces de ayudar a hombres y mujeres a vender ventajosamente sus servicios
personales. La capacidad entraña imaginación, cualidad necesaria para combinar
los conocimientos especializados con
las ideas en
forma de planes organizados, pensados para alcanzar
la riqueza.
Si usted tiene
imaginación, este capítulo puede presentarle una idea que alcance para servirle
como comienzo de las riquezas que desea. Recuerde que la idea es la pieza
principal. Los conocimientos especializados se pueden encontrar a la vuelta de
la esquina, ¡de cualquier esquina!
Capítulo 6
LA IMAGINACIÓN
EL TALLER DE LA
MENTE
El quinto paso
hacia la riqueza
La imaginación es
el taller donde se forman todos los planes creados por el hombre. Al impulso,
al deseo, se les da forma, perfil y acción mediante la ayuda de la facultad
imaginativa de la mente.
Se ha dicho que
el hombre es capaz de crear cualquier cosa que pueda imaginar.
Mediante la ayuda
de su facultad imaginativa, el hombre ha descubierto y dominado más fuerzas de
la naturaleza durante los últimos cincuenta años que durante la historia de
todo el género humano anterior a esos cincuenta años. Ha
conquistado el espacio
aéreo tan cabalmente que los
pájaros resultan pobres competidores. Ha analizado y pesado el sol a una
distancia de millones de kilómetros, y ha determinado, por medio de la ayuda de
la imaginación, los elementos que lo componen. Ha aumentado la velocidad de
locomoción hasta poder viajar a velocidades de más de mil kilómetros por hora.
La única
limitación del hombre, dentro de lo que es razonable, es el grado de desarrollo
de su imaginación y el uso que haga de ella. Todavía no ha alcanzado la cúspide
del desarrollo y del uso de su facultad imaginativa. Apenas ha descubierto que
la tiene, y tan sólo ha comenzado a usarla de una manera muy elemental.
DOS FORMAS DE
IMAGINACIÓN
La facultad
imaginativa funciona de dos maneras. Una se conoce con el nombre de
«imaginación sintética», y la otra, como la «imaginación creativa».
La imaginación
sintética: Por medio de esta facultad, uno puede compaginar viejos conceptos,
ideas o planes en nuevas combinaciones.
Esta facultad no
crea. Funciona con el material de la experiencia, la educación y la observación
con que se la alimenta. Es la facultad que más usa el inventor, con la
excepción del «genio», que recurre a la imaginación creativa cuando no puede
resolver su problema mediante la imaginación sintética.
La imaginación
creativa: A través de la facultad de la imaginación creativa la mente finita
del hombre tiene comunicación directa con la Inteligencia Infinita. Es la
facultad mediante la cual se reciben los «presentimientos» y las «inspiraciones». Por
medio de esta
facultad, un individuo
puede
«sintonizarse» o
comunicarse con el subconsciente de otros hombres.
La imaginación
creativa funciona de forma automática, de la manera que se describe en páginas
siguientes. Esta facultad funciona sólo cuando la mente consciente está
trabajando a un ritmo extremadamente rápido, como, por ejemplo, cuando es
estimulada por medio de la emoción de un deseo poderoso.
La facultad
creativa se vuelve más alerta en proporción con el desarrollo que adquiere a
través del uso.
Los grandes
líderes de los
negocios, la industria
y las finanzas,
y los grandes artistas,
músicos, poetas y
escritores han llegado al
lugar que ahora ocupan porque han
desarrollado la facultad de la imaginación creativa.
Tanto la imaginación
creativa como la sintética se agudizan cada vez más por el uso, de la misma
forma que lo hace cualquier músculo u órgano del cuerpo.
El deseo es sólo
un pensamiento, un impulso. Es nebuloso y efímero. Es abstracto, y
no tiene valor
hasta que se
ha transformado en
su contrapartida física. Si bien la imaginación sintética es la que se
usará con más frecuencia en
el proceso de
transformar el impulso
del deseo en
dinero, usted
debe tener presente el hecho de que puede afrontar circunstancias y
situaciones que exijan
el empleo de
la imaginación creativa.
EJERCITE SU
IMAGINACIÓN
Su facultad
imaginativa puede haberse debilitado a causa de la falta de actividad. Se la
puede revivir y estimular mediante el uso. Esta facultad no muere, aunque puede
llegar a la inactividad total por falta de uso.
Por el momento,
centre su atención en el desarrollo de la imaginación sintética, ya que esta es
la facultad que usted usará más a menudo en el proceso de convertir el deseo en
dinero.
La transformación
del impulso intangible, del deseo, en una realidad tangible, el dinero, exige
el uso de un plan o más. Este plan debe realizarse con la ayuda de la
imaginación, y, sobre todo, con la facultad sintética.
Léase todo el
libro, y luego vuelva a este capítulo, y empiece en seguida a poner a trabajar
la imaginación en la construcción de un plan, o planes, para la transformación
de su deseo en dinero. Casi en cada capítulo se han dado detalladas instrucciones
para elaborarlos. Siga las instrucciones que mejor se ajusten a sus
necesidades. Ponga su plan por escrito, si todavía no lo ha hecho. En el
momento en que complete eso, habrá dado forma definitiva y concreta a un deseo
intangible. Lea una vez más el enunciado anterior. Léalo en voz alta, muy lentamente, y, a medida que lo
hace, recuerde que en el momento en que reduce la afirmación de su deseo
y planifica su realización sobre un papel, ha dado el primero de una serie de
pasos que le permitirán convertir
ese pensamiento en su
contrapartida física.
LAS LEYES QUE
CONDUCEN A LA FORTUNA
La Tierra sobre
la que usted vive y todas las otras cosas materiales son el resultado de los
cambios de la evolución, mediante los cuales las partículas
microscópicas de
materia se han organizado y acomodado de una manera ordenada.
Por otra parte (y
esta afirmación es de fundamental importancia), este planeta, cada una
de los miles de millones de células del cuerpo de usted, y cada átomo de
materia, empiezan como una forma intangible de energía.
¡El deseo es el
impulso del pensamiento! Los impulsos del pensamiento son formas de la energía.
Cuando empieza a acumular dinero con un impulso del pensamiento, el deseo,
usted está poniendo a su servicio el mismo
«material» que la
naturaleza empleó para crear este planeta y todas las formas materiales del
universo, incluido el cuerpo y el cerebro en los que los impulsos de
pensamiento funcionan.
Usted puede
amasar una fortuna mediante la ayuda
de leyes que son inmutables. Pero
primero debe familiarizarse con esas leyes, y aprender a usarlas. A través de
la repetición, y ofreciendo la
descripción de estos principios desde todos los ángulos concebibles, el autor
desea revelarle el secreto mediante el cual se han conseguido todas las grandes
fortunas. Por extraño y paradójico que pueda parecer, el «secreto» no es tal
secreto. La propia naturaleza nos lo pone delante, en la Tierra donde vivimos,
en las estrellas, en los planetas suspendidos en sus órbitas, en los elementos
que nos rodean, y en todas las formas de vida que podemos ver.
Los principios
que presentamos a continuación le abrirán el camino a la comprensión de
la imaginación. Asimile
los que consiga
entender, a medida que lee por
primera vez esta filosofía; luego, cuando relea el texto y lo estudie de nuevo,
descubrirá que ha pasado algo que clarifica las cosas y le da una comprensión
más amplia de
todo. Pero, sobre
todo, no se detenga, no dude en sus estudios de estos
principios, hasta que haya leído el libro al menos unas tres veces, porque,
para entonces, ya no querrá detenerse.
CÓMO HACER USO
PRÁCTICO DE LA IMAGINACIÓN
Las ideas son el
punto inicial de todas las fortunas. Las ideas son productos de la
imaginación. Examinemos algunas
bien conocidas que
han dado origen a fortunas
inmensas, en la esperanza de que estos ejemplos transmitirán la información
precisa de lo que se refiere al método a través del cual se puede utilizar la
imaginación para acumular riquezas.
EL HERVIDOR
ENCANTADO
Hace cincuenta
años, un viejo médico rural se fue a caballo hasta el pueblo, ató su montura,
entró sigilosamente en la droguería por la puerta trasera y empezó a «regatear»
con el joven dependiente.
Durante más
de una hora,
tras el mostrador,
el viejo doctor
y el dependiente hablaron en voz
baja. Después, el doctor salió. Fue hasta el caballo y regresó a la tienda con
un gran hervidor antiguo, y con una
paleta de madera (que se usaba para revolver el contenido del hervidor), y los
depositó en la parte trasera de la tienda.
El dependiente
inspeccionó el hervidor, buscó en su bolsillo interior, sacó un rollo de
billetes y se lo alargó al doctor. El rollo contenía quinientos dólares, ¡todos
los ahorros del dependiente!
El doctor le dio
un trocito de papel en el que aparecía escrita la fórmula secreta. ¡Las
palabras de aquel trozo de papel bien valían el rescate de un rey! ¡Pero no
para el doctor! Esas palabras mágicas eran necesarias para que el hervidor
empezara a hervir, pero ni el doctor ni el joven dependiente sabían qué
fortunas fabulosas estaban
destinadas a brotar
de aquel hervidor.
El viejo médico estaba contento de vender esos
objetos por quinientos dólares. El dependiente se
arriesgaba mucho apostando todos sus ahorros a un trocito de papel y a un
hervidor viejo. Nunca había soñado que su inversión comenzaría con un hervidor
que rebosaría de oro y que un día sobrepasaría el milagroso fenómeno de la
lámpara de Aladino.
¡Lo que el
dependiente había comprado en realidad era una idea!
El viejo
hervidor, y la cuchara de madera y el mensaje secreto escrito en el trocito de
papel eran cosas incidentales. Las curiosas cualidades de aquel hervidor
empezaron a manifestarse después de que su nuevo propietario mezclara, según
las instrucciones secretas, un ingrediente sobre el cual el doctor no sabía
nada.
Trate de
descubrir qué fue lo que el joven añadió al mensaje secreto, que hizo que el hervidor
rebosara de oro. Ésta es una historia de hechos, más extraños que la ficción,
de hechos que se inician en la forma de una idea.
Echemos una
ojeada a las vastas fortunas que esta idea ha producido. Ha rendido, y sigue
rindiendo, fortunas inmensas a hombres y mujeres de todo el mundo que se ocupan
de distribuir el contenido del hervidor a millones de personas.
El viejo hervidor
es ahora uno de los más grandes consumidores de azúcar garantizándole empleo de
naturaleza permanente a a miles de hombre y mujeres que se ocupan de cultivar
la caña de azúcar y de refinar y comercializar el azúcar.
El viejo hervidor
consume, anualmente, millones de botellas, proporcionando trabajo a un enorme
número de trabajadores del vidrio; da empleo a un ejército de dependientes,
taquígrafos, escritores y expertos en publicidad en toda la nación; ha obtenido
fama y fortuna para muchísimos artistas que han creado cuadros magníficos que
describen el producto.
El viejo hervidor
ha convertido un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos en la capital
sureña de los negocios, donde ahora beneficia directa o indirectamente cada
negocio y casi a cada residente de la ciudad.
La influencia de
esta idea beneficia ahora a todas las ciudades civilizadas del mundo, vertiendo
un flujo continuo de oro para todo aquel que la toca.
El oro del
hervidor construye y mantiene una de las universidades más importantes del sur
de los Estados Unidos, donde millares de
jóvenes reciben el entrenamiento esencial para el éxito.
Si el producto de
este viejo hervidor de bronce pudiera hablar, nos contaría escalofriantes
historias de novela, en todos los idiomas. Novelas de amor, novelas de
negocios, novelas de hombres y mujeres profesionales, que se ven estimulados a
diario por ese producto.
El autor está
seguro de una de esas novelas por lo menos, pues tiene parte en ella, y todo
empezó no muy lejos de donde el dependiente le compró al médico el viejo
hervidor. Allí fue donde el autor conoció a su esposa, y ella le habló por
primera vez del hervidor encantado. Era el producto de aquel hervidor lo que
estaban bebiendo cuando él le pidió que lo aceptase «en matrimonio».
Sea usted quien
fuere, viva en donde viva, y sea cualquiera la ocupación a la que se dedique,
recuerde en el futuro, cada vez que vea las palabras Coca Cola, que su vasto
imperio de riqueza e influencia ha surgido de una sola idea, y que el
misterioso ingrediente con que el dependiente de la droguería -Asa Candler-
mezcló la fórmula secreta era... ¡la imaginación!
Deténgase a
pensar en ello por un momento.
Recuerde, además,
que los pasos hacia la riqueza que se describen en este libro han sido los
medios por los que la influencia de Coca-Cola se ha extendido a cada ciudad,
pueblo, aldea y encrucijada del mundo, y que cualquier idea que usted pueda
crear, tan buena y meritoria como la Coca- Cola, tiene la posibilidad de
duplicar el récord de ese refresco mundialmente conocido para matar la sed.
QUÉ HARÍA YO SI
TUVIESE UN MILLÓN DE DÓLARES
Esta historia
demuestra la veracidad de aquel antiguo adagio: «Donde hay una voluntad, hay un
camino». Esto me lo decía ese apreciado educador y clérigo, el fallecido Frank
W. Gunsaulus, que comenzó su carrera de predicador en los corrales de ganado de
la región de Chicago.
Mientras el
doctor Gunsaulus estudiaba en la universidad, observó muchos defectos en
nuestro sistema educativo, defectos que creía que podría corregir, si fuera
director de un colegio.
Se propuso
organizar un nuevo colegio donde llevar a cabo sus propias ideas, sin los
obstáculos de los métodos ortodoxos de la educación.
¡Necesitaba un
millón de dólares
para poner su
proyecto en marcha!
¿Hacia dónde
necesitaría tender las manos para obtener semejante suma de dinero? Ésa era la
pregunta que absorbió la mayor parte de las reflexiones de ese joven y
ambicioso predicador.
Pero no parecía
que consiguiese progreso alguno.
Todas las noches
se acostaba pensando en lo mismo, y al día siguiente se levantaba con la misma
idea. Siguió dándole vueltas, hasta que se convirtió en una obsesión.
Al ser un
filósofo además de un predicador, el doctor Gunsaulus reconocía, tal como todos
aquellos que tienen éxito en la vida, que un propósito definido es el punto
inicial desde donde se ha de comenzar. Reconocía, además, que esa definición
del propósito adquiere animación, vida y poder cuando está respaldada por un
deseo ardiente de traducir ese propósito en su equivalente material.
Él conocía todas
esas grandes verdades, y, sin embargo, no sabía dónde, ni cómo encontrar un
millón de dólares. El procedimiento natural hubiera sido ceder y olvidarse del
asunto, diciendo: «Mi idea es buena, pero no puedo hacer nada con ella
porque nunca podré procurar el millón de dólares que necesito para
ejecutarla». Eso es exactamente lo que la mayoría
de la gente
hubiese dicho, pero no es lo que el doctor Gunsaulus dijo. Lo que dijo e hizo
son cosas tan importantes que ahora se lo presento al lector, para que él mismo
sea quien lo explique.
«Un sábado por la
mañana me senté en mi habitación pensando maneras de conseguir el dinero
necesario para llevar a cabo mis planes. Durante casi dos años había estado
pensando, ¡pero no había hecho otra cosa que pensar!
»¡Había llegado
el momento de la acción!
»En aquel momento
decidí que reuniría ese millón de dólares en el plazo de una semana. ¿Cómo? Eso
no me preocupaba. Lo más importante era la decisión de conseguirlo en un plazo
determinado, y quiero destacar que en el instante en que alcancé esa decisión,
una extraña sensación de seguridad se apoderó de mí, de una manera que jamás
había experimentado. Algo en mi interior parecía decir: "¿Por qué no has
tomado esa decisión antes? Ese dinero te ha estado esperando todo este
tiempo".
»Los
acontecimientos se precipitaron. Llamé a los periódicos y anuncié que a la
mañana siguiente pronunciaría
un sermón titulado
"Qué haría si tuviese un millón de dólares".
»Me puse
a trabajar de inmediato en
el sermón, pero debo
decir, con franqueza, que la
tarea no era difícil, porque había estado preparándolo durante casi dos años.
»Mucho antes de
la medianoche lo había terminado. Me fui a la cama y me dormí con un
sentimiento de confianza, porque podía verme a mí mismo en posesión del millón
de dólares.
»A la mañana
siguiente me levanté temprano, me metí en el baño, leí el sermón y me arrodillé
para pedir que mi sermón despertara la atención de alguien que me proporcionase
el dinero que necesitaba.
»Mientras estaba
rezando volví a sentir la
seguridad de que el dinero estaba a punto de aparecer. En mi
excitación, salí sin el sermón, y no descubrí mi descuido hasta que estuve en
el púlpito, dispuesto a leerlo.
»Era demasiado
tarde para volver por mis notas, ¡y fue una suerte que no pudiese hacerlo! En
vez de las notas, mi propio subconsciente me proporcionó el material que
necesitaba. Cuando me puse de pie para pronunciar mi sermón, cerré los ojos y
hablé con todo el corazón y el alma de mis sueños. No sólo hablé para mi
audiencia, también me dirigí a Dios. Dije lo que haría con un millón de
dólares, si alguien me pusiera esa suma en las manos. Describí el plan que
había ideado para organizar una gran institución educacional, en la que la
gente joven aprendería a hacer cosas prácticas, al mismo tiempo que
desarrollaban sus mentes.
»Cuando terminé
y me senté, un hombre se levantó lentamente de su asiento, a unas tres
filas de los asientos traseros, y se acercó al púlpito. Me pregunté qué
pensaría hacer. Entró en el púlpito, me tendió la mano y me dijo:
"Reverendo, su sermón me ha gustado. Creo que puede hacer todo lo que
usted ha dicho que haría si tuviera un millón de dólares. Para demostrarle que
creo en usted y en su sermón, si viene a mi oficina mañana por la mañana, le
daré el millón de dólares. Me llamo Phillip D. Armour".»
El joven
Gunsaulus acudió a la oficina del señor Armour y le dieron el millón de
dólares. Con ese dinero fundó el Armour Institute of Technology, que en la
actualidad se conoce como Illinois Institute of Technology.
El millón de
dólares necesario surgió como resultado de una idea. Detrás de esa idea estaba
el deseo que el joven Gunsaulus había abrigado en su interior durante casi dos
años.
Observe este
importante hecho: consiguió el dinero al cabo de treinta y seis horas de haber
alcanzado la decisión definitiva de obtenerlo ¡y de decidir un plan definido
para ello!
No había nada
nuevo ni peculiar en la vaga idea del joven Gunsaulus en lo que se refería al
millón de dólares, y en sus débiles deseos de conseguirlo. Otros antes que él,
y muchos más desde entonces, han tenido pensamientos similares. Pero hubo algo
muy especial y diferente en cuanto a la decisión que alcanzó aquel sábado
memorable, cuando dejó de lado toda indecisión, y se dijo, convencido:
«Conseguiré ese dinero en el plazo de una semana».
Además, ¡el
principio por el cual el doctor Gunsaulus obtuvo el millón de dólares todavía
tiene vigencia! ¡Está a su disposición! La ley
universal funciona hoy con tanta eficacia como cuando el joven
predicador la empleó de manera tan exitosa.
CÓMO TRANSMUTAR
IDEAS EN DINERO
Observe que Asa
Candler y el doctor Frank Gunsaulus tenían una característica en común. Ambos
conocían la sorprendente verdad de que las ideas se pueden transmutar en
dinero por medio del poder de un
propósito definido, y de unos planes concretos.
Si usted es de
los que creen que el trabajo duro y la honradez, por sí solos, le proporcionarán
riqueza, ¡está muy equivocado! La riqueza, cuando aparece en grandes
cantidades, nunca es sólo como resultado del trabajo duro. Cuando aparece, la
riqueza es el resultado de exigencias definidas, basadas en la aplicación de
planes definidos, y nunca se debe a la suerte ni al azar.
Una idea es un
impulso de pensamiento que incita a la acción por medio de un llamamiento a la
imaginación. Todos los vendedores expertos saben que, cuando las mercaderías no
se pueden vender, las ideas sí. Los vendedores
ordinarios lo ignoran,
y, precisamente por
eso, son
«ordinarios».
Un editor de
libros baratos hizo un descubrimiento de gran valor para todos los editores en
general. Aprendió que mucha gente compra el título y no el contenido de los
libros. Por el solo hecho de cambiar el título a un libro que no se vendía, sus
ventas aumentaron en más de un millón de ejemplares. Las «tripas», como es
llamada en la jerga de los editores la parte que queda entre las cubiertas, no
habían cambiado. Se limitaron a arrancar las cubiertas en que figuraba el
título que no se vendía, para aplicar a los ejemplares una cubierta nueva con
un título que tenía un valor más «taquillero».
Por sencilla que
pueda parecer, ¡ésa era una verdadera idea! Era imaginación.
No existe un
precio estándar para las ideas. El creador de ideas pone su propio precio, y,
si es listo, logra imponerlo.
La historia de
casi cada fortuna comienza el día en que el creador y el vendedor de ideas se
conocen y empiezan a trabajar en armonía. Carnegie se rodeó de hombres capaces
de todo lo que él no podía hacer, hombres que creaban ideas, y hombres que
ponían esas ideas en práctica, y tanto él como los demás llegaron a ser
fabulosamente ricos.
Hay millones de
personas que se pasan la vida esperando un «golpe de suerte» favorable. Tal vez
eso pueda proporcionarnos una oportunidad, pero el plan más seguro consiste en
no depender de la suerte. Un «golpe de suerte» favorable fue lo que me ofreció
la mejor oportunidad de mi vida, pero tuve que dedicar veinticinco años de
esfuerzos concretos para que esa oportunidad se convirtiese en algo real.
El «golpe de
suerte» consistió en conocer a Andrew Carnegie y obtener su cooperación. En
aquella ocasión, Carnegie me sugirió la idea de organizar los principios de los
logros y los triunfos en una filosofía del éxito. Miles de personas han
aprovechado los descubrimientos que se han hecho durante estos últimos
veinticinco años de investigación, y se han acumulado varias fortunas mediante
la aplicación de esta filosofía. El comienzo fue sencillo. Era una idea que
cualquiera hubiera podido poner en práctica.
El golpe de
suerte favorable surgió con Carnegie, pero ¿qué hay de la determinación, la
definición de los propósitos y el deseo de alcanzar el objetivo, y el esfuerzo
perseverante de veinticinco años? No era un deseo ordinario el que sobrevivió a
los contratiempos, a los desalientos, a los fracasos temporales, a las críticas
y a los constantes recordatorios de que aquello
era una «pérdida
de tiempo». ¡Era
un deseo ardiente!
¡Una obsesión!
Cuando Carnegie
me sugirió la
idea por primera vez, fue
alimentada, alentada y abrigada para mantenerla viva. Gradualmente, la
idea llegó a ser
gigante por su
propio poder, y entonces me alimentó, me alentó y me condujo. Las ideas son
así. Primero nosotros les damos
vida, acción y orientación, y luego
ellas adquieren su
propio poder y
arrasan con cualquier tipo de
oposición.
Las ideas son
fuerzas intangibles, pero tienen más poder que el cerebro físico en donde
nacen. Tienen el poder de seguir viviendo, aun después de que el cerebro que
las ha creado haya regresado al polvo.
Capítulo 7
LA PLANIFICACIÓN
ORGANIZADA
LA CRISTALIZACIÓN
DEL DESEO EN ACCIÓN
El sexto paso
hacia la riqueza
Usted ha
aprendido que todo lo que el hombre crea o adquiere empieza bajo la
forma de un deseo, un
deseo que se
asume desde su primera aparición
y va desde lo abstracto hasta lo concreto, en el taller de la imaginación,
donde se crean y se organizan planes para su transición.
En el segundo
capítulo se le instruyó para que diese seis pasos muy definidos, como primer
movimiento hacia la transmutación del deseo de dinero en su equivalente físico.
Uno de esos pasos es la formación de un plan, o planes, definido y práctico,
mediante el cual esa transformación puede llevarse a cabo.
Ahora recibirá
instrucciones sobre cómo
construir planes que
sean prácticos. Por ejemplo:
a) Alíese con un
grupo de tantas personas como pueda necesitar para la creación y ejecución de
su plan para la acumulación de dinero, haciendo uso del principio de «Master
Mind», que se describe en un próximo capítulo. (La sumisión a este principio es
esencial. No lo desatienda.)
b) Antes de haber
formado su «Master Mind», decida ventajas y beneficios que usted puede ofrecer
a cada miembro de su grupo a cambio de su cooperación. Nadie trabajará
indefinidamente sin alguna forma de compensación. Ninguna persona inteligente
exigirá ni esperará que otra
trabaje sin una
compensación adecuada, aunque ésta no siempre se encuentre en forma de dinero.
c) Acuerde
reunirse con los miembros de su “Master Mind” por lo menos un par de veces por
semana, y más a menudo si es posible, hasta que hayan puesto a punto el plan
necesario para la acumulación de dinero.
d) Mantenga una
perfecta armonía entre usted y los miembros del equipo. Si no consigue
ajustarse a esta instrucción al pie de la letra, se topará con el fracaso. El
principio del trabajo de «Master Mind» no se obtiene donde la armonía perfecta
no reina.
Tenga presentes
estos hechos:
PRIMERO: Usted
está comprometido en una empresa de gran importancia para usted. Si quiere
asegurarse el éxito, ha de tener planes que no tengan errores.
SEGUNDO: Debe contar con la ventaja de la experiencia,
la educación, la capacidad innata y la imaginación de otras mentes. Esto está
en armonía con los métodos que siguen todas las personas que han acumulado
grandes fortunas.
Ningún individuo
tiene suficiente experiencia, educación, capacidad innata y conocimientos para
garantizar la acumulación de una gran fortuna sin la cooperación de otras
personas. Cada plan que usted adopte en la empresa de acumular riquezas debe
ser la creación conjunta de usted y los demás miembros del «Master Mind». Usted
puede originar sus propios planes, tanto en partes como en su totalidad, pero
asegúrese de que esos planes sean verificados y aprobados por su «Master Mind».
SI SU PRIMER PLAN
FRACASA, ¡INTENTE OTRO!
Si el primer plan
que usted adopta no funciona con éxito, cámbielo por uno nuevo; si este nuevo
plan tampoco funciona, vuelva a cambiarlo por otro, y así sucesivamente hasta
que encuentre un plan que dé resultado. Justo aquí
se encuentra la
causa principal de que la mayoría de los hombres tope con el fracaso, debido a
su falta de perseverancia en la creación de nuevos planes para sustituir los
que no funcionan.
El hombre más
inteligente no puede tener éxito
en la
acumulación de dinero (ni en
ninguna otra empresa)
sin contar con
planes que sean prácticos y viables. Tenga presente este
hecho, y, cuando sus planes fallen, recuerde que un fracaso temporal no es lo
mismo que un fracaso permanente. Un fracaso indica sólo que los planes no eran
buenos. Haga otros. Vuelva a empezar todo de nuevo.
El fracaso
temporal debe significar sólo una cosa: la certidumbre de que hay algo que no
funciona en lo planificado. Millones de hombres se pasan la vida
en la miseria
y en la
pobreza porque les
falta un buen
plan mediante el cual acumular una fortuna.
Sus logros no
pueden ser mejores que la efectividad de sus planes.
Ningún hombre
está vencido mientras él mismo no se rinda en su propia mente.
Hames J.
Hill se topó
con fracasos temporales
la primera vez
que se propuso reunir el capital
necesario para trazar un ferrocarril de Este a Oeste de Estados Unidos, pero él
también convirtió el fracaso en victoria con la utilización de nuevos planes.
Henry Ford
conoció el fracaso temporal, no sólo al principio de su carrera en el mundo del
automóvil, sino después de haber avanzado mucho hacia las mayores alturas del
éxito. Concibió otros planes, y siguió avanzando hacía la victoria económica.
Vemos hombres que
han acumulado grandes fortunas; pero, a menudo, sólo reconocemos sus triunfos,
y pasamos por alto los fracasos temporales que han tenido que superar antes de
«llegar» a la cúspide.
Ningún seguidor
de esta filosofía puede esperar de manera razonable que acumulará una fortuna
sin experimentar «fracasos temporales». Cuando el
fracaso
sobreviene, acéptelo como una señal de
que sus planes no son buenos, haga otros, y encamínese de nuevo hacia su
objetivo anhelado. Si pierde interés antes de haber alcanzado su objetivo,
usted es una persona que abandona con facilidad. Recuerde que los que abandonan
nunca ganan..., y un ganador nunca abandona. Copie esta frase en un papel, en
letras bien grandes, y póngala donde pueda verla todas las noches antes de
acostarse, y todas las mañanas antes de ir a trabajar.
Cuando empiece a
elegir miembros para su equipo de “Master Mind”, procure elegir aquellos que no
se tomen el fracaso muy en serio.
Algunas personas
creen tontamente que sólo el dinero puede generar dinero. ¡Esto no es verdad!
El deseo, transmutado en su equivalente monetario, a través de los principios
que presentamos aquí, es el agente por medio del cual se «hace» el dinero. El
dinero, en sí, no es más que materia inerte. No se puede mover, no piensa, ni
habla, ¡pero puede «oír» cuando, un hombre que lo desee, lo llama!
PLANIFICACIÓN DE
LA VENTA DE SERVICIOS PERSONALES
La planificación
inteligente es esencial para el éxito de cualquier empresa ideada con el
fin de acumular riquezas. Aquí encontrará
explicaciones detalladas para quienes tienen que empezar la acumulación de
riquezas por el procedimiento de vender sus servicios personales.
Debe de ser muy
alentador saber que casi todas las grandes fortunas empezaron en forma de
compensación por servicios personales prestados, o por la venta de ideas. ¿Qué
otra cosa, aparte de las ideas y de los servicios personales, tiene alguien sin
propiedades para ofrecer a cambio de la riqueza?
CASI TODOS LOS
LÍDERES EMPIEZAN COMO SEGUIDORES
Hablando en
general, en el mundo hay dos tipos de personas. A unas se las conoce como
líderes, y a
otras como seguidores.
Decídase desde un
principio si se
propone llegar a ser un
líder en su vocación
elegida o continuará siendo un asistente. La diferencia en las
compensaciones es enorme. El asistente
no puede esperar
de manera razonable
recibir la misma compensación que
el líder, aunque muchos seguidores cometen el error de esperar la misma
remuneración.
No es ninguna
desgracia ser asistente. Por otra parte, tampoco tiene mérito alguno seguir
siéndolo. Casi todos los grandes líderes empezaron en el puesto de los
seguidores. Llegaron a ser grandes líderes porque eran seguidores inteligentes.
Con muy pocas excepciones, el hombre que no pueda estar a las órdenes de un
líder de manera inteligente, nunca llegará a ser un
líder eficaz. En
cambio, el hombre
que pueda seguir inteligentemente a un líder es quien
desarrolla con mayor rapidez la capacidad para ser líder. Un seguidor inteligente
tiene muchas ventajas; entre ellas, la oportunidad de adquirir conocimientos de
su líder.
LOS PRINCIPALES
ATRIBUTOS DEL LIDERAZGO
Los siguientes
factores son importantes en todo líder:
1. Valor
inquebrantable, basado en el conocimiento de sí mismo y de la propia ocupación.
Ningún seguidor desea ser dominado por un líder falto de confianza en sí mismo
y de coraje. Ningún seguidor inteligente puede estar mucho tiempo dominado por
un líder así.
2. Autocontrol.
El hombre que es incapaz de controlarse,
nunca podrá controlar a los demás. El autocontrol es un ejemplo poderoso para
los seguidores, que los más inteligentes emularán.
3. Un claro
sentido de la justicia. Sin un sentido de lo que es justo y de la justicia,
ningún líder puede dirigir a sus seguidores y mantener su respeto.
4. Precisión en
las decisiones. El hombre que
vacila en sus
decisiones demuestra que no está seguro de sí mismo, y no puede conducir
a otros con éxito.
5. Exactitud en
los planes. El líder que tiene éxito debe planificar su trabajo, y trabajar su
plan. Un líder que se mueve por conjeturas, a ojo, sin planes prácticos ni
precisos, es comparable
a un barco
sin timón. Tarde
o temprano acabará contra los arrecifes.
6. El hábito de
hacer más de lo que le corresponde. Uno de los precios del liderazgo es el
hecho de que el líder debe estar dispuesto a hacer más de lo que exige a sus
seguidores.
7. Una
personalidad agradable. Ninguna persona desaliñada y descuidada puede llegar a
ser un líder eficaz. El liderazgo requiere respeto. Los seguidores no respetarán a
un líder que
no se destaque
en todos los factores que conforman una personalidad
agradable.
8. Simpatía y
comprensión. El líder de éxito debe ser simpático con sus seguidores. Además de
ser comprensivo con ellos y con sus problemas.
9. Dominio del
detalle. Un liderazgo eficaz exige el dominio de los detalles de la posición
del líder.
10. Disposición a
asumir toda la responsabilidad. El líder de éxito debe estar dispuesto a asumir
la responsabilidad por los errores y los descuidos de sus seguidores. Si trata
de eludir esta responsabilidad, dejará de ser el líder. Si uno de sus
seguidores comete un error, y queda como un incompetente, el líder debe
considerar que él es quien ha fallado.
11. Cooperación.
El líder de éxito debe comprender y aplicar el principio del esfuerzo
cooperativo y ser capaz de impulsar a sus seguidores a hacer lo mismo. El
liderazgo requiere poder, y el poder exige cooperación.
Hay dos
formas de liderazgo.
La primera, mucho
más eficaz, es el
liderazgo con el
consentimiento y la
simpatía de los
seguidores. La segunda, el
liderazgo por la fuerza, sin el consentimiento ni la simpatía de los
seguidores.
La historia está
llena de pruebas de que el liderazgo por la fuerza no perdura. La
caída y la
desaparición de dictadores
y de reyes
es
significativa.
Indica que la gente no acatará indefinidamente un liderazgo por la fuerza.
Napoleón,
Mussolini, Hitler fueron ejemplos de líderes por la fuerza. Su liderazgo ha
pasado. El liderazgo con el consentimiento de los seguidores es el único
perdurable.
Los hombres
pueden acatar temporalmente un liderazgo por la fuerza, pero no lo harán por su
propia voluntad.
La nueva marca
del liderazgo abarcará los once factores descritos en este capítulo, además de
algunos otros. El hombre que haga de ellos la base de su liderazgo encontrará
abundantes oportunidades de liderar en todos los órdenes de la vida.
LAS DIEZ
CAUSAS PRINCIPALES DEL
FRACASO EN EL LIDERAZGO
Llegamos ahora a
los principales errores de los líderes que fracasan, porque saber lo que hay
que hacer es tan importante como saber lo que no hay que hacer.
1. Incapacidad para organizar detalles. Un liderazgo eficiente requiere capacidad para
organizar y controlar los detalles. Ningún líder genuino está jamás «demasiado
ocupado» para hacer cualquier cosa que se le pueda pedir en su condición de
líder. Cuando un hombre, ya sea en calidad de líder o de asistente, admite que está
«demasiado ocupado» para cambiar de planes, o para prestar atención a una
emergencia, está admitiendo su incompetencia. El líder de éxito debe ser quien
controle todos los detalles relacionados con su posición. Esto significa, por
supuesto, que ha de adquirir el hábito de relegar los detalles a asistentes
capaces.
2. Mala
disposición para prestar servicios modestos. Los líderes realmente grandes
están siempre dispuestos, cuando la ocasión lo exige, a llevar a cabo cualquier
tipo de labor que se les pida que hagan. Que «el mejor de
entre vosotros
será el sirviente de todos» es una verdad que todos los líderes capaces
observan y respetan.
3. Expectativas
de gratificación por lo que «saben», y no por lo que hacen con aquello
que saben. El
mundo no paga
a los hombres
por lo que
«saben». Les
pagan por lo que hacen, o impulsan a hacer a otros.
4. Temor ante la
competencia de los seguidores. El líder que teme que uno de sus seguidores
pueda ocupar su puesto está prácticamente condenado a ver cumplidos sus temores
tarde o temprano. El líder capaz entrena
a suplentes en quienes pueda delegar, a voluntad, cualquiera de los detalles de
su posición. Sólo de ese modo un líder puede multiplicarse y prepararse para
estar en muchos lugares, y prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo. Es
una verdad eterna que los hombres reciben más paga por su habilidad para hacer
que los demás trabajen, que lo que ganarían por su propio esfuerzo. Un líder
eficiente puede, a través del conocimiento de su trabajo y del magnetismo de su
personalidad, aumentar en gran medida la eficacia de los demás, e inducirlos a
rendir más y mejores servicios que los que rendirían sin su ayuda.
5. Falta de
imaginación. Sin imaginación, el líder es incapaz de superar las emergencias, y
de crear planes que le permitan guiar con eficacia a sus seguidores.
6. Egoísmo. El
líder que reclama todo el honor por el trabajo de sus seguidores está condenado
a generar resentimientos. El verdadero líder no exige honor alguno. Le alegra
ver que los honores, cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que
la mayoría de los hombres trabajarán con más entusiasmo por recomendaciones y
reconocimientos, que sólo por dinero.
7. Falta
de disciplina. Los
seguidores no respetan
a los líderes
sin disciplina. Además, la carencia de disciplina en cualquiera de sus
diversas formas, destruye la resistencia y la vitalidad de cualquiera que se
deje llevar por ella.
8. Deslealtad.
Quizás esta causa debería encabezar la lista. El líder que no sea leal con su
organización y con su equipo, con quienes están por encima de él y con quienes
están por debajo, no podrá mantener mucho tiempo su liderazgo. La deslealtad le
señala a uno como alguien que está en el nivel del polvo que pisamos, y atrae
sobre su cabeza el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las
principales causas de fracaso en todos los terrenos de la vida.
9. Acentuar la
«autoridad» del liderazgo. El líder eficiente enseña mediante el estímulo y no
intenta atemorizar a sus seguidores. El líder que trata de impresionar a sus
seguidores con su «autoridad» entra en la categoría del liderazgo por la fuerza.
Si un líder
lo es de
verdad, no necesitará anunciarlo, a no ser mediante su
conducta, es decir, con su simpatía, comprensión y sentido de la justicia, y
demostrando, además, que conoce su trabajo.
10. Insistir
en el título. El
líder competente no necesita «títulos» para obtener el respeto de
sus seguidores. El hombre que insiste demasiado en su título, generalmente no
tiene mucho más en qué apoyarse. Las puertas del despacho de un verdadero líder
permanecen abiertas para todos aquellos
que deseen entrar,
y su lugar
de trabajo está
tan libre de formalidad como de ostentación.
Entre las causas
de fracaso en el liderazgo, éstas son las más comunes. Cualquiera de ellas es
suficiente para provocar el fracaso. Estudie cuidadosamente la lista si aspira
al liderazgo, y asegúrese de no cometer ninguna de estas faltas.
ALGUNOS CAMPOS
FÉRTILES EN LOS QUE HABRÁ DEMANDA DE
«NUEVOS LÍDERES»
Antes de terminar
con este capítulo llamaremos su atención sobre algunos campos fértiles donde se
ha producido una declinación del liderazgo y en los cuales el nuevo tipo de
líder puede encontrar abundancia de oportunidades.
PRIMERO: En el
campo de la política hay
una insistente demanda de nuevos
líderes, una demanda que apunta nada menos que a una emergencia.
SEGUNDO: En el
mundo de la Banca se está produciendo una reforma. TERCERO: La industria tiene
nuevos líderes. Para que pueda perdurar, el
nuevo líder
industrial debe considerarse casi como un funcionario público, cuyo deber es
manejar su empresa de manera tal que no imponga penurias a ningún individuo ni
a ningún grupo.
CUARTO: El líder religioso del futuro se
verá obligado a prestar más atención a las necesidades
temporales de sus seguidores, a la solución de los problemas económicos y
personales del presente, y a prestar menos atención al pasado, que ya no
existe, y al futuro, que no ha llegado aún.
QUINTO: En las
profesiones del derecho, la medicina y la educación, se necesitará una forma de
liderazgo nueva y, en alguna medida, también nuevos líderes. Esto es sobre todo
válido en el campo de la educación. El líder en este campo deberá encontrar, en
el futuro, formas y medios nuevos de enseñar a la gente la manera de aplicar el
conocimiento que se les ha impartido, ocupándose más de la práctica y menos de
la teoría.
SEXTO: En el
campo del periodismo se necesitarán nuevos líderes.
Éstos no
son más que
algunos de los
campos en que
actualmente se dispone
actualmente de oportunidades para nuevos líderes y para una forma de liderazgo
también nueva. El mundo está sufriendo rápidos cambios, y esto significa que
los medios por obra de los cuales se promueven los cambios en los hábitos
humanos deben adaptarse a los cambios. Los medios que describimos aquí son los
que, en mayor medida que ningún otro, determinan la tendencia de la
civilización.
CUÁNDO Y CÓMO
SALIR EN BUSCA DE EMPLEO
La información
que aquí le presentamos es el resultado neto de muchos años de experiencia
durante los cuales miles de mujeres y de hombres fueron ayudados a
comercializar eficazmente sus servicios.
La experiencia ha
demostrado que los siguientes medios ofrecen los métodos más
eficaces y más
directos para poner
en contacto a
quien necesita vender sus servicios personales con la persona que
necesita comprarlos.
1. Oficinas de
empleo. Se debe tener cuidado en seleccionar sólo las de buena reputación, en
las cuales la gerencia pueda mostrar archivos que comprueben el
logro de resultados
satisfactorios. Tales oficinas
son bastante escasas.
2. Anuncios
en periódicos, revistas
y publicaciones comerciales. Generalmente se puede confiar
en que los anuncios clasificados den resultados satisfactorios en el caso de
los que buscan empleos en oficinas u otros cargos asalariados comunes. Los
anuncios destacados son más deseables en el caso de quienes buscan conexiones
exclusivas, y se deben publicar en la sección del periódico que más fácilmente
haya de llamar la atención de la clase de patrono que uno busca. El anuncio lo
debe preparar un experto, que sepa cómo destacar las cualidades vendibles
necesarias para obtener respuestas.
3. Cartas
personales de presentación, dirigidas a determinadas firmas o personas que
puedan necesitar los servicios que uno ofrece. Las cartas deben estar siempre
mecanografiadas con pulcritud, y llevar la firma manuscrita. Con la carta se
debe enviar un resumen completo de las calificaciones del aspirante. Tanto la
carta de presentación como el resumen de calificaciones, deben ser preparados
por un experto. (Véanselas instrucciones referentes a la información que se ha
de incluir.)
4. Presentación
por intermedio de relaciones personales. Cuando sea posible, el aspirante debe
tratar de establecer contacto con un posible patrono valiéndose
de las relaciones
personales. Este método
es
especialmente
ventajoso en el caso de quienes buscan contactos a nivel ejecutivo y no desean
dar la impresión de estar «vendiéndose como baratijas».
5. Presentación
personal. En algunos casos puede resultar más eficaz que el aspirante ofrezca
sus servicios personalmente a sus posibles empleadores, y, de
ser así, se
ha de presentar por escrito una lista completa de
las calificaciones para el cargo, dado que suele suceder que el patrono
en potencia quiere estudiar con sus socios los antecedentes del aspirante.
LA INFORMACIÓN
QUE SE DEBE INCLUIR EN UN EXPEDIENTE ESCRITO
El expediente ha
de ser preparado con tanto cuidado como un abogado prepararía un caso que ha de
defender ante el tribunal. A menos que el aspirante tenga experiencia en la
preparación de documentos así, debe consultar con un experto, cuyos servicios
contratará con este fin. Los comerciantes de éxito emplean como anunciantes a
hombres y mujeres que entienden el arte y la psicología de la presentación de
los méritos de su mercancía, y quien tiene que vender sus servicios personales
debe hacer lo mismo. En el expediente se ha de incluir la información
siguiente:
1. Educación.
Enuncie en forma breve, pero clara, su nivel de escolarización y los temas en
que se ha especializado, dando las razones para esa especialización.
2. Experiencia.
Si ya ha tenido experiencia en cargos similares al que ahora busca, descríbala
en detalle, dando los nombres y direcciones de sus antiguos patronos. Trate de
destacar claramente cualquier experiencia especial que pueda haber tenido y que
lo califique para adjudicarse el cargo al que aspira.
3. Referencias.
Casi todas las firmas comerciales desean tener información completa sobre los
trabajos anteriores y antecedentes de los aspirantes que buscan cargos de
responsabilidad. Con las fotocopias de su expediente incluya copias de cartas
de:
a) Patronos
anteriores.
b) Profesores y
maestros con quienes estudió.
c) Personas
relevantes en cuyo juicio se pueda confiar.
4. Fotografía.
Incluya una fotografía reciente.
5. Ofrézcase para
un cargo específico. Nunca deje de incluir en la presentación una descripción
exacta del cargo o actividad que usted busca. Nunca se limite a pedir «un puesto».
Eso indica la falta de calificaciones especializadas.
6. Enuncie
sus calificaciones para ocupar
el cargo que
desea. Exprese detalladamente la
razón por la que cree estar calificado para el puesto que busca. Éste es el
detalle más importante de su presentación, y el que, más que ninguna otra cosa,
determinará la consideración que usted reciba.
7. Ofrézcase para
un período de prueba. Ésta puede parecer una sugerencia radical, pero la
experiencia ha demostrado que rara vez deja de asegurar por lo menos una
prueba. Si usted está seguro/a de sus calificaciones, una prueba es todo lo que
necesita. Digamos de paso que un ofrecimiento así indica que usted está
segura/o de su capacidad para ocupar el cargo a que aspira. Es muy convincente.
Deje claro que su ofrecimiento se basa en:
a) Su seguridad
de ser capaz de ocupar el cargo.
b) Su confianza
en lo que decidirá su posible patrono una vez que lo haya probado.
c) Su
determinación de alcanzar el puesto.
8. Muestre su
conocimiento de las actividades comerciales de su futuro patrono. Antes de
ofrecerse para un puesto, póngase al tanto del negocio para familiarizarse con
él, e indique en su expediente los conocimientos que tenga
de ese campo.
Así dará una
buena impresión, porque evidenciará que tiene imaginación y
que está realmente interesado en el puesto que busca.
Recuerde que no
es el abogado que más sabe de leyes el que gana el proceso, sino el que mejor
lo prepara.
Si su
«caso» está bien
preparado y presentado,
tendrá, ya desde
el comienzo, media victoria ganada. No tema presentar un expediente
demasiado largo. A los patronos les interesa tanto contratar los servicios de
aspirantes bien calificados como a usted conseguir empleo.
La verdad es que
el éxito de la mayoría de los patronos que lo consiguen se debe, sobre todo, a
su capacidad para seleccionar colaboradores bien calificados. Y para eso
quieren toda la información posible.
Recuerde otra
cosa: la pulcritud
en la presentación
de su expediente indicará hasta qué punto es usted
una persona minuciosa. Yo he ayudado a redactar curriculums a clientes tan especiales
y fuera de lo común que lograron
que los contrataran
sin necesidad de
tener una entrevista personal.
Cuando haya
completado su expediente, hágalo encuadernar y encabécelo más o menos así:
EXPEDIENTE DE LAS
CALIFICACIONES DE Robert K. Smith
PARA OPTAR AL
CARGO DE
Secretario
privado del Presidente de la
EMPRESA EN
BLANCO, S. A.
Cambie los
nombres cada vez que presente su expediente.
Este toque
personal llamará sin duda la atención sobre usted. Preséntelo pulcramente mecanografiado o
mimeografiado en el
mejor papel que pueda conseguir y hágale una carpeta con
una cartulina de las que se usan para cubiertas de libros, de modo que se pueda
cambiar si se ha de presentar a más de una empresa. En alguna de las páginas
debe figurar su fotografía. Siga estas instrucciones al pie de la letra e
introduzca todas las mejoras que su imaginación le sugiera.
Los vendedores de
éxito se presentan bien vestidos y arreglados, porque entienden que la primera
impresión es la que perdura. Su expediente es el vendedor de usted. Vístalo
bien, de modo que marque un nítido contraste con cualquier cosa que su futuro
patrono haya podido ver antes en cuanto a la forma de presentarse a solicitar
empleo. Si el cargo que usted busca merece la pena, más vale que usted se la
tome. Además, si usted se vende a un patrono de una manera tal que su
individualidad lo impresione, es probable que le pague mejor sus servicios,
desde el primer día, que si se hubiera presentado a buscar empleo de la manera
convencional en que todos lo hacen.
Si busca un
trabajo a través de una agencia de publicidad o de la oficina de empleo, haga
que el agente use copias de su expediente cuando ofrezca sus servicios. Eso le
ayudará a encontrarse en una situación de preferencia, tanto en relación con su
agente como con sus posibles patronos.
CÓMO CONSEGUIR EL
CARGO QUE DESEA
Todos disfrutamos
haciendo el tipo de trabajo para el cual nos sentimos más adecuados. A un
pintor le encanta trabajar con pintura, a un artesano con las manos, y a un
escritor le gusta escribir. Aquellos con menos talentos específicos tienen sus
preferencia por ciertos campos del comercio y de la industria. Si en los
Estados Unidos se hace algo bien, es justamente que se ofrece una completa gama
de ocupaciones, desde arar la tierra, fabricación, márketing, y todas las
profesiones.
PRIMERO: Decida
exactamente qué trabajo quiere. Si es un trabajo que aún no existe, quizá usted
pueda crearlo.
SEGUNDO: Escoja
la empresa o la persona para la que quiere trabajar. TERCERO: Estudie a su
posible patrono en lo que se refiere a sus políticas
comerciales y de
personal, y a las probabilidades de ascenso.
CUARTO: Analícese
y analice sus talentos y capacidades para precisar qué
puede ofrecer, y
organice maneras y medios para presentar
las ventajas,
servicios, planes
e ideas siempre que usted cree estar en condiciones de ofrecer con éxito.
QUINTO: Olvídese
de «un trabajo». Olvídese de si hay o no una oportunidad. Olvídese de la rutina
habitual del «¿Tiene trabajo para mí?». Concéntrese en lo que usted puede dar.
SEXTO: Una vez
que tenga mentalmente claro su plan, busque una persona que sea capaz de
ponerlo por escrito, en forma detallada.
SÉPTIMO:
Presénteselo a la persona con la autoridad necesaria y deje que se ocupe del
resto. Todas las compañías andan en busca de personas que puedan ofrecerles
algo de valor, ya sean ideas, servicios o «contactos». Todas las empresas
tienen lugar para la gente que dispone de un plan de acción definido que
represente una ventaja para la compañía.
Este plan
de acción puede
llevarle unos días o
unas semanas más de tiempo,
pero la diferencia en
ingresos, en ascensos
y en obtención
de reconocimiento le ahorrará años de trabajo duro y salario escaso.
Tiene muchas ventajas; la principal es que se evitará de uno a cinco años de
espera para alcanzar el objetivo que se haya propuesto.
Toda persona que
comienza, o que «se mete» en medio de la escala del éxito, ha necesitado, para
conseguirlo, una planificación deliberada y cuidadosa.
LA NUEVA MANERA
DE COMERCIALIZAR SERVICIOS
En el futuro, los
hombres y las mujeres que mejor comercialicen sus servicios tendrán que
reconocer el cambio que se ha producido en lo referente a la relación entre
patrono y empleado.
La relación del
futuro entre los patronos y sus empleados será más afín a una sociedad
integrada por:
a) El patrono
b) El empleado
c) El público al
que sirven
Si decimos que
esta manera de comercializar los servicios personales es nueva, ello se debe a
varias razones. Primero, porque, en el futuro, tanto el patrono como
el empleado serán
considerados empleados comunes, puestos ambos al servicio de un
cliente, el público, y su negocio consistirá en servir a su cliente con
eficiencia. En el pasado, patronos y empleados se han trabado en luchas por el
empeño de sacar cada uno el mejor partido posible del
otro, sin considerar
que, en última
instancia, en realidad estaban regateando a expensas de un
tercero, el público al que servían.
«Cortesía» y
«servicio» son las actuales consignas de la comercialización, y son aplicables
a la persona que ofrece servicios personales en forma aún más directa que al
patrono a quien ésta sirve, porque, en última instancia, tanto el patrono como
su empleado son empleados del público al que sirven. Si no alcanzan a darle
buen servicio, lo pagan con la pérdida de su privilegio de servir.
Todos podemos
recordar el tiempo en que el empleado que venía a leer el contador del gas
golpeaba la puerta con tanta fuerza como para romperla. Cuando le abrían, entraba
con aire prepotente, con una mueca en el rostro que evidentemente decía: “¿Por
qué diablos me hiciste esperar?” Todo aquello ha cambiado. El empleado del gas
se conduce hoy por hoy como un caballero que estuviese «encantado de poder
servirle a usted». Antes de que las compañías de gas se dieran cuenta de que
sus empleados estaban acumulando deudas que jamás se acabarían de pagar,
aparecieron los corteses vendedores
de quemadores de petróleo
y se quedaron con
el mercado.
Durante la
Depresión en Estados Unidos, pasé varios meses en la región del carbón de
antracita en Pennsylvania, estudiando las condiciones que estuvieron a punto de
destruir aquella industria. Los operadores del carbón y sus empleados
negociaron tratos recíprocamente provechosos, añadiendo el precio
de la «negociación» al del
carbón, hasta que terminaron por descubrir que
habían organizado un
negocio maravilloso para
los
fabricantes de
equipos quemadores de petróleo y para los productores de crudo.
Relato estos
ejemplos para aquellos que tienen servicios personales que ofrecer, con el fin
de demostrarles que, si estamos donde estamos y somos lo que somos, ¡se debe a
nuestra propia conducta! Si hay un principio de causa y efecto que rige los negocios,
las finanzas y el transporte, ese mismo principio vale para los individuos y
determina su estatus económico.
¿CUÁL ES SU
CALIFICACIÓN DE CCE?
Las causas del
éxito en la comercialización efectiva y permanente de los servicios se han
descrito con toda claridad. A menos que estudie, analice, en tienda y aplique
estas causas, nadie puede comercializar sus servicios de manera eficaz y
permanente. Cada persona debe ser su propia vendedora de servicios personales.
La calidad y la cantidad de los servicios prestados, y el
espíritu del que
los presta, determinan
en gran medida
la remuneración y la duración del empleo. Para comercializar eficazmente
los servicios personales (lo cual significa un mercado permanente, a un precio
satisfactorio y en condiciones agradables), uno debe adoptar y seguir la
fórmula «CCE», que significa que la
Calidad, más la Cantidad, más el
adecuado Espíritu de cooperación, dan como resultado una perfecta venta de
servicios. Recuerde la fórmula «CCE», pero haga algo más: ¡aplíquela siempre!
Vamos a analizar la fórmula para asegurarnos de que entendemos exactamente lo
que significa.
1. La calidad del
servicio debe ser entendida en el sentido de realizar cada detalle que se
relacione con su cargo de la manera más eficiente posible, teniendo siempre
presente como objetivo una mayor eficacia.
2. La cantidad
del servicio se ha de entender en el sentido del hábito de prestar la totalidad
del servicio del cual usted es capaz, en todo momento, con el propósito
de incrementar la
cantidad de servicios
prestados a medida que
su habilidad aumente
con la práctica
y la experiencia. Volvemos a insistir en la
palabra hábito.
3. El espíritu de
servicio se ha de entender en el sentido de hábito de una conducta agradable y
armoniosa que induzca a la cooperación de asociados y demás empleados.
Adecuar la
calidad y la cantidad del servicio no basta para mantener un mercado permanente
para sus servicios. La conducta, o el espíritu con que usted preste el
servicio, es un fuerte factor de determinación relacionado tanto con
la remuneración que usted recibe como con
la duración del empleo.
Andrew Carnegie
resaltó este punto más que otros en relación con su descripción de los factores que conducen
al éxito en la comercialización de servicios personales, insistiendo
reiteradamente en la necesidad de una conducta armoniosa. Subrayó el hecho de
que él no conservaría a ningún hombre, por más abundante que fuera la cantidad,
o eficiente la calidad de su
trabajo, a menos
que trabajase en un
espíritu de armonía. Carnegie insistía en que sus hombres
fuesen corteses y agradables. Para demostrar que asignaba un elevado valor a
esta cualidad, ayudó a enriquecerse a muchos hombres que se ajustaban a sus
normas. Los que no lo hacían tenían que dejar lugar a los otros.
La importancia de
una personalidad agradable se destaca porque es un factor que le permite a uno
prestar servicios con el espíritu adecuado. Si uno tiene una personalidad que
agrada, y presta sus servicios en espíritu de armonía, éstas son ventajas que
suelen compensar deficiencias tanto en la calidad como en la cantidad del
servicio ofrecido. Nada, sin embargo, puede sustituir con éxito a una conducta
agradable.
EL VALOR CAPITAL
DE SUS SERVICIOS
La persona cuyos
ingresos totales se derivan de la venta de servicios personales no es
comerciante en menor medida que el hombre que vende bienes de
consumo, y bien
se podría añadir que
una persona así está sometida a las mismas reglas de conducta
que el comerciante que vende mercancías.
Si insistimos en
ello es porque la mayoría de las personas que viven de la venta de servicios
personales cometen el error de considerarse libres de las reglas de conducta y
de las responsabilidades que corresponden a quienes se dedican a la
comercialización de bienes y productos.
Ha pasado la
época del «salía para conseguir», ya que tal personaje ha sido sustituido por
el que «sale para dar».
El verdadero valor
de capital de su cerebro puede estar determinado por la cantidad de ingresos
que usted es capaz de producir (comercializando sus servicios). Usted
puede lograr una
estimación adecuada del
valor de capital de sus servicios
si multiplica su ingreso anual por dieciséis y dos tercios, puesto que es
razonable calcular que su ingreso anual representa el seis por ciento de su
valor de capital. El dinero rinde el 6 % anual, y el dinero no vale más que el
cerebro. Con frecuencia, mucho menos.
Si es
comercializado con eficacia, un «cerebro» competente representa una forma de
capital mucho más deseable que la que se requiere para manejar un negocio que
se ocupe de bienes de consumo, porque el «cerebro» es una forma del capital que
no se puede desvalorizar en forma permanente por obra de la depresión, ni es
tampoco una forma de capital que se pueda robar o que se desgaste. Además, el
dinero, que es esencial para la conducción de un negocio, resulta tan valioso
como un montón de arena mientras no se combine con un «cerebro» eficiente.
LAS TREINTA Y UNA
CAUSAS PRINCIPALES DEL FRACASO
La mayor tragedia
de la vida es la de los hombres y las mujeres que intentan con lo mejor de sí
mismos y fracasan. La tragedia reside en la abrumadora mayoría de personas que
fracasan, en comparación con las pocas que alcanzan el éxito.
Yo he tenido el
privilegio de analizar a varios miles de hombres y mujeres, el 98 % de los
cuales habían sido catalogados como «fracasos».
Mi análisis
demostró que hay treinta y una razones fundamentales para el fracaso, y
trece principios importantes
merced a los
cuales la gente acumula fortunas. En este capítulo se
dará una descripción de las treinta y una causas principales del fracaso. A
medida que lea la lista, vaya marcando, punto por punto, cuántas de estas
causas de fracaso se interponen entre usted y el éxito.
1. Antecedentes
hereditarios desfavorables. Poco o nada es lo que se puede hacer por las
personas que nacen con un poder cerebral deficitario. Nuestra filosofía no
ofrece más que un único método de salvar esta dificultad con l ayuda del grupo
de “Master Mind”. Vale la pena señalar, sin embargo, que ésta es la única de
las treinta y una causas de fracaso que ningún individuo puede corregir con
facilidad.
2. Falta de un
propósito definido en la vida. No hay esperanza de éxito para la
persona que carece
de un propósito
central o de
un objetivo definido al cual
apuntar. El noventa y ocho por ciento de las personas a quienes he analizado no
lo tenían, y quizá ésa fuera la causa principal de su fracaso.
3. Falta de
ambición para elevarse por encima de
la mediocridad. No ofrecemos
esperanzas a la persona que es tan indiferente que no le interesa adelantar en
la vida, y que no está dispuesta a pagar el precio.
4. Educación
insuficiente. Es una desventaja que se puede superar con relativa facilidad. La
experiencia ha demostrado que las personas mejor educadas son, con frecuencia,
aquellas a quienes se considera que se han hecho a sí mismas, o que se educaron
solas. Para ser una persona con educación se requiere algo más que un título
universitario. Una persona educada es cualquiera que haya aprendido a conseguir
lo que quiere de la vida sin violar los derechos de los demás. La educación no
consiste tanto en el conocimiento como en saber aplicarlo con eficacia y
persistencia. A la gente no se le paga sólo por lo que sabe, sino más bien por
lo que hace con lo que sabe.
5. Falta de
autodisciplina. La disciplina proviene del autocontrol, y eso significa que uno
debe controlar todas las cualidades negativas. Antes de
poder controlar
otras condiciones, debe
empezar por controlarse
a sí mismo. El dominio de uno
mismo es la tarea más difícil que se puede abordar. Si usted no es capaz de
cumplirla con éxito, estará a merced de sí. Cuando se mire al espejo, podrá ver
al mismo tiempo a su mejor amigo y a su peor enemigo.
6. Mala salud.
Nadie que no tenga una buena salud puede gozar de un éxito perdurable. Muchas
causas de mala salud son susceptibles de control. Entre ellas, las principales
son:
a) Comer exceso
de alimentos que dañen la salud.
b) Hábitos de
pensamiento erróneos, conducentes a la expresión de actitudes negativas.
c) Abusos y
excesiva complacencia en la vida sexual. d) Falta de ejercicio físico adecuado.
e) Una provisión
insuficiente de aire fresco, debida a una respiración inadecuada.
7. Influencias
ambientales desfavorables durante la niñez. «A un árbol hay que enderezarlo
cuando es joven»,
dice el refrán.
La mayoría de las
personas con tendencias criminales las han adquirido como resultado de un
ambiente desfavorable y de relaciones inapropiadas durante su niñez.
8. La
Postergación. He aquí una de las causas más comunes de fracaso. La tendencia a
dejarlo todo para más adelante acecha a todos los seres humanos desde la
sombra, y esperar su oportunidad para destruir sus probabilidades de éxito. La
mayoría andamos por la vida como fracasados porque aguardamos «el mejor momento»
para empezar a hacer algo que valga la pena. No espere, porque el momento nunca
será «el mejor». Empiece donde esté y trabaje con las herramientas que tenga a
su disposición, ya que las irá encontrando mejores a medida que avance.
9. Falta de persistencia.
La mayoría somos buenos para empezar, pero no servimos para terminar todo lo
que comenzamos. Además, la gente tiene propensión a abandonar la lucha ante los
primeros signos de derrota. No hay sustituto para la persistencia. La persona
que hace de la persistencia su
consigna descubre
que, finalmente, el fracaso se cansa de perseguirle y se va. El fracaso no
triunfa sobre la persistencia.
10. Personalidad
negativa. No hay esperanza de éxito para la persona que repele a los demás a
causa de su personalidad negativa. El éxito se alcanza mediante la aplicación
del poder, y el poder se consigue a través de los esfuerzos de cooperación con
otras personas. Una personalidad negativa no induce a la cooperación.
11. Falta de
control del impulso sexual. La energía sexual es el más poderoso de los
estímulos que mueven a la gente a la acción. Por ser la más poderosa de las
emociones, debe estar controlada mediante la transmutación, y ser canalizada
por otras vías.
12. Deseo
incontrolado de conseguir «algo por nada». El instinto del juego arrastra a
millones de personas al fracaso. De ello se pueden encontrar pruebas en un
estudio de la caída de Wall Street en el año 29, cuando millones de personas
intentaron hacer dinero jugando y apostando a la Bolsa.
13. Falta de un
poder de decisión bien definido. Los triunfadores toman decisiones con
prontitud, y las
cambian, si las
cambian, con mucha lentitud. Los que fracasan toman
decisiones, si las toman, muy lentamente, y las cambian rápidamente y con
frecuencia. La indecisión y la tendencia a dejar las cosas para después son
hermanas gemelas. Donde una de ellas se encuentra, suele hallarse también la
otra. Apresúrese a anular esta pareja antes de que ella pueda encadenarlo a la
rueda del fracaso.
14. Uno o más de
los seis miedos básicos. En un capítulo posterior se encontrará el análisis de
los miedos básicos, que es preciso dominar para que uno pueda comercializar sus
servicios de manera eficaz.
15. Selección
errónea de la pareja en el matrimonio. Se trata de un caso muy común de
fracaso. La relación que se establece en el matrimonio hace que las
personas se encuentren
en íntimo contacto.
A menos que
esa relación sea armoniosa,
es muy probable
que se produzca
el fracaso.
Además, será una
forma de fracaso que se verá marcada por la miseria y la infelicidad, y que
destruye toda la ambición.
16. Precaución
excesiva. La persona que no corre riesgos suele tener que conformarse con
aquello que queda una vez que han elegido los demás. La precaución excesiva es
tan perniciosa como la falta de precaución. Hay que evitar ambos extremos. La
vida, en sí misma, está llena de riesgos.
17. Selección
errónea de los asociados en los negocios. Ésta es una de las causas más
comunes del fracaso
en los negocios.
Al comercializar sus servicios
personales, se ha de tener gran cuidado en seleccionar un patrono capaz de
inspirarlo a uno por ser, a su vez, inteligente y triunfador. Las personas
emulamos a aquellos con los que tenemos una asociación más estrecha. Así que
elija un patrono a quien valga la pena emular.
18. Superstición
y prejuicio. La superstición es una forma del miedo, y también un signo de
ignorancia. Los triunfadores son personas de mentalidad abierta que no temen a
nada.
19. Elección
vocacional errónea. Nadie puede triunfar si se encamina por una senda que no le
gusta. El paso más esencial en la comercialización de servicios personales
consiste en elegir una ocupación a la cual usted pueda consagrarse de todo
corazón.
20. Falta de
concentración del esfuerzo. Aquellos que saben un poco de todo, rara vez hacen
nada bien. Concentre todos sus esfuerzos en un objetivo principal bien
definido.
21. El hábito de
gastar indiscriminadamente. Los derrochones no pueden tener éxito, sobre todo
porque viven siempre con el temor a la pobreza. Habitúese a ahorrar
sistemáticamente un porcentaje determinado de sus ingresos. Tener dinero en el
Banco da a las personas una sólida base de coraje cuando tienen que negociar la
venta de sus servicios personales. Si uno no tiene dinero, ha de aceptar lo que
le ofrecen, y alegrarse de conseguirlo.
22. Falta
de entusiasmo. Sin entusiasmo no
se puede ser
convincente. Además, el entusiasmo
es contagioso, y
la persona que
lo tiene y lo
controla suele ser bien recibida en cualquier grupo de personas.
23. Intolerancia.
La persona de mentalidad cerrada, sobre el tema que sea, rara vez sale
adelante. Ser intolerante significa que uno ha acabado de adquirir
conocimientos. Las formas más dañinas de la intolerancia son las que se
relacionan con las diferencias de opinión en el terreno étnico, religioso o
político.
24. Falta de
moderación. Sus formas más dañinas se relacionan con las actividades de la
comida, del consumo de bebidas alcohólicas y de la
sexualidad. Los excesos en cualquiera de estos campos son nefastos para el
éxito.
25. Incapacidad
de cooperar con los demás. Son más las
personas que pierden sus puestos y sus mejores oportunidades en la vida debido
a este fallo que por todas las demás razones juntas. Es un defecto que ningún
líder ni hombre de negocios bien informado está dispuesto a tolerar.
26. Posesión de
poder que no haya sido
adquirido mediante el propio
esfuerzo. (El caso de los vástagos de hombres adinerados, y de otros que
heredan un dinero que no se ganaron.) Con frecuencia, el poder en manos de
alguien que no lo ha adquirido poco a poco es fatal para el éxito. El
enriquecimiento rápido resulta más peligroso que la pobreza.
27. Deshonestidad deliberada. No hay
sustituto para la
honestidad. Se puede ser deshonesto por la fuerza de las circunstancias,
sobre las que uno no tiene control alguno, sin sufrir un daño permanente. Pero
no hay esperanzas para la
persona que lo
sea por propia
elección. Tarde o temprano quedará prisionero de sus actos y
los pagará con la pérdida de su reputación, quizás, incluso de su libertad.
28. Egotismo y
vanidad. La utilidad de estas cualidades es que sirven a modo de luces rojas a
los demás porque les advierten que se mantengan a distancia. Son fatales para
el éxito.
29. Adivinar en
vez de pensar. La mayoría de las personas son demasiado indiferentes o
perezosas para procurarse
los hechos que
les permitan pensar con
precisión. Prefieren actuar basándose en «opiniones» fundadas en conjeturas o
en juicios precipitados.
30. Falta de
capital. He aquí una causa de fracaso común entre aquellos que se inician por
primera vez en los negocios y no disponen de capital suficiente para absorber
el impacto de sus errores y para sostenerlos hasta que hayan afianzado su
reputación.
31. En esta
categoría, anote cualquier causa de fracaso que usted haya experimentado y que
no haya sido incluida en esta lista.
En estas treinta
y una causas principales de fracaso se encuentra una descripción de la tragedia
de la vida, que es válida para casi todas las personas que hagan un intento y
fracasen. Será bueno que consiga la ayuda de alguien que lo conozca bien para
recorrer juntos esta lista, de modo que le ayude a analizarse en función de
cada una de las causas de fracaso, pero también le beneficiará hacerlo solo. La
mayoría de las personas no son capaces de verse como los demás las ven, y es
posible que usted sea una de ellas.