Piense y Hágase Rico

Napoleón Hill

 

 

 

 

CONTENIDO

 

 

PRÓLOGO DEL TRADUCTOR

6PALABRAS DEL AUTOR7Capítulo 1 LOS PENSAMIENTOS SON COSAS12EL HOMBRE QUE «PENSÓ» EN LA MANERA DE ASOCIARSE CON THOMAS A. EDISON

El inventor y el vagabundo...   Los astutos disfraces de la oportunidad... A casi un metro del oro... Nunca me detendré porque los hombres digan “NO”... Una lección de perseverancia de cincuenta centavos... El extraño poder de una niña... Todo lo que usted necesita es una buena idea... El “imposible” motor V8 de Ford... Por qué es usted el dueño de su destino... Principios que pueden cambiar su destino...

 

Capítulo 2 EL DESEO                                                                                28

EL PUNTO INICIAL DE TODO LOGRO

El hombre que quemó puentes... El incentivo que conduce a la riqueza... Seis maneras de convertir el deseo en oro... ¿Puede imaginarse que es usted millonario?... El poder de los grandes sueños... Cómo hacer que los sueños despeguen de la plataforma de lanzamiento... El deseo es más listo que la Madre Naturaleza...Un accidente que transformó una vida... Ganó un mundo nuevo con seis centavos... El pequeño niño sordo que oyó... Ideas que obran milagros... La química mental hace magia...

 

 

Capítulo 3 LA FE                                                                                         45

VISUALIZACIÓN Y CREENCIA EN LA CONSECUCIÓN DEL DESEO

Cómo desarrollar la fe... Nadie está condenado a la mala suerte... La fe es un estado mental que se puede inducir mediante la autosugestión... La magia de la autosugestión... Fórmula para la confianza en uno mismo... El desastre del pensamiento negativo... ¿Qué genio yace dormido en su cerebro? Cómo una idea construyó una fortuna... La riqueza empieza con el pensamiento...

Capítulo 4 LA AUTOSUGESTIÓN                                                       64

EL VEHÍCULO PARA INFLUIR EN EL SUBCONSCIENTE

Vea y sienta el dinero en sus manos... Cómo fortalecer sus poderes de concentración... Seis pasos para estimular su subconsciente... El secreto del poder de la mente...

 

 

Capítulo 5 EL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO                        72

EXPERIENCIAS PERSONALES U OBSERVACIONES

El ignorante que amazó una fortuna... Usted puede obtener todo el conocimiento que necesite... Conviene saber cómo comprar conocimientos... Una lección de una agencia de cobros... El camno hacia el conocimiento especializado... Una idea simple que dio resultados... Un plan probado para conseguir el empleo ideal... Usted no tiene que empezar desde abajo... Haga que la insatisfacción funcione a su favor... Sus socios pueden no tener precio... Haga que sus ideas rindan beneficios por medio del conocimiento especializado...

 

 

Capítulo 6 LA IMAGINACIÓN                                                              87

EL TALLER DE LA MENTE

Dos formas de imaginación... Ejercite su imaginación... Las leyes que conducen a la fortuna... Cómo hacer uso práctico de la imaginación... El hervidor encantado... Qué haría yo si tuviese un millón de dólares... Cómo transmutar ideas en dinero...

 

Capítulo 7 LA PLANIFICACIÓN ORGANIZADA                            100

LA CRISTALIZACIÓN DEL DESEO EN ACCIÓN

Si su primer plan fracasa, ¡intente otro!.. Planificación de la venta de servicios personales... Casi todos los lideres comienzan como seguidores... Los principales atributos del liderazgo... Las diez causas principales del fracaso en el liderazgo... Algunos campos fértiles en los que habrá demanda de nuevos lideres... Cuándo y cómo salir en busca de empleo... La información que se debe incluir en un expediente escrito... Cómo conseguir el cargo que desea... La nueva manera de comercializar servicios...

¿Cuál es su calificación de CCE?.. El valor capital de sus servicios... Las treinta y una causas principales del fracaso... ¿Conoce usted su propio valor?.. Haga un inventario de sí mismo... Dónde y cómo se pueden encontrar oportunidades para acumular riqueza... El “Milagro” que ha proveído estas bendiciones... El capital es la piedra angular de nuestras vidas... Sus oportunidades en medio de las riquezas...

 

Capítulo 8 DECISIÓN                                                                              139

EL DOMINIO DE LA POSTERGACIÓN

Consejos para tomar sus propias decisiones... Libertad o muerte en una decisión... Cincuenta y seis que se arriesgaron a la horca... Organización de un grupo de “Master Mind”... Una decisión que cambió la historia... La decisión má strascendental jamás puesta en papel... Sepa lo que quiere y, en general, lo conseguirá...

 

Capítulo 9 PERSISTENCIA                                                                    152

EL ESFUERZO SOSTENIDO NECESARIO PARA INDUCIR LA FE... Su test de persistencia... ¿Tiene usted “consciencia del dinero” o “consciencia de pobreza”?.. Cómo liberarse de la inercia mental... Elévese por encima de sus fracasos... Usted puede entrenarse para ser persistente... Si tiene miedo a las críticas... Los golpes de suerte se pueden hacer a la medida... Cómo desarrollar la persistencia... Cómo vencer las dificultades...

Capítulo 10 EL PODER DE UN GRUPO DE “MASTER MIND"      169

LA FUERZA IMPULSORA

Gane poder por medio de un “Master Mind”... Cómo multimplicar el poder de su cerebro... El poder de las emociones positivas...

 

Capítulo 11 EL MISTERIO DE LA

TRANSFORMACIÓN DEL SEXO                                     178

Relación de realización en naturalezas sexuales altamente desarrolladas... Los diez estímulos de la

mente... El genio se desarrolla a través del sexto sentido... De dónde surgen los presentimientos... El incremento de la capacidad creativa... Cómo un inventor alcanzó sus mejores ideas.... Los métodos utilizados por los genios están disponibles para usted... La fuerza impulsora del sexo... Por qué los hombres raras veces alcanzan el éxito antes de los cuarenta.... El mayor de todos los estimulantes de la mente... El almacén del magnetismo personal... Falsas creencias de que  el sexo daña la personalidad... Los años fructíferos después de los cuarenta... Llame al centro energético de sus emociones... Quien ama de verdad nunca puede perder por completo... Razones por las que la esposa puede elevar o hundir al hombre... La inutilidad de las riquezas sin mujeres...

 

 

Capítulo 12 EL SUBCONSCIENTE                                                          202

EL ENLACE QUE ESTABLECE LA CONEXIÓN

Cómo  energetizar  el  subconsciente  para  el  esfuerzo  creativo...  Haga  que  sus  emociones  positivas trabajen para usted... El secreto de la oración eficaz...

 

 

Capítulo 13 EL CEREBRO                                                                          210

UNA ESTACIÓN RECEPTORA Y EMISORA PARA EL PENSAMIENTO

Las fuerzas más grandes son intangibles... La espectacular historia del cerebro... Cómo unir mentes en un equipo de trabajo...

 

 

Capítulo 14 EL SEXTO SENTIDO                                                           218

LA PUERTA DEL TEMPLO DE LA SABIDURÍA

Milagros del sexto sentido... Permita que los grandes hombres le den forma a su vida... La formación del caracter mediante la autosugestión... El asombroso poder de la imaginación... Tocando a la fuente de inspiración... Una fuerza poderosa de crecimiento lento...

 

Capítulo 15 LOS SEIS FANTASMAS DEL TEMOR                           227

Los seis miedos básicos... El temor a la pobreza... El temor más destructivo... Síntomas del temor a la

pobreza... El dinero habla... El temor a la crítica... Síntomas del temor a la crítica... El temor a la enfermedad... Síntomas del temor a la enfermedad... El temor a la pérdida del amor... Síntomas del temor a la pérdida del amor... El temor a la vejez... Síntomas del temor a la vejez... El temor a la muerte... Síntomas del temor a la muerte... La preocupación del viejo... El desastre del pensamiento destructivo... El taller del Demonio... Cómo protegerse de las influencias negativas... Cuestionario para el autoanálisis... La única cosa sobre la que usted tiene control absoluto... Cincuenta y cinco coartadas famosas del viejo “si”...

 

 

 

PRÓLOGO DEL TRADUCTOR

 

 

 

“Piense y Hágase Rico”... Jamás había visto a un libro cuyo título resumiera tan perfectamente la enseñanza de una filosofía completa para el logro y la realización personal. No dudo en afirmar que todo aquél que aplique la filosofía aquí expuesta terminará relacionándose con sus pensamientos y sentimientos de una forma activa y deliberada. No será nunca más la víctima de los pensamientos que lo dominan, sino que, por el contrario, se dedicará a conocer y armonizar su modo de pensar, de sentir, y en consecuencia, de actuar.

 

La gran mayoría de las personas exitosas que he conocido, han aplicado sabiéndolo o no, los principios básicos que este libro tan magistralmente presenta. Antes de su lectura y aplicación, la vida del aspirante a riqueza (de cualquier tipo), está determinada por pensamientos que no eligió conscientemente y que no puede controlar. Sus pensamientos están condicionados a la sociedad y a los instintos.

 

Se aprende a influir positivamente sobre el pensamiento ajustándose a un método de vida, y aplicando técnicas específicas que acostumbren a armonizar y desarrollar la forma de pensar, de sentir y de actuar. Este libro le ofrece todas estas técnicas y el método necesario para hacerlo.

 

Si bien es cierto que algunos de los consejos aquí presentados pueden no adaptarse a nuestra sociedad computarizada de hoy, los trece pasos hacia la riqueza permanecerán como verdades nobles, universales e inmutables.

 

Todos los seres humanos necesitamos orientación. “Piense y Hágase Rico” abarca toda la orientación necesaria para realizar nuestro potencial de riqueza. El resultado de la orientación que Napoleón Hill nos ofrece dependerá en gran medida del discernimiento de cada uno para entenderla, de su esfuerzo por aplicarla, de su confianza para aceptarla y de su compromiso para recibirla.

 

El traductor sugiere entonces al lector que considere este libro como un texto de estudio, no un simple libro de lectura. Conozco individuos que han dedicado la mayor parte de su vida al estudio de esta obra, y como resultado han sido premiados con una vida plena, rica y llena de la satisfacciones que se derivan de un continuo crecimiento.

 

Deseamos que la sabiduría expuesta en este libro le sirva al estudiante sincero para alcanzar una relación armónica con sus propios pensamientos, y como resultado consiga cualquier tipo de riqueza que busque.

 

Aldo Lagrutta

 

El traductor

 

 

 

PALABRAS DEL AUTOR

 

 

 

En cada capítulo de este libro, que ha hecho fortunas para centenares de hombres extraordinariamente ricos a quienes he analizado de manera exhaustiva durante muchísimos años, se habla del secreto de cómo hacer dinero.

 

El secreto me lo señaló Andrew Carnegie, hace más de medio siglo. El anciano escocés, astuto y encantador, me lo lanzó sin mayor cuidado cuando yo era apenas un niño. Luego se recostó en la silla, con un destello de alegría en los ojos, y me miró detenidamente para ver si yo había comprendido todo el significado de lo que me acababa de decir.

 

Al ver que yo había captado la idea, me preguntó si estaría dispuesto a pasarme veinte años o más preparándome para ofrecérselo al mundo, a hombres y mujeres que, sin ese secreto, podían llevar una vida de fracasos. Le respondí que sí, y con la ayuda del señor Carnegie, he mantenido mi promesa.

 

Este libro contiene ese secreto, puesto a prueba por centenares de personas de casi todas las clases sociales. Fue idea del señor Carnegie que esta fórmula mágica, que le proporcionó una fortuna estupenda, debía ponerse al alcance de la gente que no tiene tiempo para investigar cómo ganan los hombres dinero, y fue su deseo que yo pusiera a prueba y demostrara la eficacia de la fórmula a través de la experiencia de hombres y mujeres de todas las vocaciones. Él opinaba que la fórmula debía enseñarse en todas las escuelas y universidades públicas, y expresaba la opinión de que, si fuese enseñada de forma adecuada, revolucionaría el sistema educativo

hasta tal punto que el tiempo que pasamos en la escuela se vería reducido a menos de la mitad.

 

En el capítulo sobre la fe, usted leerá la sorprendente historia de la organización de la gigantesca United States Steel Corporation, tal como fue concebida y llevada a cabo por uno de los jóvenes por medio de los que el señor Carnegie demostró que su fórmula funcionaría con todo el que

estuviera preparado para ella. Esta sola aplicación del secreto, ejecutada por

Charles M. Schwab, le dio una fortuna inmensa, tanto en dinero como en

 

 

 

oportunidades. Más o menos, esa particular aplicación de la fórmula le valió seiscientos millones de dólares.

 

Estos hechos, bien sabidos por la mayoría de las personas que conocieron al señor Carnegie, le dan una buena idea de lo que la lectura de este libro puede reportarle, siempre y cuando usted sepa qué es lo que quiere.

 

El secreto fue revelado a centenares de hombres y mujeres que lo han empleado para su beneficio personal, tal como el señor Carnegie había planeado. Algunos han hecho fortunas con él. Otros lo han aplicado con éxito para crear la armonía en su hogar. Un sacerdote lo empleó con tal eficacia que le reportó unos ingresos de más de 75.000 dólares anuales.

 

Arthur Nash, un sastre de Cincinnati, usó su negocio casi en bancarrota como conejillo de indias para poner a prueba la fórmula. El negocio resurgió y permitió a su dueño hacer una fortuna. Todavía continúa prosperando, aunque el señor Nash ya ha fallecido. El experimento resultó tan sorprendente que los periódicos y las revistas le hicieron publicidad muy elogiosa por valor de más de un millón de dólares.

 

El secreto fue revelado a Stuart Austin Wier, de Dallas, Texas. Él estaba preparado para recibirlo, hasta el punto de abandonar su profesión y ponerse a estudiar Derecho. ¿Tuvo éxito? También relataremos esa historia.

 

Cuando trabajaba como director de publicidad de Extensión de la

Universidad de La Salle - que entonces era apenas algo más que un nombre

- tuve el privilegio de ver cómo J. G. Chapline, presidente de la

universidad, usaba la fórmula con tanta eficacia que hizo de LaSalle una de las escuelas de extensión más importantes del país.

 

El secreto al que me refiero es mencionado no menos de un centenar de veces a lo largo de este libro. No se lo nombra directamente, ya que parece funcionar con más éxito cuando se lo descubre y expone a la vista, cuando quienes están preparados pueden captarlo en su búsqueda. Por eso, el señor Carnegie me lo señaló tan tranquilamente, sin darme su nombre específico.

 

Si usted está preparado para ponerlo en práctica, reconocerá este secreto al menos una vez en cada capítulo. Me gustaría tener el privilegio de decirle cómo sabrá si está preparado, pero eso le privaría de muchos de los

 

 

 

beneficios que recibirá cuando haga el descubrimiento por sus propios medios.

 

Si usted ha estado desanimado o ha tenido que superar dificultades extraordinarias, si ha probado y ha fracasado, si se ha visto disminuido por la enfermedad o por defectos físicos, la historia del descubrimiento de mi hijo y la aplicación de la fórmula Carnegie pueden probar ser el oasis que usted ha estado buscando en el Desierto de la Esperanza Perdida.

 

Este secreto fue utilizado por el presidente Woodrow Wilson durante la Primera Guerra Mundial. Fue revelado a cada soldado que luchó en el frente, cuidadosamente disimulado en el entrenamiento que recibieron antes de ir a luchar. El presidente Wilson me dijo que ése fue un factor importante en la obtención de los fondos necesarios para la guerra.

 

Una característica peculiar de este secreto es que quienes lo adquieren y lo emplean se ven literalmente arrastrados hacia el éxito. Si usted lo duda, lea los nombres de quienes lo han puesto en práctica, donde sea que se mencionen; constate usted mismo sus logros y convénzase.

 

¡Nunca obtendrá nada a cambio de nada! El secreto al que me refiero no se puede obtener sin pagar un precio, aunque éste sea muy inferior a su valor. No pueden alcanzarlo a ningún precio aquellos que no lo estén buscando intencionadamente. Es imposible conocerlo a la ligera, y no se puede comprar con dinero, porque viene en dos partes. Una de ellas está ya en posesión de quienes se encuentran preparados para él.

 

El secreto sirve por igual a todos aquellos que estén preparados para recibirlo. La educación no tiene nada que ver con él. Mucho antes de que yo naciera, el secreto alcanzó a ser propiedad de Thomas Alva Edison, el cual lo utilizó de manera tan inteligente que llegó a ser el inventor más importante del mundo, aunque apenas asistió a la escuela por solo tres meses.

 

El secreto fue transmitido a Edwin C. Barnes, un socio de Edison, que lo utilizó con tanta eficacia, que, aunque sólo ganaba unos doce mil dólares anuales, acumuló una gran fortuna y se retiró del mundo de los negocios cuando todavía era muy joven. Se encontrará esta historia al comienzo del primer capítulo. Usted se convencerá de que la riqueza no está más allá de su alcance; que todavía puede llegar a ser lo que anhela; que el dinero, la

 

 

 

fama, el reconocimiento y la felicidad pertenecen a todo aquel que esté preparado y decidido a tener esos beneficios.

 

¿Cómo sé todas estas cosas? Usted deberá saberlo antes de que haya terminado este libro. Quizá lo descubra en el primer capítulo, o en la última página.

 

Mientras llevaba a cabo una tarea de veinte años de investigación, con la que me había comprometido a instancias del señor Carnegie, analicé a centenares de hombres famosos, y muchos de ellos admitieron que habían acumulado su vasta fortuna mediante la ayuda del secreto de Carnegie; entre aquellos hombres se encontraban:

 

HENRY FORD WILLIAM WRIGLEY JR JOHN WANAMAKER JAMES J. HILL

GEORGE S. PARKER E. M. STATLER HENRY L. DOHERTY CYRUS H. K. CURTIS GEORGE EASTMAN

CHARLES M. SCHWAB THEODORE ROOSEVELT JOHN W. DAVIS

ELBERT HUBBARD WILBUR WRIGHT

WILLIAM JENNINGS BRYAN

 

DOCTOR DAVID STARR JORDAN J. ODGEN ARMOUR

ARTHUR BRISBANE HARRIS F. WILLIAMS

DOCTOR FRANK GUNSAULUS DANIEL WILLARD

 

 

KING GILLETTE RALPH A. WEEKS

JUEZ DANIEL T. WRIGHT JOHN D. ROCKEFELLER THOMAS A. EDISON FRANK A. VANDERLIP

F. W. WOOLWORTH

 

CORONEL ROBERT A. DOLLAR EDWARD A. FILENE

EDWIN C. BARNES ARTHUR NASH CLARENCE DARROW WOODROW WILSON WILLIAM HOWARD TAFT LUTHER BURBANK EDWARD W. BOK

FRANK A. MUNSEY ELBERT H. GARY

DOCTOR ALEXANDER GRAHAM BELL

 

JOHN H. PATTERSON

 

 

 

JULIUS ROSENWALD STUART AUSTIN WIER DOCTOR FRANK CRANE

GEORGE M. ALEXANDER

 

J. G. CHAPLINE

 

 SENADOR (US) JENNINGS RANDOLPH

 

Estos nombres representan apenas una pequeña parte de los centenares de estadounidenses famosos cuyos logros, sean financieros o de otra índole, demuestran que quienes comprenden y aplican el secreto de Carnegie alcanzan posiciones elevadas en la vida. No he conocido a nadie que, inspirado por el secreto, no alcanzara un éxito notable en el campo que hubiera elegido. Jamás conocí a ninguna persona distinguida, ni que acumulara riquezas de ninguna índole, que no estuviese en posesión del secreto. A partir de estos dos hechos he llegado a la conclusión de que el secreto es más importante, como parte del conocimiento esencial para la autodeterminación, que cualquier otro concepto que uno reciba a través de lo que se conoce como «educación».

 

¿Qué es la educación, en cualquier caso? Esto ha quedado explicado con todo detalle. En alguna parte del libro, a medida que usted vaya leyendo, el secreto al que me refiero resaltará en la página y se tornará evidente ante usted, si está preparado para ello. Cuando aparezca, lo reconocerá. Tanto si percibe el signo en el primero o en el último capítulo, deténgase un momento cuando se le presente, y celébrelo, ya que esa ocasión

representará el hito más importante de su vida.

 

Recuerde, además, a medida que vaya leyendo, que todo esto tiene que ver con hechos y no con ficción, y que su propósito consiste en transmitir una gran verdad universal mediante la cual quienes estén preparados podrán enterarse de qué hacer, y cómo. También recibirán el estímulo necesario para comenzar.

 

Como recomendación final de preparación antes de que usted empiece el primer capítulo, ¿puedo ofrecerle una breve sugerencia que tal vez le dé una clave con la que reconocer el secreto de Carnegie? Es ésta: ¡todo logro, toda riqueza ganada comienza con una idea! Si usted está preparado para el secreto, ya posee la mitad; por lo tanto, reconocerá la otra mitad con facilidad en el momento en que alcance sus pensamientos.

 

NAPOLEON HILL

Piense y Hágase Rico

Napoleón Hill

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

 

 

LOS PENSAMIENTOS SON COSAS

 

 

EL HOMBRE QUE «PENSÓ» EN LA MANERA DE ASOCIARSE CON THOMAS A. EDISON

 

 

 

Desde luego, «los pensamientos son cosas», cosas muy poderosas cuando se  combinan  con  la  exactitud  del  propósito,  la  perseverancia  y  un imperioso deseo de convertirlos en riqueza, o en otros objetos materiales. Hace algunos años, Edwin C. Barnes descubrió lo cierto que es que los hombres realmente piensan y se hacen ricos. Su descubrimiento no surgió de  pronto, sino  que  fue  apareciendo poco  a  poco,  empezando por  un ferviente deseo de llegar a ser socio del gran Edison.

 

 

Una de las características principales del deseo de Barnes es que tenía total determinación. Quería trabajar con Edison, no para él. Observe con detenimiento la descripción de cómo fue convirtiendo su deseo en realidad, y tendrá una mejor comprensión de los principios que conducen a la riqueza. Cuando apareció por primera vez en su mente, Barnes no estaba en posición de actuar según ese deseo, o

impulso del pensamiento. Dos obstáculos se interponían en su camino: No conocía a Edison, y no tenía bastante dinero para pagarse el pasaje en tren hasta Orange, New jersey.

 

 

Estas dificultades hubieran bastado para desanimar a la mayoría de los hombres en el intento de llevar a cabo el deseo. ¡Pero el suyo no era un deseo ordinario!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12

 

 

 

EL INVENTOR Y EL VAGABUNDO

 

 

Barnes se presentó en el laboratorio de Edison, y anunció que había ido a hacer  negocios  con  el  inventor. Hablando de  su  primer encuentro con Barnes, Edison comentaba años más tarde:

 

 

«Estaba de pie ante mí, con la apariencia de un vagabundo, pero había algo en su expresión que transmitía el efecto de que estaba decidido a conseguir lo que se había propuesto. Yo había aprendido, tras años de experiencia, que cuando un hombre desea algo tan imperiosamente que está dispuesto a apostar todo  su  futuro  en  una  sola  carta  para  conseguirlo,  tiene  asegurado  el triunfo. Le di la oportunidad que me pedía, porque vi que él estaba decidido a no ceder hasta obtener el éxito. Los hechos posteriores demostraron que no hubo error».

 

 

No podía haber sido el aspecto del joven lo que le proporcionara su comienzo en la oficina de Edison, ya que ello estaba definitivamente en su contra. Lo importante era lo que él pensaba.

 

 

Barnes no consiguió su asociación con Edison en su primera entrevista. Obtuvo la oportunidad de trabajar en el despacho de Edison, por un salario insignificante.   Transcurrieron   los   meses.   En   apariencia,   nada   había sucedido que  se  aproximase al  codiciado  objetivo  que  Barnes  tenía  en mente  como  su  propósito  inicial  y  decidido.  Pero  algo  importante estaba sucediendo en los pensamientos de Barnes. Intensificaba constantemente su deseo de convertirse en socio de Edison.

 

 

Los psicólogos han afirmado, con todo acierto, que «cuando uno está realmente preparado para algo, aparece». Barnes se hallaba listo para asociarse con Edison; además, estaba decidido a seguir así hasta conseguir lo que buscaba.

 

 

No se decía a sí mismo: «Oh bueno, para qué insistir? Supongo que acabaré por cambiar de idea y probaré un trabajo de vendedor». En vez de eso, se decía: «He venido aquí para asociarme con Edison, y eso es lo   que haré aunque me lleve el resto de la vida». ¡Estaba convencido de ello! ¡Qué historia tan  diferente contarían los  hombres si  adoptaran un  propósito

 

 

 

definido, y mantuvieran ese propósito hasta que el tiempo lo convirtiese en una obsesión obstinada!

 

 

Quizás el joven Barnes no lo supiera en aquel entonces, pero su determinación inconmovible, su perseverancia en mantenerse firme en su único deseo, estaba destinada a acabar con todos los obstáculos, y a darle la oportunidad que buscaba.

 

 

 

LOS ASTUTOS DISFRACES DE LA OPORTUNIDAD

 

 

Cuando la oportunidad surgió, apareció con una forma diferente y desde una dirección distinta de las que Barnes había esperado. Ése es uno de los trucos de la oportunidad. Tiene el curioso hábito de aparecer por la puerta de atrás, y a menudo viene disimulada con la forma del infortunio, o de la frustración temporal. Tal vez por eso hay tanta gente que no consigue reconocerla.

 

 

Edison acababa de perfeccionar un nuevo invento, conocido en aquella época como la Máquina de Dictar de Edison. Sus vendedores no mostraron entusiasmo por ese aparato. No confiaban en que se pudiera vender sin grandes esfuerzos. Barnes vio su oportunidad, que se había colado discretamente, oculta en un máquina estrambótica que no interesaba más que a Barnes y al inventor.

 

 

Barnes supo que podría vender la máquina de dictar de Edison. Se lo sugirió a éste, y, de inmediato, obtuvo su oportunidad. Vendió la máquina. En realidad, lo hizo con tanto éxito que Edison le dio un contrato para distribuirla y venderla por toda la nación. A partir de aquella asociación, Barnes se hizo rico, pero también consiguió algo mucho más importante: demostró que uno, realmente, puede «pensar y hacerse rico».

 

 

No tengo forma de saber cuánto dinero en efectivo reportó a Barnes su deseo. Tal vez fueran dos o tres millones de dólares, pero la cantidad, cualquiera que sea, se torna insignificante cuando se la compara con la posesión  que  adquirió  en  forma  de  conocimiento  definido  de  que  un

 

 

 

impulso intangible se puede transmutar en ganancias materiales mediante la aplicación de principios conocidos.

 

 

¡Barnes literalmente se pensóa a sí mismo en sociedad con el gran Edison! Se pensó dueño de una fortuna. No tenía nada con qué empezar, excepto la capacidad de saber lo que deseaba, y la determinación de mantenerse fiel a ese deseo hasta haberlo realizado.

 

 

 

A CASI UN METRO DEL ORO

 

 

Una de las causas más comunes del fracaso es el hábito de abandonar cuando uno se ve presa de una frustración temporal. Todos somos culpables de este error en un momento u otro.

 

 

Un tío de R. U. Darby fue presa de «la fiebre del oro» en los días en que era una fiebre endémica, y se fue al Oeste a cavar para hacerse rico. Nunca había escuchado que se ha extraido más oro de los pensamientos de los hombres que el que se ha sacado de la tierra. Obtuvo una licencia y se fue a trabajar con el pico y la pala.

 

 

Después de varios meses de trabajo fue recompensado con el descubrimiento del brillante mineral. Necesitaba maquinaria para extraer el mineral a la superficie. Con discreción, cubrió la mina, volvió sobre sus pasos a su hogar en Williamsburg, Maryland, y les habló a sus parientes y a algunos vecinos del «hallazgo». Todos reunieron el dinero necesario para la maquinaria, y la enviaron a la mina. Darby y su tío volvieron a trabajar en ella.

 

 

Extrajeron el primer carro de mineral y lo enviaron a un fundidor. ¡Las utilidades demostraron que poseían una de las minas más ricas de Colorado! Con unos pocos carros más de mineral saldarían todas las deudas. Entonces empezarían a ganar dinero en grande.

 

 

¡Hacia abajo iban los taladros! ¡Hacia arriba iban las esperanzas de Darby y de su tío! Entonces sucedió algo. ¡El filón de mineral brillante desapareció! Habían  llegado  al  final  del  arco  iris,  y  la  olla  de  oro  no  estaba  allí.

 

 

 

Perforaron en un desesperado intento para volver a encontrar la veta, pero fue en vano.

 

 

Finalmente, decidieron abandonar.

 

 

Vendieron la maquinaria a un chatarrero por unos pocos centenares de dólares,  y  tomaron  el  tren  de  vuelta  a  casa.  El  chatarrero llamó  a  un ingeniero de minas para que mirara la mina e hiciera un poco de cálculo. El ingeniero le informó de que el proyecto había fracasado porque los dueños no estaban familiarizados con las «líneas de falla». Sus cálculos indicaban que la veta reaparecería ¡casi a un metro de donde los Darby habían dejado de perforar! ¡Allí fue precisamente donde fue encontrada!

 

 

El  chatarrero  extrajo  millones  de  dólares  en  mineral  de  aquella  mina porque supo buscar el asesoramiento de un experto antes de darse por vencido.

 

 

 

«NUNCA ME DETENDRÉ PORQUE LOS HOMBRES DIGAN "NO"»

 

 

Mucho  tiempo  después,  el  Sr.  Darby  se  recuperó  sobradamente de  su pérdida, cuando descubrió que el deseo se puede transmutar en oro. Eso le ocurrió después de que ingresara en el negocio de la venta de seguros de vida.

 

 

Recordando que había perdido una inmensa fortuna por haber dejado de perforar a casi un metro del oro, Darby aprovechó esa experiencia en el trabajo que había elegido, con el sencillo método de decirse a sí mismo:

«Me detuve a casi un metro del oro, pero nunca me detendré porque me

digan "no" cuando les pida que compren un seguro».

 

 

Darby se convirtió en uno de los pocos hombres que venden un millón de dólares anuales en seguros. Su tenacidad se la debía a la lección que había aprendido del rendirse en el negocio de la mina de oro.

 

 

Antes de que el éxito aparezca en la vida de cualquier hombre, es seguro que éste se encontrará con muchas frustraciones temporales, y tal vez con

 

 

 

algún fracaso. Cuando la frustración se adueña del hombre, lo más fácil y más lógico que puede hacer es abandonar. Eso es lo que la mayoría de los hombres hace.

 

 

Más de quinientos de los hombres más prósperos en los Estados Unidos le han dicho al autor que sus mayores éxitos surgieron un paso más allá del punto en que la frustración se había apoderado de ellos. El fracaso es un embustero con un agudo sentido de la ironía y la astucia. Se deleita en hacernos tropezar cuando el éxito está casi a nuestro alcance.

 

 

 

UNA LECCIÓN DE PERSEVERANCIA DE CINCUENTA CENTAVOS

 

 

Poco después de que Darby se doctorase en la «Universidad de los Golpes Fuertes», y decidiera aprovechar su experiencia en el asunto de la mina de oro,  tuvo  la  buena  fortuna  de  estar  presente  en  una  ocasión  que  le demostró que «No» no necesariamente significa “no”.

 

 

Una tarde ayudaba a su tío a moler trigo en un viejo molino. Éste dirigía una granja grande, donde vivían cierto número de granjeros arrendatarios de color. La puerta se abrió silenciosamente, y una niña, hija de uno de los arrendatarios, entró y se situó junto a la puerta. El tío levantó la vista, miró a la niña y gritó con aspereza:

 

 

-¿Qué quieres?

 

 

-Mi mamá dice que le mande cincuenta centavos -respondió, sumisa, la niña.

 

 

-Ni hablar -replicó el tío-, y ahora vete a tu casa.

 

 

-Sí, señor -dijo la niña, pero no se movió.

 

 

El tío siguió con su trabajo, tan ocupado que no prestó atención a la niña y no se dio cuenta de que no se había marchado. Cuando volvió a levantar la mirada y la vio allí parada, gritó:

 

 

 

- ¡He dicho que te vayas a tu casa! Ahora, márchate o te daré una paliza.

 

 

-Sí, señor -dijo la niña, pero siguió inmóvil.

 

 

El tío dejó caer un saco de grano que estaba por echar en la tolva del molino, cogió una duela de barril y empezó a acercarse a la niña con una expresión en su rostro que indicaba problemas.

 

 

Darby contuvo el aliento. Estaba seguro de hallarse a punto de presenciar una agresión. Sabía que su tío tenía un temperamento feroz.

 

 

 Cuando su tío llegó donde estaba la niña, ella dio un rápido paso al frente, le miró a los ojos, y gritó con todas sus fuerzas:

 

 

- ¡Mi mamá necesita esos cincuenta centavos! El tío se detuvo, la miró unos instantes, y luego dejó lentamente la duela de barril a un lado, se metió la mano en el bolsillo, sacó medio dólar y se lo dio a la niña. Ella cogió el dinero y  se  encaminó despacio hacia la  puerta, sin  quitar los  ojos  del hombre al que acababa de vencer.

 

 

Después de que la niña se hubo marchado, el tío se sentó en una caja y permaneció mirando por la ventana durante más de diez minutos. Estaba reflexionando, sorprendido, sobre la derrota que acababa de sufrir.

 

 

Darby también se hallaba pensativo. Ésa era la primera vez en su vida que había visto a una criatura de color dominar a un blanco adulto. ¿Cómo lo había hecho? ¿Qué le había ocurrido a su tío para que perdiera su ferocidad y se volviera tan dócil como un cordero? ¿Qué extraño poder había empleado esa niña para hacerse dueña de la situación? Estas y otras preguntas similares destellaban en la mente de Darby, pero no halló las respuestas hasta muchos años después, cuando me relató la historia.

 

 

Curiosamente, el relato de esa inusual experiencia la escuché en el viejo molino; el mismo sitio donde su tío recibió esa lección.

 

 

En aquel viejo molino polvoriento, el señor Darby me relató la historia del extraño triunfo, y terminó preguntándome: ¿Cómo entiende esto? ¿Qué extraño poder tenía esa niña, para dominar por completo a mi tío?

 

 

La respuesta a esa pregunta la encontrará en los principios que se describen en este libro. La respuesta es categórica y completa. Contiene detalles e instrucciones  suficientes  para  que  cualquiera  comprenda  y  aplique  la misma fuerza con la que ella se encontró de forma accidental.

 

 

Manténgase alerta, y observará el extraño poder que acudió en ayuda de la niña. Tendrá un atisbo de ese poder en el próximo capítulo. En alguna parte del libro encontrará una idea que aguzará sus poderes receptivos, y pondrá a su alcance, para su propio beneficio, ese mismo poder irresistible. La comprensión de él puede aparecer ante usted en el primer capítulo, o tal vez surja en su conciencia más adelante. Puede presentarse en forma de una sola idea. O quizá la encuentre en la naturaleza de un plan, o en un propósito. Una vez más, puede hacerle volver sobre sus pasadas experiencias de frustración o de fracaso, para aportar alguna lección mediante la cual usted recupere todo lo que había perdido en su fracaso.

 

 

Después de haberle explicado al señor Darby el poder que la niña de color había empleado quizá sin saberlo, él repasó en seguida sus treinta años de experiencia  en  la  venta  de  seguros  de  vida,  y  estuvo  francamente  de acuerdo en que su éxito en ese campo se debía, en gran parte, a la lección que había aprendido de la pequeña.

 

 

El señor Darby señaló: “Cada vez que un posible comprador trataba de deshacerse de mí, sin comprar el seguro, yo visualizaba a la niña, parada en el viejo molino, con sus ojazos desafiantes, y me decía a mí mismo:

«Tengo que conseguir esta venta». La mejor parte de las ventas que he hecho han sido a gente que me había dicho «No»”.

 

 

El señor Darby también recordó su error al haberse detenido a un metro escaso del oro. Pero me dijo: “esa experiencia fue una bendición encubierta. Me enseñó a seguir insistiendo sin que importasen las dificultades, y fue

 

 

 

una lección que necesité aprender antes de poder tener éxito en cualquier campo”.

 

 

Esta historia del señor Darby y de su tío, de la niña y de la mina de oro, sin duda la leerán centenares de hombres que se ganan la vida vendiendo seguros de vida, y el autor desea ofrecer a todos ellos la sugerencia de que Darby le debe a esas dos experiencias su capacidad para vender más de un millón de dólares anuales en seguros de vida.

 

 

Las experiencias del señor Darby fueron bastante comunes y triviales, y, sin embargo, contienen la respuesta de su destino en la vida; por lo tanto fueron tan importantes (para él) como su propia vida. Sacó provecho de ellas porque las analizó, y supo ver lo que le enseñaban. Pero ¿qué hay del hombre que no tiene el tiempo ni la inclinación para estudiar el fracaso en busca del conocimiento que pueda conducirlo al éxito? ¿Dónde y cómo va a aprender el arte de convertir los fallos en escalones hacia la oportunidad?

 

 

Para responder a esas preguntas se ha escrito este libro.

 

 

 

TODO LO QUE USTED NECESITA ES UNA BUENA IDEA

 

 

La respuesta se expone en una descripción de trece principios, pero recuerde, a medida que vaya leyendo, que la respuesta que quizás usted está buscando a las preguntas que le han hecho reflexionar en los misterios de la vida, puede encontrarla en su propia mente, a través de alguna idea, plan o propósito que tal vez surja en su mente durante la lectura.

 

 

Una buena idea es  todo  lo  que se  necesita para alcanzar el  éxito. Los principios descritos en este libro contienen medios y maneras de crear ideas útiles.

 

 

Antes   de   seguir  adelante  con   nuestro   enfoque  para   describir  esos principios, creemos que merece la pena recibir esta importante sugerencia...

 

 

 

Cuando las riquezas empiezan a aparecer, lo hacen con tanta rapidez, y en tal abundancia, que uno se pregunta dónde habían estado escondidas durante todos esos años de necesidad.

 

 

Ésta es una afirmación sorprendente, y tanto más si tenemos en cuenta la creencia popular de que la riqueza premia sólo a quienes trabajan duro durante mucho tiempo.

 

 

Cuando usted comience a pensar y a hacerse rico, observará que la riqueza empieza a partir de un estado mental, con un propósito definido, con poco trabajo duro, o sin ninguno. Usted, y cualquier otra persona, pueden estar interesados  en  saber  cómo  adquirir  ese  estado  mental  que  atraerá  la riqueza.  He  pasado  veinticinco  años  investigando  porque  también  yo quería saber «cómo los ricos llegan a ser ricos».

 

 

Observe con mucha atención - tan pronto como domine los principios de esta manera de pensar, y empiece a seguir las instrucciones para aplicar esos principios - que su nivel económico empezará a crecer, y que todo lo que usted toque comenzará a transmutarse en haberes de su propio beneficio. ¿Imposible? ¡De ninguna manera!

 

 

Una de las mayores debilidades de la especie humana es la típica familiaridad del hombre con la palabra «imposible». Él conoce todas las reglas que no darán resultado. Sabe todas las cosas que no se pueden hacer. Este libro se escribió para quienes buscan las reglas que han hecho de otros, personas de provecho, y están dispuestos a jugárselo todo con esas reglas.

 

 

El éxito llega a todos aquellos que se ocupan de ser exitosos.

 

 

El fracaso llega a aquellos que con indiferencia se permiten a sí mismos fracasar.

 

 

El propósito de este libro es ayudar a todo el que quiera aprender el arte de transformar el enfoque de sus mentes: del fracaso al éxito.

 

 

Otra debilidad que se encuentra en conjunto en demasiadas personas es el hábito de medirlo todo, y a todos, por sus propias impresiones y creencias.

 

 

 

Quienes lean esto creerán que jamás podrán pensar y hacerse ricos, porque sus hábitos de pensamiento se han empantanado en la pobreza, el deseo, la miseria, los errores y el fracaso.

 

 

Estas personas desafortunadas me recuerdan a un chino distinguido, que fue a Estados Unidos a recibir una educación americana. Acudía a la Universidad de Chicago. Un día, el presidente Harper se encontró con ese joven oriental en el campus, se detuvo a charlar con él unos minutos, y le preguntó qué le había impresionado como la característica más notable del pueblo estadounidense.

 

 

-Bueno -replicó el estudiante -, la extraña forma de sus ojos. ¡Tienen unos ojos rarísimos!

 

 

¿Qué decimos nosotros de los chinos?

 

 

Nos negamos a creer lo que no entendemos. Pensamos tontamente que nuestras propias limitaciones son el patrón adecuado de las limitaciones. Por supuesto, los ojos de los demás «son rarísimos», porque no son iguales a los nuestros.

 

 

 

EL «IMPOSIBLE» MOTOR V8 DE FORD

 

 

Cuando Henry Ford decidió fabricar su famoso motor V8, quiso construir un motor con los ocho cilindros alojados en un solo bloque, y dio instrucciones a sus ingenieros para que produjeran un prototipo del motor. El proyecto estaba ya volcado sobre el papel, pero los ingenieros acordaron que era desde todo punto imposible embutir ocho cilindros en un motor de un solo bloque.

 

 

-Prodúzcanlo de todas maneras - dijo Ford.

 

 

-Pero ¡es imposible! - replicaron ellos.

 

 

-Adelante -ordenó Ford-, y no dejen de trabajar hasta haberlo conseguido, no importa cuánto tiempo haga falta.

 

 

 

 

Los ingenieros pusieron manos a la obra. No tenían otra opción si querían seguir formando parte del equipo de Ford. Seis meses transcurrieron sin que obtuvieran resultados. Pasaron otros seis meses, y todavía no habían conseguido nada. Los ingenieros probaron todos los planes concebibles para  llevar  a  cabo  el  proyecto,  pero  aquello  parecía  incuestionable:

¡imposible!

 

 

Al cabo de un año, Ford se reunió con los ingenieros, que volvieron a informarle de que no habían hallado manera de cumplir sus órdenes.

 

 

-Sigan con el trabajo -dijo Ford-, quiero ese motor, y lo tendré.

 

 

Continuaron haciendo pruebas, y entonces, como por arte de magia, el secreto quedó desvelado.

 

 

¡La determinación de Ford había ganado una vez más! Quizás esta historia no esté descrita con precisión de detalles, pero las circunstancias y el resultado son los correctos. Deduzca de ella, usted que desea pensar y hacerse rico, el secreto de los millones de Ford, si puede. No tendrá que buscar muy lejos. Henry Ford tuvo éxito porque comprendió y aplicó los principios del éxito. Uno de ellos es el deseo; saber lo que uno quiere. Recuerde esta historia de Ford mientras lee, y señale las líneas en que se describe el secreto de su extraordinaria proeza. Si puede hacer esto, si usted es capaz de poner el dedo en el particular grupo de principios que hicieron rico a Henry Ford, usted puede igualar sus logros en casi cualquier oficio para el que esté preparado.

 

 

 

POR QUÉ ES USTED «EL DUEÑO DE SU DESTINO»

 

 

Cuando Henley escribió sus proféticas palabras: «Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma», debería habernos informado de que nosotros somos los dueños de nuestro destino, los capitanes de nuestra alma, porque tenemos el poder de controlar nuestros pensamientos.

 

 

 

Debería habernos dicho que nuestro cerebro se magnetiza con los pensamientos   dominantes   que   llevamos   en   la   mente,   y   que,   por mecanismos que nadie conoce bien, estos «imanes» atraen hacia nosotros las fuerzas, las personas, las circunstancias de la vida que armonizan con la naturaleza de nuestros pensamientos dominantes.

 

 

Debería habernos dicho que, antes de poder acumular riquezas en abundancia, tenemos que magnetizar nuestra mente con un intenso deseo de riqueza, que hemos de tomar conciencia de la riqueza hasta que el deseo por el dinero nos conduzca a hacer planes definidos para adquirirlo.

 

 

Pero, al ser un poeta, y no un filósofo, Henley se contentó con afirmar una gran verdad de manera poética, dejando que sus lectores interpretaran el significado filosófico de sus líneas.

 

 

Poco a poco, la verdad ha ido desvelándose, hasta que ahora parece cierto que los principios descritos en este libro contienen el secreto del dominio sobre nuestro destino económico.

 

 

 

PRINCIPIOS QUE PUEDEN CAMBIAR SU DESTINO

 

 

Ahora estamos preparados para examinar el primero de esos principios. Mantenga una actitud de apertura mental y recuerde, a medida que vaya leyendo,  que   no   son   invención  de   nadie.  Son   principios  que   han funcionado para muchos hombres. Usted puede ponerlos a trabajar para su propio beneficio permanente. Verá qué fácil es.

 

 

Hace algunos años, pronuncié el discurso de la entrega de diplomas en el Salem College, en Salem, Virginia Occidental. Acentué el principio descrito en el próximo capítulo con tal intensidad, que uno de los miembros de la clase que obtendría el diploma se lo apropió, y lo convirtió en parte de su forma de ver la vida. Ese joven llegó a ser miembro del Congreso y un personaje importante en la Administración de Franklin D. Roosevelt. Me escribió una carta en la que presenta con tanta claridad su opinión sobre el principio  que   trataremos  en   el   próximo  capítulo,  que   he   decidido publicarla como introducción a dicho capítulo.

 

 

 

 

Le dará una idea a usted de los beneficios que le esperan.

 

 

 

 

 

Estimado Napoleón:

Dado que mi servicio como miembro del Congreso me ha proporcionado cierta comprensión de los problemas de hombres y mujeres, le escribo para ofrecerle una sugerencia que puede ser útil a millares de personas.

En 1922, usted pronunció un discurso en la entrega de diplomas en el Salem College, cuando yo  era  miembro de  la  clase  que  los  recibiría. En  aquel discurso, usted plantó en mí mente una idea a la que debo la oportunidad que ahora tengo de servir a la gente de mi Estado, y que será responsable, en gran medida, de cualquier éxito que yo pueda alcanzar en el futuro.

Recuerdo, como si hubiese sido ayer, la maravillosa descripción que usted hizo del método por el que Henry Ford, con muy pocos estudios, sin un

dólar, sin amigos influyentes, llegó tan alto. Entonces resolví, incluso antes de que usted hubiera acabado su discurso, que me haría un lugar en la vida, sin que importara cuántas dificultades tuviera que afrontar.

Millares de jóvenes terminarán sus estudios universitarios este año, y los años venideros. Cada uno de ellos estará buscando un mensaje tan alentador como el que yo recibí de usted. Querrán saber a dónde acudir, qué hacer, cómo  empezar  en  la  vida.  Usted  puede  decírselo,  porque  ha  ayudado  a resolver los problemas de mucha gente.

En Estados Unidos hay en la actualidad miles de jóvenes que quisieran saber cómo convertir sus ideas en dinero, gente que debe empezar desde abajo, sin

dinero, y amortizar sus pérdidas. Si alguien puede ayudarles, es usted.

Si publica el libro, me gustaría tener el primer ejemplar que salga de la imprenta, autografiado por usted.

Con mis mejores deseos, créame, cordialmente suyo,

 

 

JENNINGS RANDOLPH

 

 

 

 

 

 

Treinta y cinco años después de haber leído aquel discurso, fue un placer para mí regresar al Salem College en 1957 para hacer el discurso de la entrega de diplomas. En aquel entonces recibí el título de doctor honorario de Literatura del Salem College.

 

 

Desde aquella ocasión, en 1922, he visto prosperar a Jennings Randolph hasta llegar a ser ejecutivo de una de las más importantes líneas aéreas de la nación, un orador muy inspirado, y senador de Estados Unidos por Virginia Occidental.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TODO AQUELLO

 

 

QUE LA MENTE HUMANA PUEDA CONCEBIR

Y CREER, SE PUEDE ALCANZAR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 2

 

 

EL DESEO

 

 

EL PUNTO INICIAL DE TODO LOGRO

El primer paso hacia la riqueza

 

 

Cuando Edwin C. Barnes se bajó del tren de carga en Orange, New jersey, hace más de cincuenta años, quizás pareciese un vagabundo, ¡pero sus ideas eran las de un rey!

 

 

Mientras  se  dirigía  desde  los  rieles  del  ferrocarril  hacia  la  oficina  de Thomas A. Edison, su cerebro trabajaba sin parar. Se veía a sí mismo de pie en presencia de Edison. Se oía pidiéndole a Edison la oportunidad de llevar a cabo la única obsesión imperiosa de su vida, el deseo ardiente de llegar a ser socio en los negocios del gran inventor.

 

 

¡El deseo de Barnes no era una esperanza! ¡No era un deseo insignificante! Era un deseo vehemente, palpitante, que lo trascendía todo. Era una firme determinación.

 

 

Algunos años después, Edwin C. Barnes volvió a pararse frente a Edison, en la misma oficina en qué se había encontrado por primera vez con el inventor. En esta ocasión, el deseo se había convertido en realidad. Era socio de Edison. El sueño dominante de su vida se había hecho realidad.

 

 

Barnes tuvo éxito porque eligió un objetivo definitivo, y  puso toda su energía, toda su fuerza de voluntad, todos sus esfuerzos, todo, en pos de ese objetivo.

 

 

 

 

 

 

EL HOMBRE QUE QUEMÓ PUENTES

 

 

Pasaron  cinco  años  antes  de  que  apareciera  la  oportunidad  que  había estado buscando. Para todos, excepto para él, sólo parecía una parte más del engranaje de los negocios de Edison, pero en su interior, él fue el socio de Edison cada minuto del tiempo, desde el primer día en que empezó a trabajar allí.

 

 

Es  una ejemplificación notable del poder de un deseo del cual se  está seguro. Barnes consiguió su objetivo porque deseaba ser socio de Edison más que ninguna otra cosa. Creó un plan con el que alcanzar su propósito, pero quemó todos los puentes tras de sí. Se mantuvo firme en su deseo hasta que éste se convirtió en la dominante obsesión de su vida y, finalmente, en un hecho.

 

 

Cuando viajó a Orange, no se dijo a sí mismo: «Trataré de convencer a Edison de que me dé algún tipo de trabajo», sino: «Voy a ver a Edison para explicarle que he venido a hacer negocios con él».

 

 

No se dijo: «Estaré alerta ante cualquier otra oportunidad, en caso de que no consiga lo que quiero en la organización de Edison», sino: «No hay más que una cosa en este mundo que estoy decidido a conseguir, y es asociarme con  Edison en  sus  negocios. Quemaré todos  los  puentes tras de mí, y apostaré mi futuro a mi capacidad para conseguir lo que quiero».

 

 

No se planteó en ningún momento retroceder. ¡Tenía que triunfar o morir!

¡Ésa es toda la historia del éxito de Barnes!

 

 

 

EL INCENTIVO QUE CONDUCE A LA RIQUEZA

 

 

Hace mucho tiempo, un gran guerrero afrontó una situación que requería de él una decisión que garantizara su éxito en el campo de batalla. Estaba a punto de enviar sus tropas contra un enemigo poderoso, cuyos hombres superaban a los suyos en número. Embarcó a sus soldados, navegó hacia el

 

 

 

país enemigo, desembarcó soldados y equipos, y dio la orden de quemar las  embarcaciones que  los  habían llevado  hasta  allí.  Al  dirigirse a  sus hombres antes de la primera batalla, dijo: «Vean cómo los barcos se convierten en humo. ¡Eso significa que no podremos dejar estas playas vivos a menos que ganemos! ¡Ahora no tenemos opción: venceremos o moriremos!».

 

 

Vencieron.

 

 

Cada persona que vence en cualquier empresa debe estar dispuesta a quemar sus naves y eliminar todas las posibilidades de dar marcha atrás. Sólo así puede tener la seguridad de mantener ese estado mental conocido como deseo ardiente de ganar, esencial para el éxito.

 

 

La   mañana   siguiente   al   gran   incendio   de   Chicago,   un   grupo   de comerciantes se quedó de pie en State Street, observando los restos humeantes de lo que habían sido sus tiendas. Organizaron una reunión para decidir si tratarían de reconstruirlas o abandonarían Chicago para volver a empezar en algún lugar del país más prometedor. Llegaron a una decisión, todos menos uno: abandonar Chicago. El comerciante que decidió quedarse y  reconstruir su  negocio señaló con  el dedo los  restos de su tienda, y dijo: «Caballeros, en este mismo sitio construiré la tienda más grande del mundo, no importa las veces que pueda quemarse».

 

 

Eso fue hace casi un siglo. La tienda fue construida. Todavía sigue en pie, una torre, un monumento al poder de ese estado mental conocido como deseo ardiente. Lo más sencillo que Marshall Field podría haber hecho era imitar a sus colegas. Cuando las perspectivas se mostraban difíciles, y el futuro parecía sombrío, se retiraron adonde las cosas parecían más fáciles.

 

 

Fíjese bien en la diferencia entre Marshall Field y los demás comerciantes, porque es la misma diferencia que distingue a casi todos los que tienen éxito de aquellos que fracasan.

 

 

Todo ser humano que alcanza la edad de comprender la razón de ser del dinero, quiere dinero. Quererlo no basta para acumular riqueza. Pero desear la riqueza con un estado mental que se convierte en una obsesión, y luego

 

 

 

planificar formas y medios definidos para adquirirla, y ejecutar esos planes con una perseverancia que no acepte el fracaso, atraerá la riqueza.

 

 

 

SEIS MANERAS DE CONVERTIR EL DESEO EN ORO

 

 

El  método por  el  que  el  deseo  de  riqueza se  puede transmutar en  su equivalente monetario consiste en seis pasos prácticos y definidos, que son los siguientes:

 

 

PRIMERO: determine la cantidad exacta de dinero que desea. No basta con decir: «Quiero mucho dinero». Sea específico en cuanto a la cantidad. (Hay una razón psicológica para esta precisión, que describiremos en un capítulo próximo.)

 

 

SEGUNDO: determine con exactitud lo que se propone dar a cambio del dinero que desea. (No se recibe algo por nada.)

 

 

TERCERO: establezca un plazo determinado en el que se propone poseer el dinero que desea.

 

 

CUARTO: cree un plan preciso para llevar a cabo su deseo, y empiece de inmediato, sin que importe si se halla preparado o no, a poner el plan en acción.

 

 

QUINTO: escriba una declaración clara y concisa de la cantidad de dinero que se propone adquirir, apunte el tiempo límite para esta adquisición, aclare lo que se propone dar a cambio del dinero, y describa con exactitud el plan mediante el que se propone acumularlo.

 

 

SEXTO: lea su declaración en voz alta, dos veces al día, una vez antes de acostarse, y otra, al levantarse. Mientras lee, vea, sienta y piénsese ya en

‘posesión del dinero’.

 

 

Es importante que siga las instrucciones descritas en estos seis pasos. En especial observe y siga las instrucciones del sexto paso. Tal vez se queje de que le resulta imposible «verse en posesión del dinero» antes de tenerlo

 

 

 

realmente. Aquí es donde el deseo ardiente acudirá en su ayuda. Si usted realmente desea el dinero con tanta vehemencia que su deseo se ha convertido en una obsesión, no tendrá dificultad en convencerse de que lo adquirirá. El caso es desear el dinero, y llegar a estar tan determinado a poseerlo que se convenza de que lo tendrá.

 

 

 

¿PUEDE IMAGINARSE QUE ES USTED MILLONARIO?

 

 

Para el no iniciado, que no se ha educado en los principios fundamentales de la mente humana, quizás estas instrucciones parezcan poco prácticas. Para quienes no consigan reconocer la validez de estos seis puntos, puede ser útil saber que la información que difunden fue revelada por Andrew Carnegie, el cual empezó como un obrero común en una siderúrgica; pero se las arregló, pese a sus humildes comienzos, para que estos principios le rindieran una fortuna de más de cien millones de dólares.

 

 

Como ayuda adicional quizá le sirva saber que los seis puntos recomendados aquí fueron cuidadosamente estudiados por el difunto Thomas A. Edison, que puso su sello de aprobación en ellos por ser esenciales no sólo para la acumulación de dinero, sino para la consecución de cualquier objetivo.

 

 

Estos pasos no requieren «trabajo duro». Tampoco sacrificio. No exigen que uno se vuelva ridículo, ni crédulo. Para utilizarlos no hace falta educación superior. Pero la aplicación eficaz de estos seis pasos exige la suficiente imaginación que nos permita ver y comprender que la acumulación de dinero no se puede dejar al azar, a la buena suerte o al destino. Uno debe darse cuenta de que todos los que han acumulado grandes fortunas primero han soñado, deseado, anhelado, pensado y planificado antes de haber adquirido el dinero.

 

 

Llegados a este punto, usted sabrá también que nunca tendrá riquezas en grandes cantidades a menos que pueda llegar a ser la viva expresión del deseo ardiente por el dinero, y que realmente crea que lo poseerá.

 

 

 

EL PODER DE LOS GRANDES SUEÑOS

 

 

A quienes nos encontramos en esta carrera hacia la riqueza debe animarnos saber que este mundo cambiante exige nuevas ideas, nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos líderes, nuevos inventos, nuevos métodos de enseñanza, nuevos métodos de venta, nuevos libros, literatura nueva, nuevos programas de televisión, nuevas ideas para el cine. Tras toda esta demanda de cosas nuevas y mejores hay una cualidad que uno debe poseer para ganar, y es la claridad del propósito, el conocimiento exacto de lo que uno quiere, y un deseo ardiente de poseerlo.

 

 

Los que deseamos acumular riqueza debemos recordar que los verdaderos líderes del mundo han sido siempre hombres que han sabido dominar, para su uso práctico, las fuerzas invisibles e intangibles de la oportunidad que está por surgir, y han convertido esas fuerzas (o impulsos de pensamiento) en rascacielos, fábricas, aviones, automóviles, y toda forma de recurso que hace la vida más placentera.

 

 

Al planear la adquisición de su porción de riqueza, no se deje influir por quienes menosprecien sus sueños. Para lograr grandes ganancias en este mundo cambiante, uno debe captar el espíritu de los grandes pioneros del pasado, cuyos sueños le han dado a la civilización todo lo que tiene de valioso,  el  espíritu que  infunde energía en  nuestro propio país,  en  las oportunidades de usted y en las mías, para alimentar y vender nuestro talento.

 

 

Si lo que usted quiere hacer está bien, y usted cree en ello, ¡adelante, hágalo! Lleve a cabo sus sueños, y no haga caso de lo que «los demás» puedan decir si usted se topa en algún momento con dificultades, ya que tal vez

«los demás» no sepan que cada fracaso lleva consigo la semilla de un éxito equivalente.

 

 

Thomas Edison soñaba con una lámpara que funcionara con electricidad, empezó a poner su sueño en acción, y pese a sus más de diez mil fracasos, mantuvo su sueño hasta que lo convirtió en una realidad física. ¡Los soñadores prácticos no se rinden!

 

 

 

Whelan, que soñaba con una cadena de tiendas de cigarros, transformó su sueño en acción, y ahora las United Cigar Stores ocupan algunas de las mejores esquinas de las ciudades estadounidenses.

 

 

Los hermanos Wright soñaron con una máquina que volara por el aire. Ahora podemos ver en todo el mundo que sus sueños se han cumplido.

 

 

Marconi soñaba con un sistema para dominar las intangibles fuerzas del éter. Las pruebas de que no soñaba en vano podemos encontrarlas en cada aparato de radio y de televisión que hay en el mundo. Quizá le interese saber que los «amigos» de Marconi lo pusieron bajo custodia, y fue examinado en un hospital para psicópatas cuando anunció que había descubierto un principio mediante el cual podría enviar mensajes a través del   aire,   sin   la   ayuda   de   cables   ni   ningún   otro   medio   físico   de comunicación. A los soñadores de hoy en día les va mejor. El mundo está lleno de una abundancia de oportunidades que los soñadores del pasado jamás conocieron.

 

 

 

CÓMO HACER QUE LOS SUEÑOS DESPEGUEN DE LA PLATAFORMA DE LANZAMIENTO

 

 

Un deseo ardiente de ser y de hacer es el punto inicial desde el que el soñador debe lanzarse. Los sueños no nacen de la indiferencia, pereza, o falta de ambición.

 

 

Recuerde que todos los que consiguen triunfar tienen un mal comienzo y pasan por muchas dificultades antes de «llegar». El cambio en la vida de la gente de éxito suele surgir en el momento de alguna crisis, a través de la cual les es presentado su «otro yo».

 

 

John Buynan escribió Pilgrim's Progress, que se cuenta entre lo mejor de la literatura inglesa, después de haber estado confinado en prisión y haber sido duramente castigado a causa de sus ideas sobre la religión.

 

 

O. Henry descubrió el genio que dormía en su interior después de haber conocido  graves  infortunios,  y  estar  encarcelado  en  Columbus,  Ohio.

 

 

 

Forzado a través de la desgracia a conocer a su «otro yo», y a usar su imaginación, descubrió que era un gran autor en  vez  de un miserable criminal y marginado social.

 

 

Charles Dickens empezó pegando etiquetas en latas de betún. La tragedia de su primer amor penetró las profundidades de su alma para convertirlo en uno de los más grandiosos autores del mundo. Esa tragedia produjo primero David Coperfield, y  luego una sucesión de obras que hacen un mundo mejor y más rico a todo el que lee sus libros.

 

 

Hellen Keller se quedó sorda, muda y ciega después de nacer. Pese a su terrible desgracia, ha escrito su nombre con letras indelebles en las páginas de la historia de los grandes. Toda su vida ha sido la demostración de que nadie está derrotado mientras no acepte la derrota como una realidad.

 

 

Robert  Burns  era  un  campesino  analfabeto.  Sufrió  la  maldición  de  la pobreza y creció para ser un borracho. El mundo fue mejor gracias a su vida, porque vistió de prendas hermosas sus pensamientos poéticos, y, por tanto, arrancó un espino para plantar un rosal en su lugar.

 

 

Beethoven era sordo, y Milton ciego, pero sus nombres perdurarán en el tiempo, porque soñaron y tradujeron sus sueños en ideas organizadas.

 

 

Hay una diferencia entre suspirar por algo y hallarse preparado para recibirlo. Nadie se encuentra listo para nada hasta que no crea que puede adquirirlo. El estado mental debe ser la convicción, y no la mera esperanza o anhelo. La mente abierta es esencial para creer. La mente cerrada no inspira fe, ni coraje, ni convicción.

 

 

Recuerde, no se requiere más esfuerzo para apuntar alto en la vida, para reclamar abundancia y  prosperidad, del que hace falta para aceptar la miseria  y  la  pobreza. Un  gran  poeta  ha  expresado acertadamente esta verdad universal en unas pocas líneas:

 

 

 

“Hice un pacto con la Vida por un penique, y la Vida no me dio más.

Sin embargo, le imploré a la noche cuando contaba mis escasos bienes.

 

 

“Porque la Vida es un empleador justo, Te da lo que le pides,

Pero cuando has fijado el precio,

Debes aguantar la tarea.

 

 

“Trabajé por un salario insignificante, Sólo para descubrir, perplejo,

Que cualquier paga que hubiera pedido a la Vida, ésta me la hubiese pagado de buen grado.”

 

 

EL DESEO ES MÁS LISTO QUE LA MADRE NATURALEZA

 

 

Como culminación adecuada de este capítulo quiero presentar a una de las personas más excepcionales que he conocido. Lo vi por primera vez pocos minutos después de que hubiera nacido. Vino a este mundo sin ningún rastro físico de oído, y el médico admitió, cuando le pedí su opinión sobre el caso; que el niño sería sordo y mudo toda la vida.

 

 

Me opuse a la opinión del médico. Estaba en mi derecho. Yo era el padre del niño. Tomé una decisión y me formé una opinión, pero expresé esa opinión en silencio, en el fondo de mi corazón.

 

 

En mi interior supe que mi hijo oiría y hablaría. ¿Cómo? Estaba seguro de que tenía que haber una manera, y sabía que la encontraría. Pensé en las palabras del inmortal Emerson: «El curso de las cosas acontece para enseñarnos la fe. Sólo necesitamos estar atentos. Hay indicadores, claves, para cada uno de nosotros, y si escuchamos con humildad, oiremos la palabra justa».

¿La palabra justa? ¡Deseo! Mucho más que ninguna otra cosa, yo deseaba

que mi hijo no fuera sordomudo. De ese deseo no me alejé jamás, ni por un segundo.

 

 

 

¿Qué podía hacer? Encontraría alguna forma de trasplantar a ese niño mi propio deseo ardiente de dar con maneras y medios de hacer llegar el sonido a su cerebro sin la ayuda de los oídos.

 

 

Tan pronto como el niño fuese lo bastante mayor para cooperar, le llenaría la  cabeza  de  tal  manera  de  ese  deseo  ardiente,  que  la  naturaleza  lo traduciría en realidad con sus propios métodos.

 

 

Todos estos pensamientos pasaron por mi mente, pero no hablé de ello con nadie. Cada día renovaba la promesa que me había hecho a mí mismo de que mi hijo no sería sordomudo.

 

 

Cuando creció y empezó a percibir las cosas que lo rodeaban, notamos que mostraba débiles indicios de que oía. Cuando alcanzó la edad en que los niños suelen empezar a emitir palabras, no hizo intento alguno de hablar, pero de sus actos podíamos deducir que percibía ciertos sonidos. ¡Eso era todo lo que yo quería saber! Estaba convencido de que, si podía oír, aunque fuese débilmente, sería capaz de desarrollar una mayor capacidad auditiva. Entonces  sucedió  algo  que  me  llenó  de  esperanza.  Surgió  de  algo totalmente inesperado.

 

 

 

UN «ACCIDENTE» QUE TRANSFORMÓ UNA VIDA

 

 

Compramos un fonógrafo. Cuando el niño oyó la música por primera vez, entró en éxtasis, y muy pronto se apropió del aparato. En una ocasión estuvo poniendo un disco una y otra vez, durante casi dos horas, de pie delante del fonógrafo, mordiendo un borde de la caja. La importancia de esa costumbre que adquirió no se nos hizo patente sino hasta años después, ya que nunca habíamos oído hablar del principio de la «conducción ósea» del sonido.

 

 

Poco después de que se apropiase del fonógrafo, descubrí que podía oírme con claridad cuando le hablaba con los labios junto a su hueso mastoideo, en la base del cráneo.

 

 

 

Una vez hube descubierto que podía oír perfectamente el sonido de mi voz, empecé de inmediato a transferirle mi deseo de que oyese y hablase. Pronto descubrí que el niño disfrutaba cuando yo le contaba cuentos antes de dormirse, de modo que me puse a trabajar para idear historias que estimularan su confianza en sí mismo, su imaginación, y un agudo deseo de oír y de ser normal.

 

 

Había un cuento en particular, en el que yo hacía hincapié dándole un renovado matiz dramático cada vez que se lo contaba. Lo había inventado para sembrar en su mente la idea de que su dificultad no era una pesada carga, sino  una ventaja de gran valor. Pese al  hecho de que todas las maneras de pensar que yo había examinado indicaban que cualquier adversidad contiene la semilla de una ventaja equivalente, debo confesar que no tenía ni la menor idea de cómo se podía convertir esa dificultad en una ventaja.

 

 

 

¡GANÓ UN MUNDO NUEVO CON SEIS CENTAVOS!

 

 

Al analizar la experiencia retrospectivamente, puedo ver que su fe en mí tuvo mucho que ver con los sorprendentes resultados. Él no cuestionaba nada que yo le dijera. Le vendí la idea de que tenía una ventaja original sobre  su  hermano  mayor,  y  que  esa  ventaja  se  reflejaría  de  muchas maneras. Por ejemplo, los maestros en la escuela se darían cuenta de que no tenía oído, y por ese motivo le dedicarían una atención especial y lo tratarían con una amabilidad y una benevolencia extraordinarias. Siempre lo hicieron. También le vendí la idea de que cuando fuese lo bastante mayor para vender periódicos (su hermano mayor era ya vendedor de periódicos), tendría una gran ventaja sobre su hermano, porque la gente le pagaría  más  por  su  mercancía,  debido  a  que  verían  que  era  un  niño brillante y emprendedor pese al hecho de carecer de audición.

Cuando tenía unos siete años, mostró la primera prueba de que nuestro método de apoyo rendía sus frutos. Durante varios meses imploró el privilegio de vender periódicos, pero su madre no le daba el consentimiento.

 

 

 

Entonces se ocupó por su cuenta del asunto. Una tarde en que estaba en casa con los sirvientes, trepó por la ventana de la cocina, se deslizó hacia fuera, y sé estableció por su cuenta. Le pidió prestados seis centavos al zapatero del vecindario, los invirtió en periódicos, los vendió, reinvirtió el capital, y  repitió la  operación hasta el  anochecer. Después de  hacer el balance de sus negocios, y de devolverle a su banquero los seis centavos que le había prestado, se encontró un beneficio de cuarenta y dos centavos. Cuando volvimos a casa aquella noche, lo encontramos durmiendo en su cama, apretando el dinero en un puño.

 

 

Su madre le abrió la mano, cogió las monedas y se puso a llorar. Me sorprendió. Llorar por la primera victoria de su hijo me pareció fuera de lugar. Mi reacción fue la inversa. Reí de buena gana, porque supe que mi empresa de inculcar en la mente de mi hijo una actitud de fe en sí mismo había tenido éxito.

 

 

Su madre veía a un niño sordo que, en su primera aventura comercial, se había escapado a la calle y había arriesgado su vida para ganar dinero. Yo veía un hombrecito de negocios valiente, ambicioso y lleno de confianza en sí mismo, cuyo valor intrínseco se había incrementado en un cien por cien, al haber ido a negociar por su cuenta y haber ganado. La transacción me agradó, porque había dado pruebas de una riqueza de recursos que lo acompañaría toda su vida.

 

 

 

EL PEQUEÑO NIÑO SORDO QUE OYÓ

 

 

El pequeño sordo asistió a la escuela, al instituto y a la universidad, sin que fuese capaz de oír a sus maestros, excepto cuando le gritaban fuerte, a corta distancia. No asistió a una escuela para sordos. No le permitimos que aprendiese el lenguaje de los sordomudos. Habíamos decidido que viviese una vida normal, y mantuvimos esa decisión, aunque nos costó muchas discusiones acaloradas con funcionarios escolares.

 

 

Cuando estaba en el bachillerato, probó un aparato eléctrico para mejorar la audición, pero no le dio resultado.

 

 

 

Durante su última semana en la universidad, sucedió algo que marcó el hito más importante de su vida. En lo que pareció una mera casualidad, entró en posesión de otro aparato eléctrico para oír mejor, que le enviaron para probar. Estuvo indeciso en probar el aparato, debido a su desilusión con otro similar. Finalmente lo cogió, se lo puso en la cabeza, le conectó las baterías, y ¡sorpresa!, como por arte de magia, su deseo de toda la vida de oír normalmente se convirtió en realidad. Por primera vez oía tan bien como cualquier persona con audición normal.

 

 

Rebosante de alegría con el mundo diferente que acababa de percibir a través de ese aparato auditivo, se precipitó al teléfono, llamó a su madre, y oyó su voz a la perfección. Al día siguiente oía con claridad las voces de sus profesores en clase, ¡por primera vez en su vida! Por primera vez en su vida también, mi hijo podía conversar con la gente, sin necesidad de que le hablaran con voz de trueno. Realmente, había entrado en posesión de un mundo distinto.

 

 

El deseo había comenzado a pagar dividendos, pero la victoria todavía no estaba completa. El muchacho tenía que encontrar todavía una manera definida y práctica de convertir su desventaja en una ventaja equivalente.

 

 

 

IDEAS QUE OBRAN MILAGROS

 

 

Sin apenas darse cuenta de la importancia de lo que acababa de obtener, pero embriagado con la alegría del descubrimiento de ese mundo de sonidos,   escribió   una   entusiasta   carta   al   fabricante   del   audífono, relatándole su experiencia. Algo en ella hizo que la compañía lo invitase a Nueva  York.  Cuando llegó,  lo  llevaron  a  visitar  la  fábrica,  y  mientras hablaba con el ingeniero jefe, contándole de su mundo recién descubierto, una corazonada, una idea o una inspiración, llámesela como se quiera, destelló en su cerebro. Era ese impulso del pensamiento que convertía su dificultad en una ventaja, destinada a pagar dividendos en dinero y en felicidad por millares durante todo el tiempo venidero.

 

 

El resumen y el núcleo de ese impulso de pensamiento era así: se le ocurrió que él podría ser de gran ayuda para los millones de sordos que viven sin

 

 

 

el beneficio de audífonos si pudiera encontrar una manera de relatarles la historia de su transformado mundo.

 

 

Durante un mes entero llevó a cabo una intensa investigación, durante la cual analizó todo el sistema de ventas del fabricante de audífonos e ideó formas y medios de comunicarse con aquellos con dificultades para la audición  en  todo  el  mundo,  decidido  a  compartir  con  ellos  su  nuevo mundo recién descubierto. Una vez lo tuvo hecho, puso por escrito un plan bienal, basado en sus investigaciones. Cuando lo presentó a la compañía, al momento le dieron un puesto de trabajo para que llevara a cabo su ambición.

 

 

Poco  había soñado, cuando empezó a  trabajar, que  estaba destinado a llevar  esperanza  y  alivio  a  millares  de  sordos  que,  sin  su  ayuda,  se hubieran visto condenados para siempre a la sordera.

 

 

No me cabe duda de que Blair hubiera sido sordomudo toda su vida si su madre y yo no nos las hubiésemos ingeniado para formar su mente tal como lo hicimos.

 

 

Cuando sembré en su interior el deseo de oír y de hablar, y de vivir como una persona normal, alguna extraña influencia hubo en ese impulso que hizo que la naturaleza tendiese una especie de puente para salvar el golfo del silencio que separaba su cerebro del mundo exterior.

 

 

En verdad, el deseo ardiente tiene maneras tortuosas de transmutarse en su equivalente  físico.  Blair  deseaba  una  audición  normal;  ¡ahora  la  tiene! Nació con una minusvalía que fácilmente hubiera desviado a alguien, con un deseo menos definido, a la calle, con un puñado de lápices en una mano y una lata vacía en la otra.

 

 

La pequeña «mentira piadosa» que sembré en su mente cuando él era un niño, llevándolo a creer que su defecto se convertiría en una gran ventaja que podría capitalizar, se justificó sola. Ciertamente, no hay nada, correcto o equivocado, que la confianza, sumada a un deseo ardiente, no pueda hacer real. Estas cualidades están al alcance de todos.

 

 

 

 

LA «QUÍMICA MENTAL» HACE MAGIA

 

 

Un breve párrafo en un despacho de noticias en relación con madame Schumann-Heink da  la  clave  del  estupendo  éxito  de  esta  mujer  como cantante. Cito el párrafo porque la clave que contiene no es otra que el deseo.

 

 

Al comienzo de su carrera, madame Schumann-Heink visitó al director de la ópera de Viena para que le hiciera una prueba de voz. Pero él no la probó. Después de echar un vistazo a la desgarbada y pobremente vestida muchacha, exclamó, nada cordial: “Con esa cara, y sin ninguna personalidad, ¿cómo espera tener éxito en la ópera? Señorita, olvide esa idea. Cómprese una máquina de coser, y póngase a trabajar. Usted nunca podrá ser cantante.”

 

 

¡Nunca es demasiado tiempo! El director de la ópera de Viena sabía mucho sobre la técnica del canto. Sabía muy poco del poder del deseo, cuando éste asume las proporciones de una obsesión. Si hubiera conocido mejor ese poder, no hubiese cometido el error de condenar el genio sin darle una oportunidad.

 

 

Hace varios años, uno de mis socios enfermó. Se puso cada vez peor a medida que el tiempo transcurría, y finalmente, lo llevaron al hospital para operarlo. El médico me advirtió que había muy pocas posibilidades de que yo volviera a verlo con vida. Pero ésa era la opinión del médico, y no la del paciente. Poco antes de que se lo llevaran al quirófano, me susurró con voz débil: «No se preocupe, jefe, en pocos días habré salido de aquí». Una enfermera me miró apenada. Pero el paciente se recuperó satisfactoriamente. Cuando todo hubo terminado, su médico me dijo: «No lo salvó otra cosa que su deseo de vivir. Nunca hubiera salido de este trance si no se hubiese negado a aceptar la posibilidad de la muerte».

 

 

Creo en el poder del deseo respaldado por la fe, porque he visto cómo ese poder elevaba a hombres desde comienzos humildes a posiciones de poder y riqueza; lo he visto cómo saqueaba la tumba de sus víctimas; cómo servía de medio para que los hombres llevaran a cabo su rehabilitación después

 

 

 

de haber fracasado en un centenar de formas distintas; lo he visto darle a mi propio hijo una vida normal, feliz y llena de éxito, a pesar de que la naturaleza lo enviase a este mundo sin oído.

 

 

¿Cómo se puede dominar y usar el poder del deseo? Eso queda explicado en este capítulo y los subsiguientes de este libro.

 

 

Mediante algún extraño y poderoso principio de «química mental» que nunca ha divulgado, la naturaleza envuelve en el impulso del deseo ardiente «ese algo» que no reconoce la palabra «imposible», ni acepta el fracaso como realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NO HAY LIMITACIONES

 

 

PARA LA MENTE EXCEPTO LAS QUE ACEPTAMOS.

********************************* TANTO LA POBREZA

Y LA RIQUEZA SON VÁSTAGOS

DEL PENSAMIENTO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

 

 

LA FE

 

 

 

 

 

 

 

VISUALIZACIÓN Y CREENCIA EN LA CONSECUCIÓN DEL DESEO

El segundo paso hacia la riqueza

 

 

La fe es el elemento químico primordial de la mente. Cuando la fe se mezcla con el pensamiento, el subconsciente capta la vibración, la traduce en su equivalente espiritual, y la transmite a la Inteligencia Universal, como en el caso de la plegaria.

 

 

Las emociones de la fe, el amor y el sexo son las más poderosas entre las principales  emociones  positivas.  Cuando  se  mezclan  las  tres,  tienen  el efecto de  «colorear» el  pensamiento de  tal  manera que éste  alcanza al momento el subconsciente, y allí se transforma en su equivalente espiritual, la única forma que induce una respuesta de la Inteligencia Infinita.

 

 

 

CÓMO DESARROLLAR LA FE

 

 

Tenemos un planteamiento que le ayudará a comprender mejor la importancia que el principio de autosugestión asume en la transmutación del deseo en su equivalente físico o monetario: la fe es un estado mental que se puede inducir, o crear, con la afirmación o con las repetidas instrucciones al subconsciente, a través del principio de autosugestión.

 

 

Como ejemplo, considere el propósito por el que presumiblemente usted está leyendo este libro. El objetivo es, por supuesto, adquirir la capacidad de  transmutar  el  pensamiento intangible  del  impulso  del  deseo  en  su

 

 

 

contrapartida física, el dinero. Al llevar a cabo las instrucciones descritas en los capítulos sobre la autosugestión y el subconsciente, resumidas en el capítulo de la autosugestión, usted puede convencer al subconsciente de que cree que recibirá lo que está pidiendo, y ello actuará en esa creencia, que su subconsciente le devolverá en forma de «fe», acompañada de planes precisos para procurar eso que usted desea.

 

 

La fe es un estado mental que usted puede incrementar a voluntad, una vez que  haya dominado los  trece principios, porque se  trata de  un  estado mental que crece voluntariamente, a través de la aplicación de esos principios.

 

 

La repetición de la afirmación de órdenes a su subconsciente es el único método conocido del crecimiento voluntario de la emoción de la fe.

 

 

Quizás el concepto le quede más claro con la siguiente explicación de la forma en que los hombres, a veces, se convierten en criminales. Para decirlo con las palabras de un famoso criminólogo, «Cuando los hombres entran por primera vez en contacto con el crimen, éste les repugna. Si siguen en contacto con él durante algún tiempo, se acostumbran, y lo toleran. Y si permanecen en contacto con el crimen durante el tiempo suficiente, acaban por aceptarlo y se dejan influir por él».

 

 

Es el equivalente de decir que cualquier impulso de pensamiento que sea repetidamente encauzado hacia el subconsciente resulta aceptado e influye en el subconsciente, que procede a traducir ese impulso en su equivalente físico por el procedimiento más práctico que halle disponible.

 

 

En relación con esto, vuelva a considerar la proposición de que todos los pensamientos que han sido «emocionalizados» (cargados emocionalmente) y mezclados con la fe empiezan inmediatamente a traducirse en su equivalente física o en su contrapartida. Las emociones, o la porción «sentimental» de los  pensamientos, son  los  factores  que  dan  vitalidad  y  acción  a  éstos. Mezcladas con cualquier impulso de pensamiento, las emociones de la fe, el amor y el sexo le añaden más energía de la que tendría por sí sola.

 

 

 

No sólo los impulsos de pensamiento que se hayan mezclado con la fe, sino los que se mezclan con cualquiera de las emociones positivas, o de las negativas, pueden alcanzar el subconsciente, e influir en él.

 

 

 

NADIE ESTÁ «CONDENADO» A LA MALA SUERTE

 

 

A partir de esta afirmación, usted comprenderá que el subconsciente traducirá   en   su   equivalente  físico   un   impulso   de   pensamiento  de naturaleza negativa o destructiva con tanta facilidad como actuaría con pensamientos de naturaleza positiva o constructiva. Esto explica el extraño fenómeno    que    millones    de    personas    experimentan,    denominado

«infortunio» o «mala suerte».

 

 

Hay millones de personas que se creen «condenadas» a la pobreza y al fracaso, por culpa de alguna fuerza extraña que creen no poder controlar. Ellos son los creadores de su propio «infortunio», a causa de esta creencia negativa, que su subconsciente adopta y traduce en su equivalente físico.

 

 

Este es un momento apropiado para sugerirle de nuevo que usted puede beneficiarse, transmitiendo a su subconsciente cualquier deseo que quiera traducir en su equivalente físico o monetario, en un estado de esperanza o convicción de que la transmutación tendrá lugar. Su convicción, o su fe, es el elemento que determina la acción de su subconsciente. No hay nada que le impida «engañar» a su subconsciente al darle instrucciones a través de la autosugestión, tal como yo «engañé» al subconsciente de mi hijo.

 

 

Para llevar a cabo este «engaño» de manera más realista, cuando se dirija a su subconsciente, compórtese tal como lo haría si ya estuviera en posesión del objeto material que está pidiendo.

 

 

Su  subconsciente traducirá en  su  equivalente físico,  por  el  medio  más práctico y directo, cualquier orden que se le dé en un estado de convicción o de fe en que la orden se llevará a cabo.

 

 

Sin duda, se ha dicho bastante para señalar un punto de partida desde el cual uno puede, mediante la experimentación y la práctica, adquirir la

 

 

 

capacidad de mezclar la fe con cualquier orden que se le dé al subconsciente. La perfección surgirá a través de la Práctica. No puede aparecer por el mero hecho de leer las instrucciones.

 

 

Es esencial para usted que estimule sus emociones positivas como fuerzas dominantes de  su  mente, y  quite importancia y  elimine las  emociones negativas.

 

 

Una mente dominada por emociones positivas se convierte en una morada favorable  para  el  estado  mental  conocido  como  fe.  Una  mente  así dominada puede,  voluntariamente, darle  al  subconsciente instrucciones que éste aceptará y ejecutará de inmediato.

 

 

 

LA FE ES UN ESTADO MENTAL QUE SE PUEDE INDUCIR MEDIANTE LA AUTOSUGESTIÓN

 

 

Durante todas las épocas, las religiones han exhortado a la humanidad en conflicto a «tener fe» en este o aquel dogma o credo, pero no han logrado explicar a las multitudes cómo tener fe. No han afirmado que «la fe es un estado mental que se puede inducir mediante la autosugestión».

 

 

En un lenguaje que cualquier ser humano normal podrá entender, describiremos todo lo que se sabe sobre el principio mediante el cual la fe puede aparecer donde todavía no existe.

 

 

Tenga fe en usted; fe en el infinito. Antes de empezar, debería recordar que:

¡La fe es el «elixir eterno» que da vida, poder y acción al impulso del pensamiento!

 

 

Merece la pena leer el enunciado anterior una segunda vez, y una tercera, y una cuarta. ¡Merece la pena leerlo en voz alta!

 

 

¡La fe es el punto inicial de toda acumulación de riquezas!

 

 

¡La fe es la base de todos los «milagros» y de todos los misterios que no se pueden analizar con los parámetros de la ciencia!

 

 

 

 

¡La fe es el único antídoto conocido contra el fracaso!

 

 

¡La fe es el elemento, el «componente químico» que, combinado con la plegaria, nos proporciona comunicación directa con la Inteligencia Infinita!

 

 

¡La   fe   es   el   elemento   que   transforma   la   vibración   ordinaria   del pensamiento, creada por la mente finita del hombre, en su equivalente espiritual!

 

 

¡La fe es el único agente a través del cual el hombre puede dominar la fuerza de la Inteligencia Infinita, y usarla!

 

 

 

LA MAGIA DE LA AUTOSUGESTIÓN

 

 

La prueba es simple y fácil de demostrar. Va ligada al principio de autosugestión. Por lo tanto, centremos la atención en el tema de la autosugestión, para descubrir qué es y lo que se puede alcanzar con ella.

 

 

Se sabe que uno llega, finalmente, a creer cualquier cosa que se repita a sí mismo,  sea  la  afirmación  verdadera  o  falsa.  Si  un  hombre  repite  una mentira una y otra vez, con el tiempo aceptará esa mentira como algo cierto. Más aún, creerá que es cierta. Todo hombre es lo que es a causa de los pensamientos dominantes que él permite que ocupen su mente. Los pensamientos que un hombre adopta deliberadamente, y que anima con entusiasmo, y con los que combina una emoción o más, ¡constituyen las fuerzas motivadoras que dirigen y controlan cada uno de sus movimientos, actos y hazañas!

 

 

Aquí tenemos el enunciado de una verdad muy importante:

 

 

Los pensamientos combinados con cualquiera de las emociones constituyen una fuerza «magnética» que atrae otros pensamientos similares o relacionados.

 

 

Un pensamiento así «magnetizado» con la emoción se puede comparar con una semilla que, cuando es plantada en terreno fértil, germina, crece y se

 

 

 

multiplica una y otra vez, hasta que aquello que en un principio fue una semillita ¡se convierte en innumerables millones de semillas de la misma clase!

 

 

La mente humana está constantemente atrayendo vibraciones que armonicen con aquella que la domina. Cualquier idea, plan, pensamiento o propósito que uno abrigue atrae infinidad de ideas afines, adhiere estas ideas a su propia fuerza, y crece hasta convertirse en el propósito maestro que domina y motiva al individuo en cuya mente se ha alojado.

 

 

Volvamos ahora al punto inicial, para informarnos de cómo se puede plantar en la mente la semilla original de una idea. La información es fácil de entender: cualquier idea, plan o propósito se puede fijar en la mente mediante la repetición del pensamiento. Por eso le damos instrucciones para que ponga por escrito un planteamiento de su propósito principal, u objetivo primordial y preciso, lo memorice y lo repita en voz alta todos los días, hasta que las vibraciones auditivas hayan alcanzado su subconsciente.

 

 

Decídase a dejar de lado las influencias de todo ambiente desfavorable para construir  su  propia  vida  a  la  medida.  Al  hacer  un  inventario  de  sus recursos y capacidades mentales, quizá usted descubra que su mayor debilidad sea su falta de confianza en sí mismo. Esta desventaja puede ser superada, y la timidez transformada en coraje a través de la ayuda que el principio de la autosugestión proporciona. La aplicación de este principio puede ejecutarse mediante la sencilla enunciación de los impulsos de pensamiento puestos por escrito, memorizados y repetidos hasta que lleguen a formar parte del instrumental del que la facultad inconsciente de su mente disponga.

 

 

 

FÓRMULA PARA LA CONFIANZA EN UNO MISMO

 

 

PRIMERO: Sé que tengo la capacidad de alcanzar el objeto del propósito definido de mi vida; por lo tanto, exijo de mí mismo acción perseverante y continua hasta conseguirlo, y aquí y ahora prometo ejecutar tal acción.

 

 

SEGUNDO:   Me doy cuenta de que los pensamientos dominantes de mi mente se reproducirán con el paso del tiempo en actos externos y físicos para transformarse en una realidad física; por lo tanto, concentraré mis pensamientos durante treinta minutos cada día en la tarea de pensar en la persona en  que  me  propongo convertirme, creando de  este  modo  una imagen mental clara.

 

 

TERCERO: Sé que, mediante el principio de la autosugestión, cualquier deseo que abrigue con perseverancia buscará expresarse a través de ciertos medios prácticos para obtener el objeto que haya tras él; por lo  tanto, dedicaré diez minutos cada día a exigirme el desarrollo de la confianza en mí mismo.

 

 

CUARTO: He escrito con claridad una descripción del Objetivo primordial de mi vida, y nunca dejaré de esforzarme, hasta que haya conseguido la suficiente confianza en mí mismo para alcanzarlo.

 

 

QUINTO: Comprendo con claridad que no hay riqueza ni posición que pueda durar mucho tiempo, a menos que se haya formado sobre la lealtad y la justicia; por lo tanto, no me comprometeré en ninguna transacción que no beneficie a todos a los que afecte. Tendré éxito atrayendo hacia mí las fuerzas que deseo emplear, y la cooperación de otras personas. Induciré a otros a servirme, por obra de mi disposición de servir a otros. Eliminaré el desprecio, la envidia, los celos, el egoísmo y el cinismo y cultivaré el amor por  toda  la  humanidad, porque sé  que  una  actitud  negativa hacia  los demás nunca me dará el éxito. Haré que los demás crean en mí, porque yo creeré en ellos y en mí mismo. Firmaré esta fórmula con mi nombre, la memorizaré y la repetiré en voz alta una vez cada día, con la fe absoluta de que influirá gradualmente en mis pensamientos y mis actos para que yo me convierta en una persona que confía en sí misma y que goza del privilegio del éxito.

 

 

 

 

Tras esta fórmula hay una ley de la naturaleza que ningún hombre ha sido todavía capaz de explicar. El nombre por el que dicha ley se conoce tiene poca importancia. Lo que importa de ella es que... FUNCIONA, para la gloria  y  el  progreso  de  la  especie  humana,  si  es  usada  de  forma constructiva. Por otra parte, si se la usa destructivamente, destruirá con la misma facilidad. En esta afirmación podemos encontrar una verdad muy importante: quienes se hunden en la frustración y acaban su vida en la pobreza, la miseria y la angustia lo hacen a causa de la aplicación negativa del principio de la autosugestión. La causa se puede encontrar en el hecho de que todos los impulsos de pensamiento tienen tendencia a vestirse de su equivalente físico.

 

 

 

EL DESASTRE DEL PENSAMIENTO NEGATIVO

 

 

El subconsciente no distingue entre impulsos de pensamiento positivos o negativos.  Trabaja  con  el  material  que  le  suministramos,  a  través  de nuestros impulsos de pensamiento. El subconsciente traducirá en algo real un   pensamiento   regido   por   el   miedo   con   tanta   facilidad   como transformaría en realidad un pensamiento regido por el coraje, o por la fe.

 

 

Tal  como  la  electricidad hace  girar las  ruedas de  la  industria, y  rinde servicios útiles si se la emplea correctamente, o acaba con la vida si se hace mal uso de ella, así, la ley de la autosugestión nos conducirá a la paz y la prosperidad o nos arrastrará hacia el valle de la miseria, el fracaso y la muerte,  de  acuerdo  con  el  grado  de  comprensión  y  aplicación  que tengamos de ella.

 

 

Si uno se llena la cabeza de miedos, dudas y desconfianza en su capacidad para  conectar  y  usar  la  fuerza  de  la  Inteligencia Infinita,  la  ley  de  la autosugestión  adoptará  ese  espíritu  de  desconfianza  y  lo  usará  como patrón mediante el cual el subconsciente lo traducirá en su equivalente físico.

 

 

 

Así como el viento arrastra un barco hacia el Este y otra hacia el Oeste, usted será elevado o hundido por la ley de la autosugestión de acuerdo con la manera en que usted oriente las velas de su pensamiento.

 

 

La ley de la autosugestión, que puede elevar a cualquier persona a niveles asombrosos de realización, queda bien descrita en los siguientes versos.

 

 

Si piensas que estás vencido, lo estarás.

Si piensas que no te atreves, no te atreverás.

Si te gusta ganar, pero piensas que no puedes, es casi seguro: no ganarás.

 

 

Si piensas que perderás, estás perdido, Pues en el mundo encontramos que

el éxito empieza en la voluntad del hombre...

Todo está en el estado mental.

 

 

Si piensas que eres inferior, lo eres. Tienes que pensar alto para ascender. Tienes que estar seguro de ti mismo antes de poder ganar.

 

 

Las batallas de la vida no siempre favorecen al hombre más fuerte o al más rápido,

pero tarde o temprano el hombre que gana

es el hombre que PIENSA QUE SÍ PUEDE!

 

 

Observe  las  palabras  que  se  han  destacado,  y  captará  el  profundo significado que el poeta expresa.

 

 

 

¿QUÉ GENIO YACE DORMIDO EN SU CEREBRO?

 

 

En  algún  rincón  de  su  carácter está  latente, dormida, la  semilla  de  la realización que, si germinara y se pusiera en acción, lo elevaría a niveles que tal vez usted nunca soñó alcanzar.

 

 

 

Así como un virtuoso puede arrancar las melodías más hermosas de las cuerdas de su violín, usted puede despertar al genio que yace dormido en su mente, y hacer que lo conduzca hacia arriba, hacia cualquier objetivo que desee alcanzar.

 

 

Abraham Lincoln fue un fracasado en todo lo que intentó..., hasta después de haber alcanzado los cuarenta años. Fue un Don Nadie, de Ninguna Parte, hasta que una gran experiencia entró en su vida y despertó al genio dormido que había en su corazón y en su cerebro, para darle al mundo uno de sus hombres realmente grandes. Esa «experiencia» estaba combinada con las emociones de la aflicción y el amor. Le aconteció a través de Ann Rutledge, la única mujer a quien él amó realmente.

 

 

Es sabido que la emoción del amor está ligada al estado de ánimo conocido como la fe, y esto se debe a que el amor se aproxima mucho a traducir los impulsos de pensamiento propios en su equivalente espiritual.

 

 

Durante su labor de investigación, el autor ha descubierto, a partir del análisis de la vida y realizaciones de centenares de hombres de posiciones destacadas, que detrás de casi cada uno de ellos existía la influencia del amor de una mujer.

 

 

Si  quiere pruebas del  poder  de  la  fe,  examine las  realizaciones de  los hombres y mujeres que se han valido de ella. El Nazareno, encabeza la lista. La base de la cristiandad es la fe, no importa cuántas personas hayan pervertido o malinterpretado el significado de esta gran fuerza.

 

 

La esencia de las enseñanzas y de las realizaciones de Cristo, que pueden haberse interpretado como «milagros», son nada más y nada menos que fe. Si  hay  fenómenos «milagrosos», ¡se  producen sólo  a  través  del  estado mental conocido como la fe!

 

 

Consideremos el poder de la fe, tal como nos la mostró un hombre bien conocido por toda la humanidad: el Mahatma Gandhi, de la India. En este hombre, el mundo tuvo uno de los ejemplos más sorprendentes de las posibilidades de la fe que conozca la humanidad. Gandhi ostentó más poder potencial que ningún otro de sus contemporáneos, y ello a pesar del

 

 

 

hecho de que no contó con ninguna de las herramientas ortodoxas del poder, tales como dinero, barcos de guerra, soldados ni material bélico. Gandhi no tenía dinero, ni casa, ni siquiera ropas, pero tenía poder. ¿Cómo lo obtuvo?

 

 

Lo creó a partir de su comprensión del principio de la fe, y mediante su capacidad para trasplantar esa fe al espíritu de doscientos millones de personas.

 

 

Gandhi consiguió la sorprendente proeza de influir en doscientos millones de mentes para formar un conglomerado humano que se moviese al unísono, como un solo hombre.

 

 

¿Qué otra fuerza de este mundo, aparte de la fe, puede lograr tanto?

 

 

 

CÓMO UNA IDEA CONSTRUYÓ UNA FORTUNA

 

 

Debido a la necesidad de la fe y de la cooperación en el funcionamiento de los  negocios  y  de  la  industria,  será  tan  interesante  como  provechoso analizar un suceso que nos proporciona un excelente ejemplo para la comprensión del método por el cual los industriales y los hombres de negocios acumulan grandes fortunas al dar antes de intentar recibir.

 

 

El suceso elegido para este ejemplo data de comienzos de siglo, cuando se estaba formando la United States Steel Corporation (Corporación del Acero de Estados Unidos). A medida que lea la historia, tenga presente esos hechos fundamentales, y comprenderá cómo las ideas se han convertido en fortunas inmensas.

 

 

Si  usted  es  de  los  que  se  han  preguntado  a  menudo  cómo  se  han acumulado las grandes fortunas, esta historia de la creación de la United States Steel Corporation le resultará esclarecedora. Si tiene alguna duda de que los hombres pueden pensar y hacerse ricos, esta historia disipará esa duda, porque usted podrá ver con claridad en la historia de la United States Steel Corporation la aplicación de una porción importante de los principios que se describen en este libro.

 

 

 

 

El asombroso relato del poder de una idea ha sido escrito de forma espectacular por John Lowell, del New York World-Telegram, y la transcribimos con su cortesía:

 

 

 

UN BONITO DISCURSO DE SOBREMESA POR MIL MILLONES DE DÓLARES

 

 

Aquella noche del 12 de diciembre de 1900, en la que unos ochenta miembros de la sociedad financiera se reunieron en el salón de banquetes del University Club, en la Quinta Avenida, para hacer los honores a un hombre joven del Oeste de Estados Unidos, ni media docena de los invitados supuso que estaban a punto de presenciar el episodio más importante de la historia de la industria estadounidense.

 

 

J. Edward Simmons y Charles Stewart Smith, llenos de gratitud por la pródiga  hospitalidad  con  que  Charles  M.  Schwab  les  había  regalado durante una reciente visita a Pittsburgh, habían organizado la cena para presentar a aquel empresario del acero de treinta y ocho años a la sociedad de banqueros del Este de Estados Unidos. Pero no esperaban que magnetizara de tal modo la convención. De hecho, le advirtieron que los corazones que rellenaban las camisas de Nueva York no reaccionarían a la oratoria, y que si no quería aburrir a los Stilman y los Harriman y los Vanderbilt, sería mejor que se limitara a quince o veinte minutos de intrascendencias amables, pero nada más.

 

 

Incluso John Pierpoint Morgan, sentado a la derecha de Schwab, como indicaba su dignidad imperial, había previsto honrar la mesa con su presencia muy brevemente. Y en lo que se refería a la prensa y al público, todo el asunto presentaba tan poco interés que los periódicos del día siguiente ni lo mencionaron.

 

 

De manera que los dos anfitriones y sus distinguidos invitados probaron los habituales siete u ocho platos. Hubo poca conversación y, versara sobre lo que versase, fue parca y discreta. Aunque algunos de los banqueros y agentes de Bolsa habían visto antes a Schwab, cuya carrera había florecido

 

 

 

en los Bancos de Monongahela, ninguno lo conocía bien. Pero, antes de que la velada acabara, ellos y «Money Master Morgan» quedarían admirados, y un bebé de mil millones de dólares, la United States Steel Corporation, nacería allí.

 

 

Quizá sea  una lástima para la  historia que no  se  haya hecho ninguna grabación del discurso de Charlie Schwab en aquella cena.

 

 

Sin embargo, tal vez se tratara de un discurso «casero», con incorrecciones gramaticales (pues los perfeccionismos del lenguaje nunca le interesaron a Schwab), lleno de refranes y compaginado con ingenio. Pero, aparte de eso, obtuvo una fuerza y un efecto impresionantes sobre los cinco mil millones de dólares de capital estimado que los comensales representaban. Cuando terminó, y la reunión vibraba todavía con sus palabras, aunque Schwab había hablado durante noventa minutos, Morgan condujo al orador a una ventana apartada donde, balanceando las piernas en un alto e incómodo asiento, hablaron durante una hora más.

 

 

La magia de la personalidad de Schwab se había puesto en acción con toda su  potencia,  pero  lo  más  importante  y  perdurable  fue  el  programa detallado y  explícito que  presentó para el  engrandecimiento del  acero. Muchos otros hombres habían tratado de interesar a Morgan en montar juntos un trust del acero imitando los patrones de las empresas de galletas, cables y flejes, azúcar, goma, whisky, aceite o goma de mascar. John W. Gates,  el  apostador, lo  había  urgido  a  hacerlo,  pero  Morgan  no  había confiado en él. Los hermanos Moore, Bill y Jim, mayoristas de Chicago que habían fusionado una fosforera y una corporación de galletitas, habían tratado de convencerlo, fracasando en su intento. Elbert H. Gary, el sacrosanto abogado del Estado, quiso atraerlo a su terreno, mas no llegó a ser lo bastante grande como para impresionarlo. Hasta que la elocuencia de Schwab elevó a J. P. Morgan a las alturas desde donde pudo visualizar los sólidos resultados del proyecto financiero más atrevido que se hubiera concebido nunca, la idea era considerada un delirante sueño de especuladores ingenuos.

 

 

El magnetismo financiero que, hace una generación, empezó a atraer miles de compañías pequeñas y a veces ineficazmente dirigidas a combinaciones

 

 

 

más grandes y competitivas, se ha vuelto operativo en el mundo del acero gracias a los artilugios de aquel jovial pirata de los negocios, John W. Gates. Este había formado ya la American Steel and Wire Company con  una cadena de pequeñas empresas, y junto con Morgan había creado la Federal Steel Company.

 

 

Pero al lado del gigantesco trust vertical de Andrew Carnegie, dirigido por sus cincuenta y tres accionistas, esas otras combinaciones resultaban insignificantes. Podían combinarse como mejor les pareciese, pero ni todas juntas harían mella en la organización de Carnegie, y Morgan lo sabía.

 

 

El viejo escocés excéntrico también lo sabía. Desde las majestuosas alturas de Skibo Castle había visto, primero divertido y luego con resentimiento, los intentos de las pequeñas compañías de Morgan entremetiéndose en sus negocios. Cuando esos intentos se tornaron demasiado importantes, el mal genio de Carnegie se convirtió en ira y en deseos de venganza. Decidió duplicar cada fábrica suya por cada una que sus rivales poseyeran. Hasta entonces no había tenido interés en cables, tubos, flejes ni planchas. En cambio, se contentaba con venderle el acero en bruto a esas compañías y las dejaba que trabajaran en la especialización que quisieran. Ahora, con Schwab como jefe y lugarteniente capaz, planeaba arrinconar a sus enemigos contra la pared.

 

 

Así fue como Morgan vio la solución a su problema de combinaciones en el discurso de Charles M. Schwab. Un trust sin Carnegie, el gigante, no sería ningún trust, sino un pastel de ciruelas sin ciruelas.

 

 

El discurso de Schwab de aquella noche del 12 de diciembre de 1900 aportó la sugerencia, que no la solicitud, de que el vasto imperio Carnegie podía llegar a estar bajo la sombra de Morgan. Habló del futuro mundial del acero, de reorganización en aras de la eficiencia, de especialización, de deshacerse de compañías improductivas, de la concentración del esfuerzo en las propiedades florecientes, de ahorros en el tráfico de mineral bruto, de ahorros en los departamentos directivos y administrativos, de captar mercados extranjeros.

 

 

 

Más que todo eso, les dijo a los bucaneros que había entre ellos dónde estaban los errores de su piratería habitual. Sus propósitos, suponía él, habían sido crear monopolios, aumentar los precios y pagarse a sí mismos dividendos exagerados más allá de todo privilegio. Con su estilo campechano, Schwab condenó ese sistema. La estrechez de miras de semejante política, dijo a su auditorio, residía en el hecho de que restringía el mercado en un momento en que todo pugnaba por la expansión. Abaratando el coste del acero, explicó, se crearía un mercado expansivo; se idearían más usos para el acero y se captaría una parte considerable del mundo de la industria. En realidad, aunque él no lo supiese, Schwab era un apóstol de la moderna producción masiva.

 

 

Así acabó la cena en el University Club. Morgan se fue a su casa, para pensar en las predicciones de progreso de Schwab. Schwab regresó a Pittsburgh, a dirigir el negocio siderúrgico para «Wee Andra Carnegie», mientras Gary y todos los demás volvían a sus teletipos, para especular, anticipándose al próximo movimiento.

 

 

No tardó mucho en suceder. A Morgan le llevó más o menos una semana digerir el festín de razonamientos que Schwab le había puesto delante. Cuando se aseguró de que no iba a sufrir ninguna «indigestión financiera», llamó a Schwab..., y se encontró con un hombre bastante tímido. Al señor Carnegie, le dijo Schwab, quizá no le alegrara mucho descubrir que el presidente de su conglomerado de empresas había estado coqueteando con el emperador de Wall Street, el barrio que Carnegie había resuelto no pisar jamás. Entonces John W. Gates, que hacía de intermediario entre Morgan y Schwab, sugirió que si Schwab estuviera casualmente de paso por el Belle Vue Hotel, de Filadelfia, J. P. Morgan podía «coincidir» con él en el mismo sitio. Sin embargo, cuando Schwab llegó, Morgan se hallaba enfermo en su casa de Nueva York, y, presionado por la invitación del hombre mayor, Schwab viajó a Nueva York y se presentó ante la puerta de la biblioteca del financiero.

 

 

En la actualidad, ciertos historiadores de la economía han expresado la sospecha de que esta historia, desde el principio al fin, fue planificada por Andrew Carnegie, que la cena en honor de Schwab, el célebre discurso, la reunión del domingo por la noche entre Schwab y el rey del dinero fueron

 

 

 

sucesos que el sagaz escocés había preparado de antemano. La verdad es precisamente todo lo contrario. Cuando Schwab fue llamado a cerrar el trato, ni siquiera sabía si el «jefecito», como llamaban a Andrew, prestaría atención a una oferta de vender, en particular a un grupo de hombres a quienes Andrew consideraba dotados de algo menos que la beatitud. Pero Schwab acudió a la reunión con seis hojas escritas de su puño y letra, llenas de datos que, según él, representaban el valor físico y potencial de rendimiento de cada compañía metalúrgica que él consideraba una estrella esencial en el nuevo firmamento del metal.

 

 

Cuatro hombres sopesaron esos esquemas durante toda la noche. El jefe, por supuesto, era Morgan, firme en su credo del derecho divino del dinero. Con  él  estaba  su  socio  aristocrático,  Robert  Bacon,  un  erudito  y  un caballero. El tercero era John W. Gates, a quien Morgan tachaba de apostador y utilizaba como herramienta. El cuarto era Schwab, que sabía más sobre el proceso de elaborar y vender acero que cualquier grupo de hombres de su época. A lo largo de aquella conferencia, los esquemas del hombre de Pittsburgh no se cuestionaron nunca. Si él decía que una compañía valía tanto, así era, y punto. También insistió en incluir en la combinación sólo las empresas que él tenía nominadas. Había concebido una corporación sin dobleces, donde ni siquiera quedaba lugar para satisfacer  la  codicia  de  amigos  que  deseaban descargar  sus  compañías sobre los anchos hombros de Morgan.

 

 

Al amanecer, Morgan se puso de pie y se desperezó. Sólo quedaba una pregunta pendiente.

 

 

!     ¿Cree  que  puede  persuadir  a  Andrew  Carnegie  de  vender?  - preguntó.

 

 

!  Puedo intentarlo -repuso Schwab.

 

 

!     Si usted consigue que venda, me comprometeré en todo este asunto - aseguró Morgan.

 

 

Hasta  allí  todo  iba  bien.  Pero  ¿vendería  Carnegie?  ¿Cuánto  pediría? (Schwab pensaba en unos 320 millones de dólares.) ¿Cómo se efectuaría el

 

 

 

pago?  ¿En  acciones ordinarias o  preferentes? ¿En  bonos? ¿En  efectivo? Nadie podía reunir trescientos veinte millones de dólares en efectivo.

 

 

En enero acudieron a un partido de golf en los helados prados de St. Andrews, en Westchester, Andrew envuelto en jerséis, bien abrigado, y Charlie conversando de trivialidades, para ejercitar el buen humor. Pero no se pronunció ni una palabra sobre negocios hasta que la pareja se sentó en la cálida sala de la cabaña que Carnegie poseía cerca de allí. Entonces, con el mismo poder de convicción con que había hipnotizado a ochenta millonarios en el University Club, Schwab dejó caer rutilantes promesas de retiro y comodidad, de los innumerables millones que satisfarían los caprichos sociales del viejo escocés. Carnegie estuvo de acuerdo, escribió algo en un trozo de papel y dijo:

“Muy bien, venderemos por ese precio.”

 

 

La cifra era de unos 400 millones de dólares y surgió a partir de los 320 millones que Schwab había previsto como precio básico, añadiéndole 80 millones para recuperar el valor aumentado sobre el capital previsto durante los últimos dos años.

 

 

Más  tarde,  en  la  cubierta  de  un  transatlántico,  el  escocés  le  decía arrepentido a Morgan: “Ojalá te hubiera pedido cien millones más.”

 

 

“Si me los hubieras pedido, te los hubiese pagado” - le respondió Morgan, aimadamente.

 

 

Hubo cierto alboroto, por supuesto. Un corresponsal británico envió un cable diciendo que el mundo del acero extranjero estaba «aterrado» ante la gigantesca corporación. El presidente Hadley, de Yale, declaró que a menos que se regulasen los trusts, el país tendría «un emperador en Washington durante los próximos veinticinco años». Pero ese hábil agente de Bolsa que Keene era, se aplicó a su trabajo de impulsar tan vigorosamente las nuevas acciones hacia el público, que todo el exceso de liquidez, estimado por algunos en cerca de 600 millones de dólares, fue absorbido en un abrir y cerrar de ojos. De manera que Carnegie obtuvo sus millones; el sindicato de Morgan consiguió 62  millones por  todos  sus  «problemas», y  todos  los

«muchachos», desde Gates a Gary, también ganaron sus millones.

 

 

 

 

 

 

Schwab, de 38 años, obtuvo su recompensa. Fue nombrado presidente de la nueva corporación, y ostentó el cargo hasta 1930.

 

 

 

LA RIQUEZA EMPIEZA CON EL PENSAMIENTO

 

 

La impresionante historia del gran negocio que usted acaba de leer es un ejemplo perfecto del método por el cual el deseo puede transmutarse en su equivalente físico.

 

 

Esa gigantesca organización se creó en la imaginación de un hombre. El plan por el que le proporcionaban a la organización hornos de acero que aportaban  su  estabilidad  financiera  se  creó  en  la  mente  de  la  misma persona. Su fe, su deseo, su imaginación, su perseverancia fueron los verdaderos ingredientes esenciales que conformaron la United States Steel Corporation. Los hornos y los equipos mecánicos adquiridos por la empresa,   después   de   haber   surgido   a   la   existencia   legal,   fueron incidentales, pero un análisis cuidadoso revelará el hecho de que el valor aumentado   de   las   propiedades   adquiridas   por   la   corporación   se incrementó en unos seiscientos millones de dólares, por la mera transacción que los consolidaba bajo una misma gerencia.

 

 

En otras palabras, la idea de Charles M. Schwab, sumada a la fe con la que contagió a J. P. Morgan y a los demás, había dado unos beneficios de unos seiscientos millones de dólares. ¡No es una suma insignificante por una sola idea!

 

 

La United States Steel Corporation prosperó hasta convertirse en una de las empresas más rica y poderosas de Estados Unidos, dando empleo a miles de personas, desarrollando nuevas aplicaciones para el acero, y abriendo nuevos mercados, demostrando de ese modo que los seiscientos millones de beneficio que la idea de Schwab produjo estaban bien merecidos.

 

 

¡La riqueza empieza en la forma de un pensamiento!

 

 

 

La cantidad está limitada sólo por la persona en cuya mente esa idea se pone en movimiento.. ¡La fe elimina las limitaciones! Recuerde esto cuando esté listo para negociarle a la vida lo que usted desee como precio por haber pasado por ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 4

 

 

LA  AUTOSUGESTIÓN

 

 

EL VEHÍCULO PARA INFLUIR EN EL SUBCONSCIENTE

El tercer paso hacia la riqueza

 

 

Autosugestión es un término que se aplica a todas las sugestiones y a todos los estímulos autoadministrados que alcanzan la propia mente a través de los cinco sentidos. Dicho de otro modo, la autosugestión es la sugestión de uno mismo. Es el agente de comunicación entre esa parte de la mente donde la parte consciente tiene lugar y aquella otra que sirve de asiento de la acción para el subconsciente.

 

 

A     través   de   los   pensamientos   dominantes   que   uno   permite   que permanezcan  en  la  mente  consciente  (que  estos  pensamientos  sean positivos o negativos no altera el mecanismo), el principio de la autosugestión alcanza voluntariamente el subconsciente y lo influye con estos pensamientos.

 

 

La  naturaleza  ha  creado  al  hombre  de  tal  manera  que  tenga  control absoluto sobre el material que llega a su subconsciente, a través de sus cinco sentidos, aunque esto no significa que deba interpretarse como una afirmación de que el hombre siempre ejercite ese control. En casi todos los casos, no lo ejercita, y ello explica por qué tanta gente vive en la pobreza.

 

 

Recuerde lo que se ha dicho sobre la semejanza del subconsciente con un jardín fértil, en donde las hierbas crecen en abundancia, si no se siembran semillas de plantas más deseables. La autosugestión es el agente de control a través del cual un individuo puede alimentar voluntariamente su subconsciente con pensamientos de naturaleza constructiva o, por negligencia, permitir que los pensamientos de naturaleza destructiva se infiltren en ese rico jardín de la mente.

 

 

 

 

VEA Y SIENTA EL DINERO EN SUS MANOS

 

 

En los últimos seis pasos descritos en el capítulo sobre el deseo, usted ha recibido instrucciones para que lea en voz alta dos veces por día el enunciado escrito de su deseo de dinero, y para que se vea y se sienta ya en posesión del mismo. Al seguir esas instrucciones, usted comunica el objeto de su deseo directamente a su subconsciente en un estado de fe absoluta. Mediante la repetición de este procedimiento, usted crea con su voluntad hábitos de pensamiento que son favorables a sus esfuerzos para transmutar el deseo en su equivalente monetario.

 

 

Retroceda a esos seis pasos que se describen en el capítulo dos, para releerlos  con  mucha  atención antes  de  seguir  adelante. Luego  (cuando llegue a esa parte), lea con atención las cuatro instrucciones para la organización de su «Master Mind», que se describen en el capítulo sobre la planificación organizada. Al comparar esos dos conjuntos de instrucciones, usted se dará cuenta de que ambos se basan en el principio de la autosugestión.

 

 

Recuerde, por lo tanto, cuando lea en voz alta el enunciado de su deseo (mediante el  cual  usted  se  empeña  en  desarrollar  una  «conciencia  del dinero»), que la mera lectura de estas palabras no tendrá consecuencias..., a menos que usted las funda con la emoción, con el sentido de sus palabras. Su subconsciente reconoce y actúa sólo en los pensamientos que usted ha combinado con la emoción, con el sentimiento.

 

 

Ése es un hecho tan importante como para garantizar la repetición prácticamente en cada capítulo, porque la falta de comprensión de eso es la razón  principal de  que  la  mayoría de  la  gente  que  trata  de  aplicar  el principio de la autosugestión no logre los resultados deseados.

 

 

Las palabras indiferentes, recitadas sin emoción, no influyen en el subconsciente. Usted no obtendrá resultados apreciables hasta que aprenda a  llegar a  su  subconsciente con  pensamientos o  palabras habladas que hayan sido cargados con la emoción de la convicción.

 

 

 

No se desanime si no puede controlar y dirigir sus emociones la primera vez que trate de hacerlo. Recuerde que no existe la posibilidad de obtener algo por nada. Por mucho que quiera, no podrá engañarse. El precio de la capacidad para influir en su subconsciente es la perseverancia incansable en la aplicación de los principios que se describen aquí. Usted no podrá formarse esa capacidad deseada por un precio menor. Usted, y sólo usted, debe decidir si la recompensa por la que se está esforzando (la «conciencia del dinero») vale el precio que debe pagar por ella con su esfuerzo.

 

 

Su habilidad para emplear el principio de la autosugestión dependerá, en gran medida, de su capacidad para concentrarse en un deseo dado hasta que ese deseo se convierta en una obsesión ardiente.

 

 

 

CÓMO FORTALECER SUS PODERES DE CONCENTRACIÓN

 

 

Cuando empiece a seguir las instrucciones de los seis pasos descritos en el segundo capítulo, será necesario que haga uso del principio de la concentración. Así  pues,  le  ofreceremos  sugerencias  para  el  uso  de  la concentración eficaz.

 

 

Cuando usted  comience a  ejecutar el  primero de  los  seis  pasos,  cuyas instrucciones son  «determine la  cantidad exacta  de  dinero  que  desea», mantenga el pensamiento concentrado en esa cantidad de dinero, o fijada la atención en él, con los ojos cerrados hasta que, de hecho, pueda ver el aspecto físico del dinero. Haga eso por lo menos una vez al día. A medida que progrese en estos ejercicios, siga las instrucciones dadas en el capítulo de la fe, ¡y véase a sí mismo en posesión del dinero!

 

 

Aquí hay un hecho muy importante: el subconsciente asume cualquier orden que se le dé en un estado mental de fe absoluta, y actúa siguiendo esas órdenes, aunque deban presentársele a menudo una y otra vez, mediante la repetición, antes de que el subconsciente las interprete. Teniendo en  cuenta  la  afirmación anterior, considere  la  posibilidad de jugarle un «truco» perfectamente legítimo a su subconsciente, y hágale creer, porque usted cree en ello, que usted debe obtener esa cantidad de dinero que está visualizando, que esa cantidad de dinero ya espera que

 

 

 

usted sea su dueño, y que el subconsciente debe proporcionarle planes prácticos para conseguir el dinero que ya es suyo.

 

 

Endósele la idea sugerida en el párrafo anterior a su imaginación, y vea cómo su imaginación puede, o podrá, crear planes prácticos para la acumulación de dinero mediante la transmutación de su deseo.

 

 

No espere un plan definido, mediante el cual se propondrá intercambiar servicios o mercaderías a cambio del dinero que usted visualiza; en cambio, empiece a verse en posesión del dinero, esperando y exigiendo mientras tanto que su subconsciente le proporcione los planes que necesite. Esté alerta  en  espera  de  esos  planes, y  póngalos en  acción  inmediatamente cuando surjan. Cuando los planes aparezcan, «destellarán» en su mente a través del sexto sentido, con la forma de una «inspiración». Trátela con respeto, y actúe según ella tan pronto como la reciba.

 

 

En el cuarto de los seis pasos, se le indica que «cree un plan preciso para llevar a cabo su deseo, y empiece de inmediato a poner ese plan en acción». Debe seguir esta instrucción de la manera descrita en el párrafo anterior. No confíe en «la razón» a la hora de crear su plan para acumular dinero a través de la transmutación del deseo. Su facultad de razonamiento puede ser perezosa, y si depende por completo de sus servicios, quizá resulte defraudado.

 

 

Al visualizar el dinero que se propone acumular (con los ojos cerrados), véase a sí mismo prestando el servicio, o proporcionando la mercancía que se propone dar a cambio de su dinero. ¡Esto es importante!

 

 

 

SEIS PASOS PARA ESTIMULAR SU SUBCONSCIENTE

 

 

Resumiremos ahora las instrucciones dadas en relación con los seis pasos del segundo capítulo, y las combinaremos con los principios presentados en éste.

 

 

PRIMERO: Elija  un  sitio  tranquilo (preferiblemente en  la  cama,  por  la noche), donde no vayan a distraerlo ni a interrumpirlo, cierre los ojos, y

 

 

 

repita en voz alta (de manera que usted pueda oír sus propias palabras) el enunciado escrito de la cantidad de dinero que se propone acumular, el plazo para esta acumulación y una descripción de los servicios o de las mercancías que pretende dar a cambio del dinero. Al ejecutar estas instrucciones, véase a sí mismo ya en posesión del dinero.

 

 

Por ejemplo, suponga que se propone acumular 50.000 dólares para el primero de enero de dentro de cinco años, que se propone prestar servicios personales a cambio del dinero, en carácter de vendedor. El enunciado escrito de su propósito deberá ser más o menos como el siguiente:

 

 

“El  primer día  de  enero  de  19..,  seré  poseedor  de  50.000  dólares, que afluirán a mí en diversas sumas de tiempo en tiempo durante ese lapso de cinco años.

 

 

“A cambio de ese dinero daré los servicios más eficientes de que soy capaz, girando la mayor cantidad posible, y proporcionando la mejor calidad de servicios como vendedor de... (describa el servicio o la mercadería que se propone vender).

 

 

“Confío en que tendré la posesión de ese dinero. Mi fe es tan fuerte que puedo verlo ahora ante mis ojos. Puedo tocarlo con las manos. Ahora está esperando ser de mi propiedad en el momento y en la proporción en que yo proporcione el servicio que estoy dispuesto a dar a cambio de él. Espero un plan con el que acumular ese dinero, y lo ejecutaré tan pronto como aparezca.”

 

 

SEGUNDO: Repita este programa por la noche y por la mañana hasta que pueda ver (en su imaginación) el dinero que ha decidido acumular.

 

 

TERCERO: Ponga una copia de su enunciado escrito en donde pueda verla por la noche y por la mañana, y léala justo antes de dormirse y antes de levantarse hasta que la haya memorizado.

 

 

Al seguir estas instrucciones recuerde que está aplicando el principio de la autosugestión con el propósito de darle órdenes a su subconsciente. Recuerde, además, que su  subconsciente acatará sólo  instrucciones que

 

 

 

estén cargadas emocionalmente, dirigidas hacia él con «sentimiento». La fe es la más fuerte y productiva de las emociones. Siga las instrucciones del capítulo dedicado a ella.

 

 

Al  principio, estas  instrucciones pueden parecer abstractas. No  se  deje inquietar por eso. Siga las instrucciones, sin prestar atención a lo abstractas o lo poco prácticas que puedan parecerle. Pronto llegará el momento en que, si ha hecho lo que se le ha indicado, tanto en espíritu como en actos, todo un nuevo universo de poder se desplegará ante usted.

 

 

 

EL SECRETO DEL PODER DE LA MENTE

 

 

El escepticismo, en relación con las nuevas ideas, es una característica de todos los seres humanos. Pero si sigue las instrucciones indicadas, su escepticismo pronto se convertirá en convicción que a su vez se cristalizará en fe absoluta.

 

 

Muchos filósofos han afirmado que el hombre es el dueño de su propio destino terrenal, pero casi ninguno ha conseguido decir por qué lo es. La razón de que el hombre pueda ser dueño de su propio estatus terrenal, y en especial de su nivel económico, queda expresada con todo detalle en este capítulo. El hombre puede convertirse en el dueño de sí mismo y de su ambiente, porque tiene el poder de influir en su propio subconsciente.

 

 

Llevar a cabo la transmutación del deseo en dinero conlleva el empleo de la autosugestión como agente mediante el cual uno puede alcanzar el subconsciente e influir en él. Los otros principios son simples herramientas con las que aplicar la autosugestión. Atesore esta idea y siempre tendrá conciencia de la importancia del principio de la autosugestión en sus esfuerzos para acumular dinero mediante los métodos que se describen en este libro.

 

 

Una  vez  haya  leído  el  libro  entero, vuelva  a  este  capítulo y,  tanto  en espíritu como en actos, siga estas instrucciones:

 

 

 

Cada noche lea el capítulo entero en voz alta una vez, hasta que llegue a estar plenamente convencido de que el principio de la autosugestión se basa en la verdad y en el buen juicio, que obtendrá para usted todo lo que usted ha pedido. Mientras lea, subraye con un lápiz cada frase que le impresione favorablemente.

 

 

Siga las instrucciones anteriores al pie de la letra, y el camino se le abrirá hacia una comprensión completa y el dominio de los principios del éxito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CADA ADVERSIDAD,

 

 

CADA FRACASO Y CADA

ANGUSTIA LLEVAN CONSIGO

LA SEMILLA

 

 

DE UN BENEFICIO EQUIVALENTE O MAYOR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5

 

 

EL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO

 

 

EXPERIENCIAS PERSONALES U OBSERVACIONES

El cuarto paso hacia la riqueza

 

 

 

Hay dos clases de conocimiento. Uno es el conocimiento general; el otro, el especializado. El conocimiento general, independientemente de lo vasto y variado que pueda ser, no resulta muy útil en la acumulación de dinero. Las facultades de las grandes universidades poseen, en conjunto, casi todas las formas del conocimiento general al alcance de la civilización. La mayoría de los profesores no tienen mucho dinero. Se especializan en enseñar el conocimiento, pero no se especializan en la organización de ese conocimiento ni en su empleo.

 

 

El conocimiento no atraerá el dinero, a menos que esté organizado e inteligentemente  dirigido  mediante  planes  prácticos  de  acción,  para  el objetivo preciso de la acumulación de dinero. La falta de comprensión de este hecho ha sido una fuente de confusión para millones de personas que creen equivocadamente que «el conocimiento es poder». ¡No es nada parecido! El conocimiento es sólo poder en forma potencial. Solo se convierte en poder si está organizado en planes definidos de acción y dirigido hacia un objetivo determinado.

 

 

El «eslabón perdido» de todos los sistemas educativos se puede encontrar en el fracaso de las instituciones educacionales en enseñar a sus estudiantes cómo organizar y usar ese conocimiento una vez que lo han adquirido.

 

 

 

Muchas personas cometen el error de suponer que, porque Henry Ford tenía pocos «estudios», no era un hombre «educado». Los que cometen este error no comprenden el significado real de la palabra «educado».

Esa palabra deriva de la palabra latina educo, que significa evolucionar, extraer, desarrollarse desde dentro.

 

 

Un hombre educado no es, necesariamente, alguien que tiene abundancia de conocimientos generales o especializados. Un hombre educado es el que ha cultivado las facultades de su mente de tal manera que puede adquirir cualquier cosa que se proponga, o su equivalente, sin violar los derechos de los demás.

 

 

 

EL «IGNORANTE» QUE AMASÓ UNA FORTUNA

 

 

Durante la  Primera Guerra  Mundial, un  periódico  de  Chicago  publicó ciertos editoriales en los que, entre otras cosas, a Henry Ford se le llamaba

«ignorante pacifista». El señor Ford objetó esas afirmaciones y demandó al periódico por difamación. Cuando el juicio tuvo lugar, los abogados del periódico exigieron una justificación y llamaron al propio señor Ford al banquillo de los testigos, con el propósito de demostrarle al jurado que era un ignorante. Los abogados le hicieron a Ford una gran variedad de preguntas, todas dirigidas a demostrar de manera evidente que, si bien quizá poseyese una cantidad considerable de conocimientos especializados en lo que se refería a la fabricación de automóviles, básicamente era un ignorante.

 

 

A Ford le hicieron preguntas del estilo de: «¿Quién fue Benedict Arnold?», y «¿Cuántos soldados enviaron los británicos a las colonias americanas para sofocar la rebelión de 1776?». En respuesta a esta última pregunta, el señor  Ford  replicó:  «Ignoro  la  cantidad  exacta  de  soldados  que  los británicos enviaron, pero he oído decir que fue una cifra considerablemente mayor que la de los que regresaron».

 

 

Finalmente, el señor Ford acabó por cansarse de ese tipo de preguntas, y, para  contestar  una  particularmente ofensiva,  se  inclinó  hacia  adelante, señaló con el dedo al abogado que había hecho la pregunta y dijo: «Sí de

 

 

 

veras quisiera responder la pregunta tonta que acaba de hacerme, o cualquiera de las otras que me ha hecho, permítame recordarle que en mi escritorio tengo una hilera de botones, y que apretando el adecuado puedo llamar en mi ayuda a hombres capaces de responder cualquier pregunta que quiera hacerles en lo que concierne al negocio al que he dedicado casi todos mis esfuerzos. Ahora dígame para qué necesito llenarme la cabeza con conocimientos generales, con el fin de contestar preguntas, cuando dispongo  de   hombres  a   mi   alrededor  que   pueden  proporcionarme cualquier conocimiento que les pida».

 

 

Indudablemente, ésa fue una respuesta con mucha lógica.

 

 

Y dejó confundido al abogado. Todas las personas que había en la sala se dieron cuenta de que no era la contestación de un ignorante, sino de un hombre educado. Cualquier hombre es educado si sabe dónde adquirir el conocimiento cuando lo necesita, y cómo organizar ese conocimiento en planes definidos de acción. Mediante la asistencia de sus grupos de «Mater Mind», Henry Ford tenía a su alcance todo el conocimiento que necesitó para convertirse en uno de los hombres más ricos de Estados Unidos.

No era esencial que tuviese esos conocimientos en su propia mente.

 

 

 

USTED PUEDE OBTENER TODO EL CONOCIMIENTO QUE NECESITE

 

 

Antes de que pueda estar seguro de su capacidad para transmutar el deseo en su equivalente monetario, usted necesitará conocimientos especializados del servicio, mercancía o profesión que se propone ofrecer a cambio de su fortuna. Quizá necesite muchos más conocimientos especializados de los que  tiene  capacidad o  inclinación para  adquirir, y,  en  ese  caso,  podrá superar su debilidad a través de la ayuda de su grupo de «Master Mind».

 

 

La acumulación de grandes fortunas requiere poder, y éste se adquiere mediante el conocimiento especializado, inteligentemente dirigido y organizado, pero esos conocimientos no tienen por qué estar en posesión de la persona que acumula la fortuna.

 

 

 

El  párrafo  precedente debe  dar  ánimos  y  esperanza al  hombre  con  la ambición de acumular una fortuna, que no ha adquirido la «educación» necesaria  para  emplear  ese  conocimiento  especializado  como probablemente necesite. Los hombres a veces pasan por esta vida sufriendo

«complejos  de  inferioridad»  porqué  no  son  hombres  «educados».  El hombre que pueda organizar y dirigir un grupo de «Master Mind», un grupo de hombres que posee conocimientos útiles para la acumulación de dinero, es un hombre tan educado como cualquiera de los que componen el grupo.

 

 

Thomas A. Edison tuvo sólo tres meses de «escolarización» durante toda su vida. No le faltó educación, ni murió pobre.

 

 

Henry Ford no llegó al sexto grado de la escuela primaria, pero se las arregló muy bien en el plano económico.

 

 

El conocimiento especializado es uno de los servicios más abundantes y baratos  a  nuestro  alcance.  Si  usted  no  está  muy  convencido  de  ello, consulte la nómina de pagos de cualquier universidad.

 

 

 

CONVIENE SABER CÓMO COMPRAR CONOCIMIENTOS

 

 

Antes que nada, decida el tipo de conocimientos especializados que necesita, y la razón de esa necesidad. En gran medida, el propósito primordial de su vida, el objetivo por el que usted se está esforzando, lo ayudará a determinar qué conocimientos necesita. Con esta pregunta planteada, su próximo paso requiere que usted tenga información precisa sobre fuentes de información fiables. Las más importantes son:

 

 

a) Las propias experiencias y educación.

b) Experiencia y educación disponibles a través de la cooperación de otras personas («Master Mind»).

c) Escuelas técnicas y universidades.

d) Bibliotecas públicas (libros y publicaciones periódicas donde se pueden encontrar todos los conocimientos organizados por la civilización).

 

 

 

e) Cursos especiales de aprendizaje (en escuelas nocturnas y academias por correspondencia particularmente).

 

 

A medida que los conocimientos se van adquiriendo, deben organizarse con el fin de emplearlos para un propósito definido, mediante planes prácticos. El conocimiento no tiene otro valor que el que se puede aprovechar de su aplicación en aras de un objetivo valioso.

 

 

Si usted considera la posibilidad de cursar estudios adicionales, determine la finalidad por la que desea esos conocimientos que está buscando, y luego averigüe dónde pueden obtenerse ese  tipo  de  conocimientos, de fuentes fiables.

 

 

En todas las ocupaciones, las personas que tienen éxito nunca dejan de adquirir conocimientos especializados, relacionados con su objetivo principal, negocio o profesión. Aquellos que no tienen éxito suelen cometer el  error  de  creer  que  la  etapa  de  adquisición  de  conocimientos  acaba cuando uno termina la escuela. La verdad es que la escuela hace muy poco más que mostrarnos el camino de cómo adquirir conocimientos prácticos.

 

 

¡La orden del día es la especialización! Esta verdad fue puesta de relieve por Robert P. Moore, antiguo director de empleo de la Universidad de Columbia, en un artículo periodístico.

 

 

 

 

Los especialistas más buscados

 

 

Los candidatos más buscados por las agencias de empleo son personas que se  han especializado en  algún campo: diplomados en  escuelas empresariales que tengan experiencia en contabilidad y estadística, ingenieros  de  todo  tipo,  periodistas,  arquitectos,  químicos,  y  también líderes destacados y hombres mayores, enérgicos y activos.

 

 

El hombre que ha sido activo durante sus estudios, cuya personalidad le permite llevarse bien con toda clase de gente y que ha hecho un trabajo adecuado con sus estudios, tiene un perfil más favorable que el estudiante

 

 

 

más estrictamente académico. Algunos, gracias a sus múltiples y variadas cualificaciones, han recibido variadas ofertas de trabajo, y varios, hasta seis.

 

 

En una carta al señor Moore, en relación con posibles egresados de su universidad,  una  de  las  mayores  compañías  industriales,  líder  en  su campo, decía: «Estamos interesados sobre todo en encontrar hombres capaces de lograr progresos excepcionales en niveles de gerencia. Por esta razón prestamos particular atención a cualidades de carácter, inteligencia y personalidad, por encima de formaciones educacionales específicas».

 

 

Proposición de «aprendizaje»

 

 

Al  proponer un  sistema de  «aprendizaje» para estudiantes en  oficinas, tiendas y ocupaciones industriales durante las vacaciones de verano, el señor Moore afirmaba que, después de dos o tres años de estudios universitarios, a cada estudiante hay que pedirle que elija un curso determinado para el futuro, y que disminuya el paso si no ha hecho más que derivar sin propósito definido por un curriculum sin especialización académica.

 

 

«Los  colegios  y  las  universidades tienen  que  afrontar  la  consideración práctica de que todas las profesiones y ocupaciones hoy en día exigen especialistas», decía, tratando de fomentar el hecho de que las instituciones educacionales acepten más directamente la responsabilidad de la orientación vocacional.

 

 

 

Una de las fuentes más fiables y prácticas de conocimientos al alcance de aquellos que necesitan educación especializada son las escuelas nocturnas, que funcionan en muchas ciudades grandes. La enseñanza por correspondencia proporciona  conocimientos  especializados en  cualquier sitio adonde llegue el correo, y sobre todos los temas que se pueden tratar por el método de enseñanza a distancia. Una de sus ventajas es la flexibilidad del programa, que permite estudiar durante el tiempo libre. Otra ventaja de trabajar en casa (si se ha elegido una academia adecuada) es el hecho de que la mayor parte de los cursos que las academias de

 

 

 

enseñanza por correo ofrecen incluyen generosos privilegios de consulta que pueden ser muy valiosos para el que necesita conocimientos especializados. No importa el lugar de residencia, uno puede aprovechar todas esas ventajas.

 

 

 

UNA LECCIÓN DE UNA AGENCIA DE COBROS

 

 

Por lo general nunca se aprecia lo que se adquiere sin esfuerzo, y sin coste alguno,  y  muchas  veces  se  lo  desacredita; tal  vez  ésta  sea  una  de  las razones por las que aprovechamos tan poco de nuestra maravillosa oportunidad en las escuelas públicas. La autodisciplina que uno recibe de un programa de estudios especializados compensa hasta cierto punto la oportunidad desperdiciada cuando el conocimiento estaba a nuestro alcance, gratis. Las escuelas por correspondencia son instituciones comerciales muy organizadas. Sus  tarifas de  matrícula y  de  enseñanza suelen ser tan bajas que se ven forzadas a insistir en la puntualidad y obligatoriedad de los pagos. El verse obligado a pagar, al margen de que se obtengan buenas notas o no, tiene sobre el estudiante el efecto de seguir adelante con el curso, incluso cuando preferiría dejarlo. Las escuelas por correspondencia no han resaltado lo suficiente este punto, pero lo cierto es que sus  departamentos de  cobro  constituyen la  clase  más  exquisita de entrenamiento  en  aspectos  tales  como  decisión,  prontitud  y  el  hábito  de terminar lo que uno empieza.

 

 

Aprendí eso por experiencia propia hace ya más de cuarenta y cinco años. Me matriculé en un curso por correspondencia sobre publicidad. Después de haber terminado ocho o diez lecciones, dejé de estudiar. No obstante, la escuela  no  dejó  de  enviarme  las  facturas.  Es  más,  insistió  en  que  yo efectuara mis pagos al margen de si continuaba estudiando o no. Decidí que, puesto que debía pagar de todos modos un curso (a lo que me había comprometido legalmente), completaría las lecciones y obtendría por ellas el valor de mi dinero. En aquellos momentos tuve la impresión de que el sistema de cobro de la escuela estaba demasiado bien organizado, pero más tarde aprendí en la vida que eso formó una parte valiosa de mi entrenamiento, para la cual no había tenido que pagar nada. Al verme obligado a pagar, seguí adelante y terminé el curso en cuestión. Más tarde

 

 

 

descubrí que el eficiente sistema de pago de aquella escuela también fue provechoso para mí, puesto que acabé por recuperar con creces el dinero pagado, ganándolo gracias al curso de publicidad que había terminado tan de mala gana.

 

 

 

EL CAMINO HACIA EL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO

 

 

Se dice que en Estados Unidos existe el sistema de escuela pública mayor del mundo. Una de las cosas más extrañas acerca de los seres humanos es que sólo valoramos aquello que tiene un precio. Precisamente porque son gratuitas, las escuelas y bibliotecas públicas gratuitas de Estados Unidos no impresionan a la gente. Ésa es la razón principal por la que a muchas personas les parece que es necesario adquirir conocimientos adicionales después  de  haber  abandonado  la  escuela  e  iniciado  la  vida  laboral. También es una de las razones principales por las que los patronos dan una mayor consideración a aquellos empleados que se matriculan en cursos por correspondencia. Saben por experiencia propia que cualquier persona que tenga la ambición de emplear una parte de su tiempo libre para estudiar en casa, posee esas cualidades que son necesarias para el liderazgo.

 

 

Hay en las personas una debilidad para la que no existe remedio alguno.

¡Es la debilidad universal de la falta de ambición! Las personas, en especial las asalariadas, que programan su tiempo libre para dedicarse a estudiar en casa, raras veces permanecen durante mucho tiempo en los puestos inferiores. Su acción les abre el camino hacia la posibilidad de ascender, les elimina numerosos obstáculos de ese camino y les permite ganarse el amistoso interés de quienes tienen el poder de situarlos en el camino de la oportunidad.

 

 

El método de estudiar en casa para obtener conocimientos resulta especialmente adecuado para las necesidades de las personas asalariadas que, tras haber abandonado la escuela, sienten la necesidad de adquirir conocimientos especializados, pero que no disponen de tiempo libre para volver a la escuela.

 

 

 

Stuart Austin Wier se preparó como ingeniero de la construcción y siguió esta línea de trabajo hasta que la Depresión limitó su mercado al punto de que ya no podía ganar los ingresos que necesitaba. Entonces hizo un inventario de sí mismo, y decidió cambiar de profesión y pasarse al Derecho. Volvió a la escuela y siguió cursos especiales mediante los que se preparó como abogado mercantil. Completó su preparación, y pasó los exámenes finales para obtener el título. A partir de ahí no tardó en labrarse una carrera muy lucrativa con la práctica de la abogacía.

 

 

Sólo para dejar las cosas bien claras, y para anticiparme a las justificaciones de quienes dirían: «Yo no podría ir a la escuela porque tengo que mantener a una familia», o bien: «Soy demasiado viejo para esas cosas», añadiré que el señor Wier tenía más de cuarenta años y estaba casado cuando regresó a la escuela a estudiar. Al seleccionar cursos altamente especializados en las universidades que estaban mejor preparadas para enseñar los temas elegidos, el señor Wier completó en dos años el trabajo para el que la mayoría de los estudiantes de leyes necesitan emplear cuatro. ¡Vale la pena saber cómo adquirir el conocimiento!

 

 

 

UNA IDEA SIMPLE QUE DIO RESULTADO

 

 

Consideremos un caso específico.

 

 

Un vendedor en un supermercado se encontró de pronto sin empleo. Como tenía un poco de experiencia en contabilidad, se matriculó en un curso de contabilidad especial, se familiarizó con las últimas novedades en la rama contable y equipos de oficina, y se puso a trabajar por su cuenta. Empezó con el supermercado para el que había estado trabajando, e hizo contratos con más de 100 pequeños comerciantes para llevarles la contabilidad, cobrándoles una tarifa mensual muy baja. Su idea era tan práctica que pronto empezó a prepararse una oficina portátil en un pequeño camión de reparto, equipado con máquinas modernas de teneduría de libros. En la actualidad dispone una «flota» de estas oficinas rodantes, y cuenta con un extenso equipo de ayudantes, y así puede proporcionar a los pequeños comerciantes un servicio de contabilidad equivalente a los mejores, a un precio muy bajo.

 

 

 

 

El conocimiento especializado, sumado a la imaginación, fue el ingrediente de este negocio peculiar y provechoso. El año pasado, el propietario de ese negocio pagó en impuestos sobre la renta casi diez veces más de lo que el supermercado donde trabajaba pagó por impuestos.

 

 

¡El comienzo de ese provechoso negocio fue una idea!

 

 

Ya que yo tuve el privilegio de proporcionarle esa idea al vendedor sin empleo, me tomo ahora el privilegio aun mayor de sugerir otra idea que tiene la posibilidad de ingresos todavía mayores.

 

 

Ésta me la sugirió el vendedor que dejó las ventas para vender el negocio de la contabilidad en bases de mayorista. Cuando le sugerí ese plan como solución a su problema de desempleo, exclamó en seguida:

“Me gusta la idea, pero no sabría cómo convertirla en dinero.” En otras palabras, se estaba quejando de que no sabía cómo comercializar sus conocimientos de contabilidad después de haberlos adquirido.

 

 

Así, eso generaba otro problema que había que resolver. Con la ayuda de una joven mecanógrafa que podía escribir toda la idea, preparó un librito muy atractivo donde se describían las ventajas del nuevo sistema de contabilidad. Las páginas se hallaban cuidadosamente mecanografiadas y pegadas en un álbum que se usaba como una especie de vendedor mudo, donde la historia de este nuevo negocio se relataba con tanta eficacia que muy pronto su propietario empezó a tener más clientes de los que podía atender.

 

 

 

UN PLAN PROBADO PARA CONSEGUIR EL EMPLEO IDEAL

 

 

Hay miles de personas en todo el país que necesitan los servicios de un especialista en ventas capaz de prepararles un curriculum atractivo para ofrecer sus servicios personales.

 

 

La idea que se describe aquí nació de la necesidad de subsanar una emergencia que  había  que  superar, pero  no  le  ha  sido  útil  sólo  a  esa

 

 

 

persona. La mujer que creó la idea tenía una imaginación brillante. En su idea recién nacida vio una nueva profesión que serviría a los miles de personas que necesitan asesoramiento práctico para vender sus servicios personales.

 

 

Impulsada a la acción por el éxito instantáneo de su primer «plan para vender servicios personales», esta enérgica mujer se abocó a la solución de un problema similar para un hijo suyo que acababa de salir de la universidad, pero que había sido incapaz de encontrar un mercado para sus servicios. El plan que ella ideó para el joven fue el mejor plan para vender servicios personales que yo haya visto jamás.

 

 

Cuando completó el curriculum, contenía cincuenta páginas de información mecanografiada, perfectamente organizada, que contaba la historia de las capacidades innatas de su hijo, sus estudios, sus experiencias personales, y una gran variedad de otras informaciones demasiado extensas para describirlas. El libro con el plan también contenía una descripción completa del puesto de trabajo que su hijo deseaba, y un esquema del plan que pondría en práctica para alcanzar ese puesto.

 

 

La preparación del libro del curriculum requirió varias semanas de trabajo, durante las cuales su creadora enviaba a su hijo a la biblioteca pública casi todos los días a buscar datos que ella necesitaba para preparar el plan de venta de sus servicios. También lo enviaba a visitar a todos sus competidores para el empleo, y de ellos reunió información vital en lo concerniente a sus métodos de venta, que fue de gran valor en la formación del plan que intentaba usar para alcanzar la posición que buscaba. Cuando el plan quedó terminado, contenía más de media docena de excelentes sugerencias para uso y beneficio del posible empleador.

 

 

 

USTED NO TIENE QUE EMPEZAR DESDE ABAJO

 

 

Uno podría sentirse tentado a preguntar: «¿Por qué todas estas complicaciones para asegurarse un trabajo?».

 

 

 

La respuesta es: «¡Hacer bien una cosa nunca es una complicación!». El plan  que  esa  mujer  preparó  para  beneficio de  su  hijo  ayudó  a  éste  a conseguir el trabajo para el que se había presentado, en la primera entrevista, con el salario que él mismo había estipulado.

 

 

Además (y esto también es importante), ese puesto no requería que el joven empezara desde abajo. Comenzó como ejecutivo junior, con un salario de ejecutivo.

 

 

¿Por qué enredarse con todos esos problemas?

 

 

Por una razón: la presentación planificada con que este joven solicitó ese trabajo le ahorró no menos de diez años del tiempo que le hubiera hecho falta  para  llegar  al  puesto  desde  el  que  ahora  empezaba  si  hubiese

«empezado desde abajo y forjado su camino hacia el ascenso».

 

 

La idea de empezar desde abajo y forjarse el propio camino puede parecer buena, pero la principal objeción que se le puede hacer es que son demasiados los que empiezan desde abajo y nunca se las arreglan para asomar la cabeza lo bastante arriba como para que la oportunidad los vea, de  modo  que  se  quedan  abajo.  También  hay  que  recordar  que  la perspectiva que se observa desde abajo no es ni muy brillante ni muy estimulante. Tiene tendencia a  matar la  ambición. Es  lo  que  llamamos

«estancarse en una rutina», lo que significa que aceptamos nuestro destino porque nos formamos el hábito de la rutina diaria, un hábito que llega a ser tan fuerte que acabamos por no intentar ya sustraernos a él. Y ésa es otra razón por la que conviene empezar dos o tres escalones por encima del de

«abajo». Al hacerlo de este modo, uno se forma el hábito de estar atento al entorno, de observar cómo progresan los demás, de buscar la oportunidad y de no dejarla escapar.

 

 

 

HAGA QUE LA INSATISFACCIÓN FUNCIONE A SU FAVOR

 

 

Dan Halpin es un ejemplo espléndido de lo que voy a explicar. Durante sus años de universidad, trabajó como manager del famoso equipo de fútbol Notre Dame, que fue campeón nacional en 1930, cuando se hallaba bajo la

 

 

 

dirección del finado Knute Rockne. Halpin terminó sus estudios universitarios en un momento sumamente desfavorable, pues la Depresión había creado una grave escasez de trabajo, así que, después de aventurarse un poco en las inversiones y en el mundo del cine, aprovechó la primera oportunidad con  un  futuro potencial, vendiendo audífonos eléctricos a comisión. Cualquiera podía empezar en un trabajo así, y Halpin lo sabía, pero ese trabajo le bastó para abrir las puertas a la oportunidad.

 

 

Durante  casi  dos  años  siguió  haciendo  lo  mismo  a  disgusto,  y  nunca hubiera progresado si no hubiese hecho algo con respecto a su insatisfacción. En un principio aspiró al puesto de gerente de ventas de su compañía, y obtuvo el trabajo. Aquel paso hacia arriba lo puso lo bastante por  encima  de  los  demás  como  para  permitirle  ver  una  oportunidad todavía mayor. Además, lo colocó en un lugar donde también la oportunidad podía verlo.

 

 

Alcanzó una cifra tan elevada de ventas de audífonos, que A. M. Andrews, el directivo principal de Dictograph Products Company - una empresa competidora de la compañía para la que Halpin trabajaba - quiso conocer a ese hombre llamado Dan Halpin, quien estaba quitándole tantas ventas a la Dictograph Company. Mandó llamar a Halpin. Cuando la entrevista terminó, Halpin era el nuevo gerente de ventas de la Acousticon Division. Entonces, para poner a prueba la entereza del joven Halpin, Andrews se fue durante tres meses a Florida, dejándolo solo para que nadara o se hundiera. ¡Pero no se hundió! La filosofía de Knute Rockne de que «todos adoran al ganador, pero no tienen tiempo para el perdedor», lo inspiró para esforzarse tanto en su trabajo que lo eligieron vicepresidente de la compañía, un puesto que muchos hombres estarían muy orgullosos de alcanzar tras diez años de leales esfuerzos. Halpin consiguió eso en poco más de seis meses.

 

 

Uno de los puntos importantes que intento destacar con esta filosofía es que escalamos hasta las posiciones más elevadas o nos quedamos abajo debido a condiciones que podemos controlar, si deseamos controlarlas.

 

 

 

SUS SOCIOS PUEDEN NO TENER PRECIO

 

 

También estoy tratando de poner de relieve otro asunto, y es el siguiente:

¡tanto el éxito como el fracaso son, en gran medida, el resultado del hábito! No me cabe la menor duda de que la estrecha asociación de Dan Halpin con el mejor coach de futbol en los Estados Unidos plantó en la mente de Halpin el mismo tipo de deseo por sobresalir y superarse que hizo del Notre Dame un equipo mundialmente famoso. Desde luego, hay algo en la idea del culto al héroe que resulta útil, siempre y cuando uno venere a un ganador.

 

 

Mí creencia en la teoría de que las asociaciones comerciales son factores vitales, tanto en el fracaso como en el éxito, fue claramente demostrada cuando mi hijo Blair estuvo negociando con el señor Halpin su puesto de trabajo. Halpin le ofreció un salario inicial de más o menos la mitad de lo que hubiera obtenido en una compañía rival. Yo ejercí mi presión como padre para inducirlo a aceptar su trabajo junto a Halpin, porque estoy convencido de que la estrecha asociación con alguien que se niega a comprometerse con circunstancias que no son de su agrado es un bien que nunca se puede calcular en dinero.

 

 

Estar «abajo» es hallarse en un sitio pesado, inaprovechable y monótono para cualquiera. Por eso me he tomado tiempo para describir la forma en que los comienzos desde abajo se pueden eludir con una adecuada planificación.

 

 

 

HAGA QUE SUS IDEAS RINDAN BENEFICIOS POR MEDIO DEL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO

 

 

La mujer que preparó el «Plan de ventas de servicios personales» para su hijo recibe ahora cartas de todas las partes del país en las que le piden su cooperación para preparar planes similares para otros que desean vender sus servicios personales por más dinero.

 

 

No debe suponerse que su plan consista sólo en una política de ventas inteligente, mediante la cual ayuda a hombres y a mujeres a pedir y recibir

 

 

 

más dinero por los mismos servicios por los que hasta ahora habían ganado menos. Se hace cargo de los intereses del contratante, además de los del vendedor de los servicios personales, y prepara sus planes para que el empleador reciba un valor rotundo por el dinero adicional que paga.

 

 

Si usted tiene imaginación, y busca una salida más aprovechable para sus servicios personales, esta sugerencia puede ser el estímulo que ha estado buscando. La idea es capaz de proporcionarle unas entradas mucho mayores que las del médico, el ingeniero o el abogado «estándar», cuya educación ha requerido varios años de universidad.

 

 

¡No existe un precio fijo para las buenas ideas!

 

 

Detrás de todas las ideas hay conocimientos especializados. Por desgracia, para aquellos que no encuentran riqueza en abundancia, el conocimiento especializado es más abundante y se adquiere con más facilidad que las ideas. Debido a esta verdad universal, hay una gran demanda y oportunidades cada vez mayores para las personas capaces de ayudar a hombres y mujeres a vender ventajosamente sus servicios personales. La capacidad entraña imaginación, cualidad necesaria para combinar los conocimientos   especializados   con   las   ideas   en   forma   de   planes organizados, pensados para alcanzar la riqueza.

 

 

Si usted tiene imaginación, este capítulo puede presentarle una idea que alcance para servirle como comienzo de las riquezas que desea. Recuerde que la idea es la pieza principal. Los conocimientos especializados se pueden encontrar a la vuelta de la esquina, ¡de cualquier esquina!

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 6

 

 

LA IMAGINACIÓN

 

 

EL TALLER DE LA MENTE

El quinto paso hacia la riqueza

 

 

La imaginación es el taller donde se forman todos los planes creados por el hombre. Al impulso, al deseo, se les da forma, perfil y acción mediante la ayuda de la facultad imaginativa de la mente.

 

 

Se ha dicho que el hombre es capaz de crear cualquier cosa que pueda imaginar.

 

 

Mediante la ayuda de su facultad imaginativa, el hombre ha descubierto y dominado más fuerzas de la naturaleza durante los últimos cincuenta años que durante la historia de todo el género humano anterior a esos cincuenta años.  Ha  conquistado  el  espacio  aéreo  tan  cabalmente que  los  pájaros resultan pobres competidores. Ha analizado y pesado el sol a una distancia de millones de kilómetros, y ha determinado, por medio de la ayuda de la imaginación, los elementos que lo componen. Ha aumentado la velocidad de locomoción hasta poder viajar a velocidades de más de mil kilómetros por hora.

 

 

La única limitación del hombre, dentro de lo que es razonable, es el grado de desarrollo de su imaginación y el uso que haga de ella. Todavía no ha alcanzado la cúspide del desarrollo y del uso de su facultad imaginativa. Apenas ha descubierto que la tiene, y tan sólo ha comenzado a usarla de una manera muy elemental.

 

 

 

DOS FORMAS DE IMAGINACIÓN

La facultad imaginativa funciona de dos maneras. Una se conoce con el nombre de «imaginación sintética», y la otra, como la «imaginación creativa».

 

 

 

 

La imaginación sintética: Por medio de esta facultad, uno puede compaginar viejos conceptos, ideas o planes en nuevas combinaciones.

Esta facultad no crea. Funciona con el material de la experiencia, la educación y la observación con que se la alimenta. Es la facultad que más usa el inventor, con la excepción del «genio», que recurre a la imaginación creativa cuando no puede resolver su problema mediante la imaginación sintética.

 

 

La imaginación creativa: A través de la facultad de la imaginación creativa la mente finita del hombre tiene comunicación directa con la Inteligencia Infinita. Es la facultad mediante la cual se reciben los «presentimientos» y las  «inspiraciones».  Por  medio  de  esta  facultad,  un  individuo  puede

«sintonizarse» o comunicarse con el subconsciente de otros hombres.

 

 

La imaginación creativa funciona de forma automática, de la manera que se describe en páginas siguientes. Esta facultad funciona sólo cuando la mente consciente está trabajando a un ritmo extremadamente rápido, como, por ejemplo, cuando es estimulada por medio de la emoción de un deseo poderoso.

 

 

La facultad creativa se vuelve más alerta en proporción con el desarrollo que adquiere a través del uso.

 

 

Los  grandes  líderes  de  los  negocios,  la  industria  y  las  finanzas,  y  los grandes artistas, músicos,  poetas  y  escritores  han  llegado al  lugar  que ahora ocupan porque han desarrollado la facultad de la imaginación creativa.

 

 

Tanto la imaginación creativa como la sintética se agudizan cada vez más por el uso, de la misma forma que lo hace cualquier músculo u órgano del cuerpo.

 

 

El deseo es sólo un pensamiento, un impulso. Es nebuloso y efímero. Es abstracto,   y   no   tiene   valor   hasta   que   se   ha   transformado   en   su contrapartida física. Si bien la imaginación sintética es la que se usará con más  frecuencia  en  el  proceso  de  transformar  el  impulso  del  deseo  en

 

 

 

dinero, usted debe tener presente el hecho de que puede afrontar circunstancias  y  situaciones  que  exijan  el  empleo  de  la  imaginación creativa.

 

 

 

EJERCITE SU IMAGINACIÓN

 

 

Su facultad imaginativa puede haberse debilitado a causa de la falta de actividad. Se la puede revivir y estimular mediante el uso. Esta facultad no muere, aunque puede llegar a la inactividad total por falta de uso.

 

 

Por el momento, centre su atención en el desarrollo de la imaginación sintética, ya que esta es la facultad que usted usará más a menudo en el proceso de convertir el deseo en dinero.

 

 

La transformación del impulso intangible, del deseo, en una realidad tangible, el dinero, exige el uso de un plan o más. Este plan debe realizarse con la ayuda de la imaginación, y, sobre todo, con la facultad sintética.

 

 

Léase todo el libro, y luego vuelva a este capítulo, y empiece en seguida a poner a trabajar la imaginación en la construcción de un plan, o planes, para la transformación de su deseo en dinero. Casi en cada capítulo se han dado detalladas instrucciones para elaborarlos. Siga las instrucciones que mejor se ajusten a sus necesidades. Ponga su plan por escrito, si todavía no lo ha hecho. En el momento en que complete eso, habrá dado forma definitiva y concreta a un deseo intangible. Lea una vez más el enunciado anterior. Léalo en voz  alta, muy lentamente, y, a  medida que lo  hace, recuerde que en el momento en que reduce la afirmación de su deseo y planifica su realización sobre un papel, ha dado el primero de una serie de pasos que le  permitirán convertir ese  pensamiento en  su  contrapartida física.

 

 

 

LAS LEYES QUE CONDUCEN A LA FORTUNA

 

 

La Tierra sobre la que usted vive y todas las otras cosas materiales son el resultado de los cambios de la evolución, mediante los cuales las partículas

 

 

 

microscópicas de materia se han organizado y acomodado de una manera ordenada.

 

 

Por  otra parte (y  esta afirmación es de fundamental importancia), este planeta, cada una de los miles de millones de células del cuerpo de usted, y cada átomo de materia, empiezan como una forma intangible de energía.

 

 

¡El deseo es el impulso del pensamiento! Los impulsos del pensamiento son formas de la energía. Cuando empieza a acumular dinero con un impulso del pensamiento, el deseo, usted está poniendo a su servicio el mismo

«material» que la naturaleza empleó para crear este planeta y todas las formas materiales del universo, incluido el cuerpo y el cerebro en los que los impulsos de pensamiento funcionan.

 

 

Usted puede amasar una fortuna mediante la  ayuda de  leyes que son inmutables. Pero primero debe familiarizarse con esas leyes, y aprender a usarlas. A través de la repetición, y  ofreciendo la descripción de estos principios desde todos los ángulos concebibles, el autor desea revelarle el secreto mediante el cual se han conseguido todas las grandes fortunas. Por extraño y paradójico que pueda parecer, el «secreto» no es tal secreto. La propia naturaleza nos lo pone delante, en la Tierra donde vivimos, en las estrellas, en los planetas suspendidos en sus órbitas, en los elementos que nos rodean, y en todas las formas de vida que podemos ver.

 

 

Los principios que presentamos a continuación le abrirán el camino a la comprensión  de  la  imaginación.  Asimile  los  que  consiga  entender,  a medida que lee por primera vez esta filosofía; luego, cuando relea el texto y lo estudie de nuevo, descubrirá que ha pasado algo que clarifica las cosas y le  da  una  comprensión  más  amplia  de  todo.  Pero,  sobre  todo,  no  se detenga, no dude en sus estudios de estos principios, hasta que haya leído el libro al menos unas tres veces, porque, para entonces, ya no querrá detenerse.

 

 

 

CÓMO HACER USO PRÁCTICO DE LA IMAGINACIÓN

 

 

Las ideas son el punto inicial de todas las fortunas. Las ideas son productos de  la  imaginación. Examinemos algunas  bien  conocidas  que  han  dado origen a fortunas inmensas, en la esperanza de que estos ejemplos transmitirán la información precisa de lo que se refiere al método a través del cual se puede utilizar la imaginación para acumular riquezas.

 

 

 

EL HERVIDOR ENCANTADO

 

 

Hace cincuenta años, un viejo médico rural se fue a caballo hasta el pueblo, ató su montura, entró sigilosamente en la droguería por la puerta trasera y empezó a «regatear» con el joven dependiente.

 

 

Durante  más  de  una  hora,  tras  el  mostrador,  el  viejo  doctor  y  el dependiente hablaron en voz baja. Después, el doctor salió. Fue hasta el caballo y regresó a la tienda con un gran   hervidor antiguo, y con una paleta de madera (que se usaba para revolver el contenido del hervidor), y los depositó en la parte trasera de la tienda.

 

 

El dependiente inspeccionó el hervidor, buscó en su bolsillo interior, sacó un rollo de billetes y se lo alargó al doctor. El rollo contenía quinientos dólares, ¡todos los ahorros del dependiente!

 

 

El doctor le dio un trocito de papel en el que aparecía escrita la fórmula secreta. ¡Las palabras de aquel trozo de papel bien valían el rescate de un rey! ¡Pero no para el doctor! Esas palabras mágicas eran necesarias para que el hervidor empezara a hervir, pero ni el doctor ni el joven dependiente sabían  qué  fortunas  fabulosas  estaban  destinadas  a  brotar  de  aquel hervidor.

 

 

El  viejo médico estaba contento de  vender esos  objetos  por  quinientos dólares. El dependiente se arriesgaba mucho apostando todos sus ahorros a un trocito de papel y a un hervidor viejo. Nunca había soñado que su inversión comenzaría con un hervidor que rebosaría de oro y que un día sobrepasaría el milagroso fenómeno de la lámpara de Aladino.

 

 

 

 

¡Lo que el dependiente había comprado en realidad era una idea!

 

 

El viejo hervidor, y la cuchara de madera y el mensaje secreto escrito en el trocito de papel eran cosas incidentales. Las curiosas cualidades de aquel hervidor empezaron a manifestarse después de que su nuevo propietario mezclara, según las instrucciones secretas, un ingrediente sobre el cual el doctor no sabía nada.

 

 

Trate de descubrir qué fue lo que el joven añadió al mensaje secreto, que hizo que el hervidor rebosara de oro. Ésta es una historia de hechos, más extraños que la ficción, de hechos que se inician en la forma de una idea.

 

 

Echemos una ojeada a las vastas fortunas que esta idea ha producido. Ha rendido, y sigue rindiendo, fortunas inmensas a hombres y mujeres de todo el mundo que se ocupan de distribuir el contenido del hervidor a millones de personas.

 

 

El viejo hervidor es ahora uno de los más grandes consumidores de azúcar garantizándole empleo de naturaleza permanente a a miles de hombre y mujeres que se ocupan de cultivar la caña de azúcar y de refinar y comercializar el azúcar.

 

 

El viejo hervidor consume, anualmente, millones de botellas, proporcionando trabajo a un enorme número de trabajadores del vidrio; da empleo a un ejército de dependientes, taquígrafos, escritores y expertos en publicidad en toda la nación; ha obtenido fama y fortuna para muchísimos artistas que han creado cuadros magníficos que describen el producto.

 

 

El viejo hervidor ha convertido un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos en la capital sureña de los negocios, donde ahora beneficia directa o indirectamente cada negocio y casi a cada residente de la ciudad.

 

 

La influencia de esta idea beneficia ahora a todas las ciudades civilizadas del mundo, vertiendo un flujo continuo de oro para todo aquel que la toca.

 

 

 

El oro del hervidor construye y mantiene una de las universidades más importantes del  sur  de  los  Estados Unidos, donde  millares de  jóvenes reciben el entrenamiento esencial para el éxito.

 

 

Si el producto de este viejo hervidor de bronce pudiera hablar, nos contaría escalofriantes historias de novela, en todos los idiomas. Novelas de amor, novelas de negocios, novelas de hombres y mujeres profesionales, que se ven estimulados a diario por ese producto.

 

 

El autor está seguro de una de esas novelas por lo menos, pues tiene parte en ella, y todo empezó no muy lejos de donde el dependiente le compró al médico el viejo hervidor. Allí fue donde el autor conoció a su esposa, y ella le habló por primera vez del hervidor encantado. Era el producto de aquel hervidor lo que estaban bebiendo cuando él le pidió que lo aceptase «en matrimonio».

 

 

Sea usted quien fuere, viva en donde viva, y sea cualquiera la ocupación a la que se dedique, recuerde en el futuro, cada vez que vea las palabras Coca Cola, que su vasto imperio de riqueza e influencia ha surgido de una sola idea, y que el misterioso ingrediente con que el dependiente de la droguería -Asa Candler- mezcló la fórmula secreta era... ¡la imaginación!

 

 

Deténgase a pensar en ello por un momento.

 

 

Recuerde, además, que los pasos hacia la riqueza que se describen en este libro han sido los medios por los que la influencia de Coca-Cola se ha extendido a cada ciudad, pueblo, aldea y encrucijada del mundo, y que cualquier idea que usted pueda crear, tan buena y meritoria como la Coca- Cola, tiene la posibilidad de duplicar el récord de ese refresco mundialmente conocido para matar la sed.

 

 

 

QUÉ HARÍA YO SI TUVIESE UN MILLÓN DE DÓLARES

 

 

Esta historia demuestra la veracidad de aquel antiguo adagio: «Donde hay una voluntad, hay un camino». Esto me lo decía ese apreciado educador y clérigo, el fallecido Frank W. Gunsaulus, que comenzó su carrera de predicador en los corrales de ganado de la región de Chicago.

 

 

Mientras el doctor Gunsaulus estudiaba en la universidad, observó muchos defectos en nuestro sistema educativo, defectos que creía que podría corregir, si fuera director de un colegio.

 

 

Se propuso organizar un nuevo colegio donde llevar a cabo sus propias ideas, sin los obstáculos de los métodos ortodoxos de la educación.

 

 

¡Necesitaba  un  millón  de  dólares  para  poner  su  proyecto  en  marcha!

¿Hacia dónde necesitaría tender las manos para obtener semejante suma de dinero? Ésa era la pregunta que absorbió la mayor parte de las reflexiones de ese joven y ambicioso predicador.

 

 

Pero no parecía que consiguiese progreso alguno.

 

 

Todas las noches se acostaba pensando en lo mismo, y al día siguiente se levantaba con la misma idea. Siguió dándole vueltas, hasta que se convirtió en una obsesión.

 

 

Al ser un filósofo además de un predicador, el doctor Gunsaulus reconocía, tal como todos aquellos que tienen éxito en la vida, que un propósito definido es el punto inicial desde donde se ha de comenzar. Reconocía, además, que esa definición del propósito adquiere animación, vida y poder cuando está respaldada por un deseo ardiente de traducir ese propósito en su equivalente material.

 

 

Él conocía todas esas grandes verdades, y, sin embargo, no sabía dónde, ni cómo encontrar un millón de dólares. El procedimiento natural hubiera sido ceder y olvidarse del asunto, diciendo: «Mi idea es buena, pero no puedo hacer nada con  ella  porque nunca podré procurar el  millón de dólares que necesito para ejecutarla». Eso es exactamente lo que la mayoría

 

 

 

de la gente hubiese dicho, pero no es lo que el doctor Gunsaulus dijo. Lo que dijo e hizo son cosas tan importantes que ahora se lo presento al lector, para que él mismo sea quien lo explique.

 

 

«Un sábado por la mañana me senté en mi habitación pensando maneras de conseguir el dinero necesario para llevar a cabo mis planes. Durante casi dos años había estado pensando, ¡pero no había hecho otra cosa que pensar!

 

 

»¡Había llegado el momento de la acción!

 

 

»En aquel momento decidí que reuniría ese millón de dólares en el plazo de una semana. ¿Cómo? Eso no me preocupaba. Lo más importante era la decisión de conseguirlo en un plazo determinado, y quiero destacar que en el instante en que alcancé esa decisión, una extraña sensación de seguridad se apoderó de mí, de una manera que jamás había experimentado. Algo en mi interior parecía decir: "¿Por qué no has tomado esa decisión antes? Ese dinero te ha estado esperando todo este tiempo".

 

 

»Los acontecimientos se precipitaron. Llamé a los periódicos y anuncié que a  la  mañana  siguiente  pronunciaría  un  sermón  titulado  "Qué  haría  si tuviese un millón de dólares".

 

 

»Me  puse  a  trabajar de  inmediato en  el  sermón, pero  debo  decir,  con franqueza, que la tarea no era difícil, porque había estado preparándolo durante casi dos años.

 

 

»Mucho antes de la medianoche lo había terminado. Me fui a la cama y me dormí con un sentimiento de confianza, porque podía verme a mí mismo en posesión del millón de dólares.

 

 

»A la mañana siguiente me levanté temprano, me metí en el baño, leí el sermón y me arrodillé para pedir que mi sermón despertara la atención de alguien que me proporcionase el dinero que necesitaba.

 

 

»Mientras estaba rezando volví  a  sentir la  seguridad de  que el  dinero estaba a punto de aparecer. En mi excitación, salí sin el sermón, y no descubrí mi descuido hasta que estuve en el púlpito, dispuesto a leerlo.

 

 

 

 

»Era demasiado tarde para volver por mis notas, ¡y fue una suerte que no pudiese hacerlo! En vez de las notas, mi propio subconsciente me proporcionó el material que necesitaba. Cuando me puse de pie para pronunciar mi sermón, cerré los ojos y hablé con todo el corazón y el alma de mis sueños. No sólo hablé para mi audiencia, también me dirigí a Dios. Dije lo que haría con un millón de dólares, si alguien me pusiera esa suma en las manos. Describí el plan que había ideado para organizar una gran institución educacional, en la que la gente joven aprendería a hacer cosas prácticas, al mismo tiempo que desarrollaban sus mentes.

 

 

»Cuando terminé y  me senté, un hombre se  levantó lentamente de su asiento, a unas tres filas de los asientos traseros, y se acercó al púlpito. Me pregunté qué pensaría hacer. Entró en el púlpito, me tendió la mano y me dijo: "Reverendo, su sermón me ha gustado. Creo que puede hacer todo lo que usted ha dicho que haría si tuviera un millón de dólares. Para demostrarle que creo en usted y en su sermón, si viene a mi oficina mañana por la mañana, le daré el millón de dólares. Me llamo Phillip D. Armour".»

 

 

El joven Gunsaulus acudió a la oficina del señor Armour y le dieron el millón de dólares. Con ese dinero fundó el Armour Institute of Technology, que en la actualidad se conoce como Illinois Institute of Technology.

 

 

El millón de dólares necesario surgió como resultado de una idea. Detrás de esa idea estaba el deseo que el joven Gunsaulus había abrigado en su interior durante casi dos años.

 

 

Observe este importante hecho: consiguió el dinero al cabo de treinta y seis horas de haber alcanzado la decisión definitiva de obtenerlo ¡y de decidir un plan definido para ello!

 

 

No había nada nuevo ni peculiar en la vaga idea del joven Gunsaulus en lo que se refería al millón de dólares, y en sus débiles deseos de conseguirlo. Otros antes que él, y muchos más desde entonces, han tenido pensamientos similares. Pero hubo algo muy especial y diferente en cuanto a la decisión que alcanzó aquel sábado memorable, cuando dejó de lado toda indecisión, y se dijo, convencido: «Conseguiré ese dinero en el plazo de una semana».

 

 

 

 

Además, ¡el principio por el cual el doctor Gunsaulus obtuvo el millón de dólares todavía tiene vigencia! ¡Está a  su  disposición! La  ley  universal funciona hoy con tanta eficacia como cuando el joven predicador la empleó de manera tan exitosa.

 

 

 

CÓMO TRANSMUTAR IDEAS EN DINERO

 

 

Observe que Asa Candler y el doctor Frank Gunsaulus tenían una característica en común. Ambos conocían la sorprendente verdad de que las ideas se pueden transmutar en dinero   por medio del poder de un propósito definido, y de unos planes concretos.

 

 

Si usted es de los que creen que el trabajo duro y la honradez, por sí solos, le proporcionarán riqueza, ¡está muy equivocado! La riqueza, cuando aparece en grandes cantidades, nunca es sólo como resultado del trabajo duro. Cuando aparece, la riqueza es el resultado de exigencias definidas, basadas en la aplicación de planes definidos, y nunca se debe a la suerte ni al azar.

 

 

Una idea es un impulso de pensamiento que incita a la acción por medio de un llamamiento a la imaginación. Todos los vendedores expertos saben que, cuando las mercaderías no se pueden vender, las ideas sí. Los vendedores   ordinarios   lo   ignoran,   y,   precisamente   por   eso,   son

«ordinarios».

 

 

Un editor de libros baratos hizo un descubrimiento de gran valor para todos los editores en general. Aprendió que mucha gente compra el título y no el contenido de los libros. Por el solo hecho de cambiar el título a un libro que no se vendía, sus ventas aumentaron en más de un millón de ejemplares. Las «tripas», como es llamada en la jerga de los editores la parte que queda entre las cubiertas, no habían cambiado. Se limitaron a arrancar las cubiertas en que figuraba el título que no se vendía, para aplicar a los ejemplares una cubierta nueva con un título que tenía un valor más «taquillero».

 

 

 

Por sencilla que pueda parecer, ¡ésa era una verdadera idea! Era imaginación.

 

 

No existe un precio estándar para las ideas. El creador de ideas pone su propio precio, y, si es listo, logra imponerlo.

 

 

La historia de casi cada fortuna comienza el día en que el creador y el vendedor de ideas se conocen y empiezan a trabajar en armonía. Carnegie se rodeó de hombres capaces de todo lo que él no podía hacer, hombres que creaban ideas, y hombres que ponían esas ideas en práctica, y tanto él como los demás llegaron a ser fabulosamente ricos.

 

 

Hay millones de personas que se pasan la vida esperando un «golpe de suerte» favorable. Tal vez eso pueda proporcionarnos una oportunidad, pero el plan más seguro consiste en no depender de la suerte. Un «golpe de suerte» favorable fue lo que me ofreció la mejor oportunidad de mi vida, pero tuve que dedicar veinticinco años de esfuerzos concretos para que esa oportunidad se convirtiese en algo real.

 

 

El «golpe de suerte» consistió en conocer a Andrew Carnegie y obtener su cooperación. En aquella ocasión, Carnegie me sugirió la idea de organizar los principios de los logros y los triunfos en una filosofía del éxito. Miles de personas han aprovechado los descubrimientos que se han hecho durante estos últimos veinticinco años de investigación, y se han acumulado varias fortunas mediante la aplicación de esta filosofía. El comienzo fue sencillo. Era una idea que cualquiera hubiera podido poner en práctica.

 

 

El golpe de suerte favorable surgió con Carnegie, pero ¿qué hay de la determinación, la definición de los propósitos y el deseo de alcanzar el objetivo, y el esfuerzo perseverante de veinticinco años? No era un deseo ordinario el que sobrevivió a los contratiempos, a los desalientos, a los fracasos temporales, a las críticas y a los constantes recordatorios de que aquello  era  una  «pérdida  de  tiempo».  ¡Era  un  deseo  ardiente!  ¡Una obsesión!

 

 

Cuando Carnegie me  sugirió  la  idea por  primera vez,  fue  alimentada, alentada y abrigada para mantenerla viva. Gradualmente, la idea llegó a ser

 

 

 

gigante por su propio poder, y entonces me alimentó, me alentó y me condujo. Las  ideas son  así. Primero nosotros les  damos vida, acción y orientación,  y  luego  ellas  adquieren  su  propio  poder  y  arrasan  con cualquier tipo de oposición.

 

 

Las ideas son fuerzas intangibles, pero tienen más poder que el cerebro físico en donde nacen. Tienen el poder de seguir viviendo, aun después de que el cerebro que las ha creado haya regresado al polvo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 7

 

 

LA PLANIFICACIÓN ORGANIZADA

 

 

LA CRISTALIZACIÓN DEL DESEO EN ACCIÓN

El sexto paso hacia la riqueza

 

 

 

Usted ha aprendido que todo lo que el hombre crea o adquiere empieza bajo  la  forma de  un  deseo, un  deseo  que  se  asume desde su  primera aparición y va desde lo abstracto hasta lo concreto, en el taller de la imaginación, donde se crean y se organizan planes para su transición.

 

 

En el segundo capítulo se le instruyó para que diese seis pasos muy definidos, como primer movimiento hacia la transmutación del deseo de dinero en su equivalente físico. Uno de esos pasos es la formación de un plan, o planes, definido y práctico, mediante el cual esa transformación puede llevarse a cabo.

 

 

Ahora  recibirá  instrucciones  sobre   cómo  construir  planes  que   sean prácticos. Por ejemplo:

 

 

a) Alíese con un grupo de tantas personas como pueda necesitar para la creación y ejecución de su plan para la acumulación de dinero, haciendo uso del principio de «Master Mind», que se describe en un próximo capítulo. (La sumisión a este principio es esencial. No lo desatienda.)

 

 

b) Antes de haber formado su «Master Mind», decida ventajas y beneficios que usted puede ofrecer a cada miembro de su grupo a cambio de su cooperación. Nadie trabajará indefinidamente sin alguna forma de compensación. Ninguna persona inteligente exigirá ni esperará que otra

 

 

 

trabaje sin una compensación adecuada, aunque ésta no siempre se encuentre en forma de dinero.

 

 

c) Acuerde reunirse con los miembros de su “Master Mind” por lo menos un par de veces por semana, y más a menudo si es posible, hasta que hayan puesto a punto el plan necesario para la acumulación de dinero.

 

 

d) Mantenga una perfecta armonía entre usted y los miembros del equipo. Si no consigue ajustarse a esta instrucción al pie de la letra, se topará con el fracaso. El principio del trabajo de «Master Mind» no se obtiene donde la armonía perfecta no reina.

 

 

Tenga presentes estos hechos:

 

 

PRIMERO: Usted está comprometido en una empresa de gran importancia para usted. Si quiere asegurarse el éxito, ha de tener planes que no tengan errores.

 

 

SEGUNDO:  Debe contar con la ventaja de la experiencia, la educación, la capacidad innata y la imaginación de otras mentes. Esto está en armonía con los métodos que siguen todas las personas que han acumulado grandes fortunas.

 

 

Ningún individuo tiene suficiente experiencia, educación, capacidad innata y conocimientos para garantizar la acumulación de una gran fortuna sin la cooperación de otras personas. Cada plan que usted adopte en la empresa de acumular riquezas debe ser la creación conjunta de usted y los demás miembros del «Master Mind». Usted puede originar sus propios planes, tanto en partes como en su totalidad, pero asegúrese de que esos planes sean verificados y aprobados por su «Master Mind».

 

 

 

SI SU PRIMER PLAN FRACASA, ¡INTENTE OTRO!

 

 

Si el primer plan que usted adopta no funciona con éxito, cámbielo por uno nuevo; si este nuevo plan tampoco funciona, vuelva a cambiarlo por otro, y así sucesivamente hasta que encuentre un plan que dé resultado. Justo aquí

 

 

 

se encuentra la causa principal de que la mayoría de los hombres tope con el fracaso, debido a su falta de perseverancia en la creación de nuevos planes para sustituir los que no funcionan.

 

 

El  hombre más  inteligente no  puede tener éxito en  la  acumulación de dinero  (ni  en  ninguna  otra  empresa)  sin  contar  con  planes  que  sean prácticos y viables. Tenga presente este hecho, y, cuando sus planes fallen, recuerde que un fracaso temporal no es lo mismo que un fracaso permanente. Un fracaso indica sólo que los planes no eran buenos. Haga otros. Vuelva a empezar todo de nuevo.

 

 

El fracaso temporal debe significar sólo una cosa: la certidumbre de que hay algo que no funciona en lo planificado. Millones de hombres se pasan la  vida  en  la  miseria  y  en  la  pobreza  porque  les  falta  un  buen  plan mediante el cual acumular una fortuna.

 

 

Sus logros no pueden ser mejores que la efectividad de sus planes.

 

 

Ningún hombre está vencido mientras él mismo no se rinda en su propia mente.

 

 

Hames  J.  Hill  se  topó  con  fracasos  temporales  la  primera  vez  que  se propuso reunir el capital necesario para trazar un ferrocarril de Este a Oeste de Estados Unidos, pero él también convirtió el fracaso en victoria con la utilización de nuevos planes.

 

 

Henry Ford conoció el fracaso temporal, no sólo al principio de su carrera en el mundo del automóvil, sino después de haber avanzado mucho hacia las mayores alturas del éxito. Concibió otros planes, y siguió avanzando hacía la victoria económica.

 

 

Vemos hombres que han acumulado grandes fortunas; pero, a menudo, sólo reconocemos sus triunfos, y pasamos por alto los fracasos temporales que han tenido que superar antes de «llegar» a la cúspide.

 

 

Ningún seguidor de esta filosofía puede esperar de manera razonable que acumulará una fortuna sin experimentar «fracasos temporales». Cuando el

 

 

 

fracaso sobreviene, acéptelo como  una señal de que sus planes no son buenos, haga otros, y encamínese de nuevo hacia su objetivo anhelado. Si pierde interés antes de haber alcanzado su objetivo, usted es una persona que abandona con facilidad. Recuerde que los que abandonan nunca ganan..., y un ganador nunca abandona. Copie esta frase en un papel, en letras bien grandes, y póngala donde pueda verla todas las noches antes de acostarse, y todas las mañanas antes de ir a trabajar.

 

 

Cuando empiece a elegir miembros para su equipo de “Master Mind”, procure elegir aquellos que no se tomen el fracaso muy en serio.

 

 

Algunas personas creen tontamente que sólo el dinero puede generar dinero. ¡Esto no es verdad! El deseo, transmutado en su equivalente monetario, a través de los principios que presentamos aquí, es el agente por medio del cual se «hace» el dinero. El dinero, en sí, no es más que materia inerte. No se puede mover, no piensa, ni habla, ¡pero puede «oír» cuando, un hombre que lo desee, lo llama!

 

 

 

PLANIFICACIÓN DE LA VENTA DE SERVICIOS PERSONALES

 

 

La planificación inteligente es esencial para el éxito de cualquier empresa ideada con  el  fin  de  acumular riquezas. Aquí encontrará explicaciones detalladas para quienes tienen que empezar la acumulación de riquezas por el procedimiento de vender sus servicios personales.

 

 

Debe de ser muy alentador saber que casi todas las grandes fortunas empezaron en forma de compensación por servicios personales prestados, o por la venta de ideas. ¿Qué otra cosa, aparte de las ideas y de los servicios personales, tiene alguien sin propiedades para ofrecer a cambio de la riqueza?

 

 

 

CASI TODOS LOS LÍDERES EMPIEZAN COMO SEGUIDORES

 

 

Hablando en general, en el mundo hay dos tipos de personas. A unas se las conoce  como  líderes,  y  a  otras  como  seguidores.  Decídase  desde  un

 

 

 

principio si  se  propone llegar a  ser  un  líder en  su  vocación  elegida o continuará siendo un asistente. La diferencia en las compensaciones es enorme.  El  asistente  no  puede  esperar  de  manera  razonable  recibir  la misma compensación que el líder, aunque muchos seguidores cometen el error de esperar la misma remuneración.

 

 

No es ninguna desgracia ser asistente. Por otra parte, tampoco tiene mérito alguno seguir siéndolo. Casi todos los grandes líderes empezaron en el puesto de los seguidores. Llegaron a ser grandes líderes porque eran seguidores inteligentes. Con muy pocas excepciones, el hombre que no pueda estar a las órdenes de un líder de manera inteligente, nunca llegará a ser   un   líder   eficaz.   En   cambio,   el   hombre   que   pueda   seguir inteligentemente a un líder es quien desarrolla con mayor rapidez la capacidad para ser líder. Un seguidor inteligente tiene muchas ventajas; entre ellas, la oportunidad de adquirir conocimientos de su líder.

 

 

 

LOS PRINCIPALES ATRIBUTOS DEL LIDERAZGO

 

 

Los siguientes factores son importantes en todo líder:

 

 

1. Valor inquebrantable, basado en el conocimiento de sí mismo y de la propia ocupación. Ningún seguidor desea ser dominado por un líder falto de confianza en sí mismo y de coraje. Ningún seguidor inteligente puede estar mucho tiempo dominado por un líder así.

 

 

2. Autocontrol. El hombre que es  incapaz de controlarse, nunca podrá controlar a los demás. El autocontrol es un ejemplo poderoso para los seguidores, que los más inteligentes emularán.

 

 

3. Un claro sentido de la justicia. Sin un sentido de lo que es justo y de la justicia, ningún líder puede dirigir a sus seguidores y mantener su respeto.

 

 

4.  Precisión en  las  decisiones. El  hombre que  vacila  en  sus  decisiones demuestra que no está seguro de sí mismo, y no puede conducir a otros con éxito.

 

 

 

5. Exactitud en los planes. El líder que tiene éxito debe planificar su trabajo, y trabajar su plan. Un líder que se mueve por conjeturas, a ojo, sin planes prácticos  ni  precisos,  es  comparable  a  un  barco  sin  timón.  Tarde  o temprano acabará contra los arrecifes.

 

 

6. El hábito de hacer más de lo que le corresponde. Uno de los precios del liderazgo es el hecho de que el líder debe estar dispuesto a hacer más de lo que exige a sus seguidores.

 

 

7. Una personalidad agradable. Ninguna persona desaliñada y descuidada puede llegar a ser un líder eficaz. El liderazgo requiere respeto. Los seguidores  no  respetarán  a  un  líder  que  no  se  destaque  en  todos  los factores que conforman una personalidad agradable.

 

 

8. Simpatía y comprensión. El líder de éxito debe ser simpático con sus seguidores. Además de ser comprensivo con ellos y con sus problemas.

 

 

9. Dominio del detalle. Un liderazgo eficaz exige el dominio de los detalles de la posición del líder.

 

 

10. Disposición a asumir toda la responsabilidad. El líder de éxito debe estar dispuesto a asumir la responsabilidad por los errores y los descuidos de sus seguidores. Si trata de eludir esta responsabilidad, dejará de ser el líder. Si uno de sus seguidores comete un error, y queda como un incompetente, el líder debe considerar que él es quien ha fallado.

 

 

11. Cooperación. El líder de éxito debe comprender y aplicar el principio del esfuerzo cooperativo y ser capaz de impulsar a sus seguidores a hacer lo mismo. El liderazgo requiere poder, y el poder exige cooperación.

 

 

Hay  dos  formas  de  liderazgo.  La  primera,  mucho  más  eficaz,  es  el liderazgo  con  el  consentimiento  y  la  simpatía  de  los  seguidores.  La segunda, el liderazgo por la fuerza, sin el consentimiento ni la simpatía de los seguidores.

 

 

La historia está llena de pruebas de que el liderazgo por la fuerza no perdura.  La   caída   y   la   desaparición  de   dictadores  y   de   reyes   es

 

 

 

significativa. Indica que la gente no acatará indefinidamente un liderazgo por la fuerza.

 

 

Napoleón, Mussolini, Hitler fueron ejemplos de líderes por la fuerza. Su liderazgo ha pasado. El liderazgo con el consentimiento de los seguidores es el único perdurable.

 

 

Los hombres pueden acatar temporalmente un liderazgo por la fuerza, pero no lo harán por su propia voluntad.

 

 

La nueva marca del liderazgo abarcará los once factores descritos en este capítulo, además de algunos otros. El hombre que haga de ellos la base de su liderazgo encontrará abundantes oportunidades de liderar en todos los órdenes de la vida.

 

 

 

LAS  DIEZ  CAUSAS  PRINCIPALES  DEL  FRACASO  EN  EL LIDERAZGO

 

 

Llegamos ahora a los principales errores de los líderes que fracasan, porque saber lo que hay que hacer es tan importante como saber lo que no hay que hacer.

 

 

1.  Incapacidad para organizar detalles. Un  liderazgo eficiente requiere capacidad para organizar y controlar los detalles. Ningún líder genuino está jamás «demasiado ocupado» para hacer cualquier cosa que se le pueda pedir en su condición de líder. Cuando un hombre, ya sea en calidad de líder o de asistente, admite que está «demasiado ocupado» para cambiar de planes, o para prestar atención a una emergencia, está admitiendo su incompetencia. El líder de éxito debe ser quien controle todos los detalles relacionados con su posición. Esto significa, por supuesto, que ha de adquirir el hábito de relegar los detalles a asistentes capaces.

 

 

2. Mala disposición para prestar servicios modestos. Los líderes realmente grandes están siempre dispuestos, cuando la ocasión lo exige, a llevar a cabo cualquier tipo de labor que se les pida que hagan. Que «el mejor de

 

 

 

entre vosotros será el sirviente de todos» es una verdad que todos los líderes capaces observan y respetan.

 

 

3. Expectativas de gratificación por lo que «saben», y no por lo que hacen con  aquello  que  saben.  El  mundo  no  paga  a  los  hombres  por  lo  que

«saben». Les pagan por lo que hacen, o impulsan a hacer a otros.

 

 

4. Temor ante la competencia de los seguidores. El líder que teme que uno de sus seguidores pueda ocupar su puesto está prácticamente condenado a ver cumplidos sus temores tarde o  temprano. El líder capaz entrena a suplentes en quienes pueda delegar, a voluntad, cualquiera de los detalles de su posición. Sólo de ese modo un líder puede multiplicarse y prepararse para estar en muchos lugares, y prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo. Es una verdad eterna que los hombres reciben más paga por su habilidad para hacer que los demás trabajen, que lo que ganarían por su propio esfuerzo. Un líder eficiente puede, a través del conocimiento de su trabajo y del magnetismo de su personalidad, aumentar en gran medida la eficacia de los demás, e inducirlos a rendir más y mejores servicios que los que rendirían sin su ayuda.

 

 

5. Falta de imaginación. Sin imaginación, el líder es incapaz de superar las emergencias, y de crear planes que le permitan guiar con eficacia a sus seguidores.

 

 

6. Egoísmo. El líder que reclama todo el honor por el trabajo de sus seguidores está condenado a generar resentimientos. El verdadero líder no exige honor alguno. Le alegra ver que los honores, cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que la mayoría de los hombres trabajarán con más entusiasmo por recomendaciones y reconocimientos, que sólo por dinero.

 

 

7.  Falta  de  disciplina.  Los  seguidores  no  respetan  a  los  líderes  sin disciplina. Además, la carencia de disciplina en cualquiera de sus diversas formas, destruye la resistencia y la vitalidad de cualquiera que se deje llevar por ella.

 

 

 

8. Deslealtad. Quizás esta causa debería encabezar la lista. El líder que no sea leal con su organización y con su equipo, con quienes están por encima de él y con quienes están por debajo, no podrá mantener mucho tiempo su liderazgo. La deslealtad le señala a uno como alguien que está en el nivel del polvo que pisamos, y atrae sobre su cabeza el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las principales causas de fracaso en todos los terrenos de la vida.

 

 

9. Acentuar la «autoridad» del liderazgo. El líder eficiente enseña mediante el estímulo y no intenta atemorizar a sus seguidores. El líder que trata de impresionar a sus seguidores con su «autoridad» entra en la categoría del liderazgo  por  la  fuerza.  Si  un  líder  lo  es  de  verdad,  no  necesitará anunciarlo, a no ser mediante su conducta, es decir, con su simpatía, comprensión y sentido de la justicia, y demostrando, además, que conoce su trabajo.

 

 

10.  Insistir  en  el  título. El  líder  competente no  necesita «títulos» para obtener el respeto de sus seguidores. El hombre que insiste demasiado en su título, generalmente no tiene mucho más en qué apoyarse. Las puertas del despacho de un verdadero líder permanecen abiertas para todos aquellos  que  deseen  entrar,  y  su  lugar  de  trabajo  está  tan  libre  de formalidad como de ostentación.

 

 

Entre las causas de fracaso en el liderazgo, éstas son las más comunes. Cualquiera de ellas es suficiente para provocar el fracaso. Estudie cuidadosamente la lista si aspira al liderazgo, y asegúrese de no cometer ninguna de estas faltas.

 

 

 

ALGUNOS CAMPOS FÉRTILES EN LOS QUE HABRÁ DEMANDA DE

«NUEVOS LÍDERES»

 

 

Antes de terminar con este capítulo llamaremos su atención sobre algunos campos fértiles donde se ha producido una declinación del liderazgo y en los cuales el nuevo tipo de líder puede encontrar abundancia de oportunidades.

 

 

 

PRIMERO: En  el  campo de  la  política hay  una  insistente demanda de nuevos líderes, una demanda que apunta nada menos que a una emergencia.

SEGUNDO: En el mundo de la Banca se está produciendo una reforma. TERCERO: La industria tiene nuevos líderes. Para que pueda perdurar, el

nuevo líder industrial debe considerarse casi como un funcionario público, cuyo deber es manejar su empresa de manera tal que no imponga penurias a ningún individuo ni a ningún grupo.

 

 

CUARTO: El  líder religioso del  futuro se  verá  obligado a  prestar más atención a las necesidades temporales de sus seguidores, a la solución de los problemas económicos y personales del presente, y a prestar menos atención al pasado, que ya no existe, y al futuro, que no ha llegado aún.

 

 

QUINTO: En las profesiones del derecho, la medicina y la educación, se necesitará una forma de liderazgo nueva y, en alguna medida, también nuevos líderes. Esto es sobre todo válido en el campo de la educación. El líder en este campo deberá encontrar, en el futuro, formas y medios nuevos de enseñar a la gente la manera de aplicar el conocimiento que se les ha impartido, ocupándose más de la práctica y menos de la teoría.

 

 

SEXTO: En el campo del periodismo se necesitarán nuevos líderes.

 

 

Éstos  no  son  más  que  algunos  de  los  campos  en  que  actualmente  se dispone actualmente de oportunidades para nuevos líderes y para una forma de liderazgo también nueva. El mundo está sufriendo rápidos cambios, y esto significa que los medios por obra de los cuales se promueven los cambios en los hábitos humanos deben adaptarse a los cambios. Los medios que describimos aquí son los que, en mayor medida que ningún otro, determinan la tendencia de la civilización.

 

 

 

CUÁNDO Y CÓMO SALIR EN BUSCA DE EMPLEO

 

 

La información que aquí le presentamos es el resultado neto de muchos años de experiencia durante los cuales miles de mujeres y de hombres fueron ayudados a comercializar eficazmente sus servicios.

 

 

La experiencia ha demostrado que los siguientes medios ofrecen los métodos  más  eficaces  y  más  directos  para  poner  en  contacto  a  quien necesita vender sus servicios personales con la persona que necesita comprarlos.

 

 

1. Oficinas de empleo. Se debe tener cuidado en seleccionar sólo las de buena reputación, en las cuales la gerencia pueda mostrar archivos que comprueben  el  logro  de  resultados  satisfactorios.  Tales  oficinas  son bastante escasas.

 

 

2.    Anuncios   en   periódicos,   revistas   y   publicaciones   comerciales. Generalmente se puede confiar en que los anuncios clasificados den resultados satisfactorios en el caso de los que buscan empleos en oficinas u otros cargos asalariados comunes. Los anuncios destacados son más deseables en el caso de quienes buscan conexiones exclusivas, y se deben publicar en la sección del periódico que más fácilmente haya de llamar la atención de la clase de patrono que uno busca. El anuncio lo debe preparar un experto, que sepa cómo destacar las cualidades vendibles necesarias para obtener respuestas.

 

 

3. Cartas personales de presentación, dirigidas a determinadas firmas o personas que puedan necesitar los servicios que uno ofrece. Las cartas deben estar siempre mecanografiadas con pulcritud, y llevar la firma manuscrita. Con la carta se debe enviar un resumen completo de las calificaciones del aspirante. Tanto la carta de presentación como el resumen de calificaciones, deben ser preparados por un experto. (Véanselas instrucciones referentes a la información que se ha de incluir.)

 

 

4. Presentación por intermedio de relaciones personales. Cuando sea posible, el aspirante debe tratar de establecer contacto con un posible patrono   valiéndose   de   las   relaciones   personales.   Este   método   es

 

 

 

especialmente ventajoso en el caso de quienes buscan contactos a nivel ejecutivo y no desean dar la impresión de estar «vendiéndose como baratijas».

 

 

5. Presentación personal. En algunos casos puede resultar más eficaz que el aspirante ofrezca sus servicios personalmente a sus posibles empleadores, y,  de  ser  así,  se  ha  de  presentar por escrito una lista  completa de  las calificaciones para el cargo, dado que suele suceder que el patrono en potencia quiere estudiar con sus socios los antecedentes del aspirante.

 

 

 

LA INFORMACIÓN QUE SE DEBE INCLUIR EN UN EXPEDIENTE ESCRITO

 

 

El expediente ha de ser preparado con tanto cuidado como un abogado prepararía un caso que ha de defender ante el tribunal. A menos que el aspirante tenga experiencia en la preparación de documentos así, debe consultar con un experto, cuyos servicios contratará con este fin. Los comerciantes de éxito emplean como anunciantes a hombres y mujeres que entienden el arte y la psicología de la presentación de los méritos de su mercancía, y quien tiene que vender sus servicios personales debe hacer lo mismo. En el expediente se ha de incluir la información siguiente:

 

 

1. Educación. Enuncie en forma breve, pero clara, su nivel de escolarización y los temas en que se ha especializado, dando las razones para esa especialización.

 

 

2. Experiencia. Si ya ha tenido experiencia en cargos similares al que ahora busca, descríbala en detalle, dando los nombres y direcciones de sus antiguos patronos. Trate de destacar claramente cualquier experiencia especial que pueda haber tenido y que lo califique para adjudicarse el cargo al que aspira.

 

 

3. Referencias. Casi todas las firmas comerciales desean tener información completa sobre los trabajos anteriores y antecedentes de los aspirantes que buscan cargos de responsabilidad. Con las fotocopias de su expediente incluya copias de cartas de:

 

 

 

 

a) Patronos anteriores.

b) Profesores y maestros con quienes estudió.

c) Personas relevantes en cuyo juicio se pueda confiar.

 

 

4. Fotografía. Incluya una fotografía reciente.

 

 

5. Ofrézcase para un cargo específico. Nunca deje de incluir en la presentación una descripción exacta del cargo o actividad que usted busca. Nunca se limite a pedir «un puesto». Eso indica la falta de calificaciones especializadas.

 

 

6.  Enuncie  sus  calificaciones para  ocupar  el  cargo  que  desea.  Exprese detalladamente la razón por la que cree estar calificado para el puesto que busca. Éste es el detalle más importante de su presentación, y el que, más que ninguna otra cosa, determinará la consideración que usted reciba.

 

 

7. Ofrézcase para un período de prueba. Ésta puede parecer una sugerencia radical, pero la experiencia ha demostrado que rara vez deja de asegurar por lo menos una prueba. Si usted está seguro/a de sus calificaciones, una prueba es todo lo que necesita. Digamos de paso que un ofrecimiento así indica que usted está segura/o de su capacidad para ocupar el cargo a que aspira. Es muy convincente. Deje claro que su ofrecimiento se basa en:

 

 

a) Su seguridad de ser capaz de ocupar el cargo.

b) Su confianza en lo que decidirá su posible patrono una vez que lo haya probado.

c) Su determinación de alcanzar el puesto.

 

 

8. Muestre su conocimiento de las actividades comerciales de su futuro patrono. Antes de ofrecerse para un puesto, póngase al tanto del negocio para familiarizarse con él, e indique en su expediente los conocimientos que   tenga   de   ese   campo.   Así   dará   una   buena   impresión,  porque evidenciará que tiene imaginación y que está realmente interesado en el puesto que busca.

 

 

 

Recuerde que no es el abogado que más sabe de leyes el que gana el proceso, sino el que mejor lo prepara.

 

 

Si  su  «caso»  está  bien  preparado  y  presentado,  tendrá,  ya  desde  el comienzo, media victoria ganada. No tema presentar un expediente demasiado largo. A los patronos les interesa tanto contratar los servicios de aspirantes bien calificados como a usted conseguir empleo.

 

 

La verdad es que el éxito de la mayoría de los patronos que lo consiguen se debe, sobre todo, a su capacidad para seleccionar colaboradores bien calificados. Y para eso quieren toda la información posible.

 

 

Recuerde  otra  cosa:  la  pulcritud  en  la  presentación  de  su  expediente indicará hasta qué punto es usted una persona minuciosa. Yo he ayudado a redactar curriculums a clientes tan especiales y fuera de lo común que lograron  que  los  contrataran  sin  necesidad  de  tener  una  entrevista personal.

 

 

Cuando haya completado su expediente, hágalo encuadernar y encabécelo más o menos así:

 

 

EXPEDIENTE DE LAS CALIFICACIONES DE Robert K. Smith

PARA OPTAR AL CARGO DE

Secretario privado del Presidente de la

EMPRESA EN BLANCO, S. A.

 

 

Cambie los nombres cada vez que presente su expediente.

 

 

Este toque personal llamará sin duda la atención sobre usted. Preséntelo pulcramente  mecanografiado  o  mimeografiado  en  el  mejor  papel  que pueda conseguir y hágale una carpeta con una cartulina de las que se usan para cubiertas de libros, de modo que se pueda cambiar si se ha de presentar a más de una empresa. En alguna de las páginas debe figurar su fotografía. Siga estas instrucciones al pie de la letra e introduzca todas las mejoras que su imaginación le sugiera.

 

 

 

Los vendedores de éxito se presentan bien vestidos y arreglados, porque entienden que la primera impresión es la que perdura. Su expediente es el vendedor de usted. Vístalo bien, de modo que marque un nítido contraste con cualquier cosa que su futuro patrono haya podido ver antes en cuanto a la forma de presentarse a solicitar empleo. Si el cargo que usted busca merece la pena, más vale que usted se la tome. Además, si usted se vende a un patrono de una manera tal que su individualidad lo impresione, es probable que le pague mejor sus servicios, desde el primer día, que si se hubiera presentado a buscar empleo de la manera convencional en que todos lo hacen.

 

 

Si busca un trabajo a través de una agencia de publicidad o de la oficina de empleo, haga que el agente use copias de su expediente cuando ofrezca sus servicios. Eso le ayudará a encontrarse en una situación de preferencia, tanto en relación con su agente como con sus posibles patronos.

 

 

 

CÓMO CONSEGUIR EL CARGO QUE DESEA

 

 

Todos disfrutamos haciendo el tipo de trabajo para el cual nos sentimos más adecuados. A un pintor le encanta trabajar con pintura, a un artesano con las manos, y a un escritor le gusta escribir. Aquellos con menos talentos específicos tienen sus preferencia por ciertos campos del comercio y de la industria. Si en los Estados Unidos se hace algo bien, es justamente que se ofrece una completa gama de ocupaciones, desde arar la tierra, fabricación, márketing, y todas las profesiones.

 

 

PRIMERO: Decida exactamente qué trabajo quiere. Si es un trabajo que aún no existe, quizá usted pueda crearlo.

SEGUNDO: Escoja la empresa o la persona para la que quiere trabajar. TERCERO: Estudie a su posible patrono en lo que se refiere a sus políticas

comerciales y de personal, y a las probabilidades de ascenso.

 

 

CUARTO: Analícese y analice sus talentos y capacidades para precisar qué

puede ofrecer, y organice maneras y  medios para presentar las ventajas,

 

 

 

servicios, planes e ideas siempre que usted cree estar en condiciones de ofrecer con éxito.

 

 

QUINTO: Olvídese de «un trabajo». Olvídese de si hay o no una oportunidad. Olvídese de la rutina habitual del «¿Tiene trabajo para mí?». Concéntrese en lo que usted puede dar.

 

 

SEXTO: Una vez que tenga mentalmente claro su plan, busque una persona que sea capaz de ponerlo por escrito, en forma detallada.

 

 

SÉPTIMO: Presénteselo a la persona con la autoridad necesaria y deje que se ocupe del resto. Todas las compañías andan en busca de personas que puedan ofrecerles algo de valor, ya sean ideas, servicios o «contactos». Todas las empresas tienen lugar para la gente que dispone de un plan de acción definido que represente una ventaja para la compañía.

 

 

Este  plan  de  acción  puede  llevarle unos  días  o  unas  semanas más  de tiempo,  pero  la  diferencia en  ingresos,  en  ascensos  y  en  obtención  de reconocimiento le ahorrará años de trabajo duro y salario escaso. Tiene muchas ventajas; la principal es que se evitará de uno a cinco años de espera para alcanzar el objetivo que se haya propuesto.

 

 

Toda persona que comienza, o que «se mete» en medio de la escala del éxito, ha necesitado, para conseguirlo, una planificación deliberada y cuidadosa.

 

 

 

LA NUEVA MANERA DE COMERCIALIZAR SERVICIOS

 

 

En el futuro, los hombres y las mujeres que mejor comercialicen sus servicios tendrán que reconocer el cambio que se ha producido en lo referente a la relación entre patrono y empleado.

 

 

La relación del futuro entre los patronos y sus empleados será más afín a una sociedad integrada por:

 

 

 

a) El patrono

b) El empleado

c) El público al que sirven

 

 

Si decimos que esta manera de comercializar los servicios personales es nueva, ello se debe a varias razones. Primero, porque, en el futuro, tanto el patrono  como  el  empleado  serán  considerados  empleados  comunes, puestos ambos al servicio de un cliente, el público, y su negocio consistirá en servir a su cliente con eficiencia. En el pasado, patronos y empleados se han trabado en luchas por el empeño de sacar cada uno el mejor partido posible  del  otro,  sin  considerar  que,  en  última  instancia,  en  realidad estaban regateando a expensas de un tercero, el público al que servían.

 

 

«Cortesía» y «servicio» son las actuales consignas de la comercialización, y son aplicables a la persona que ofrece servicios personales en forma aún más directa que al patrono a quien ésta sirve, porque, en última instancia, tanto el patrono como su empleado son empleados del público al que sirven. Si no alcanzan a darle buen servicio, lo pagan con la pérdida de su privilegio de servir.

 

 

Todos podemos recordar el tiempo en que el empleado que venía a leer el contador del gas golpeaba la puerta con tanta fuerza como para romperla. Cuando le abrían, entraba con aire prepotente, con una mueca en el rostro que evidentemente decía: “¿Por qué diablos me hiciste esperar?” Todo aquello ha cambiado. El empleado del gas se conduce hoy por hoy como un caballero que estuviese «encantado de poder servirle a usted». Antes de que las compañías de gas se dieran cuenta de que sus empleados estaban acumulando deudas que jamás se acabarían de pagar, aparecieron los corteses  vendedores de  quemadores de  petróleo  y  se  quedaron con  el mercado.

 

 

Durante la Depresión en Estados Unidos, pasé varios meses en la región del carbón de antracita en Pennsylvania, estudiando las condiciones que estuvieron a punto de destruir aquella industria. Los operadores del carbón y sus empleados negociaron tratos recíprocamente provechosos, añadiendo el  precio  de  la  «negociación» al  del  carbón, hasta  que  terminaron por descubrir   que   habían   organizado   un   negocio   maravilloso   para   los

 

 

 

fabricantes de equipos quemadores de petróleo y para los productores de crudo.

 

 

Relato estos ejemplos para aquellos que tienen servicios personales que ofrecer, con el fin de demostrarles que, si estamos donde estamos y somos lo que somos, ¡se debe a nuestra propia conducta! Si hay un principio de causa y efecto que rige los negocios, las finanzas y el transporte, ese mismo principio vale para los individuos y determina su estatus económico.

 

 

¿CUÁL ES SU CALIFICACIÓN DE CCE?

 

 

Las causas del éxito en la comercialización efectiva y permanente de los servicios se han descrito con toda claridad. A menos que estudie, analice, en tienda y aplique estas causas, nadie puede comercializar sus servicios de manera eficaz y permanente. Cada persona debe ser su propia vendedora de servicios personales. La calidad y la cantidad de los servicios prestados, y   el   espíritu   del   que   los   presta,   determinan   en   gran   medida   la remuneración y la duración del empleo. Para comercializar eficazmente los servicios personales (lo cual significa un mercado permanente, a un precio satisfactorio y en condiciones agradables), uno debe adoptar y seguir la fórmula «CCE», que significa que la  Calidad, más la  Cantidad, más el adecuado Espíritu de cooperación, dan como resultado una perfecta venta de servicios. Recuerde la fórmula «CCE», pero haga algo más: ¡aplíquela siempre! Vamos a analizar la fórmula para asegurarnos de que entendemos exactamente lo que significa.

 

 

1. La calidad del servicio debe ser entendida en el sentido de realizar cada detalle que se relacione con su cargo de la manera más eficiente posible, teniendo siempre presente como objetivo una mayor eficacia.

 

 

2. La cantidad del servicio se ha de entender en el sentido del hábito de prestar la totalidad del servicio del cual usted es capaz, en todo momento, con  el  propósito  de  incrementar  la  cantidad  de  servicios  prestados  a medida  que  su  habilidad  aumente  con  la  práctica  y  la  experiencia. Volvemos a insistir en la palabra hábito.

 

 

 

3. El espíritu de servicio se ha de entender en el sentido de hábito de una conducta agradable y armoniosa que induzca a la cooperación de asociados y demás empleados.

 

 

Adecuar la calidad y la cantidad del servicio no basta para mantener un mercado permanente para sus servicios. La conducta, o el espíritu con que usted preste el servicio, es un fuerte factor de determinación relacionado tanto  con  la  remuneración que  usted recibe como  con  la  duración del empleo.

 

 

Andrew Carnegie resaltó este punto más que otros en relación con  su descripción de los factores que conducen al éxito en la comercialización de servicios personales, insistiendo reiteradamente en la necesidad de una conducta armoniosa. Subrayó el hecho de que él no conservaría a ningún hombre, por más abundante que fuera la cantidad, o eficiente la calidad de su  trabajo,  a  menos  que  trabajase en  un  espíritu  de  armonía. Carnegie insistía en que sus hombres fuesen corteses y agradables. Para demostrar que asignaba un elevado valor a esta cualidad, ayudó a enriquecerse a muchos hombres que se ajustaban a sus normas. Los que no lo hacían tenían que dejar lugar a los otros.

 

 

La importancia de una personalidad agradable se destaca porque es un factor que le permite a uno prestar servicios con el espíritu adecuado. Si uno tiene una personalidad que agrada, y presta sus servicios en espíritu de armonía, éstas son ventajas que suelen compensar deficiencias tanto en la calidad como en la cantidad del servicio ofrecido. Nada, sin embargo, puede sustituir con éxito a una conducta agradable.

 

 

 

EL VALOR CAPITAL DE SUS SERVICIOS

 

 

La persona cuyos ingresos totales se derivan de la venta de servicios personales no es comerciante en menor medida que el hombre que vende bienes  de  consumo,  y  bien  se  podría  añadir que  una  persona así  está sometida a las mismas reglas de conducta que el comerciante que vende mercancías.

 

 

 

Si insistimos en ello es porque la mayoría de las personas que viven de la venta de servicios personales cometen el error de considerarse libres de las reglas de conducta y de las responsabilidades que corresponden a quienes se dedican a la comercialización de bienes y productos.

 

 

Ha pasado la época del «salía para conseguir», ya que tal personaje ha sido sustituido por el que «sale para dar».

 

 

El verdadero valor de capital de su cerebro puede estar determinado por la cantidad de ingresos que usted es capaz de producir (comercializando sus servicios).  Usted  puede  lograr  una  estimación  adecuada  del  valor  de capital de sus servicios si multiplica su ingreso anual por dieciséis y dos tercios, puesto que es razonable calcular que su ingreso anual representa el seis por ciento de su valor de capital. El dinero rinde el 6 % anual, y el dinero no vale más que el cerebro. Con frecuencia, mucho menos.

 

 

Si es comercializado con eficacia, un «cerebro» competente representa una forma de capital mucho más deseable que la que se requiere para manejar un negocio que se ocupe de bienes de consumo, porque el «cerebro» es una forma del capital que no se puede desvalorizar en forma permanente por obra de la depresión, ni es tampoco una forma de capital que se pueda robar o que se desgaste. Además, el dinero, que es esencial para la conducción de un negocio, resulta tan valioso como un montón de arena mientras no se combine con un «cerebro» eficiente.

 

 

 

LAS TREINTA Y UNA CAUSAS PRINCIPALES DEL FRACASO

 

 

La mayor tragedia de la  vida es la  de los hombres y  las mujeres que intentan con lo mejor de sí mismos y fracasan. La tragedia reside en la abrumadora mayoría de personas que fracasan, en comparación con las pocas que alcanzan el éxito.

 

 

Yo he tenido el privilegio de analizar a varios miles de hombres y mujeres, el 98 % de los cuales habían sido catalogados como «fracasos».

 

 

 

Mi análisis demostró que hay treinta y una razones fundamentales para el fracaso,  y  trece  principios  importantes  merced  a  los  cuales  la  gente acumula fortunas. En este capítulo se dará una descripción de las treinta y una causas principales del fracaso. A medida que lea la lista, vaya marcando, punto por punto, cuántas de estas causas de fracaso se interponen entre usted y el éxito.

 

 

1. Antecedentes hereditarios desfavorables. Poco o nada es lo que se puede hacer por las personas que nacen con un poder cerebral deficitario. Nuestra filosofía no ofrece más que un único método de salvar esta dificultad con l ayuda del grupo de “Master Mind”. Vale la pena señalar, sin embargo, que ésta es la única de las treinta y una causas de fracaso que ningún individuo puede corregir con facilidad.

 

 

2. Falta de un propósito definido en la vida. No hay esperanza de éxito para  la  persona  que  carece  de  un  propósito  central  o  de  un  objetivo definido al cual apuntar. El noventa y ocho por ciento de las personas a quienes he analizado no lo tenían, y quizá ésa fuera la causa principal de su fracaso.

 

 

3.  Falta de  ambición para  elevarse por  encima de  la  mediocridad. No ofrecemos esperanzas a la persona que es tan indiferente que no le interesa adelantar en la vida, y que no está dispuesta a pagar el precio.

 

 

4. Educación insuficiente. Es una desventaja que se puede superar con relativa facilidad. La experiencia ha demostrado que las personas mejor educadas son, con frecuencia, aquellas a quienes se considera que se han hecho a sí mismas, o que se educaron solas. Para ser una persona con educación se requiere algo más que un título universitario. Una persona educada es cualquiera que haya aprendido a conseguir lo que quiere de la vida sin violar los derechos de los demás. La educación no consiste tanto en el conocimiento como en saber aplicarlo con eficacia y persistencia. A la gente no se le paga sólo por lo que sabe, sino más bien por lo que hace con lo que sabe.

 

 

5. Falta de autodisciplina. La disciplina proviene del autocontrol, y eso significa que uno debe controlar todas las cualidades negativas. Antes de

 

 

 

poder  controlar  otras  condiciones,  debe  empezar  por  controlarse  a  sí mismo. El dominio de uno mismo es la tarea más difícil que se puede abordar. Si usted no es capaz de cumplirla con éxito, estará a merced de sí. Cuando se mire al espejo, podrá ver al mismo tiempo a su mejor amigo y a su peor enemigo.

 

 

6. Mala salud. Nadie que no tenga una buena salud puede gozar de un éxito perdurable. Muchas causas de mala salud son susceptibles de control. Entre ellas, las principales son:

 

 

a) Comer exceso de alimentos que dañen la salud.

b) Hábitos de pensamiento erróneos, conducentes a la expresión de actitudes negativas.

c) Abusos y excesiva complacencia en la vida sexual. d) Falta de ejercicio físico adecuado.

e) Una provisión insuficiente de aire fresco, debida a una respiración inadecuada.

 

 

7. Influencias ambientales desfavorables durante la niñez. «A un árbol hay que  enderezarlo  cuando  es  joven»,  dice  el  refrán.  La  mayoría  de  las personas con tendencias criminales las han adquirido como resultado de un ambiente desfavorable y de relaciones inapropiadas durante su niñez.

 

 

8. La Postergación. He aquí una de las causas más comunes de fracaso. La tendencia a dejarlo todo para más adelante acecha a todos los seres humanos desde la sombra, y esperar su oportunidad para destruir sus probabilidades de éxito. La mayoría andamos por la vida como fracasados porque aguardamos «el mejor momento» para empezar a hacer algo que valga la pena. No espere, porque el momento nunca será «el mejor». Empiece donde esté y trabaje con las herramientas que tenga a su disposición, ya que las irá encontrando mejores a medida que avance.

 

 

9. Falta de persistencia. La mayoría somos buenos para empezar, pero no servimos para terminar todo lo que comenzamos. Además, la gente tiene propensión a abandonar la lucha ante los primeros signos de derrota. No hay sustituto para la persistencia. La persona que hace de la persistencia su

 

 

 

consigna descubre que, finalmente, el fracaso se cansa de perseguirle y se va. El fracaso no triunfa sobre la persistencia.

 

 

10. Personalidad negativa. No hay esperanza de éxito para la persona que repele a los demás a causa de su personalidad negativa. El éxito se alcanza mediante la aplicación del poder, y el poder se consigue a través de los esfuerzos de cooperación con otras personas. Una personalidad negativa no induce a la cooperación.

 

 

11. Falta de control del impulso sexual. La energía sexual es el más poderoso de los estímulos que mueven a la gente a la acción. Por ser la más poderosa de las emociones, debe estar controlada mediante la transmutación, y ser canalizada por otras vías.

 

 

12. Deseo incontrolado de conseguir «algo por nada». El instinto del juego arrastra a millones de personas al fracaso. De ello se pueden encontrar pruebas en un estudio de la caída de Wall Street en el año 29, cuando millones de personas intentaron hacer dinero jugando y apostando a la Bolsa.

 

 

13. Falta de un poder de decisión bien definido. Los triunfadores toman decisiones  con  prontitud,  y  las  cambian,  si  las  cambian,  con  mucha lentitud. Los que fracasan toman decisiones, si las toman, muy lentamente, y las cambian rápidamente y con frecuencia. La indecisión y la tendencia a dejar las cosas para después son hermanas gemelas. Donde una de ellas se encuentra, suele hallarse también la otra. Apresúrese a anular esta pareja antes de que ella pueda encadenarlo a la rueda del fracaso.

 

 

14. Uno o más de los seis miedos básicos. En un capítulo posterior se encontrará el análisis de los miedos básicos, que es preciso dominar para que uno pueda comercializar sus servicios de manera eficaz.

 

 

15. Selección errónea de la pareja en el matrimonio. Se trata de un caso muy común de fracaso. La relación que se establece en el matrimonio hace que  las  personas  se  encuentren  en  íntimo  contacto.  A  menos  que  esa relación  sea  armoniosa,  es  muy  probable  que  se  produzca  el  fracaso.

 

 

 

Además, será una forma de fracaso que se verá marcada por la miseria y la infelicidad, y que destruye toda la ambición.

 

 

16. Precaución excesiva. La persona que no corre riesgos suele tener que conformarse con aquello que queda una vez que han elegido los demás. La precaución excesiva es tan perniciosa como la falta de precaución. Hay que evitar ambos extremos. La vida, en sí misma, está llena de riesgos.

 

 

17. Selección errónea de los asociados en los negocios. Ésta es una de las causas  más  comunes  del  fracaso  en  los  negocios.  Al  comercializar sus servicios personales, se ha de tener gran cuidado en seleccionar un patrono capaz de inspirarlo a uno por ser, a su vez, inteligente y triunfador. Las personas emulamos a aquellos con los que tenemos una asociación más estrecha. Así que elija un patrono a quien valga la pena emular.

 

 

18. Superstición y prejuicio. La superstición es una forma del miedo, y también un signo de ignorancia. Los triunfadores son personas de mentalidad abierta que no temen a nada.

 

 

19. Elección vocacional errónea. Nadie puede triunfar si se encamina por una senda que no le gusta. El paso más esencial en la comercialización de servicios personales consiste en elegir una ocupación a la cual usted pueda consagrarse de todo corazón.

 

 

20. Falta de concentración del esfuerzo. Aquellos que saben un poco de todo, rara vez hacen nada bien. Concentre todos sus esfuerzos en un objetivo principal bien definido.

 

 

21. El hábito de gastar indiscriminadamente. Los derrochones no pueden tener éxito, sobre todo porque viven siempre con el temor a la pobreza. Habitúese a ahorrar sistemáticamente un porcentaje determinado de sus ingresos. Tener dinero en el Banco da a las personas una sólida base de coraje cuando tienen que negociar la venta de sus servicios personales. Si uno no tiene dinero, ha de aceptar lo que le ofrecen, y alegrarse de conseguirlo.

 

 

 

22.  Falta  de  entusiasmo. Sin  entusiasmo no  se  puede  ser  convincente. Además,  el  entusiasmo  es  contagioso,  y  la  persona  que  lo  tiene  y  lo controla suele ser bien recibida en cualquier grupo de personas.

 

 

23. Intolerancia. La persona de mentalidad cerrada, sobre el tema que sea, rara vez sale adelante. Ser intolerante significa que uno ha acabado de adquirir conocimientos. Las formas más dañinas de la intolerancia son las que se relacionan con las diferencias de opinión en el terreno étnico, religioso o político.

 

 

24. Falta de moderación. Sus formas más dañinas se relacionan con las actividades de  la  comida, del  consumo de  bebidas alcohólicas y  de  la sexualidad. Los excesos en cualquiera de estos campos son nefastos para el éxito.

 

 

25. Incapacidad de cooperar con los demás. Son  más las personas que pierden sus puestos y sus mejores oportunidades en la vida debido a este fallo que por todas las demás razones juntas. Es un defecto que ningún líder ni hombre de negocios bien informado está dispuesto a tolerar.

 

 

26.  Posesión de  poder que  no  haya sido  adquirido mediante el  propio esfuerzo. (El caso de los vástagos de hombres adinerados, y de otros que heredan un dinero que no se ganaron.) Con frecuencia, el poder en manos de alguien que no lo ha adquirido poco a poco es fatal para el éxito. El enriquecimiento rápido resulta más peligroso que la pobreza.

 

 

27.  Deshonestidad deliberada. No  hay  sustituto  para  la  honestidad. Se puede ser deshonesto por la fuerza de las circunstancias, sobre las que uno no tiene control alguno, sin sufrir un daño permanente. Pero no hay esperanzas  para  la  persona  que  lo  sea  por  propia  elección.  Tarde  o temprano quedará prisionero de sus actos y los pagará con la pérdida de su reputación, quizás, incluso de su libertad.

 

 

28. Egotismo y vanidad. La utilidad de estas cualidades es que sirven a modo de luces rojas a los demás porque les advierten que se mantengan a distancia. Son fatales para el éxito.

 

 

 

29. Adivinar en vez de pensar. La mayoría de las personas son demasiado indiferentes  o  perezosas  para  procurarse  los  hechos  que  les  permitan pensar con precisión. Prefieren actuar basándose en «opiniones» fundadas en conjeturas o en juicios precipitados.

 

 

30. Falta de capital. He aquí una causa de fracaso común entre aquellos que se inician por primera vez en los negocios y no disponen de capital suficiente para absorber el impacto de sus errores y para sostenerlos hasta que hayan afianzado su reputación.

 

 

31. En esta categoría, anote cualquier causa de fracaso que usted haya experimentado y que no haya sido incluida en esta lista.

 

 

En estas treinta y una causas principales de fracaso se encuentra una descripción de la tragedia de la vida, que es válida para casi todas las personas que hagan un intento y fracasen. Será bueno que consiga la ayuda de alguien que lo conozca bien para recorrer juntos esta lista, de modo que le ayude a analizarse en función de cada una de las causas de fracaso, pero también le beneficiará hacerlo solo. La mayoría de las personas no son capaces de verse como los demás las ven, y es posible que usted sea una de ellas.